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Fecha: 30-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

Mi novia es muy buena chica

athort
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Un tranquilo día de verano nos vemos asaltados por tres individuos. Mi novia será "buena" con ellos, para que no me hagan daño. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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MI NOVIA ES MUY “BUENA” CHICA

Mi nombre es Sergio y tengo 20 años. Soy un chico moreno, atlético y de complexión fuerte. Llevo 2 años viviendo con mi novia Sandra en un chalet alquilado a las afueras de Valencia, concretamente en la zona de la Eliana. Siempre nos ha gustado vivir al aire libre y disfrutar cuando llega el calor de nuestra pequeña piscina.

Mi novia Sandra, tiene 18 años, morena con el pelo largo y liso, ojos marrones grandes como el Sol, labios gruesos y sonrisa perfecta. Siempre le ha gustado cuidarse, por lo que posee un cuerpo 10, pechos perfectos, piernas torneadas, prueba de las horas que pasa en el gimnasio y un culo redondito y duro, que es la envidia de sus amigas y el deseo de mis amigos. Sandra es una chica muy moderna, y cuando llega el verano le encanta ponerse pantalones cortitos y camisetas de tirantes apretadas, para marcar sus turgentes pechos. A menudo le gusta ir sin sujetador y me dice que es ahora que es joven, cuando tiene que aprovechar y lucir su cuerpo.

Después de dos años juntos, no he perdido las ganas de estar con ella, y hacerle el amor. El hecho de vivir juntos y solos, hace que cada día y en cualquier lugar de la casa, sea un buen momento para comerla a besos y terminar enlazados, amándonos.

Aunque Sandra es muy abierta en su forma de vestir, no puedo decir lo mismo en cuanto a relaciones sexuales se refiere. Siempre soy yo el que tengo que buscarla, y a base de besos y caricias, lograr que le entren las ganas de hacer el amor. A veces, he intentado que veamos juntos alguna peli porno, pero siempre me dice que lo le gustan nada, que eso solo es follar sin amor y sin nada. Con esa forma de pensar, me resulta imposible introducir nuevas variantes en nuestras relaciones, me encantaría que me hiciera alguna mamada y poder correrme en su boquita; otra de mis fantasías es meter mi polla entre sus grandes tetas y que me haga una cubana, poder echarle toda mi leche en sus pechos y que se refriegue como las actrices de las películas. Pero lo que más me obsesiona, es su culo, daría lo que fuese por poder introducir mi polla en él, follármela hasta que sus gritos se oyesen en todo el barrio, y echarle toda mi leche caliente dentro. Pero por ahora, solo son eso, fantasías…

Esta historia que os cuento sucedió el verano del 2016, como siempre en Valencia, las temperaturas rondaban los 36 º, y lo único que nos apetecía era pasar el fin de semana en el chalet, descansando y disfrutando de la piscina. Cuando el sábado llegó, se presumía un día tranquilo, pero nada que ver con lo que nos iba a suceder. Eran aproximadamente las 12 de la mañana, yo estaba relajado tomando un baño en la piscina y tomando una cerveza, cuando el timbre sonó. Mi novia, Sandra, fue a abrir, y yo me quede pensando en que publicidad nos traerían ahora. El caso es que los minutos iban pasando, y Sandra no volvía, lo que hizo que empezara a preocuparme y saliera de la piscina en dirección a la puerta. Lo siguiente que recuerdo es un fuerte golpe en la cabeza, y que perdí el conocimiento.

Cuando desperté, estaba atado a una silla, no podía moverme aunque luchara por soltarme. Miré a mí alrededor, me encontraba en la terraza de casa, al lado de la piscina y allí a unos metros de mí estaban tres extraños discutiendo. No se percataron de que había recobrado el conocimiento, por lo que pude escuchar su conversación. Hablaban de una prisión, de que la fuga había salido bien, pero que necesitaban estar escondidos porque la policía les estaría buscando.

Eran tres los hombres, uno más joven de unos 20 años, el segundo algo mayor, unos 25 años, y el tercero, que parecía que mandaba sobre la situación, unos 30 años.

Lo siguiente que hice es buscar a mi novia, y allí estaba, también atada y amordazada en una de las sillas. Me sentía impotente ante la situación, yo y mi novia, atados en nuestra propia casa por tres extraños.

Cuando se percataron de que me había despertado, se acercaron hacia mí. El jefe comenzó a hablarme, me dijo que se habían fugado de la cárcel de Piccasent, a media hora de aquí, que tenían pensado irse al día siguiente a Barcelona, y necesitaban refugiarme en mi casa, para esconderse de la policía. Me tranquilizó su forma de hablar, se le veía calmado y sensato.

Me dijo que si no les dábamos nuestra palabra de que seríamos “buenos”, nos soltarían a los dos. Insistió que solo necesitaban alojarse por un día y algo de comida. Le dije que no había problema, que nos soltaran, que no llamaríamos a la policía, y que podían coger de la casa lo que necesitara. En la situación en la que estaba, no podía negociar, y si lograba que me soltasen, ya sería un buen comienzo.

El más joven, nos soltó a Sandra y a mí, y no puedo evitar que se le fuesen los ojos al culo de mi novia. Se notaba que llevaba un tiempo encerrado, sin ver ningún cuerpo femenino. La cara que puso, provocó la risa de sus compañeros, que le increparon que no aguantaría con ella ni un minuto. Todos estallaron en risas, y en ese momento me di cuenta, que la situación no iba a ser tan fácil como había pensado.

Como si en su casa estuvieran, se cogieron unas cervezas y le dijeron a Sandra que les preparara algo de comida. Ellos estaban en la terraza sentados, charlando animadamente y mi novia entraba y salía sirviéndoles cuanto pedían. Yo, sentado cerca de ellos, observaba la situación, y lamentaba del vestuario que había elegido Sandra para pasar ese sábado. Como anteriormente les conté, a ella le encantaba la ropa moderna y provocativa, y había escogido el peor conjunto para ser sorprendida por tres expresos que llevaban años sin ver a una mujer. Sandra llevaba una falda blanca de gasa, casi trasparente, que dejaba ver sus lindas piernas y permitía intuir la redondez de su culo; para la parte de arriba, había escogido una camiseta de tirantes roja, y para desgracia mía, ese día había decidido no ponerse sostén, lo que hacía que se realzases sus grandes y turgentes pecho bajo la camiseta. Este hecho no pasaba desapercibido para los tres secuestradores, que no disimulaban sus miradas cuando ella pasaba y dejaban escapar comentarios del tipo de qué suerte tenía yo de estar con ella, y otros algo más groseros.

Tras varias cervezas, se fueron animando más, y una de las veces que Sandra pasó por el lado del más joven, este aprovechó para tocarle el culo. Al verle, me lancé hacia él, y le grité que no tocara a mi novia, cuando iba a golpearle, fui agarrado por los otros dos y golpeado por ellos. Me volvieron a atar a la silla con la excusa de que les estaba dando problemas, pero yo sabía, que el motivo era otro. Sandra, ante la situación que se vivía, le rogó que no me pegaran, que sería buena con ellos y nos les daría problemas, “buena” con ellos, no me podía imaginar el alcance que esa palabra iba a tener ese día.

Pasó un rato en el que todo estaba tranquilo, los tres hablaban, miraban de reojo a Sandra, y se reían. Algo estaban tramando, pero no podía saber que era. El jefe, llamó a Sandra, le dijo que estaban aburridos, que jugara con ellos a un juego. Ella debía ser “buena”, si no quería que me hiciesen daño, a mí, y a ella.

El jefe, pasó a explicar a Sandra las reglas del juego, se ve que es de lo que habían estado hablando hacía un momento. Consistía en tirar un dado, fácil, y el que sacara el número menor, bebía un chupito, si la misma persona perdía dos veces seguidas, tendría que realizar una prueba. Allí estaba yo, siendo testigo del juego, sin poder intervenir.

Fueron tirando los dados por orden, y la suerte se iba repartiendo; a la media hora, ya se habían tomado más de cinco chupitos cada uno. Sandra, que no estaba acostumbrada a beber, empezaba a estar algo tocada, y aunque intentó en varias ocasiones dejar de jugar, le recordaron que debía ser “buena”, que debía relajarse y divertirse. El primero que perdió dos veces consecutivas, fue el más joven. El jefe le mandó quitarse la ropa como prenda, y quedarse en calzoncillos. Así lo hizo ante las risas de los otros dos. Tras varios chupitos, perdió Sandra, y como prueba le mandaron bailar para ellos durante un minuto.

Sandra puso la canción de moda, despacito, y comenzó a moverse lentamente. No sé si por el efecto de la bebida, bailaba sensualmente, moviendo despacio las caderas. A momentos levantaba los brazos y se cogía el pelo, cuando esto sucedía, sus ya de por si grandes pechos, quedaban marcados por la camiseta que llevaba, ante la atenta mirada de los otros tres jugadores. No sé si eran ilusiones mías, pero parecía que se estuviese divirtiendo con el juego. Será la bebida, pensé. La botella de licor se iba vaciando y el ambiente calentando.

Cuando el de 25 años perdió, le mandaron que bailara con mi novia durante dos minutos, ante la excusa que no se le daba bien. Cuando la canción comenzó, se agarró a Sandra y empezó a bailar con ella. Empezó con sus manos en la cintura de mi novia, pero al poco, las fue bajando hacia su culo. Supongo que el culo de Sandra era una tentación demasiado grande. Ella delicadamente le sujetaba los brazos y se los devolvía a su cintura, pero no pasaba ni un minuto cuando volvía a bajarlos. Cuando el jefe vio lo que estaba pasando, le recordó a Sandra que debía ser “buena”, y que dejara a su amigo divertirse. Este aprovechó la oportunidad para agarrar en culo de Sandra y apretarlo. Lo masajeaba y se apretaba contra ella. Cuando los dos minutos pasaron y la pareja se separó, pude apreciar la enorme empalmada que tenía bajo los pantalones.

El siguiente en perder fue el jefe, y su prueba, hacer un striptease. Pusieron la canción de nueve semanas y media, y comenzó a bailar. Lo hacía despacio, mirando fijamente a mi novia, mientras una a una se iba quitando la ropa. Cuando solo le faltaba el slip, se detuvo, pero fue animado por los otros para que le enseñara a mi novia, lo bien armado que iba. Se bajó el slip, podría tener un pene de unos quince centímetros, en reposo y era bastante gordo. No quería n pensar en cómo sería cuando estuviera empalmado. Sandra, acostumbrada al tamaño de la mía, que era normalita, pareció sonreír al verle. ¿Eran imaginaciones mías o mi novia estaba disfrutando con la situación?

Por culpa del azar, Sandra perdió dos veces seguidas, y se dispuso a realizar su prueba. Yo estaba temblando de pensar que se les ocurriría que hiciera. Tras pensar unos segundos, el jefe le ordenó, que tendría que masturbar al más joven durante dos minutos, a lo que mi novia se negó. Les dijo que ya era suficiente y no seguiría jugando. El jefe se acercó a ella, le enseñó una navaja que llevaba, me señaló y le dijo algo al oído. Sandra asiento con la cabeza y se acercó al joven. Este la estaba esperando, sentado, Sandra se aproximó y comenzó a acariciarle por encima del calzoncillo, los dos minutos habían comenzado, y el joven estaba empalmado, tanto que la cabeza de su polla trataba de escapar de esa prisión que era su ropa interior. Sandra no pasaba de las caricias, tratando de que el tiempo pasara, y fue el chaval, quien se quitó los calzoncillos dejando libre su miembro. Era una polla normal, como la mía, y a Sandra no le quedó más remedio que agarrársela.  Subía su mano despacio, arriba y abajo sobre el tronco de su miembro, y el chaval comenzó a gemir. Aunque solo había pasado un minuto, las manos de Sandra, unido al tiempo que llevaba sin mantener relaciones, hicieron que en menos de dos minutos, estuviera a punto de correrse. Pero unos pitidos en el reloj del jefe, marcaron que los dos minutos habían terminado, y Sandra soltó su polla y volvió a su sitio. EL joven no podía creérselo, tendría que esperar para alcanzar el clímax y se quedaría mientras con un terrible dolor de huevos.

Los otros dos, no paraban de reírse de él, era una situación bastante cómica. Miré a Sandra para ver si también reía, pero cuál fue mi sorpresa, cuando pude observar, que marcados en su camiseta, se podían fácilmente apreciar sus dos pezones marcados. ¿Podría ser que mi novia se estuviese excitando con los juegos? Este detalle no pasó desapercibido para el jefe, que miro a Sandra, sonriendo, con sus pechos duros y marcados por la excitación. Parece que la chica iba a ser “buena” finalmente…

Viendo como avanzaba el juego, los tres jóvenes estaban deseando perder, con la esperanza de tener algún tipo de contacto con Sandra. La suerte fue esquiva con ellos y Sandra perdió. ¿Qué se le ocurriría esta vez al jefe?

Dando un nuevo giro al juego, le ofreció un trato a Sandra, tendría que hacer que los tres se corrieran, de la forma en que ella quisiera, y una vez que los tres hubieran alcanzado el orgasmo se irían. El jefe le dio a Sandra su palabra.

Habían pasado varias horas desde que los tres jóvenes entraron en mi casa. Si Sandra era lista, podría acabar con la situación, masturbarlos y en unos minutos, lograr que se corriesen. Podía finalmente terminar el secuestro, sin apenas daños, un par de golpes recibidos por mí, pero sin que ella sufriese ningún tipo de abuso.

Sandra comenzó con el más joven, le bajo los calzoncillos, agarró su polla con fuerza y comenzó el movimiento arriba y abajo sobre su polla. Con lo excitado que había quedado de la prueba anterior, en menos de treinta segundos se corrió, derramando su semen sobre la mano de mi novia. Para él ya había terminado el juego, y cumpliendo su palabra, se retiró a un lado.

Sandra fue hacia el jefe, pero le dijo que él sería el último, por lo que se dirigió al otro que quedaba. Cuando mi novia se dispuso a seguir el mismo método que con el primero, e jefe puntualizó, que no podía utilizar la misma herramienta en más de una ocasión. Eso significaba que tenía que lograr que el chico se corriera sin utilizar las manos. ¿Cómo lo haría? Sandra miró al chico, que esperaba impaciente, ya estaba bastante empalmado. Se aproximó y se sentó sobre él, de tal forma que su polla, presa de su calzoncillo, estaba apretada contra el sexo de Sandra, protegido por sus braguitas. Comenzó a mover sus caderas sobre él, frotándose y consiguiendo que el chico se fuera excitando cada vez más, pero pasaban los segundos y no conseguía que se corriera. Ante la situación, y no queriendo emplear otra parte de su cuerpo, cogió las manos del chico y se las puso sobre sus tetas. Este abrió los ojos de par en par, y comenzó a acariciarlas. Tocaba toda su redondez por arriba, por abajo, y aunque entre sus manos y los pechos de Sandra estaba la camiseta de esta, la delgadez de la tela le permitía al chico poder apreciarlos y disfrutar de todo su esplendor. No tardó en correrse, dejando el grupo como lo había hecho el primero.

Ya solo le quedaba a Sandra uno, el jefe. Una corrida más y seríamos libres. ¿Pero como lo haría esta vez si no podía usar sus manos, ni frotarse contra su polla?

Bueno, las mujeres tienen muchas armas, y yo sabía que de usar su boca ni hablar, ella odiaba chupársela a un tío. Usaría como yo adiviné sus pechos, debidamente protegidos por su camiseta, los frotaría sobre la polla del jefe y al igual que los otros dos, no tardaría en correrse. Y así hizo. El jefe estaba sentado, con las piernas abiertas, esperando la decisión de Sandra. Esperaba que mi novia le hiciese una mamada, expectativas que aumentaron cuando Sandra se arrodillo entre sus piernas, y sin usar las manos, cogió por un lado su slip y se lo retiró con la ayuda de él, pero se equivocaba. La polla del jefe quedó liberada de su prisión, golpeando a Sandra en la cara. Tenía un tamaño impresionante y aun no la tenía al 100 %. Mi novia debió pensar lo mismo porque estuvo unos segundos mirando su polla. Seguramente nunca había visto una de envergadura, y mucho menos tenerla a escasos centímetros de su boca. Por unos segundo temí lo peor, pero mi novia no me defraudó y comenzó a frotar sus tetas, separadas eso sí pos su camiseta, contra la polla del jefe. En un par de minutos habría acabado, pensé.

Comenzó a pasar sus tetas por la polla del jefe, logrando que su miembro alcanzara su máxima plenitud. Co ese tamaño de polla, podría haberse dedicado a las pelis porno perfectamente. El plan de Sandra iba según lo pensado, el jefe estaba muy excitado, gotas de líquido pre seminal asomaban por la punta de su glande, no tardaría en irse. Pero los segundos pasaban y no conseguía que se corriera. Plan b, pensó mi novia, y al igual que hiciera con el anterior, cogió las manos del jefe y las puso sobre su camiseta, encima de sus tetas. Eso tendría que funcionar. Sandra movía sus tetas sobre la polla del chico, simulando hacerle una cubana, mi novia sabía que a los tíos nos volvía locos. El jefe aprovechaba también para acariciarle las tetas.

Estaba muy orgulloso de mi novia, tenía controlada la situación, iba a conseguir que los tres se corrieran sin que le tocasen un pelo. Pero en ese momento vi algo, algo que no estaba en mis planes. Podía apreciar que Sandra tenía las tetas excitadas, se le volvían a marcar los pezones bajo la camiseta. Y no era el único que había apreciado ese detalle. El jefe pasó de acariciarle las tetas a hacerlo con sus pezones. Jugueteaba con ellos bajo la tela, pero no se corría, es más parecía que la que comenzaba a excitarse era mi novia.

Llevarían más de diez minutos con el juego y el jefe no se había corrido. Sandra cambió la estrategia. Se sentó sobre el dándole la espalda, de tal forma que la polla del jefe se pegó a sus glúteos, protegidos bajo sus braguitas. Haría que se corriese frotando su culo con su polla, y así comenzó. Subía y bajaba su culo, frotándolo, con la esperanza de acabar con él. El jefe disfrutaba con la situación, muy excitado, pero aguantando la corrida. Mi novia quería que llegara cuanto antes, por lo que no le importó que el jefe le volviera a coger las tetas y jugar con sus excitados pezones. No podía dejar de mirarlos, mi novia subía y bajaba su culo, y el jefe le apretaba con fuerzas las tetas, jugaba con sus pezones y acariciaba su pelo. Y este dio un paso más.

Introdujo sus manos debajo de la camiseta de mi novia, yo pensé que ella no le dejaría, pero no opuso resistencia. Supongo que quería lograr su corrida cuanto antes, y el jefe iba ganado terreno. Le había levantado la camiseta, dejando libres sus dos tetas y jugueteaba con ellas, pero no se conformó con eso. Mientras que con una mano pellizcaba uno de sus pezones, fue bajando la otra, y la introdujo dentro de la falda de mi novia. No me gustaba lo que veía, el jefe iba ganando terreno y parecía que a mi novia no le importase. La falda de Sandra tapaba su mano, por lo que no podía ver que hacía con ella, pero podía imaginármelo. Sandra había bajado el ritmo y parecía que disfrutaba de las caricias del jefe, de su mano juguetona sobre sus pezones y de su mano traviesa acariciándole por encima de sus mojadas braguitas.

El jefe se acercó al oído de ella y le susurró algo, lo siguiente que mi novia hizo es darse la vuelta y volver a sentarse pero de cara a él. Sus tetas se quedaron a centímetros de la cara del jefe, cosa que este aprovechó para acercar su boca a las tetas de mi novia. Ella seguía con lo ojo cerrados, y la boca entreabierta, estaba volando. Comenzó a pasar la lengua por sus pezones, logrando que se irguieran aún más. Mi novia estaba muy cachonda, tenía una mano acariciando el pelo del jefe, y la otra…la otra la tenía debajo de su falda, parecía que buscaba algo, o se acomodaba a algo. Poco a poco comenzó a subir y bajar sus caderas, ¿podría ser lo que estaba pensando? Parece que el jefe oyó mis pensamientos y por si tenía alguna duda, cogió con la mano y levanto la falda de mi novia, lo suficiente para que no me quedara dudas de lo que estaba sucediendo.

Mi novia había apartado sus braguitas a un lado, había cogido la enorme polla del jefe y la había introducido en su rajita. Sandra subía y bajaba, como una amazona cabalgando a su jinete. La polla del jefe se introducía centímetro a centímetro en el coño de mi novia, acompasada a los movimientos de esta. Sandra comenzó a gemir, y a aumentar la cadencia de su movimiento, y cuando mi novia estaba a punto de correrse el jefe la apartó de él, le quitó la camiseta del todos, y le bajo las bragas a los tobillos, mi novia deseaba que no parase y le cogió la polla con la mano y se la introdujo nuevamente en el coño. Pero el jefe no quería eso, quería algo más, y le susurró algo al oído, a lo que mi novia dio su aprobación.

El jefe, aprovechando su posición comenzó a comerle el coño por detrás a mi novia, pasaba su lengua por sus labios vaginales y subía a su ano. No me podía creer lo que estaba viendo. Mi novia dijo algo que no pude oír y el jefe contento que se lo pidiera más alto, mi novia gritó:

- Por favor fóllame el culo, que me corra de una vez.

El jefe introdujo su polla en el culito virgen de mi novia, trozo a trozo, centímetro a centímetro, hasta llenarla por completo, y empezó a follarsela. Los gemidos de ambos se oían por la toda las casa, mi novia estaba excitada como nunca la había visto. Tenía la enorme polla de un extraño en su culo y este le masajeaba las tetas por detrás. No tardaron en correrse ambos, derramando toda su leche dentro del culo de mi novia…al final has sido una niña “muy buena” dijo el jefe, tendremos que quedarnos un día más.

Sandra, con la leche del jefe cayendo de su culo, a sus piernas, me miró y sonrió.

- Si, pero quiero que mi novio también participe en el juego.

Pero eso es otra historia…


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