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Fecha: 01-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

La puta del súper 13

ReigDreed
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Comienza la fiesta donde Eva competirá con su hermana y la nueva perra pelirroja por ser la más puta. Penúltimo capítulo de la serie. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

                Penúltimo capítulo de la serie. Espero que sea de vuestro agrado.

 

La puta del súper 13

 

 

Estaba sentada en el sofá. A mi lado, sujetando una taza de café, estaba Rubén. Estaba callado, con la mirada perdida en el televisor. Miré, y la tele estaba apagada, sólo se veía su reflejo y el mío. Yo estaba desnuda, con mi collar de perra al cuello. ¿Qué hacia allí, así, con mi marido? En esos momentos escucho unos pasos. Rubén se pone en pie. Miro hacia la puerta y es Mario, que entra con una gran sonrisa. Detrás de él entra Elena y tirando de una correa entra ella. La mujer pelirroja.

                -Como habíamos acordado, tú te quedas con Marta y yo con Eva -le dice Mario a mi marido.

                Rubén no dice nada, sólo afirma con la cabeza. Elena se acerca a nosotros, sin mirarme. Le entrega la correa de su perra pelirroja y seguidamente le besa en la boca. Mi marido y mi Ama se morrean a unos escasos centímetros de mí. Marta, que así debe llamarse la pelirroja, me mira de rodillas desde el suelo, con una sonrisa de victoria. Yo no me atrevo a decir nada. No entiendo nada. Mi marido agarra de la cintura a Elena y tirando de la correa, salen de la habitación. Ya no puedo aguantarlo. Me tiro al suelo de rodillas y suplico que no se vaya.

                -¡No te vayas! ¡No me dejes! -grito yo.

                -Vamos puta. Levanta -me dice Mario.

                Yo no le obedezco, mis piernas no reaccionan. Sólo sigo gritando que no se vaya, sin aun saber a quién de ellos se lo estoy suplicando.

                -¡Levanta puta! -dice Mario.

                -¡Vamos perra, obedece a tu dueño! -sigo escuchando su voz, pero no reacciono.

                -Despierta de una puta vez Eva -Es lo último que escucho, hasta que me doy cuenta que estaba dormida.

                Abro los ojos. No sé el tiempo que he dormido. No sé si es el mismo día o no. Parece que haya descansado durante horas. Mi mente está casi despierta, pero mi cuerpo todavía no. Vuelvo a escuchar la voz de Mario:

                -Vamos puta, levanta que todos te esperan.

                -Mario… -contesté, terminando de despertar.

                -Si Evita… soy yo. Venga levanta, te están esperando.

                Instintiva pero lentamente, le obedecí, levantándome de la cama mientras intentaba volver a la realidad. El dolor de mi culo me hizo despertar y recordar dónde estaba y lo que me esperaba. Miré a Mario. El niñato culpable de todo lo que me estaba pasando. Y por quien yo estaba completamente perdida. Ya lo sabía. Ya había asumido que me gustaba ser una puta. Pero quería ser su puta, no la de todos. Con él me sentía a salvo, sin entender porqué. Ya que si Mario no hubiera querido, nada de esto hubiera llegado a suceder. Pero mi cabeza no era capaz de asimilar bien aquello. O simplemente no quería hacerlo. Sólo quería entregarme a él. Que se olvidara de mi hermana y se quedara conmigo. Eso era. Eso es lo que yo deseaba. Desnuda como estaba, fui hasta él, apoyé mis manos sobre su pecho y le dije:

                -Mario, ya has conseguido lo que querías. Soy tuya. Toda tuya. Más de lo que he sido de nadie, incluso de mi marido. Puedes hacer conmigo lo que quieras. Y yo estoy deseando que lo hagas. Por favor… hazlo. Sácame de aquí y llévame contigo. Seré tu perra. No tendrás que compartirme con nadie. Seré solo para ti.

                -Eva, Eva, Eva… ¿No te das cuenta verdad? -me contestó él.

                Le miré sin entender nada. Él  solo mantenía su sonrisa de siempre. Esa sonrisa de seguridad en sí mismo que siempre tenía, incluso antes de aquella cena de empresa.

                -Eva… yo estuve mucho tiempo detrás de ti. Intentando que me dieras una oportunidad y olvidaras a tu marido por un momento. Pero siempre jugaste conmigo, me dabas una de cal y otra de arena, mientras tú vivías la vida con tu familia. Hasta que no saqué la sumisa que llevabas dentro, no te conseguí. Antes eras interesante. Casi inalcanzable. Pero mírate ahora. Eres la puta del súper. Todos saben que eres una mujer guarra e infiel que chorreas por mí. Y encima ahora tengo a tu hermana, que me ha demostrado ser tan puta o más que tú.

                -No, no, no. Por favor Mario. No me cambies por Sandra. Yo soy más puta que ella. De verdad. Ella sólo es una niñata envidiosa que quiere todo lo que es mío -le contesté desesperada mientras caía de rodillas a sus pies.

                -Eso mismo vamos a comprobar hoy Evita. Vamos a ver si eres más puta que tu hermana pequeña. Y decidiré con quién me quedo yo y quién será la puta del súper -dijo él.

                Me quedé por un segundo pensando, allí, arrodillada a sus pies. Repetí varias veces su frase en mi cabeza, como intentando asimilar lo que había dicho. Entendí que aquella fiesta no era más que una prueba. Esa noche tenía que demostrar a Mario que era la más puta. Más puta que Sandra. Y lo iba a conseguir.

                -Mi Amo… no le decepcionaré. Seré la más puta. Seré mucho más puta que mi hermana. Y seré su puta para siempre -contesté mirándole a los ojos.

                -Pues vamos. No hagamos esperar a los invitados -dijo él, abrochando la correa a mi collar.

                Mario empezó a andar y yo le seguí como su perrita fiel.  Llegamos a las escaleras, subirlas a cuatro patas me había costado, pero no sabía cómo podría bajarlas. Por suerte Mario me ordenó ponerme en pie y detrás de él, siempre guiada por la correa, empezamos a bajar hacia donde tendría que enfrentarme a todos mis compañeros de trabajo. Y ahora, mis dueños. Escuchar sus voces y sus risas me provocó un nudo en mi estómago. No sé si era miedo, nervios o excitación. Ni siquiera sabía si estarían los mismos que dejé cuando Elena me rescató de Luis. O si habría llegado alguien más con Mario. Sabía que la perra pelirroja debía estar allí pero… ¿Estaría mi hermana? Esto ya sería lo suficientemente duro sin tener a nadie de mi familia inmiscuido. Casi me daba igual quién hubiera o qué me hiciesen, si al menos Sandra no estaba presente.

                Con la mirada en los escalones, supe que había llegado prácticamente abajo por el breve silencio de los invitados. Breve, pues no tardaron en aplaudir y vitorear alegres por el regreso de la estrella de la fiesta: la puta.

                -¡Bien! Por fin ha vuelto -dijo Carlos.

                -Ya tenemos aquí a la putita -dijo Víctor.

                -A la vaquita. Mirad sus ubres, otra vez cargadas para que se las volvamos a ordeñar -dijo, como no, mi querido Luis.

                -Tranquilos chicos. Vamos por pasos, que habrá tiempo para todo y para todos -dijo Elena.

                Al escuchar su voz me atreví a levantar la cabeza y entonces fui testigo de lo que me esperaba. Habían abierto la mesa grande del comedor y estaban todos sentados. Por suerte, no había nadie nuevo. Los tres hombres, Víctor, Carlos y Luis y las cuatro chicas, Vero, Laura, Nuria y mi Ama Elena. Mi hermana no estaba, era un alivio. Pero tampoco veía a la perra pelirroja. No puedo decir que quisiera tenerla allí, pero la curiosidad y los celos me mataban. Mario me hizo bajar los tres escalones que faltaban y entonces la vi. La pelirroja salía de la cocina, llevando una bandeja con copas. Me quedé mirándola fijamente y ella se quedó parada mirándome a mí. Esta vez estaba de pie, por lo que pude verla mejor. Era una mujer muy alta, altísima. Aunque llevaba unos tacones enormes. No pude verle mucho la cara, pues llevaba unas gafas de sol enormes, aun estando dentro de casa, como si quisiera mantener el anonimato. Al menos a ella le permitían aquello. Llevaba los labios pintados de rojo putón que resaltaban mucho más por llevar una mordaza de bola, que le deformaba la boca, lo que unido a su collar, le daba una pinta mucho más de zorra. Aparte de bastante maquillaje en la cara, para que no quedara lugar a dudas de lo que era. De ropa llevaba unas mallas blancas súper ceñidas, que hacían que sus piernas musculadas se marcasen, lo que me hizo sospechar que podía ser alguna compañera de gimnasio de Elena. Era lógico pensar que ver entrenar a Elena sería suficiente para desear ser su mascota. Las mallas dejaban trasparentar un tanga morado, de forma casi obscena, pero muy acorde con lo que se esperaba de una puta como ella. Llevaba una blusa negra, ancha y sin escote alguno, pero casi transparente. Que dejaba ver un sujetador a juego con el tanga, sujetando unos pechos de un tamaño similar a los míos o los de Elena. Parecía una modelo, por sus pechos y por su altura. O más bien una deportista, por aquellas piernas. No pude apreciar mucho más, pues Elena me dio una orden en cuanto nosotras, las dos perras, nos quedamos mirándonos la una a la otra.

                -¡Eva! Baja esa mirada. No vuelvas a mirar a mi perra -dijo mi Ama.

                -Es verdad, no es bueno que las perras se miren fijamente. Se pueden pelear -dijo Luis, haciendo reír a todos.

                -Bueno ahora que ya está aquí Eva, tú puedes venir a tu sitio y que ella termine de ayudar a servirnos -dijo Elena a la pelirroja.

                La pelirroja soltó rápidamente la bandeja en la mesa y fue directa a arrodillarse junto  la silla de Elena. Yo ya suponía que además de ser su juguete sexual, tendría que servirles durante la cena. Pero no caí en el detalle de su frase hasta que Mario habló:

                -Ven putita, que ya estamos todos -dijo él en voz alta.

                Escuché unos pasos de tacones acercarse desde la cocina y pronto la vi. Con mi traje de porno-chacha, el mismo que yo había comprado junto a Elena para servirle a ella y humillarme a mí. Con su cofia en la cabeza, sus pechos descubiertos por las aberturas del traje y el tanga blanco transparente, visible por lo corta de la falda, apareció mi hermana.  Aunque yo estaba completamente desnuda, sus pintas eran más humillantes todavía. Pero eso no me reconfortó mucho. Lo que realmente me comía por dentro, eran los celos. Ella llevaba mi vestido. Ella era parte de aquella fiesta. Ahora éramos tres putas allí. Y yo tenía que luchar en dos bandas. Con mi hermana por Mario y con la pelirroja por Elena.

                -Saluda a tu hermana putita -dijo Mario a Sandra.

                -Hola hermanita -dijo Sandra.

                -Ho..la… Sandra -contesté yo, intentando salir del letargo por confirmar mi pesadilla.

                -Venga, servidnos las copas y luego Sandra te llevas a tu hermana y la maquillas. No puede venir a una fiesta de esa guisa. Las putas deben parecerlo siempre ¿verdad? -dijo Mario.

                -Si Amo, por supuesto. Se nos debe reconocer a primera vista -contestó ella, mirándole con una sonrisa de oreja a oreja.

                Sandra empezó a llenar las copas con champan, mientras yo, torpemente comparado con ella, las iba ofreciendo a cada uno de mis compañeros. Lógicamente, todos los chicos me tocaron mientras lo hacía. Luis incluso, metió su dedo en mi coño y luego en su copa, para darle un toque “especial” dijo. En cuanto todos tuvieron sus copas, Sandra me agarró por la correa que colgaba entre mis pechos y me llevó al baño, mientras los demás bridaban por una espectacular y larga noche.

                Ya en el baño de arriba, Sandra no dijo nada. Sólo sacó un montón de productos de maquillaje y empezó con su labor. Ojos, labios, pómulos… pronto mi cara parecía la de una puta de carretera, igual que la pelirroja y ahora que me daba cuenta, que la de Sandra.  Sacó un bote que parecía aceite y empezó a echármelo por todo el cuerpo, poniendo especial atención en mis pechos, mi culo y mi entrepierna. Verla allí, arrodillada, siendo ella la que me masajeaba el cuerpo con ese aceite, me daba la errónea sensación de que yo estaba por encima de ella.

-No te preocupes, es un aceite sin sabor ni nada. Pronto tu piel lo absorberá y nadie se manchará por tu culpa. Pero te dejará las tetas brillantes -dijo ella, mientras me masajeaba delicadamente mis pechos.

                -Sandra… ¿qué haces aquí? -le pregunté, mientras notaba como mis pezones se ponían duros por el frio aceite.

                -Lo mismo que tú. Ser una puta. Lo que somos hermanita -contestó.

                -No digas eso. Tú no eres una puta. Eres sólo una niña. Y yo estoy aquí porque estoy siendo chantajeada -dije yo, cada vez con menos confianza en esa excusa.

                -Eso díselo a otra… Sé todo lo que has hecho. No hay chantaje que valga todo eso. Lo haces porque te gusta. Porque te pone cachonda ser una puta. Como a mí. Está claro que somos hermanas ¿Nos vendrá de familia? -dijo ella, dejándome sin palabras.

                Sandra me pintó las uñas de manos y pies de color rosa. Ya pensaba que estaba lista, cuando sacó de la bolsa del maquillaje un pequeño plug, con una especie de joyita en su base, también de color rosa. Lo miré asustada. No pensaba que volvería a tener el culo tapado tan pronto.

                -Esto es un regalo de Mario. Todas sus putas llevamos uno -dijo ella, dándose la vuelta y mostrándome que ella tenía uno igual, pero de color morado.

                Al escuchar que era un regalo de Mario y saber que era un símbolo de que era su perra, no me importó que fuera mi propia hermana la que me hiciera apoyarme en el lavabo y dejarle el culo en pompa, para que me lo pusiera. Me vi reflejada en el espejo. Con mi collar y maquillada como una ramera callejera, con mis pechos brillantes colgando. Y detrás de mí, a mi hermana vestida de chacha, invadiéndome mi agujero más íntimo. Era mi hermana… pero me puse cachonda. El plug entró sin mucha dificultad, aunque con algo de molestia por el trato que había recibido hacia unas horas en mi ano. Sandra volvió a agarrar la correa y me llevó de nuevo ante nuestros compañeros.

                -Mucho mejor. Así está más guapa -dijo Víctor.

                -Como una verdadera puta -continuó Nuria.

                Mario se acercó por detrás de mí, acarició el plug que se mantenía encajado en mi trasero y me dio un suave beso en el cuello.

                -Demuéstrame lo que eres -me susurró al oído.

                Aquello fue como una carga de batería para mí. Tenía que ser la más puta y me daba igual que mi hermana o la pelirroja me hicieran la competencia. Yo era la más veterana en eso de ser una zorra sumisa. Jugaba con ventaja.

                Sandra y yo rellenamos las copas y nos ordenaron empezar a servir la comida. Fuimos a la cocina y estaba todo preparado. No sabía quién había cocinado o si lo habían comprado así, pues mi hermana no es que fuera una cocinillas. Pero eso poco importaba, debía cumplir mejor que ella, en todo. Por lo que rápidamente coloqué las cosas sobre los platos y fui a servirlos. Volviendo a la cocina, con Sandra de ida a la mesa, escuché a Luis y temblé.

                -¡Ah! Se me olvidaba. ¡Qué cabeza la mía! Yo también he traído un accesorio para hacer esto más interesante -dijo él.

                -¿Qué será lo que ha traído Luis? -me dijo bajito mi hermana, ya en la cocina.

                -Espérate lo peor. Luis es un viejo sádico. No puede ser nada bueno -contesté yo.

                Casi no había terminado de hablar, cuando apareció él con una bolsa en la mano. Sonriendo como el mismísimo diablo, sacó un collar como el mío. Un maldito collar de castigo, pero esta vez, seria para mi hermana. Al menos, ya que quería ser una puta como yo, que sufriera como yo. No entendía como podía pensar así, pero era lo que sentía. Era mi hermana, pero ahora mismo, era mi competencia. Luis le quitó su simple collar y le puso el nuevo.

                -Me imagino que ya sabes para qué es esto ¿no? -le preguntó Luis a Sandra.

                -Sí, señor Luis. Para adiestrar a las perras, señor -dijo mi hermana, sorprendentemente sumisa.

                -Muy bien perrita. Eres una perra lista, no como la estúpida de tu hermana -contestó él.

                -Pero ya que fui a la tienda a por él, encontré unos accesorios que no pude dejar escapar -continuó diciendo, mientras metía las manos en la bolsa.

                Algo me decía, que ahora yo también seria víctima de ese “accesorio”. Luis sacó unas cadenitas que ató con un pequeño mosquetón a la hebilla del collar. Primero a Sandra y luego a mí, dejándonos unidas por el cuello, con una separación de poco más de medio metro.

                -Esto será muy divertido. Ya lo veréis. Venga, seguid trabajando -dijo él.

                Ahora, unidas como estábamos, todo era mucho más difícil. Debíamos hacer todo juntas. Si quería destacar sobre ella, ahora sería mucho más complicado. Preparamos como pudimos dos platos y fuimos juntas hacia la mesa. Al vernos, todos se echaron a reír. Era patético ver a dos mujeres unidas por una cadena intentar servir la mesa. Pero supongo que para ellos también seria morboso ver así a dos hermanas, una desnuda y la otra casi peor.

                -Qué bueno eres Luis. Siempre tienes algo nuevo para hacer más divertido esto -dijo Carlos.

                -Eso no es lo más divertido. Mirad… -dijo él, dando un mando de nuestros collares a Carlos y Víctor.

                -El de Víctor es el de Sandra y el de Carlos el de Eva. Víctor, pulsa lo que quieras -dijo Luis.

                Víctor se relamió los labios. Sabía que si ahora le tocaba a Sandra sufrir un calambrazo, yo no tardaría en ser la siguiente. Pero al menos seria ella la primera en sentirlo. Víctor recorrió el mando con su dedo y de pronto pulso un botón.

                -¡Aaaaahhhh! -gritamos las dos.

                -¡Jajajajaja! -rieron todos.

                -Ahora los dos collares están unidos, si una comete una falta o tenemos que llamarle la atención por algo, las dos recibirán una descarga -explicó Luis, como si no hubiere quedado lo suficientemente claro.

                -Voy a probar -dijo Carlos, apretando un botón de su mando.

                -¡Aaaaaah! -volvimos a gritar las dos al unísono.

                -¡Jajajajaja! -volvieron a reír todos.

                -Muy divertido. Que rulen esos mandos -dijo Nuria.

                -Venga chicas, seguid trayendo comida, que tenemos hambre -dijo Elena.

                Nosotras nos dimos la vuelta torpemente por ir atadas y por las descargas que acabábamos de recibir. Sandra salió casi corriendo hacia la cocina, como queriendo escapar del alcance de los mandos. Pero yo sabía el alcance que tenían y que no serviría de nada. Efectivamente, al minuto de estar preparando otro plato, otra descarga nos recorrió el cuerpo, consiguiendo que a mi hermana se le cayera el tenedor con el que estaba sirviendo.

                -Cuidado con la vajilla. Lo que rompáis lo pagáis -dijo Luis, riéndose.

                Sandra me miró y vi por primera vez inseguridad. Aquello no se lo esperaba. Conocía la manera de dominar de Mario, pero no la de Luis. Esa era mi ventaja. Yo había sido la puta de todos. Solo tenía que soportar mejor que ella las torturas y humillaciones. Y Mario me elegiría.

                Estuvimos más una hora, de pie, esperando que alguno pidiera que le rellenásemos la copa de vino. O cuando se acababa algo y querían que trajéramos más. Todo aquello unidas por nuestros collares, lo que hacía que tuviéramos que ir las dos a servir a cada uno. En ocasiones casi peleándonos por hacerlo, sobre todo cuando se trababa de Mario o de Elena. No sé cómo estaría mi hermana, pero yo no había probado bocado en horas y verles comer aquella deliciosa comida, era otra tortura más para mí. Mientras tanto, la pelirroja se mantenía a los pies de Elena, siendo acariciada por ella de vez en cuando en la cabeza. Cuando ya terminaron de comer, Elena puso su plato con las sobras en el suelo. Y le dijo a la pelirroja que comiera. La muy zorra no podía por la mordaza, pero pegó su cara contra el plato, obedeciendo a su dueña. Todos se rieron del espectáculo, hasta a Sandra se le escapo una sonrisa. Pero yo sólo vi una muestra de sumisión impecable de esa sucia perra hacia mi Ama.

                -¿Vosotras también tenéis hambre? -preguntó Elena.

                -Si Ama. -ambas respondimos a la vez, cosa que me fastidió enormemente.¿ Por qué llamaba Ama a Elena? No era su Ama. A Luis le trató de Señor… ¿Por qué a ella de Ama? Mis celos por mi hermana iban en aumento.

                -Venga chicos, ¿no les vais a dar de comer? -preguntó Elena.

                -Claro que si -dijo Víctor, bajándose los pantalones.

                El resto de hombres hicieron lo mismo, quedándose desnudos bajo la mesa. Ya sabía lo que nos esperaba. Pero fue Nuria quien tuvo la “decencia” de aclararlo.

                -Vamos perras. Las dos bajo la mesa a comer -dijo, mientras se bajaba también los pantalones.

                Estaba claro que Nuria no iba a perder la ocasión de llevarse una comida de coño. Yo fui la primera que se arrodilló, empujando a mi hermana por la cadena. Supongo que ella esperaba que nos soltasen, pero ya les iba conociendo, querían que chupáramos sus pollas juntas, una al lado de la otra. Ya las dos a cuatro patas, pasamos debajo de la mesa. Allí había muchas piernas y cuatro pollas al descubierto. Sandra estaba un poco perdida, por lo que le indiqué con la mano que se pusiera con la polla de Luis y mientras yo lo hacía con la que creía que era de Víctor. Ella puso cara de asco, normal. Que se hubiera andado más lista. Yo empecé rápidamente a comerle la polla sin saber muy bien quién era y no le di más opción a mi hermana que hacer lo propio con el viejo pene de Luis. Pronto la polla que tenía en mi boca estaba bien dura, mientras la de Luis seguía morcillona en los labios de Sandra. Lo tomé como un punto para mí, sin pensar que no se debería a mis dotes como feladora, más bien a la edad y las veces que se había corrido el viejo hoy.  Me dediqué bien a darle todo el placer posible, lamiendo y chupando con ganas, acariciándole los huevos y lamiendo sus pantorrillas de vez en cuando. Me sentía de verdad como una perra. Miraba de reojo a mi hermana, mi pequeña hermanita se estaba comiendo la polla de ese viejo sádico, a mi lado. Me fijé en sus pechos. Sus pezones estaban duros. Estaba claro que lo disfrutaba, de verdad era una puta, como yo.

                De repente una mano asomó bajo la mesa y le dio un golpe a mi hermana en la cabeza. Entonces escuché decir a Luis que cambiáramos. Nosotras nos movimos un lugar y ahora era yo quien tenía la polla de Luis en mi boca. Sandra la había dejado ya casi dura, pero como si conociera mis labios, terminó de ponerse como una piedra en cuanto me la metí dentro. La mano de mi anterior pareja buscó la mía y me la llevó a su polla. Quería que le pajeara mientras mamaba la polla de Luis. Así lo hice. Pensé que si conseguía que se corriera, podría perder las ganas por seguir en la fiesta.  Sandra me vio y llevó su mano a la polla de su siguiente “cliente”, pues podemos llamarlo así. Nadie se lo había pedido, pero ella lo hizo. En un principio pensé que era por competir conmigo, pero con ello sólo conseguiría que fuera más fácil que se corriera en su boca cuando le tocase. Pajeando fuertemente al primero y siendo ahogada por Luis, que me empujo la cabeza contra su polla, me di cuenta. La última polla era la de Mario. Por eso Sandra se moría de ganas de tocarla. Quería tenerla a punto para que fuese en su boca donde se corriera. No podía consentirlo. Eso sería un punto muy valioso, y debía ser mío. Pajeé más rápido el rabo que tenía en mi mano y yo misma me follaba la boca con la polla de Luis, intentando que se corrieran ambos lo antes posible. Quería que pidieran un cambio ya. Y por primera vez en la noche, mis plegarias se escucharon.

                -Venga cambio. Que como se corran tan pronto se acorta la noche -dijo Vero, para mi sorpresa de que ella decidiera algo.

                Rápidamente saqué aquello de mi boca y pasé a la siguiente. La saliva de mi hermana cubría aquel miembro. En el de Luis imagino que también, pero no lo pensé. Lo que debería darme asco, me provocó un gran morbo. Chupé aquella polla con mucho más deseo que la de Luis. Pero ni por asomo de cómo lo hacía Sandra con la de Mario. No podía dejar de ver a mi hermanita tragándose entero el rabo de mi Amo. Aquel mismo por el que hice de todo en los baños de la discoteca. Tenía celos, muchos. Me sentía una cornuda. Pero me excitaba sentirme así. No sabría explicarlo, pero me ponía cachonda ver a mi hermana con el hombre que yo tanto quería. Lo malo era que Sandra se la estaba comiendo muy bien. Mario había empezado a follarse la garganta de mi hermana. Y yo sabía que le gustaba hacer eso para correrse. Tenía que evitarlo. La cadena que nos unía los collares estaba ya tensa, por la separación entre las sillas. Por lo que lo utilicé en mi provecho. Empecé a mover mi cabeza bruscamente hacia todos lados. Así no haría una mamada muy placentera, pero conseguía apartar a Sandra de la polla de Mario por segundos. Ella me miraba con odio. Sabía que lo estaba haciendo a propósito. A mí se me escapó una sonrisa de malicia.

                -¡Cambio! -escuché, creo que fue Nuria, pero me dio igual. Yo solo quería llegar hasta él.

                Soltando rápidamente lo que tenía en la boca, empujé a mi hermana y me lancé a devorar aquello tan delicioso. Lo hice como una loba hambrienta. Pero no había caído. En ese lado no había nadie más. Sandra no podía llegar hasta el lado de las chicas por la cadena.  Ahora era ella la que me miraba con ojos envenados. Se pegó a mí y bajó su cabeza junto la mía hasta mi deseada comida. No me lo podía creer, pero así fue. Sandra empezó a lamer la polla que no cabía en mi boca. Mi hermana pequeña no se cortó lo más mínimo en lamer mis babas del rabo que yo estaban mamando. Intenté metérmela entera en la boca, pero ella me lo impedía con la suya. Empezó a lamer alrededor de mis labios, tocándome con su lengua. No me podía creer que mi hermanita hiciera eso.  Fui retrocediendo poco a poco, impactada por lo que estábamos haciendo, hasta que la punta salió de mi boca y Sandra la devoró como una serpiente que caza a su presa. Me había robado mi polla. ¿Cómo lo había permitido? Mi primera lucha directa por Mario y me había dejado vencer como una pardilla, mientras ella se había comportado como toda una perrita fiel peleando por su premio. Tenía que recuperar terreno. Intenté usar su técnica, pero Sandra no me dejaba nada donde lamer. Se había metido casi por completo el falo de nuestro Amo en la boca ¿Cómo lo había conseguido? ¿Pero esta niña cuantas pollas había mamado? Daba igual, tenía que hacer algo. Que Mario notase que su perrita seguía allí. Metí la cabeza por debajo de la de mi hermana y me propuse comerle los huevos a nuestro dueño como nunca antes habían hecho. Desde esa posición, con mi lengua moviéndose sin parar en los testículos de Mario, las tetas de Sandra golpeaban contra mi cara una y otra vez. Más de un lengüetazo recibió en ellas sin yo querer hacerlo. Al menos los primeros, porque sin entender la razón, cada vez que sus tetas se acercaban a los huevos de Mario y por consiguiente, a mi lengua, yo me excitaba más. Ver como su garganta era invadida por aquella preciosa polla no ayudaba a que mi excitación y mis celos disminuyeran. Aunque ahora no llevaba los cuernos, era una cornuda. Mi hermana estaba mamando la polla de mi hombre y yo, relegada a lamerle las pelotas bañadas por la saliva que escurría de la boca de mi hermana y del tronco del rabo de Mario.

                Casi me había dado por vencida. Casi había aceptado que mi lugar allí quedaba relegado a lamer las sobras de Sandra, cuando las manos silenciosas de Mario agarraron nuestros pelos y sin decir una palabra, nos colocó a ambas en su polla. Las dos entendimos lo que nuestro Amo quería. Quería que se la comiéramos a la vez. Las dos hermanas, sus dos perras, mamándole la verga juntas. Mi sentimiento por obedecer a mi Amo era muy superior al egoísmo de hacerle mío, por lo que empecé a lamerle la polla desde un lado, dejando que mi hermana hiciera lo propio por el otro. Así lo hicimos, dos hermanas, rivales por una polla, tragándonos nuestro orgullo por tragarnos juntas aquel pedazo de carne. Nos miramos mientras nuestras lenguas se rozaban en aquel miembro. Y sin decir nada, las dos decidimos darle la mejor mamada a dúo posible. Empezamos a besar toda la extensión de carne, para luego ceder a mi hermana el capullo, mientras yo lamia el tronco. Yo iba recogiendo la saliva de Sandra, saboreándola. Notando como mis muslos estaban tan empapados como los huevos de Mario. Cambiamos las posiciones, lamimos las dos la punta juntas, con nuestras lenguas jugando juntas en su capullo. Lo metimos en nuestras bocas y nos besamos. Mi hermana y yo nos morreamos con una polla en nuestras bocas. Y lo disfruté, mucho. Muchísimo. Estaba en la gloria. Si me hubiera tocado, me habría corrido en segundos.

                -Te la están chupando las dos a la vez ¿verdad? -era la voz de Elena, preguntándole a Mario.

                -Así es. Y lo hacen de maravilla. Vaya par de hermanas cerdas -contestó él.

                -Venga ya está bien. Que nosotras también queremos -dijo Nuria.

                -Eso. Cambio -escuché decir a Laura.

                Bajo la mesa, nos miramos las dos. Se nos había acabado aquello tan estupendo. Y para colmo, ahora tendríamos que comernos el coño de Nuria. No nos quedó más remedio que separarnos de aquel divino pene, no sin antes despedirnos con un beso cada una en él. Cuando nos dimos la vuelta, no sólo Nuria tenía su coño al aire. Todas lo tenían. Hasta Elena, cubierto por su cortísima falda, pero con el tanga en los tobillos que evidenciaba que su maravillosa rajita esperaba nuestras lenguas. Ella era la última. Por lo que teníamos que pasar primero por los otros tres coños para llegar a mi diosa. Para mí, el sexo oral a una mujer no era algo nuevo. Pero si lo fue ver a mi hermana meter su carita entre las piernas de una mujer y sacar su lengua para lamer una rajita húmeda. A esas alturas, yo ya estaba tan caliente que el hecho de que ver a mi hermana así me pusiera cachonda, no era algo que me asustase. Mientras trabajaba entre las piernas de Vero, no podía evitar mirar a mi hermana. Parecía que lo hacía muy bien, pues Laura la tenía agarrada del pelo, sujetando su cabeza, con su cuerpo tieso como un palo. Casi diría que se iba a correr con la lengua de Sandra. Pero Nuria estaba ya muy desesperada y no pudo evitar gritar:

                -¡Cambio!

                               Ahora yo estaba con mi boca en el coño que tan bien conocía, el de mi jefa, antigua amiga y torturadora más cruel. Intenté darle el mayor placer para reconciliarme con ella, mientras Sandra continuaba donde lo había dejado yo con el chochete de Vero. Seguí comiendo a Nuria pero lo que de verdad quería era llegar a Elena. Yo sería la primera de las dos en probar su coñito. Yo saborearía la primera su rajita y sabría si ya estaba cachonda. Y si podía, conseguiría que se corriera en mi boca antes de que mi hermana llegara a ella.

                La que me inundaba la boca con sus jugos era Nuria. Estaba claro que mis experiencias con el cunnilingus estaban consiguiendo que mi jefa fuera a llegar al orgasmo. Decidí esforzarme al máximo para que así fuese. No le faltaría mucho cuando escuché a un hombre, no sabría decir quien fue, pedir cambio.  Para mí fue una alegría, pero no tanto para Nuria. Cuando me fui a separar de su entrepierna, esta me agarró la cabeza y me volvió a llevar allí, impidiéndome que me moviera.

Estaba claro que no quería que la dejase a medias. Noté como la cadena giraba sobre mi cuello. Sandra estaba rodeándome para llegar a Elena. Eso sí que no. Se había adelantado con Mario, no podía permitírselo también con ella. Nuria mantenía mi cabeza contra su coño, casi sin dejarme respirar.  Lo único que pude hacer fue buscar con mis manos la cadena y tirar de ella, impidiendo que Sandra alcanzase mi coño deseado. Sandra tiraba con fuerza para llegar, mientras yo luchaba por respirar e impedir que ella llegara a hacer a Elena lo que yo estaba haciendo a Nuria. Pensé rápido, si Nuria se corría, me dejaría ir. Me olvidé de respirar y me dediqué en exclusiva a trabajar su clítoris con mi lengua, para conseguir que se corriera de una maldita vez. Sandra dejó de tirar de la cadena, cosa que me extrañó mucho. Y como suele suceder en mi vida, cuando algo así pasa, no suele ser para mi bien. De pronto noté como me apretaban la cara contra el coño de Nuria. Era Sandra. Me mantuvo la cara pegada allí, mientras Nuria se restregaba contra mí cara. Casi no podía respirar pero eso no le importó ni a Nuria ni a Sandra, ni siquiera a mí. Como pude usé mi lengua, casi sin espacio para hacerlo, hasta que Nuria estalló en mi cara. Las manos de ambas me mantuvieron pegada allí durante unos segundos, hasta que Nuria se relajó. Cuando por fin pude separarme y coger aire, miré hacia mi siguiente destino. Casi sin oxígeno en mis pulmones estaba pensando ya en volver a meter mi cara entre las piernas de mi diosa y volver a perder la capacidad de respirar. Pero no, se me habían adelantado. La perra pelirroja estaba allí, entre esas dos preciosas piernas, lamiendo lo que yo tanto deseaba. Fui hacia ella, la sujeté de los hombros e intenté apartarla de mi Ama, pero ella ni se movió. Ni siquiera me miró, seguía lamiendo con dulzura aquel precioso y mojado coñito. Quise volver a intentar apartar a la pelirroja, pero Sandra me detuvo. Forcejeé con ella, cosa que debieron notar fuera de los bajos de la mesa, pues una descarga nos hizo parar.

                -¡Fuera las dos! -escuché decir a Elena.

                Ambas salimos como dos perras a las que están echándoles la bronca. De rodillas, con la mirada en el suelo y habiendo dejado allí a la pelirroja saboreando lo que era mío. Recibimos ambas otra descarga que nos hizo apoyar las manos en el suelo.

                -¿Quién empezó la pelea? -preguntó Elena.

                -Ella -respondió mi hermana.

                -¿Eso es verdad? -me preguntó mi Ama.

                -Sí, Ama…Lo siento -respondí.

                -Pues entonces la castigaremos a ella -dijo Laura, enseñando el mando.

                Miré a mi hermana, pidiéndole perdón. Por mi culpa ella recibiría mi castigo también. Y así fue. Un calambrazo nos hizo volver a apoyar las manos en el suelo.

                -Ahora yo -dijo Vero, cogiendo el mando.

                Recibimos otra descarga de parte de Vero. Esta pasó el mando y así cada uno nos dio una descarga a ambas. Unos más fuertes y más duraderas que otros. Con Luis llegamos a caernos al suelo. Pero fue Nuria, la última, la que nos hizo retorcernos en él y suplicar por primera vez que acabase la tortura.

                -Vale ya. Las vas a freír -dijo Elena, volviendo a convertirse en mi salvadora.

                -Chicas, los postres -continúo diciendo mi diosa.

                Tardamos un poco y tuvimos que ir a cuatro patas, pero llegamos a la cocina. Luego allí, con el dolor por las descargas disminuyendo, conseguimos ponernos en pie. De postre tenían de todo, fruta, helado, tarta… Era imposible poner todo aquello sin quitar la mesa antes. Por lo que tuvimos que volver para recoger la mesa. La pelirroja seguía debajo de la mesa, no sabía si seguía con Elena, o estaba con algún otro. El pensar que podía estar chupándosela a Mario… me hervía la sangre. Recogimos la mesa, yo intentando averiguar dónde estaba la boca de la pelirroja, pero fue imposible. Todos se reían, como si supieran lo que yo intentaba.  Volvimos con los postres y pusimos todo aquello en la mesa.  La verdad, dudaba que pudieran comer más después de la cena. Además, prácticamente todos estaba ya muy borrachos. No sabría decir cuántas botellas de vino habían caído con la cena. Nosotras servimos lo que nos iban pidiendo, mientras que yo seguía intentando descubrir dónde estaba la pelirroja.

                -¿No quieres una copita Sandrita? Si ya tienes edad para comer pollas, tienes para beber -le dijo Víctor a mi hermana, mientras esta le servía el postre.

                -Lo que yo quiera no tiene importancia. Haré lo que ustedes me ordenen -contestó ella, volviendo a demostrarme a mí y a todos, lo estupenda sumisa que era.

                Con una gran sonrisa, Luis me hizo rellenar su copa para después dar de beber a mi hermana pequeña. Le hizo acabarse la copa y me ordenó que la volviera a llenar. Así lo hice y Luis volvió a dar de beber a Sandra, esta vez más rápido, haciendo que el vino se derramase por sus labios y bajara por su cuello, hasta los pequeños pechos de mi hermana.

                -¡Uy! Que te manchas el vestido -dijo el viejo, limpiando con su lengua los pechos mojados por el vino.

                -Sí, será mejor que se desnude también -dijo Carlos.

                -Sí señor, lo que desee -contestó ella.

                Con la mirada atónita por el comportamiento tan sumiso de mi hermana, fui viendo como ella se despojaba del ridículo uniforme de sirvienta, mientras me mantenía con la botella en la mano. Cuando mi hermana se quedó completamente desnuda, descubrí algo que jamás hubiera imaginado. Encima de su coño, lucía un tatuaje con una M. Mario la había marcado. No sentí lastima por ella, sentí celos.

                -¿Tú también quieres? -me preguntó Luis, sacándome de mis pensamientos.

                -Por supuesto señor. Lo que usted desee -respondí. No podía dejar que mi hermana quedara como mejor sumisa que yo.

                Luis sonrió. Algo iba a suceder. Se levantó de la silla y soltó la correa de mi cuello. Tirando de ella, llevó a mi hermana hasta el final de la mesa y le hizo subir en ella a cuatro patas.  Me quitó la botella de vino y sacó el tapón anal de mi hermana. Por las risas, todos sabían lo que iba a suceder, menos yo. No tardé en averiguarlo. Luis metió la boca de la botella en el culo abierto de mi hermana. La dejo allí mientras el líquido de la botella fue bajando hasta que presumiblemente su recto se llenó. Después sacó la botella y rápidamente volvió a colocar el plug, como si de un corcho se tratara.

                -¿Quién quiere una copita? -dijo Luis con sorna.

                -Creo que la única tan guarra como para beber de ahí es su propia hermana -dijo Nuria.

                -Pues nada, copita para la cerda -dijo Luis.

                El viejo cogió la copa y la puso debajo de su culo, quitó el plug y el vino fue saliendo. Cuando la copa estaba casi llena, volvió a tapar el culo de mi hermana y me entregó la copa. La sostuve en mis manos, sabía lo que debía hacer y lo que no. Mirarles a ellos solo provocaría más vergüenza y humillación para mí y un mayor placer para ellos. Creo que por eso lo hice. Miré a cada uno de ellos con la copa junto a mis labios y justo cuando iba a beber, miré a Elena y vi a la pelirroja. No sabía cuándo había salido de debajo de la mesa, pero tenía el pintalabios por toda la cara. Lo que no evitaba que me mirase fijamente, casi diría yo, con una media sonrisa. Mirándola desafiante, me tomé la copa de vino de un solo trago. Todos vitorearon el hecho de que me bebiera el vino que había salido del culo de mi hermana. Y yo, además de sentirme una pervertida y una cerda, me sentía orgullosa.

                -¿Tú también quieres perrita? -le preguntó Elena a la pelirroja.

                Ella contestó con un ladrido de perrita salida. Qué asco me daba. Elena le dio permiso y vino gateando hasta el culo de mi hermana. Elena me miraba, por lo que yo no podía mirar a la perra directamente, pero de reojo vi como esa asquerosa pelirroja apoyaba la cara en el coño de mi hermana y como Luis quitaba el tapón del culo de Sandra. La muy zorra bebió lo que salía de su culo y escurría por su perineo hasta los labios vaginales de mi hermanita. Otra perra que quería demostrar ser más puta que yo. Y así me lo hizo ver mi Amo.

                -Ves Evita. Así beben las verdaderas perras sumisas -dijo Mario.

                Todo mi orgullo por lo aquello tan asqueroso que acababa de hacer, se esfumó. Pero tenía que, al menos, igualarlo.

                -Si me lo permiten, me gustaría beber un poco más de vino -dije, dejando mi copa en la mesa.

                Todos rieron. Pero para mí sólo valía la sonrisa de satisfacción de mi Amo. Él asintió con la cabeza y yo ocupé el lugar de la pelirroja, con mi lengua en el coño de mi hermana. Fue esta, puta pelirroja, la que retiró el tapón de mi hermana, por orden de Elena, y me dio de beber. No entendía como la pelirroja había podido tragárselo todo sin dejar que nada cayera, pero intenté beber todo lo posible. La muy zorra no ponía el plug, por lo que hasta que no se vacío el culo de Sandra no pude dejar de tragar.

                -¿Ya no queda nada putita? -le preguntó Mario a mi hermana.

                -Quizás un poco más Amo -respondió ella.

                -Pues dáselo todo a tu hermana, que tiene sed.

                Sin apartar la boca de su coño, vi como mi hermana tuvo que hacer fuerza para sacar un par de chorritos más de vino, que fueron directos a mi boca. No sabría decir si era porque ya estaba empezando a emborracharme o porque mi hermana había lavado a conciencia esa zona, pero solo me sabía a vino. Un alivio después de todo.

                -Creo que Eva también debería dar de beber a su hermana -dijo Víctor.

                Dicho y hecho. No tardé en estar encima de la mesa a cuatro patas, enfrente de mi hermana y con mi culo hacia fuera. Miré a mi hermana y estaba roja. El vino que había bebido más el que había tenido en su culo le había hecho efecto, estaba borracha. Elena decidió, para mi desgracia, que fuera la pelirroja quien me llenara el culo. No podía verla, pero sentí como me sacaba el plug sin ningún cuidado, como vengándose de mí. Para después meter la punta de la botella de vino. Notar como entra el vino en tu recto no es nada agradable. Y más sabiendo que era aquella zorra la que me estaba haciendo un enema tan particular. Mi cara se tuvo que tornar tan roja como la de Sandra por la vergüenza. Aguanté como pude, mirando directamente a los ojos a mi hermana, mientras el frio vino inundaba mi recto. Ya me sentía llena, notaba mi tripa hinchada y por fin noté como sacaban la botella y ponían el tapón.

                -Ya está lista -dijo Vero.

                -Menea el culo Eva, que a tu hermana le gusta el vino espumoso -dijo Víctor, haciendo reír a todos.

                Yo lo hice, notando como el líquido se movía en mi interior, mientras todos se reían. Era una sensación incomodísima, para nada me sentía sensual ahora mismo. Tenía muchas ganas de ir al baño y vaciar lo que me hinchaba la tripa.

                -No lo estás haciendo bien. Verás como ahora se agita mejor -dijo Víctor.

                Escuché como retiraba su silla de la mesa y al poco lo tuve detrás de mí dándome pollazos en el coño. Aquello empezó a gustarme más, pero seguía con esa sensación tan desagradable. Cuando Víctor empezó a penetrarme, las sensaciones se mezclaron. Por un lado, yo ya estaba muy cachonda de todo lo vivido. Por lo que, lógicamente, que me follase me puso cachonda. Pero por otro lado, tener una polla también dentro de mí, cuando mi recto estaba lleno de aquel enema, me daba todavía más ganas de ir al baño. Esta vez lo desagradable y lo placentero se unían en mis bajos, sin saber cuál ganaba. Víctor siguió follándome como un loco. Ya se había quedado a medias antes y ahora no pararía hasta correrse. Yo no tardaría en hacerlo también. Pero como siempre, algo me impediría hacerlo.

                -Ni se te ocurra correrte con esa polla -dijo Mario.

                Como si fuera la orden con más sentido del mundo, la acaté sin lamentarme. Mi Amo no quería que me corriera con otro. Y eso, para mí, era todo un orgullo. Aguanté las embestidas de Víctor, mientras las ganas de vaciar mi culo y mi coño se amplificaban cada vez más. Para colmo, mi hermana, muy ebria por el vino, acercó su boca hasta la mía y empezó a besarme. Yo estaba tan cachonda que lejos de intentar zafarme de ella, le correspondí el beso. Víctor me follaba el coño, mientras el vino de mi culo se agitaba y yo besándome apasionadamente con mi hermana. Aquello debió poner a Víctor a mil, que se corrió con una gran embestida dentro de mí. Luché como una loca por no correrme, pero notar como mi coño era inundado por el semen de Víctor, mi culo por el vino y mi boca por la lengua de Sandra… me corrí. Lo disfruté, muchísimo. Pero el sentimiento de culpa por haberle fallado a mi Amo era superior. Sandra dejó de besarme, todavía con Víctor dentro de mí. Y vi una sonrisa en su boca. Ese había sido su plan, ponerme todavía más cachonda para que me corriera y fallara a mi Amo. La miré con rabia. Mario acarició la cabeza de mi hermana y dijo:

                -Buena puta, no como otras. Ahora a beber.

                Víctor me sacó la polla y me hicieron darme la vuelta, para dejar mi culo y mi coño en la cara de mi hermana. La muy zorra, que había ayudado a que yo fallara a Mario, al menos tendría que beberse el vino de mi culo, bien agitado. Sandra apoyó su lengua en mi coño, del que empezaba a derramarse la corrida de Víctor. Otro regalito para la guarra de mi hermana. Entonces caí, si, ella iba a beberse el semen de Víctor directamente de mi coño. Pero se había corrido dentro. ¿Para eso había pasado yo aquel infierno en el súper por los condones? Mientras que yo pensaba eso, Mario me “descorchó” el culo y noté como el frio vino bajaba de mi agujero a mi coño hasta llegar a la lengua de mi hermana. Era un alivio notar como poco a poco la presión en mi barriga disminuía. Y más sabiendo que iba directo a la boca de mi hermana.  Mario taponó mi culo antes de lo que yo hubiera querido y me hicieron volver a girar para quedar enfrentada a mi hermana de nuevo.

                -Mi perrita también quiere probar de ese vino -dijo Elena, refiriéndose a la pelirroja.

                -Pues nada, que beba. Yo voy llenando a Sandra -dijo Carlos.

                Noté una lengua en mi coño y como alguien me volvía a quitar el plug. Mientras notaba salir el vino de mi culo, vi como Carlos llenaba a mi hermana, pero no era de vino. Se la había clavado en el coño y se la follaba, como minutos antes su inseparable amigo había hecho conmigo. A pesar de que el nivel de vino estaba bajando directamente a la boca de la cerda pelirroja, me empecé a encontrar muy mareada. Era la primera vez que me emborrachaba bebiendo por el culo. Al menos me alegraba que esas dos putas, se lo hubieran bebido de allí, apoyando sus lenguas en mi chorreante coño. Que  Víctor se hubiera corrido dentro de mi coño me preocupaba, pero mi cabeza no estaba ahora para eso. Tenía que devolverle el favor a mi hermana. Sintiendo la lengua de la pelirroja en mi coño, empecé a besar a mi hermana. Al principio se resistió, pero una orden de Mario le hizo besarme con más pasión todavía. Alguien taponó mi culo y después de unas últimas lamidas por parte de la perra, se apartó de mí. Yo todavía no había vaciado todo el vino, cosa que me preocupaba. No podía ser bueno para mi salud tener aquello mucho tiempo allí.

                -Me toca y ahora nadie me lo va a impedir -dijo Luis, desde mi espalda.

                -Todo tuyo Luis -dijo Elena.

                Esta vez sí sabía a lo que se refería. Mi culo. Luis iba a follarse mi culo. Llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo. Empezó a jugar con mi plug un poco, hasta que lo saco. Rápidamente tapó mi entradita trasera con la punta de su polla. Mientras iba forzándome, vi como la pelirroja llevaba mi plug en la boca, como si fuera un chupete y se colocaba de rodillas a los pies de su Ama, quedando de nuevo fuera de mi vista. El maldito viejo no tardó en salirse con la suya y pronto estuve siendo sodomizada . Era con diferencia el tío más asqueroso de toda la tienda. Y allí me tenía, a cuatro patas jadeando por su polla en mi ojete. Nosotras seguíamos besándonos, mientras mi hermana gemía más que yo. Al menos a ella no le dolía, a mí me estaba reventando. No es que Luis tuviera una herramienta descomunal, pero mi culo estaba ya muy usado por hoy. Mis jadeos pasaron a ser gritos de dolor. El cabrón del viejo me follaba con todas sus fuerzas. Entre más chillaba yo, más gemía mi hermana, parecía que eso la ponía cachonda. Decidí que si era así, lo usaría en contra de ella. Sandra tenía que correrse con otra polla para estar de nuevo en igualdad con nuestro Amo. Si mis gritos de dolor le ponían, haría que se corriera con ellos.

                -¡Follame más fuerte Luis! ¡Rómpeme el culo! -grité al viejo que me sodomizaba.

                Él intentaba aumentar el ritmo, pero cada vez estaba más cansado. Tenía que conseguir que me hiciera gritar de verdad.

                -¡Vamos viejo! ¿no querías partirme el culo? Pues así dudo mucho que lo hagas. Fóllame el culo de verdad ¡rómpemelo! -le dije, intentando herir su orgullo, para que él me hiriera a mí el culo.

                Luis me agarró del pelo y tiró de él haciéndome levantar mi cara. Yo miraba a mi hermana como podía, viendo su cara de placer al verme gritar de esa manera. El cerdo de Luis usaba mi pelo para cabalgarme, haciéndome gritar ahora por los tirones y por las embestidas.

                -¿Esto es lo que querías? Que te reviente el culo. Pues te lo voy a reventar -decía él, fuera de sí.

                -Si cabrón. Reviéntame. Revienta mi culo de puta. Hazme gritar -gritaba yo.

                Me dolía. Me dolía mucho. Pero a la vez con todo esto me había puesto a mil. Mi hermana ya gemía como una loca. Ambas lo hacíamos, pero ella se iba a correr. La guarra de mi hermana se iba a correr por ver como parten el culo a su hermana mayor. Luis empezó a bufar. Él también se iba a correr y lo haría dentro de mi culo. Aumentó aún más sus embestidas. Yo seguía chillando y gimiendo a la vez. Mi hermana gemía. Se iba a correr casi a la vez que Luis. Él viejo me dio dos embestidas bien fuertes y profundas, que si no me había destrozado ya, lo hizo con ellas. Y se corrió en lo más profundo de mi culo. Con todo mi dolor y la cara apoyada en la mesa, miré como mi hermana se iba a correr.

                -Venga Luis, quítate. Que estoy apunto -dijo Carlos.

                Sentí como Luis salía rápidamente de mi culo, volviéndome a hacer daño. Pero no me importaba, Sandra se iba a correr. O no. Carlos salió tan rápido de ella como Luis lo hizo de mi, dejándola a las puertas del orgasmo. Ella sonreía frustrada. Estaba a punto de correrse, pero no le había fallado a Mario. Y yo sí. Carlos se puso detrás de mí y sin miramiento alguno, me la clavó en el coño. Fueron poco más de 20 segundos lo que estuvo follándome y él también se corrió dentro. Mi plan había fallado. Luis me había reventado el culo para nada. Mi hermana sonreía. Todos se reían de mí. Levanté la cabeza y Luis tenía en su mano la caja de condones que yo había comprado esa tarde. Me sentí estúpida.

                -Tapar ese agujero que sale el vino -escuché decir a Laura.

                Elena hizo un gesto a su perra pelirroja y esta vino hasta mí y me tapó el culo con el plug.

                -No quieres un poco más de vino perrita -le dijo Mario a la pelirroja.

                No escuché contestación por su parte. Pero noté su lengua apoyada en mi coño y como me volvían a sacar el plug de mi dolorido culo. Me dejé hacer, esperando a que lo que me quedara de vino saliera junto con el semen de Luis, directo a la boca de esa zorra. Pero no salía. Luis me la había clavado tan profundo que no salía por si sola. Mi único consuelo, mi única venganza, era echarle en la boca lo que yo tenía dentro de mí a esa asquerosa zorra. Empecé a hacer fuerza para que saliera. Era como si quisiera hacer de vientre, allí delante de todos. Era humillante y de nuevo ese cosquilleo en el estómago. Me excitaba al sentirme así de humillada. Seguí empujando, apretándome con mis manos la barriga. Quería ayudar a que eso saliera, quería que llegase a su boca. Y quería que todos me viesen haciéndolo. Para humillar a la pelirroja. Y para humillarme a mí. Por fin aquello empezó a salir. Notaba como escurría desde mi ano hasta su lengua. Y como ella lo recogía a lametones. Debía ser asqueroso. Y entonces me di cuenta de que así, ella quedaba como una puta mayor que yo. Cualquier cosa que hacía, terminaba volviéndose en mi contra. Cuando terminó de salir, me limpió con su lengua del coño al culo, como seña de que era toda una perra.

                Ya no sabía que más hacer. Había obedecido en todo. Me había comportado como la mayor guarra del mundo. Pero esas dos perras me estaban ganando terreno. Sandra recibió una caricia en su cara por parte de Mario y la otra perra estaba de rodillas con Elena acariciando su rojo pelo. Todos estaban ya muy borrachos, nosotras incluidas. Casi todos los hombres se habían corrido ya varias veces hoy. No podía quedar mucha noche por delante. Al principio rezaba porque se pasara pronto. Pero ahora necesitaba que siguiera. Tenía que demostrar a mis Amos que yo era la más puta. ¿Pero cómo? Todo lo que yo hacía, mi hermana lo mejoraba. Mi culo estaba destrozado. Mi cuerpo me temblaba por la borrachera que llevaba. Necesitaba otra oportunidad.

                -Bueno, ahora me toca a mí -escuché decir a Elena.

                Levanté la cabeza de la mesa y la vi. Estaba desnuda, sólo cubierta con un sujetador negro que hacía que sus increíbles pechos quisieran escapar de él. Y lo más importante, su tanga lo tenía en la mano. En su lugar llevaba puestas las braguitas con arnés. Era el momento. Por fin mi amada Elena me follaría de nuevo, como aquella tarde en el sex-shop. Nos hicieron bajarnos de la mesa y apoyar nuestros pechos contra ella, para dejar a Elena nuestros agujeros a su altura. Tanto yo como mi hermana esperábamos que la diosa nos follara con la polla de goma. Yo tenía que ser la elegida. Yo era su perrita, no Sandra. Pero no me acordaba de la otra…

                -Vamos perrita, tú también -dijo Elena a la pelirroja.

                Rápidamente la zorra se puso en la misma posición que nosotras, al lado de mi hermana. Éramos tres mujeres, tres perras mejor dicho y seis agujeros donde mi diosa podía elegir. Suplicaba mentalmente por ser la elegida, fuese cual fuese el orificio que decidiera.  Elena se paseaba por detrás nuestra, golpeando con su falo de goma a modo de porra. Como una carcelera jugando con sus prisioneras. Tenía que ser yo. Debía ser yo. Necesitaba que así fuese.

                -Mario, cariño ¿a quién me follo primero? -le preguntó Elena.

                -Qué más da. Todo queda en familia -respondió él.

               

 

                La historia de Eva se acaba. Espero que no se esté haciendo muy larga y tediosa. En el siguiente capítulo conoceremos la identidad de la perra pelirroja y se desvelaran todos los secretos.

                Como siempre, cualquier crítica, consejo o idea, será bien recibida. Siento no estar muy al día con contestando comentarios y correos. Espero sacar tiempo y poder hacerlo. Muchas gracias a todos por invertir el vuestro en escribirme.

 

               


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