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Fecha: 13-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

Callas no por vergüenza sino por placer y el morbo

Jhosua
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No lo esperaba, no lo vi venir como se diría, estaba ahí sujeto a la barra, cansado y pensativo. Cuando note como alguien se pegó a mí trasero, quedando literalmente pegado, haciéndome sentir la erección que tenía, pensé… “¿Quién coño es este degenerado?”. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Callas no por vergüenza, sino por placer y el morbo

Como dije en mí anterior experiencia, yo soy de los que pensaban que eso de los puntazos, restregones o manoseos en transportes urbanos, eran solo para el sexo femenino… no porque se los deseara. Pero estos pensamientos cambian, momentos en que soy yo al que se lo hacen, lógicamente pasa de todo por la cabeza… vergüenza, humillación, deshonra, degradación. Pienso como se atreven a hacerlo entre la gente, como tienen el valor a hacerlo a alguien de su mismo sexo. Callo obviamente. Pero poco a poco esas sensaciones para dejan de ser tan malas, convirtiéndose en placenteras, llevadas seguramente por el morbo y ese placer, oscuro pero no por ese motivo extraordinario… mmm.

Lo mío fue a raíz de los deseos explícito de mi padre, deseos que no eran otra cosa que la emancipación, animándome a coger el transporte urbano solo, deseando que me desenvolviera por mí mismo. No dejaba de decir…

  • “Ya, eres mayorcito para coger tu solo el autobús, debes de aprender a valerte por ti mismo y moverte solo”.

Recuerdo comencé a coger las líneas de autobuses cercanas a donde vivía, líneas que con el tiempo y la necesidad vas cambiando, tanto que dejas de pensar en lo acontecido en estas, deseando que pase lo inevitable… mmm. La primera vez que me ocurrió, tendría catorce años, ese día tome precisamente una de estas líneas que he mentado, recuerdo que  regresaba como es costumbre de un encargo de mi madre, encargo que aprovecha esta siempre que voy a la biblioteca a estudiar, pues por aquel entonces iba a la que se encontraba en la calle Alfonso X. Bueno continuo, ese día me monte en el autobús, este estaba casi vacío, cosa que poco duro, pues tanto se llenó, que fácilmente se podía percibir no solo la “humanidad” de estos, sino la habilidad de algunos para coger lo que no es suyo… mmm.

Pero bueno, volviendo a mi confesión, como ya os explique, he tenido más de un roce, la verdad sí me paro a pensar, he tenido más roces y algunos de estos algo más, pues ha habido de todo. Como os mente, algunos se contentan con magrear mis nalgas… mmm, otros con restregarse… uuuffff, los más envalentonados se contentan con masturbarme unos… mmm; siendo otros y estos bien escasos, cuyo fin ha sido correrse dentro de mi pantalón, dejándome su “regalito” espeso y caliente… uuummm.

Pero han sido dos las ocasiones que han sobresalido sobre el resto, algunos podrían decir que me marcaron, yo digo que para nada, no me han marcado ni psicológicamente como emocionalmente, quizás se haya quedado como un punto de inflexión.

Mirad, el llamado “Primer punto de inflexión”, fue aquella vez en que regresaba de haber jugado con mis amigos un partido de futbol, podría haber regresado con algunos de sus padres, pero la insistencia del mío hizo que regresara solo, me hizo coger el primer autobús sin llegar a pensar, ni mirar el estado de este.

No era precisamente un adolescente, cuando me ocurrió, como he dicho previamente, no soy un novato es esto, pero tampoco lo esperaba, tendría diecisiete años en esa época. Como he dicho, regresaba de haber jugado un partido de futbol en Coria del Río, había cogido el autobús interurbano hasta Sevilla capital. Imaginaros el tiempo que tardaba en esos años el autobús, deciros que a día de hoy tardaría en llegar treinta y cinco minutos.

Bueno tras el partido, volvía cansado, fatigado del estupendo día, no siempre tenía un fin de semana como este, disfrute del partido no solo como jugador sino como espectador, conocí a una chica a la cual acabe por enrollarnos cerca del polideportivo. Claro está no llegue al final con ella, aunque las chicas de los pueblos (ojo, digo de algunos), son más abierta que la de ciudad y no digo solo de piernas, ya que estas son más cerradas de mente… más estrictas. Esta chica me dejo llegar hasta el punto que con otras tardaría meses, dejándome con un calentón de narices, prometiéndome acabar la “faena” otro día… mmm.

Cuando llame a casa desde una cabina, pidiendo a mis padres quedarme hasta la tarde, fue precisamente mi padre el que me pidió regresar, no dejándome ni tan siquiera volver en el coche de los padres de algún amigo. Cosa que me enojo bastante, encaminándome hacia la estación de autobuses, estación que prácticamente era la plaza del pueblo, tome el primer autobús que regresaba a Sevilla, autobús que hoy en día estaría en algún museo o en el desguace, este era de esos que apenas tenía asientos. Una hilera de diez o más asientos a cada lado, dejando el resto para que vayan de pie, lógicamente en aquellos tiempos no se miraba tanto por la seguridad vial como hoy en día. De todas formas, yo cuando entre, me senté en un sitio vacío, pero mi gran corazón (como eso me dicen), me hizo cederle el sitio a una anciana, acabando por quedarme de pie y preferí irme al fondo. Sentía mis piernas doloridas y pesadas, me situé detrás de los últimos asientos, sujetados a la barra horizontal del respaldar, situado entre el asiento y el lateral del autobús, sosteniéndome como pude.

Mis pensamientos estaban precisamente no solo en el autobús, sino en una chica que conocí allí, lógicamente regresaba con la vestimenta de haber jugado el partido, al menos de cintura hacia abajo, pues la camiseta solía quitármela para no buscar enfrentamiento con otros. El autobús arranco y en no más de cuatro paradas… se llenó la mitad

No lo esperaba, no lo vi venir como se diría, estaba ahí sujeto a la barra, cansado y pensativo. Cuando note como alguien se pegó a mí trasero, quedando literalmente pegado, haciéndome sentir la erección que tenía, pensé…

  • “¿Qué coño hace?”.
  • “¿Quién es este degenerado?”.

Pensando que hay bastante sitio como para que venga a molestarme, rápidamente y como un muelle, me erguí, me puse derecho… pero no tuve el valor de darme la vuelta y decirle algo. Me daba demasiada vergüenza para hacerlo, no en cambio mire por el reflejo del cristal de la ventana del coche, pudiendo ver que se trataba de un señor mayor. Un señor de cabellos canoso, cuerpo corpulento, cuya vestimenta no era otra que pantalón de pinza y camisa blanca (detalles que suelo pararme). Pero mi vergüenza fue mayor, cuando esta persona me sonrió al descubrirme mirarle por el reflejo del ventanal, yo seguía hay parado, detenido contra el asiento y el lateral, no hice nada para evitarlo, detrás o sea alrededor de nosotros, cuatro o cinco hombres, sujeto a la barandilla superior, algunos parecía que dormían a pesar de estar de pie, no se percataba de este.

Calle y mire hacia delante, no hice nada… no me aparte, menos aun cuando este volvió a pegarse a mí, colocando su miembro en mi trasero… mmm. La sentí dura… muy dura, trague saliva y note las gotas de sudor deslizarse por mi espalda… mmm. Sentí su mano izquierda posarse en mi cintura izquierda, note su fuerte y más tarde rugosa mano, me tenía sujeto por mi cadera, como evitando que me moviera. Volví a tragar saliva, sintiendo el aumento de mis latidos, este me siseaba al tiempo que me soltaba como un murmullo al oído…

  • “Ssshhhuuuuu… tranquilo, no pasa nada”.

Mire de nuevo hacia un lado y hacia el otro, avergonzado a pesar de no estar haciendo nada malo, pero al mismo tiempo sorprendido de que nadie se advirtiera de nuestra presencia, nadie o al menos eso parecía que dos personas del mismo sexo estuvieran tan cerca a pesar del espacio que había… mmm.

Comenzó este a deslizar su mano por mi cuerpo, descendiendo desde mi cadera hasta mis muslos, volviendo a ascenderla hasta mi vientre… mmm, llegando a aprovechar la soltura de mi camiseta… mmm. Sobresaltándome al notar como este introducía su mano por el interior de mi camiseta, sintiendo como dije antes la rugosidad de su mano, sintiéndola como acariciaba mi vientre y ascendía hasta mi pecho… ooohhh. Soltándome nuevamente al oído…

  • “Me gusta tu cuerpo… mmm, no veas como me tienes”.

Pudiéndolo comprobar al sentir su miembro colocarse entre mis glúteos, sintiendo como este temblaba… o quizás era yo. Comencé este a moverse, refregándose contra mis nalgas… mmm, aprovechando la mala calidad de las carreteras de entonces, mediante empujones que estos no eran otra cosa que puntazos… ooohhh. Sintiendo su mano derecha en mis nalgas, mano que magreaba mis nalgas a su antojo, valiéndose de que llevaba calzonas (pantalón corto deportivo). Introduciendo sus manos, llegando este a notar la carne de gallina, muerto de miedo y al mismo tiempo excitado… mmm, sentía como pellizcaba mis glúteos, como deslizaba sus dedos por entre mis glúteos… ooohhh. Diciéndome en voz baja al oído…

  • “Estas… mmm, buenísimo niño… estas para hacerte un favor… ooohhh”.

Llego un momento… mmm, en que mientras con su mano izquierda me acariciaba y pellizcaba los pezones… uuuffff, con su mano derecha había comenzado a magrear mis testículos alternando con masturbarme… aaahhh, tiempo que este se restregaba contra mis nalgas… ooohhh. Se le notaba que estaba muy excitado, no solo por la tremenda erección, sino cuando comenzó a besar mi cuello y hombro o comerme allí mismo la oreja… mmm, no deteniéndose ni tan siquiera a pensar donde estábamos… uuummm. Soltando…

  • “Dios, te la metería de un solo pollón aquí mismo, no veas como me tienes”.
  • “Tienes el culito ya más que preparado, vente conmigo que vamos a disfrutar, no temas… mmm”.

Que quiere que os diga, estaba muerto de miedo y al mismo tiempo súper excitado, oportunidades como esa pocas iba a tener, pero no podía… no es que no quisiera, sino por mis padres.  

La situación se estaba descontrolando, la realidad era que estábamos en un transporte urbano publico… cosa que este parecía no comprender, tampoco le parecía importarle que yo era un menor de edad… cosa que a mí tampoco me importo. Quizás el morbo nos podía, pues la situación cada vez se estaba haciendo más excitante, yo deje de mirar a nuestro alrededor, no porque no sabía ni dónde mirar, sino por descubrir como otro transeúnte nos miraba, nos miraba mientras se estaba magreando su entrepierna… mmm.

Para aquellos momentos, podría atestiguar que mi orificio estaba más que dilatado, no porque haya introducido su polla, sino por haber sentido hasta dos de sus dedos… ooohhh. Tornaba mis parpados… llevado por el placer, mordía las comisuras de mis labios… callado mis gemidos, ni me sobresalte cuando note su desnudo miembro alojarse entre mis muslos… uuummm. Incluso fui yo quien deseaba sentirla, dándole mi aprobación al levantar mi pierna derecha y apoyarla sobre un escalón (supongo que era de la rueda). Aún recuerdo y con satisfacción aquel momento como otros, cuando este guio su miembro hasta mis nalgas, introduciéndolo por la apertura entre mis calzonas y mis nalgas… mmm. Sintiendo este pedazo de carme grueso y caliente entre mis glúteos… uuummm, miembro que comenzó a moverse… uuufff, sintiéndola recorrer mis nalgas hacia mi ingle… aaahhh. Chocando su glande contra mis testículos… mmm, notando como chocaba varias veces contra mi orificio anal, no llegando a introducirla por no solo el tamaño de su glande, sino por ser aun virgen para tal práctica… aaahhh.

Hasta que ambos de una forma correlativa… mmm, ambos logramos corrernos… aaahhh, primero yo… corriéndome en su mano, no importándome que este se limpiara mi leche en mi vientre y pecho… mmm. Luego se vino él, descargando toda y su abundante leche contra mis nalgas, testículos… mmm, diluyéndose este por mis muslos hasta los calcetines, llenando el suelo de grandes goterones blancos e incluso el mismo respaldar del sillón. Ambos con la respiración agitada, quedándose detrás de mí, ocultando las pruebas, ayudándome más tarde a limpiarme, confesándome que había sido el mejor polvo de su vida, pidiéndome volverlo a repetir, cosa que para mi pesar no pudo ser… mmm.

En mis noches… suelo recordar aquel encuentro, no solo por lo ocurrido sino por no habérmelo encontrado nuevamente, no hubo ocasiones en que cogía ese mismo autobús… pero no encontrándomelo, ocasiones aunque pocas para mi desgracia que otros aprovecharon… mmm. Otros que llegaban a decirme…

  • “Qué lástima”.
  • “Uuufff, que poco a falta faltado para metértela”.
  • “Que joio, que estrechó eres”.

Pero mi tercer punto de inflexión, fue a los veinticinco años, no siendo mi experiencia como las anteriores, bueno algo sí fue muy similar al segundo, pues también esa vez regresaba de un partido de futbol. Corría el mes de julio y como currante que soy, me tocaba trabajar, pues mis vacaciones no suelo cogerlas hasta agosto, vacaciones que siempre las he respetado. No recuerdo bien, si era martes o jueves, pues son los días en que suelo jugar un partido de futbol con mis compañeros.

Quizás algunos pienses que podría haber ido en coche, cosa que tiene razón, pero dio las circunstancias que mi coche ese día estaba en el taller, acercándome finalmente por un compañero. Cuando finalizo el partido, hubo una pequeña celebración, cuya una cantidad fue el alcohol que tomamos, acabando por regresar en autobús por petición propia, no siendo más tarde que las ocho de la noche.

Cuando cogí el autobús, tuve la extraña sensación que algo me iba a ocurrir, cosa que me extraño al montarme en el autobús y ver la distribución de este de los asientos, pues tuve la mala suerte de que este era uno de los nuevos, uno de esos de cerca de cincuenta asientos y todos sentados. Cuando compre al conductor el billete, este me dijo…

  • “Siéntese donde quiera, no creo que vaya a regresar mucha gente”.

Lugar que ocupe de la mitad hacia atrás, sentándome junto a la ventanilla. No había mucha gente, creo recordar que apenas llegábamos a seis y casi todos adelante, yo me puse cómodo, me senté y me baje un poco mi pantalón corto deportivo, cosa que suelo hacer en viajes donde no suelo conducir, luego me puse mis auriculares y a esperar. Estaba prácticamente cogiendo el camino hacia las nubes… o sea que me estaba durmiendo, cuando un sonido me despertó. Era un señor mayor que se estaba sentando en uno de los asientos, asiento que estaba frente al mío, pensé…

  • “Joder, no hay sitio en el autobús que tiene que venir a sentarse aquí”.

Creo recordar que este me hablaba, cosa que por los auriculares y por el alto volumen de la música… no escuche. Sonreía e incluso señalaba algo, cosa que más tarde entendí que señalaba, no siendo otra cosa que mi pantalón corto deportivo, pues según parece se apreciaba el inicio de los vellos de mi pubis. Lo veía mirándome sonriente al tiempo que alternativamente se humedecía sus labios con la yema de su lengua con morderse el mentón inferior, cuya mirada maliciosa seguramente iría de la mano de alguna idea degenerada… mmm.

Vuelvo a poner mi mirada fija, vuelvo a mirar hacia delante, deseando que el conductor se ponga en marcha, sabiendo el tiempo que tardaríamos, no importándome en verdad, pues mi novia sabía que esa noche no nos veríamos. Mi mirada una vez más se fijó en este hombre, hombre que llamo mi atención por sus movimientos, no dejaba de colocar el asiento, de situarse la boquilla del A/A, etc. Este hombre, cuya edad eche no tendría mucho de los sesenta y tantos, cuyo cuerpo no muy alto (1.65m) y físico normal, con un rostro amable y buenachón, finalizando esta descripción con sus cabellos grisáceos.

Quiso darme conversación, cosa que inicialmente no hice, diez minutos más tarde atendí, pensé… “Porque no, de esta manera se me hace el viaje más corto”, pues este no tardaríamos mucho más de cuarenta y cinco minutos. Te quedas adormilado, no solo por el traqueteo del autobús, sino por el silencio que hay dentro, siendo el viaje más ameno.

Recuerdo que llama mi atención el olorcillo a masturbación, me explico ese olor que desprendemos cuando nos estamos pajeando. Me da por mirar hacia esta persona, sorprendiéndome al verle con su miembro en mano, se estaba masturbando oculto por el respaldar del asiento de delante. No cortarse cuando me ve mirándole, sino que encima le agrada, notándose visiblemente cuando este se recostó sobre el ventanal, separa las piernas, la derecha la tiene sobre el asiento flexionada pegada al respaldar de su asiento y la izquierda descansa en el suelo. Se notaba que su pantalón estaba un poco bajado, pues dejaba a la vista sus enormes genitales… mmm. Este me miraba con una amplia sonrisa al tiempo que sin pudor alguno se masturbaba, deslizando su mano a lo largo de su miembro, descapullando su glande e incluso con su dedo gordo, presionaba y lo deslizaba sobre este, cuya consecuencia era la aparición de líquidos… mmm.

Lógicamente solté los auriculares de mi walkman, no dejando de mirarlo, llegando a acomodarme en mi propio asiento, recostándome como el, recostándome sobre el ventanal… mmm. No pudiendo evitar dirigir mi mano derecha a mi entrepierna, apretándome mi miembro… mmm, notando lo duro y caliente que esta, introduciendo mi mano por el lateral de las calzonas, no dejo de mirarlo pues esa mirada perversa me embriaga… mmm, eso y su miembro, apreciando sus dieciséis o diecisiete centímetros cuyo grosor estaría entre los veinticinco y los treinta centímetros… mmm.

Él se notaba que estaba en su salsa, como si estuviera acostumbrado a hacerlo, llevado por la excitación se subió la camisa, mostrándome su velludo pecho, como si eso llamara mi atención. Yo de vez en cuando, fijaba mi mirada hacia delante, miraba a donde debía de estar sentados los demás pasajeros, miraba hacia el conductor y sobre todo, exploraba que no hubiera ningún espejo que pudiera delatarnos. Yo estaba con ese temor de que alguien nos pudiera sorprender, pero poco a poco la excitación iba en aumento, dejando el miedo en un segundo plano. Sorprendiéndome a mí mismo, cuando este me hace señas con la mano al tiempo que me dice…

  • “Ven, acércate, no temas”.

Cuando he dicho que me sorprendía a mí mismo, fue cuando nada más invitarme este a acercarme, me levante, me acerque y me senté junto a su asiento, mientras este no dejaba de masturbarse… mmm. Soltando nuevamente…

  • “Mira como la tengo, no quieres tocarla… mmm”.

Dude unos segundos, eleve mi mano izquierda en dirección a su polla, tomándola este con decisión y posarla sobre su miembro… mmm. Estaba caliente y dura, sorprendiéndome al notar sus venas vibrar… ooohhh, apretó su mano sobre la mía, comenzando a moverla de arriba hacia abajo, llenándome de su liquido preseminal… mmm. Solo hablaba el, yo en cambio no dije palabra alguna, me quede en silencio, escuchando como este me decía…

  • “Sabes, nada más verte he adivinando lo que buscabas y deseabas”.
  • “Nada más subir he tenido un presentimiento, como si hubiera sabido lo que ambos queríamos”.

Soltándome la mano, continúe masturbándolo al tiempo que buscaba mi miembro, no costándole demasiado gracias a las calzonas… uuuffff, sentí en nada su mano aferrarse a mi tronco y sentía mis pezones endurecerse… ooohhh. Diciéndome…

  • “Joder que caliente estas, estas empapado… cabrón”.

Hay estábamos masturbándonos un rato, no os sabría decir cuánto… uuummm, yo como a día de hoy sigo haciéndolo, no dejo de mirar alrededor con esa desconfianza de ser descubierto, no deseando que alguien nos pudiera descubrir. Sin esperarlo este de un fuerte tirón, bajo mis calzonas y calzoncillos hacia abajo al tiempo que oprimía mi nuca hacia abajo, diciéndome…

  • “Chúpamela… mmm, métetela en la boca, está limpia… aaahhh”.

Viéndome a mí mismo inclinarme, no dejando de masturbársela… aaahhh, separe mis labios un poco hasta que su glande los toco, moví mi cabeza a modo de deslizar su glande por ellos. Abrí la boca y saque la lengua, comenzando a lamer su glande, dejando caer gotas de saliva que se diluían por su tronco hasta los genitales, gotas que con mi propia lengua e incluso ayudándome de mis labios… mmm, pude impregnar su miembro… uuuffff. Este oprimiéndome la nuca, me soltó…

  • “Ostias… ooohhh, como la chupas cabrón, como la comes… aaahhh”.

Comenzando a introducirme su miembro dentro de la boca, dándome cuenta que son de esas pollas que puedes tragártela por completo, dándole el mayor del placer… mmm. Dejando en segundos mis labios rozar la base de su miembro al tiempo que mi lengua, comenzaba a deslizarse por sus venas y este suspiraba, llegando a tirar de mi camiseta hacia arriba, tirar hasta sacármela por la cabeza a pesar de sacarla de mi boca. Mientras este no dejaba de acariciar mi espalda, sintiendo su mano derecha deslizarse desde mis cabellos hasta mis muslos, deteniéndose cada vez más en mis nalgas… mmm. Sintiendo como magreaba con más ímpetu mis glúteos, escuchaba como se chupaba sus dedos, pues en segundo intentaba introducírmelos… ooohhh, logrando introducirme el anular tras dos intentos… uuummm, follandome con este y escupiendo varias veces… aaahhh. Cogiéndome de mis cabellos hacia arriba, soltándome…

  • “Joder, puta… mmm. Que coñito más bueno tienes, como se nota la práctica que le das… eeehhh”.

Volviéndome a dejar, continuando por introducírmela su polla de un solo golpe, sacándomela para comenzar a chupar sus testículos, primero uno al tiempo que magreo el otro y continuar con el otro, eso sí… sin dejar de masturbarlo. Mientras este me decía al oído…

  • “Joder… cabrón, me vas a ser que me corra”.
  • “Quiero follarte, quiero comprobar si ese culito que tiene, quiero comprobar sí es tan tragón como la boca… puta”.

Su excitación iba en aumento al tiempo que sus insultos y obscenidades. Notándose sobre todo en la aceleración de su dedo anular… mmm, llegando en minutos a sustituirlo por su dedo corazón durante algunos minutos, finalizando por introducirme los dos a pesar del dolor que me producía. Tirando de mis cabellos nuevamente hacia arriba, me hizo sacarme su polla de la boca, tomarme por la cintura y girarme, quedando de espalda a él. Preguntándome…

  • “Tienes preservativo”.

Cuando vio mi gesto negativo, soltó…

  • “Pues va a tener que ser a pelo. Luego no me busque a los nueve meses… mmm”.

Sentí su glande alojarse entre mis glúteos, note como la deslizaba por entre mis glúteos, sentí la presión sobre mi orificio anal y al tiempo que se alzaba, me la fue introduciendo poco a poco… aaahhh. Mordí el apoyabrazos, evitando emitir sonido tanto de dolor como de satisfacción… uuummm, uuuffff, intentaba no moverme, sujetándome fuertemente al apoyabrazos, no tenía intención que los movimientos pudieran percibirlo tanto el conductor como los pasajeros… ooohhh. Colocando ambas manos una en cada hombro… mmm, empujaba con fuerza, siendo sus embestidas brutales y su penetración profunda. Soltándome…

  • “Siento como tu próstata se aferra a mi polla… uuummm”.
  • “Joder, parece que tienes un coñito… uuuffff”.

No dijo nada, simplemente se corrió, dejando su cuerpo caer sobre el mío, mientras sentía como dejaba sus fluidos dentro de mí, quedándose durante un minuto inmóvil, mientras sentía como su miembro perdía su erección, sacándola finalmente flácida de mi interior. Reponiéndonos ambos, cuya salvedad era el estado de que me encontraba, pues mientras él estaba vestido… yo estaba desnudo, estando mis prendas por los asientos. Minutos más tarde, comenzamos a vestirnos… al menos yo, no me costó mucho, pues de las tres prendas que tenía… solo me puse dos, guardándome los calzoncillos en la bolsa de deporte. Pidiéndome este…

  • “Mira, porque no te vas a tu sitio… vale. Necesito descansar”.
  • “Venga, muévete”.

Cosa que hice, volví a mi asiento con un calentón tremendo y con el culo dolorido y lleno de leche… mmm. Mirando con cierta maldad a este, mientras seguramente tendría un sueño agradable, pues la sonrisa de su cara así me lo hizo creer. Bueno aquí finaliza mí última experiencia, como habréis visto viene calentita y no mejor dicho, recién salida del horno… mmm. Espero que os haya gustado tanto como a mí recordarla, espero vuestros comentarios, pero  no me seáis muy crueles. Mi email de contacto es, lógicamente va todo junto… Jhosua 1974 @ Gmail . com



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