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Fecha: 10-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Probando, probando... (Capítulo 4)

Juliaki
Accesos: 27.819
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Tiempo estimado de lectura: [ 44 min. ]
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La cosa no parece tener fin, entre una sobrina cachonda y un tío que no puede controlar sus propios instintos... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Probando, probando…

Capítulo 4

 

Esa noche, tras estar todo el día dándole vueltas recordando la cara de Andrea y cómo esta se ha tragado mi semen de aquella forma tan sensual y tan apasionada, me meto en la cama junto a mi esposa con cierto sentimiento de culpa. Acaricio sus hombros al tiempo que pego mi cuerpo a su espalda, pues ella está acostada de lado adormilada. La abrazo deseoso de sentirla, de relatarle todo lo que ha pasado con mi sobrina. Dentro de mí hay algo que me obliga a confesar que he cometido un pecado tremendo, pero lógicamente no soy capaz de decir nada, menos aun sabiendo que ella no va a entenderlo con la naturalidad con la que yo intento verlo, al menos desde mi punto de vista quiero ver que todo es una ayuda a Andrea en uno de sus problemas, pero claro  ¿Cómo decirle que la curiosa de su sobrina me ha pedido un favor muy personal y se ha tragado mi semen?

 

−    No estoy de humor, Pablo, mañana tengo un largo viaje. – me responde mi esposa dándome un pequeño codazo cuando ve mis avances y avisa de que ahí no hay nada que hacer.

 

Me giro hacia el otro lado y me vuelve la imagen de Andrea, con aquella faldita, esas piernas, esas tetas y esa preciosa boca degustando mi corrida con tanta devoción. Nunca antes nadie había tragado mi semen de esa manera. ¡Ha sido algo que no podré olvidar nunca!

 

Decido levantarme y me dirijo al salón. Allí una vez más enciendo mi portátil y comienzo a ver las imágenes de Andrea, una por una, las últimas de su cumpleaños y otras muchas que siempre guardo. En otras ocasiones me resultan fotos cariñosas, simpáticas, familiares. Ahora veo lujuria, sexo, sensualidad en cada imagen de Andrea.

 

Saco mi verga del pijama y viendo las escenas, voy pajeándome lentamente. La primera imagen es de Andrea comiéndose un helado. Ella no es consciente de que esa lengua está degustando un helado, pues yo imagino que está chupándome a mí la polla.  En las siguientes fotos aparece mi sobrina con su banda de “miss”, con poses muy sugerentes. Una con un vestido rosa muy ceñido, otra en bikini mostrando su preciosa sonrisa. Entonces aparece una, en la que posa tumbada junto a la orilla de la playa con una camiseta gris ceñida y un bikini azul. En ese momento exploto y mi corrida sale disparada  saltando por todas partes, no puedo controlar cada uno de los chorros que caen sobre la alfombra.

Mi madre y yo hemos acudido a la estación para despedir a la tía, pero yo a quien estoy loca por ver es a su esposo, mi tío querido, necesito volver a tenerle cerca después de lo de ayer por la tarde. Todavía tengo en mi mente la imagen de su cara viéndome tragar su abundante corrida. Lo cierto es que aunque le mentí en cuanto a haber probado el semen, el suyo me supo especialmente delicioso, de hecho, creo que ha sido lo mejor que he degustado y sobre todo con tal cantidad. Nunca he visto a nadie que se corra tanto…

Hoy me he vestido especialmente sexy para sorprender a mi tío, con una camisa muy fina, una cazadora encima y mis pantalones vaqueros negros ceñidos que tienen varios rotos, donde se ve mi piel debajo. En cuanto le veo aparecer, mis pezones se ponen como piedras. Miro a mamá pero no parece darse cuenta de mi turbación y cuando llegamos a su altura intento comportarme con naturalidad, pero cuando es el momento de saludar al tío lo hago con todo el ímpetu, no lo puedo remediar.

−     Hola – le digo colgándome literalmente de su cuello y plantándole un beso casi en la comisura de mis labios.

Joder, creo que conseguido que se vuelva a empalmar por mi culpa. Esto ya no me parece una locura mía, sino que mi tío debe estar sintiendo lo mismo que yo siento por él, al menos eso quiero pensar y no me quito de la cabeza la idea de tenerle entre mis piernas. ¡Guau, como debe ser abrazarse desnuda a este hombre!

La tía pone cara rara cuando ve mis pantalones tan ceñidos marcando mis curvas y que ensalzan mis muslos con unos zapatos rojos de tacón, pero en cambio a él, parece encantarle la indumentaria pues aunque disimula veo como clava sus ojos en mi entrepierna y en la sombra que ofrecen mis pezones bajo la fina camisa. Creo que está cachondo y yo sabiéndolo, más aún.

En este momento le sacaría la polla le diría lo mucho que me pone y me agacharía para comérsela con toda mi codicia.

-       Estarás mucho tiempo fuera – le pregunta mamá a mi tía.

-       Lo que sea necesario, pero no sé todavía – contesta la otra.

-       Bueno, estate tranquila que cuidamos a tu hombre, ¿Verdad Andrea? – añade mi madre volviendo su cara hacia mí.

No sé si llega a notar lo roja que me he puesto al oírle decir eso, que de seguro va sin mala intención pero mis pensamientos ven por el lado que nadie imagina.

 

Tras despedir a mi mujer y desearle la pronta recuperación de su tía, abandonamos el andén los tres. Voy feliz, porque tengo a dos mujeres impresionantes, una a cada lado agarradas a mis brazos. Mi hermana que es una mujer bellísima y no digamos su hija Andrea, que hace volver la vista  a todos los allí presentes.

 

−     ¿Os llevo a algún sitio? – pregunto a las chicas.

−     Pues teníamos previsto ir a tomar el sol a un solárium. – me comenta mi hermana.

−     ¿A un solárium?

−     Sí, tío, es para la boda de Fabiana, estamos invitadas y estamos muy blanquitas. – añade Andrea con su preciosa sonrisa.

−     Ah, claro, entiendo. Pero, ¿eso lleva varias sesiones? – pregunto.

−     Sí, al menos cuatro o cinco.

−     Pues podríais ahorraros eso. Vais a la finca y allí tomáis el sol, es más barato – añado sonriendo ante esa idea que suelto.

 

Mi hermana y su preciosa hija se me quedan observando fijamente y luego ambas se miran mutuamente para acabar riendo a carcajadas.

 

−    No entiendo el chiste. – digo.

−    No te ofendas hermanito – añade Rosa – pero es que en el solárium estaríamos desnudas… y como comprenderás…

−    Ya claro. – respondo turbado y por un momento imagino a ambas bellezas despelotadas y eso logra que mi polla de uno de sus respingos.

−    Tampoco pasaría nada. – añade Andrea.

−    Hija, no vamos a ponernos en pelotas en la casa del tío. – comenta su madre riendo.

−    Yo os llevo, preparamos una comida rápida y me vengo de regreso. Tengo cosas en la ciudad esta tarde. – digo de sopetón, pero sin poder quitar de mi mente a ambas mujeres desnudas.

 

Ellas se miran y Andrea pone una de sus caritas que a mi hermana también parecen encandilar y acaba cediendo.

 

−     Pero qué vergüenza, hermano. – comenta mi hermana Rosa.

−     Bueno, no sé por qué… esta tarde es totalmente libre para vosotras. Después de comer yo desaparezco y tu cuñada tampoco estará, jajaja. – le digo a mi hermana refiriéndome a mi mujer que se pasará unos cuantos días “fuera de juego”.

La idea que ha planteado el tío es genial, de hecho yo tenía otros planes para conseguir otro acercamiento, pero esto ha surgido de repente, de forma improvisada me parece aún más maravilloso que todos los propósitos que tenía pensados. ¿Será que mi tío busca la manera de verme desnuda? La sola idea hace que moje mis braguitas.

−    No sé, Pablo... – añade mamá a la propuesta del tío muy dubitativa.

−    Vamos mamá, nos ponemos morenitas en nada, ya verás. – añado entusiasmada con la invitación de mi tío.

La idea de tomar el sol desnudas mi mamá y yo me encanta, por el hecho en sí de hacerlo, pero además con el morbo añadido de poder ser vista por él en cualquier momento, a pesar de que ha prometido dejarnos solas. ¿Lo hará?

Llegamos a la finca y como siempre el tío Pablo se pone a preparar la comida mientras nosotras nos cambiamos. Al llegar a la habitación mamá y yo nos quedamos solas dispuestas a ponernos los bikinis, de momento.

−    ¿Crees que estará bien que nos desnudemos, hija?  - me pregunta mamá algo cortada por la situación.

−    Claro mamá, el tío nos dejó la finca para nosotras solas.

−    Ya pero… ¿cuando regrese?

−    Pues no va a aparecer sin avisar. – digo esto y vuelvo a ver que mi chochito despide un chorrito de flujo que impregna mis bragas.

−    Hija, podría venir alguien y vernos.

−    ¿Quién va a venir?

−    No sé, el hombre que trabaja para el tío y viene de vez en cuando.

−    Venga, mamá, no seas tan recatada, si siempre te gusta el morbo. ¿No te parece suficientemente morboso estar las dos desnudas?

−    No es eso, la idea me gusta, pero es por tu tío.

−    A ver, mami, ha sido él quien nos ha invitado a tomar el sol sin ropa en la finca, no creo que se moleste por eso. Además, la tía no está así que no va a enfadarse ella y él nos avisará si viene antes de tiempo.

Me asomo a la puerta para dejar más tranquila a mamá y le grito a mi tío.

−    ¿Va a venir tu ayudante hoy, tío?

−    No. – responde él desde la cocina.

−    Ok ¿Y tú nos avisarás cuando regreses de trabajar?

−    Claro, te enviaré un mensaje al móvil. Tranquilas.

−    Vale. – respondo después miro a mamá encogiendo mis hombros y eso parece tranquilizarla.

 

Estoy preparando una ensalada en la cocina y mientras mi sobrina me habla no puedo evitar tener mi polla a tope. Joder, no sé por qué se me ha ocurrido lo de invitar a ambas a que tomen el sol desnudas, porque solo el hecho de imaginarlo, me hace perder la cabeza.

 

Es cierto que hoy no va a venir nadie a la finca, incluída mi mujer que ahora está metida en un tren para un largo viaje y por supuesto yo tampoco, aunque me encantaría poder ver esos dos cuerpos en vivo.

 

Ya dije que mi sobrina es espectacular y me tiene absolutamente loco pero mi hermana, aunque no tenga esa obsesión con ella, reconozco que es un bombón de 42 que más de uno quisiera tener en su cama, especialmente el novio de Andrea que se la come con la mirada… no es para menos, la verdad, pues ella tiene unas curvas infartantes, tan bonitas y armoniosas como las de su hija y ella también fue de joven una miss que participó en varios eventos llegando a ser representante de su provincia.

 

Ahora, su madurez no solo le ha mantenido la belleza, sino que le convierte en una mujer aún más deseable, por su experiencia, por su saber estar, por su elegancia… parece que no hable de mi hermana, pero es que ya no sé lo que está bien y lo que está mal.

 

Me agarro la polla sobre el pantalón y la aprieto intentando apagar el demonio que hay dentro y haciendo ver a ese mal, que esto no puede ser, que bastante degenerado soy pensando sexualmente en la criatura que es mi sobrina, como para ahora imaginar también a su madre. ¡Mi propia hermana!

 

Me pregunto qué harán, cuando estén solas… a veces entre ellas hay muchos juegos, se ve que tienen una grandísima complicidad. Luego mi mente sigue dando vueltas mientras estoy cortando la cebolla y las imagino correteando desnudas sobre la hierba, jugando a perseguirse, mientras ambas saltan y gritan, sus tetas saltan jubilosas en cada acto, luego se abrazan y ruedan por el césped, retozando desnudas y jugando a atraparse con sus bocas y sus lenguas, como dos ninfómanas que no pueden estar ni un minuto sin dejar escapar su pasión interna a florecer…

 

¿Pero qué demonios estoy pensando? Por un momento no estoy siendo ni medianamente cabal ni medito sobre quién estoy pensando, nada menos que mi hermana y su propia hija teniendo sexo. Esto ya me está resultando casi demoníaco y me está preocupando esa actitud sátira por mi parte.

 

De repente mi mamá se me queda mirando fijamente cuando ve que me estoy poniendo el tanga.

−    Pero hija, ¿Te lo vas a poner delante del tío? – me pregunta

−    Mama, hija… ¿ya estás otra vez?

−    No, si lo digo porque siempre decías que te daba apuro llevarlo en la playa, que era muy pequeño y todo eso.

−    Ya, pero no es lo mismo. Aquí delante del tío la cosa es diferente. Con él hay mucha confianza.

−    Le harás pasar mal rato. – me dice.

−    Bueno, ¿Por qué? no estoy desnuda.

−    No, pero casi… y a pesar de todo… es un hombre.

−    Mamá, estás hablando de tu hermano. – le digo convenciéndola sobre esa locura aunque lo digo más bien intentando convencerme a mí misma.

−    Vale entonces me pongo tu bikini rosa. – añade riendo .

−    ¿En serio? Mira tú la mosquita muerta.

−    Claro, ¿Me lo prestas?

−    Por supuesto, ¿pero te estará bien?

−    Quizás algo pequeño, pero así el tío ya no se fijará solo en ti.

Esa última frase de mamá resulta chocante, no sé si lo dice por haberme vestido con ese tanga que no deja mucho espacio de mi cuerpo tapado o porque realmente se da cuenta de que mi tío me mira más de la cuenta.

−    Eso, luego le preguntamos quien es la más sexy – le digo a mamá riendo e intentando disimular.

Me encanta esa idea de hacer pasar “mal rato” al tío porque creo que de lo bien que se lo va a pasar, yo lo voy a disfrutar doblemente. Supongo que el hecho de que se fije en mamá será algo natural, porque ya la ha visto en bikini más veces, aunque si bien es cierto, ninguno tan reducido como el rosa.

−    Mamá, ¡estás preciosa! – le digo al vérselo puesto.

−    ¿De verdad? ¿No es un poco pequeño? Tengo miedo de que se me salgan los pelitos. – añade señalando sus ingles.

−    Tranquila, está todo a salvo. Eres un bombón, como siempre.

Ambas nos damos un abrazo y nos reímos como hacemos siempre con nuestros juegos de complicidad de madre e hija.

Sigo preparando una ensalada con salmón que sé que tanto les gusta a mis chicas cuando aparece en la cocina mi hermana ataviada con el bikini rosa de Andrea.

 

−    Guau, hermanita, te sienta bien el rosa y pega hasta con tu nombre. – le digo admirando su hermoso cuerpo.

−    ¿En serio? ¿Me sienta bien el rosa? Es el bikini de Andrea, me lo ha prestado – pregunta ella girando sobre sí misma.

−    Ya veo, pues te queda de miedo. Porque estoy casado y soy tu hermano, que si no…

−    Anda, bobo. – responde ante mi broma, pero lo cierto es que está impresionante.

 

La observo salir de la cocina hacia el jardín y veo su culito moviéndose y pienso en la suerte que tengo de tener una hermana tan bonita. Es increíble que el padre de Andrea dejara escapar semejante bombón. Bueno, ahora ella es feliz y ha sacado a su hija adelante porque es una mujer valiente e independiente. Su nuevo novio, es un tipo que cae bien, aunque es algo serio, pero ojalá le haga aún más feliz, se lo merece.

 

Pero cuando aún me estoy sobreponiendo de la sorpresa de ver a mi preciosa hermana con ese bikini, noto que mi sobrina se pone detrás de mí y me tapa los ojos con sus manitas.

 

−    Hola guapo - me dice, a mi espalda, sin despegar sus manos de mis ojos.

−    Hola. – respondo sin saber de su nuevo juego.

 

Por un momento estoy a punto de decirle que no se pase con sus jueguecitos, pues su madre está en el jardín, pero cuando noto sus pechos pegarse a mi espalda y su tripita a mi culo, casi me cuesta mantenerme en pie y no articulo palabra.

 

−    Tengo una sorpresa para ti. – me dice susurrando en mi oído.

−    ¿Una sorpresa? – pregunto.

−    Sí, un regalo por ser tan bueno conmigo…

 

Estoy temblando sintiendo el hermoso de mi sobrina pegado a mi espalda y al estar yo con mis bermudas, noto gran parte del roce de su piel, por lo que sé que está en bikini. ¡Qué sensación!

 

−    ¿Estás preparado para tu regalo? – me pregunta con su cándida voz.

Estoy con mi cuerpo adherido al de mi tío y todas las sensaciones que me invaden se multiplican cuando siento un solo roce con él. Mantengo mis manos tapando sus ojos, pero quiero que cuando los abra se quede alucinado. Estoy segura de que le va a encantar.

−    Si te quito las manos, ¿me prometes no abrir los ojos? – le pregunto.

−    Claro, cariño, pero me tienes en ascuas.

−    Vale. Cierra los ojos y date la vuelta.

En ese momento le suelto y él se gira sobre sí mismo totalmente  a ciegas. Me gusta ese dominio que ejerzo sobre él y estoy impaciente porque me vea.

−    ¡Abre los ojos! – le ordeno de pronto.

Lo hace lentamente esperando cualquier cosa, pero cuando descubre que soy yo misma la sorpresa y que apenas estoy cubierta con mi reducido tanga casi se cae de espaldas.

Noto como escudriña todo mi cuerpo, empezando por la parte alta y comprueba que mi pequeño sostén es apenas un trozo de tela que cubre lo justo mis pezones… luego sigue bajando para descubrir mi tripita y más abajo el tanga que es un pequeño triángulo en el que se adivina el comienzo de mi pubis y bajo la tela la forma inequívoca de mi rajita. Me giro lentamente sin dejar de mirarle y veo que aun flipa más cuando ve mi culo por detrás, mostrando mis nalgas y la fina tela que se cuela en medio de ellas y se pierde hasta cubrir mis agujeritos de forma tan liviana.

−    ¿Te gusta tu regalo? – le pregunto.

Mi tío no pestañea, tan solo sube su mirada, luego la baja y parece que su boca se ha quedado ligeramente abierta. Me doy cuenta de que su erección es más que evidente bajo el bañador. Al ver ese bulto mi chochito vuelve a humedecerse un poco más. ¡Dios, cuanto me gustaría rozarme con ese miembro de mi tío!

−    Pero, Andrea… ese bikini…

−    No te gusta, entonces. – le digo sin dejar acabar la frase.

−    Sí, me gusta, pero es tan…

−    Es lo que te mereces como premio, tío. Tú me diste a probar tu leche y lo menos que puedo hacer es regalarte la vista.

−    Andrea, yo…

−    No hace falta que disimules, tu verga lo dice todo.

Bajo la vista para descubrir, como bien se ha percatado ella, la empalmada brutal que tengo bajo el bañador y esta vez no puedo disimular ni un ápice.

 

−    Esto… yo… Lo siento, bebe – digo casi tartamudeando.

−    No seas tonto, tío. Me encanta provocar eso.

−    Ya pero esto no creo que esté bien. – contesto con remordimientos pero sin despegar la vista de ese cuerpo.

 

En ese momento entra mi hermana en la cocina y me giro rápidamente para que no vea mi erección tan escandalosa, por nada del mundo quisiera que ella me descubriera así.

 

−    ¿Qué hacéis? – pregunta Rosa.

−    Estamos preparando la comida – añade su hija poniéndose a mi lado y ayudándome a rallar la zanahoria.

−    Ah, vale,  ¿Necesitáis ayuda?

−    No, Rosa, vete a tomar el sol, acabamos enseguida. – añado yo, pues no quiero que se acerque y me vea de esta guisa con mi bañador marcando un bulto tremendo.

 

Andrea sigue a mi lado y me sonríe mientras continúa ayudándome con la comida.

 

−    ¡Vaya susto!, ¡Casi nos pilla! – dice agarrándose a mi brazo.

−    No estábamos haciendo nada. – añado por si hubiera algún malentendido.

−    No, claro, pero si te viese ese bulto… - dice señalando mi empalmada que no ha bajado casi nada.

 

Todo ocurre tan deprisa que no sé lo que es realidad o fantasía. Lo que es cierto es que mi sobrina está en tanga a mi lado, que se ha tragado mi semen y que tengo una erección de caballo por su culpa.

 

−     Tápate el bulto con el bol de la ensalada y vamos al jardín. – me dice mi sobrina con su naturalidad de siempre.

Sin añadir nada más, salimos al jardín con la comida donde se encuentra mi hermana tumbada tomando el sol. Parece no haberse dado cuenta.

 

Nos sentamos a comer y hablamos animadamente como si nada hubiera ocurrido… y en realidad no ha pasado nada ¿no?

 

Mientras comemos, mi tío no puede evitar mirar a mis tetas que se ven casi por entero, salvo el pezón y poco más. Además, cada vez que me levanto veo que no pierde ojo de mi culo y mi entrepierna que están más a la vista que nunca. Estoy excitadísima con esa sensación.

La verdad es que yo también exagero mis movimientos y voy pasándome de aquí para allá, meneando las caderas, ofreciendo mi trasero cada vez que me agacho o me siento y sé que él no pierde la oportunidad de descubrir mis curvas, por mucho que lo disimule. De hecho mamá también se da cuenta y alguna vez levanta las cejas viendo a mi tío tan apurado con mis movimientos. Lo que ella no sabe es que todo forma parte de mi plan de seducción.

−    Creo que me voy a dar un baño – digo nada más terminar de comer.

−    ¿Ahora? – pregunta mamá.

−    Claro, estoy ardiendo de calor.- añado, pero en realidad lo que quiero es seguir ofreciéndole mi cuerpo a mi tío, pero esta vez, mojado.

Me lanzo de cabeza a la piscina y ellos se quedan hablando, aunque noto las miradas furtivas de él, de vez en cuando… ¡Me encanta!

−    ¿Tito, no te bañas?, - le pregunto chapoteando sobre el agua e invitándole a compartir ese momento.

−    No, mejor luego.

−    ¿Y tú, mama? – pregunto.

−    No, yo ahora prefiero seguir descansar un poco. – y a continuación se levanta y se tumba sobre la hamaca que cuelga entre dos árboles.

−    Ven, tío. No me dejes sola – le digo con mi voz insinuante desde el borde de la piscina.

No falla, cuando hago esos ruegos, mi tío no pone pegas y se acerca, sentándose en el borde pero sin meterse dentro, tan solo los pies y observándome detenidamente. Esta vez ya no disimula tanto pues no está mi madre delante.

−    ¿Te gusta lo que ves? – le digo apretando mis brazos por los costados y ofreciéndole mis tetas de forma evidente.

−    Andrea, por favor.

En ese momento me acerco nadando hasta llegar a su altura y me coloco entre sus rodillas acariciando estas…

No puedo dominar mi propio cuerpo y ahora al ver a mi preciosa sobrina con su cuerpo mojado ahí abajo en la piscina y apenas cubierto por ese reducido bikini, mi polla vuelve a reaccionar, sobre todo cuando noto sus finos dedos jugando con mis rodillas.

 

−    Tío, ¿estás enfadado? – me pregunta preocupada.

−    Sí, cariño, bueno no, pero todo esto…

−    A ver ¿Qué es lo que te molesta de mí?

−    Preciosa, de ti no puede molestarme nada.

−    No quiero que nuestra unión de siempre se pierda por una tontería. – me dice, dándome a continuación un besito tierno en la rodilla para proseguir con sus tiernas caricias en mis pantorrillas.

−    No, cariño, eso nunca.

−    Pero, ¿Qué es lo que te hace sentirte mal?

−    Pues no sé.

−    ¿Es porque estoy aquí con este tanga tan pequeño?

−    No, claro.

−    ¿Es por contarte mis secretos?

−    No, mujer, sabes que no.

−    Entonces, ¿Por tragarme tu leche? – me suelta de pronto y yo vuelvo la cabeza hacia atrás para ver si mi hermana pudiera oírnos.

−    Tranquilo está dormida – me dice al verme apurado.

−    No sé, Andrea.

−    No tenía que habértelo pedido. – comenta avergonzada.

−    ¿El qué?

−    Que me hicieras ese favor.

−    ¿Por qué dices eso Andrea?

−    Pues por todo, tío, no sé, ha sido todo tan extraño… te estoy poniendo en un apuro, soy muy egoísta y muy caprichosa, no es justo, no quiero hacerte daño...

−    No, preciosa, eso no.  – le digo acariciando su pelo mojado.

−    Es que ha sido todo tan loco.

−    No ha pasado nada. - añado como queriendo quitar importancia al tema, aunque evidentemente eso no es verdad.

−    Bueno, me tragué tu semen, tío. - sentencia rotunda bajando la cabeza hacia sus pies que jugueteaban nerviosos bajo el agua.

−    ¿Ahora eres tú la que se siente mal? – le pregunto.

 

Mi mejor papel de actriz está desarrollándose en este momento y sé que mi tío no soporta verme triste, preocupada, incómoda…

 

−    Era algo que querías probar y yo te ayudé. Nada más. – añade.

−    Entonces ¿No estás enfadado?

−    ¿Por qué dices eso, cariño?

−    Te sientes culpable… - afirmo.

−    No. ¿Por qué?

−    Porque te gustó que me tragara tu semen. – digo segura mientras veo que su mirada se clava en mi boca, supongo que recordando ese momento.

Él guarda silencio sin saber qué responder a eso.

−    ¿Te gustó, o no, tío Pablo? – le ataco de nuevo.

−    ¿Cómo?

−    Sé que te flipó verme cómo me lo tragaba. A mí me encantó. No imaginaba que era así su sabor, es delicioso, excitante, algo que tenía ganas de probar pero que superó todas las expectativas.

−    Vaya, Andrea. – contesta fuera de juego por verme tan decidida.

−    Pero ¿Sabes lo que más me gustó?

−    No.

−    Tu forma de mirarme. La manera en que disfrutaste de ese momento. Yo estuve con los ojos cerrados un rato disfrutando de ese líquido delicioso que me regalaste, pero al abrirlos descubrí en tu mirada, el deseo.

−    No, Andrea. Creo que estás confundida - intenta poner excusas a algo que ambos sabemos que es cierto.

−    Sé que sí. Incluso hoy me has mirado así.

−    No, no, estás equivocada, creo que te has hecho un lío con todo esto. - añade con toda la seguridad que puede en sus palabras aunque su cuerpo piense otra cosa.

−    Estoy segura, tío Pablo. Las mujeres sabemos cuándo nos miran así. Desde hace unos días me observas de forma bien distinta. Creo que todo empezó en el sex-shop con mi indumentaria de gatita sexy. Vi en tus ojos que me comías con la mirada, incluso en la cena benéfica te noté mirándome de forma diferente.

−    Vamos Andrea… quizá exageres… - responde forzando mi sonrisa.

−    A ver. ¿No te gustó cuando fui a la cena con aquel vestido tan ceñido, no te pusiste cachondo perdido cuando me vestí de gatita o me subí sobre ti estando en calzoncillos? ¡Confiésalo!

Andrea está muy segura de sí misma y creo que yo no lo estoy tanto, al menos no quiero reconocer todo lo que ella me está diciendo y es cierto.

 

−    Cariño, aquel vestido era espectacular, cuando estabas con el disfraz del sex shop reconozco que quedé impactado.

−    Y ahora, con este tanga… - añade recolocándose la pequeña braguita a tan solo unos centímetros de mí.

−    No… bueno, sí.

−    Tu bulto lo dice todo. – añade riendo señalando mi empalmada que con esta conversación ha vuelto a ponerse en su máxima expresión.

−    Lo siento, Andrea.

−    No lo sientas. Creo que es normal.

−    No, normal no es.

−    ¿Qué se te ponga dura al verme así? – añade acariciando sus tetas.

−    Nena, no hagas eso. No lo compliquemos más.

−    ¿Entonces no ha pasado nada?

−    Claro que no.

−    ¿Ni por tragarme tu semen?

−    No. Tampoco.

−    Vale, entonces quiero probarlo otra vez.

 

No sé en qué lío me estoy metiendo, pero esta nena está consiguiendo llevarme a un precipicio y no sé si voy a poder salir vivo de esta. Vuelvo a cruzar la mirada con ella y no puedo contestar. Me levanto, me meto en la casa y en mi cuarto con la intención de vestirme, procurando olvidar por un momento tanto cúmulo de acontecimientos. Sin llegar a ponerme los pantalones, ella sale a mi encuentro y me abraza por detrás pudiendo notar en mi espalda el frío de su cuerpo casi desnudo.

 

−    Tío, no te enfades, por favor. – me susurra.

−    No, tranquila mujer.

−    Otra vez me he comportado como una niña mimada. Lo siento.

−    No pasa nada. – le digo girándome y observándola detenidamente y acariciando su barbilla de forma cariñosa.

 

Su cara mojada, sus enormes ojos, sus labios entreabiertos…. Ese cuerpo con ese tanga… Tengo ganas de besarla, siento que algo me empuja a hacerlo pero mi cordura me lo impide.

 

Creo que me estoy pasando con mi plan de ataque porque mi tío está súper nervioso y por nada del mundo quiero que se sienta acorralado… sino todo lo contrario, le quiero cada vez más cerca de mí, pero sin que se agobie. Sin embargo las ganas de volver a probar su semen, es algo que me supera.

−    ¿Tío, no quieres hacerme ese regalo otra vez? – le imploro

−    Andrea, cariño, ya lo probaste, no podemos estar así siempre.

−    ¿Ni tan siquiera por tu sobrina del alma? – añado abrazándome contra su pecho.

Sé que eso es infalible, pues mi tío además de nervioso y confuso, está sobre todo muy excitado y no podrá negarse una vez más a mis peticiones. Nunca me falla. Tampoco ahora.

En ese instante se separa de mí  y me sostiene por los hombros observándome. Su empalmada es más que evidente ante mis ojos.

−    Andrea, preciosa, no podemos estar haciendo esto. Además tu madre está ahí fuera.

−    Por ella no te preocupes, no se va a enterar. Para mí es muy importante volver a sentirlo. Por favor, tío. – le insisto e intento acercarme pero él sigue sosteniéndome como si mi cuerpo abrasara.

Mi insistencia consigue que mi cuerpo choque con el suyo durante un instante en el que puedo percibir esa dureza chocando contra mi tripita. Me pone cachondísima la idea de haberle puesto así y de sentirle contra mi cuerpo.

−    Por favor, nena, esto es demasiado. – es un ruego pero algo parece empujarle a conceder mi deseo.

−    Si me regalas tu lechita, te enseño las tetas.

Se produce un silencio que casi se puede cortar. Sus ojos y los míos están mirándose fijamente.

−    Pero ¿qué dices? – añade al fin.

−    ¿No te gustaría verlas?

−    No…

No le doy tiempo a nada. Suelto el cordón de mi sostén a mi espalda y lo retiro delante de él en un abrir y cerrar de ojos. Sus ojos se clavan en mis tetas desnudas y mi chochito rezuma otra vez con un cachondeo fuera de lo normal.

 

Estoy mirando esas tetas soñadas y me parece que no está sucediendo tal y como realmente se produce. Mi sobrina, mi preciosa y dulce Andrea está solo con su pequeña braguita de tanga a medio metro de mí, mostrándome sus preciosas y redondos pechos.

 

−     ¿Y bien? – me dice desafiante.

−     Pero Andrea.

−     Sin peros, tío. ¿Te gustan o no?

−     No… bueno sí, claro…

−     Pues entonces me merezco mi premio. – añade como un capricho de niña, aunque evidentemente con esas tetas me doy cuenta de que ya no lo es.

 

No sé de donde ha vuelto a sacar otro pequeño vasito de plástico y me lo entrega señalándolo sin que yo deje de ver sus preciosos pechos enarbolados con dos perfectos pezones.

 

−    ¿Serás capaz de llenarlo otra vez? – pregunta izando el vaso.

−    Esto no está pasando… - digo totalmente noqueado.

−    Vamos tío. Hazte una paja pensando en estas tetas.

−    ¡Andrea!

−    Sé que lo harás, o ¿prefieres hacerlo aquí delante de mí?

 

Me doy la vuelta con el vaso en la mano, como si la tuviera un miedo atroz y realmente lo tengo. Podría negarme en este mismo momento, pero creo que el terror es a mí mismo, a no saber dominar la situación ni a mi propio cuerpo que va a su propio juego.

 

Cuando me quiero dar cuenta, estoy en el baño haciéndome una paja de nuevo en honor a mi sobrina. No me cuesta nada de trabajo imaginarla, pues han pasado unos segundos desde que la he tenido delante de mis narices con sus tetas al aire. No me puedo creer que esté pasando esto y casi sin poder reaccionar, ni pensar, el primer chorro sale disparado cayendo fuera del vaso. Me maldigo y apunto mi glande de nuevo al interior para que el resto de mi corrida lo haga dentro. Vuelvo a llenarlo casi como la otra vez.

 

Recojo las últimas gotas pasando el glande por el borde. Creo que estoy enfermo, porque esto no es ni normal. Cuando salgo del baño, Andrea sigue con sus tetas al aíre. Vuelvo a clavar mis ojos en ellas mientras avanzo con mi vasito y su regalo dentro. Tras sonreírme y morderse loslabios me arrebata el vaso y apoyando su mano sobre mi pecho. Se  echa el vasito a la boca para degustarlo como hiciera la otra vez.

 

Cuando abro los ojos de nuevo me cruzo con los de mi tío que sigue observándome detenidamente. Unas veces a mis labios, otras a mis pezones…

−    ¡Qué delicia, tío! – le digo y parece encantarle que le diga eso.

−    Supongo que habrás quedado saciada. No has dejado ni una gota.

−    Es que está riquísimo y saciarme nunca. Creo que cada vez me gusta más y es como una droga. – le digo viendo que no me quita ojo a los pezones, que están duros como piedras.

−     Andrea no podemos seguir haciendo esto.

−     ¿Por qué? – pregunto ingenuamente.

−     No es normal. – añade pero sus ojos me están comiendo.

−    No te enfadas, ¿verdad? – pregunto cuando veo que se pone los pantalones a toda prisa.

−    Tranquila, preciosa, no me enfado. Ahora tengo que ir a la ciudad. Vosotras disfrutad del sol y poneros morenitas. Yo vuelvo en dos horas. Te mando un mensaje para que no os pille… - añade

−    ¿Desnudas? – le digo yo toda insinuante.

La sola idea de que pueda vernos desnudas me parece tan excitante…

−  No te olvides de avisarnos. – le vuelvo a decir.

−  No, tranquila.

−  Por mí no hay problema porque me veas desnuda…

−  Ya, jeje… - ríe, pero no sabe si estoy bromeando o hablando en serio.

Cuando quiero darme cuenta se ha subido a su coche y sale pitando de la finca. Se le ve asustado. Regreso con mamá que se está desperezando de la siesta.

−    ¿Ya estás con las tetas al aire? ¿Se marchó tío Pablo?  – me pregunta.

−    Claro, no me iba poner en tetas delante de él. Es que tenía prisa. Me ha dicho que estemos tranquilas, que nos avisa.

−    Le he notado intranquilo a él.

−    ¿Cómo?

−    Si, desde que has aparecido con ese tanga, le has puesto nervioso, te lo dije. No te ha quitado ojo de encima ni un momento.

−    Mamá, por favor, que es el tío.

−    Ya pero estabas medio desnuda y es un hombre…

−    Me ha visto desnuda miles de veces. – le contesto aunque eso evidentemente fue hace mucho tiempo.

Aun no sé cómo ha conseguido liarme mi sobrina y convencerme de que se haya tragado de nuevo mi semen. Bueno, supongo que no le ha costado mucho. Voy al trabajo con una empalmada brutal, sin borrar esa idea ni esa imagen de mi sobrina con el escueto tanga, del que será difícil olvidarse, por no hablar de sus preciosas tetas, que me ha mostrado sin ningún pudor. Imagino que ahora mismo, está desnuda junto a su madre y eso me hace ponerme aún más excitado. Por un momento pienso en dar la vuelta y esconderme para espiarlas, pero luego mi sentido común me hace cambiar de opinión y sigo mi camino hacia el trabajo.

Al cabo de media hora, cuando ya parece que me estoy centrando en otras cosas, recibo una llamada de Jorge, el novio de mi sobrina.

 

−    Hola tío Pablo. ¿Dónde andas? – me pregunta.

−    Trabajando. – contesto.

−    ¿Has visto a Andrea? Estoy mandándole mensajes y llamadas pero debe tener el teléfono apagado.

−    Sí, está con su madre en la finca.

−    Ah, vale, voy para allá.

−    No, no vayas.

−    ¿Cómo?

−    Porque no debes ir ahora.

−    ¿Qué dices? No te entiendo.

−    No están visibles. – le digo pensando en que a ellas no les gustaría nada que las pillasen en pelotas.

−    ¿Visibles? ¿De qué hablas?

−    Están tomando el sol en el jardín de la finca.

−    Bueno, genial, así me uno a ellas.

−    Pero es que… ¡Están desnudas!

Jorge tarda un rato en contestar y no sé muy bien si es que no me ha oído o simplemente que se ha caído de espaldas.

 

−    ¿Jorge? – le pregunto esperando su respuesta al otro lado del teléfono.

−    Estoy flipando, tío. Eso tiene que ser una visión increíble.

−    Ya, pero no creo que sea lo apropiado.

−    Vamos, ¿No has aprovechado la ocasión y te has quedado a verlas?

−    Jorge, estás hablando de mi hermana y de mi sobrina.

−    Por eso. Voy a acercarme a ver eso.

−    ¡Jorge, no! - No me da tiempo a rebatir más, porque ha colgado y ahora debe estar saliendo disparado hacia la finca.

Me quito la braguita del tanga para quedarme desnuda al completo. Mi madre se me queda mirando pero sigue dubitativa. La intento convencer:

−    Mamá, si viene el tío y nos viera desnudas a las dos. ¿Nos moriríamos?

−    No, claro… pero qué vergüenza.

−    Pues entonces, además… ¿no sería excitante, mamá?

−    Calla, loca.

Al fin consigo que me acompañe con su cuerpo desnudo junto al mío. Me encanta sentir la caricia del sol sobre mi piel y allí nos quedamos tumbadas, charlando y disfrutando de esa sensación. Mamá tiene un cuerpo precioso, la verdad es que fue siempre una mujer espectacular y parece que no pasen los años por ella. Nos parecemos mucho y estoy orgullosa de tener una madre tan impresionante.  Lo que no le he dicho es que tengo el móvil apagado, igual que el suyo, que desconecté cuando estaba distraída. Así que el tío no nos podrá avisar y tendrá que venir sí o sí. Espero que nos pueda ver desnudas, aunque solo sea un instante. Solo con pensarlo me pongo cachonda. En cuanto le digo a mamá que si nos damos un chapuzón ella no lo duda. Nos metemos en el agua y la sensación de la frescura y estar desnudas es algo increíblemente placentero. Me abrazo a ella y le muerdo en el cuello.

−    ¿Qué haces boba?

−    Nada, comerte que estás muy rica. – le digo mientras paso su lengua por el cuello y acaricio sus caderas frente a mí.

−    ¡Hija, que no soy de piedra!

−    Yo tampoco. Te he visto así desnuda y me has puesto cachonda.

−    Andrea, que soy tu madre.

−    Y una madre que está buenísima.

A continuación, pellizco uno de sus pezones y el culo al mismo tiempo y ella no puede reprimir un gemido intenso, pues la situación y el hecho de hacer algo medio prohibido le resulta tan morboso como excitante.

−    Hija, por Dios… - dice cuando mi mano se cuela entre sus muslos y acaricio su rajita que está ligeramente cubierta por su fino vello.

−    Esto está muy frondoso, le digo entre bromas.

−    Para, no seas mala. – dice ella, pero no hace acopio de fuerzas para separarme.

−    ¿Acaso no te gusta? – le digo pasando mi dedo por su rajita. – ¿o preferirías que fuera la polla de Jorge?

En ese instante ella se separa bruscamente de mí. Se siente avergonzada.

Por más que llamo a mi sobrina y a su madre, ninguna de las dos responde. Ambos teléfonos pareen estar apagados.

 

Me dirijo rápidamente allí, pues me siento responsable de que cualquiera las pueda descubrir, en este caso Jorge, que parecía tan decidido a hacerlo. A su novia ya la habrá visto desnuda miles de veces, pero mi hermana si se da cuenta seguramente se moriría de vergüenza.

 

Cuando llego a la finca, dejo el coche aparcado afuera e intento buscar a Jorge escondido por algún rincón. Por más que lo busco no aparece por ningún lado.

 

Podía haber tocado el claxon y que eso sirviera de aviso tanto a él como a las chicas, pero no sé por qué no lo hago y me limito a meterme en la parte frondosa que hay por la parte de atrás. Ni rastro de Jorge… no parece que esté su coche tampoco… quizás fuera todo una broma y realmente no haya aparecido por aquí. Creo que debería irme ahora mismo, pero… ¡No puedo!

 

Me asomo detrás de la espesa hilera de arbolitos que rodean la finca y veo a unos cincuenta metros la piscina y un poco más allá las dos tumbonas.  En una de ellas está tumbada mi hermana. A pesar de estar bastante lejos, se distingue claramente su cuerpo desnudo y es precioso, por cierto. Está medio ladeada y sus pechos cuelgan ligeramente, parece estar buscando algo en el bolso. Me es imposible quitar la vista de ese cuerpo y observar cómo ella se esparce crema por sus muslos y sus tetas… Nunca antes había visto la parte erótica de mi hermana Rosa, pero hoy estoy más salido que nunca desde que mi sobrina me enseñara las tetas y ya todo me parece deseable incluida mi propia hermana. Vuelvo a fijarme en esas preciosas tetas y alucino lo bien que se conserva con sus 42 años, es todo un pibón, por eso fue una reina de la belleza de la juventud y que sigue igual o incluso más preciosa y atrayente. Por un momento abre sus piernas ajena a mis libidinosas miradas y su coño se ofrece en total plenitud. Estoy alejado y casi no distingo su rajita pero sí su tupido vello, muy bien recortado. Joder estoy empalmado y saco mi polla del pantalón para empezar a pajearme sin cesar. No me lo puedo creer, es la primera vez que me masturbo pensando en mi hermana o mejor dicho viéndola en vivo y en directo, completamente desnuda.

 

Me encandilan sus movimientos, sabiéndose segura de miradas ajenas, ella está libre de ofrecer lo más íntimo de su cuerpo y supongo que no puede ni imaginar que su hermano mayor está ahora mirándola y masturbándose con todas las ganas.

Por un momento entro en la casa y enciendo mi móvil para saber que está pasando fuera de este lugar tan apacible en el que nos encontramos mamá y yo. Me miro al espejo de la entrada y me acaricio las tetas pensando en lo divertido que sería que mi tío entrase en ese momento a verme desnuda.

Los tres primeros mensajes son de Jorge, para quedar conmigo y luego varias llamadas perdidas de él y también de mi tío. ¿Estará viniendo para acá? Solo con pensar eso me excita la idea. Al fin el último mensaje de Jorge me dice que sabe que estamos desnudas y que le gustaría estar aquí con nosotras. Rápidamente le contesto que ni se le ocurra, porque mamá se cree segura, pero él me contesta al instante.

-       Demasiado tarde. Lo que veo es demasiado bueno como para olvidar.

-       ¿Qué dices? – le contesto.

-       Estoy escondido viendo a tu madre y oye, está mucho más buena desnuda. ¡Vaya polvazo que tiene!

-       Eres un cerdo.

-       Ya lo sabes, jijiji. – contesta. – pero no soy el único.

-       ¿Cómo que no eres el único?

-       Tu tío está cerca de mí, pero no me ha visto, en cambio está dándole a la zambomba viendo a tu madre. No salgas ahora, porque te pillará a ti.

Me quedo alucinada al saber que mi tío está escondido al igual que Jorge y nosotras ajenas a sus miradas. ¡No me lo puedo creer!

-       Pues por ser tan cerdo, voy a salir para que me veáis los dos. - añado

-       Tú también eres una cerda – contesta Jorge.

-       Ya lo sabes, jijiji…

En ese instante salgo al jardín y lo hago lentamente sabiendo que mis movimientos van a ser captados por los ojos salidos de mi novio y especialmente los de mi tío… que espero que disfrute por fin de mi desnudez. Estoy tan cachonda que no soy capaz de pensar con cierta racionalidad. Aparezco en el jardín y me siento a la entrada con mis piernas completamente abiertas. Entonces cojo el móvil y le mando un mensaje a mi tío. Le imagino allá lejos en la distancia pero viéndome con detenimiento.

-       ¿Qué tal todo tíito? – le escribo.

Tarda en contestar, supongo que está concentrado en otra cosa, cuando de pronto responde:

-       Bien.

-       ¿Te gusta lo que ves? – le digo insinuante abriendo y cerrando las piernas.

Detengo mi masturbación de repente cuando recibo ese mensaje de Andrea. Al girar la cabeza por los arbustos, veo que está frente a mí, a unos treinta metros. Está sentada totalmente desnuda sobre una pequeña silla con sus piernas completamente abiertas y su sexo rasurado a la vista. Casi me da un espasmo.

 

-       No sé a qué te refieres – contesto intentando disimular pero sin quitar la vista de ese cuerpo tan deseado ahora despelotado.

-       Vamos, tío, que Jorge te ha visto. – añade en otro mensaje.

 

En ese instante mira a todos lados pero no consigo ver a Jorge por ningún lado, supongo que él sí me ve a mi. Guardo de inmediato mi polla y salgo de mi escondite porque aun quiero dar la idea a mi sobrina de que está equivocada.

 

-       Estoy llegando. – le escribo otro mensaje.

-       ¿No estás viéndome escondido en los arbustos? – responde ella poniendo un emoticono sonriente.

-       ¿Cómo? No… para nada, estoy a punto de llegar. Avisa a tu madre para que se vaya vistiendo.

-       Suponiendo que esté desnuda. ¿Cómo lo sabes?

-       ¿A eso habíais venido no?

-       Entonces no me estás viendo desnuda ahora, ¿verdad? – dice en otro mensaje a la vez que acaricia sus muslos, pellizca sus pezones y paso su mano por su rajita de forma obscena a lo lejos.

-       No, cariño. – contesto pero mi mirada se clava en esas curvas, en esas preciosas tetas y ese coño, que casi no distingo bien, pero que se ve que está totalmente libre de vello.

-       Vale, avisaré a mama… pero lo que no sé es cómo puedes escribir estos mensajes conduciendo… jijiji…

 

Salgo disparado por detrás de unos árboles y me meto en el coche, sin contestar a esa última apreciación tan clara y contundente de Andrea que me está dejando en evidencia. Toco el claxon como si hubiera llegado en ese mismo instante y camino lentamente hacia la entrada principal. Estoy nervioso y tremendamente excitado. Aún no he logrado bajar esta hinchazón que es mi polla a tope recordando en primer lugar el hermoso cuerpo de mi hermana y después el de mi adorada sobrina y sus movimientos lascivos que me están provocando hasta taquicardias.

 

Cuando aparezco en el jardín, mi hermana Rosa  ya se ha puesto el bikini, pero en cambio Andrea continua con las tetas al aire. ¡Esto es una locura!

Juliaki

CONTINUARÁ…


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