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Fecha: 14-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Probando, probando... (Capítulo 3)

Juliaki
Accesos: 19.509
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Tiempo estimado de lectura: [ 54 min. ]
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Lo que hasta ahora parecía una relación normal entre tío y sobrina, va cambiando paulatinamente y ambos quieren que así sea, aunque por dentro los dos piensen que es una locura, el deseo puede ante todo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Probando, probando…

Capítulo 3

Ha pasado una semana, desde mi visita a la casa de Andrea y todavía no consigo poner en orden mi mente ni evitar seguir deseando ese cuerpo de mi sobrina, que es puro pecado y veneno para mis ojos, sabiendo que es totalmente inalcanzable.

 

Hoy, han venido a cenar, mi hermana Rosa, Jorge y por supuesto la preciosa Andrea, tal y como solemos hacer una vez al mes para pasar un rato juntos los cinco. Durante la cena, como otras veces, las conversaciones son de todo tipo, pero en cambio noto que Andrea está más callada o más cortada de lo normal, echándome de vez en cuando unas miradas que me hacen entender que se siente incómoda, seguramente por la forma en cómo me marché de su casa hace unos días.

 

Yo ese día quise ser prudente, racional e incluso serio en mi posición de tío, aunque por dentro estuviera ardiendo y disfrutando de ese atrevido juego y más atrevido uniforme, pero algo dentro de mí quiso poner punto final. Ahora, sin embargo me siento algo mal, porque quizás vi fantasmas entonces donde no debía, me asusté al verla vestida así de sexy, así de seductora y en cambio ella solo quería saber mi opinión para gustar a su novio. No sé por qué me sentí culpable, igual que ahora, viéndola tan cortada y no habiendo sabido escuchar sus problemas…

 

Cuando por fin recogemos los platos de la mesa, se quedan mi hermana, mi esposa y Jorge charlando con los cafés mientras Andrea y yo fregamos la vajilla, que es algo que siempre hacemos ella y yo, desde que era apenas una niña. Ahora la veo tan hermosa, con ese vestidito floreado corto con el que se ensalza su belleza.

 

−    ¿Te encuentras bien, Andrea? - le pregunto cuando posa los platos sobre la encimera de la cocina.

−    Sí, no me pasa nada.

−    Vamos, seamos sinceros, cariño. ¿Te molestó que me fuera así de tu casa?

−    No… pero es que creo que me pasé contándome mis intimidades y me sentí a gusto y no sé…  ahora me siento un poco avergonzada por vestirme así, creo que te dejé muy cortado. - me responde.

−    No es eso...

−    Sí, tío, yo entiendo que tú tienes tus problemas y yo… no tengo por qué agobiarte con los míos.

−    Pero ¿Por qué?, agobiarme ¿Por contarme tus cosas?

−    No sé, por todo, quizás no te debí contar alguna cosa… ahora lo pienso y me da vergüenza.

 

He estado toda la cena observando a mi tío, intentando ver en sus gestos y en sus palabras, que realmente lo que sucedió hace apenas siete días solo fue algo que él no quería ver, aunque en el fondo debía ser su cuerpo el que le empujaba hacia donde su cerebro no quería. Eso mismo me está pasando a mí. Sin embargo yo tengo que seguir con mi plan. Sigue habiendo algo en mi interior que no me deja rendirme.

Permanezco callada en la cocina, aun sabiendo que mi tío nunca se va a enfadar conmigo, por muy directa que sea, además sé que lo del otro día ha despertado eso en mi tío que yo estaba empezando a intuir. Ahora estoy más que convencida, sin embargo sigo jugando mi papel de niña, mi rol de ingenua, que tan bien me sale. Y además, estoy segura, de que haga lo que haga, mi tío me lo perdonará todo.

De pronto noto la mano de mi tío acariciando a mi cintura y no puedo evitar sentir un cosquilleo por todo mi cuerpo. Giro mi cabeza y sonrío forzadamente aunque estoy deseando besarle, agarrarme a su cuello, que me levante el vestido y meta su mano hasta tocar mis braguitas.

−    He sido un bruto, Andrea. Tienes que perdonarme. – me dice sin soltar mi cintura y me encanta sentir el calor de su mano a través de la tela del vestido.

−    No tío, he sido yo la que no debía…

−    No, escucha, tú me pediste consejo y no supe estar a la altura.

Mi tío, definitivamente, está muy contrariado con lo sucedido y no creo que quiera huir precisamente, pero el hecho de que yo, su sobrina querida, le haya puesto en esa situación parece incomodarle más de la cuenta. Estoy segura de que si no fuera ese el parentesco entre nosotros, este hombre habría caído en mis redes indiscutiblemente.

−      Yo es que en estoy soy un poco pesada, lo reconozco, tío – le digo, sin que él retire su mano y aproveche para acariciarme con sus dedos levemente.

−      No, mujer, yo creo que todo esto ha sido muy extraño, para ambos. Primero para ti porque tú confiaste en mí y quisiste saber si estabas equivocada y luego para mí, porque nunca habíamos hablado de temas tan íntimos.

−      ¿Te sentiste incómodo?

−      Bueno, reconozco que sí. ¿Y tú?

−      Sí, bueno… incómoda no…

 

Andrea está avergonzada, supongo que no se esperaba mi reacción del otro día. Tengo que reponerme y ayudarla en todo lo que pueda, como su tío que soy, pero mi otro yo, el perverso, la ve con otros ojos con ese vestido fino, su escote, sus largas piernas morenas, no puedo evitar sentir un cosquilleo continuo. Siento unas ganas enormes de pegarme a su cuerpo, besarla, decirle las ganas que tengo de desnudarla y follarla allí mismo sobre la encimera… ¿Dios, qué me pasa?

 

−    Creo que todo esto debí hablarlo con mamá. – me dice sin mirarme a la cara, totalmente cortada por la situación.

−    No, cariño, yo siempre quiero ayudarte. Tú venías con un…

−    ¿Problema? – me interrumpe.

−    Si, digamos que con dudas y yo no sé si he sabido darte solución. ¿Te sirvió de algo con Jorge? ¿Le gustó tu uniforme de gatita sexy?

−    Bueno, no exactamente. Le gustó pero no pasó nada extraordinario.

 

Me quedo sorprendido con su frase, pues parece mentira que Jorge no saliera disparado a comerse ese cuerpo embutido en el uniforme que se ciñe a la mujer más fascinante del mundo.

 

−      Sí, no me mires así. – me dice Andrea.

−      ¿No le sedujo el regalo?

−      Sí que le sedujo, de hecho también tuvo una erección como tú. – me suelta haciendo que yo carraspee nervioso.

−      Entiendo…

−    El caso es que, le ofrecí ese uniforme e incluso cuando llegamos a la cama me fui bajando lentamente la cremallera, haciendo que fuera saliendo a escena mi cuerpo desnudo que estaba debajo.

 

A medida que mi sobrina me relata lo ocurrido, mi polla ya está de nuevo en ristre. Espero que no se haya dado cuenta y sigo guardando los platos en el lavavajillas escuchando sus problemas. Ella continúa con su relato:

 

−    Al final me puse desnuda con mis piernas abiertas, mientras él me miraba de arriba abajo. Por un momento pensé que se tiraría a devorarme. De hecho le dije si no deseaba comerme el chichi.

−    ¿Y no fue así? – pregunto sobre algo que yo hubiera hecho a todas luces.

−    Pues no, ni aunque yo se lo pidiera de la forma más cerda y provocadora que pude, pero nada, él se limitó a sonreír, se puso un condón y me subí encima, sin volver a sentir su lengua ahí y mucho menos la mía en su miembro.

Estoy esperando la reacción de mi tío y ver si lo que le relato puede empujarle a estar más en el juego, pero sigue siendo muy reservado. Naturalmente he mentido en todo… bueno en casi todo, pues sí que le ofrecí a Jorge mi vestimenta sexy y sí que le encantó, pero después me hizo una comida de coño brutal y luego me dejó tragarme su polla hasta hacerle correrse sobre mis tetas. Nada de lo que cuento a mi tío es cierto con respecto a mi novio, pero no sé por qué, algo me empuja a engañarle para sentirle más cerca, más comprensivo…

−    ¿Te estoy pareciendo una cerda, verdad? – le digo de pronto a mi tío que sigue sin reaccionar.

−    ¿Cómo?, no digas eso, mujer…

−    Sí, me siento rara al pensar así, quizás no debería darle tantas vueltas y conformarme con mi vida sexual y sobre todo el cariño de Jorge… él me quiere mucho.

−    Claro que sí. Él te adora. – me contesta al tiempo que acaricia mi pelo.

−    Gracias por tu comprensión, tío.

−    Nada, cariño, sabes que estoy aquí para todo lo que necesites.

Una última caricia de mi tío a mi cintura casi rozando mi culo, me vuelve loca y noto todo mi cuerpo temblar.

No dejo de darle vueltas a la idea de poder tener sexo con mi tío, es algo que ya no es solo un deseo, un anhelo… un sueño… es una realidad de mi cuerpo y despejar las dudas de saber hasta dónde podría llegar. Al mismo tiempo reconozco tener miedo, pues no sé si ponerle contra las cuerdas, puede llevarle a un enfado conmigo de los gordos, aunque lo dudo mucho. Sus ojos me miran de esa forma que evidencia su adoración hacia mí, por eso creo que nunca se enfadaría conmigo por eso.

Cuando estamos preparando los postres, él me ayuda con el helado que está en una tarrina, pero al estar tan frío y tan duro, no puedo sacarlo del recipiente. Él me toma de las manos y con las suyas vamos sacando las bolas de helado más fácilmente. Noto que lo hace de forma parsimoniosa, dándole el tiempo necesario a esa operación, haciendo que mis pequeñas manos queden entre las suyas y sienta por dentro un calor que me recorre todo el cuerpo y llega a humedecer mis braguitas. Me siento tan bien cuando abarca con sus grandes manos, las mías… Si con ese simple hecho me pongo así de cachonda, no quiero imaginar lo que sería notar su lengua en mi rajita o poderme comer ese miembro que de vez en cuando roza mi culo pudiendo percibir nuevamente la dureza que hay bajo su pantalón. ¡Está empalmado!, no hay duda, incluso llego a notar esa largura ubicándose en mi culo, atrapado entre mis glúteos durante unos breves segundos. ¡Qué cachonda me está poniendo!

 

Partiendo el helado y sosteniendo las manos de Andrea, al estar yo a su espalda, no puedo evitar que algún movimiento provoque que mi miembro impacte con su redondo culo y noto que ella no se molesta cada vez que empujo y noto esas nalgas tan tersas y suaves golpeando mi pelvis. Por un momento imagino lo que debe ser estar follándose ese culito. ¡Dios!

 

No entiendo a Jorge, la verdad, yo ahora teniendo a esta preciosidad aquí delante, mordería su cuello, le arrancaría el vestido y besaría y lamería cada centímetro de su piel. Me la imagino en el momento de ofrecerle a su chico un striptease de lo más ardiente y él sin reaccionar… La estoy imaginando con ese mono tan ceñido, quitándoselo de forma seductora, hasta quedar desnuda ante él que soy capaz de comprender que no se hubiese lanzado sobre ella a comérsela entera… francamente me sorprende. Yo lo habría hecho hasta que se me secara la lengua.

 

−    Vaya, lo siento. – le digo cuando en uno de los golpes mi cuerpo se arremete contra el de ella y prácticamente la empotro contra la encimera.

−    No pasa nada, tío, es que está muy duro – añade, aunque no se sí se refiere al helado o a mi verga que está como una piedra y ha impactado varias veces contra ese precioso y terso culito.

 

Después de esos segundos maravillosos, volvemos con los postres al comedor y veo a Andrea más animada durante el resto de la velada, supongo que el hecho de aclararlo todo le ha servido de ayuda, aunque lo otro siga sin solución.

 

De vez en cuando una sonrisa cómplice entre nosotros o una mirada que lo dice todo resulta ser un juego extraño, pero divertido y morboso a la vez. Luego miro a mi esposa, ajena a nuestras conversaciones secretas y después hago lo mismo con mi hermana que tampoco parece darse cuenta y al final a Jorge, que del mismo modo parece estar al margen del secreto de su novia. Yo sigo sin comprender cómo es posible que este chico no haya podido caer ante la tentación de ese sexo que debe ser tan jugoso y apetitoso. ¿Qué humano razonable no se hubiera lanzado a devorarlo? Y ¿qué mortal con dos dedos de frente no hubiera deseado que esa boquita de labios gordezuelos le hiciese una mamada como Dios manda?

 

Durante el resto de la cena seguimos hablando de diversos temas, pero mi mente sigue jugándomela, observando la boca de Andrea  e imaginarla rodeando con esos labios mi trozo de carne palpitante, notar la frescura y la juventud de esos labios que tienen que ser una auténtica delicia. 

 

Tras la cena, nos despedimos con besos y abrazos naturales, entre todos, pero yo con mi sobrina noto un roce mayor, sobre todo sus tetas contra mi pecho.

Hoy, tras la cena con los tíos, mamá ha decidido pasar la noche en mi casa, porque queremos ir juntas de compras por la mañana. Me encanta que ella se quede a dormir, porque así charlamos y nos reímos los tres, además sé lo mucho que le gusta a Jorge que ella esté en casa para tenerla cerca. Sin duda mamá le vuelve loca a mi chico y en el fondo, aunque estoy algo celosa, también estoy convencida de que no va a pasar nada entre ellos, pero me encanta ese juego de seducción por parte de ella y de deseo por parte de él. 

Aunque crea que no me doy cuenta, observo a Jorge mirándole el culo a mamá cuando esta se va al cuarto de invitados y él y yo nos quedamos viendo la tele un rato, con una famosa serie que nunca nos perdemos. El caso es que yo no hago mucho caso a esa serie y menos hoy que estoy con una calentura tremenda, después de haberme rozado con mi tío y ver la dureza de su miembro contra mi culo.

−    Jorge, tengo hambre – le digo a mi chico aunque esa frase ya sabe él que tiene otro sentido.

−    Cariño, en cuanto acabe la serie nos vamos a la cama. – me contesta sin despegar la vista de la tele

−    No, quiero comértela ahora. – añado al tiempo que acaricio su miembro sobre el pantalón.

−    Nena, tu madre puede salir en cualquier momento… - dice el preocupado aunque su polla ya está bien armada y dispuesta a ser devorada.

Logro sacarla de su pantalón y aunque veo la polla de mi novio, que es enorme y preciosa, quiero imaginar que es, obviamente, la de mi tío. Me quito la camiseta y quedo con mis tetas al aire. Sé cuánto le gusta a Jorge tocármelas mientras se la chupo.

Me meto de golpe su verga en la boca y comienzo a mamársela sin que replique ni un segundo más. Naturalmente él claudica cuando mi boca atrapa ese miembro duro y comienzo a chupárselo, soñando una vez más con la verga del tío y no la de Jorge. Tan ensimismada estoy que cuando Jorge me toca la cabeza repetidamente pienso que me quiere avisar por su inminente corrida, pero yo sigo dale que te pego metiéndomela hasta casi la garganta, pero él consigue sacarme la cabeza a duras penas y es para avisarme de que mi madre está ahí en la puerta... ¡observándonos!

-          Perdón, chicos, no quería molestar – dice mamá al verme con el pecho al aire y la polla de mi novio en mi mano que acaba de reaparecer de mi boca.

Los ojos de ella están como platos y no me mira a mí sino que está con su vista clavada en la enorme polla de mi novio. Sonrío y ella se va a su cuarto colorada.

 

Mi mujer se ha quedado dormida enseguida y eso que me hubiera gustado tener una buena ración de sexo esta noche,  pensando en Andrea, naturalmente.

 

No quiero parecer descortés con respecto a mi esposa, a la que quiero y respeto mucho, pero creo que en el tema del sexo, estoy más bien en la línea de mi sobrina con su novio y no es lo satisfactoria, frecuente e intensa que yo quisiera. En cierto modo, creo que Andrea y yo somos dos almas gemelas en eso y en otras muchas cosas, de ahí que nos compenetremos tanto.

Enciendo el portátil y comienzo a ver las fotos del 23 cumpleaños de mi sobrina. Está tan linda, con esos ojazos impresionantes, esas tetas que saltan al andar, esas piernas tan esbeltas, morenas y finas. Viendo las fotos de la piscina vuelvo a recordar el incidente de mi polla impactando contra su sexo, fue fugaz, pero increíblemente hermoso… igual que lo ha sido hoy durante nuestro momento en la cocina, que también va a ser difícil de olvidar. He podido notar la suavidad de su culo, apenas cubierto por fina tela de su vestido y mi empalmada claramente cargada contra sus posaderas, incluso llegando a notar como quedaba atrapada unos milisegundos entre sus redondos cachetes. ¡Dios! ¿Llevará un pequeño tanga debajo? ¿Habré notado directamente su piel?

 

Saco nerviosamente  mi verga de su prisión y desde el sofá comienzo a masturbarme mientras sigo pasando fotos y fotos en el portátil en las que aparece mi agraciada sobrina. Hay una imagen concretamente en la que está con su biquini rosa y se percibe el duro pezón marcado en la tela y más abajo el abultado sexo que queda aprisionado en su reducida braguita. Ella sonríe a la cámara y lanza un beso. Esos labios remarcados, la pose, toda ella, es una invitación al pecado y a la lujuria.  Me parece que está preciosa, notando sus piernas juntas y viendo toda esa imagen tan brutalmente atrayente sigo pajeándome en su honor. Quiero abrazarla, sentir esa fina piel, poder morder esos pezones, sentir su sexo en vivo, morder sus labios y que sus delgados dedos abarquen mi polla y la acaricien como estoy haciendo yo mismo ahora viendo esas fotos en las que ella aparece.

 

Maldigo por unos momentos a Jorge, pensando que esa criatura está insatisfecha por su culpa, yo en cambio le daría el máximo placer a esa diosa.

 

Concentrado en la foto y en mis libidinosos pensamientos, noto como me viene el orgasmo descontrolado y el primer chorro sale disparado para chocar contra la pantalla del ordenador, dejando un reguero de goterones que van deslizándose por el monitor, justo en el centro de la cara de Andrea. ¡Guau, ojala fuera en vivo!

Esta mañana Jorge ha salido temprano a su trabajo y cuando me levanto me encuentro a mamá en la cocina.

-          Hola cariño. – me saluda con su sonrisa habitual.

-          Hola mami – le devuelvo el saludo y un beso sonoro en la mejilla, como suelo hacer.

-          ¿Has dormido bien, mi niña?

-          Sí… ¿y tú?

-          Bueno, he dado muchas vueltas en la cama, pero sí.

-          ¿Por lo de anoche? – le pregunto.

Ambas sabemos a qué me refiero y le doy un pellizco en su culete, para que reaccione y no se haga la tonta.

-          Mamá, perdona por eso.

-          ¿Por pillaros en el sofá? – me pregunta.

-          Sí, no pensé que te ibas a levantar en ese instante.

-          Hija, estás en tu casa y es normal…

-          Ya pero no quiero que te sientas incómoda, te vi tan cortada y tú no eres así…

-          Bueno, una cosa es imaginarte y otra verte, además, Jorge…

-          ¿Qué?

-          Pues, que tiene una…

-          ¿Verga? – le termino la frase.

-          Sí, hija… es enorme ¿no?

-          Sí, lo es… y sabe riquísima. Se la chupo como tú me enseñaste y le vuelve loco.

-          No imaginé nunca que fuera…

-          ¿Tan grande…?, jajaaja.

-          Pues sí. ¿Cuánto le mide?

-          19 centímetros exactamente.

-          Uf, vaya.

-          ¿No es lo normal? – pregunto poniendo mi cara de inocente.

-          Pues creo que no, al menos no las que yo he visto.

-          ¿Cuánto mide la de tu novio? – le pregunto refiriéndose al hombre con el que tontea últimamente. Es un buen tipo, aunque algo estirado.

-          Bien, pero no de ese tamaño.

-          Entiendo… ¿Y al tío cuanto le medirá?  - pregunto de sopetón.

Mamá se me queda mirando fijamente, pero luego al ver mi risita nerviosa lo interpreta como una broma y ambas reímos a carcajadas, pero en el fondo es algo que sí que me intriga, no por el tamaño, que no creo que supere el de Jorge, pero su forma, ¡Cuánto me gustaría verla, tocarla, lamerla…!

Mi teléfono emite un sonido con un mensaje de Andrea para saber si la puedo llamar. Lo hago inmediatamente y al otro lado se oye su candorosa voz.

 

−      Hola tito.

−      ¿Qué ha ocurrido, princesa? -  le pregunto.

−      No, nada tío, es que una de las ventanas que me instalaste el otro día en mi casa, que no consigo cerrarla, está como atorada y tengo miedo de dejarla abierta y que pueda entrar alguien.

−      Claro, estoy ahí en diez minutos.

−      Gracias, osito. – me responde cariñosamente como hace siempre.

Cuando Andrea me abre la puerta de su apartamento, mi cuerpo vuelve a revivir sensaciones extrañas ante la vista de esta espectacular mujer. Su camiseta ajustada de tirantes con su busto marcado, especialmente sus pezones y esa minifalda que deja a la vista la largura de sus morenas piernas son todo un reclamo. Seguramente está sexy como siempre, pero a mí me parece en ese momento que lo está mucho más. Creo que ya no puedo pensar con objetividad y lo que se ponga esta criatura me parece atrevido y provocador.

−      Hola tío Pablo. Gracias por venir al rescate - dice con una sonrisa que me parece de doble sentido.

−      Nada mujer, ya sabes, para eso estamos - respondo dándole dos besos y agarrando de nuevo esa cinturita de avispa que me tiene loco.

 

No sé muy bien desde cuando mi cabeza ya no rige como yo quisiera y solo ve en esta chiquilla el puro placer… la provocación constante. Puede que sea desde la cena benéfica, donde pude bailar con ese cuerpazo pegado al mío, quizás desde el sex-shop, donde todo era sexo,  juego y morbo añadidos o desde que estuve en esta casa la última vez y se me apareció vestida de catwoman en exclusiva mientras yo estaba en el sofá en calzoncillos para acabar sentada sobre mi regazo, el caso es que no soy capaz de mantener una postura sensata, la más propia de un tío con su sobrina, además no quiero que ella lo note, me sentiría fatal, si ella adivinase mis libidinosos pensamientos, pero es que son inevitables.

 

−      Mira, acompáñame a mi habitación, es la ventana de allí. – me dice dándome la mano para llevarme a su alcoba.

 

Naturalmente sigo los pasos de mi sobrina, pero en vez de mirar al suelo lo que me seduce es el movimiento oscilante de sus caderas y el de sus largas piernas avanzando. Por un momento me parece que estoy siendo llevado al paraíso del amor.

Naturalmente a las ventanas, que él me ha instado en toda la casa, no les pasa absolutamente nada, están perfectamente, pero necesito volver a  estar a solas con él, es una manera de que nada ni nadie nos impida estar juntos. Aunque no mire, siento sus ojos clavados en mi culo y en mis piernas y eso me hace estar aun más cachonda de lo que ya estaba. Sé que esta minifalda es un buen reclamo y mi tío no se iba a escapar de él.

 

−      Es que la he intentado cerrar pero está muy dura y no he podido. – le comento refiriéndome a la ventana.

−      Vale, la echo un ojo.

−      No quería dejarla abierta y es que tengo que salir en un rato.

−      Vale, tranquila, yo me ocupo.

−      Gracias tío guapo. – le digo plantándole un beso sonoro en la mejilla mientras me agarro su cuello y pego mis tetas a su pecho.

 

Cuando me retiro, noto que hay otra erección bajo el pantalón de mí tío. Ya no sé si es obsesión o si es real y desde que hablé esta mañana con mamá no dejo de pensar en esa polla, me encantaría verla de cerca, olerla, acariciarla…  Joder, me estoy mojando entera con solo pensarlo.

Lo que mi tío no sabe es que he metido un trozo de madera en la parte alta de la ventana para que esta no se pudiera cerrar y con esa excusa viniese a casa para volver a estar cerca de él. Apenas pasan unos segundos y me llama desde mi habitación.

−    ¡Nena, esto está listo!

Cuando acudo a su encuentro ya está la ventana cerrada, me sorprende su gran habilidad y rapidez para todo, incluso poniéndole mis propias “trampas”.

−    ¡Qué rápido, tío!

−    Era un trozo de madera que la impedía cerrar. Se me habrá quedado ahí.

−    Ah, vale, entonces ¿ya está?

−    Claro.

−    ¡Eres rapidísimo!, como seas así para todo… - digo con toda la intención.

−    Bueno, para otras cosas, me gusta tomarme mi tiempo. – responde a ese juego.

−    Jejeje, pues esto merece una cervecita.

−    ¿No tienes que salir? – me pregunta.

−    Para ti, siempre tengo tiempo. – le digo y aunque es cierto que he quedado con mi novio en el centro, lo importante ahora es otra cosa y es estar junto a mi tío querido.

Nos dirigimos al salón y me siento en el sofá a esperar a mi sobrina que aparece en unos segundos después con dos cervezas fresquitas. Está preciosa, como siempre, pero esta vez, habiéndose maquillado ligeramente parece más mujer, más atractiva aún. Sus ojos pintados quedan más perfilados e incluso más grandes y sus labios marcados con un color rojo intenso, hacen que sean los labios de la pasión.

 

Camina hacia mí, de esa forma tan sensual, que me cautiva, me parece una aparición, tan sexy, con esa minifalda y más desde mi posición, allí sentado y viéndola a ella caminar hacia mí, disfruto de la vista de su estilizado cuerpo, principalmente sus piernas y más porción de sus muslos que desaparecen en la oscuridad de su reducida faldita. Mi polla vuelve a ponerse dura al momento. Ella además tarda un rato en sentarse a mi lado. Esta nena no es consciente del buen repaso que le estoy dando a sus piernas y como se adentran en ese lugar prohibido y tan mágico bajo su falda. ¿Cómo es posible que Jorge no tenga todo el día la cabeza metida ahí?

 

Andrea cruza sus piernas y ella lo de hace de una manera aparentemente natural, pero que a mí me parece más que erótica…

 

−    Gracias, guapísimo, te debo una. – me dice chocando su botella con la mía.

−    Soy tu tío, Andrea, no me debes nada y a estas alturas no tienes por qué agradecerme por algo que hago con gusto.

−    Ya lo sé, me tienes consentida para todo.

−    Pues sí, pero ¿Qué no haría yo por mi sobrina querida?

Hay un momento de silencio en el que ninguno decimos nada, solo miradas furtivas, pensamientos que ninguno evidenciamos, ella supongo que pensando en su problema y yo pensando en su escote y sus piernas.  No tengo remedio.

 

-          Ten cuidado no derrames la cerveza otra vez. – le digo sonriendo recordando la otra vez en este mismo sofá.

-          No, jajajaja… no quiero dejarte en pelotas otra vez.

-          Bueno, tanto como en pelotas. Era solo en “paños menores”.

-          Tampoco me iba a asustar de verte desnudo, tío. ¿O sí debería?

 

Sus ojos se entornan y no sé que guarda esa pregunta. Me limito a sonreír.

 

-          Verías un viejito. – le digo.

-          Tío, no digas eso. No eres ningún viejito. Eres un maduro más que interesante… - responde a modo de enfado por mi comentario.

 

Por un momento he pensado en eso de “su sobrina querida” pero en otro sentido bien diferente a como él ha debido plantearlo y cuánto me gustaría ser esa otra persona “bien diferente” y decirle a ese hombre que me folle aquí mismo sobre el sofá, pero claro, es mi tío. ¿Qué haría él si no fuera su sobrina? ¿Y qué haría yo si él no fuera mi tío? Desde luego los hombres maduros me vuelven loca, pero este por encima de todos los del mundo. Lo que acabo de decirle es la verdad, mi tío a sus 49 se conserva muy bien, con un bonito cuerpo, hace su gimnasia, se cuida… No aparenta la edad que tiene. Claro que no es jovenzuelo y sus canas marcan la experiencia, lo mismo que su conocimiento de tantas cosas, pero tiene un buen revolcón, bueno, más que eso, creo que estaría follando con él todo el día.

−    Ahora eres tú la que me ve con buenos ojos – me dice al fin. Parece que me lee la mente.

−    Tío, es la verdad. No lo digo yo, mis amigas también te ven con esos ojos.

−    Ah sí… ¿tus amigas?

−    Bueno, sí, pero ellas se quedan con las ganas y no son tratadas como una reina, como lo haces conmigo.

−    ¡Cómo te mereces siempre, cariño!

−    Gracias, siempre estás ahí, ayudándome, mimándome, cuidándome… y no lo digo solo por lo de hoy. El otro día también me ayudaste y mucho.

Mi tío no responde porque sabe a qué me refiero, pero parece estar buscando las palabras políticamente correctas. Eso sí, de vez en cuando no deja de observar mis piernas cruzadas y en esa pose en el sofá mi faldita se sube algo más de lo normal. Me vuelve loca esa mirada de mi tío, pero sobre todo cuando parece que esté comiéndome, al menos eso es lo que yo pienso. Ojalá fuera así y pudiera notar su lengua lamiendo mis muslos y algo más arriba.

−    Creo que el otro día hablando contigo, se me han despejado muchas dudas sobre el tema. Estaba algo perdida – le sigo hablando

−    ¿Ah sí?

−    Mucho, eres un cielo. Hoy contigo, me siento más segura. El otro día no sabía cómo te lo ibas a tomar, pero ahora me alegro de haberte contado mi secreto.

−    Pues yo me alegro de haberte servido de tanta ayuda – añade chocando la botella de nuevo con la mía a modo de brindis.

De nuevo nos miramos a los ojos, nos sonreímos y luego disimula para volver a mirar mis piernas, momento que aprovecho para ver su bulto que sigo adivinando hinchado bajo su pantalón. ¿La tendrá dura ahora? Ufff. Cuanto me gustaría tocarla... chuparla.

En el fondo me siento mal, porque ella me habla de ayuda en su problema y en cambio mis ojos se van primero a sus piernas, en segundo lugar a sus pezones marcados para acabar observando su boca para imaginar lo que podrían hacer esos labios rodeando mi polla y no su novio que parece bobo, sin saber la sensación maravillosa que es que una mujer como esa te haga una buena mamada. Me pregunto: si algún día aprendiera y tuviera la oportunidad ¿Cómo la chuparía Andrea?, ¿Apretará con esos labios gordezuelos la polla? ¿Hará buenas lamidas como si de un helado se tratase? ¿Se la tragaría entera? En cualquier caso, estoy seguro de que lo haría con total devoción, sabiendo que es su obsesión.

 

−     ¿En qué piensas tíito? – me pregunta dejándome fuera de juego.

−     No, en nada… en ¿no se te hace tarde? – digo disimulando.

−     Contigo nunca se me hace tarde. Estoy muy a gusto.

−     Yo también.

 

Otro nuevo silencio entre ambos y mientras ella me tiene en un pedestal como tío, con esa figura que representa para ella, la de un padre que nunca tuvo, yo no dejo de observar sus muslos y sobre todo esos labios que cada vez que los miro, los sueño rodeando mi glande. ¡Qué tonto es Jorge! – pienso.

 

Yo, no soy un gran experto en el tema del sexo oral y de hecho no he tenido el placer de practicarlo con mi mujer, lógicamente, pero sí que tuve en mi juventud unas cuantas aventuras antes de conocerla a ella, e incluso después, en alguno de mis viajes donde he podido resarcirme, como aquella vez que una preciosa mulata me hizo la mejor mamada de mi vida. Fue alucinante. Yo no creo que Andrea lograse llevarme a ese punto, pues lógicamente ella es inexperta, aunque no me importaría ponerme de conejillo de indias… ¿Pero, en qué demonios estoy pensando?

 

Ahora, debiendo verla como mi sobrinita querida, en el buen sentido de la palabra, la veo como una fiera salvaje, como una mujer con la que estaría todo el día follando, sintiendo sus piernas atenazadas a mi cintura mientras la penetro ese chochito juvenil y tan poco atendido…

 

-          Tío, ¿puedo hacerte una pregunta? – me dice de pronto.

-          Dime cariño.

-          ¿Qué tal la chupa la tía?

 

Otra vez me quedo sorprendido con mi sobrina y sus preguntas inocentes pero tremendas para un hombre que no puede ver en esas palabras la ingenuidad con la que ella las dice.

Me hace gracia la forma en que mi tío se frota las manos nerviosamente cuando le hago esas preguntas tan directas. Vuelvo al ataque.

-          ¿Te da vergüenza contármelo?

-          No, bueno sí….

-          Solo dime, cuando se lo traga lo hace con ganas.

-          ¿Cómo?

-          Sí, me refiero a si lo hace con gusto o es solo para contentarte a ti. – le comento, pues no veo a mi tía como una mamadora profesional.

-          Pues no sé.

-          Yo lo haría con sumo gusto. – añado con toda la intención.

Lógicamente, doy por hecho que él entiende a que me refiero al gusto de hacerlo con mi novio, pero en realidad con quién me gustaría probarlo en este momento es con él. ¡Cuánto me gustaría sentir en este momento esa cálida leche sobre mi lengua!

Guardamos silencio y mi tío disimula, pero noto que su bulto sigue ahí bien marcado y sus miradas a mis piernas son evidentes aunque lo haga de reojo. Yo estoy encantada de ofrecerle una buena porción de carne, de hecho me desnudaría aquí mismo, en este preciso momento…. No sabe lo mucho que me gusta follar, chupar y que me chupen, en cambio él debe imaginar mi vida sexual, aburrida y poco activa. Pensará que nunca he podido hacerle una mamada  a nadie… y que mi boca es virgen. Pobrecito, si él supiera lo que me gusta comerle todo el día el rabo a mi novio. Me encanta sentir una verga bien dura en mi boca y que lo hago con mucho arte, pues mi chico siempre me lo dice que la chupo a las mil maravillas.

−    Tío  ¿podría pedirte un favor? – le digo con cierto nerviosismo y esta vez no estoy solo fingiendo, pues me tiembla todo al pensar en este siguiente paso, aunque estoy decidida a seguir con el plan

−    Claro mujer, ya sabes, lo que sea.

−    Es con respecto a lo que te conté. Sigo dándole vueltas al tema.

−    ¿Lo del sexo oral?

−    Pues sí, estoy más que obsesionada y no sé qué hacer.

−    Pues, paciencia…

−    Ya. – digo bajando mi cabeza como si quisiera echarme a llorar.

−    ¿Quieres que hable yo con Jorge? – me pregunta de pronto al verme así.

−    ¡No! – contesto demasiado enérgica.

−     Vale, ¿pues cómo te puedo ayudar?

−    No sé cómo empezar. – añado dándole un buen trago a mi botellín, dejándole vacío.

−    Pues por el principio.

En ese momento, mi sobrina se levanta del sofá y comienza a dar vueltas nerviosa, parece que está intentado buscar la manera de preguntarme algo, la conozco bien, pero yo no sé muy bien por dónde van los tiros, lo único que me limito es a disfrutar de la vista que ofrece ese atuendo tan sexy que lleva hoy. Ella duda… se vuelve, me mira a los ojos, bajando la vista después. Me levanto y me acerco a ella, aprovechando también para percibir de mucho más cerca esos pezones marcados bajo su ceñida camiseta. No parece que lleve sostén debajo.

 

−    ¿Me lo vas a contar o no? – la digo sosteniendo su barbilla para que me mire a los ojos.

−    Es que no sé como explicártelo.

−    Dispara. - digo sonriendo viendo ese rostro tan dulce y tan bello de mi sobrina. En ese instante, teniéndola tan cerca, sueño que le comería la boca.

−    No, si ya sé que soy una tonta y es que lo del otro día, pues eso, que me tiene trastornada y quiero dejar de verme como un bicho raro.

−    No eres ningún bicho raro, preciosa.

−    ¡Quiero probarlo! – digo de sopetón.

−    ¿El qué?

−    El semen, tío, ¿qué va a ser? Ayer se lo volví a rogar a Jorge.

−    Y volvió a negarse, claro. - afirmo al tiempo que ella asiente con su cabeza.

−    Bueno, dale tiempo, ¿en serio que no quieres que hable con él?

−    No, por favor.

−    De hombre a hombre.

−    No, de verdad, tío, eso no.

 

En ese momento ella se queda mirando por la ventana a un punto fijo en la calle y yo me agarro a su cintura por detrás. Ella lo toma, evidentemente como un abrazo paternal, pero mis manos se aferran a esa estrechez, sintiendo como ese culo respingón vuelve a estar tan cerca de mi polla, que me imagino cómo sería levantarle la falda y clavársela sin remisión. ¡Joder, otra vez la tortura de mi cerebro no me deja pensar!, pero tener allí a mi sobrina, ver su pelo largo apoyado sobre su hombro, mordería ese cuello, metería mi mano entre sus muslos… ¿llevará una braguita… un tanga… nada?

 

Mi sobrina vuelve su cara y me observa desde muy cerca. Sus labios están a apenas milímetros de los míos. Podría moverme levemente y nuestras bocas se tocarían, sin embargo, aun guardo las distancias que mi moral me ordena.

 

Sé que estos silencios son más que necesarios, pues mi tío es siempre resolutivo y no puede verme así, por eso juego a parecer cortada, aunque por dentro estoy ardiendo, con una excitación brutal a la espera de su siguiente reacción. Me adelanto a sus pensamientos.

−      ¿Tú sientes reparo al ver a mi tía hacerlo o tragarlo? – le pregunto mirándole fijamente a los ojos.

−      ¡No! – contesta aunque sus ojos esquivan mi mirada. Se nota que el cortado es él.

−      Si te pido un favor enorme, ¿me lo harás, tíito? - digo girando sobre mi cuerpo quedando frente a él, poniendo mi morrito de peticiones caprichosas de sobrina.

−      ¿De qué se trata? – me pregunta él que de nuevo me sostiene por la cintura.

−      ¿No te vas a enfadar diga lo que diga?

−      Contigo es difícil enfadarse, bebe.

−      ¡Quiero probarlo! – añado decidida.

−      Ya, pero ¿cómo? – su cara se va poniendo tensa, noto que está alucinando y sospechando, en cierto modo, por dónde van los tiros.

−      Sí, me gustaría probarlo. ¿Me harías ese favor, tío? – le suelto de pronto sin darle tiempo a reaccionar.

−      ¿Pero me estás diciendo que quieres…?

−      Si, probar tu semen. – añado contundente y espero su reacción.

Hay un momento en el que noto la cara de mi tío desencajada y claro que esto le ha tomado del todo por sorpresa y lo que menos podría imaginarse es que pudiera plantearlo algo así, de sopetón.

−    ¿Me estás diciendo que quieres chupármela, Andrea?  - me pregunta confuso.

−    ¡Noo! – contesto enérgicamente y poniendo mis manos sobre mi cara.

−    ¡Oh, vaya!, entonces no entiendo nada.

−    No decía eso, hombre. – añado forzando una sonrisa al verle tan apurado y de paso le acaricio las manos que siguen en mi cintura.

−    Andrea, hija, explícate por favor. Estoy hecho un lío.

Por dentro tengo ganas de reírme, por lo cómica de la situación y por el apuro por el que está pasando el pobre. Yo entiendo que todo esto es inesperado y que le aturde con tan solo la propuesta que acabo de hacerle, pero aun así no respondo de inmediato, calibrando sus reacciones.

Mi cabeza da vueltas y no es precisamente por el alcohol de las cervezas, aunque tengan mayor graduación de la normal, sin duda me está pidiendo algo que no acabo de asimilar con cierto raciocinio, pues si he escuchado bien y parece que sí, ¡mi sobrina quiere probar mi semen!

 

Ella, después de un buen rato callada, acaba diciéndome:

 

−    No, no hablaba de chupártela, tío no quiero que hagamos nada que pueda…

−    ¿Arruinarlo todo? - añado yo casi instintivamente.

−    Sí, eso, eso… 

−    ¿Entonces?

−    Nunca he sido infiel a Jorge.

−    Yo tampoco... a tu tía – le contesto, aunque lógicamente no es verdad.

−    Lo que te pedía exactamente es… probar tu semen.

−    ¿Mi semen? - repito con cara de bobo intentando ver en sus ojos algo de luz.

−    Sí, es por curiosidad, es algo que me tiene muy intrigada y pensé que contigo… la confianza, ya sabes.

 

Naturalmente mi polla está pidiendo a gritos poder llevar a cabo ese “despropósito”, pero en cambio algo dentro de mí, me impide encontrar lucidez en esa propuesta. La verdad es que estoy hecho un lío.

 

Noto a mi sobrina temblando como una hoja, seguramente nerviosa por confesarme algo así y soltarlo como si tal cosa. En realidad creo que no es consciente de una oferta como esa, al menos no bajo el prisma de nuestro parentesco. Ella baja la cabeza y de nuevo observo su figura. ¡Es tan linda!

 

¡Ojalá descendiera al suelo, se situara entre mis piernas y de rodillas, en este mismo instante, sacase mi polla y empezara a chuparla con esas ganas de probarlo! ¿Pero qué estoy diciendo? ¿Cómo va a querer mi sobrina chupármela?

 

-          Hija, no te entiendo. – digo al fin.

-          Olvídalo, tío, creo que estoy loca, haz como si no me hubieras oído por favor… añade tapando su cara con las manos.

-          No, no,  Andrea, no. Yo te quiero ayudar… pero es que… no acabo de entenderlo muy bien.

 

 

Mi estrategia está saliendo tan bien, que no acabo de creérmelo. De hecho había pensado que podía acabar de una forma mucho peor y en cambio está saliendo todo rodado. De hecho sabía que su reacción sería esta. Miro al suelo, avergonzada, desempeñando mi mejor papel de actriz.

−    ¿Me lo cuentas, preciosa? – me pregunta impaciente.

−    Pues... había pensado… en fin, no pido chupártela, no deseo que hagamos nada de lo que podamos arrepentirnos después.

−    Claro, entiendo, yo tampoco.  ¿Pero…?

−    Lo que me tiene obsesionada es lo de las actrices de las pelis porno y las protagonistas de los relatos eróticos, que se lo tragan y disfrutan haciéndolo, excitándose tanto, es curiosidad, de saber de una vez por todas si es así o es solo una tontería. A lo mejor me muero de asco…

−    Pero entonces, Andrea, ¿cómo sería la cosa?  - me pregunta el pobre sin poder encajar aquello del todo.

−    Pues no sé, joder que vergüenza, tío…

−    No, sigue, por favor. – añade agarrando mis manos con mucha ternura.

−    Pues había pensado que te hicieras una… - hice un movimiento con mi mano dándole a la zambomba.

−    ¿Una paja? - termina de decir

−    Sí  y después que me guardaras tu semen en un vaso. Yo lo probaría y así salgo de dudas de una vez por todas. Al menos podré descubrir a qué sabe.

−    Pero Andrea…

−    No te preocupes, era solo una locura, entiendo que no quieras…  mejor olvida el tema, como si no hubiéramos hablado. No sé ni cómo te lo he propuesto.

−    ¿Olvidarlo? - añade ahora más alucinado que nunca.

−    No, de verdad, que entiendo que no te parezca bien, que si no quieres no pasa nada. Era solo una idea, una posibilidad, que no pasa nada, no se acaba el mundo por no probar eso… - añado arrebatándole el botellín de cerveza y pegando un buen trago apagando todo el calor que me invade.

 

Mi tío me observa y me parece que lo hace de forma embelesada. Él cree que estoy nerviosa y ciertamente lo estoy, pero no por proponer algo que no he probado, sino por probar algo de él, que sueño desde hace tiempo. Naturalmente que sé como sabe el semen, lo he catado miles de veces, pero no el de mi tío querido.

Ahora el que guarda silencio es él, como queriendo asimilar esa proposición “indecente” y que sin duda le ha dejado en shock.

Estoy observando a Andrea, se ve que está muy nerviosa con esa petición que acaba de hacerme y lo cierto es que en términos generales es una auténtica locura, pero no puedo enfadarme por eso, supongo que ella sigue obsesionada con el tema y le puede la curiosidad… siempre ha sido una chiquilla muy curiosa… muy caprichosa, creo que le supera la idea, el afán por descubrir lo desconocido, pero yo no tengo claro qué hay de  bueno o de malo en todo esto. Estoy aturdido.

 

−    De verdad, lo olvidamos – me dice forzando una sonrisa. – por nada del mundo quisiera que te enfadaras por esto, tío Pablo.

−    No, pero si no me enfado, preciosa, pero es que…

−    Es una locura. – añade.

−    Sí y claro que quiero ayudarte, Andrea, pero es que es todo tan extraño, que no acabo de reaccionar.

−    Ya te digo. No sé ni cómo te lo he propuesto… - añade muy avergonzada.

−    ¿Y cuándo querías…?

−    ¿Ahora podría ser? - apunta ella sonriente al ver que yo empiezo a ceder ante esa extrañísima invitación.

Quiero llegar a entender de forma cabal lo que me sugiere, pero es que todavía no soy capaz de creérmelo. El caso es que a estas alturas estoy con una empalmada increíble y no me va a resultar nada complicado correrme en un par de minutos después de esta conversación y ese ofrecimiento.

 

Sigo sosteniendo sus manos e intento ver en sus ojos cierto arrepentimiento, pero parece tan segura, como siempre, que me cuesta ceder ante mi ángel bueno.

−    Esto no es nada sexual. Quiero que entiendas eso. – me dice con su mirada tímida.

−    ¿No es sexual probar mi semen? – le pregunto sorprendido.

−    Bueno, sí, quiero decir que no hay contacto carnal si es lo que te preocupa.

−    Ya, pero, coño, ¿Cómo…?

−    Vete al baño y lo echas aquí – me dice casi como una orden y sacando un pequeño vaso que tenía guardado, no sé dónde,  para ese menester. Me lo entrega a continuación.

−    Joder… - contesto sin poderme creer lo que acabo de escuchar y sorprendido al ver el vaso que ahora tengo entre mis dedos.

−    ¡Qué fuerte! – dice ella al fin.

 

 

Mi tío me observa, después se queda con su vista fija en el vaso y a continuación de nuevo a mis ojos, parece que intenta buscar alguna explicación razonable.

−    ¿Estás segura? – me pregunta como si intentara sacar de mí, cierto grado de reflexión.

−    Sí, ¿Y tú? - pregunto con la mejor de mis sonrisas.

−    Yo…

−    Vale, entonces déjalo. – añado y le quito el vaso de la mano viendo sus dudas.

Todo esto está preparado y planificado desde hace  varios días y le ha dado un millón de vueltas, como las que debe estar dando él en este preciso instante.

−    De acuerdo – me dice al fin arrebatándome, esta vez él, el vasito de plástico de mis manos.

−    ¿En serio?

−    Sí.

−    No hacemos nada malo, ¿verdad? – añado acariciando el brazo que sostiene el vaso.

−    No. En absoluto. 

−    Gracias otra vez, tío Pablo.

−    De nada, bebe. ¿Estás nerviosa? - me pregunta.

−    Mucho. Y muy excitada también. – añado, sonriendo y noto el calor invadiendo mis mejillas.

Mi tío se dirige al baño y aun sigo sin dar crédito a lo que sucede, porque entre mis muchas posibilidades de éxito, la que se ha llevado hacia adelante en este momento era la más remota de todas, de hecho era solo un intento para ver hasta dónde podría negarse mi tío y he llegado a pensar que tendría que proponerlo de diferentes maneras y en distintas situaciones o momentos, pero ahora, después de haberle echado valor y contárselo, no me creo que haya sido capaz de proponérselo y mucho menos que él haya aceptado. Estoy esperando ansiosa que regrese del baño con el preciado líquido blanco, que gustosamente voy a degustar. ¡Dios, qué nervios!

Sé que él está excitado a pesar de no querer reconocerlo e intentar disimularlo, ahora ya no son sospechas, son los síntomas y las señales claras de que mi tío está cachondo con la idea… he visto su empalmada y me encanta verle así, pues por fin estoy descubriendo que todas mis locuras van a tener un sentido. Ahora, por fin voy a probar su leche, eso que siempre he soñado y me ha parecido siempre tan remoto. ¡Cuánto tarda!

 

Estando metido en el baño, pasa por mi cabeza la imagen de Rosa, mi hermana y   madre de Andrea, supongo que no sabe nada de todo esto, evidentemente, y en eso seguramente que ella no podría ayudar a su hija. Luego pasa por mi mente la imagen de mi mujer, pero al final tampoco tiene por qué enterarse, ¿no? Además, como dice mi sobrina, aquí no hay infidelidad, ni contacto carnal, ni un puñetero beso, tan solo un experimento para ayudarle a ella a explorar algo que ve inalcanzable y a salir de dudas sobre su curiosidad.

 

Me miro en el espejo y cuando libero a mi polla de su prisión, esta sale jubilosa esperando poder expulsar lo máximo que se espera de ella. Mis huevos salen también a escena y me parece verlos más grandes de lo normal. Creo que estoy bien cargado y espero poder llenar el vasito.

 

No puedo quitarme de mi cabeza la cara de Andrea con su espera ansiosa y excitada. Cierro la tapa del inodoro, me siento y sin más vueltas comienzo una frenética paja con mi mano derecha mientras sostengo el vaso con mi zurda.

 

Tal y como vaticinaba, apenas duro minuto y pico, creo que como pocas veces y el solo hecho de ver que lo que lo que llevo en mis huevos va a estar en la boquita de mi sobrina dentro de nada,  tengo que hacer equilibrios para no desmayarme y sobre todo para que el primer disparo no salga descontrolado. Lo consigo a duras penas. Luego pongo el vaso frente a mi glande y empiezan a salir rebotados contra el fondo del recipiente el resto de chorros que por cierto, están siendo más numerosos de lo habitual. Sin duda la ración es más que considerable, de hecho no recuerdo haberme corrido con esa abundancia en otras ocasiones. Extiendo la mano para observar el contenido y me doy cuenta de que el pequeño vaso está casi a rebosar. Guardo mi miembro de nuevo en su guarida y salgo al encuentro de mi sobrina con el preciado tesoro sin creerme todavía que todo esto esté sucediendo realmente.

 

Cuando llego al salón, Andrea está de pie, de espaldas a mí, con sus brazos en cruz, mirando distraída por la ventana. ¡Qué preciosa está con esa pose! Sus esbeltos muslos son dos monumentos a la perfección.

 

−    ¡Andrea, lo tengo! - digo levantando el vaso, como si fuera un trofeo.

 

Ella se vuelve lentamente, observo su pecho, sus piernas, sus ojazos y sus labios, toda ella es una maravilla y acabo de correrme a su salud y creo que nunca mejor dicho. Otras veces lo hice pensando en ella. Ahora ha sido por ella y para ella.

 

Estoy más nerviosa de lo que nunca hubiera imaginado, pues a pesar de dar mil vueltas al plan, a las distintas alternativas y posibles negativas por parte de mi tío, sigo alucinada al ver que tengo ahí enfrente a mi amado tío con una corrida que acaba de hacerse a mi salud… o al menos para beberme enterita a la suya.

Cuando me acerco hasta él y observo el vaso, me doy cuenta de que está casi lleno y eso sí que me sorprende pues Jorge también tiene buenas corridas, pero no creo que fuera capaz de soltar tanta cantidad. ¡Caramba con el tío!

Noto mi felicidad por dentro. Me acerco hasta quedar justo frente a él, a pocos centímetros de su cuerpo y puedo notar casi hasta el calor que desprende. Sin dejar de mirarle a los ojos, le sonrío y vuelvo la vista al  contenido del vaso. Por un momento él dirige sus ojos a mis pezones que deben estar a punto de rasgar la tela de mi camiseta, eso por no hablar de mis braguitas que están completamente empapadas, aunque él no lo pueda verlo.

−    ¿Tanto?, ¿Esto es solo una…? – pregunto realmente sorprendida ante esa buena ración de leche.  

−    ¿Una paja? Sí.

−    ¡Qué cantidad!

−    Prueba lo que necesites – me dice con su ternura de siempre.

−    Dámelo, voy ahora yo al baño. – le digo.

−    ¿Cómo? – pregunta retirando el vaso justo cuando iba a sostenerlo entre mis dedos.

−    ¿No me lo vas a dar? - pregunto con cierta cara de preocupación.

La mirada de mi tío es diferente a otras veces, noto además de su cariño, unos ojos cargados de deseo, creo que en esos ojos se puede leer el placer de haber experimentado algo extraño, raro, loco, pero que ha debido disfrutar con toda la intensidad.

−    Yo es que pensaba que lo ibas a hacer aquí, delante de mí. – añade sosteniendo el vaso y alejándolo de mí.

−    ¿Aquí?

−    Joder, es lo justo, Andrea. Me acabo de hacer una paja para ti, creo que…

Esa respuesta de mi tío, me sorprende, pero confirma todas mis sospechas y sé que él ha conseguido llegar a ese punto en el que yo quería dejarle. No se va a conformar con contentar a su sobrina, ni darle por el gusto de probar algo “aparentemente inexplorado”, ahora quiere disfrutarlo en primera persona, viéndome como lo trago… Yo, ¡encantada!

Ella me mira fijamente a los ojos y noto cierto aire de preocupación en cuanto le he dicho que quiero ver en vivo su degustación. ¿Me habré pasado? No sé ni cómo se lo he dicho, pero ha salido de mi boca sin haberlo meditado ni un segundo.

 

Tras mirarme de arriba abajo, me sonríe, tarda unos segundos más y luego añade.

 

−    De acuerdo. Es lo justo y creo que te lo debo.

 

Coge el vaso de mi mano y observa su interior con detenimiento. Después alza la vista para alcanzar mi mirada extasiada. Noto su turbación, su excitación y su sonrisa nerviosa. Mete un dedo en el vaso y toca el líquido pastoso que hay en su interior, removiendo la espesa carga. Su dedo queda impregnado y me excita mucho verlo manchado con mi semen. ¡Esto es increíble!

 

−    Todavía está caliente. – me dice con sus mejillas encarnadas.

 

A continuación lo lleva a su nariz y aspira el contenido cerrando los ojos. Mi polla vuelve a ponerse dura al instante con aquella imagen. A continuación lleva su dedo mojado a sus labios para succionarlo con un chupetón que resuena en todo el salón. Después introduce dos dedos en el vaso y los extrae chorreando notando como el líquido se escurre por ellos, llevándolos a su boca y cerrando los ojos a continuación. Saca su lengua relamiéndose y mirándome con esos ojillos de niña traviesa.

 

−    ¿Qué tal? - pregunto intrigado por saber por fin su sensación

No hay respuesta, a continuación lleva el vaso a sus labios, lo inclina en un movimiento rápido de su muñeca, vaciando todo el contenido dentro de su boca. Me gusta ver su cuello estirado con el vaso inclinado y sobre todo su lengua y sus labios absorbiendo hasta la última gota que hay en ese pequeño recipiente. Se queda quieta mirándome a los ojos mientras su boca se mueve deleitándose con el sabor que tiene en su interior. Sus labios se aprietan intentando paladear cada gota, cada resquicio de mi líquido que en ese momento degusta con tanto afán. Parece una sommelier haciendo una cata de un “gran reserva” y por lo que veo, no parece disgustarle. Abre la boca y puedo ver el líquido blanco sobre su lengua, eso me hace estremecer, pues lo hace con toda la sensualidad que jamás podía imaginar para a continuación tragar hasta la última gota con sus ojos cerrados sintiendo todo el sabor de mi corrida bajando por su garganta.

 

Vuelve a abrir los ojos, me mira, pasa su lengua por sus labios limpiando el resto que pudiera quedarle y seguidamente vuelve a cerrar sus párpados deleitándose con ese momento.

El silencio reina durante un buen rato en el salón, continúo con los ojos cerrados y agarrada con mi mano a la de mi tío. Es posible que haya hecho un poco de teatro a la hora de hacerme la novata en este tipo de experiencias, pero lo cierto es que mis sentidos han trabajado en plenitud, desde que he visto esa abundante corrida, sabiendo que es lo más preciado de mi tío y en exclusiva para mí, luego su embriagador olor, tan penetrante como si fuera la mejor esencia, para después pasar al tacto, tan espeso como caliente, tan suave como untuoso. Y al final poderlo depositar en mi garganta ha sido el sumun del placer, notando como avanzaba por mi garganta sintiendo sobre mi lengua ese líquido caliente y ligeramente salado.

Sostengo su mano entre las mías queriendo vivir junto a mi tío ese momento tan especial, tan mágico como inolvidable. Cuando por fin abro los ojos, él me mira expectante.

−    ¿Y? – me pregunta ansioso.

−    Mejor de lo que había imaginado… ¡Delicioso! - contesto apretando fuertemente mi mano con la suya.

Estoy a punto de ponerme de puntillas y agarrarme a su cuello para besarle en la boca con todas mis ganas, pero sé que eso ya sería demasiado arriesgado.  Tan solo guardamos silencio, llenándonos con esa sensación de placer mutuo que nos invade, al menos a mí, pero por su mirada, sé que para él también es algo muy especial.

−    ¡Gracias! – le digo.

−    Ha sido un placer – responde y parece que con todo el sentido literal de la frase.

Nuestra mirada sigue siendo cómplice, intensa, con la que no hace falta decir nada. Yo sigo degustando en mi paladar y en mi garganta. Él sostiene mis manos y al fin habla:

-          Cariño, cuanto me alegro de haberte sacado esa duda.

-          Y nunca lo voy a olvidar, tío querido .

Me aferro a su cuello y beso su mejilla muy cerca de la comisura de sus labios.

-          Pero, todo esto… cariño. – dice de pronto.

-          Ya lo sé… esto es nuestro secreto.

 

 

 

Tengo ganas de gritar, estoy eufórico, nervioso y excitado. Me hubiera gustado sentir esos labios sobre los míos y su lengua enredada con la mía.

 

En este momento, creo que histórico, el hecho de haber dado ese “inocente” paso, va a ser un antes y un después en nuestras respectivas vidas y nuestra relación de tío y sobrina para siempre.

 

¿Realmente hemos hecho algo malo? Mirándolo como experimento, el aspecto físico no tiene ningún valor, casi se puede decir que no nos hemos tocado, sin embargo, ese aspecto físico incluye algo mucho más contundente: “Joder, mi sobrina se acababa de tragar mi semen”

−      Andrea, tengo que irme – le digo al sentir demasiadas cosas en mi cabeza y necesito estar solo para intentarlas digerir.

−      Mañana nos vemos. – me dice.

−      ¿Mañana?

−      Sí, nos vemos en la estación para despedir a la tía. ¿No sale mañana su tren?

−      Ah, sí, lo había olvidado.

 

Es cierto, no recordaba que mi mujer tenía que ir a primera hora a la estación para ir a visitar a una tía suya que estaba bastante enferma.

 

Salgo prácticamente disparado de la casa de mi sobrina, con la única imagen de su boca tragando el elixir que tanto deseaba probar y si para ella ha sido algo increíble hacerlo, para mi alucinante poder observarlo.

 

Cuando vuelvo la vista, mi sobrina está en la puerta sonriente, triunfadora, como si hubiese cumplido su máximo deseo y me estoy dando cuenta de que también es el mío. ¡Está preciosa!

 

−    Gracias tío. Te debo una. Hasta mañana – me dice.

 

CONTINUARÁ.

 

Juliaki


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