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Fecha: 20-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

La Crisis 5

vima
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Por donde la pintura de nuevas esperanzas a nuestra protagonista de lograr su cometido Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

comentando el problema, o mi problema como quieran llamarle, se había sentado con nosotras una psicóloga recién llegada; Julia Montero, Una mañana que estábamos desayunando y

Era una mujer aproximadamente de unos cuarenta y pocos, pero se notaba que estaba bien compenetrada en su profesión, cuando se enteró de los pormenores del caso; pidiéndome disculpas por entrometerse, me dijo.

 -Sara, a mí me parece que si lo que te fue bien, fue sorprenderla con lo que ella no esperaba, tendrías que volver a usar esa herramienta.

 Todas estuvieron de acuerdo, pero a la hora de decir que podía hacer, empezaban las incógnitas.

 Total, que me fui de allí con un buen consejo, pero sin ninguna solución.

Ya hacían 6 meses que había ingresado y cada vez estaba más integrada al funcionamiento del hospital; antes de irme, me llamo Marina para conversar un rato, y preguntarme si me animaría a pasar una guardia, enseguida dije que sí, tenía ganas de ponerme al nivel de las demás.

 Quedamos así y me dio el turno para el jueves; hay que decir, que las guardias de entre semana eran de lo más tranquilas, generalmente no pasaba nada, y tenían un cuarto donde se podía dormir tranquilamente, si es que no había un caso extraordinario. Casi siempre eran los fines de semana que saltaban los inconvenientes por la proximidad de las visitas.

 De todas maneras, era obligatorio un psicólogo por si las moscas, más de una vez había que tratar a las visitas, desquiciadas por el comportamiento de sus parientes.

Me fui el jueves a cumplir mi primera guardia, estaba un poco emocionada, era la primera vez que asumía esa responsabilidad.

 La emoción se me paso enseguida, no pasaba nada, el silencio era absoluto y el aburrimiento también. Me acompañaba la buena de Teresa, mucho más acostumbrada al tedio que yo; estábamos tomando un café, yo más bien, para que no se me cerraran los ojos,

 - ¿Porque no te acuestas un rato? Vete con el buscador, que cualquier cosa que pase te llamo.

 -Tere me da vergüenza, lo que me falta, que mi primera guardia la pase durmiendo. se echó a reír

 -No te preocupes que vas a pasar unas cuantas así.

 Me dejé convencer y me encaminé al sitio de descanso, cuando ya me iba a acostar, me acordé del consejo de la Dra. Montero, quizá esta era la oportunidad que estaba esperando. Sin pensarlo más me fui a la habitación de Ana.

 Entré, prendí la luz, y me senté en el borde de la cama, ella me miraba con una cara de extrañeza que demostraba lo mucho que le sorprendía mi presencia.

-Anita, corazón, ¿sabes?, esta noche me toca guardia y es mi primera vez, tengo un sueño que me caigo, ¿me dejas descansar un poquito? Te juro que no te voy a molestar, ¡se buena por favor! - Le dije poniendo mi mejor cara de cansancio.

Como siempre, no dijo nada y se corrió un poco a desgano para hacerme un lugar, me quité mi bata y me acosté en el pequeño sitio que me había dejado.

 Se ve que no estaba muy a gusto, pero yo quería llevar la situación más al límite, así que me hice la dormida, de a poco sentí que me iba empujando, hasta hacerme caer de la cama, algo a lo que ayudé un poco, me levanté y le dije.

 -Ana ¿si te molestaba mucho que durmiera un rato al lado tuyo? Me hubieses dicho, perdóname me voy y ya está. Me miro un poco asustada.

-No… puedes quedarte, es que estoy acostumbrada a dormir sola, y me muevo sin darme cuenta.

 Me contestó mientras se corría para darme más espacio.

-Gracias, eres un sol, espero no caerme más –. Después de decirle eso, apoyé la cabeza en la almohada y me quedé esperando su reacción, pero al no pasar nada, me quedé dormida.

 Como a las dos horas sonó la alarma, me desperté y sentí la mano de Ana en mi cintura, como sujetándome para que no me cayera, a lo mejor se había asustado de mi caída anterior.

 Para mí, la cuestión es que estaba logrando sacarla de la inercia de todos esos años, donde estuvo congelada; pero ya no me quería hacer muchas ilusiones; me levanté, y me despedí con un beso le di las gracias y me fui.

A la mañana antes de irme me crucé con Fer en la cafetería, después de saludarla le comenté.

- ¿A que no sabes con quien dormí hoy?

- Por la forma en que lo dices, diría que, con Ana, ¿oh me equivoco?

 -Eres una tramposa, alguien te dijo.

 -Pues para que sepas nadie me lo dijo, pero si te hubieses acostado con alguien más, ¿me lo hubieses dicho?

 -¡Ey!¿porque no?, creo que tenemos confianza para contarnos ciertas cosas.

 -Tienes razón, pero no estarías tan emocionada, a ver cuéntame.

Le conté todos los detalles y al fin me dijo.

 -Mira Sara, me parece que lo que haces está funcionando, pero como dijo la doctora Montero, creo que tendrías que buscar la forma de seguir sorprendiéndola, sin dejar que se habitúe a los cambios.

 -Si… pero no se… lo de hoy se me ocurrió de repente, no creo que esto me pasé todos los días.

 -Bueno… mira… a mí no se me ocurre nada, pero tú que estas más tiempo con ella, fíjate en lo que pueda impactarle.

 -Te agradezco, y si se te ocurre algo por favor dímelo.

Llegue a mi departamento, y como había desayunado con fer, no tenía hambre, me acosté y trate de dormir, pero no estaba acostumbrada a hacerlo de día. Me quedé pensando, Ana era una mujer, si la miraba tenía cuerpo de mujer ¡y que mujer! era hermosa, desarrollada como la edad que tenía, 21 años bien llevados, pero mentalmente, su maduración, se estancó a los 13 años, por lo tanto, tenía que pensar, no en como es, sino en cómo era cuando pasó lo que pasó y decidió refugiarse en ella misma.

 Pensando así al rato me quede dormida.

Me desperté pasado el mediodía, la alarma de mi estómago me obligó a levantarme a calmarlo, me di una ducha y pellizqué algo de lo poco que encontré, y decidí hacer las compras, para cocinar al día siguiente que tenía libre y estar aprovisionada toda la semana.

 Volví a casa, y como era temprano, empecé a limpiar y de paso preparar las verduras para la cocinata del día siguiente.

 Mientras hacia las cosas no paraba de pensar en Ana. Sabía que estaba mal, que una vez salida del trabajo tenía que dejar los problemas laborales allí, y separarlo de mi vida personal, pero por más que lo intentaba, la pena que me producía lo que había pasado esa niña, (porque por más que su cuerpo y su edad, fuera de una adulta, era solo el envoltorio de una mente que todavía ni siquiera había llegado a la adolescencia).

Sentía que me estaba haciendo daño, tenía que definirme, o me corría del caso, o como decía la doctora Montero, tenía que involucrarme más y esperar lo que sucediese.

Me acosté con todas mis dudas, a ver si la mañana me daba la respuesta que estaba buscando.

Después de mucho cavilar, me quede dormida, no había puesto la alarma, por lo tanto, fue la claridad lo que me sacó de mis sueños.

 Cuando desperté, me di cuenta que estaba con las mismas dudas, me vestí, pensando hacer mi tarea culinaria, pero en un arranque, me pareció que ya tenía que tomar la decisión si seguir o no implicándome en algo que ya me estaba afectando más de lo aconsejado.

 Saque mi coche y tome rumbo al hospital; necesitaba un consejo, más que eso, necesitaba que alguien me dijera si estaba bien que me tomara las cosas, como me la estaba tomando.

 Llegué y fui directamente a la oficina de Marina; ella no estaba y la secretaria me informó que estaba en la oficina de mi padrino. No tenía ningún pudor ante el, si me aconsejaban apartarme, sabía que lo haría por mi propio bien.

Entre demostrando un desparpajo que no tenía.

 -Hola padrinito, ¿Qué tal, como te va? - le di un beso lo mismo que a Marina.

-Uhm… estábamos hablando de ti (dijo Rafa) me dice Mary que estas logrando buenos avances, ya me veo dándote el dichoso Nobel de psicología-

-Sí, pero dile que sea en efectivo- comentó Mary     

-Bueno… justo de eso quería hablar con vosotros.

 Expuse todo, lo que sentía, lo decepcionante que era ver que lento iba todo, y que ya estaba en una encrucijada en que no sabía qué camino tomar.

-Sara, (dijo Marina), si ves que esto te está afectando mucho… mejor lo dejas; no te sientas mal porque tampoco nadie logró más que tú.

- Yo no estoy tan de acuerdo -dijo Rafa- te conozco, y sé que si abandonas, te vas a sentir mal toda tu vida, pusiste mucho de ti hasta ahora, y creo que si te tienes que involucrar más debes hacerlo; por Ana y por ti, ¿si no sale? Bueno… no saldrá, pero sabes que hiciste lo que pudiste.

 -Una gran sonrisa se dibujó en mi cara.

 –Gracias, por eso te elegí de padrino, eso era lo que necesitaba para seguir adelante.

-Que me elegiste, si ya era tu padrino antes que nacieras.

-Bueno, no importa, si hubiesen esperado, seguro que yo te elegiría a ti. – me quedé un rato charlando, con unas cuantas bromas, y me fui.

Sentí que se me había aclarado el panorama, si me tenía que meter de cabeza lo iba a hacer, como dijo Rafa, por Ana y por mí.

 Antes de irme, fui al cuarto de Ana, como si fuese a buscar algo; nada más entrar, me di cuenta que no me esperaba, me miro con extrañeza, pero no puso mala cara, me entretuve haciendo que buscaba algo en lo que allí dejaba.

 Tenía algunos libros bastante asépticos, como para saber si le alcanzaban a llamar la atención, y algunas veces los encontraba en diferente orden en que los había dejado, pero eso tampoco significaba tanto, se requería mucho más para llegar a pensar con certeza que su subconsciente comenzaba a ir por otros rumbos y poder sanar sus heridas.

Al rato me despedí, estaba extrañamente animada, había pensado que iba a ser mi padrino el que me iba a aconsejar abandonar, pero al revés, él fue el que más me entusiasmó, y me doy cuenta que tiene razón, si no luchara por esto creo que no me lo iba a perdonar nunca.

Esa noche me encontré con Fer, ella tenía pocos años más que yo, pero me acompañaba en la motivación de poder llegar a buen puerto con Ana.

-La verdad, que te envidio- me dijo- no sabes las ganas que tenía de conseguir algo de lo que tu estas logrando -

-Ay mujer, tampoco es que este logrando mucho, creo que todavía son poquitas cosas como para pensar que es importante.

-Tú no te das cuentas, porque eres muy ansiosa; pero, aunque no lo creas, muchas nos hubiéramos conformado con lo que a ti te parece poco -

Fuimos a cenar juntas y casi que ni tocamos, el asunto de Ana; conversamos de idas y venidas, pero notaba que quería escaparse del tema del trabajo.

 Tenía más años que yo en eso y seguramente le daba a cada cual su espacio; con el tiempo a mí me pasaría lo mismo.

 La cosa que me fui contenta y entusiasmada, sin saber muy bien porque, pero entusiasmada al fin.

Me acosté, y empecé a pensar con que podía sorprenderla al otro día, y pensé… y seguí pensando, sin tener una puta idea  de lo que podía hacer, gracias que me dormí antes de terminar descerebrada.

Llegué a la mañana, hice mi rutina mecánicamente, pensando con qué coño, podía alterar el día de Ana; realmente no se me ocurría nada, y nada se me ocurrió.

 Me calmaba un poco, que las veces anteriores, las soluciones me cayeron casi por casualidad, esta vez podía seguir pasando, que soluciones casi siempre hay, pero tienes que pillarlas al vuelo, que no siempre se repiten.

Y así, corrían los días, con mar calmo, pero sin avances. Pero bueno, hasta que uno de esos, digitando archivos, me encuentro, que Ana había estudiado pintura, (que eso si sabía) pero que aparte, había cuadros pintados por ella, en el instituto; quizá no era la gran cosa, pero me interesó ahondar en el tema, sobre todo porque no tenía otra cosa por donde arrancar.

Y la que arranqué fui yo, le pedí permiso a Marina para ver los cuadros, y los informes, con que los psicólogos habían caratulado los resultados.

 Los informes eran espantosos, y los cuadros, también, los mirabas y te daban escalofríos, tétricos, retorcidos; traté de mirarlos con indulgencia, y solo conseguí, darme cuenta, que, a pesar de su siniestralidad, tenían una cuota de talento infrecuente (no soy una entendida en pintura, pero se notaba que la niña sabía pintar)

 Conversé el caso con Marina, que aparte de ser mi jefa, tenía bastante experiencia para poder aconsejarme.

Le comenté que me parecía que podía llegar a irritarla y ver como reaccionaba.

Me dio carta blanca para que actuara según mi criterio.

 Total, que monté la novela, quedé que iba a pedir los cuadros para verlos, y los iba a traer Marina, tanto para vigilarme, como para ayudarme, por si las castañas se quemaban, que sabía un rato más que yo.

Como todos los días, hacía que pasaba los archivos, y simulé que había encontrado lo que ya había encontrado antes, le dije a Teresa si podía traerme los cuadros que se enumeraban ahí, la pobre Teresa que no sabía de qué iba el cuento, se puso nerviosa.

-Mira no sé dónde están, ni si los voy a encontrar, mejor se los pido a Marina.

-Pues claro, no se me ocurriría pedirte nada sin que ella diera permiso- se fue más tranquila; al rato volvió con los cuadros, y Marina atrás.

- Bueno ¿así que querías ver las pinturas? Aquí las tienes, ¿Qué te parecen?

 - Las mire como si no las hubiera visto antes.

 - ¡Pero por dios!, ¿creí que me habías dicho que había estudiado pintura?

 -Pues es que estudió, pero… bueno… esto es lo que hay, yo que se quien le enseñó; anda ahí te las dejo, tu mira si te sirven para algo-.

Me quede murmurando lo bastante fuerte para que ella me escuchara.

 -Pero si un pequeño de dos años, podría hacerlo mejor; que cosa más horrible

-Porque no lo haces mejor tu…que tienes más de dos años- escuche casi en un grito.

Me pegué un susto, pensé que podía reaccionar, pero no de esa manera, era la primera vez que la escuchaba, decir algo más que un si o un no, hola, adiós o alguna frase cortada, que hasta ahí llegaba.

- ¡Y que! claro que puedo dibujar mejor que esto, yo nunca pinté un cuadro, pero por lo menos trataría de pintar algo como la gente, y si quieres te hago un dibujo, a ver si puedes hacer algo mejor.

 Le contesté, haciéndome la indignada, mientras mi corazón saltaba de alegría. No sabía a dónde íbamos, pero sabía que íbamos a algún lado, y para mí ya era bastante.

 -Pues a ver…, a ver que tanto sabes dibujar, muéstrame - dijo toda cabreada.

-Oye, que estoy en el trabajo, lo que me faltaba que me echaran del trabajo por andar dibujando tonterías…, pero mira, mañana te traigo algo dibujado y tú me dices.

- ¿Y yo como se si lo dibujaste tu o no? - Me espetó.

-Porque yo te lo digo, ¿o crees que soy una mentirosa?

Se me quedó mirando a los ojos, y al fin me dijo.

-Bueno, tráelo mañana y veré si te creo o no.

Luego de eso, se cerró, y no pude sacarle ninguna palabra más, estaba furiosa. No quería presionarla, notaba que había avanzado mucho y no era cuestión de desperdiciar lo que había logrado, nada más por apresurada.

Me fui al departamento ya sin tanta duda, ahora no era cuestión de pensar que hacer, más bien era hacer un dibujo que fuera creíble para ella.

Tampoco quería hacer mucha trampa, y es que tan nula no era con la cuestión de dibujar.

No quería hacer mucha trampa, pero un poco tenía que hacer si pretendía que fuera algo pasable.

 Entre las fotografías que tenía de Ana, elegí la que más fácil me pareció, la pasé al ordenador y la imprimí sin color; no es que de ahí todo fue fácil, pero me ayudó a seguir los contornos lo mejor posible, así todo era imposible que pudiera pasar al papel lo bonita que era, y menos yo.

A las dos de la mañana, me acosté con el dibujo más o menos echo a mi gusto.

A la mañana, me toco hacer la ronda con Fer.

 - ¿Qué te pasa? Te noto entusiasmada, ¿te echaste novio o qué?

-Mejor que eso, en la cafetería te cuento.

 Terminamos de informarnos del estado de los pacientes, y fuimos a tomarnos nuestro cafecito diario.

- ¡Bueno ya!, cuéntame que te tiene alborotada, que se te nota a la legua.

-Tú lo notas porque eres una entrometida, pero es que no hay novio, que eso no es tan difícil de conseguir, pero mira lo que pasó ayer con Ana.

Le conté todo y le mostré el dibujo que había hecho.

 -Pues sí que tienes razón, es más fácil conseguir un novio, que hacer que Ana hablara, ¡oye! No te conocía tu habilidad con los lápices, que mira que te salió bastante bien la pequeña.

-Tampoco es tanto, que algo de trampita hice, el asunto es que ella se lo tome a bien.

Dejé a Fer y me fui a lo de Ana, entré como si nada y al saludarla, la note expectante; acomodé mi mochila, y con deliberada lentitud, saque el dibujo.

- Mira, para que no digas que no cumplo lo que prometo, aquí tienes el dibujo que te prometí - le dije al mismo tiempo que se lo alcanzaba.

-Bueno…, no esta tan mal…, ¿pero no pretenderás querer comparar esto con una pintura?

 -No pretendo compararla con nada, pero por lo menos pretendo dibujar cosas bonitas y no los esperpentos que pintas tu.

 Sabía que quizá hablarle así podía producir un rechazo, pero me estaba saliendo todo tan bien, que me arriesgué, buscando más rapidez en el proceso de lo que estaba tratando.

 - Aparte, te digo que si no pinto, es porque tengo un trauma con la pintura -Se me quedó mirando con la boca abierta.

 -Pero ¿cómo vas a tener un trauma tú, si eres la psicóloga? - Me dijo

- ¿Y qué te crees que a nosotras nunca nos pasó nada o qué?

- ¿Y qué te pasó para que no pudieras pintar más?

- ¿Qué me pasó? Te digo; era más pequeña, recién había comenzado en la universidad.

- ¿Cómo que eras pequeña y estabas en la universidad?

-No te dije que era pequeña, te dije que era más pequeña y si sigues interrumpiendo no te cuento nada.

- Bueno está bien, sigue – contestó medio con resignación

-Bueno sigo; me acuerdo que era el día de la mujer y quedamos en hacer actividades para reafirmar que la mujer, tenía tanta capacidad como el hombre para hacer de este mundo algo mejor - me estaba saliendo la vena poética, pero no quería exagerar - Pues  me propuse pintar una alegoría del poder de la mujer en el mundo, y había un frente de una casa, que vieras lo bien ubicado que estaba, todo el mundo lo iba a ver, una esquina de mucha concurrencia, y ahí fui; pretendía pintar una mujer saliendo desnuda de un huevo, con las manos levantadas agarrando el mundo, demostrando que nosotras también podemos… pero… no pudo ser.

- Pero ¿qué te pasó, que no pudo ser?

-Pues que, de golpe, me di cuenta de una señora me estaba fotografiando, primero me pareció genial, tanto que le pregunté, ¿Qué le parece, le gusta?

 -Uf, sí que lo estás haciendo bien, pero más me va gustar ver cómo te apañas a dejarme la pared limpia antes que llame a los guardias, y si no me das tu dirección y tus documentos hoy te la pasas en la cárcel, eres tú la que eliges, pero tú o tus padres me vais a dejar esta pared como la gente.

-Total, que me pasé dos días dale que te dale con un cepillo de alambre con la señora vigilándome, hasta que al fin tuve que decirle a mi padre; después de darme una catalina, mando unos albañiles que arreglaran ese frente, tardaron como tres días y cobraron un pilón, que mi papa me descontó de mi asignación mensual, ¿me creerás que estuve seis meses sin salir de fiesta?¡seis meses! De ahí nunca más quise tener contacto con la pintura.

Me miraba como dudando si creerme o no, se ve que no soy tan buena para contar cuentos.

- ¿Y no se te fue la gana de dibujar?

-No, nunca dibuje en una pared.

Me miró con la carita enfurruñada.

 - ¿Y porque me dibujaste a mí?

-Ya te dije, me gusta dibujar cosas lindas, y aunque no me salgan tan lindas como son, por lo menos yo trato.

-Yo no soy bonita.

-No digas tonterías, si te decían la muñeca y te vestían como una Barbie, y tu bien que te dejabas.

- ¿Y que querías que hiciera?, a Teresa y a las otras enfermeras le daba por ahí, y a mi… total…, tanto daba.

Fue una contestación que me dio pena, demostraba el grado de anulación de personalidad que padecía, no es que le gustara, simplemente, tanto daba.

-Ana, ellas hacían eso porque eres hermosa, y creían que a lo mejor te gustaba verte así, ahora si tú no lo quieres ver, es otra cosa, y si no te animas a pintar algo bonito, quizá sea porque no sabes pintar.

Se puso colorada de furia.

 -Y que, ¿Por qué no pruebas tu pintar mejor que yo?, a ver si te animas.

Mi corazón saltaba de ansiedad, sabía que estaba consiguiendo algo que ni había soñado, por lo menos tan pronto, y eso me daba el aliciente, y al mismo tiempo el temor de que por una palabra mal dicha volviera a encerrarse en ella misma.

-Pues sí que me animo, pero tu pinta a la par mía, a ver quién lo hace mejor; pero una cosa, ponemos de modelo algo reconocible, y no me vengas con nada que tenga que leer abajo qué coño es.

Me miró desafiante - Pon el modelo que te parezca y vamos a ver quién pinta mejor, ¿cuándo vas a traer los lienzos?

-Si consigo todo, el día antes de la guardia, va a estar todo aquí, por si necesitamos más tiempo.

Me miró con desconfianza y preguntó.

 ¿Qué modelo vas a poner?

-Te lo voy a hacer fácil, ¿ves ese álamo con la fuentecilla adelante? Pues ese será el modelo, y no me vengas con un estilo Picasso, que eso me va a salir mejor a mí.

-Vale, a ver si eres capaz de pintar tan bien como críticas.

No pude sacarle muchas más palabras, pero me daba cuenta que había conseguido mucho más de lo que me había imaginado.

La saludé y me fui apurada a lo de Marina, cuando me vio tan exultante, se echó a reír.

- ¿Qué te pasa, acaso vas a ganar el nobel que te prometió tu padrino? - nos echamos a reír juntas, pero cuando le conté, como buena profesional me acompañó a buscar la mejor forma de aprovechar las posibilidades que se habían abierto.

Nos fuimos a la cafetería, y se nos unió Fer las tres estábamos entusiasmadas tratando de analizar cuál era la mejor manera de comportarme y que hacer, si llegábamos a esta competencia artística; a mí lo que me sobraba de caradurismo, me faltaba de pintora, pero tenía a mi favor, lo que ya le conté de mi experiencia un poco inventada en el mundo de la pintura.

Marina, me facilitó bastante las cosas, si era por caballetes, tableros, lienzos y pinceles más otras cosas necesarias para la competencia estaban en el almacén, donde se guardaban lo necesario para experimentar con nuevas terapias. Solo faltaba poder saber cómo tenía que comportarme en el momento en el que estuviéramos compitiendo.

Estábamos entretenidas cambiando opiniones entre nosotras, cuando llegó la doctora Montero. Realmente no era muy comunicativa, pero el problema de Ana, parecía un imán en todas las que nos acercáramos a ella, y la doctora Montero, no era una excepción.

Era una mujer mayor al lado de nosotras, pero con un halo de templanza, que hacía que sus consejos siempre fueran tenidos en cuenta. Después que se interiorizó de toda la situación, con voz calma, se dirigió a mí.

-Sara, yo solamente puedo darte una opinión, pero me parece que lo que estas logrando, no es por ser psicóloga, creo que ella no te ve de esa manera, quizá te está mirando como la compañera que nunca tuvo; o que, si la tuvo, se le perdió en el camino.

- ¿Pero que me aconseja hacer? - realmente apreciaba los consejos de esa mujer, con su poder de síntesis.

-Yo creo que su mente no tiene la madurez de una mujer de 21 años, pero también creo que por más encerrada que estuviera en su mundo no se puede disociar del todo, a su manera también maduró, a su manera se hizo mujer - (me acordé cuando le hice notar que la vestían de Barbie, y ella reconoció que era una tontería, que simplemente no le importaba), y no me parece que la puedes tratar como una mujer, pero tampoco la puedes tratar como una niña de 13 años.

- ¿Pero y entonces como hago?

- ¿Tú no te acuerdas de tu adolescencia?, ¿no te acuerdas cuando por ahí te contaban de un grupo musical, del que tú, ni puta noticia tenías?, quizá ella este en esa situación, hay un montón de cosas que no sabe, pero no es menos que tu…; tú también hay un montón de cosas que no sabes y no te hace más tonta que nadie-

-De verdad creo que me repaso la lección de psicología a la que me falte.

Todas nos pusimos a reír, pero creo que hasta Marina se había dado cuenta lo sensato del comentario.

- ¿Y, entonces que le parece que haga?

-Es solamente una idea, pero creo que te va a ir bien, compórtate como una adolescente un poquitín avanzada, que por tu edad tampoco muy sobrada la llevas.

Se retiró la doctora Montero y nosotras seguimos preparando la competencia, me causaba gran alegría que tanto Marina como Fer se sintieran tan involucradas.

Cuando salí, me fui a una librería especializada en arte, realmente yo sabía bien poco del tema por lo que me dejé aconsejar por la dependienta, después de decirle que era para un regalo y quería quedar bien; compré los colores repetidos y por si acaso, dos paletas y algunos pinceles por si los del hospital no estaban buenos.

Me fui contenta a mi departamento. Llegué ordené lo poco que había desordenado, comida tenía para dos días más, así que me metí en internet a buscar lecciones de pintura en 24 horas.

No saqué mucho en claro, tampoco pensaba aprender a pintar virtualmente, pero por lo menos encontré varias cosas que no tenía que hacer, y eso para mi ya era bastante.

   Al otro día, era el de preparación, revisé los caballetes, los lienzos, pinceles había nuevos y pomos de pintura también, pero por las dudas, decidí usar los que había comprado yo, por si los otros estaban vencidos, o que se yo.

Agradezco los comentarios, y espero no aburrirlos, se que tengo errores y trataré de corregirlos. es mi primer relato y ..........se hace camino al andar


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