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Fecha: 12-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Orgías

Conociendo el negocio. (3)

Julia Rdz
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Hablé con mi novio, y lo sentía muy distante pero de alguna manera lo entendía. No era fácil escuchar como a diario se cogían a su prometida. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Bajé del avión y en la puerta estaba Edith esperándome. Nos abrazamos.

-Qué bueno que estas aquí. –Me dijo en un tono que casi se le quebraba la voz.

-¿Qué pasó? –Pregunté mientras caminábamos y tomábamos un taxi.

Avanzó al hotel. No dijo ni una sola palabra. Su mirada la tenía perdida. Llegamos y entramos al cuarto, se tiró en la cama. Mi teléfono sonó y atendí a mi mamá, luego de hablar con ella, hablé con Rafa.

Edith seguía perdida. Me bañé y dormí. Andaba demasiado cansada. Mi amiga me despertó como a las 10pm.

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-Salimos. –Me dijo muy a secas. Asentí.

Me puse un pantalón y una blusa. Abajo traía un juego de brassier y tanga color amarilla. Salimos del hotel y subimos a una camioneta del año, hermosa. Edith manejó.

-¿A dónde vamos? –Pregunté.

-La ciudad de Monterrey es el lugar más seguro para nosotras, que no se te olvide. –Me dijo. –Disculpa por lo que pasó en Puebla. Dimos un paso en el negocio, estamos recuperando terreno y sacando gente, tú me entiendes. –Cuando me dijo eso, lo entendí pero en ese momento me dio un vuelco el corazón que me hizo querer no entender. –Hoy vas a conocer a gente muy importante que controla más de la mitad de México.

No dije nada. Llegamos a una casa en medio de la ciudad. Casa grande, hermosa, de dos pisos. Abrieron el portón y entró la camioneta. Había algunos autos estacionados.

Nos detuvimos y entramos a la casa. Al entrar había una sala, la cual ya estaba llena de gente.

Estaban dispersados, 5 hombres y 5 mujeres.

-Edith. –Gritó uno de los hombres, sonriendo. Llevaba una copa en la mano. Se acercó y se dieron un beso en la mejilla. -¿Cómo estás?

-Bien, y ¿Tu? –Dijo Edith.

-Mejor que nunca. Pasa, te estábamos esperando. –Dijo. Edith me presentó y todos me miraban asombrados.

Hicieron un círculo alrededor de Edith y empezaron a hablar. Tuve que quedarme a su lado y escuchar la plática. Mi amiga les empezó a hablar de lo que ocurrió en Puebla.

Luego de una hora, me empecé a aburrir, a eso había que sumarle que seguía cansada. Pasé al baño y me quedé un rato ahí. Luego salí y caminé de nuevo a la sala.

-Oye. –Me dijo uno de los hombres que estaban en la sala. –Julia, ¿Verdad?

-Sí, dígame.

Agarró su teléfono y le habló a alguien. Llegó un señor de unos 40 años muy bien conservado.

-Lleva a la señorita a conocer la ciudad. Nosotros nos vamos a tardar un buen rato. –Le dijo al señor.

-¿Qué? –Dije.

-Que te vayas a dar una vuelta con el señor y que te lleve al hotel cuando tú digas. –Me dijo Edith.

-A bueno. –Dije. Caminé a la salida y subimos a un auto, muy bonito.

Avanzó el auto y por un rato todo fue silencio. Me llevó a lugares que por sus luces, se veía todo muy bonito hasta que habló.

-¿Tu eres la hija de Edith? –Me preguntó.

-No, soy su amiga. –Respondí.

-¿Amiga? Es mucha diferencia de edad, ¿No?

-Sí pero nuestros gustos que son muy especiales, nos hicieron conocernos.

-¿Qué anda haciendo una niña fresita metida en estos asuntos? –Preguntó.

La verdad es que no tenía una respuesta.

-Edith encontró en mí una hija y quiere dejarme algo. –Dije. –Me anda mostrando sus negocios y quiere que aprenda a manejarlos.

-Ya entiendo. Tú eres esa persona de la que tanto han estado hablando. –Me dijo. Levanté mis hombros. Puso una mano en mi pierna. –Hay que tener mucho cuidado en este tipo de cosas, he visto que los jefes no confían tanto en su personal. Tienen uno o dos de confianza.

-Me imagino que tú eres uno de esos en los que confían los jefes. Por eso te mandaron cuidar a la próxima jefa. –Le dije. Dejé que dejara su mano en mi pierna.

-He tratado de hacer mi trabajo lo mejor posible, sin embargo siento que merezco un poco más. –Empezó a masajear mi pierna despacio.

-¿Cómo qué? –Puse total interés en lo que me dijo.

-Pronto, tú andarás sola por todo el país cuidando tus negocios, pero creo que necesitarás a alguien que conozca este asunto y quiera ayudarte. –Dijo. Asentí.

No niego que me daba miedo empezar esto yo sola, tenía miedo de meterme en problemas y no tener a alguien que me ayudara. Tenía razón el tipo en todo lo que me decía. Necesitaba a alguien de confianza y de pronto caí en la cuenta.

-Me dices todo esto porque…

-Así es. –Me interrumpió. –Te estoy ofreciendo mi confianza, ayudarte, viajar contigo. Mi jefe tuvo su asesor un tiempo, la misma señora Edith…

Silencio. La idea me pareció perfecta. Tener a alguien que hiciera todos mis trabajos sucios, empezar un imperio. Pensé en que las personas en este negocio iniciaban con uno, luego otro e iban creciendo. Tenían a su mano derecha y yo, ya tenía al mío.

-Sí, sí, sí. Acepto. –Dije emocionada y muy tranquila.

-Perfecto. Pero esto lo haremos despacio, por lo pronto será entre tú y yo. –Dijo. Asentí. –Cuando llegues a dónde vives, me hablas por teléfono y me dices de tus negocios, yo de ahí empiezo a moverme. –Cambiamos números.

Me sentí muy tranquila y feliz. De pronto recordé unas palabras de Edith:

-Oye. –Le dije. –Vamos a cerrar el trato.

-¿Cómo? –Me dijo. Me acerqué, le di un beso en sus labios y le agarré el bulto, ya traía una erección.

-Llévame a un lugar tranquilo donde nadie nos pueda molestar por una media hora. –Le dije.

-Compré un taller, entre los negocios que hago sin que nadie sepa. Vamos. –Me dijo.

Luego de 10 minutos, llegamos a un taller que parecía abandonado. Abrió la reja, entramos y la cerró. Estaba muy oscuro. Encendió una luz muy lagañosa.

Cada quien bajó de su lado.

Empecé a quitarme la ropa hasta quedar desnuda. El tipo hizo lo mismo. Abrimos las puertas de atrás y nos metimos, rápido nos fusionamos en un beso, mientras él llevaba una de sus manos a mis pechos que apretó y yo llevaba una mano a su verga, que empecé a masturbar.

Estuvimos así por un minuto hasta que me agaché a mamarle la verga. Tenía un tamaño regular, eso sí era más gruesa que otras, tuve que abrir mucho la boca para que entrara. Me agarró de la cabeza y empezó a moverme para arriba y abajo.

-Así, chiquita. Dame más. No pares.

Se la mamé por unos 5 minutos.

-¿Traes condones? –Le pregunté, saliéndome y levantándome.

-Sí, ahí en medio. –Dijo. Levanté la tapa y saqué uno. Se lo puse.

Pasé una pierna por encima de él, puse mis manos en sus hombros y sentí la punta en la entrada de mi panocha.

-Sin manos. Este trabajo lo haré sola. –Le dije. Me vio y asintió.

Me dejé caer y me clavé de un solo golpe. Todavía no estaba mojada y el dolor fue realmente riquísimo. Sin detenerme a pensar en el dolor, empecé a mover mis caderas como sabía hacerlo. El movimiento ya casi lo había perfeccionado. El tipo me mordía el hombro donde estaba recargado.

Luego me recargué en mis pies y empecé a clavarme más fuerte y duro, me movía exageradamente para que mis pechos se movieran frente a su cara. El tipo trataba de morderlos.

Con habilidad el tipo me tiró en el asiento, me abrió las piernas y me la clavó mientras su boca y sus manos se ponían a disfrutar mis pechos. Lo hacía con mucha fuerza y mucha rudeza. Me gustó.

Se levantó y puso sus manos en mis caderas, me movió con más fuerza y me penetraba muy rápido. Gimió rápido hasta que sentí como se hinchaba su verga dentro de mí. Se había venido.

Sonreí. Se bajó y se sentó en el asiento. Yo seguí acostada. Estábamos agitados.

-¿Eres casado? –Pregunté.

-Si. –Dijo.

-Tendrás que dejarla porque te necesito 100% para mí. –Le dije, pensando en los negocios.

-No te preocupes, mi esposa y yo el único interés que tenemos en estos momentos son nuestros hijos. Ella y yo ya no tenemos nada. –Me dijo medio triste. –Aparte, como no le voy a dedicar el tiempo a esta chichona con la cual haremos mucho dinero. –Me dijo mientras se agachaba a morder mis tetas.

Nos levantamos y me llevó de nuevo a la casa. Había hablado y Edith seguía ahí. Cuando llegamos, ya se estaba despidiendo de todos y nos fuimos.

-¿Novedades? –Me preguntó viéndome seriamente. Me asustó su mirada.

-Nada, todo bien. –Dije nerviosa.

-¿La ciudad?

-Hermosa. –Silencio.

-De acuerdo. –Dijo. –Vamos a ir a otro lugar, te voy a presentar a alguien. –Asentí nerviosa.

Llegamos a una casa muy sencilla y entramos. La casa tenía varios cuartos y estaba bien amueblada. Limpia. Caminamos y llegamos a lo que era la sala. Había un muchacho sentado, en cuanto nos vio, se levantó a saludarnos.

-Buenas noches, ¿Cómo estás? Edith mía. –Le dio un beso en la boca y se abrazaron.

-Te extraño. –Le dijo Edith. –Te necesito. –Se besaron. Noté mucho deseo en ese beso. Se separaron. –Ella es Julia, te hablé de ella, ¿Recuerdas?

-Sí, mucho gusto. –Me dio la mano. Saludé con la cabeza.

-Él es Héctor, no te había hablado de él. –Me dijo. Negué con la cabeza.

Recordé que en Puebla, Edith se había masturbado pensando en un Héctor, era él. Lo vi detenidamente y era muy guapo, alto y se veía que trabajaba mucho su cuerpo. Le sonreí coquetamente. Me regresó la sonrisa.

-Nosotras… -Dijo Edith interrumpiendo el momento. –No somos mujeres de un solo hombre. Nos gusta tener una gran variedad a nuestra disposición. –Dijo. Abrazó a Héctor. –Yo tengo a mi marido que amo, pero necesito alguien que me haga sentir mujer de verdad y Héctor es el perfecto. –Le quitó su playera y su cuerpo estaba perfectamente trabajado, tenía unos brazos enormes y un abdomen que mojaría a cualquiera. Le quitó el pantalón y sus piernas y glúteos era perfectos. Pero mi mirada se centró en algo más, su bulto. Le quitó la ropa interior y di un grito.

-¡Wow! –Dije sorprendida.

-Exacto. Mírala sin erección. Ahora imagínala parada. Alcanza más de los 30cm y de gruesa… todavía me abre. A mi edad y con tantas vergas dentro. –Me dijo. Se agachó, la tomó en las manos y se metió la cabeza a la boca. La besó riquísimo. Necesitaba esa verga dentro. –Pasa al cuarto. –Le dijo a Héctor.

Me agarró de los hombros y me sacó de la casa.

-¿Qué pasó? –Le dije.

-Solo hay una regla: este hombre es mío. No se te ocurra ni pensar en él. –Levantó su voz y me intimidó totalmente.

-Yo… no… -Dije.

-Lo sé mi vida. Como consejo, cásate con Rafa y búscate un hombre igual al mío. –Me dio las llaves de la camioneta. –Sigue derecho, el hotel queda a 5 cuadras. Vienes por mi pasado mañana. –Y dicho esto, se metió a la casa y cerró la puerta.

Me quedé parada sin entender ni una sola palabra.

Arranqué la camioneta y llegué al hotel. Me di un baño y para las 2am, estaba durmiendo.

Sonó el teléfono.

-Hola. –Dije media dormida.

-Necesito que vengas de inmediato, acabamos de agarrar un lugar y quiero que lo reclamemos en tu nombre. –Reconocí la voz de mi mano derecha.

-¿Qué? ¿Cómo? –Dije levantándome y poniéndome ropa.

-Te mandaré la dirección y te quiero aquí en media hora. –Colgó.

Estaba aturdida. Tardé un rato en reaccionar pero cuando lo hice, ya estaba pidiendo un taxi. Me subí y le di la dirección. De pronto pensé en que iba a reclamar un lugar, me había hablado mi mano derecha. ¿Qué es eso? ¿Cómo es eso? Miré el reloj y eran las 8am.

Debo decir que mi corazón se me quiso salir del pecho. Vomité en el taxi.

-Présteme una toalla. –Le dije al taxista que me vio de mala manera.

La noche anterior le dije “Sí al tipo”, de crear una organización y ahorita ya no había vuelta atrás, debía agarrar valor. Me mal maquillé porque iba muy nerviosa, temblando.

Llegamos a lo que era un taller de hojalatería. Bajé y pagué con un billete grande, del cual no esperé feria de tan nerviosa que iba. No vi a nadie. Toqué la puerta y nadie abrió. “Me voy”, pensé.

En eso llegaron varias camionetas y di un brinco tan alto del susto. Vi como bajaron varios hombres armados y grité. Entraron al lugar.

Vi a Edith bajar de una camioneta y corrí a abrazarla, en cuanto me le acerqué vi como levantó su brazo y sentí un golpe en mi nariz, caí al suelo. Luego sentí una patada en mi estómago que me sacó totalmente el aire. Ni tiempo me dio para llorar, tan solo tosí y agarré aire como podía.

Sentí como alguien me agarró de mi cabello y me estiró para levantarme. Instintivamente llevé mis manos a sus manos, no me pude escapar. Abrieron la puerta de la camioneta, me lanzaron dentro y la cerraron.

Seguía tosiendo, mis lágrimas salían. No entendí que pasó. Pasó un rato hasta que pude respirar bien y empecé a llorar a todo pulmón. Edith me había golpeado, pateado y jalado el cabello. Mi estómago me dolía, sangraba por la nariz.

Subió gente a la camioneta, vi a Edith subirse a mi lado. Rápido me levanté y me separé de ella.

-TE DI MI CONFIANZA Y LA TRAICIONASTE, PINCHE PUTA –Me gritó. Avanzó la camioneta.

-No sé qué pasó. –Dije entre lágrimas.

-CHINGAS A TU PUTA MADRE. –Me dijo. Me dio una cachetada tan fuerte que volteó mi cara totalmente. Sacó un arma y me apuntó. –ASÍ QUE TE HACES LLAMAR “LA CHIQUITA”, ¿EH? DAME UN MOTIVO PARA NO TIRARTE AQUÍ MISMO, MUERTA, “CHIQUITA”.

Mi mundo se derrumbó totalmente, ya no era miedo lo que sentía sino arrepentimiento. Pensé en todo lo que había hecho en mi vida y se iba a acabar ahí mismo. Todo. No sabía que estaba pasando, no sabía que decir y aquella persona que me apuntaba con un arma, quería una explicación.

-ME HABLARON EN LA MAÑANA PARA DECIRME QUE HABÍAN AGARRADO UN LUGAR Y QUERÍAN RECLAMARLO A MI NOMBRE. YO NO ENTENDÍ NADA, SOLO FUI. –Grité. –PENSÉ QUE ERAN DE LOS MISMOS, EL TIPO ANOCHE ME DIJO QUE QUERÍA AYUDARME PARA QUE SE HICIERA MENOS PESADO MI TRABAJO Y YO ACEPTÉ. NO SABÍA QUE OTRA COSA HACER.

-Tranquila Edith. –Dijo uno que iba adelante. –Te dije que él ya andaba en malos pasos, se quiso aprovechar de Julia, así lo veo yo.

-Y ¿Lo de Puebla? ¿Cómo lo explicas? –Dijo mi amiga al aire. Bajó el arma.

-¿Qué pasó en Puebla? –Pregunté. Seguía muy asustada. De nuevo apuntó su arma hacía mí, grité, bajé la cabeza y cerré los ojos. –NO POR FAVOR. NO QUIERO MORIR.

-Tranquila Edith. –Habló de nuevo la persona que iba delante. –Dame eso. –Levanté la vista, llorando. Vi que le entregó el arma al señor. –Señorita, explícanos lo de Puebla. -Las palabras no me salían del miedo. Vi como el señor agarró una botella de agua y le echó un polvo, luego me lo pasó. –Toma, bebe, todo.

Batallé para hacerlo pero lo tomé todo. Se hizo el silencio. Pasaron 5 minutos y mi cuerpo se empezó a relajar.

-Te expliqué que en Puebla andan las cosas muy difíciles. –Dijo Edith. –Andábamos siguiendo a unos jefes y te vimos salir con ellos luego de que de mi cuenta se retiraran 1 millón de pesos.

-Hablas de eso. –Dije sonriendo. Me sentía muy diferente, sin miedo y más libre. –Esos pendejos querían presumir que eran mejores que yo y para demostrarles lo contrario, le regalé ese millón a una pinche mesera muerta de hambre. –Dije. Sonreí. –Hubieras visto la cara que pusieron. ME LOS CHINGUÉ.

-Y luego te vieron salir con ellos e irte en un auto al hotel. –Dijo Edith.

-Claro. Quería coger y esas 4 vergas me atendieron. –Me empezó a dar mucho sueño. Me recosté.

Seguía escuchando voces que no entendía y yo seguía respondiendo no sé qué cosas.

-JULIA, DESPIERTA.

Abrí los ojos. Estaba en una cama viendo al techo. Me dolía la cabeza.

-¿Qué pasó? –Dije al aire, agarrándome la cabeza. Sentí como alguien se sentó a mi lado en la cama.

-Discúlpame. –Escuché a Edith y empezó a llorar. –Tenía tanto miedo, de que te hicieran algo, de perderte, de cualquier cosa que te pasara mi niña. –Dijo. Lloró con más fuerza, abrí los ojos como pude y la vi llorar. –Actúe de esa manera contigo porque te quería proteger, quería sacarte la verdad, porque sé que eres buena, pero mi gente pensaba mal de ti y al final yo pensé mal de ti y ellos no y… perdóname. –No entendí nada

De pronto me acordé de lo que había pasado y sentí un miedo terrible. Me levanté y me hice bolita en otra cama. Comencé a llorar.

-Quiero ir a mi casa, Edith. –Dije. –Por favor.

-July.

-Tengo miedo. Fue tanta la presión que sentí, que sentía que me moría. –Lloré. –EDITH, ME GOLPEASTE, ME APUNTASTE A LA CABEZA CON UN ARMA.

Se tapó la cara y lloró. Gritó. Sus ojos estaban hinchados, de dolor, inundados en lágrimas. Se acostó y nos abrazamos. No hablamos durante un par de horas. Dormí.

Abrí mis ojos y me topé en frente con la cara de Edith. Estaba dormida. Sentí que me moví y abrió sus ojos. Nos miramos.

-Solo deseo protegerte y… -Dijo.

-Shh. –Le puse un dedo en sus labios. Nuestras miradas estaban fijas en nuestros ojos. Bajé mi mirada y vi sus labios carnosos. La subí y Edith miraba mis labios. Nuevamente nos vimos.

Y sin decir nada, cerré mis ojos y nos besamos. Edith me puso boca arriba y se puso encima de mí. Agarré sus nalgas, que estaban tapadas por un pantalón y ella puso sus manos en mis tetas. Apretaba mis pechos, los masajeaba mientras se movía para arriba y para abajo. Yo me movía a su ritmo apretando sus nalgas.

Ese beso duró 5 minutos hasta que se separó. Estaba ardiendo de deseo. Quería hacerlo con Edith.

-Perdóname por dejarte sola. –Me dijo. –Este viaje es para enseñarte, no para hacer negocios y te he dejado sola.

-Pero no lo he hecho mal, ¿Verdad? –Dije.

Se levantó y me vio.

-Todo lo contrario. En Zacatecas quedamos asombrados porque tuviste el poder de convencimiento para que una niña tuviera sexo. –Dijo y su rostro se puso feliz. –En Puebla utilizaste tu poder para callarle la boca a 4 jefes y luego, una muchacha se fue con ustedes, ¿Qué pasó con ella?

Me puse de rodillas en la cama y empecé a hablar feliz.

-Resultó que esta niña era mesera de ese lugar, entonces le di el dinero y me dijo que estaba totalmente a mi disposición. Entonces le dije que quería que me acompañara a coger con los señores y me salió que era virgen y cogió con todos. Todo porque le di dinero. –Dije. Me sentía feliz y todo ese miedo estaba desapareciendo.

-A tu edad, no tenía tanto dinero a mi disposición y menos sabía que el dinero tuviera tanto poder. –Me dijo. –Y los de aquí se quedaron asombrados porque en un día pudiste mover gente. Te vemos con excelentes cualidades, aunque peligrosa.

-¿Por qué? –Pregunté.

-Porque estas actuando sin saber y has hecho muchas cosas. Temen que vayas a hacer algo diferente cuando aprendas.

-Pero yo soy buena. –Dije.

-Lo sabemos, por eso ya no me voy a separar de ti y te enseñaré todo. –Me dio un pico. –Voy a reservar los boletos, tenemos que irnos. Arréglate.

Me bañé y me vestí. Me sentía muy bien, orgullosa de las palabras que me dijo Edith, no lo estaba haciendo anda mal.

Salimos rumbo a Veracruz.

Estando allá me presentó a un joven de 20 años con el que tuve sexo los días que estuvimos allí. Me llevó a varios lugares muy bonitos y el ultimo día me pidió que fuera su novia a lo que me negué diciéndole que estaba comprometida.

Luego salimos a Chihuahua.

Cuando llegamos, participé en dos tríos con las 2 parejas que Edith me presentó. No me dejaron salir más que al baño del cuarto de hotel.

Llegamos a Sinaloa.

Edith me advirtió que la ciudad a la que íbamos, era dirigida por 3 mujeres. Al llegar tuve sexo con las tres al mismo tiempo. Luego me habló la más chica, que tenía 25 años y tuve sexo con ella. Luego me habló la del medio, que tenía 38 y tuve sexo con ella y al final la de 50 años, que también tuve sexo. Al final me confesaron que eran lesbianas.

Llegamos a Baja California Sur.

Edith me dijo que aquí tenían unas reglas algo estrictas. Que al ser menor de edad, los señores no se iban a meter conmigo. En cambio, me iba a meter con sus hijos: dos de 13 años, uno de 14, uno de 15 y dos de 16. A cada uno le dediqué dos horas, con una hora de descanso entre uno y otro. Con cada uno me metí dos veces, no me hicieron mucho pero si les di algunos recuerdos.

Tocó el turno de Oaxaca.

Edith me dijo que tenía cosas pendientes y que me daría los días libres. Salí a la ciudad, compré algunas cosas personales y me conseguí a alguien para coger. Me lo llevé a mi hotel y me cogió sin nada que destacar. Regresó al siguiente día y volvimos a coger que fue peor que el día anterior.

Salimos a Aguascalientes.

El día que llegamos, mi amiga me presentó a tres hombres con los cuales, tuve sexo esa misma noche, los tres para mi solita. Al siguiente día, tuve un trío con los dos hombres, y en la noche el otro hombre me llevó una muchacha para otro trío.

Y nuestra última parada, Durango.

Tuve sexo con dos hijos de dos jefes, alternándonos 1 por 1. Al final se andaban peleando por mí y Edith les dijo que estaba comprometida. Me insultaron pero yo había disfrutado.

Debo decir que Edith estuvo conmigo todo el tiempo, hablándome, explicándome, atenta a mí. Y aprendí muchas cosas del negocio. Ella se miraba feliz, satisfecha y yo me sentía mucho mejor.

Tuve comunicación constante con mi mamá y le expliqué (mentí) que muchas prepas de buen prestigio me ofrecían becas para que me cambiara. Mis papás estaban felices por eso.

Hablé con mi novio, y lo sentía muy distante pero de alguna manera lo entendía. No era fácil escuchar como a diario se cogían a su prometida. Pero siempre le recalqué que era por nuestro futuro.

Llegamos a nuestra ciudad el domingo 3 de febrero del 2008 cerca de las 11pm. La extrañé.

Le expliqué a mi mamá que Edith nos había dicho que podíamos tomarnos la semana para descansar pero que si queríamos ir a la escuela, no había problema. Le dije que me quedaría en casa de mi tía y ella aceptó. Nos miraríamos mañana.

Nos subimos al auto de Edith.

-Antes de llevarte, quiero darte un regalo. –Me dijo.

-Hay no es necesario amiga. –Le dije. Sabía o tenía idea la clase de regalo que podía darme, y no es que la hiciera gastar mucho sino que sería un regalo que no podría explicarle a mis papás.

-Cállate. Tengo mucho tiempo trabajando en el regalo. –Arrancó el auto.

Llegamos a una casa grande, hermosa, muy bien arreglada, iluminada. Tenía unas bardas grandes que hacían que no se mirara para dentro. Se abrió el portón eléctrico y entramos.

El patio era enorme y el pasto brillaba de verde con sus luces. Había una fuente. Entramos a la casa y se miraba más grande que por fuera. Caminamos por un pasillo y llegamos a la sala, estaba arreglada de una manera que no puedo describir. Caminamos y llegamos a la cocina enorme, brillaba de limpia.

Llegamos a la escalera y subimos. Había muchas puertas, entramos a una y era una recámara. Hermosa. Sin palabras. Caminamos a una ventana y vi que fuera, detrás de la casa había una alberca. El agua brillaba de limpia con sus luces.

Era un sueño esa casa. Edith me vio y yo la vi, levantó su mano y me mostró unas llaves, me las dio.

-Claro que no. –Le dije. Me sonrió y no dijo nada. La abracé.

-Es tuya, no es necesario que te vengas a vivir aun, pero puedes venir cuando quieras, organizar algo o coger con tu novio. –Lloré.

-Eres la mejor amiga que tengo. –Le dije. La vi y soltó una lágrima.

-Vámonos. Tengo que ver a mi marido. –Me dijo. Me llevó a la casa de mi tía.

Nos despedimos y bajé feliz. Mi vida estaba tomando un rumbo increíble. Fue el mejor mes de mi vida. Caminé cantando hasta la puerta de la casa.

Levanté una piedra donde sabíamos que había copia de la llave. Abrí la puerta y dejé la llave. Entré. Estaba todo oscuro. Encendí una luz. Escuché una voz en los cuartos. Me asusté. Se supone que no hay nadie en la casa.

Me acerqué despacio, en silencio y con miedo a los cuartos. La voz venía del cuarto de mi tía y la reconocí, era Olga, mi hermana. Tenía la puerta semiabierta.

-… de eso ya no me hables. Ya lo entendí... ¿Por qué quieres que te lo repita?... Sí, no nos vamos a casa, tú amas a mi hermana. Y yo te amo a ti... Que se joda Karla, no soy lesbiana, te amo… estoy embarazada de ti, Rafa… con Miguel tuve muy poco sexo y hace mucho, July tuvo más sexo con él… si, por lo pronto diré que es de Miguel mientras pensamos que hacer… adiós.

-¿QUE? –Dije gritando. Nadie estaba con nosotras. –Acaso escuché bien. –Agarré mi cabeza. Mi corazón se me salía del pecho, y en pedazos. -¿Estas embarazada? Y ¿De mi novio? ¿De Rafa?

Mi hermana Olga me vio con los ojos en blanco, asustada.

-July, déjame explicarte… -Dijo con su voz temblorosa.

-¿Escuché mal? –Le dije en tono sarcástico.

-No, pero… -No dijo nada. Empezó a llorar. Cerré la puerta y caminé a la sala. –PERDON. PERDONAME HERMANA. –Me gritó. Tapé mis oídos hasta que ya no la escuché.

A la media hora tocaron la puerta. Era muy tarde para la visita. Me asomé y estaba Karla parada.

Mi amiga Karla. Me limpié un poco las lágrimas y abrí.

-Hola… ¿July? –Me dijo sorprendida. –Llegaste. –Nos abrazamos.

-¿Qué te trae tan noche? –Le pregunté.

-Tu hermana me habló temprano pero hasta ahorita me desocupé. –Me vio. – ¿Estabas llorando?

No dije nada. El alma, mi corazón, me dolían. Necesitaba perderme.

-¿Traes algo para el dolor? –Le pregunté.

Continuará…


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