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Fecha: 05-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

A los pies de dos amigas de mi suegra 2.

NarradorFet
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Tiempo estimado de lectura: [ 8 min. ]
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Una de mis nuevas Amas me ha dado una orden muy clara, ir a su habitación cuando se duerma mi novia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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El resto de la tarde pasó con normalidad para todos los presentes, salvo para mi, que no me quitaba de la cabeza lo que había ocurrido y lo que iba a ocurrir.

Por la noche, cuando mi novia se durmiera, tenía que ir a la habitación de Ana, mi nueva ama, mi Diosa. Me confundía su orden, pues ella compartía habitación con Fernando, su marido, y rezaba a todos los dioses alguna vez imaginados por cualquier ser humano, perteneciente a cualquier religión, que no supiera nada de lo ocurrido. No creo que le hiciera mucha gracia que otro le comiera el coño a su mujer, aunque fuera obligado por ella misma.

Mi novia me preguntó en varias ocasiones que si me encontraba bien, que lucía distante, a lo que yo contestaba que si, que estaba cansado pues la siesta me había sentado mal y que no tardaría en irme a dormir. Lógicamente, no me atreví a follar con ella esa noche, insistí en mi cansancio y pocas ganas. Por lo que, antes de la 1 de la mañana ya estábamos los dos 'durmiendo'. Ella parecía algo enfadada conmigo por mi actitud, pero no podía hacer nada. No si quería evitar que supiera lo que había ocurrido unas horas antes.

La observé un rato para asegurarme de que se había dormido antes de levantarme, y entonces, despacio y sin hacer ruido, fui a la habitación de Ana.

Entré intentando hacer el mínimo ruido posible y ahí estaba ella, mi ama, sentada en la cama, mirando hacia la puerta, esperándome.

Ana: Has tardado mucho, perro. -Susurró- cierra la puerta y ven aquí. A cuatro patas.

Eso hice, sin decir mas que un sumiso ''si, ama''. Al cerrar la puerta la habitación quedo a oscuras y mis ojos tardaron en adaptarse a la falta de luz. por suerte el camino era línea recta e ir gateando me permitió ir despacio, de forma que cuando llegué a la cama de Ana, pude ver sus pies entre las sombras, así que acerqué mi cara y los besé con cuidado.

Ana: No hagas ruido, cerdo, no queremos despertar a Fer - Cuando dijo esto me quedé petrificado. - Si me muevo bruscamente, escóndete debajo de la cama. Ahora, sigue lamiendo mis pies.

Levantó el pie y puso su planta frente a mi cara. Abrí la boca, saqué la lengua y empecé a lamer. Desde el talón, duro y calloso por el ejercicio, hasta los dedos. Pasaba mi lengua entre sus dedos y volvía a bajar. Respiraba hondo y me emborrachaba con su olor. No era fuerte como el de sus deportivas o sus calcetines, pero algo se quedaba en mi nariz.

Cuando terminé de cubrir de saliva todo su pie lo apartó y metió el dedo pulgar del otro pie en mi boca.

Ana: Chupa como si fuera una polla - me dijo.

Eso hice, lamí y chupé su dedo pulgar como si de un pequeño peque se tratara.

Yo no apartaba la vista de sus pies, pero pude intuir por sus movimientos que se estaba acariciando el coño sigilosamente. Su respiración se aceleraba al ritmo que su pie me follaba la boca. Yo estaba muy excitado en este momento, cuando, sin previo aviso, me dio una patada en la cara con el otro pie, y se giró violentamente hacia el otro lado de la cama. Asustado, temiendo que Fernando se hubiera despertado, me tumbé y rodé corriendo debajo de la cama (aparte de temer que se enterase de mi situación, me aterraba su reacción al verme con su mujer, pues se trataba de un tipo de casi 2m de altura, atlético y muy fuerte. No estoy seguro, pero creo que practicaba algún tipo de arte marcial y, bueno, me aterraba la idea de enfrentarme a él casi tanto como la de que mi novia me viera allí arrodillado en ese mismo instante).

Debajo de la cama no podái ver nada, claro, pero si podía notar como el colchón bajaba por el peso y el movimiento de Ana, además de escuchar perfectamente un peculiar sonido de succión. El de una boca comiéndose una polla.

Fernando: Oh si, Ana...Chupa como tu sabes. - Dijo Fernando, con voz de estar más dormido que despierto. -¿Estás juguetona esta noche o sólo quieres una dosis de leche?-

Ana: Muy juguetona, cariño. Quiero que me revientes el culo esta noche.- Por lo que intuí entre el movimiento del colchón y los ruidos que hacían, Ana siguió chupando la polla de Fernando un rato hasta que este terminó de despertar. Él la apartó y puso a cuatro patas en el medio de la cama y se dispuso a follarse el culo de mi ama.

Ana: Tienes los pies mojados, ¿Qué has estado haciendo? - Fernando había cogido a su mujer por los pies para hacerla cambiar de posición y se habría topado con mis babas.

Fernando: Con tu polla apuntando a la entrada de mi culo y me preguntas por los pies? No serás un rarito de esos, verdad? Jaja.- Ana vacilaba a Fernando hasta que su risa se cortó por un gemido. Él había ignorado los pies y se la había clavado en el ano hasta hacerla callar.

Escuché a Ana gemir durante un buen rato, entre el sonido de la pelvis de Fernando golpeando contra sus nalgas al ritmo de sus jadeos. Yo volví a excitarme. El terror se convirtió en emoción y los nervios en excitación. Mientras ellos follaban sobre mi, yo me masturbé. Mi aguante fue menor que el de él, pues antes de que terminasen el polvo yo ya me había corrido.

Con un violento gemido masculino pude adivinar que Fernando estaba corriéndose. Yo supuse que había terminado dentro, pues las embestidas no cesaron en ningún momento.

Ana: Gracias amor. Lo necesitaba para descansar. Buenas noches - Dijo Ana con ternura.

Fernando: Buenas noches, zorrita. Siempre es un placer reventarte el culo. Mañana despiértame con una felación completa de las que me gustan.

Y la calma se volvió a apoderar de la habitación. Yo esperé en mi sitio, preguntándome cuánto tiempo llevaba en esa habitación y qué pasaría si mi novia se despertaba y no me veía con ella.

Ana: Eh, perro, sígueme al baño, no hagas ruido. - Ana me sacó de mis pensamientos. Estaba agachada mirando por debajo de la cama y me hacía señas con la mano.

Me arrastré para salir de mi escondite y fui al baño tan rápido como pude.

Ella entró detrás de mi, despeinada, sudorosa, sonriente. Preciosa. Cerró la puerta con el seguro.

Ana: Bien perro, aquí estaremos más tranquilos. Sigue con lo que estabas haciendo. -Se sentó en la taza del váter, donde unas horas antes había estado comiendo el coño de Laura. -Voy a follarte la boca mientras termino de masturbarme.

 

Volví a mi posición canina, miré hacia el suelo y continué con mi comida de ''polla''. Ana se masturbaba violentamente, sin la presión de poder despertar a su marido, me agarró de los pelos y tiró de mi hacia su zona íntima, y al contacto con mi boca, se corrió varias veces, aunque ahogando sus gemidos.

Cuando terminó y su respiración volvió a la normalidad, soltó mi pelo y caí contra el suelo. -Ponte boca arriba y lámeme el culo, perro.- Bajó del váter y puso su culo ante mi cara. Mi mayor miedo era que cagara sobre mi, pero eso no ocurrió. En su lugar, cuando su culo bajó hasta mi cara, pude ver como el semen de Fernando empezaba a resbalar hacia mi boca. Un escalofrío causado por el asco recorrió todo mi cuerpo, pero aún así, saqué mi lengua y empecé a lamer el ano de mi ama.

Ana: Oh si, sucio y pervertido perro. ¿Disfrutas de mi ano y del semen de mi marido? Saboréalo, pues ese es el sabor de un hombre de verdad, no de un sucio perro lamepies como tú. Si fueras la mitad de hombre que mi macho ahora estarías reventándole el culo a tu novia. O incluso a mi, pero en vez de eso aquí estás, con tu lengua saboreando mi ano y el semen de otro hombre. Qué humillación. Qué pena siento por tu novia.

Yo sentía unas ganas de vomitar terribles. El sabor de ano con semen no era precisamente mi favorito, y me estaba costando un infierno repirmir las arcadas a cada gota que entraba en mi boca. Por suerte Ana se levantó y pude respirar.

Ana: Patético. Con un culo tan perfecto en tu boca y no te has empalmado. No te habrás tocado antes, ¿verdad? Te has masturbado escuchándome follar... Y ahora no vas a poder satisfacer a tu hembra... Que no te la mereces. Bien, yo ya casi he terminado contigo. Cuando te ordene ir a tu habitación quiero que le comas el coño a tu novia hasta que se corra varias veces, pero no permitas que ella te toque, te la chupe y, mucho menos, te folle. Ella recibirá placer, pero tú no.

Esa orden me pareció extraña, pero comerle el coño a mi novia era algo que yo disfrutaba, aunque yo no me corriera luego. Se metió dos dedos en el coño y luego los restregó por el interior de mi boca.

Ana: Ah, olvidaba decirte que no puedes lavarte la boca antes. Así que ve a introducir mis flujos y el semen de Fernando en el coño de tu novia. Mañana seguiremos, tengo grandes planes para ti. Y Laura querrá que la compenses por haber venido a verme a mi y no a ella, que ni siquiera tiene un hombre con el que follar para descargarse a gusto. Prepárate perrito lame pies, jajaja.

Acercó su cara a la mía, me escupió con rabia y asco varias veces, dejando sus babas colgando por mi cara, y se fue.

Sin perder un segundo me incorporé y me fui a cumplir mis órdenes. Pensé en limpiarme, pensé en no hacer lo que me había dicho, pero no me atreví.

Entre en mi habitación, mi novia seguía dormida, me metí entre las sábanas, aparté su pijama y me dispuse a comerle el coño. Las babas de mi Ama, sus flujos y... el semen de Fermando, recorrieron a mi novia. Ella se despertó muy contenta, aunque no comprendió que no quisiera follar, creo que interpretó esa comida como una disculpa por mi comportamiento anterior... Si tú supieras.

Me acosté, y mientras mi novia me abrazaba sonriente y me besaba el hombro, yo me sentía como la peor mierda del mundo, degustando una mezcla de sabores en mi boca que jamás había imaginado posible.

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Una secuela con muchos meses de retraso. Ya pensaba que jamás iba a tener un rato para sentarme y dejar las palabras volar.

Espero que disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo. Cualquier sugerencia será bienvenida! Espero seguir con la historia pronto y que no pasen otros 6 meses!


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