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Fecha: 30-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Como todo comenzó -Hermano&Hermana-

Marissa
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Aprende a masturbarse y luego tiene una sesión de sexo inesperada. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Era una tarde tranquila, como casi todas mis tardes. Son una joven un tanto encerrada en mí misma, con pocos amigos, pocas salidas, nada interesante pasaba en mi vida. Nada relativamente importante para contar, excepto esa tarde.

Había tenido un par de novios, pero nada que hubiese durado mucho. A veces pensaba que era una persona sin sentimientos, ajena a todos y todo, pero eso cambiaba al ver a mi padre y a mi hermano. Ellos eran las luz de mi vida, los hombres que eran mis héroes, uno que me había criado y el otro que siempre había sido mi guardián. Mi madre no estaba con nosotros hacia años luego de un accidente, así que solo vivíamos los tres. Nuestra economía permitía tener una empleada de servicio, y aunque era ya una mujer mayor, era muy querida por nosotros. Mientras papá trabajaba, mi hermano quien era tres años mayor, y yo, estudiábamos en la universidad.

Todos los días era casi lo mismo, nos levantábamos, bañábamos, vestíamos, desayunábamos y salíamos a nuestras distintas labores, cada uno por su lado. Volvíamos a almorzar, nos contábamos las cosas del día y volvíamos a salir. Nos volvíamos a encontrar en la cena, veíamos luego algo de televisión y cada uno iba a su cuarto a hacer deberes o descansar. De vez en cuando salíamos a cenar fuera, a cine, a conocer un nuevo centro comercial que habían abierto en la ciudad, siempre los tres juntos, ya que mi hermano era igual a mí. Y papá no había vuelto a salir con mujeres una vez mamá murió.

Como decía, era una tarde tranquila. Papá no estaba en casa, mi hermano tenía clase, la empleada ya se había ido, así que estaba sola y sin nada interesante que hacer. Estaba navegando por la red luego de hacer mis deberes cuando sin querer al abrir el link de una película me empezó a salir todo un sinfín de ventanas emergentes con páginas porno, cosa que llamó mi atención. Decidí abrir el incógnito del navegador, ya que aunque nadie más usaba mi laptop, siempre era bueno prevenir accidentes. Miles y miles de páginas se me desplegaron en el navegador de Google y pasé las siguientes dos horas viendo algunos videos cortos, otros largos, en donde mostraban distintas situaciones y distintas tramas pero en donde siempre terminaban los actores cogiendo sin control. Hasta el momento era virgen ya que no me había sentido preparada cuando mis ex me lo habían pedido, así que casi que sin pensarlo llevé mi mano dentro de mis pantys y toqué mi vagina, la cual solo tocaba para bañarme y no era algo sexual. Ahora lo era.

Llevé la laptop a mi cama y una vez allí me desnude de la cintura hacia abajo para luego abrir un video de masturbaciones para tener una guía y a partir de ella empecé a tocarme. Descubrí mi clítoris, de mi vagina salían flujos los cuales untaba sobre mi clítoris y me hacían sentir más placer. Mis gemidos los dejé salir libres y sin control mientras me acariciaba furiosamente, pasando simplemente mis dedos por encima de mis labios menores sin querer penetrarme pero acariciando mi clítoris una y otra vez sintiendo como se ponía completamente duro para luego cerrar mis ojos, ver una galaxia y explotar en un increíble orgasmo que me cegó y me dejó tirada en la cama con las piernas abiertas, mi vagina y clítoris palpitando y mis dedos llenos de mis flujos.

Luego de recuperarme me fui a duchar y justo cuando iba saliendo del baño llegó mi hermano, lo saludé con algo de vergüenza aun cuando no podía saber lo que había hecho y me encerré nuevamente hasta la hora de la cena pero ahora sin hacer nada en mi cuerpo.

El delicioso placer que sentí se hizo costumbre, todas las noches bajo mis mantas y en la intimidad de mi habitación me tocaba sin parar, aun con miedo a penetrarme con mis dedos pues sabría que podría doler, pero en cambio descubriendo el sexo anal. Compré un pequeño vibrador y con distintos videos aprendí a usarlo, ya se me estaba volviendo costumbre usarlo 25 días al mes, me daba descanso los cinco días de mi periodo, pero en aquellos días descubría relatos que me dejaban completamente caliente y ansiosa.

Por meses aquello se convirtió en costumbre, hasta el día en que olvidé cerrar mi puerta con seguro. Era una tarde normal en la que estaba sola en la casa. Así que me desnudé y sin necesidad de porno empecé a calentarme por mí misma. Tenía las piernas totalmente abiertas, había lubricado mi ano y estaba por penetrarme con mi vibrador cuando abrieron mi puerta y me quedé de piedra al ver a mi hermano en el umbral con los ojos totalmente abiertos y el rostro completamente rojo.

-Yo…- Me apresuré a decir sin encontrar nada coherente y balbuceando mientras él seguía quieto en la puerta. Vi hacia donde se dirigía su mirada pues aún tenía mis piernas completamente abiertas y mi vagina totalmente expuesta. Con vergüenza las cerré y bajando mi mirada por su cuerpo noté que estaba erecto. Tragué saliva y me tapé con una de mis mantas jugando con mis uñas esperando que dijera algo. -¿Querías algo?- Ya no había nada que hacer, aunque mis manos temblaban y mis palabras salían entrecortadas el incómodo silencio era lo peor. –No le vayas a decir a papá. Me da mucha vergüenza.- El simplemente asintió, balbuceó al igual que yo un “Perdón” y salió sin decir nada más.

Aquella noche no me atreví a hacer nada, aun cuando tenía la puerta cerrada y estaba bajo mis mantas, aún sentía mucha vergüenza.

Días después, la incomodidad había pasado un poco y papá debía salir de viaje de negocios dejando a mi hermano a cargo. Sabía que éramos muy responsables así que no dejó muchas recomendaciones. En la noche ya solos, estuvimos mirando algunos capítulos de una serie hasta altas horas de la noche con mi hermano y luego nos fuimos cada uno a nuestra habitación.

Avanzada la noche, estaba completamente profunda cuando sentí que alguien se acomodaba tras de mí. No le di importancia pues sabía que el único en la casa era mi hermano y que podría haber tenido una pesadilla. Le hice campo y seguí durmiendo, hasta que sentí una caliente mano y unos dedos jugando con mi clítoris y la hendidura de mi vagina. Solté un gemido sin poder detenerlo y me di cuenta lo mojada que estaba. No sabía qué hacer, si detenerlo porque estaba mal lo que hacía, ya que hacerme la dormida ya no era una opción. Mi cuerpo tomó el control antes que mi mente y separé un poco más mis piernas sintiendo como sus dedos acariciaban una y otra vez mi clítoris, pasaban por mis labios menores y llegaban a mi ano, haciendo su recorrido por todo mi sexo sin dejar parte sin acariciar. Mis gemidos ya eran audibles en toda la habitación y pronto sentí como algo caliente y largo apretaba contra mis nalgas. Me asusté un poco pues hasta el momento seguía siendo virgen, pero el orgasmo en el que me hizo estallar ante esas caricias acallaron todo en mi interior.

Las luces bailaban aun cuando tenía mis ojos cerrados, mi cuerpo estaba húmedo por completo y mi corazón no dejaba de latir. Pegué mi culo ante su erección y me froté con cuidado allí sin emitir ninguna palabra, pero estando de espaldas a él y sabiendo lo oscura que estaba la habitación, me volteé y aun debajo de las mantas empecé a masturbarlo con mis manos. No había tenido una erección en mis manos jamás, así que fue para mi una sorpresa al sentirla caliente y palpitante contra mi mano, al igual que lo dura que estaba. Me asusté un poco al sentir cuan grande podría ser, de unos 17 a 20 centímetros a los muchos, pero con un grosor considerable. No emití ninguna palabra mientras mis manos iban tomando el control torpemente y lo hice venir en mis manos. Disfruté de los gemidos de placer que salían de sus labios y me entró un impulso de besarlo, sin embargo, algo en mi me impidió hacerlo Me dio curiosidad al sentir el semen en mis manos y llevé una de esas gotas a mi boca. El sabor era algo extraño y no me gustó, así que simplemente limpié mis manos contra la blusa de mi pijama. Me di la vuelta pegando mi espalda a su pecho y a todo su cuerpo y me quedé dormida casi que al instante.


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© Marissa

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