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TODORELATOS » AMOR FILIAL » LAS AVENTURAS CONTINÚAN -HERMANO&HERMANA- PARTE 5.
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Fecha: 09-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Las aventuras continúan -Hermano&Hermana- Parte 5.

Marissa
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Los hermanos necesitan escapar de su realidad y el aire libre será su cómplice. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Habían pasado meses desde que Derek, mi hermano, y yo empezamos nuestra extraña relación. Cada momento que estábamos solos nos besamos sin contención, completamente enamorados uno del otro. Siempre tratamos de ser lo más naturales posible cuando papá está con nosotros, y al parecer hasta este momento lo hemos logrado. Nos da algo de miedo que en algún momento nos llegue a descubrir y sea capaz de enviarnos a diferentes partes para oponerse a lo nuestro. Es verdad que no es muy bien visto ante la sociedad que dos hermanos se amen, tengan sexo, actúen como novios, pero siendo sinceros poco nos importa lo que piensen los demás, excepto obviamente lo que piense papá.

Aquellas preocupaciones nos tenían estresados y decidimos hacer algo al respecto. El fin de semana que venía era puente festivo, y el clima estaba más a nuestro favor. Desde pequeños siempre nos había gustado ir de acampadas, teníamos un sitio que habíamos descubierto hacía años que no quedaba lejos de la ciudad y era completamente tranquilo. Perfecto para la ocasión. Le informamos a papá, buscamos la carpa y las bolsas de dormir, algo de ropa abrigadora por si acaso y nos fuimos.

Por la salida de la ciudad había un poco de tráfico, así que nos demoramos más de lo esperado, pero al haber puesto la radio cantábamos a la par las canciones riendo y jugando como dos niños. A veces nos tomábamos la mano cuando Derek no tenía que utilizar la palanca o nos lanzábamos besos sonriendo y guiñando un ojo. Llegamos al lugar casi al atardecer. Armar la carpa nos tomó algún tiempo, pero alcanzamos a disfrutar de la vista del sol poniéndose y las nubes tomando diversos colores.

Recostados en el prado empezamos a besarnos. Estábamos solos en un lugar que considerábamos seguro. No tendríamos que esconder nada de lo que éramos ni lo que sentíamos. Parecíamos al fin una pareja normal. Pronto la noche cayó y salieron las estrellas. Desde la ciudad no se veían pero ahora eran todo un espectáculo. Empezamos a hablar de las constelaciones, de los nombres de varias estrellas, del resplandor de la luna. Mis labios rebuscaron los suyos sintiendo su suave textura, su sabor. Luego encontrando su lengua, saboreándola, jugando a peleas, mi lengua contra la de él. Segura en aquel lugar subí mi cuerpo estirándome sobre Derek sin dejar de besarlo. Acariciando su cuerpo por encima de su ropa, sintiendo el calor de su piel con las palmas de mis manos. Me hizo parar en un momento dado y mi frente se arrugo por la confusión, se levantó y fue hacia el auto, pero al volver entendí todo. Traía con él una manta en la cual me hizo recostar y cambiando de posición me encontré debajo de él sintiendo una vez más sus besos.

Poco a poco las caricias empezaron a ser más bruscas, más salvajes, casi que nos estábamos arrancando la ropa, sin control. El aire de la noche golpeaba nuestras pieles pero no nos importaba, ni siquiera lo sentíamos pues estábamos envueltos en un frenesí de pasión y de calor. La ropa estaba a los lados en montones sin forma mientras él se posicionaba sobre mí. Estaba medio sentada medio acostada y él se puso de rodillas mirándome. Con una sonrisa cómplice lo miré y sobre él las estrellas antes de sentir como empujaba en mi interior con algo de brusquedad. Me quedé con el aire contenido en mis pulmones un momento acostumbrándome a toda su extensión para después inclinarme hacia atrás quedando recostada en la manta y empezando a mover mis caderas contra las de él, haciendo en algunos momentos que estas se movieran en pequeños círculos a la vez que mantenía mis ojos completamente cerrados disfrutando de todas las sensaciones que me iban recorriendo.

Su erección se sentía caliente y dura en mi interior y aquella sensación hizo que me mojara aún más. Me incliné cogiendo sus brazos y jalándolo contra mí dejando que su pecho tocara el mío y besándolo con pasión dejando que sus gemidos y los míos se unieran una y otra vez sin intención de acallarlos. Solo existíamos Derek y yo en la mitad de la nada.

Su piel húmeda se fundía con la mía con el frenesí en el que estaban nuestros cuerpos, separé nuestros labios no sin antes morder los de él por un momento y cambiamos de posición. Me puse sobre él dándole la espalda y dejando mis manos en su pecho y empezando a moverme. Dejé que mis movimientos fueran lentos y controlados al principio y luego dejando que mi cadera chocara contra la de él sin ritmo alguno. Con mis uñas llegué a rasguñar un poco su pecho aferrándome con ellas para mantenerme firme, pero decidí mejor ponerme de frente. Cambié de posición besándolo y empezando de nuevo a subir y bajar, subir y bajar sobre su erección, levantando mi rostro dejé salir otro gemido y cerré mis ojos mordiendo mis labios ante el placer que me recorría.

Minutos después me bajé y con una sonrisa algo pícara me deslice por su cuerpo hasta coger su pene con mis manos, bajando mi cabeza lamí su glande con mi lengua una y otra vez hasta escucharlo gemir, sonriendo baje hasta sus testículos y también los lamí hasta subir poco a poco lamiendo sin parar toda su erección. Al llegar al glande de nuevo metí su pene en mi boca con lentitud tratando de que en ningún momento mis dientes lo tocaran. Se lo chupé por algunos minutos hasta que mi mandíbula se cansó y subí de nuevo por su cuerpo hasta besar sus labios una vez más.

Derek cambió de posición antes de que me diera cuenta dejándome boca abajo en la manta. Me estaba levantando cuando sentí su cálida mano empujando mi espalda, así que me incliné dejando mi pecho sobre la manta, luego sentí ambas manos en mi cintura dejándome en cuatro. Reí un tanto nerviosa al no haber hecho esa posición antes y me preparé respirando varias veces.

En aquella posición y con algo de nervios traté de voltear a verlo, en el momento que nuestras miradas se cruzaron empujó su pene en mi vagina haciéndome gemir con fuerza y apretar mis manos en puños contra la manta casi sintiendo el pasto que separaba la manta. Sintiéndolo más profundo se empezó a mover con un ritmo suave que me hizo poner los ojos en blanco en un momento. El placer que me hacía sentir era un tanto inexplicable y en el momento en que sentí sus dedos sobre mi clítoris mi control no soportó más. Los espasmos de mi orgasmo atravesaron todo mi cuerpo dejando mis piernas y brazos temblando. Estaba cubierta de sudor aun de rodillas pero viendo estrellitas con mis ojos cerrados. Lo sentí moverlo un poco más contra mí para luego sentir su orgasmo, corriéndose dentro de mí. Me quedé con los ojos cerrados por un momento recuperándome para cuando se acostó a mi lado recostarme en su costado pegando una vez más nuestras pieles desnudas y húmedas. Saciados y cansados nos quedamos recostados viendo como algunas nubes solitarias se anteponían a la luna mientras pasaban, pero por el pasar del tiempo nos congelamos así que decidimos ir dentro de la carpa.

Dentro de la carpa comprobamos que no hubiese alguna parte por donde se filtrara el aire y nos quedamos desnudos. Por alguna extraña razón nos fijamos que teníamos una marca, una pequeña mancha de nacimiento, en el mismo lugar y misma posición. Hasta el momento no lo habíamos notado, así que entre risas y con calma cada uno inspeccionó al otro en busca de secretos escondidos en la piel.

El ambiente dentro de la carpa se empezó a calentar nuevamente, la tensión sexual estaba en el ambiente, inundándolo por completo. Pero había poco espacio para movernos. Dejé que se subiera encima de mí en el clásico misionero y algo en ese momento fue un poco diferente. El frenesí que antes nos controlaba, ya estaba calmado así que rodeé su cadera con mis piernas aprisionándolo sobre mí. Sus besos fueron calmados, explorando cada parte de mi boca, así como los míos explorando la suya. Cuando entró en mí jadeé contra sus labios y me moví haciendo encontrar nuestras caderas. Los movimientos eran suaves, uno contra el otro sin prisa. Mis manos recorrían su larga espalda llegando hasta sus nalgas y una que otra vez enterrando mis uñas en ellas.

Lo incité a moverse con un poco más de fuerza contra mí a la vez que intentaba mover los músculos de mi vagina para la excitación de ambos. El placer iba en aumento y sin pensarlo rasguñé su espalda mientras gemía sin control, nuestras caderas empezaron a conectarse cada vez más seguido aumentando el ritmo. Nuestros gemidos fueron haciéndose más audibles mientras me aferraba más a él. Cerré mis ojos dejándome llevar por sus movimientos, el calor de su erección dentro de mí. Mi vagina y clítoris que palpitaban sintiendo como mi cuerpo iba a explotar, y lo hizo. Cerré mis piernas en su cadera dejándolo apresado al tiempo que se corría una vez más dentro de mí y mis dedos se aferraban a su espalda alcanzándolo a herir un poco.

Cuando nuestros cuerpos se enfriaron un poco, con ayuda de la linterna revisé su espalda. Había dejado muchas líneas rosadas en su espalda, pero habían dos arañazos que tenían un poco de sangre. Miré mis uñas las cuales no estaban tan largas pero decidí que al llegar me las cortaría para evitar ese tipo de cosas. Entre risas Derek me pidió que no me preocupara diciendo que “así comprobaba que hacia bien su trabajo” me sonrojé y agradecí la tenue oscuridad de la carpa. Le curé un poco aquellos arañazos y nos acomodamos para dormir.

A la mañana siguiente desayunamos dentro del auto la comida enlatada que habíamos llevado, asegurándonos que nada de basura quedara en el lugar por accidente y decidimos salir a caminar. Subimos una colina y nos fuimos adentrando en el bosque tomando alguna que otra foto, la armonía de la naturaleza era mágica y había que aprovechar aquellos momentos.

Pasamos varias horas divisando diversos animales los cuales al querer tomarle fotos se escondían. Uno que otro nido de pájaros. Escalamos uno que otro árbol, Derek saliendo ileso y yo quedando con varios rasguños en mis dedos. Aquellas actividades no eran lo mío. Poco tiempo después decidimos volver, pues habíamos dejado la carpa hecha, y aunque el auto estaba cerca de ella, no sabíamos quién podría subir. Lo que no me esperaba era que me encontrara de cara a un árbol sintiendo el aliento de Derek en mi cuello.

Mi corazón se aceleró en seguida y aunque estaba asustada y algo confundida, también me excité. Esperé que me dijera algo pero no lo hizo, al contrario, actuó. Bajó mis pantalones deportivos y mis pantys hasta mis rodillas y pronto sentí como su pene ya fuera de sus pantalones lo pasaba una y otra vez por mis pliegues húmedos. Jadeé pegando mi mejilla al tronco del árbol y aferrándome a éste con mis brazos.

Como por telepatía sabía lo que quería hacer, levanté un poco mi culo y sentí como su pene se encajaba en mi interior. Fue una sesión de sexo rápida, pero al estar al aire libre había más excitación entre nuestros cuerpos. No fue suave, se metió y salió de mi interior sin parar en ningún momento. Su pene se resbalaba con facilidad por mi vagina y la fricción acompañada del no poder abrir un poco más mis piernas por los pantalones hacían que me sintiera más apretada y lo sintiera a él casi en toda su longitud. Nos corrimos casi al tiempo y tuve que aferrarme del tronco del árbol para no caer por mis piernas temblorosas. Tuve que sentarme, ya con los pantalones de nuevo en su lugar, para recuperar el aliento y mis fuerzas. Me sentía un poco irritada pero había valido la pena aquella salida.

Al llegar al auto curamos mi heridas por el tronco, las de querer escalar y luego por sostenerme. Tenía algunas astillitas en mis dedos así que al sacarlas tuvimos que utilizar antiséptico y ponerles benditas de colores. Pasamos una noche tranquila, simplemente abrazados dentro de la carpa y al día siguiente volvimos de vuelta a la realidad.


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© Marissa

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