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TODORELATOS » CONTROL MENTAL » EL MAQUILLAJE DE LA SUMISIÓN III CAPÍTULO FINAL
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Fecha: 20-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Control Mental

El maquillaje de la sumisión III Capítulo final

sumiso
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Ana lleva a Antonio de compras y luego sale de fiesta con sus amigas. se lleva por la fuerza a su hermano. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Después de varios meses perdí la noción del tiempo, sabía que había pasado por lo menos medio año, pero no sé cuanto excactamente, seis meses, nueve meses, un año...

Marta me dio una orden asquerosa.

- Vete a buscar cucarachas.

- ¿Cucarachas? ¿para qué?

- Cuando vuelvas lo sabrás; quiero que traigas por lo menos tres.

- Sí Ama, está bien.

Salí con una bosla de plástico, recorrí varias calles y manzanas. tardé al rededor de una hora en volver, tenía miedo de que se enfadasran por volver únicamente con tres, así que capturé una mas de lo que me habían ordenado.

- Si querías impresionarme tenías que haber traído cinco veces más de las que te he dicho.

- ¿No está conforme, Ama?

- ¿A ti que te parece?

- Lo siento si la he decepcionado, Ama.

- ¿Tus disculpas no me sirven de nada, ya deberías saberlo! - exclamó ton tono intransigente.

- Está bien Ama, ¿qué quiere que haga con las cucarachas?

- No cambies de tema – advirtió dándomeuna fuerte bofetada -. Venga perro cómetalas.

Mi hermana me cogió del pelo y me tiró contra el suelo. Sabía que no podía defenderme, que no trataría de vengarme ni de desobedecer, así que se aprovechó de ello para mofarse de mí con todas sus fuerzas. Si me hubiera maquillado mas tiempo con el maquillaje que le regaló Gema, no sería capaz de renegar plantearme desafiar la autoridad de mi familia de ningún modo, pero eso le divertía, le divertía verme suplicar sabiendo que siempre la complacería; y eso me hacía sentirme bastante mal, porque nunca me acostumbraría a ello, y mi familia quería que siguiera siendo así.

Mientras me comía las asquerosas cucarachas mi hermana se estaba partiendo de risa, estaba disfrutando del panorama; mientras tanto me hacía fotos; decía que se las enseñaría a sus amigas. Todas las semanas me hacía comer varias cucarachas...

Mi repugnante hermana se encontraba en su cuarto estudiando. Mi madre estaba en el salón viendo culebrones de la tele y revistas de moda. Yo por mi parte me encontraba tirado en el suelo, besando sus pies.

Aprovechó unos minutos de publicidad para "jugar" hablar conmigo.

- Ana va a salir esta noche y quiere que le acompañes.

- ¿Acompañarla, a donde?

- Quiere que le pagues la cena a ella y sus amigas; y como muestra de agradecimiento te va a invitar a ir de copas.

Estaba condenado, no tenía escpatoria.

- Pero primero quiere llevarte de compras, ¿no pensarás que puedes ir de cualquier forma?

- Ama, se lo suplico, no me haga pasar por eso.

Yo la contemplaba desde la perspectiva de un perro; no me permitía levantarme del suelo, estaba imponente para mí, que la miraba desde el suelo.

- ¿Suplicas? ¿Cuantas veces he sido compasiva contigo por mucho que hayas suplicado? Mírate, pareces un perro – dijo con desprecio y prepotencia –. No cambiarás nunca; sabes que no cederé, pero sigues renegando. ¿Le tengo que pedir a Ana que te siga pintantdo con su maquillaje especial?

- No Ama, no hace falta.

Me estuvo hablando un buen rato, estaba sermoneándome, yo traté de decirle que ya lo había entendido, que no hacía falta que siguiera; pero ella seguía hablando, decía que seguía sin entender que ella decidía cuando había hablado bastante y que yo debía limitarme a escuchar. Mientras tanto yo seguía besando sus pies, cubiertos con las medias.

Terminaron los anuncios y mientras ella seguia viendo el culebrón yo seguía besando sus piés; no le inportaba si yo estuviera cansado, deseperado o si me dolía el cuerpo. Lo único que le importaba era que su hijo se comportara como un perro, un sumiso y cariñoso al que ya había humillado en incontables cenas que había organizado en casa; y ahora me haría salir de casa, estando en manos de Ana.

Llevaba a sus pies al rededor de una hora cuando mi hermana entró en el salón.

- ¿Mamá, te parece que vayamos ahora?

- Espera un poco, cuando termine la serie podrás llevártelo, hija.

- Está bien mamá.

- ¿Ama, cuanto le queda a la serie?

- ¿Y a tí que mas te da, perro insolente y desgraciado?

- Es por...

- Es por nada, inutil – dijo mi madre dándome patadas con el pie, mientras me gritaba -. Y no te vayas perro asqueroso; tienes que seguir besándo mis pies.

Fue ella la que me había apartado con sus patadas.

Miré a Ana disfrutando del espectáculo, le encantaba ver como me humillaba nuestra madre; yo le suplicaba que tuviera piedad, pero ello la animaba a humillarme mas y mas.

Mi madre no se cansaba de gritarme y patalearme, le gustaba más que las telenovelas, u obligarme a besar sus pies como una mascota. Estuvimos así al rededor de una hora mas.

Después de que terminara la serie que veía mi madre, Ana me llevó de compras a una tienda. Me hizo probarme varios modelos, aunque desde el principio sabía cual quería para mí.

Faldas cortas,largas, con medias, etc. Cada tipo de prenda me hizo probarla en varios colores. Finalmente me hizo comprar una minifalda negra. Una blusa blanca con encajes, una minifalda color de negro con flecos, unas medias blancas y unos zapatos de fiesta con tacones; toda la ropa era de mi talla.

Cuando llegamos a mi casa me di cuenta de que teníamos visita; había venido Gema Jirón.

- Hola Antonio – saludó con una sonrisa - ¿Recuerdas que te dije que te arrepentirías del daño que le habías hecho a tu hermana?

- Sí, lo recuerdo muy bien, señorita Jirón; le aseguro que he aprendido la lección, libéreme, por favor.

- ¿Liberarte? ¿Por qué? Si nos lo pasamos muy bien contigo.

- Se lo ruego – supliqué llorando.

- No insistas, gusano, no nos vas a convencer, además, ya no hay vuelta atrás para lo que te hemos hecho.

Gema se sentó en el sillón, se quitó los zapatos y las medias.

- Venga, tráeme pintura de uñas.

- Sí señorita Jirón.

Estaba deseando seguir suplicando, pero comprendí que no tendría sentido. Le pedí un color de pintura a mi hermana; me dejó el marrón y volví a reunirme con ella, me apostré a sus pies y comencé a pintarla. Luego le pinté las uñas de las manos. Mientras se secaban sus uñas, mi hermana me hizo peinarla y maquillarla. Luego me hizo prepararme con un conjunto muy ajustado, se trataba de un pantalón corto y un polo; también llevaba unas zapatillas rosas que acavábamos de comprar.

Despues de bestirme, fui al salón donde me esperaba Gema.

Salimos al rededor de las nueve y media, llegamos a un bar donde la gente comía de picoteo y bocadillos. En la entrada estaba Gema con Alicia y Judith. ésta última era la de apariencia más pija e inocente de todas, sin embargo me saludó metiéndome la lengua en la boca sin singún reparo ni remordimiento. Estuvimos unos dos minutos así, completamenta ajenos hasta que quiso, tenía ganas de rebelarme, sentía náuseas, pero no me atrevía a desafiar su autoridad; mientras me besaba sentía sus manos apretándome con fuerza en la cara, me trataba con la seguridad de ser mi propietaria.

- ¡Ya basta, aprobechao! - advirtió dándome una dura bofetada - ¿Qué te has creído, que puedes besarme todo el tiempo que quieras?

- No señorita, es que...

- ¡Silencio, no quiero seguir escuchándote – advirtió dándome otra bofetada.

Entramos en el bar y habían otras ocho personas que Gema conocía. Pero no me dejaron sentarme con ellas. Me hicieron quedarme de pie y firme mientrs cenaban.

La cena que les sirvieron eran diversos bocadillos y varios platos. Se reían a mi costa, me miraban de forma totalmente descarada, incluso me hicieron un comentario burlón.

- ¿Qué, te gusta servir a tu hermana?

Estuvieron así toda la cena, pero algo me estuve mordiendo la lengua, porque pensaba que me estarían provocando.

- ¡Contesta! - exigió Alicia.

De repente empecé a sentir un profundo escalofríoque recorría todo el cuerpo.

- No señorita, no me gusta nada, porque es muy cruel...

Alicia se levantó y se acercó de inmediato hacia mí; pensé que no debería haber hablado así. Conforme se acercaba instintivamente me encogí de ombros.

- ¡Estúpido, sabes que no puedes hablar así de tu queridísima hermana!

Mientras me gritaba me agredía a base de tortas, me clavaba las uñas y... me daba varios rodillazos en los genitales.

- ¿Pero qué he hecho yo para que me golpeen en los genitales?

Me quedé de cuclillas conteniéndome para no chillar, pues me habían prohibido que llamara la etención.

- Levanta ahora mismo, eres una persona, propiedad de tu hermana, pero eres una persona – advirtió Alicia con una macabra sonrisa.

Recuperé la compostura y me levanté de nuevo. Alicia se sentó en su sitio y siguieron con la cena, no sé cuanto rato estuvimos en el bar; pero cuando terminaron la cena me hicieron pagar la cuenta de todas ellas; eran 142,20 euros. Luego nos fuimos a una discoteca, por el camino me permitieron comer un pequeño bocadillo que les había sobrado. Cuando llegamos me llevaron directamente al aseo, para ponerme esa ropa que había comprado... con mi hermana,esa ropa tan ajustada y afeminada que no me gustaba nada llevar. Después de cambiarme me hicieron maquillarme con un producto cosmético, con una raya de rimel y una barra de labios. Finalmente salí del aseo y me hicieron bailar pegado a una amiga suya, una que no conocía; estábamos pegados, ella estaba delante de mí,y yo a su espalda.

El calor me quemaba por fuera y el pudor me corroía por dentro. Además bailaba pegado a esta amiga de Gema, que obviamente no tuvo la consideración de pensar que yono quería bailar con ella, bueno, ni con ella ni con ninguna amiga de ellas doce.

Ana se acercó con un cubata muy fuerte, posiblemente de whisky, posiblemente en seco; tenía arcadas, pero no le importó, quería que me lo bebiera de una sentada.

Cuando me acabé la bebida me dejaron en manos de Gema, quien fue más descarada que la chica que se empeñó en bailar conmigo; pués acercó sus labios sin pintar y empezó a besarme sin ninguna preocupación; igual que había hecho Judith antes de la cena. Pero ésta, en lugar de cogerme la cara me abrazó con todas sus fuerzas, como si no le importara cortarme la respiración. Mientras me besaba metiéndome la lengua, sentía náuseas, pues llegaba a tocarme la úvula de la boca, lo que se conoce popularmente como campanilla. Intenté rebelarme, pero cada vez que trataba de apartarla con un empujón sentía un profundo escalofrío que me obligaba a reprimirme.

Luego me dejaron en manos de otra amiga, me dio unos tres rodillazos en los genitales y caí nuevamente al suelo. Entonces entre todas empezaron a patalearme sin piedad, no se contenía ni una de ellas.

Alicia me cogió del pelo y empezó a llevarme a rastras hasta el aseo, ahí me tiró contra el sueloy se tumbó encima mía, y mientras me apretaba en el cuello con su antebrazo castigaba también la zona de mis genitales. Poco después mi hermana colocó mi cuello en la corva de su pierna y cerró con fuerza para asfixiarme, en esta ocasión fue peor, porque sentía el peso de su cuerpo.

Me torturaron con toda la crueldad y la maldad del mundo; ellas disfrutaban viendo como me undía en mi agonía. Luego me sacaron del aseo y me hicieron bailar pegado a una de ellas, en una ocasión incluso estaba entre mi asquerosa hermana y Gema. Mi hermana estaba delante de mí, me cogió de los brazos y mientras bailamos me obligó a abrazarla, mientras tanto Gema me dijo que la besara en el cuello.

Llegamos al rededor de las ocho de la mañana siguiente. Yo estaba destrozado, abatido, sin fuerzas, etc. Ana me llevó a la habitación, cuando entré me llevé una desagradable sorpresa, había una perrera para que pasara la noche ahí dentro, el resto de mi vida; una perrera pequeña, cada vez que me haría dormir ahí metido me veía obligado a apretarme para cerrar bien la puerta.

- ¿Esto qué es?

Vi una nota que había dejado mi madre.

"Cielo espero que este regalo que te he hecho te sirva para descansar; te lo he comprado con todo mi corazón. A partir de ahora es tu nuevo espacio de descanso"

- ¿Es una broma? Esto es una perrera.

- Ya sé que es una perrera – respondió Ana partiéndose de risa – venga, métete y luego hablamos.

- ¿Pero cómo me voy a meter ahí dentro?

- ¡Que te metas, perro! - ordenó partiéndose a carcajada limpia.

Me metí resignado en la perrera y mi hermana me enceró. Obviamente estaba demasiado incomodo para dormir ahí metido, enjaulado como un perro vulgar.

Las horas pasaron y pasaron, o eso me parecía a mí.

- ¿Qué? ¿Te gusta el regalo que te he hecho?

Era mi madre. No me atrevía ni a responder, no que quedaban fuerzas.

Abrió la perrara, me cogió del pelo y me sacó por la fuerza, me dejó tirado en el suelo y me ató los brazos y las piernas con unas con unas bridas.

- ¿Qué pasa? ¿No te gusta? - preguntó con tono con supuesta lástima – una cosa, antes de empezar quiero que mantengas la boca cerrada.

Se quitó una zapatilla y empezó a golpearme con ella por todo el cuerpo, yo trataba de resistirme, pero estando inmovilizado no tuve ninguna posibilidad, de vez en cuando me daba caricias en la cara y me besaba, pero estaba claro que estos gestos estaban llenos de hipocresía, yo intenté suplicarle que parara, pero recordé que me indicó que no dijera nada. Mas tarde me ató a los muebles del dormitorio, se tumbó encima mía y me golpeó en los genitales; hasta mi propia madre me daba rodillazos en la zona genital.

Esa escena se repetía casi a diarío tanto por mi familia, como por las amigas de mi hermana, mi madre incluída, especialmente mi madre.

Después de ese día empezaron a dejarme tanto al servicio de las amigas de Ana como a las de Gema, Alicia, Judith y otras amigas. Todas muy crueles, agresivas, malvadas y manipuladoras. ninguna mostraba piedad. Nunca recuperé la libertad.


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