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TODORELATOS » GRANDES SERIES » HASTA EL QUINTO PINO Y MÁS ALLÁ. CAPÍTULO 14.
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Fecha: 06-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Hasta el Quinto Pino y Más Allá. Capítulo 14.

Alex Blame
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Capítulo 14. Otra vez por patas. Marco hace un úlitmo favor a la princesa Glee. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Capítulo 14: Otra vez por patas

—Tenéis dos minutos para coger lo que necesitéis —les dije a Aldara y al gobernador mientras volvía a atar y amordazar al soldado herido.

Cuando salieron de sus habitaciones, los cortadores láser estaban empezando a perforar las planchas de plástico reforzado de la puerta y podíamos escuchar las órdenes de los glee, apremiándonos para que les dejásemos pasar y nos rindiéramos. Ignorando las órdenes de los soldados, nos dirigimos hacía el balcón y Aldara se lanzó a la laguna inmediatamente, pero el kuan, al ver el agua,  se paró en seco.

—Lo siento, pero me temo que no sé nadar.

—No te preocupes, de eso me encargo yo —dije cogiendo al gobernador y obligándole a meterse en el agua.

Ignorando el gesto de repugnancia de Kremmark, tiré de su cuerpo sin dificultad mientras nadaba con la mano libre y le indicaba a Aldara que se dirigiera hacia la desembocadura de la laguna.

Dos minutos después, el gobernador estaba a gatas en la orilla escupiendo agua roja y dándome la idea de cómo sería un kuan enfermo de tuberculosis.

Aproveché ese momento de confusión para ordenar a Eudora que mandase la lanzadera hacia la costa y que me guiase hasta el punto de aterrizaje.

Tras el paso de los efectos de la adrenalina, el muslo comenzó a dolerme horrores. Afortunadamente la lanzadera no estaba lejos y en dos minutos estaba cómodamente colocado, con la pierna en alto, mientras Aldara conducía arroyo abajo, siguiendo mis instrucciones.

La lanzadera estaba esperando en la angosta playa que había generado la bajamar con los motores en marcha. En cuanto subimos, cogí los mandos y ascendí esperando que no estuviese todo el planeta buscándonos.

En cuanto entramos en la nave, activé los motores para generar la aceleración suficiente para moverme cómodamente y me dirigí directamente al módulo médico. La herida había comenzado a sangrar.

Me quité el mono y observé con atención el profundo surco que había producido el laser en mi cuádriceps. Sentándome en la camilla aproximé la sonda.

Aldara apareció y me quitó el aparato de las manos.

—Aun no te he dado las gracias por salvarme la vida. —dijo acercando la sonda a la herida y mirando las recomendaciones que aparecían en el monitor.

La miré a los ojos. En ellos había agradecimiento, pero también horror. Probablemente nunca había visto un despliegue de crueldad y violencia similar en su vida.

—Siento que hayas tenido que ver todo eso, pero no teníamos tiempo que perder. —dije intentando justificar lo injustificable.

Aldara desvió la mirada y se concentró en escanear la herida siguiendo las instrucciones del monitor. Cuando hubo terminado apretó un conmutador y el brazo robótico se encargó del resto.

El robot de curación podía ser de última generación, pero no era demasiado cuidadoso. Aquel pedazo de chatarra hurgaba en mi herida con eficacia, pero sin compasión. Cuando todo terminó me había quitado todo el tejido muerto y había puesto un parche sobre la herida con un cultivo que según Aldara repararía la lesión en menos de tres horas.

La glee limpió mi frente sudorosa con un paño limpio. Nuestras miradas se cruzaron de nuevo. Los analgésicos del parche comenzaban a hacer efecto y las punzadas de dolor se hicieron más soportables.

—Descansa, ya hablaremos luego. —susurró Aldara— Ahora tengo que comunicarme con el emperador para decirle que estamos a salvo y que continuamos con nuestra misión.

Yo asentí y cogí su mano entre las mías. La glee me las estrechó suavemente y de un suave tirón se separó y  salió de la estancia camino del módulo de mando.

Mientras la medicación surtía efecto y notaba como el sopor me vencía, mis pensamientos volvían obsesivamente una y otra vez a aquella escena de horror. Jamás pensé que sería capaz de hacer las cosas que le había hecho a aquella gente. Herir y torturar a sabiendas. ¿Desde cuándo tenía toda aquella maldad dentro? Sabía que había reaccionado ante una situación de peligro mortal, tanto para mí como para mis amigos, pero una vez pasado el subidón de la adrenalina sentía que aquel día había abierto una puerta que me iba a ser muy difícil cerrar.

Cuando salí de la tierra e inicié mi viaje a las estrellas, imaginaba un viaje de conocimiento e iluminación, en cambio, lo que había encontrado era la misma avaricia, la misma miseria y la misma violencia de la que huí al salir de La tierra, con el añadido de que ahora yo era quién la ejercía.  

Desde  mi más tierna infancia había sido el objeto de las burlas y vejaciones por parte de gente mezquina y violenta y desde el primer día me juré que nunca sería como ellos, que jamás usaría la fuerza y resulta que en un día había matado a siete personas y torturado a una más y eso sin tener en cuenta las que habían muerto en las naves que había destruido anteriormente. No tenía palabas para describir como me sentía, lo único que sabía era que había comenzado un viaje sin retorno.

Desperté con un ligero dolor de cabeza. Me senté en la camilla y me quité el parche. Donde hacía solo unas horas había una fea quemadura haciendo un profundo surco en mi muslo, ahora había piel sana en la que incluso habían nacido unos cuantos pelos. Más de uno en La Tierra hubiese dado cualquier cosa por tener un aparato como aquel.

Me quedé en pie e hice un par de sentadillas, no había ni tirones, ni dolor, ni siquiera una ligera incomodidad.

Tiré el parche a la basura y me dirigí al módulo de mando donde me esperaban mis pasajeros cómodamente sentados. Me acerqué a los mandos y  pedí a Eudora que hiciese los cálculos para un nuevo salto a Pantor mientras le preguntaba a Aldara que tal había ido la conversación con el Emperador.

Al parecer se había cabreado más que una mona al enterarse de las maniobras de su hermano el almirante y le había convocado para echarle una bronca. El Emperador había conseguido un compromiso por parte del almirante  Rinch de que no haría ningún movimiento en contra nuestro, pero tanto Aldara como su padre creían que tampoco haría nada por favorecer la misión diplomática.

En cuanto a mí, dijo que si volvía a pisar su planeta me detendría y me despellejaría. No le molestaba que me hubiese defendido, pero no le gustaba nada la manera en que lo había hecho. Si lo hubiese tenido delante le hubiese dicho a aquel pescado pomposo que cinco contra uno tampoco parecía que fuese una lucha demasiado caballerosa. De todas formas, al ver la cara de Aldara decidí no hacer ningún comentario.

Probablemente a Saget mi forma de tratar a los enemigos no le hubiese escandalizado demasiado, pero estaba ante gente que no había presenciado una sola escena de violencia en su vida. Aldara sobre todo, había sido criada en un ambiente protegido y  estaba todavía en estado de shock.

Poco después de que entrásemos en el agujero de gusano, Kremmak se retiró al módulo de descanso y nos quedamos solos.

—No te lo creerás, pero no soy una persona violenta. Solo he hecho lo que creía necesario para mantenernos con vida. De hecho estoy tan asustado como tú de lo que he hecho.  —dije yo sin apartar mi mirada de la consola.

—Para no serlo te despachaste a gusto.

—Esos tipos querían matarme, eran cuatro y estaban armados hasta los dientes. No sé si tenían órdenes de acabar contigo, pero lo que estaba claro es que si les hubiese dejado, ni Kremmark ni yo estaríamos aquí ahora mismo. Solo me defendí y averigüé lo necesario para poder salir vivo de tu planeta.

—Lo sé, pero cada vez que cierro los ojos no puedo evitar ver aquel pobre glee con esas espantosas heridas, luchando por respirar. Fue horrible... —dijo Aldara con voz temblorosa.

Gire mi cabeza y la miré. tenía el rostro entre las manos y gemía suavemente. Mi primer impulso fue acercarme a ella y abrazarla, pero vacilé y finalmente no me atreví. Me quedé allí simplemente sentado, mirándola impotente. Sabía que algo se había roto entre nosotros y nada volvería a ser como antes.

En fin, tampoco sabía muy bien que esperar de aquella relación, así que casi era mejor que se acabase antes de que se volviese demasiado seria. Lo que realmente quería era seguir yendo a mi aire. Dejaría a aquellos dos en Pantor y me largaría de aquella parte de la galaxia.

Cuando salimos del agujero no tardamos en comprobar que el sistema Opaart seguía siendo el mismo avispero. Las dos flotas se apretaban en torno a Pantor hasta el punto de que casi no había espacio entre las naves. Ahora además había al menos tres o cuatro portanaves con lo que  había al menos ochenta cazas pululando entre ellas. Me recordaba un poco al bloqueo de cuba en los años sesenta, con dos flotas vigilándose estrechamente en torno a una colonia que luchaba por ser independiente, en ese momento entendí como se sintieron los cubanos en ese momento.

Me acerqué más despacio que de costumbre. Las grandes naves no me preocupaban, pero los cazas zumbando entre ellas y evolucionando caprichosamente podían pasar los suficientemente cerca como para verme.

Aunque no me fiaba demasiado de la armada glee, en teoría habían recibido la orden del emperador de no interferir así que me preocupé más por eludir a los de la Federación. Tras esperar casi seis horas, la mayoría de aquellas pequeñas naves se dirigieron a las nodrizas para reabastecerse y aproveché para colarme.

Kremmark estaba nervioso, pero para mí, aquello empezaba a convertirse en una rutina. Dejé que los glee me detectaran, pero no nos hicieron nada. Por fin pude aterrizar en aquel planeta con suavidad. Una delegación nos observó aterrizar y recibió al gobernador que volvía a ser director de nuevo. Antes de retirarse con su consejo a debatir el tratado, Kremark se aseguró de llenarme de nuevo las bodegas de  preciosos metales.

El director y sus consejeros se alejaron. Aldara iba a seguirles cuando se dio la vuelta y se acercó un instante.

—¿Te vas?

—Yo ya he cumplido y me habéis pagado bien por ello. —respondí mirando aquella figura esbelta y aquellos tres ojos por última vez.

—Te voy a echar de menos. —dijo ella.

—Quizás o quizás no. De todas maneras ¿Qué íbamos a hacer nosotros dos juntos?

—No hacemos tan mala pareja. Un contrabandista y una espía.

—¿Quién acabaría vendiendo a quién? —pregunté yo con una sonrisa irónica.

Ella sonrió y se acercó a mí. Yo instintivamente di un paso atrás  para aprovechar uno de los peldaños de acceso al muelle de carga y poniéndome a su altura tiré de ella.

Nuestros ojos se pusieron a la misma altura. Acaricié su piel que pareció reflejar con más intensidad los mortecinos rayos de aquel sol y deslizando mis manos por su espalda la abracé.

Aldara se sorprendió ya que los glee nunca se abrazaban, pero dejó que acariciase por última vez la excitante cabellera de su espalda antes de devolverme el abrazo.

—Lo siento, pero tengo que irme.—dijo ella parpadeando furiosamente con aquellos tres deliciosos ojos— Buena suerte, Marco. Cuídate. Quizás nos veamos algún día.

—Quizás. —repliqué yo observando alejarse aquella figura sinuosa y líquida en pos del grupo de consejeros.

Ya no tenía nada que hacer allí, así que después de asegurarme que estuviese la carga bien estibada, despegué. Ahora iba solo, no tenía por qué preocuparme de espachurrar a nadie así que me senté cómodamente y aceleré hasta las siete gravedades. Los glee no hicieron caso, pero las naves de la Federación intentaron seguirme. Mientras sus naves intentaban acercarse la nave insignia, un poderoso acorazado radio un mensaje en mi dirección:

—A la nave Eudora  que está saliendo en este momento del planeta.  Pantor está bajo bloqueo por haber incumplido tratados vigentes y tenemos razones para creer que en ella trata de escapar el delincuente interestelar que se hace llamar Marco Pozo. Si se rinden y entregan al rebelde, la Federación garantizará la seguridad del resto de la tripulación.

Estuve a punto de mandarles a la mierda, pero al final opté por ignorarles y acelerar un poco más hasta los nueve ges mientras me dirigía hacia una de las lunas del planeta.

Las naves eran demasiado lentas para enfilarme con sus armas, pero los cazas se lanzaron en mi persecución desde todos los ángulos. Era evidente que los pilotos no eran kuan ya que la aceleración de los cazas era casi tan fuerte como la mía, pero cuando reaccionaron yo ya había cogido suficiente velocidad para esquivarlos a casi todos.

Solo dos que partían de zonas cercanas a mi trayectoria de escape consiguieron enfilarme con su cañones, pero el escudo rechazó fácilmente los pocos tiros que acertaron en mi nave.

La luna más grande de Pantor era apenas un cascote oblongo que giraba en torno al planeta en una órbita casi circular, pero era lo suficientemente grande para ocultarme de la vista de mis perseguidores. En cuanto pase tras ella apagué los motores gravitatorios desviándome de la trayectoria de mis perseguidores con ayuda de las velas solares.

Los cazas pasaron de largo mientras yo me alejaba de su trayectoria con una sonrisa, camino de un punto adecuado para crear un agujero de gusano y esfumarme.

Estaba a punto de dar el salto cuando me dio por preguntarme cómo  demonios la Federación había averiguado tanto sobre mí.

Me daba la impresión de que aquella sabandija de Saget había vendido algo más que contrabando últimamente. Cuánto más lo pensaba más lógico me parecía y con más facilidad encajaban las piezas. Una estación en el culo de la Galaxia, un montón de contrabando del que la Federación hace la vista gorda. Saget era agente de los kuan. Ahora entendía cómo se las había arreglado Leoola para colarse en el cargamento, seguro que él la envió conmigo para averiguar todo lo que pudiese de mí. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Y yo que iba a correr ahora a su regazo para venderle el cargamento. Ese cabrón me las iba a pagar.

No, aquella información era muy valiosa. Tenía que haber un modo de aprovecharla.

Cerré el agujero y me alejé. Seguramente las patrullas de la Federación no tardarían en aparecer.

No sabía muy bien qué hacer, necesitaba tiempo para meditarlo. Como estaba seguro de que todos pensaban que me había largado, me quedé tranquilamente, a unos cientos de kilómetros de las flotas de bloqueo, observando. Quizás ellos resolviesen mi dilema.

Durante dos días esperé sin que pareciese que nada iba a variar en el status quo que se había instaurado. Las flotas seguían observándose de cerca y los cazas no paraban de evolucionar en la tierra de nadie buscándose entre ellos y amagando con disparar, contribuyendo a agudizar la guerra de nervios.

Estaba convencido de que iban a acabar a hostias cuando intercepté una comunicación de la flota glee al planeta. El almirante Rinch no pudo oponerse al acuerdo, pero no pensaba arriesgar su flota por defenderlo y así se lo estaba comunicando a los habitantes de Pantor.

Poco a poco todas las naves de la flota glee fueron desfilando una por una por el pasillo que la Federación les habilitó amablemente. Desde mi posición los vi pasar y tuve contenerme para no reducir toda aquella colección de vistosos aparatos a astillas. Echando chispas desplegué las velas solares y me acerqué un poco más para poder interceptar las comunicaciones entre las naves de la Federación.

Poco a poco la flota fue acercándose al planeta y finalmente se colocó en el mismo lugar donde habían estado antes los glee. Lo primero que intercepté fue un mensaje a Pantor en el que les ordenaba que renunciasen al nuevo acuerdo si no querían que la Federación tomase el planeta por la fuerza.

Los habían dejado de nuevo con el culo al aire. La diferencia era que los kuan no estaban dispuestos a contemporizar. Querían volver a tener el control del planeta antes de que el Emperador obligase a Rinch a volver a traer la flota. La respuesta de Pantor fue más valiente de lo que esperaba, el gobernador Kremmark les contestó que el sistema Opaart se había declarado neutral en el conflicto y como estado independiente estaba dispuesto a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con la Federación en pie de igualdad.

Era evidente que querían establecer un canal de comunicación para intentar una salida negociada o por lo menos ganar tiempo, contando con que la Federación no se atrevería a hacer algo que los Glee considerasen un acto de guerra.

Afortunadamente para Pantor la flota de la Federación no tenía tropas de invasión en ese momento, aunque probablemente estarían de camino...   

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Un saludo y espero que disfrutéis de ella


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