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Fecha: 30-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

La Crisis

vima
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 Habíamos quedado reunirnos a las cuatro de la tarde, una hora en que casi todo estaba hecho, y se podía conversar con más tranquilidad.

Nada más entrar me dirigí al salón de reuniones, seguramente ahí, íbamos a confluir las cuatro.

 Cuando llegué, me encontré con que ya estaban las tres comentando el caso, parece que era un asunto de estado.

-Hola que tal, parece que han empezado sin mí.

-Te estábamos despellejando a conciencia - dijo Fer mientras se paraba a saludarme.

Me salude con las demás, y dio comienzo la sesión.

-Bueno, visto lo visto, creo que a espaldas mías ya tenéis todo cocinado, yo solo tengo que revolver el guiso.

-Pues revolver este guiso, no te va a ser poco trabajo - comentó Marina - y hablando en serio, te digo que a mí me parece que tienes que seguir aprovechando ese plus que te da tu personalidad, para poder influir más en ella.

-Pero a ver, ¿no estoy creando una dependencia en la chiquilla, que con el tiempo va a ser contraproducente y puede echar todo para atrás? Para ella puede ser muy doloroso cuando tome conciencia de que soy solamente su psicóloga.

-Sara, tu bien sabes que es mucho más fácil trabajar sobre un vínculo de dependencia, que sobre el bloqueo que padece, y que le estas curando (me rebatió Fer) como dijo Marina, aprovecha la oportunidad que te brinda la confianza que te tiene la niña, sácala del pozo en que está metida, y después lo que tenga que pasar pasara, ya buscaremos los remedios para una enfermedad que todavía no tiene, cúrala de esta, y cuando tenga la otra nos preocuparemos.

 -Es que me va a caer muy mal si salimos de Guatemala y caemos en Guatepeor, ten en cuenta que me pasé bastante tiempo al lado de ella, y  me va a ser muy difícil soportar una remisión en su enfermedad, sobre todo después de las ilusiones que me hice.

-Tienes que tener en cuenta que es mucho más fácil prevenir estando sano, que curar después que se enfermó (volvió a contestarme Fer), es cuestión que cuando se sane de lo que ahora la atormenta, de a poco podamos hacerle ver que está en el mundo nuevamente, y que el mundo no eres solamente tú.

-Como lo pintas es fácil ¿pero cuando podemos estar seguras que la chiquilla está totalmente curada? Esto no es una gripe, lo que un día parece que está bien por ahí no esta tan bien.

- ¿Y usted Dra Montero no me va ayudar en nada?

Realmente tenía gran interés en lo que ella me podía decir, sin menospreciar a nadie, la tenía por la más lucida.

-Pues mira; primero, si estoy en esta mesa es porque algo de confianza me tenéis, y ya estoy hasta los ovarios con tanto Dra. Montero para aquí y Dra. Montero para allí, les agradecería que me llamaran Julia, que no será un nombre bonito, pero es mío, dicho lo dicho vamos al tema.

-En lo referente cuando esta curada, tienes razón, si no podemos saber si el que está sano realmente lo está, lo veo bien difícil en una persona con el problema de Ana, pero también me parece que lo primero es lo primero, y lo primero es sacarla de esa marisma donde está metida como dice Fer, y luego verás como la mantienes a flote. ¿De ese rollo, si se volverá dependiente de la psicóloga? creo que estás mal encaminada Ana, ya es dependiente de la psicóloga, pero no por ser psicóloga, sino porque eres tú, tiene razón Marina, tienes que aprovechar el plus que te da tu forma de ser, para sacar el mejor partido posible en favor de ella; y como tercera cosa antes que me hagáis callar, la chiquilla no es ninguna chiquilla, como decís vosotras, y tu Sara lo sabes, y si tienes que preocuparte porque no se vuelva dependiente de ti, quizá sería bueno que te cuidaras de no terminar siendo tú la que dependa  de ella.

 Nos quedamos las tres perplejas, era una cuestión que no se nos había pasado por la cabeza, pero que realmente era digna de analizar, si bien no era frecuente, pero esos casos pasaban.

-Julia ¿te parece que me podría pasar eso? Ten en cuenta que abandonó el mundo a los trece años, como quieres que no la considere como una cría.

- Sara, emocionalmente puede que en parte se haya quedado estancado, pero el cuerpo crece, el cerebro madura, y los instintos se comportan naturalmente, justamente porque son naturales, es como si a un árbol chico, lo pones en una lata, veras que a través de los años el árbol no crece, está contenido, pero si lo sacas y lo pones en el piso con tierra fértil,  vas a ver que no crece como los otros, se desarrolla a una velocidad que en pocos tiempo llega al tamaño de los años que tiene, ella estuvo lejos de la tierra fértil, tu empatía se la da, por lo tanto, no te extrañe que tu chiquilla crezca de apuro; y ten en cuenta que la empatía tiene dos puntas, y tu estas en una de ella.  

-La verdad, que me dejan un poquitín preocupada y no solo por ella sino por mí.

 - Vamos, (grito Marina) tu preocúpate de hacer lo que mejor te parezca que lo estas llevando muy bien, de lo demás como dijo Fer, lo que tenga que pasar pasara, y tú, veras como eres capaz de hacer lo que realmente necesites.

Después de esto, si fuimos a la cafetería, Julia se marchó, pues solo se había quedado para la reunión, estuvimos cambiando opiniones de lo que había dicho, y sobre todo de lo que había dejado colgando en el aire.

-Hostias, ¿estaré corriendo tanto riesgo? Y yo que le tengo tanta confianza en lo que dice; que casi que me mete miedo.

Se echaron a reír, y fue Marina que como de coña, dice.

 - Tu cúrala, pero por las dudas no la saques mucho de la lata, aunque como dice Fer la profetisa, lo que tiene que pasar pasara.

-Por dios, no me digas eso.

 -Ay, (exclamó Fer) que si pasa tampoco te vas a llevar un bicho, en esta época sabes cuantos y cuantas quisieran pillar una como ella, que si fuese yo la que la estuviese curando, creo que lo que primero hubiese hecho es quitarle la lata    

 Hablamos un poco más, así de risa y nos fuimos, ellas a seguir con lo suyo, y yo a mi casa, pero antes pasé a ver a Ana.

 Cuando me vio, una sonrisa preciosa se le dibujo en la cara, la verdad, nunca me había fijado lo bonita que era cuando se sonreía, ( tampoco no es que se hubiese sonreído mucho, hacía dos días que recién la vi contenta), me salto al cuello y me dio dos sonoros besos que me dejaron los cachetes colorados, me hizo acordar cuando era pequeña y le saltaba a mi papa y el me levantaba casi a llegar al techo, me daba ganas de hacer lo mismo, pero eso ni en sueños, que iba a hacer, si  físicamente era más grande que yo; me eche a reír.

. – Parece que estamos contentas, si siempre que llego me vas a recibir así, voy a tener que venir más seguido, aunque sea un ratito.

-Entonces te voy a recibir siempre así para que me visites más seguido, aunque sea un ratito; ven siéntate un poco y me dices a que has venido, porque hoy no trabajas.

-Vine a visitarte, (no le iba a decir que estábamos analizándola a ella, y tampoco que había ido para ver si seguía con el mismo talante del día anterior) y de paso te quería pedir si me regalabas el cuadro que pintaste anteayer.

- ¿Y para que lo quieres, también lo piensan analizar para ver qué mal pinto? - Me expuso desconfiada

-No mujer, es que en mi departamento no tengo nada en las paredes, y tu cuadro rellenaría un poco.

- ¿Y quieres rellenarlo con algo tan feo?

-Bueno, tan feo no está, aparte que tú sabes que cuando los pintores se vuelven famosos, cualquier mamarracho que hayan hecho a lo primero vale un pastón. 

 - ¿Y piensas que voy a ser famosa?

-Sí, si sigues aprendiendo conmigo, seguro que si - Se echó a reír.

 - Bien, vale, pero tu regálame el tuyo para cuando te vuelvas famosa tú.

. – Echo, me lo llevo y me voy que tengo que cocinar para toda la semana -.

-Uhm… que visita de apuro, se ve que venías nada más que por el cuadro.

-No seas tonta, de verdad que me gusta estar contigo, pero también es verdad que si no cocino hoy, entre semana no como, si no me crees prefiero dejarte el cuadro.

-No, perdóname, te creo, pero estoy tan a gusto contigo, que quisiera que estuvieses siempre a mi lado, eres la única amiga que tengo - dijo con pena.

Me senté nuevamente a su lado, me dio tristeza saber que era cierto.

 -Anita si es así, es porque tú quieres, no te das cuenta, pero aquí te quieren todos, vas a ver que cuando empieces a salir a pasear, todos van a demostrarte lo mucho que te quieren.

- ¿Pero tú me vas a acompañar no es cierto?

- ¡Si! Claro que te voy a acompañar, pero cuando quieras pasear sola puedes hacerlo, y si tienes miedo y no estoy yo, puedes decirle a la Dra. Fernanda, que si puede va a ir contigo.

-Yo voy a esperar por ti; y perdóname, vete ya, que no quiero que mueras de hambre por culpa mío.

Me puso la carita con unos morritos divinos, me reí.

 - Pareces un conejito, mañana te traigo lechuga - me abrazó y se quedó con la carita pegada a mí, antes de darme los dos besos.

Llegué a mi departamento y me puse a cocinar, hacía mecánicamente lo que siempre fue una tarea de inspiración como yo decía, ya que siempre trataba de cocinar diferente hasta encontrar el gusto que más me seducía.

 En ese momento mi cabeza no paraba de tratar de asimilar lo que me estaba pasando estos días.

Se supone que estudiamos para analizar situaciones conflictivas, aunque estábamos conscientes de que no es lo mismo analizar las ajenas que las propias. Lo que me dejaba perpleja, es que hasta que Julia me observó, yo nunca había sospechado que a lo mejor estaba siendo mucho más que el actor activo cuyo único fin era lograr la curación de Ana.

 Lo que podía estar pasando es que, de alguna manera, reflejaba en ella mis propias carencias, mis ansiedades mis…mis…; ¡pero joder! ¿porque mierda me tuvo que meter esa idea en la cabeza, si hasta ahí, yo estaba la mar de satisfecha?, ahora me cuestionaba todo, hasta cuestionaba si habíamos estudiado para solucionar problemas o para crearlos donde no había.

Me acosté, trataba de conciliar el sueño, pero ese pensamiento recurrente no me daba tregua, que fue y que es Ana en mi vida.

 Cuando llegué al hospital, me la presentó mi padrino como un desafío según yo, o como una vacuna contra el fracaso según él, pero sabía que cuando me proponía algo era bastante constante, y cuando me apoyó para que siguiera con mi estrategia creo que intuía que podía sacar buenos resultados, no se maneja un hospital de esa envergadura siendo tonto.

 Tuvo razón, lo que fue un desafío ahora es una realidad razonablemente venturosa, yo fui anotando a continuación del dossier los avances que había conseguido en el tratamiento y los métodos utilizados, por lo menos los que podía poner en una tesis para pasar una maestría en pos del doctorado.

Llevaba en el paralelo (una especie de diario, donde anotaba todo lo relacionado con ella), las anotaciones de los cambios que habíamos tenido una y la otra, y por qué circunstancias; no es que tuviera mucho que ocultar, pero las reacciones que demostraba según que, o cómo decía las cosas, no veía conducente plasmarla en un ensayo académico.

Tendría que repasar ese diario para darme cuenta como fue el cambio de ella y el mío si es que lo hubo, aunque realmente ya pensaba que lo había, y yo ni cuenta me había dado.

Al fin me quede dormida, me despertó la alarma, me levanté un poco atontada por el sueño, me duche y logré despejarme bastante, desayuné y cuando estaba por salir me fijé en el cuadro que tenía que colgar de la pared, y que no hice el día anterior por el ajetreo de cocinar y de pensar, seguramente había hecho las dos cosas mal, me recordé comprar un gancho para fijarlo.

Llegué como siempre, saludo va, saludo viene, lo último en cotorreo y a trabajar. Como siempre la ronda, y cada cual, a sus pacientes, los más trabajosos eran los del mal de Alzheimer, pero esos salvo casos especiales los manejaban un equipo de enfermeros especializados en esa enfermedad.

 A mí solamente me habían pasado a consultorio externo, por lo cual tenía uno o dos pacientes por día, luego de lo cual iba a mi seudo trabajo de digitar los archivos.

Cuando llegué, me encontré con una Ana como me había imaginado, radiante, contenta en tanto me vio, me dio los besos de rigor (que al fin la había acostumbrado yo) y lo primero que me preguntó cómo había quedado el cuadro, no tuve corazón para mentirle.

 -No lo colgué - me miró triste.

 - ¿No te gustó como quedaba?

 -No, no es eso, es que llegué a casa y no tenía nada para sujetarlo en la pared, no quería demoler el edificio para poner tu cuadro, hoy paso por la ferretería y algo me venderán, aparte, que me parece que no; primero lo voy a enmarcar así no se nota tanto, lo malo que es.

-Entonces cómprale un marco lindo para que lo disimule.   

-Claro mujer tampoco voy a arruinar una pared así cómo así.

-Sara, ¿quieres que te ayude a pasar esos archivos?, así cuando estás conmigo no necesitas trabajar tanto, mira que ya tengo usado el ordenador, no eran como este, pero el tablero es el mismo.

-Mira, hoy no, porque no sé si me tiraran la bronca, tu sabes donde manda capitán no manda marinero, pero pregunto, y si me dan permiso, pues si, hoy igual la hago cortita, y al rato nos vamos a pasear, tenemos que aprovechar estos días buenos, que el otoño avanza, y dentro de poco vamos a ver más nieve que sol.

Estuve un rato pasando informes para justificarme y la invité a andar por el parque a lo que accedió gustosa, miraba todo con otros ojos, como si quisiera abarcar en un rato, todo lo que no había podido disfrutar en los últimos años.

 Así pasamos la tarde hasta la hora de irme, volvimos a su refugio, pero ya era otra Ana, ya no era la niña encerrada en su pasado, no podía decir que estaba curada, pero si estaba abriéndose a sentir el mundo real.

Los siguientes días, cuando el tiempo lo permitía salíamos a pasear, yo contestaba según podía todo lo que le interesaba; que justamente era todo; era como una aspiradora, quería enterarse de lo que había pasado en el mundo mientras ella no estaba, tanto así que conversé con las chicas el poner más libros a su alcance, nos pareció bien, pero tratando de controlar los temas para no producir un choque con su drama.

Empecé trayéndole libros y revistas de actualidad, más encasilladas en mostrar las innovaciones de los últimos años, ya que se notaba que había sido una niña bien informada y con buena preparación intelectual. 

El otoño avanzaba, los días eran más crudos, ya el salir al parque se hacía más difícil, aun así, adoraba que la acompañara a caminar por él, yo, para que mentir también disfrutaba su compañía, pero cada vez salíamos menos.

Tampoco era cuestión de pillarse una pulmonía por mucho gusto que nos diera estar juntas.

 Llegó el puente de la virgen, tenía desde el jueves hasta el domingo libre, mis padres me habían pedido pasarlo juntos, era algo a lo que no me podía negar, por ellos y por mí, que buena falta tenía de disfrutar su compañía, cuando lo supo Ana, me deseó que lo pasara muy bien con mi familia, pero sus ojos me decían lo triste que la ponía estar esos días sin mi presencia.

También a mí, me caía fatal ver la tristeza en ella, quizá si me hubiese reprochado me hubiese justificado de otra manera, pero no, simplemente disimuló su tristeza con una sonrisa con más pena que alegría.

Esa mañana me decidí a pedirle a Marina el permiso para regalarle un móvil para poder estar más conectada en caso que ella así lo quisiera, cuando le estaba explicando los beneficios que podía tener eso, entró Julia, que alcanzó a escuchar mi pedido, al fin, lo que era una conversación de dos, paso a serlo de tres.

-Bueno, que te parece, creo que estos cuatro días sola, ya que ni siquiera Fer va a estar, pueden estresarla demasiado, y una conversación, aunque sea en el móvil, le va a dar una ilusión de cercanía.

- ¿Tu que dices Julia? Me da miedo de cómo puede usarlo, hoy con un móvil puedes hacer muchas buenas cosas, pero también muchas barbaridades.

-Pero Marina, le puedes dar un móvil bloqueado que solo pueda llamar a alguna de nosotras, creo que van a estar más tranquilas las dos, y Sara pueda cumplir con sus padres sin abandonar su paciente.

 Lo dijo mirándome, con una sonrisa que daba a entender mucho más de lo que estaba diciendo. Marina enseguida se dio cuenta del significado, ya que accedió a la idea de Julia; por mi parte agradecía a Julia su apoyo, pero me entraba la mosca en la oreja, eso de estar tranquila sin abandonar mi paciente, más en el tono que lo dijo.

Bueno, la cuestión es que agarramos un móvil viejo y conseguimos bloquearlo con los números de Fer, Marina, Julia, y por supuesto el mío. Me fui contenta a llevárselo, por lo menos podríamos hablar un rato, y sacarle el aburrimiento.

- ¡Ana!, mira que te traigo; con este móvil puedes llamarme tu, o yo a ti, entonces estos días cuando estés aburrida podemos conversar un rato; toma en esta tarjeta está el número mío, y los que te anoto en lápiz son los de Fer, Marina y Julia, pero si no es una cosa urgente, no las molestes que quizá estén en una reunión y no puedan hacerte mucho caso.

- ¿Y a ti no te voy a molestar? quizá en ese momento estés en una reunión y lo que menos vas a tener es ganas de hablar conmigo.

-Que este con otra persona puede ser, y que en ese momento no pueda estar mucho tiempo hablando también, pero que no tenga ganas de hablar contigo, eso no, de última si en ese momento no puedo, quedamos y te llamo yo.

-Te tomo la palabra, pero perdóname por ser pesada, ¿pero no habrá algún lienzo en el depósito y pinceles que me dio ganas de pintar, así no me aburro tanto?

-Pero claro que hay, ¡y si no! te los consigo, que mis paredes están ávidas de mamarrachos.

Se echó a reír mientras manipulaba el móvil (todavía no le había dicho como se usaba)

 - Eres mala, pero te quiero lo mismo.

Salí corriendo al almacén y empecé a juntar las cosas como para que pintara a gusto, estaba en eso, cuando sonó mi teléfono, el número no era conocido.

 - ¿Hola quien habla?

 No te olvides traerme unos aerosoles que yo también tengo las paredes sin mucho gusto.

Me quedé de piedra, recién se lo había dado y ya me estaba hablando, sin haberle dado ninguna indicación; seguramente en su tiempo ya usaba el móvil como algo común.

Le pedí que viniera a ayudarme, y entre las dos llevamos todos los trastos, antes de llevarlos los eligió con cuidado, y allá fuimos a armar su estudio en el cuarto, estuvimos un rato más conversando hasta la hora en que me tenía que ir. No quería conducir de noche, sobre todo porque en estos puentes puede suceder cualquier cosa[VM1] .

Tenía todo preparado, solo me faltaba cargar, que no era mucho y allí me fui.

 Llegué a mi casa, que, aunque no vivía en ella, sabía que siempre sería mi casa, mis padres me recibieron como siempre, hija única, todos los mimos para mí, y a mí me gusta que me mimen.

Hacía un frio de no creer, dentro de casa estábamos calentitos, pero nada más sacar la nariz afuera, era puro hielo, si seguía así, íbamos a tener unas fiestas más blancas que la leche, o la mala leche según como vengan.

Cenamos una de esas comidas que sabe hacer mi madre, qué aunque trabaje de neurocirujana tenía buena escuela como ama de casa, sobre todo para cocinar, algo que también me había transmitido a mí.

 En casa estaban al tanto de cómo iba la cosa con Ana, tanto por lo que contaba yo, como por mi padrino, después de todo, fue mi padre el primero que dijo que el problema de ella era completamente curable.

Les conté de pe a pa, de cómo era la situación, creo que fui muy vehemente, escuchaban divertidos mi apasionamiento, tanto así que me corto mi madre.

-Te tiene muy entusiasmada esa chica.

Me puse colorada, lo único que me faltaba, que mi madre fuera una Julia encubierta.

-Mama, como no me voy a entusiasmar, es mi primer trabajo, y consigo lo que otros con más experiencia no pudieron lograr, además es mostrarle a mi padrino que con papa tenemos razón.

-Cariño (dijo mi papa) está bien que estés orgullosa de lo que estas consiguiendo, pero trata de no terminar involucrada con esa chica; a no ser que ya lo estés.

 -Papa, ¿porque tienes que pensar cosas raras?, si me preguntas si le tengo aprecio, ¡sí! Se lo tengo, también la puedo considerar una muy buena amiga, pero no tiene por qué pasar de eso.

 -Sara, las cosas no necesitan ninguna  razón para pasar, pero pasan, esa chica no eligió lo que le iba a pasar, pero le pasó, y tú no fuiste a ese hospital a curar a esa chica, pero ella estaba ahí, te toco a ti, y estas consiguiendo resultados que otros con más experiencia que tú no consiguieron, no te estoy hablando de que el destino este escrito, te estoy dando a entender que cuando un cumulo de factores están latentes, si cuadran entre ellos van a tratar de amalgamarse, puedes luchar contra eso; el asunto es si vale la pena.

Me dejo pensando porque es tan reputado en su profesión, ahí tenía la contestación.

Les agradecí, el momento agradable que me habían hecho pasar y la lección que de seguro me iba a servir más de una vez, conmigo o con cualquiera que estuviera en mi situación.

Me fui a mi dormitorio, estaba rendida no acostumbraba a conducir tanto tiempo, con los tapones de tránsito que se sucedían en estas fiestas.

Tenía un poco de ansiedad de porque no había llamado Ana, me daba ganas de llamarla yo, pero quizá estaba durmiendo; ya me iba a echar a dormir, pero me di cuenta que iba a estar intranquila, así que mejor le hablaba, total con decirnos buenas noches ya podía dormir tranquila sabiendo que ella estaba bien, marqué y al primer timbrazo contestó.

-Hola, ¿cómo estas, llegaste bien a tu casa? Preguntó en una chorrera.

-Sí, llegue bien, pero que estabas haciendo que no fuiste capaz de llamarme estaba inquieta.

-Hay mujer, que me podía pasar aquí adentro.

-No sé, pero me gusta saber de ti.

-Me alegra que te guste saber de mí y te lo agradezco, pero me daba no sé qué molestarte.

- Para con esas tonterías, que tú no molestas nunca.

 La cuestión que entre tontería y tontería se hicieron las dos de la mañana y al fin cortamos, porque se le estaba acabando la batería.

A la mañana me levanté tarde, mama cuando sintió que yo había pasado al baño, me preparó el desayuno, ese día íbamos a almorzar tarde.

Hable con mi amiga Alicia y quedamos de salir esa noche, afuera hacía un frio que no se aguantaba, ayudé a mi mama en hacer un roscón, y no sé porque pensé que hubiese sido lindo comerlo con Ana, le dije a mama que si sobraba un pedazo se lo iba a llevar.

-Parece que te tiene preocupada.

-Pues sí, ¿sabes lo triste que debe ser estar sin tener a nadie con quien festejar?

-Si hija, me lo imagino, pero tampoco te puedes poner en ese plan, porque ni gana ella ni tú, tiempo tendrás para remediar ciertas cosas.

Seguimos comentando todo lo que me parecía, y de como de golpe, parecía que se hubiesen roto las rejas de la hipotética cárcel en que estaba atrapada.

Mi padre me observaba y me aconsejaba que tenía que tomarlo con más calma; yo me defendía con que lo estaba tomando con la calma necesaria, que no tenía problema, pero me daba cuenta que se me notaba los nervios que tenía.

Esa noche salimos con Alicia, su proyecto de novio, Esteban, y Carlos un amigo; eran todos muy alegres y pasamos una noche agradable, Carlos se notaba una buena persona, cual no quitaba que me tirara los tejos, como toda buena persona que se precie; la pasé muy bien, esquivando al amigo de Esteban sin llegar a situaciones difíciles.

Volví a casa como a las tres de la mañana, entré y estaba tan calentita que me quité la chaqueta y me arrimé al hogar que todavía tenía unos tizones encendidos

 Pensé en llamar a Ana, pero me pareció una desconsideración despertarla a esa hora, por lo que me fui a mi habitación y me acosté sin más, mañana la llamaría. Estaba tan cansada que pensé que me dormiría enseguida, y en efecto eso es lo que pasó.

 Me despertó mi mama.

 -Sara despierta que te están llamando al teléfono- 

-Hay mama, porque no me lo alcanzas.

-Pues que es al de línea, anda despabílate que te están esperando.            

- ¿No preguntaste quién es?  

-No sé, me dijo Ana o algo así.

Salí corriendo en piyama a contestar, debía ser un error, el móvil de ella estaba bloqueado, y no le había dado el número de la casa, ¿habrá pasado algo malo?

-Hola… hola ¿Quién habla? -

Una vocecita temerosa me contestó:

 -Soy yo Ana, perdóname, pero estaba preocupada por si te había pasado algo malo, pero si estás bien, discúlpame, y sigue haciendo lo que estabas haciendo.

-No…no… ¿pero de donde estas llamando.

-Del móvil que me dejaste, ¿Qué te pasa que no te acuerdas?

-Me acuerdo Ana, pero también me acuerdo que solo podías hablar con los números que estaban libres.

-A sí, pero estaba tan preocupada por ti, que como no me llamaste y llamé a tu móvil y no me contestaba, pensé que podías haber tenido un accidente o yo que sé, y por eso lo desbloqueé, ¿no te parece muy mal verdad?

-No… Ana…, no me parece muy mal, pero haz una cosa, corta ya, que en un rato te llamo.

-Que, ¿era Ana, tu paciente? ¿qué te dijo, que te dejó con esa cara de pasmada? Preguntó mi mama

-Lo que me dejó pasmada es que le dimos el móvil bloqueado para que nos pudiera llamar solamente a nosotras, y no sé cómo lo liberó.

-Sara, esa muchacha a lo mejor tuvo un móvil antes que tú, que lo que le pasó no fue en el siglo pasado, y para colmo le dieron uno viejo que lo debe conocer mejor que ustedes.

-Debes tener razón, pero demuestra ser más dispuesta de lo que parece.

-Es que solo tú la puedes ver como una niña, pasó una tragedia terrible, pero eso no tiene por qué haberla vuelto estúpida.

Me fui a asearme y vestirme como para ir a desayunar, aunque por la hora que era, mejor me preparaba para el almuerzo.

Mientras esperaba el mediodía, llamé a Ana, me atendió enseguida.

 -Sara no estas enfadada, ¿verdad?

-No Ana, no, ¿pero de donde sacaste el número de esta casa?

-Pero si está en la tarjeta que me diste.

 – Uy cierto, pero te apañaste para liberar el teléfono, ¿no abras andado hablando por ahí?

- ¿Por ahí, a quien quieres que hable?, te hablé a ti porque realmente estaba muy preocupada, seguro que ayer saliste y tenía miedo que te hubiese pasado algo.

Que le iba a decir, no le iba a echar una bronca cuando lo que la preocupaba era si me había pasado algo, seguimos conversando hasta que mi mama me llamó a comer.

En el almuerzo, hablamos de variadas cosas; como nos íbamos a preparar para las fiestas, lamentando que nuestros familiares estuvieran lejos, ya que los pocos que teníamos estaban desparramados por el mundo.

Cuando ya se estaba agotando el tema, fue mi madre la que sacó el asunto de la llamada de Ana esa mañana.

-Parece que te tiene bien vigilada.

-Mama, que vigilada me va a tener, comprende que soy la única conexión que tiene con el mundo, ¿te imaginas el aburrimiento que debe tener? para colmo en estos días, muchos de los pacientes reciben visitas, y ella nada.

-Sí, me lo imagino, también que si después de tantos años sin tener a quien esperar, ahora que por fin tiene, lo ansiosa que estará por verte.

-Lo dices como si fuera más que mi paciente.

-Sara (intervino mi padre) ella seguramente se siente más que tu paciente, y posiblemente tú también lo sientas así.

-Papa, ¿tú también tienes miedo que se me pueda ir de las manos y llegar a otra cosa?

-Hija, yo confío en ti, lo que te pido que sepas diferenciar la compasión, de lo que te pueda salir del corazón, sea lo que sea nosotros confiamos en ti.

-Gracias por tenerme esa confianza, y gracias por ser como son.

Después del almuerzo, salí un rato, fui a casa de Alicia y seguimos contándonos nuestras cosas, que de parte mía no era mucho, mi vida social se reducía a salir con Fernanda algunas veces y poco más; así se nos fue pasando el tiempo hasta el atardecer.

 Era una tarde de perros no daba para salir a ningún lado, había empezado a nevar, y no tenía miras de parar, me fui antes que se pusiera peor, no hacía tanto frio, pero a poco seguro que iba a helar.

Llegué a casa, y era otro mundo, la calefacción estaba prendida y a eso se le podía llamar calor de hogar, saludé y me fui a mi cuarto, suponía que Ana tendría un aburrimiento total, y yo como muy entretenida tampoco estaba me decidí a llamarla, me atendió enseguida.

-Hola Sara, que suerte que llamaste, estaba pensando en ti.

- ¿Bien o mal?

-No seas mala, siempre pienso bien.

- ¿Y qué estás haciendo aparte de pensar en mí?

 -Estoy pintando, va a ser mi mejor cuadro, vas a ver.

-Espero que sea algo bonito.

-Lo más bonito, pero este me lo guardo para mí.

Seguimos tonteando hasta que me llamaron a cenar.

Total, que el sábado, me la pasé ayudando a mi madre a cocinar y de paso que quedara algo para llevar yo. Mi mama tenía la misma costumbre que yo, o más bien yo tenía la misma costumbre que ella, usar un día para preparar casi toda la comida para el resto de la semana, es que su trabajo era bastante absorbente, ya que, si bien casi siempre las operaciones eran programadas, no faltaban las urgencias por diferentes motivos.

 Y así se me fue el día: a la noche preparé todo, para arrancar a la mañana ni bien me despertara, no tenía apuro, pero no quería encontrarme con la riada de los que volvían de sus mini vacaciones, sobre todo porque la carretera podía estar helada y se tornaba peligrosa.

Antes de acostarme, hablé con Ana, ella también estuvo entretenida con su pintura me dijo que el domingo la terminaba, hablamos un rato, ya no había mucho para decirnos, era nada más el gusto de escucharnos.

A la mañana desayuné con mis padres, cargué las cosas, mi mama me preparó un roscón con una sonrisa como sabiendo para quien era, no quise discutirle, después de todo no es a la única que se le metió en la cabeza.

- ¿A quién vas a invitar con el roscón, no te lo pensaras comer tu sola?

-Por dios, que no, lo comeremos con mis amigas del hospital, y si está el padrino también algo se va a llevar, que bastante goloso es.

-Y a esa chica ¿no le vas a dar nada?

-Bueno si sobra si, espero que mis colegas, no estén muy hambrientas.

Nos despedimos a los besos y abrazos, y me volví a mi departamento, llegué pasado el mediodía, y empecé a guardar las viandas en el congelador; aparté para el día siguiente; limpié lo poco que podía estar sucio, y me recosté.


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