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Fecha: 25-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Bimbo War Z: Apocalipsis (2)

Tania
Accesos: 2.582
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 16 min. ]
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Segunda entrega de esta otra saga, en la que vemos a algunos protagonistas ya conocidos por todos, y nuestra protagonista descubre un terrible secreto que puede significar algo más que una simple epidemia... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Mucho tiempo antes de lo narrado en el primer capítulo de esta narración el sol se levantaba sobre una dormida Chicago. La luz se filtraba por las cortinas del lujoso ático iluminando a la pareja que se encontraba enzarzada en un delicioso polvo vespertino. Brianna se encontraba a cuatro patas sobre la cama, sintiendo como el pene de Mario entraba y salía de su encharcada vagina y sus tetas se bamboleaban por los envites, mientras gemidos de placer salían de su boca. Las manos del hombre la cogían por las caderas a la vez que sus testículos golpeaban su clítoris. La mano femenina empezó a frotar su botón del placer, rozando los testículos del hombre en ocasiones, llegando casi instantáneamente a un delicioso y brutal orgasmo que la hizo convulsionarse de placer, aunque Mario siguió empujando hasta que su corrida fue inminente. En ese momento, ágilmente, Brianna se sacó la polla de su coño y, girándose sobre la cama, la engulló hasta la garganta para sentir como el semen salía y se deslizaba por su garganta hasta que no salió ni una gota más. Ambos quedaron tumbados de lado, mirándose y acariciándose.

 

 

 

  • Dios, nena, cada día follas mejor.

  • Eres tú, que sabes cómo ponerme a tono.

  • Llevamos ya casi 3 años juntos y es mejor que el primer día...

  • No será tanto...

  • ¿Qué no...?

  • Venga, cielo, no disimules. Seguro que te has follado a mejores mujeres que yo...

  • Ni mejores ni peores, nena, diferentes diría yo...

  • ¿Diferentes? No disimules...

  • No disimulo. No he conocido nunca a una mujer que se moje como tú, y menos aún que se corra como tú lo haces...

  • Halagador...

 

 

 

Esto último lo dijo Brianna a la vez que se levantaba de la cama y se dirigía desnuda hacia el cuarto de baño, con los ojos de Mario fijos en su culo. Había sido madre ya dos veces (una niña rubia, de ojos azules, que era un calco de su madre, y un niño un poco más moreno, que tenía rasgos de ambos, aunque la piel morena paterna) aunque su cuerpo no se había resentido en absoluto. Es más, se diría que se había vuelto aún más voluptuosa. Bajo los chorros de la ducha oyó la voz de Mario que le hablaba.

 

 

 

  • ¿Qué plan tienes para esta mañana?

  • Pues en principio nada extraordinario. Iré a la oficina (como siempre), revisaré papeles (como siempre), y luego me reuniré con el Doctor. Parece ser que se trata del nuevo proyecto...

  • ¿Alguna complicación...?

  • Pues la verdad es que no lo sé. Sólo me ha comentado que tenemos que revisar unos datos. Al parecer algunas de esas estúpidas “bimbos” se están portando de manera extraña.

  • Esperemos que no sea nada grave y que se solucione pronto...

  • ¿Y tú...?

  • Tengo la mañana algo más ajetreada que tú...

  • ¿Por...?

  • Tengo que ir a Nueva York. Ya sabes, visita de inspección, aunque imagino que estaré aquí para la cena...

  • Entonces seguro que tienes el día más entretenido que yo – dijo Brianna guiñándole un ojo. Evidentemente se refería a las mujeres, muñecas sin cerebro más bien, que Mario vería ese día.

  • Cariño, ya sabes que sólo tengo ojos para ti...

  • Ojos sí, pero polla para la que se te presente...

  • Tonta...

  • Capullo...

 

 

 

Las últimas palabras las intercambiaron sonriendo mientras Brianna salía de la ducha, sólo con una toalla enrollada alrededor de su cuerpo, para empezar a vestirse a continuación y sentarse a desayunar después. Cuando se iban a despedir Mario la cogió por la cintura, apretándola contra si mientras sus bocas se besaban apasionadamente, y Brianna sintió la erección contra su vientre. Instintivamente se agachó y se la metió de nuevo en la boca, con las manos de Mario sujetándole la cabeza con cuidado de no despeinarla demasiado hasta que se derramó de nuevo en su garganta. “Nunca es tarde para una buena mamada”, pensó Mario mientras se volvían a besar y Brianna se retocaba el maquillaje antes de salir ambos de casa hacia el trabajo.

 

Lo que ninguno de los dos sabía es que quedaban menos de una semana para que el mundo se acabase.

 

 

 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 

Aproximadamente una hora después Brianna estacionaba su lujoso BMW en los aparcamientos de “Bimbo Tech” y entraba en el edificio pasando su acreditación por el escáner de la entrada. Los ojos de Jimmy, el ascensorista, volvieron a fijarse en el espectacular cuerpo de la mujer, sobre todo en su culo, imaginando como siempre que la veía lo que sería poder follarse a aquel monumento. Con un mutuo “buenos días” los dedos del hombre pulsaron el botón disimulado en el panel y la llevó hasta una planta a la que no podía acceder el público en general que visitaba el edificio.

 

Volvió a pasar su tarjeta por otro escáner y accedió a las oficinas, pasando ante el mostrador donde se encontraba como siempre Tittiefuck, la negrita bimbo recepcionista que sonreía estúpidamente como siempre, aunque a Brianna le pareció que su mirada no resultaba tan estúpida como otras veces. Lo que sí presentaba era un aspecto realmente estrafalario, con su pelo cardado con un tinte casi amarillo chillón y un ajustado vestido de lycra del mismo color y uñas y zapatos de altísimo tacón a juego. Lo que le extrañó un poco fue que sus tetas parecían todavía más grandes, amenazando con romper el diminuto vestido. Pensó que serían imaginaciones suyas y se dirigió hacia la oficina del Doctor tras dejar su cartera y bolso en su despacho.

 

 

 

  • ¿Se puede, Doctor? – Aunque ya llevaba tiempo trabajando con él todavía seguía sintiendo respeto por el extraño hombre.

  • Buenos días, Brianna.

  • Buenos días, Doctor. ¿Quería verme?

  • Sí, quería comentarte algunos detalles...

  • Usted dirá...

  • Bien... En primer lugar te diré que tu proyecto está dando excelentes resultados.

  • ¿Mi proyecto?

  • Sí, el experimento que iniciamos con PattySlut...

  • Ah, no sabía a qué se refería exactamente. Tengo tantos proyectos en la cabeza...

  • Sí, lo sé, no tiene importancia... Sólo te diré que el número de “chicas” de esas características aumenta, tanto forzosas como voluntarias, y está reportando pingües beneficios...

  • Eso es una buena noticia, no cabe duda...

  • Desde luego que sí. De hecho, Madame Cong piensa abrir otro local en Tokio y nos ha hecho un pedido inicial de 20 chicas que, posiblemente, después serán más...

  • Eso suena realmente bien. Pero creo que no me ha citado sólo por eso...

  • No, la verdad es que no. El motivo de haberte llamado es porque está ocurriendo algo que no sabemos si debe preocuparnos o no...

  • Usted dirá.

  • Mira...

 

 

 

A la vez que decía estas palabras su mano apuntó un mando a distancia hacia la pantalla que colgaba de una de las paredes y las imágenes aparecieron. Mostraban unas habitaciones aunque no las habituales, sino que parecían más bien celdas, en las que se encontraban algunas bimbos. Al principio Brianna no observó nada anormal en las chicas que mostraban las imágenes. Unas se encontraban tumbadas, otras paseaban por la habitación, aunque estas últimas lo hacían con una forma de andar todavía más tonta que lo habitual.

 

 

 

  • ¿No ves nada anormal, Brianna?

  • Pues... no sabría decirle, Doctor...

  • ¿Nada...? Fíjate bien...

  • Quizá la forma de andar, no sabría decirle...

  • Observa sus caras... ¿Ves sus ojos?

 

 

 

Brianna se fijó un poco mejor y entonces fue cuando se dio cuenta. Sus ojos parecían como los de Tittiefuck, algo más llenos de vida de lo habitual, y un escalofrío recorrió su espalda. Iba a hablar cuando una de las chicas empezó a golpear la pared de la celda, tanto con sus puños como con la cabeza, amenazando con hacerse daño ella misma. Casi inmediatamente otra chica en otra celda giró su cabeza hacia la fuente del sonido y empezó a comportarse de la misma manera, golpeándose también. Las imágenes siguientes mostraban como las puertas de las celdas se abrían y entraban guardias de la empresa para intentar sujetar a las chicas, aunque en ese momento no eran sólo dos, sino aproximadamente unas diez de las doce que se encontraban encerradas.

 

 

 

  • ¿Qué está ocurriendo, Doctor?

  • Eso es lo que quiero que tú me digas, Brianna...

  • Pues no sé, Doctor. Es la primera vez que veo algo así... ¿Se trata de mi proyecto?

  • No, eso es lo raro. Las dos chicas que permanecen tranquilas forman parte de tu programa.

  • ¿Entonces...?

  • Verás... A las otras chicas las reclutamos hace poco tiempo y nuestros ingenieros decidieron probar un nuevo tratamiento con ellas...

  • ¿Un nuevo tratamiento para qué, Doctor?

  • Queríamos que tuviesen un aspecto más normal, que tuviesen unos rostros, aunque seductores, sin ese aspecto de retrasadas mentales que es lo habitual.

  • ¿Y...?

  • Pues decidimos inyectarles una nueva droga, aunque esta vez llevase implementada una sustancia capaz de modificar su código genético sin necesidad de recurrir a tus nanomáquinas. Ya sabes que su mejor resultado lo han dado en tu programa...

  • No me diga más, se les ha ido de las manos...

  • No exactamente. El caso es que esas imágenes son de hace una semana. Al principio esa sustancia provocaba un aumento todavía mayor del tamaño de los pechos y del culo, pero casi coincidiendo con ese tiempo hemos notado un cambio en el comportamiento de las chicas.

  • ¿En qué concretamente...?

  • Pues es realmente extraño, pero parecen más espabiladas, menos tontas, pero a la vez han desarrollado una gran agresividad, llegando incluso a morder a algunos de nuestros empleados encargados de cuidarlas. Mira esto, son imágenes de hace tres días...

 

 

 

El Doctor pulsó de nuevo un botón en el mando a distancia y un nuevo vídeo ocupó la pantalla. Mostraba a una de las bimbos en su celda, golpeándose, y a continuación como entraban tres celadores con bridas y correas en las manos para sujetarla e intentar reducirla y calmarla. De pronto la chica se abalanzó sobre uno de ellos, mordiéndole en el brazo, llevándose el hombre la mano a la boca a consecuencia del mordisco de la chica. Cuando lograron amarrarla a la cama pudieron ver como de la mano del hombre manaba un pequeño hilo de sangre, tal había sido la fuerza del mordisco, aunque no parecía nada grave y podría curarse con un poco de desinfectante y yodo. Al salir los celadores de la habitación la chica parecía calmada, aunque parecía un estado de calma tensa, como si algo latente fuese a ocurrir.

 

 

 

  • ¿Es grave la herida de ese hombre, Doctor?

  • No, nada grave, aparentemente se curó bien...

  • ¿Por qué aparentemente....?

  • Espera y lo verás tú misma. Estas son de ayer... – dijo mientras volvía a pulsar el botón del mando.

 

 

 

Las nuevas imágenes mostraban pasillos del sector sanitario del centro, hasta que se detuvieron en una imagen que mostraba a varios de los celadores sentados en una sala de descanso, donde solían permanecer habitualmente cuando no eran requeridos para sus cometidos habituales. El hombre que había sufrido el mordisco aparecía sentado, aparentemente mirando su teléfono móvil, hasta que de improviso comenzó a sufrir convulsiones que le hicieron caer al suelo. Alarmados, otros de los celadores acudieron para intentar socorrerle pensando que podría ser un ataque epiléptico, por lo que un celador intentó introducirle algo en la boca para que no se tragase su propia lengua.

 

La cámara hizo zoom hasta mostrar un primer plano de la cara, que había tomado un extraño color pálido, como si los pequeños capilares sanguíneos no tuviesen riego, y los ojos se habían tornado blancos, sin vida. Sin embargo el hombre continuaba moviéndose, aunque las convulsiones parecían haber cesado y ahora luchaba por soltarse. Con un súbito movimiento alcanzó la garganta del hombre que intentaba mantenerle la boca abierta, mordiéndola y desgarrándola, manando un chorro de sangre que salpicó a los otros celadores. El hombre cayó al suelo, muerto casi antes de llegar a tocarlo, y el enfermo, libre ya en parte de la sujeción, atacó a otro hombre que, presa del pánico, no pudo evitarlo, aunque sufrió un mordisco en su pierna que le desgarró un trozo de carne a pesar del pantalón. El hombre que permanecía ileso logró salir de la habitación, cerrando la puerta con su clave electrónica. La secuencia continuó avanzando, aunque más deprisa al haber pulsado el Doctor el avance rápido, hasta que mostraron a los tres hombres de pie, como tambaleándose aunque sin llegar a caer. Brianna sintió un escalofrío de terror que recorrió su espalda, negándose su mente a aceptar lo que sus ojos veían y que hasta ese momento sólo había visto en películas de serie B...

 

 

 

  • ¿Y bien...? – dijo el Doctor.

  • Doctor... eso son...

  • Sí, Brianna – hizo una pausa antes de seguir hablando – Son zombies...

 

 


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© Tania

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