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Fecha: 29-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

Como aman los dioses (X) - Incendio en tinieblas.

Klisman Francovit
Accesos: 1.363
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 33 min. ]
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Tristeza, miedo y felicidad, sentimientos de mortales. Los Dioses existen y son criaturas caprichosas que no dicen por favor, ni dan las gracias. Pero, ¿Qué pasaría si dos Dioses se enamoran de un mismo mortal?, una guerra por amor se desatará y el joven muchacho en medio del fuego cruzado quedará. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Como aman los dioses (Capítulo X) – Incendio en tinieblas.

[Seymour]

     Finalmente terminé de servir y encendí una vela en el moderno comedor de madera oscura. Estaba nervioso por dentro, después de lo de ayer esperaba, no, mejor dicho, quería que aceptara mi propuesta. Después de un segundo, impaciente, sentado frente a mi plato le vi bajar de las escaleras. Aun seguía con su traje puesto, se veía ridículamente sexy en él.

—Adelante, por favor—le indiqué su silla.

—Gracias—respondió escueto. Podía observar como mecía la pierna con nerviosismo por debajo de la mesa.

—Buen provecho—le indique con una sonrisa amable—Disponga usted de la comida con total confianza—le dije bromeando.

     Vi como tomó el tenedor y apuñalo la pasta en su plato, sin siquiera enrollarla procedió a llevarla lentamente hacia su boca, uno, dos, tres, cuatro mordiscos, tragó y sonrió.

—Está deliciosa—dijo finalmente y procedió a tomar de su copa.

     ¡Sí! Había pasado la prueba, sin duda esta vez la cosas no me podían salir tan mal, esperaba impresionarlo con este gesto de la comida. Procedió a dar un segundo bocado.

— ¿Y tú no comes?—preguntó atento, entre mordiscos con la boca llena.

—Claro—respondí.

     Tome mi tenedor y enrollé la pasta, le unte un poco de salsa y me la llevé a la boca. Después de un par de mordiscos me di cuenta de que su sonrisa era falsa, la pasta estaba chiclosa y pasada, la salsa estaba amarga y me había pasado como por dos puños de sal, era un fracaso, por lo menos con el vino no podía equivocarme porque fue algo que tuve que comprar y ya, porque si me hubiese tocado hacerlo a mí de seguro lo hubiese intoxicado. Sin embargo el esfuerzo sobrehumano que hacía por comer mi comida, por hacerlo con una sonrisa en la cara, valía toda la pena… Para la próxima pediría una pizza.

     Ya casi habíamos terminado nuestros platos, comimos en un silencio que no era en lo absoluto incomodo, de vez en cuando le pillaba mirándome, y yo también escarbaba un poco en sus ojos, parecíamos dos niños. Me pareció el momento perfecto para lanzarle mi propuesta.

—Oye Evan…—

— ¿Sí?—respondió terminando su último bocado, llevándose la copa de vino a la boca.

— ¿Recuerdas que te dije que te iba a hacer una propuesta?—

     Inmediatamente se atraganto con el vino, apenas escuchó eso y empezó a toser, salí apresurado a buscarle agua.

— ¿Mejor?—pregunté.

—Mejor—respondió.

—Bueno como te decía—procedí a explicarle, y él intentaba camuflajear su cara de pánico—Me gustaría hacerte una propuesta, bueno, más bien una invitación. ¿Recuerdas a mis amigos del instituto?, bueno… ¿Los únicos que tengo?—él asintió atento—Si bueno, ellos y yo iremos ahora en la tarde al centro a por unos helados y me preguntaba si quisieras ir con nosotros—le dije risueño—Te prometo que te divertirás, y así conoces más y no te quedas aquí encerrado de nuevo, te prometo que mis amigos son geniales y les caerás genial, claro, porque tú eres genial y ellos también lo son… Pero, ¿Qué dices?—pregunté nervioso, permitiendo que al fin entrara aire a mis pulmones luego de tanto parloteo.

— ¿De eso se trataba la propuesta?—preguntó sorprendido y aliviado.

—Sí, era eso, ¿Por qué?, esperabas otra cosa—pregunté pícaro y sonriente, y él captó el mensaje.

— ¡No!, para nada como crees—respondió alterado—Sí helados y tus amigos, estarán bien—respondió.

— ¡Genial!—le dije sintiendo como se precipitaba la alegría de mi cuerpo—Pasaran por nosotros a las tres, así que alístate para esa hora—le dije.

— ¿Nos buscara tu chofer amargado?—

—No tranquilo, nos buscará mi amiga, Elodie, tú sabes, la que tiene el pelo castaño y largo—

— ¿La que me vio mi cosita cuando estaba orinando ese día?—

—Esa misma—sentencié parándome a recoger los platos para lavarlos mientras él se preparaba para ir a su habitación.

—Ah y Evan—le dije antes de que subiera las escaleras.

— ¿Sí?—

—No importa lo que te pongas, puedes irte como te sientas cómodo, porque igual te verás guapo—le solté con una coqueta sonrisa.

     Él no respondió, aunque tampoco hizo falta, la piel de sus mejillas se coloró y subió las escaleras como un rayo. Yo feliz como lombriz me puse a lavar los platos sonriente y silbante. Después de las cosas extrañas e incomodas que vivimos ayer con la famosa señorita Belarbi y lo raro que me sentí con lo que hizo Evan, hoy me sentía mejor, me sentía positivo. Después de pasar la noche en vela le busque el lado positivo, él seguía aquí, estaba consciente de lo que hizo y no había mostrado evidencia, de ningún tipo, de querer irse de mi lado. Parecía que el viaje a la playa no fue un completo fiasco después de todo.

     Después de lavar los trastes subí a mi habitación y me lancé a la cama feliz. Estaba perdidamente enamorado de Evan Hyacinthus y el pronóstico del clima predecía un futuro soleado para los dos. Encendí la Tv y ahora todo tenía sentido, las canciones románticas, las novelas, encontré amor incluso en el canal de animales, un par de nutrias tomadas de las patas para nos alejarse la una de la otra mientras flotaban dormidas en un rio. Incluso eso ahora me inflaba el pecho con un aire diferente un aire más dulce. Todo parecía más vivo estando enamorado, me di cuenta de que solo en ese estado era tolerable todo este asunto del amor y el romance, porque mientras estuve con todos esos chicos, cualquier muestra de querer llegar a algo más sentimental me producía comezón en la piel.

     No quise molestarlo más, para darle un poco de tregua a todo lo que le esperaba esta tarde junto a mí y viendo televisión las manecillas en el reloj pasaron volando. Cuando me di cuenta eran casi las tres de la tarde, Elodie estaba por llegar, siempre lo hacía puntual. Me coloque unos vaqueros, unos botines de cuero y una bonita camisa blanca con el cuello abierto, alboroté más mis risos, un par de cadenitas de cuero y listo. Eran las dos y cincuenta y cinco en mi reloj por lo que decidí ir a tocarle a Evan, después de tocar un par de veces sin obtener respuesta decidí llamarlo.

— ¡EVAN! <knooc, knooc> EVAN ABREME, ¡SON CASI LAS TRES!—

—ESTOY AQUÍ ABAJO—le oí gritar desde la estancia.

     Bajé las escaleras y quedé petrificado al verlo, estaba sentado en el sillón blanco de la sala y traía unas botas tipo militar negras, con unos pantalones ceñidos color beige que marcaban sus “enormes” atributos, llevaba una camisa a cuadros y una chaqueta de cuero de motociclista. Llevaba el pelo parado en punta y sus ojos rayados se veían más dorados que de costumbre. Estaba como para follarselo allí mismo de lo guapo que se veía, parecía un chico malo y rudo, no sabía qué clase de efecto tenia este hombre sobre mí, pero me hacía sentir más pasivo que de costumbre.

—Oye… ¡Sigo aquí!—me dijo zarandeando su mano frente a mí.

—Mmm… Si claro, oye exageraste un poco…—le dije.

— ¿Será?, es que de toda la ropa que compramos como que no sabía ni que ponerme… Y bueno… ¿Tan mal se ve?—preguntó consternado.

— ¡Para nada!, exageraste en el buen sentido, creo que hoy tendré que espantarte todos los buitres que quieran beber de tus aguas—le respondí con picardía y él se volvió a sonrojar.

     En un par de minutos y siempre fiel a su puntualidad escuchamos sonar una corneta fuera de la casa junto a una desesperada voz chillona de mujer.

— ¡MUEVETE SEYMOUR!, ¡QUE YA SE NOS HACE TARDE IDIOTA!—le escuchamos gritar.

     Cerré la puerta de la casa y le abrí a él la puerta trasera de la camioneta que venía con música dance a todo volumen. Él subió solo y yo me monté en el asiento del copiloto junto a mi amiga.

—No sabía que se podían traer invitados—me dijo Elodie con una mirada chismosa.

—Bueno—dije finalmente—Creo que ustedes se conocen, pero nadie los ha presentado formalmente aun—dije a continuación—Elodie, Evan, Evan, Elodie—

—Oh claro, la chica del baño, un placer—dijo él intentando ser simpático con algo de sarcasmo.

—Sí, esa misma, y un placer igual buenorro chico del servicio—dijo ella antes de comenzar a conducir.

— ¿Él que?—me preguntó él con mirada acusadora.

—No le prestes atención, será mi amiga y todo pero está algo loca, Yo mismo a veces ni sé de qué habla—respondí sarcástico.

—Bueno ahora que nos conocemos formalmente—dijo ella— ¿Ha intentado este sujeto a someterte a prácticas sexuales que sean ilegales en esta país?—preguntó.

—Estúpida no seas ridícula y conduce que los chicos nos deben estar esperando—le espeté.

— ¿Y de cuando acá tu tan preocupado por ser puntual Seymour Astraios?, conmigo no quieras estar fingiendo cosas que no son, Además, yo estoy hablando es con Evan, con el dueño del circo, no con su payaso—prosiguió haciéndose la chistosa—Y bien joven Evan, ¿Ha intentado este ser a obligarlo a hacer cosas ilegales con su cuerpo?—

—Sí los besos robados sin consentimiento cuentan…—dijo él con un deje de reproche.

— ¡Woooooah! Esto se puso bueno—dijo Elodie impresionada, echándole más leña al fuego.

— ¡Tu cállate Elodie!, y bueno, si acaso un beso robado se podría pagar con fianza y servicio social, pero ¿Cuantos años de prisión es que se le dan a las personas que manosean a otras sin su consentimiento?—pregunté contraatacando.

     Él calló, con las mejillas completamente rojas y Elodie me miró sorprendida,  haciendo una expresión de mímica de estar escandalizada. Yo solo negué la actitud infantil de mi amiga con mi cabeza. En un par de minutos llegamos y Elodie estacionó, bajamos y al fin vi el hermoso vestido blanco y floreado que traía mi amiga, se veía como de quince. Entramos al sitio acordado por todos, una heladería tipo cafetería, o bueno, lo que sea que fuese, vendían tantas cosas en ese lugar que ya ni sabía en qué etiqueta encasillarlo. Era un lugar con aires a los años cincuenta, muy juvenil y moderno, un sitio de moda.  

     Entramos y ya en la mesa se encontraban Jyrki y Hailan que se miraron disimuladamente sorprendidos cuando vieron que Evan venía con nosotros.

—Hola par de tontos—dijo Elodie cuando se sentó, Evan y yo la imitamos.

—Ahh…—dije recordando al fin—Chicos, él es Evan—

—Un placer—respondió Evan con una amigable sonrisa, dándoles un apretón de manos.

—Pues bien, ahora solo faltaría Jordan—dije yo.

—Él me escribió que llegará un poco retrasado—dijo Hailan.

—Solo esperemos que no sean problemas con su mamá de nuevo—dijo Elodie— ¡Ahora bien Evan!, cuéntanos como se conocieron ustedes…—dijo mi amiga con una maliciosa sonrisa en su rostro.

— ¿Cómo nos conocimos…? Estem bueno… Nosotros…—

—Creo que primero será mejor pedir—dije yo deteniendo el siniestro plan de mi chismosa amiga.

     Y así hicimos, cada quien ordenó un helado diferente, yo pedí uno de vainilla con cerezas y Evan uno de higos con mantecado, Hailan y Jyrki le miraron extrañados cuando lo pidió.

—Que elección más peculiar—le dijo Hailan a Evan con suavidad.

—Peculiar no, ¡Rara!—dijo Jyrki con curiosidad, mirándolo como si fuese un bicho raro.

—Lo que pasa es que me recuerdan a mi hogar—dijo Evan con una sonrisa sincera.

—Cuéntanos sobre tu hogar—dijo Elodie risueña.

     Evan nos contó que era griego, nos habló sobre su cultura y su infancia con mucha crudeza, nos dijo que sus padres habían muerto y que desde pequeño trabajaba para sobrevivir, solo, sin ayudas de ningún adulto, pasando por muchas penurias. Su historia nos conmovió, siendo todos chicos acomodados que nunca habíamos tenido que preocuparnos por nada. Creo que no solo yo, sino que también los chicos, le admiramos, porque no sabíamos lo que era estar desamparado y solo en el mundo, el solo pensar en la posibilidad de tener que vivir solo y trabajar para sobrevivir nos parecía algo sacado de otro mundo, lejos de la realidad con la que habíamos crecido, pero Evan solo sonreía recordando como era su vida, como si no le molestara en absoluto, ese chico era un roble.

—Eres mi ídolo—dijo Hailan sorprendido, mientras Evan solo sonreía.

—No sé si aún esté a tiempo pero quiero disculparme por llamarte chico del servicio—dijo Elodie apenada.

—No te preocupes por eso, eres el tipo de persona que me gustaría tener como amiga—le dijo sonriendo y ella le correspondió— ¿Y dijeron que faltaba otro?—preguntó Evan.

—Mmm… Sí—dijo ella con incomodidad—Jordan—

— ¿El blanquito con corte militar?—preguntó él.

—Ese mismo—respondió Jyrki.

—Oigan chicos, no sé si esto fue una buena idea—dijo Evan ya no tan feliz—Creo que le caigo muy mal a él—dijo levantándose de la silla.

—No seas tonto—le dijo Elodie mientras se levantaba y lo empujaba con amabilidad para que se volviera a sentar—Tu no le has hecho nada a él, ¿Cierto?—y Evan asintió con la cabeza—Entonces no tienes por qué irte—respondió ella con lógica y todos asentimos.

—P-pero yo no quiero ser la manzana de la discordia—dijo preocupado.

—No lo eres cariño—respondió ella tranquilizándolo—Además, estamos aquí para celebrar—dijo alzando su helado con alegría.

— ¿Ah sí?—pregunté yo confundido.

—Si ton-ti-to—dijo ella acariciando mi nariz— ¡Estamos celebrando la caída de la bruja y su imperio!—dijo con algarabía.

— ¿Quién es la bruja?—preguntó Evan confundido.

—Ay no, dime que no hiciste esa pregunta—dijo Hailan preocupado.

—Si… Si lo hizo, aquí vamos de nuevo—dijo Jyrki con fastidio, mientras volteaba los ojos.

—La bruja, no, más bien creo que es un demonio—dijo Elodie teatralmente, mientras Evan la veía desconfiado—Fiamma Blair, así se llama, o así dice ella que se llama. Es la niña más superficial, odiosa, altanera y la peor clase de persona que conozco, ella va a nuestro instituto, y se cree el centro del universo. Se ha encargado de hacernos la estadía miserable, marginarnos por no ponernos a sus pies, nos ha jugado bromas pesadas, insultos, humillaciones, entre algunas cosas por decir—

— ¿Es muy mala entonces?—preguntó él confundido.

— ¡Sí!, ¡Bastante!—le respondió ella colocando cara de inquisidora—Pero como cualquier imperio… Cayó, yo me encargue de dejarle claro frente a todo el instituto que es otra mortal al igual que nosotros, que nadie le dio el derecho a creerse más que nosotros y tratarnos mal por eso—dijo orgullosa.

—Solo espero que esto no termine mal—dijo Hailan—La humillaste bastante, y ella es muy vengativa, tú lo sabes ¿O ya se te olvidó lo de Dayana Agarrido?—ella le miro con reproche.

— ¿Qué le pasó a Dayana Agarrido?—preguntó Evan sorprendido.

—Dayana Agarrido, era una chica preciosa que estudió con nosotros, tenía los cabellos del mismo color que Fiamma por lo que esta le trataba mal ya que antes solía ser la única pelirroja del instituto, un día Fiamma se dio cuenta de que a su novio le llamaba la atención esta chica, y que tenía intenciones no muy puras con ella… Fiamma opinó que el problema no era su novio, si no que Dayana le estaba tentando y que quería robarse la vida de Fiamma…—

— ¿Y qué pasó después?—preguntó Evan desesperado por saber.

—Fiamma le esperó muy lejos del instituto y nos citó a todos, humillo a Dayana, la insultó frente a todos y la tiró a un charco de lodo, nos dijo a todos que ella no merecía ser compañera de nosotros porque era mala, que era una falsa y otro montón de cosas, para no hacerte tan larga la historia, la chica después de unos días duros de rechazo por todos no volvió a asistir nunca más—

—Mi mamá es Abogada—prosiguió Elodie—Y ella atendió un caso en el que investigaban el suicidio de una chica de cabellos rojos en una tina con agua, suicidio aunque le encontraron unas extrañas marcas en el cuello que parecían quemaduras—

—No me digas que…—dijo Evan boquiabierto.

—Sí, era Dayana, pero solo nosotros lo sabemos—dijo Elodie—Ahora nosotros en particular estamos arrepentidos por tratarla mal también en el instituto, teníamos miedo de que si la aceptábamos en nuestro grupo Fiamma fuera tras nuestra cabeza, pero ahora sabemos que cometimos un error, quizás si le hubiésemos tendido la mano a esa pobre chica las cosas hubiesen sido diferente, y desde ese día me dije a mi misma que no volvería a ser presa de Fiamma y sus ridículos caprichos, y si me preguntas a mi… Yo te diría que eso no fue un suicidio—

—Vamos no empieces con esa estupidez de nuevo, Fiamma es todo eso que tu dijiste, pero no está tan loca como para asesinar—dijo Hailan.

—Yo pienso igual—dijo Jyrki apoyando a Hailan.

—Sí que está bien loca la Fiamma esa—dijo Evan—Si yo fuera a su instituto yo sería tu aliado Elodie—le dijo con una sonrisa.

—Esa sería una buena idea—le dijo ella—Podrías seguir estudiando, nosotros seriamos tus amigos—le dijo con entusiasmo.

—Esa idea si me gusta—dijo Jyrki—Eres genial—

     Evan solo sonreía nervioso con humildad ante los halagos de mis amigos, yo observaba feliz como se formaban esos círculos de rubor en sus mejillas. Me sentía feliz porque les había caído muy bien, estos chicos eran mi familia básicamente, era importante para mí que se llevaran bien con el chico al que amo. Todo era risas en la mesa y de repente vimos cómo se abrió la puerta del establecimiento.

— ¡Chicos! Gracias al cielo que siguen aquí, pensé que ya se habrían ido, disculpen de verdad que llegue tarde, es que me dejaron a cargo de los gemelos y no sabía y bueno, chicos saluden—le dijo Jordan agitado a sus pequeños hermanos gemelos.

— ¡Hola!—dijeron los dos pequeños al unísono con una graciosa sincronía que parecía ensayada, mientras todos mirábamos absortos a Jordan que seguía agitado explicando su retraso hasta que notó la presencia extra.

—Un momento—dijo Jordan parando en seco su parloteo mientras goteaba sudor sobre su elegante camisa negra— ¿Qué coños haces tú aquí?—dijo señalando a Evan.

—Y-yo vine porque…—intentó responder este titubeando nervioso.

— ¿Que no te quedó claro que no te queremos aquí idiota?, ¡Regrésate por donde te viniste que solo traes problemas!—dijo Jordan mirándolo con rabia.

—Oye Jordan, tranquilízate un poco, el chico no le está haciendo nada a nadie—dijo Hailan.

— ¡Oh vamos!, no seas ridículo Hailan no defiendas a este ladrón oportunista—respondió apuntándolo con saña.

—No es mala persona Jordan, ¡CALMATE!—le dijo Jyrki—Deberías conocerlo, es Genial—

—Que no pienso conocerlo ni mierdas les dije, este pendejo solo anda atrás del dinero de Seymour—

—Hermanito por favor no digas groserías—le decía uno de los gemelos.

— ¡Si hermanito!, ¡Te van a salir pelos en la lengua!—le dijo el otro halándole de la camisa.

— ¡Ustedes dos cállense, que esto es cosa de adultos!—sentenció.

—Jordan ya basta, piensa un poco con la cabeza fría y dale una oportunidad a Evan, él no te ha hecho ni le ha hecho nada a nadie, ni a Seymour—dijo Elodie apuntándome, yo miré a Jordan decepcionado con tristeza.

— ¿Otra vez con lo mismo Elodie?, ¿Te vas a poner de su lado de nuevo?, no seas absurda, esto tiene que ser una broma chicos—decía Jordan riendo— ¿Enserio se van a poner de su parte?—preguntó con una sonrisa de incredulidad— ¿Hailan?—preguntó y este negó con la cabeza— ¿Jyrki?—

—No bro, no tienes la razón—dijo este último negando también con la cabeza.

— ¿Elodie?—preguntó suplicante.

     Esta ni siquiera le miró y desvió la mirada a otro lado, él me miró a mí de último y ni siquiera preguntó nada, solo me observó con sus ojos tristes, húmedos y suplicantes, yo también negué con mi cabeza y a Jordan se le escapó una lágrima.

—Está bien, me voy entonces—sentenció triste con una mirada de decepción.

— ¡Hermanito pero queremos helado!—

— ¡Si hermanito!, ¡Tú nos prometiste helado!—

—No chicos, nos vamos—dijo esté dedicándole una mirada de odio a Evan, y este solo lo ignoraba sin decir una sola palabra.

—No, pero no queremos irnos, queremos helado—suplicaban los dos— ¡No chicos! ¡LES DIJE QUE NOS VAMOS!—les gritó intentando arrastrarlos fuera del local mientras estos pataleaban y lloraban.

—Puedes dejarlos, yo los llevo a tu casa a las nueve en punto—dijo Elodie levantándose de su silla.

     Ellos le miraron con sus ojos repletos de lágrimas suplicándole a Jordan mientras todos observábamos tensos la escena.

—Pórtense bien y háganle caso a Elodie chicos—dijo Jordan con tristeza y estos dos salieron corriendo a abrazarla dándole las gracias a ella.

     Jordan se dispuso a abandonar el lugar y yo sentí que todo esto era mi culpa, antes de salir por la puerta Jordan me dedico una última mirada que me estrujó el corazón, no sabía que había dentro de su mirada, pero a mí me supo a reproche, no podía comprender a mi amigo y eso me dolió, pero tampoco quería exponer a Evan por un simple capricho injustificado, menos en este momento que se llevaba tan bien con los chicos, ya hablaría luego con Jordan. El resto de la tarde la pasamos entre risas y helado, hasta los gemelos se llevaron bien con Evan, y este solo reía y reía de las ocurrencias de mi peculiar familia, su sonrisa me hacía feliz.

[Mike]

     Entré a las duchas, estaba exhausto, era como si el entrenador nos hubiese pasado por un molino, sentía todos los músculos ardiendo bajo mi piel, palpitando adoloridos debajo de ella. Eran las cuatro de la tarde y había terminado el entrenamiento, necesitaba con urgencia entrar en la ducha caliente para apaciguar las punzadas en mis músculos, después de todo, hoy había sido un día de mierda. Desde que pisé la entrada del instituto en la mañana supe que hoy no sería mi día, intenté acercarme a Fiamma para hablar con ella, pero se rehusaba. Desde lo que sucedió en mi casa, no había contestado ninguna de mis llamadas.

     El buzón estaba completamente lleno, le envié un centenar de mensajes y no contestó ninguno, eso gritaba peligro por todos lados por donde se viese, y no me atreví a ir hasta su casa porque tenía miedo, ¡Sí!, Mike Johnson tenía miedo… La mole de músculos rubia que hacía estremecer al instituto tenía miedo. Pero Fiamma, no por menos es la que siempre tiene la última palabra. A pesar de ser astuta como un zorro tenía una debilidad… Mis brazos, mis besos, puede ser todo lo perra que quiera, pero bastaría con hablarle lento, caliente y grueso al oído para que caiga ante mí. Me atrevería a parecer cínico, si dijera que su meta en la vida era yo, pero no lo diría por ególatra, la chica de verdad estaba loca por mí, pero no loca de amor, estaba obsesionada.

     Totalmente cegada por mí, yo era su prioridad y eso lo había demostrado en el pasado, ella bebería todos los vientos por mí. Podría resistir cualquier cosa y salir bien librada de cualquier situación, pero nunca la había visto así de deshecha, alterada. Nunca se había negado a responderme, siempre había confiado ciegamente en mí, y eso era lo que me asustaba. Que se haya dado cuenta de lo que pasó con el mariquita, es bien sabido que un animal es aún más peligroso cuando está herido, y yo fui el que la hirió, mi cabeza estaba en la mira y no sabía qué clase de reacción podría tener a la larga, porque ella es muy vengativa.

     Me senté en la banca y comencé quitándome los zapatos y medias, mientras los chicos a mi alrededor seguían con su alboroto.

— ¿Eh capi?, ¿Qué le pasa a Fiamma?—preguntó Daniel con su sonrisa chula, uno de mis compañeros de equipo, el instigador.

     Yo seguí desvistiéndome sentado ignorándolo, mientras los demás chicos le seguían el juego y hablaban sobre lo que había pasado con Fiamma en la mañana, Daniel no tenía el apodo de “instigador” solo por gusto.

—Sí, ¿Están peleados?—preguntó otro de los chicos—Nunca la había visto así, ¿No la complaciste como se debe la última vez?, ¿Eh?—preguntó en broma haciéndose el simpático.

     Le dediqué una mirada asesina—Si supieran que ni siquiera lo hemos hecho aún—dije para mis adentros—¡Ya!, Vamos idiotas, cierren la boca—les espeté, y estos callaron.

—Vamos capi, cuéntanos, nos interesa saber si hay problemas en el paraíso, porque no fue para nada divertido tener que sentarnos junto a ti en otra mesa, aparte de la de las chicas—dijo Daniel con su sonrisa cínica—Además, no creo que este de muy buen humor después de lo que le hizo la chica esa destetada, ¿Cómo es que se llama?—pregunto fingiendo no saberlo.

— ¡ELODIE!—grito uno de los chicos.

— ¡Claro!, ¡ELODIE!, la chica castaña sin tetas, ¿No era esa a la que mantenían siempre a raya?, es muy agresiva, ¿No?—preguntó risueño a los demás chicos en el vestidor.

—DEBE SER UNA FIERA EN LA CAMA—gritó otro de ellos en el montón que se había aglomerado a mí alrededor. Yo permanecía serio y callado, el ambiente olía a testosterona.

—Seguro que sí—dijo Daniel riendo ante el comentario—Pues creo que deberían ponerse las pilas los dos, esa chica viene con una revolución tras de sí, y puede que quiera instalar nuevo gobierno junto a sus amiguitos los raros—dijo burlón.

     Me puse de pie e hinché mi pecho. Por naturaleza yo era mucho más alto y musculoso que Daniel, no vacilé mi mirada y vi a mi alrededor, me sentí como atrapado en un nido de hienas, esperando oler mi sangre para saltar sobre mí, pero yo era un alfa y no iba a darles el gusto.

— ¿Así que después de este entrenamiento siguen tan de buen humor como para hacer chistecitos de mí y mi novia?—pregunté altivo, para que todos escucharan—Creo que esas energías las podrían usar para jugar bien los partidos y que yo no les tenga que salvar el culo todo el tiempo, BOLA DE MARICONES—les espeté—Mañana doble entrenamiento, ahora salgan de aquí si no quieren que los saqué a patadas—les dije con una mirada asesina.

     Todos empezaron a quejarse y recogieron sus cosas para salir, pues la mayoría ya se habían cambiado. Salieron refunfuñando a lo bajo sin dirigirme la mirada, pues sabían que les podía ir peor. Solo quedamos en el vestidor uno de los chicos que venía llegando tarde pues le había ayudado al entrenador a hacer unas cosas y ni se había enterado de lo que estaba pasando, Daniel que me miraba con su sonrisa retadora e irritante y yo. Ignoré a este último y me terminé de desnudar, anudé una toalla a mi cintura y entré a las regaderas. Ajusté el agua a una temperatura tibia y se sintió como un coro de ángeles cuando corrió vaporosa por mi piel aliviando el cansancio, cerré los ojos y me dispuse a disfrutar.

     Mi regadera estaba en el medio de tres, sentí como llegó el otro chico al cual ni siquiera recordaba su nombre y se situó a mi izquierda, le ignoré y de repente sentí otra presencia que abría la ducha a mi derecha. Entreabrí los ojos de refilón y vi que era Daniel, que al igual que yo estaba desnudo y abría su regadera también. Decidí ignorarle mientras sentía el delicioso masaje del agua que caía sobre mis hombros, pero sentía la mirada sobre mí. No era la del otro chico, pues este estaba en su mundo del despiste, era la de Daniel, decidí abrir mis ojos y le vi mirándome fijamente, con una sonrisa lasciva en su rostro.

     No podía negar que Daniel estaba como quería, aunque era más bajo que yo tenía un cuerpo musculoso y trabajado, era bastante blanco, con cabello oscuro liso y largo, tenía los ojos color miel. Por la costumbre de andar siempre discreto de no mirar de más a mis compañeros no había notado lo que tenía Daniel entre sus manos, una polla de unos diecinueve centímetros rosada e hinchada, que apuntaba hacia mí. El muy desgraciado se estaba masturbando allí frente a nosotros, asustado miré hacia mi izquierda y el otro chico no lo había notado, estaba con los ojos cerrados metido en su propio mundo.

     Se pasaba la lengua por los labios mirándome directamente mientras su mano apretaba la base de su polla, sonreía y su otra mano se paseaba por sus pectorales velludos, se estaba ofreciendo ante mí, sentí las orejas calientes y una extraña sensación en la boca del estómago. Caminé como una furia hasta donde estaba él, lo tomé con fuerza por el cuello y a punta de empujones le hice entrar a la fuerza a un cubículo privado.

— ¿Que mierdas te picó?—pregunté por lo bajo estampándolo con fuerza de espaldas a la pared.

—Vamos capi, ¿Qué pasa?, ¿Por qué tan alterado?—pregunto arrastrando las palabras con su sonrisa burlona.

—Tú sabes de lo que estoy hablando desgraciado—le amenacé.

— ¿Me vas a decir que no te gustó lo que viste?—dijo lascivo agarrándose la polla, lo volví a estampar contra la pared más fuerte, y el tosió del dolor con su sonrisa que no podía borrar.

—Sabes que no soy maricón—

—Dile eso a los demás crédulos, a mí no puedes engañarme yo he visto tus “discretas miradas” cuando estamos todos en pelotas, como miras al mariquita de Astraios, como mira un vagabundo a la comida en la calle Jajajaja…—

—Cállate maldito, yo no soy marica—le dije con rabia y lo estampé aún más fuerte contra la pared tomándolo del cuello, esta vez tosió unas gotas de sangre y conseguí que su sonrisa se borrara por unos segundos.

—Pues esto dice otra cosa—dijo tomándome con agresividad por la polla erecta, sentí una corriente atravesando mi espina y mis piernas flaquearon por un segundo.

     No lo había notado, pero la situación aparte de rabia me producía algo de morbo, los dos desnudos en ese cubículo tan estrecho, podía sentir su aliento sobre mi nuca y sudábamos a chorros por el vapor de las duchas. Inmediatamente le empuje y nos apartamos, él me seguía mirando con esa sonrisa lasciva, y hasta ese momento caí en que no estábamos solos en la ducha.

—Vamos capí, no te preocupes, conmigo tu secreto está a salvo, no le voy a decir a tu noviecita—dijo tomándome por el cuello con rudeza y su lengua entró con fuerza a mi boca.

     Intenté soltarme de su agarre pero poco a poco, fui cediendo al placer. De un tiempo para acá había estado a pan y agua sin nada de sexo, pues andaba atrás del escurridizo mariquita y no había tenido sexo con más nadie. De repente sentimos unos pasos acercándose por el pasillo y nos separamos.

—MIKE, ¿ESTÁS AQUÍ?—preguntó una familiar voz femenina.

—SÍ, ¡YA SALGO!—grité nervioso y reparé en la sonrisa burlona de Daniel—Ya vuelvo desgraciado, no salgas y no hagas un ruido, porque si me hundo te arrastraré conmigo hasta el infierno—le amenacé, él asintió.

     Abrí la puerta y me asomé a ver, el otro chico ya no estaba, seguro ya se había ido, tomé una toalla y salí a la zona de los lockers, de espaldas vi una mujer castaña, de estatura promedio y cuerpo delicado, volteó.

—Ah, eres tu…—dije aliviado al ver a Mary, la amiga de Fiamma— ¿Qué quieres?—le pregunté con aspereza.

     Se acercó a mí con su mirada tímida y me tendió un papelito doblado—Vengo a traerte esto, te lo manda Fiamma—Lo tomé en mis manos y pregunté.

— ¿Solo eso?—

—Sí, solo eso, ahora si me permites me retiro, se me hace tarde—dijo con su voz delicada de niña, y salió apresurada.

     Abrí el papel y leí que pedía que asistiera sin falta a su casa a las seis y treinta, solo decía eso. Sin duda alguna tendría que asistir, Fiamma es muy caprichosa y si no voy seguro empeoraran las cosas, mi cuello está en sus manos. Me dirigí rápidamente al cubículo para decirle a Daniel que ya podía salir, pero no estaba. Seguro se había ido por la otra puerta que da directo adentro del instituto. Me tomé un minuto para procesar todo lo que había pasado con él, no sabía que le gustaban los hombres, él se veía normal, nunca le vi nada amanerado ni siquiera una mirada indiscreta, no sabía por qué se me he había insinuado, si él es un pica flor.

     Él era otro coleccionista de trofeos, creo que se ha tirado a una cuarta parte de las chicas del instituto. Llevo conociéndolo desde la escuela, y aunque siempre he sido el primero en todo, él ha sido lo más cercano a un rival. Deseando mi posición en el equipo, codiciando a Fiamma por un tiempo y compitiendo en la mayoría de las cosas que a mí me importaban, pero siempre se ha mantenido al margen porque sabe que lo engulliríamos y dejaría de ser alguien aquí si se pusiera en nuestra contra, como dicen, prefiere estar al lado del diablo que en su camino.

     Pero ahora que hay aires de revolución, seguro querrá aprovecharse para quitarme mi lugar. Por eso prefiero tenerlo lejos de mí, por eso, no me como el cuento de que quiera algo conmigo, además Daniel puede que me parezca atractivo, pero no es mi tipo, a mí me gustaban delgados, delicados, con un buen culo, medio inocentes, como Seymour… Pero ahora no tenía tiempo de pensar en eso, ya buscaría después la forma de hacerlo mío, cuando pasara lo de Fiamma, cuando sus amiguitos bajaran la guardia.

     Me vestí y subí a mi auto, pasé a por una cerveza para bajarme los nervios y luego vi la hora. Ya se estaba ocultando el sol y tenía que ir a la casa de Fiamma, conduje distraído, sintiendo las primeras caricias de la brisa fría. No sabía que esperar de Fiamma, pero el miedo principal que tenía era que ella me delatara, que le dijera a todo el mundo que soy un maricón, me hubiese gustado explicarle que seguro es algo temporal, pero ya es tarde para razonar con ella. Conduje un rato hacia su casa y poco a poco el paisaje de edificios cambió por uno de mansiones antiguas y lúgubres repletas de árboles secos, ella vivía por una zona pudiente y antigua de la ciudad.

     Finalmente estacioné el auto frente a su casa, una imponente mansión del siglo dieciocho, que usualmente se veía encantadora, pero ahora, al final del ocaso del sol, con poca luz parecía que la casa sucumbía ante las sombras para convertirse en una casa embrujada, donde habitaba mi bruja personal. Bajé del auto y me dispuse a entrar, ya sabía cómo se sentían los sentenciados a muerte caminando hacia la orca. Finalmente crucé el umbral y abrí la puerta como acostumbraba a hacerlo. Di un paso y vi que adentro de la casa todo estaba a oscuras, maniobre entre las tinieblas intentando no tropezar con nada y finalmente la encontré.

     Fiamma estaba sentada tras la chimenea con sus dos amigas, Mary y victoria fijadas en sus flancos. Parecía que no solo estaba solo la bruja, sino más bien todo el aquelarre. No había más muebles aparte del de ella en donde sentarse, así que simplemente me paré frente a ella. La verdad no sabía si esta tétrica bienvenida fue premeditada, pero no ayudaba en lo absoluto a sentirme cómodo con mis nervios.

—Tomaste la decisión más sabia cachorrito, no esperaba menos de ti—dijo Fiamma finalmente con un tono amargo—Te cité hoy aquí para que hablemos sobre tu pecado, ¡Y no, no te preocupes!, las chicas no dirán nada de lo que pase aquí—dijo ella intentando tranquilizarme.

— ¿Mi pecado?—fue lo único que pude articular.

—Me fallaste, traicionaste mi honor Mike Johnson, escupiste sobre todo lo sagrado para mí, sobre lo que habíamos creado, sobre nosotros—su voz sonaba triste, pero no podía ver su rostro ya que la única luz era la chimenea detrás de ella y se encontraba a contraluz.

—Cachorrita no digas eso y…—

—No digas ni una sola palabra Mike—me interrumpió ella—Puedo ser todo lo que tú quieras, pero nunca una estúpida, no de nuevo ¿CÓMO TE ATREVES?—gritó levantándose de la silla para plantarme una sonora cachetada. Escuché a Victoria reír—YO HE ENTREGADO TODO DE MI, ¿Acaso no he sido una buena novia Mike?, siempre te he respetado, te he dado tu puesto frente a todos, ¿Acaso no te basta eso?, ¿QUE MAS QUIERES DE MI?, ¿Cómo se te ocurre ir tras ese mariquita?, ¿Qué hay de todos esos insultos, todas esas bromas, hasta los golpes Mike?, Se te olvidaron, ¿Se te olvido que él está enfermo?—

     Fiamma gritaba histérica y desconsolada frente a mí, sus amigas seguían inmóviles y de pie a la silla. Con las llamas inquietas de la chimenea pude al fin ver las caras de sus amigas, Victoria sonreía sádicamente, como si disfrutara esto, como si deseara ver mi sangre correr por el piso impoluto de mármol, Mary en cambio se veía incomoda, con cara de cordero degollado. No sabía ni que hacia esa chica con estas dos, Mary hasta donde yo sabía era una chica buena y tranquila que no se metía con nadie, no sabía cómo una paloma podía ser amiga de dos serpientes.

—Eso es, estás enfermo Mike, pero no te preocupes, yo te ayudaré a curarte, siempre he estado para ti en las buenas y en las malas, y esta vez no será la excepción mi amor. Haré de cuentas de que no me lastimaste cuando estaba más vulnerable. Aunque te hayas comportado como un hombre desechable, como una cucaracha que merece ser pisada, ser exterminada—decía con rabia—Seré piadosa, y te ayudaré a redimirte de tu asqueroso pecado Mike, porque te amo—

     Tenía miedo de todo lo que estaba diciendo, Fiamma estaba totalmente fuera de sí, sabía que lo que había hecho tendría consecuencias, pero jamás llegué a imaginar que se pondría así de mal, que llegaría a este punto. No se sí fue mi imaginación agobiada por el momento de estrés, pero algunas chispas destellantes que normalmente salían de la chimenea comenzaron a salir de su cabello, nunca sabré si fue una ilusión óptica o un engaño de mis ojos, pero parecía que de su cabello rojo ardiente salían chispas de brazas como si ardiera. Había dejado de escuchar por unos segundos por el fenómeno anormal, pero ella seguía en su discurso.

—Yo te ayudaré a redimirte mi amor, haremos que los culpables de lo que te pasó paguen, porque estoy segura de que fue un plan malintencionado que hizo Elodie para hacernos daño, yo sé que esa pobre chica quiere tener mi vida, me causa mucha lastima, pero no dejaré que ella nos arrebate todo por lo que hemos luchado—decía fuera de sí, parecía como si ella intentara creer a la fuerza lo que estaba saliendo de su boca—Se dé buena fuente que los renegados harán una fiesta para celebrar el cumpleaños de uno de ellos, y como no son populares necesitaran una manita de gato para que su fiesta triunfe por todo lo alto amor—escuchaba eso y tenía miedo de lo que se proponía Fiamma—Si quieres luchar por nuestro amor, por nosotros, por nuestras posición en la escuela, y si no quieres que todos se enteren de que eres maricón y usas esteroides, tendrás que ser tú el gatito al que le amputemos su manita para que los chicos dejen de ser unos fracasados—

— ¿Qué? ¿CÓMO COÑO SABES ESO FIAMMA?—pregunté totalmente sorprendido.

—Yo lo sé todo cachorrito, si no lo se lo aprendo, y si no, me lo dirán. No puedes luchar contra eso amorcito—me decía con gracia—Es parte de él orden natural que el fuerte se coma al débil, y yo nunca seré débil amor. No necesito preguntar si aceptas, porque no tienes elección, así que retírate, y prepárate para mis instrucciones amor—

     Me proponía a salir de esa casa del demonio, mi mente intentaba procesar todo lo que había dicho, sentía un dolor oprimiendo el cuello, un calor infernal se había apoderado de la casa, estaba sudando a chorros, esa mujer me tenía entre sus garras y el calor me asfixiaba, miraba a la chimenea pero esta seguía igual desde que llegué, iba a salir desesperado por aire hasta que escuché.

— ¡Ah! Y no trates de engañarme de nuevo amor, porque tendré más de dos ojos sobre ti—me dijo desde las tinieblas de su casa.

[Nota del Autor]

     Fiel a mi promesa aquí está el capítulo diez. Nunca llegué a pensar que se me haría tan largo llegar hasta este punto, creo que le voy a echar la culpa a que soy meticuloso y metódico, aparte de que me gusta escribir largo, no sé qué opinen ¿Es eso algo malo?, yo no sé, pero estoy feliz por este logro. Una vez más agradecerles por estar leyendo esto en este momento, porque de todo corazón me hace feliz saber que a otros seres humanos les gusta esta historia y me impulsan a continuar. ¿Qué opinan que pasará? Lo único que les adelantaré es que vienen capítulos decisivos, como me dijo un querido lector y amigo mío “Ya has presentado demasiados personajes. Ahora que interaccionen entre ellos. ¡Que vivan, que choquen!”. Ahora me despido (por ahora) prometiendo entregar mucho más cada vez que aparezca, y ahora dejo de quitarles más de su tiempo haciéndoles esta pregunta ¿Saben lo que es un Bacanal?

Siempre vuestro, Klisman.



© Klisman Francovit

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