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Fecha: 11-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

El macarra, el peluquero y yo

alex
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Tiempo estimado de lectura: [ 20 min. ]
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Disfruté del sexo con aquellos dos chavales,uno un poco macarra y el otro el peluquero. Descubrí la hembra que soy. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

 

Esto es lo que me sucedió una tarde sin pensarlo. He intentado ser lo más fiel posible a la realidad, de ahí ese lenguaje malsonante y lleno de palabrotas por el que pido disculpas.

Me llaman Fany y siempre me he considerado una mujer del montón. Llegada a la madurez, la verdad es que me conservo bien, con unos pechos bastante firmes y un buen culo, sin ser exagerado.

Crecí en un barrio obrero, dónde conocí a mi marido, pero durante el pelotazo de la construcción nos fue tan bien que nos fuimos a vivir a un chalé en una urbanización. Luego llegó la crisis y tocó hacer el camino inverso: volver al barrio de siempre, y encima sin trabajo.

Una vecina me comentó que su hijo necesitaba alguien que le echara una mano en la peluquería y como necesitaba el dinero acepté.

Toni, el hijo de mi vecina y peluquero, me explicó cuál iba a ser mi trabajo: básicamente señora de la limpieza y también echar una mano con el lavacabezas y esas cosas. Era un chico espectacular, alto, fuerte, se notaba que iba al gimnasio, pero además era muy agradable y atento y aunque no tenía nada de pluma, todo el mundo sabía que era gay.

El ambiente en la peluquería era muy agradable, pasaba mucha gente joven tanto chicas como chicos y lo pasaba muy bien. Toni, peinaba y cortaba y una chica, Susi, era su ayudante, una chica jovencita bastante choni, muy divertida y sin pelos en la lengua. Como podéis imaginar, allí se hablaba de sexo con total libertad y naturalidad, lo que hacía que muchas veces me ruborizara y muchas otras mojara las bragas a más no poder.

Cuando cerrábamos, siempre venía el novio de Susi a esperarla: se llama Ricky. La primera vez que le ví, me enamoré de él. Era el típico chavalito macarrilla de barrio, con su ropa de deporte y sus cadenas de oro, pero era muy guapo y tenía una planta impresionante. Aquel día también él se fijó en mí, me dio un buen repaso, pues pude ver por los espejos mientras barría como me miraba el culo y se inclinaba para ver si veía algo más bajo mi bata. Recuerdo que cuando se marchó Toni se me acercó y me dijo:

-¡Qué suerte tienes chica!, como te miraba Ricky. Creo que le vas.

Me puse un poco roja y para disimular le pregunté:

- ¿A ti te gusta Ricky?.

- Ya me gustaría liarme con él y disfrutar del pedazo de polla que se calza el niño y lo guarrete que es, pero es totalmente hetero y además odia a los gays”

-¿Cómo sabes tú todo eso?

-Susi me ha enseñado algunos videos que graban cuando se la folla y por eso sé que tiene un trabuco de más de 25 centímetros.

-¡Anda ya!, eso no existe.

-¡Seguro que la de tu marido es más pequeña!

-Buff, soplé yo, como tres veces, dije en un arranque incontrolado de sinceridad.

Un sábado por la tarde Susi no vino a trabajar. Se encontraba mal y llamó por teléfono para avisar a Toni y escuché que éste le decía:

-A ver niña sino te habrás quedado preñada del niñato ese, que con la caña que te mete y lo que te suelta en cada polvo…

Más tarde llamó Ricky. Había cogido la llamada, pero me dijo que le pasara con Toni. Solo puede escuchar que se pasaría por la peluquería a la hora de cerrar.

Tuve que echarle una mano a Toni y la conversación fue derivando hacia el sexo, como no. En eso que Toni se empezó a burlar del tamaño de la polla de mi marido. Ya cansada le dije:

-¿Y tú como la tienes de grande?,¡vacilón!.

Me cogió la mano y se la llevó directamente al paquete. Comprobé que estaba bien dotado.

-No está mal, dije sin cortarme. Si te pillo yo, te quito el mariconerio.

-No me digas esas cosa que a lo mejor lo pruebo y todo, respondió él riendo.

Con ese cachondeo pasamos toda la tarde y se hizo la hora de cerrar.

Estaba acabando de barrer cuando entró Ricky. Le saludé y le indiqué donde estaba Toni. Yo estaba sudada y mojada y me fui a cambiar al cuarto que hacía de vestuario: cuatro taquillas y un banco en medio de una habitación. Solo me había desabrochado un par de botones de la bata cuando entró Toni. Era algo normal, pues nos habíamos cambiado muchas veces juntos e incluso en alguna ocasión me había visto en tetas. Lo que no era normal, era que en la puerta apareció también Ricky. Toni pasó tras de mí y yo me quedé embobada mirando a Ricky. Entonces fue cuando Toni, de un tirón, me abrió completamente la bata y yo me quedé inmóvil enseñándole las tetas al chaval.

-Aquí la tienes Ricky. ¿A que está buena?, dijo Toni.

-¡Joder!, sí que está buena la madurita. ¡Menudas tetorras tiene!.

Ricky se abalanzó sobre mí y empezó a manosearme los pechos sudados. Lo hacía un poco a lo bruto, pero con maestría. Me puso tiesos los pezones, él se dio cuenta y comenzó a chupármelos y mordisqueármelos.

Allí estaba yo, en medio de aquel cuarto, a mi edad, en bragas con un chaval comiéndome las tetas y otro, que encima se suponía que era marica, que me estaba hurgando dentro de las bragas para comprobar lo cachonda que estaba. Y, la verdad, tenía el coño encharcado.

Seguía paralizada y muerta de gusto cuando Toni me bajó las bragas dejándome totalmente en pelotas.

-¡Pedazo de chocho más rico que tiene la cabrona!, así me gustan a mí; hacía tiempo que no me comía un coñito así de peludito. Seguro que huele de maravilla; dijo Ricky.

-¡Y empapadita que está!, añadió Toni.

Ahí ya, yo me lancé. Busqué la goma del chándal de Ricky y metí la mano en busca de la picha del chaval.

-Estás mojado, dije

-Siempre mojo cuando una tía me pone y tú me tienes caliente desde hace tiempo, contestó el chaval.

-¿No te habrás corrido ya?, añadí.

-No te preocupes cariño, me dijo, ya te enterarás cuando me corra. No te vas a acabar toda la leche.

Toni me había metido dos dedos dentro del toto, con lo que yo estaba a punto de tener un orgasmo. Ricky se dio cuenta y mandó a Toni que parara.

-Túmbate en el banquillo y abre bien las patas que voy a disfrutar del chocho de mi madurita, me pidió Ricky recalcando la palabra mí.

Me tumbé en el banco y pude ver que Toni, estaba ya sólo en calzoncillos y pajeándose mientras nos miraba. Aquello me puso aún más cachonda.

-¿Me has estado calentando toda la tarde para esto?, le pregunté a Toni.

-¡Será que no te gusta zorrona!,  ¡Si lo estas desando!. Las maduritas fieles como tú sois las más perracas. Si no mira como tienes el coño. Seguro que tu marido no te lo pone así, respondió.

-Anda zorrita, abre bien las piernas que vas a disfrutar como nunca lo has hecho, me ordenó Ricky.

-No creo que tarde más de un minuto en correrse Ricky.

Entonces, sentí la lengua caliente de Ricky entre mis labios vaginales. Los lametones del chaval, los mordiscos que le arreaba a mí clítoris y los dedos que me metía en las entrañas me provocaron un aluvión de gemidos de placer y les grité:

-Chicoooos, vais a hacer que me corra, Ahggg, no puedo más. Me estáis matando, me muero de gusto, Me corroooo!!!.

Y me corrí. Con toda seguridad aquel cunnilingus no había durado ni un minuto. Con la particularidad que tengo, que cuando llego al orgasmo expulso gran cantidad de flujo vaginal. Cuando Ricky levantó la cara, con una sonrisa de oreja a oreja, la tenía empapada en mis jugos. Cogió lo primero que pilló, que fueron mis bragas, y después de olisquearlas se secó y se rió a carcajadas. Toni lo vio y se puso también a reír.

-¡Joder la piba!, se ha meado en tu cara; dijo Toni

Mira que eres maricón!. Se nota que te has follado a pocas tías tú. Se ha meado de gusto. Ha disfrutado como una cerda. Ya te lo había dicho: ésta es más puta que las gallinas. Respondió Ricky.

-…y que sabroso lo tiene. Me encanta el sabor de un chumino curradito. Seguro que no se ha duchado desde esta mañana.

A decir verdad, no me había duchado desde la noche anterior y eso que por la mañana mi maridito me había echado un polvete rápido que me había hecho mojar toda.

-Ven cariño, que vas a disfrutar ahora de mi polla. Volvió a mandarme Ricky.

Se bajó el pantalón de chándal y me apretó la cara contra su enorme bulto. Olía un poquito fuerte, porque su bóxer rojo dejaba ver alguna que otra mancha sospechosa. No me importó, y menos cuando se lo quitó y apareció aquel pedazo de tranca con un cipote enorme. Me la llevé a la boca y me puse a chuparla como una desesperada.

-Chupa guarrilla. Goza de una polla de verdad, que ya sé que tu marido es impotente, me decía Ricky

-Mi marido no es impotente, contesté yo como pude.

-…eso dices ahora pero espera a que le hayas puesto los cuernos con ésta, añadió señalando su enorme falo.

-…anda, deja que me tumbe y te la comes entera.

Se tumbó en el banco y yo me puse en el suelo de rodillas intentando abarcar con mi boca lo que pudiera de aquel pedazo de carne. Tenía el coño tan caliente y mojado que notaba como mis flujos resbalaban por las piernas y aprovechaba disimuladamente para acariciarme el clítoris porque me estaba sintiendo tan puta como ellos me decían. Pero no me importaba.

Toni estaba detrás de mí y no perdía detalle de la escena.

-Te gusta el culazo de esta guarra, ¿verdad?, le preguntó Ricky a Toni

-Síii. Es espectacular.

-No te emociones bujarrón, que ese bullaranga lo voy a estrenar yo. La piba lo está deseando, no ves el dedazo que se está haciendo. Pero si quieres, puedes follártela un rato.

Aquel chaval estaba en todo. Se había dado cuenta de la paja que yo me estaba haciendo y sus palabras sobre mi culito me atemorizaron, pues dudaba que me cupiera dentro aquella picha gigante. Los miedos desparecieron rápido porque el maricón de mi jefe me había separado las piernas y me había hincado su polla hasta el fondo, y ya he dicho que estaba bien dotado. ¡Qué gozada!, sentir aquel cacharro dentro de mi caliente conejito.

-¡Joder tío!, que estrechito tiene el coño esta guarrilla. Se nota que el cornudo de su marido tiene una mierda de polla, soltó Toni.

Que placer me estaba dando el supuesto gay. Yo no paraba de gemir y no podía concentrarme en la mamada que le estaba haciendo al macarra.

-¿Te gusta guarra?, ¿Te gusta la polla que te está follando?, me preguntó Ricky

-Siii,….. siii

Respondía cuando podía respirar porque con la boca llena de polla no podía respirar.

-¿Te gusta que te follen, eh puta?, era lo que estabas deseando. Se nota que tienes hambre de polla, pero hoy te vas a quedar harta. ¡Te lo juro!; dijo mi macarrilla, que ya se había convertido en el auténtico macho alfa del grupo.

Me giré hacia Toni que estaba acelerando las culeadas y ya sabemos lo que eso significa, aunque yo también tenía cerca el orgasmo.

-Córrete ya cabrón, córrete que me estás matando y lléname el chichi con tu leche de una puta vez, le grité a Toni.

Me estaba corriendo de una manera salvaje y deseaba sentir mi coño lleno de semen. Y, por primera vez, iba a ser de un tío que no era mi marido.

-¡Quieto maricón!, ni se te ocurra. Ese chochito es para mí y lo quiero bien limpito. Aguántate, si quieres tener tu recompensa, le ordenó Ricky.

Toni paró en seco, y yo me quedé muerta, gritando de rabia, por lo que paré de mamar la verga del macarrilla. Él me cogió y me obligó a ver como se la pelaba delante de mí. Se notaba que estaba cachondo también. Pensé que se correría en mi cara pero no fue así. Se sentó en el banco y pude observar las dimensiones de aquel inmenso cacharro. Desde luego que tenía muchos, muchos centímetros  y verla tiesa impresionaba.

-Ven zorrita!, ha llegado la hora de que sepas lo que es una polla de verdad, y un tío de verdad y no la mierda de churrina con la que te folla el cornudo de tu marido.

Sentí una punzada de pena por mi esposo. Era verdad que le estaba convirtiendo en un venado y que no se lo merecía, pero aquellos dos críos me habían puesto muy perra y tenía unas ganas enormes de sentir la tranca de Ricky en mis adentros.

Me subí encima, de cara a él, apuntando su picha a la entrada de mi chumino y dejándome caer de golpe me la ensarté entera, llegándome casi hasta la garganta. ¡Fue brutal!, había subestimado el tamaño de aquel cacharro; yo que estaba acostumbrada a algo tres veces más pequeño. Desgarró mi vagina y sentí tal dolor que medio me desmayé y tanto perdí el sentido, que se aflojó mi vejiga  y llegué a orinarme, un poco, encima de aquel chaval. Él, sin enfadarse lo más mínimo, comenzó a morderme los pezones y desperté de puro placer. La cabalgada estaba siendo bestial pero aquel enorme pollón dentro de mí me estaba deshaciendo. Con un poco de vergüenza por haberme hecho pis, le comía la boca a Ricky como loca.

-Me has matado cabrón. Me has reventado el coño; le susurré excitadísima a Ricky.

-¡Joder tía!, habrás parido dos veces pero tienes el chocho como nuevo: estrechito y calentito. Seguro que te he arrancado un montón de telarañas de la vagina, me dijo el chaval.

- ¡Dios!, me estás volviendo loca, no quiero que me la saques nunca, le dije.

-Tranquila guarrilla. A partir de ahora, le vamos a echar una manita al cornudo de tu marido, para darte la caña que las guarras como tú necesitan.

-Me voy a correr Ricky!, me voy a correr!, no aguanto más, tengo el chumino ardiendo y me corro.

No lo soporté. Fue tan enorme el orgasmo que tuve, que volví a marearme, aunque esta vez sólo solté los fluidos propios de mi bestial corrida, que no fueron pocos.

Al despertar, los tíos me estaban esperando preparados.

-¡Ponte a cuatro patas en el banco que ha llegado nuestro turno!, me pidió Ricky

-Levanta un poquito el culazo y espatárrate bien si no quieres que te duela, sugirió el chaval de forma considerada. Imagino que no querría que me volviera a mear.

Así lo hice. Me espatarré, Ricky me abrió la chorreante cuca y, poco a poco, me la volvió a meter entera hasta el fondo de mi vagina. Comenzó a bombearme y darme cachetes en las nalgas. ¡Me estaba calentando, de nuevo, de mala manera!; aceleraba, paraba, volvía acelerar, volvía a parar, así durante unos diez minutos y yo, mientras, con el pito de mi jefe en la boca chupeteándolo. Poco después, llegó el momento.

-Aquí viene zorra, me viene toda la leche, vas a saber lo que es un macho de verdad.

-Síii cariño, échamela toda dentro. No tengas miedo de dejarme preñada; grité.

¡Lo que llegó a salir de aquella verga!. Cuando me la sacó, mi chumino era como una fuente. El esperma de aquel chaval era blanquito y espesito pero caía a chorro por mis piernas.

-¡Échale la lefada en las tetas Toni!, que se vaya a casita bien embadurnada para que su cornudo le acaricie la tetas y le chupe el conejo.

Aquello todavía me excitó aún más, pensando que por la noche mi marido me acariciaría con el cuerpo sucio por los restos del folle con aquellos dos chavales. Toni, me la sacó de la boca y apuntando a mi canalillo, disparó los trallazos de semen contra él, llenando también mis pezones y alguno que fue a parar hasta mis labios. Luego se encargó de frotarme bien todo el esperma por  los pechos.

Ya me iba a levantar del banco cuando Ricky me advirtió que la fiesta no había acabado aún.

-Quieta cachonda, no te vayas aún

-Por favor Ricky, no me des por el culo hoy. No podría resistirlo. No lo he hecho nunca por ahí.

-Tranquila piba. Ya te lo reventaré otro día. No quiero que te pases el fin de semana sin poder cagar, dijo riéndose.

-¿Qué quieres hacer ahora?, le pregunté yo.

-Pues ahora vas a ver cómo me follo a la maricona de tu jefe. Anda zorra, ponme el condón en la polla que no quiero que se me pegue nada de este gay.

Cogí el condón y con mucho esfuerzo, porque no le cabía, conseguí enfundar aquel enorme pene que me había dado tantísimo placer, no sin antes darle una buena chupeteada, saboreando los restos de semen que salían de su pito.

-¡Así guarrilla!, ¡qué puta eres!, vas a ser mi puta favorita. Tú sí que sabes tratar a un macho; me soltó Ricky

-Venga maricón. Te pones a cuatro patas y le comes el coño a la madurita. Te va a encantar, ya verás que mojadito lo tiene; mandó el macarra a mi jefe.

Toni ni se lo pensó. Tal como estaba se colocó delante de mí, que estaba sentada en el borde del banco, y comenzó a pasarme la lengua por todo el conejo, introduciendo la lengua en la vagina. Me volví a poner toda perra y más cuando levanté la cabeza y vi como Ricky estaba sodomizando al peluquero, que no había dicho ni mú al ser ensartado, pero que ahora gemía despacito.

-¿Te lo está comiendo bien?, ¿Habías visto como le dan por el culo a un marica?, me preguntó Ricky.

Respondía como podía: sí, a lo bien que me lo estaba chupando y no, a que no había visto como le daban por el culo a ningún tío.

-Te ha vendido como a una puta. ¡Como lo que eres vamos!. Y todo por una culeada. Igual que hizo con Susi, que no es ni la mitad de puta que tú, la muy remilgada; añadió el machote.

Estas palabras de Ricky, y la comida de coño que me estaba dedicando Toni me estaban deshaciendo. Toni, que se estaba masturbando, eyaculó en el suelo del vestuario y Ricky aprovechó para sacársela del culo y dirigiéndose con la picha empalmada hacia mí me dijo:

-¡Abre la boca guarra!, que ya viene tu cena. ¡Menudo biberón te vas a meter!.

Y el muy cerdo, comenzó a derramar toda su lefa en mi boca. Me era imposible aguantarla toda en la boca, con lo que termine tragándome todo lo que pude, ya que una parte se derramó por mis labios. No me desagradó para nada la leche del macarra aquel.

Toni seguía comiéndome el chumino hasta que al final tuve mi tercer orgasmo y le llené la boca de mis caldos. Los tres estábamos exhaustos y sudados en aquella habitación que olía cantidad a sexo y, un poco, a mi orina también.

-¡Vístete zorrita!, fue la última orden de Ricky

Recogí mi ropa y cuando iba a ponerme las bragas, el muy macarra me las quitó.

-A partir de ahora, cuando vengas a trabajar, vienes como la puta que eres. Sin bragas. Que yo pueda follarte cuando y como me apetezca.

Mientras me adecentaba un poco y me vestía, les oía hablar a ellos:

-¡Qué maravilla de madurita! Dijo Toni

-Que pedazo de guarra. Que polvazo que tiene la muy puta. Que pedazo de tetas. Qué pedazo de chocho peludo que me calza la muy zorra. Que pedazo de culazo enorme que gasta la madurita con ese agujerito negro que aún está por estrenar. Ya tengo ganas de partírselo, reventárselo y follárselo hasta que no pueda más. Las palabras eran de Ricky.

Cansada y un poco dolorida pero con el chumino otra vez mojado, me fui para casa.

 


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© alex

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