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Fecha: 07-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Sadomaso

El Penal de los Lamentos (08)

sifaxnumida
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Rebeca es testigo de la brutal sesión de tortura de Yulia a manos de Sánchez. Entre tanto el alcaide descubre gracias al juez quiénes son las dos gringas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Rebeca fue conducida hacia las cámaras de tortura del penal por el señor alcaide en persona. La muchacha cruzó el patio de la prisión a paso rápido siguiendo sumisamente a R.E. que la arrastraba gracias a un dogal. En ese momento iba completamente desnuda menos un arnés de cintas de cuero y la asfixiante capucha de cuero con hocico y orejas de cerdo con la que el alcaide pretendía hacerla pasar de incógnito.

- ¿A dónde lleva a la cerda señor alcaide?, ja, ja, ja, se burlaron unos guardias.

- ¿Dónde créeis vosotros?

- A la pocilga no desde luego.

- Mirad qué culito de niña, más que cerda parece una  lechoncita

Rebeca escuchaba todas esas obscenidades avergonzada y excitada a la vez pues sentía los ojos de todos esos guardias fijos en su cuerpo desnudo. Ahora se sentía como una esclava de verdad y sentía que le gustaba.

Tras cruzar el patio tardaron poco en llegar al pasillo donde se alineaban las cámaras de tortura y les recibió uno de los verdugos.

- Buenas tardes señor alcaide, dijo haciendo ademán de coger a Rebeca por el brazo. Ahora están ocupadas todas las cámaras pero la meteré en una de las jaulas.

- No, no es necesario, ¿en qué camara se encuentra Sánchez?

- En la n. 12., lleva una hora  divirtiéndose con esa gringa rubia que han traído hoy mismo.

Rebeca recorrió impresionada el pasillo donde se alineaban unas treinta mujeres que esperaban su turno para la tortura metidas en aquellas jaulas. Allí olía a una mezcla de sudor, orines y sexo de hembra y se les oía gemir a todas esas muchachas. De vez en cuando algún verdugo aburrido les daba de beber, les acariciaba y masturbaba o por el contrario les repartía latigazos o toques de picana.

- Observa, muchacha, si te condenan en esta prisión pasarás horas en este pasillo como ellas. Ahora vas a ver lo que les espera.

El alcaide mostró a Rebeca las torturas que se les estaba administrando en ese momento  a varias presas en las diferentes cámaras, pero no se entretuvo demasiado y rápidamente  la llevó  a la cámara número 12. Antes de llamar el alcaide miró por el ventanuco y vio a Yulia atada a una cruz de San Andrés. Junto a ella se encontraba el gigantón de Sánchez completamente desnudo esgrimiendo un látigo de una sola cola y con  la polla tiesa.

En ese momento la bella  Yulia estaba sólidamente atada de brazos y piernas y llevaba ya cerca de una hora recibiendo tormento por parte del cruel verdugo. Ya habíamos dicho que estas cámaras eran ocupadas normalmente por períodos de cuatro o cinco horas, pero eso no regía para el jefe de los verdugos que en realidad planeaba dedicar sus sádicas atenciones  a Yulia durante toda la noche.

El primer suplicio que había sufrido la gringa masoquista consistió en una larga flagelación por la parte de delante con un single tail. Tras casi una hora de azotes el blanquecino cuerpo de la rubia estaba  cosido a latigazos largos y delgados desde las rodillas hasta los hombros. Yulia respiraba agitadamente, agotada de encajar tantos latigazos y venga a destilar babas por el gagball.

El alcaide tocó a la puerta y Sánchez al ver que era él le dejó entrar junto con Rebeca.

Una vez cerrada la puerta el alcaide le quitó a Rebeca el capuchón y el arnés. Acto seguido la hizo meterse en una jaula antropomorfa que se ajustaba perfectamente a su anatomía de manera que los hierros le presionaban las nalgas y pechos. Por supuesto el alcaide le explicó a Sánchez las circunstancias especiales de Rebeca  y advirtió al verdugo que no podía tocarla en ninguno de los sentidos, lo cual por cierto contrarió bastante al gigantón.

Una vez salió el alcaide de la cámara de tortura, Sánchez volvio a cerrar por dentro y siguió  con Yulia donde lo habia dejado, pero ahora con espectadora incorporada.

Aprovechando la interrupción el fornido verdugo hizo el amor con su esclava otra vez delante de la pequeña Rebeca. Increiblemente Yulia tuvo un orgasmo durante su penetración. Una vez descargado dentro de la vagina de su prisionera y con el pene aún enhiesto y goteando, Sánchez se fue a una estantería y eligió una prensa de pechos formada por barras de metal plateado.

- Eh tú, la nueva, vas a ver lo que le hago a ésta en las tetas. Va a desear que nunca le hubieran salido.

Con mucho  cuidado encajó los senos de su víctima dentro de la prensa y gracias a dos pernos de los laterales y uno en el centro del instrumento, fue apretando las dos barras entre sí hasta el extremo.

- MMMMMMMHHH

Los pechos de Yulia quedaron aplastados horizontalmente por su base y deformados como si fueran dos hamburguesas  que en unos momentos fueron adquiriendo un tono entre azul y morado.  

Rebeca vio maravillada como los pezones de Yulia se hinchaban y aún se hincharon más cuando Sánchez los lamió repetidamente y succionó de ellos como si fuera a sacar leche. El experimentado verdugo actuaba con su víctima despacio  y sin prisas, totalmente insensible a sus lloros y ruegos. Tras lamerle bien los pezones y dejarlos duros se fue hasta la mesa y con toda tranquilidad eligió unas tenazas.

- Mira, le dijo acercándose a Rebeca, ¿habías visto usar alguna vez unas de éstas?

Sonriendo sádicamente le acarició sus propios pezones con el filo de  las tenazas para que pudiera sentir su tacto y tras excitarselos y lamérselos un par de veces con la lengua se fue de la misma hasta donde estaba Yulia. A esta  también le  acarició la punta de los pechos y las aureolas con el frío metal y luego le puso las tenazas cerca de la cara para que pudiera oir el seco CLAC CLAC de las tenazas al cerrarse de golpe.

- Y ahora unos pellizcos, preciosa.

Yulia miró el instrumento con los ojos muy abiertos. El ritmo de su respiración se aceleró pues  sabía que nada podía librarle de ese dolor.

- ¿Por cuál quieres que empiece rubia?, ¿por el derecho o por el izquierdo?

Yulia no contestó, cerró los ojos y dejó que el tormento siguiera.

- Está bien elegiré yo y entonces Sánchez se puso estirarle y retorcerle los pezones alternativamente. Lo hizo de forma bastante brutal de manera que la mujer empezó a gritar y retorcerse de dolor. Sin embargo Sánchez, sin ninguna piedad por sus tremendos alaridos,  siguió retorciéndolos un buen rato.

Se diría que al verdugo le gustaba tener público pues mientras martirizaba a Yulia en lugar de colocarse delante se ponía a un lado de la cruz para dejar que Rebeca lo viera todo.

La joven Rebeca estaba sobreexcitada, el tormento de Yulia le recordaba demasiado al martirio de Santa Eulalia y rabiaba por masturbarse pero con las manos atadas a la espalda era imposible.

Tras un buen rato de intenso dolor, Yulia yacía con la cabeza sobre el pecho sin fuerzas para seguir, momento que aprovechó el verdugo para preparar el siguiente tormento. Este consistió en colocar una chapa de metal sobre un brasero que había encendido previsoramente una hora antes y sobre el que ya crepitaban brasas incandescentes.

Sobre la plancha del brasero colocó radialmente veinte agujas finas de unos quince centímetros de largas muy puntiagudas y con mango de madera para no quemarse los dedos. El sádico verdugo imaginó que todo estaría preparado en menos de diez minutos pero antes reanimó a Yulia con un frasco de sales y le agarró del cabello para obligarle a levantar la cabeza y que viera los preparativos del nuevo suplicio.

- Vamos preciosa, lo de antes sólo han sido caricias, ahora viene lo bueno. ¿Ves esas agujas?, pues te voy a atravesar las tetas con ellas.

Eso fue demasiado para la masoquista Yulia y por primera vez empezó a llorar y suplicar que no le hiciera pasar por esa prueba. Como siempre al sádico de Sánchez le sonaron a musica celestial las inútiles súplicas de su esclava y antes de empezar le explicó cruelmente que aunque hubiera veinte agujas en el brasero eso no significaba nada pues una vez clavadas todas ellas podía volver a desclavarlas y clavarlas otra vez.

- Es inútil que te desmayes pues para eso tengo este frasco de sales. ¿Estás preparada? Le dijo calzándose unos guantes y cogiendo la primera aguja.

Rebeca fue testigo del cruel y larguísimo tormento de los pechos de Yulia que se prolongó durante dos horas.

La primera aguja se la clavó el bárbaro verdugo en la aureola del pezón derecho de arriba hacia abajo en una perfecta vertical. Sin hacer ningún caso de los gritos histéricos de Yulia le pinchó y se lo fue introduciendo  lo más despacio que pudo hasta que la punta asomó por debajo. Rebeca sudaba y aguantaba la respiración oyendo los alaridos de la pobre Yulia a medida que ese animal  le perforaba la punta del pecho de parte a parte.

Todo el cuerpo de la rubia temblaba mientras ella intentaba desatarse con desesperación de la cruz y no paró de gritar hasta que la aguja le traspasó el seno de parte a parte. Luego se miró el pecho con la aguja clavada y volvió a llorar. El llanto se trocó en una súplica desesperada cada vez más aguda e histérica cuando Sánchez cogió la segunda aguja al rojo vivo y se la fue clavando en el pecho izquierdo simétrica al derecho.

-MMMMMHHHH

Yulia dirigió el rostro hacia el techo gritando como una loca mientras las babas y las lágrimas le mojaban todo el frontal del cuerpo que temblaba sin control.

Tras las dos agujas verticales Sánchez siguió con el tormento sólo por el placer de hacerlo y sin inmutarse lo más mínimo. En los siguientes minutos  le clavó una aguja horizontal en cada pecho formando dos cruces con las verticales. Luego un poco más atrás le clavó otras dos agujas en forma de aspa. Estas tuvieron que recorrer más trozo de carne hasta que atravesaron todo el pecho. En medio de ese despiadado sufrimiento Yulia deseaba ardientemente que su verdugo tuviera pena de ella y esa aguja fuera la última pero el tío no paraba.

A la octava aguja y después de gritar y suplicar, Yulia perdió finalmente el sentido y su cabeza cayó hacia delante. Sin embargo, el verdugo no tardó en despertarla con las sales como le había prometido.

- Ya te dije que no te ibas a librar.

Ya despierta, Sánchez le siguió  clavando las agujas al rojo todo lo despacio que podía a diferentes distancias de la punta de los pechos y haciendo caprichosos dibujos. Nuevamente lo hizo sin inmutarse ni mostrar la más mínima sombra de piedad de los gritos y súplicas de la gringa aunque de cuando en cuando se entretenía en acariciarla y lamerle por todo el cuerpo.   

Llevaba ya quince agujas clavadas cuando el verdugo había recuperado su erección y se volvió a follar a Yulia prosiguiendo posteriormente con el tormento.

En un momento dado, cuando los senos de la mujer parecían dos cactus con diez agujas clavadas en cada uno, Sánchez cambió las largas agujas por dos alfileres de tres centímetros de largo que también calentó al rojo en una vela y en lugar de atravesarle las tetas se los clavó en la punta de los pezones con la punta dirigida hacia dentro. En este caso el mango de los alfileres estaba decorado de colores muy vistosos y el verdugo juzgó que adornarían apropiadamente los pechos de su esclava.

Cuando le clavó el primero en la punta y fue presionando, Rebeca vio que Yulia ponía los ojos en blanco y mientras temblaba espasmódicamente una cortina de orina se deslizó entre sus muslos. Seguramente, cuando le clavó la segunda, Yulia ya había perdido el conocimiento otra vez.

Rebeca temió que la joven gringa hubiera muerto pero no era así, al final de ese tormento bestial la bella Yulia yacía con la cabeza caída hacia en hombro derecho, los ojos cerrados  y expresión serena. A pesar de todo, el cuerpo desnudo de la chica seguía siendo muy bello colgando de las muñecas en un escultural contraposto y adornado ahora con todas esas agujas que atravesaban  sus azuladas tetas de parte a parte.

Al desmayarse tantas veces, Sánchez juzgó que ya no podría seguir con ella por el momento, así que se volvió a Rebeca y se maravilló de que la jovencita tuviera sus propios senos erizados y los pezones hinchados y arrugados como pasas.

La sobrina del juez estaba ciertamente excitada con el corazón desbocado. Ella también babeaba incontroladamente y cuando el verdugo se acercó pensó que iba a empezar a torturarla a ella. Sin embargo se limitó a acariciarla.

- ¿Te gustaría que te hicieran eso a ti?  dijo hurgando con el dedo en la raja de la chica y ella contestó que no con la cabeza.

- No importa, si quieres o no, sólo quiero que sepas que si al final te ingresan en esta prisión, en cuanto el alcaide me de permiso, yo mismo te ataré a una cruz como esa y me encargaré de hacertelo.

Rebeca empezó a imaginarse lo que le prometía el verdugo mientras la masturbaba y le chupaba las tetas y no tardó ni un minuto en correrse de placer…..  

………………………..

Al tiempo que esta escena ocurría en la intimidad de la camara de tortura n. 12, el alcaide consideró que ya era hora de que su querida Alina visitara la mazmorra de la inquisición y disfrutara también de sus crueles “placeres”, sin embargo, antes quería saber a qué atenerse con la gringa morena y sacó su móvil para llamar al juez.

-Ah alcaide, ¿es usted?

- Sí

- Ante todo ¿qué tal está mi sobrina?

- Oh, muy bien, la acabo de dejar en uno de los dormitorios para que duerma en una cama, mintió descaradamente. Creo que la visita por la prisión la está dejando tan impresionada que no me extrañaría  que abandone pronto sus fantasías masoquistas.

- Qué alegría me da usted, ojalá no se equivoque..

- No obstante aún no se puede cantar victoria, déjela aquí toda esta semana,…. quizá incluso serían necesarias dos semanas para asegurarnos de que no vuelve a las andadas.

- Lo que usted diga.

- Por cierto, ¿ha averiguado algo de las gringas?

- Sí, de hecho iba a llamarle, ahora mismo. Hemos averiguado dónde estaban hospedadas y la policía ha registrado su habitación y sus cosas. Yo por mi parte he hecho mis propias pesquisas y he averiguado que usted tenía razón, no son meras turistas sexuales.

- ¿No?

- No y agárrese que ahora viene lo bueno,….. son periodistas.

- ¿Periodistas?....... así que periodistas, no sé por qué me imaginaba algo así.

- Sí y al parecer han entrado a su prisión con un falso pretexto para  investigar y descubrir quiénes son sus clientes,…… para denunciarles o para extorsionarles,…… eso no lo sé.

- Vaya, vaya, así que era eso. ¡Perras!

- La tal Alina es la jefa y no es la primera vez que usa ese truco. El año pasado desenmascaró y consiguió desarticular una red de trata de blancas. Para ello ella y su amiga se infiltraron como esclavas sexuales. Las dos frecuentan en su país clubes de bondage y están bien entrenadas para estas cosas,….. no les fue difícil hacerse pasar por esclavas o prostitutas.

- Yo diría que son masoquistas de verdad, especialmente la rubia.

- Seguramente, amigo mío, todo esto me preocupa mucho, pues como cliente del penal yo también estoy implicado y me vería muy perjudicado. Si estas dos se deciden a hablar y publicar lo que saben nos veríamos en un grave aprieto. ¡Hay que hacer algo!

- Sí, además me dicen que han podido ver por accidente la subasta de esclavas así que seguramente han tenido oportunidad de ver la cara de muchos de los principales clientes y no me extrañaría que les hubieran reconocido.

- Este es un mal asunto y puede ser muy peligroso para nosotros. Primero lo de mi sobrina y ahora esto….

- El caso señor juez es que sólo las puedo retener 24 horas pues en realidad fingen ser prisioneras,….. a menos que…

- A menos que se conviertan en presas de verdad.

- Me ha leído el pensamiento señor juez. ¿No podríamos encontrarles algo para condenarlas a prisión durante una buena temporada?.

- Pues sí, no es mala idea, se les puede acusar de practicar la prostitución o también podríamos introducir una gran cantidad de droga entre sus cosas y fingir un registro, …..recuerde que no es la primera vez que lo hacemos para conseguir esclavas.

- Sí, es posible, pero no creo que sea suficiente. En un caso de prostitución o drogas la condena no sería muy larga y cuando la cumplieran saldrían de la prisión y podrían contar lo que han visto.  No, no, eso no es suficiente…..necesitamos que sean condenadas a cinco años de prisión o más, ¿no se les puede acusar de algo más grave?

- Déjeme pensar….el delito de estorsión a cargos públicos es mucho más grave y conlleva penas de cinco años,…….. pero ya puestos en faena se les puede acusar de espionaje, conspiración o terrorismo. Eso puede suponer cadena perpetua o incluso…la pena de muerte.

Al alcaide se le abrieron los ojos como platos.

- ¿Qué me dice usted? ¿La pena de muerte?

- Sí, ¿Por qué no?

- Eso sería muy conveniente, señor juez, pero tenía entendido que la pena de muerte no existe en nuestro país desde hace muchos años.

- Eso no es exacto, alcaide, lo que ocurre es que según nuestras leyes esa pena no se puede aplicar en la práctica y siempre se conmuta por prisión perpetua.

- Pues eso  habría que reformarlo, para casos como éste habría que restaurar la pena de muerte pero la de verdad.

- En eso estamos amigo, pero las cosas de palacio….

- Sí y además deberían permitir que realizáramos las ejecuciones aquí mismo, en el penal.

- Sí, ja, ja, conociéndole ya me imagino qué tipo de penas de muerte aplicaría a sus esclavas si pudiera,……… nada rápido ni piadoso, supongo.

- Por supuesto que no, ya conoce mis aficiones por los procedimientos de ejecución medievales, eran crueles pero efectivos y si se volvieran a poner en  práctica se reduciría mucho la delincuencia, no le quepa duda. Además podríamos beneficiarnos si cobramos entrada, sepa usted que muchos de esos métodos de ajusticiamiento se entendían como un entretenimiento.

- Ya imagino  las cantidades fabulosas que cierta gente pagaría por contemplar  ese tipo de espectáculos pero por el momento limítese a soñar. De todos modos y hablando en serio, sepa que si se les condena a la última pena y al final se conmuta por perpetua el juez exigirá una “compensación”

- ¿Cómo una compensación?

- Sí, un endurecimiento de las condiciones de la condena, en sustitución de la ejecución en sí habría que aplicarles castigos y torturas frecuentes a las condenadas, digamos una vez  al mes o a la semana…. preferiblemente en público.

El alcaide ya se lo estaba imaginando.

- No siga que me está poniendo los dientes largos, señor juez. 

- Sabía que eso le iba a gustar, quizá pueda recrear sobre esas dos esos suplicios medievales de los que habla.

- Sí y no solo una vez, me estoy relamiendo sólo de pensarlo.

- Señor alcaide creo firmemente que habría que conseguir la pena de muerte para las dos gringas, así que yo mismo actuaré de juez.  Pero sepa que  para demostrar su culpabilidad necesitaremos que confiesen todos sus delitos, y que lo hagan las dos, no vale sólo con una. ¿Cree usted que sus verdugos podrán hacer confesar lo que sea a esas dos entrometidas?.

- ¿Lo duda usted?, sin embargo necesitaría un permiso especial del juzgado para poder efectuar el interrogatorio sin ningún límite.

- Cuente con ello, tiene carta blanca para hacerles lo que quiera…..

- Empezaremos inmediatamente

- Mire ahora tengo curiosidad, ya le he dicho que están acostumbradas a soportar bien el dolor  ¿qué métodos de tortura piensa emplear con ellas?

- Los usuales, ahora mismo pensaba llevarme a la morena a mi cámara de tortura medieval y allí hacerle cosquillas toda la noche.

- Uhhmmm, ¡qué suerte tiene usted, cómo me gustaría estar en su lugar!.... el caso señor alcaide es que he visto fotos de ellas desnudas y a mí también me gustaría asistir a su tortura e incluso participar en ella si no le importa, ¿podría posponerlo unas horas? mañana le llevaría el permiso del juzgado a primera hora.

- Ja, ja, no le reprocho que quiera verlo todo en directo pues sé que es tan sádico como yo. Bien, entonces  le espero mañana por la mañana, no hay problema.

Muy satisfecho por la conversación el alcaide apagó el móvil  y se fue al cepo donde tenían a Alina. En ese momento aún se la estaban follando cuatro guardianes y la chica tenía toda la cara goteando semen.

- Bueno, zorra, ya has disfrutado bastante, pero a partir de ahora lamentarás haber metido las narices en esta prisión. Antes de soltarla dadle un manguerazo a esta guarra que huele a semen que echa para atrás.

Así lo hicieron y por fin la soltaron del cepo pero de la misma le esposaron otra vez las manos, esta vez por delante.

Alina ya estaba enseñada así que aunque estaba chorreando agua adoptó la postura de sumisión para hablar.

- ¿Qué va a hacer conmigo ahora señor alcaide? Dijo mirando sumisamente al suelo

- Te voy a enseñar  mi colección como te prometí, le dijo poniéndole  un dogal al cuello y  sin decir más se la llevó así chorreando agua a su museo.

La cámara de tortura medieval de R. E. había sido instalada en el antiguo arsenal del castillo. El arsenal había sido excavado por los colonizadores españoles en la roca natural bajo  tierra como medida de seguridad contra incendios y balas perdidas. Constaba de una ancha sala abovedada sostenida por gruesos pilares de piedra. Para acceder a él había que bajar varios niveles y más de 50 escalones. Además por motivos de seguridad  había que salvar dos gruesas puertas de madera cuyas llaves sólo las tenía Matías, el carcelero.

Este discreto lugar era ideal para las depravadas diversiones del alcaide, pues la cámara de tortura que había instalado allí era grande y espaciosa. Allí cabían un sinfin de cachivaches y muebles para atar y atormentar a las víctimas según los usos de los tribunales medievales. Además en el largo pasillo de acceso se habían dispuesto varias mazmorras donde podía encerrar indefinidamente  a aquellas prisioneras a las que quisiera interrogar, castigar   o simplemente con las que deseara divertirse durante días y días.

Desde el momento en que bajaban allí, estas prisioneras entraban en un régimen especial de aislamiento de duración nunca inferior a una semana ni superior a 40 días. La condena máxima de 40 días era conocida popularmente en la prisión como “la vigilia” y se consideraba el castigo más duro y cruel que se podía aplicar a una reclusa.

Precisamente, mientras la conducía allí, el alcaide tenía intención de encerrar a Alina en una de esas mazmorras hasta que confesara todos sus crímenes y es posible que para eso necesitara varios días o semanas de interrogatorios. Por supuesto, a esas alturas el alcaide no tenía ninguna intención de soltar a las dos gringas  a las 24 horas como les había prometido, pero le daba morbo que ellas pensaran que iba a ser así por lo que no les dijo nada.

La entrada desde el nivel superior a la cámara de tortura medieval estaba anunciada por un tétrico cartel: ACCESO A LAS MAZMORRAS. PROHIBIDO EL PASO. Y en letra pequeña aclaraba que las prisioneras destinadas  a los interrogatorios debían entrar completamente desnudas y conveniente maniatadas para facilitar el trabajo a los verdugos y al carcelero.

Alina vio el cartel lo que provocó que todo el vello de su cuerpo se pusiera de punta.

- ¡Matías!, ¡Matías!, el alcaide llamó golpeando a una puerta de madera al parecer bastante sólida. Nadie contestaba desde dentro así que el alcaide tuvo que insistir varias veces. El tal Matías aún tardó un rato en acudir, de repente se abrió una mirilla y alguien habló desde el otro lado.

- ¿Quién?

- Matías, abre, soy yo, te traigo una nueva invitada.

De repente empezaron a sonar ruidos de llaves y cerrojos corriéndose  y finalmente se abrió la pesada puerta con un ruido quejunbroso de goznes oxidados.

Para sorpresa de Alina el que les abrió era un enano jorobado, tuerto y contrahecho que parecía salido del mismo infierno.

- Buenas noches, señor alcaide ¿qué se le ofrece?

- Si mal no recuerdo en este momento no tienes ninguna interna ahí abajo, ¿me equivoco?.

- No, señor alcaide, estoy sólo y aburrido.

- Entonces te gustará lo que te traigo, dijo palmeando el tierno culo de Alina. Tenía intención de enseñar el museo a la nueva reclusa pero ha sido una día muy largo y estoy francamente cansado. Por esta noche te la confío a ti, muéstrale el museo y preparala para mañana a la mañana en que bajaremos a interrogarla.

El carcelero miró a Alina con mal disimulado deseo mientras un hilo de baba se escapaba de su boca desdentada.

- Sí señor alcaide. Supongo que con las condiciones de siempre.

- Por supuesto, Matías,….. esta vez no te puedes quejar, dijo insistiendo en acariciarle el trasero y las caderas.

- No señor, ¡menudo ejemplar!, dijo el enano admirando el cuerpo desnudo de Alina

Esta intentaba taparse con los brazos de las miradas de ese ser repulsivo mientras un escalofrío de grima recorría todo su cuerpo.

- Ten Matías, le dijo ofreciéndole el dogal…. Esta noche es tuya.

- Ven conmigo preciosa, lo pasaremos bien, muchas gracias alcaide.

- De nada Matías, que la disfrutes.

Matías la cogió del dogal y la arrastró hacia el interior. Antes de que Alina pudiera reaccionar ya estaba en las garras del carcelero que cerró la puerta por dentro quedándose a solas con su prisionera….

(continuará)


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