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Fecha: 30-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Confesiones

Nuestro verano en la costa francesa

Opie Winston
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Me fui de vacaciones a Francia con mi novia, María, no sabía lo que estaba a punto de suceder. Sexo Anal, Sexo Oral, fantasías lesbicas, infidelidad, etc. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Últimamente no le puedo dejar de dar vueltas a una pequeña aventura que tuve con mi novia, María. Creo que en algunos círculos lo llaman hotwife, yo, personalmente, me divertí muchísimo y cambío mi vida.

Por aquel entonces, llevaba con María dos años, éramos una pareja joven con un nivel de compromiso serio, habitualmente nos divertíamos juntos, íbamos al cine, a cenar a restaurantes por el centro de Barcelona y salíamos con nuestros respectivos grupos de amigos a beber y salir de fiesta a los locales de moda de la capital Catalana. Nada raro para gente de nuestra edad, la verdad.

Ella, por aquel entonces estaba terminando su doble grado de Marketing político y economía. Era una chica increíble y muy brillante, que sacaba todas las asignaturas año a año e incluso le daba tiempo para ir al gimnasio una hora al día.

Físicamente se notaba su elevado nivel de actividad física, el cómo le quedaban sus vestimentas vaporosas en los meses de más calor dejaba claro que su físico era bastante aceptable y seductor. Tenía Unos pechos pequeños y un culo no muy voluminoso, pero bien apretadito y duro. Era castaña natural, pero por aquel entonces se teñía con unas mechas rubias que le daban unos reflejos muy claros en su pelo.

 Todo comenzó en un viaje que hicimos a Calais, Francia, allí, tomamos una habitación en una plataforma de casas de alquiler de verano muy famosa.

Aquella casa tenía tres habitaciones, nosotros habíamos alquilado sólo una habitación, por lo que nos tocaba compartir la casa. La nuestra, tenía 2 camas separadas. Lo cual, era un poco puñeta porque a nosotros nos gustaba dormir juntos y follar por las noches. Pero las costumbres no son iguales en todos los países. La dueña de la casa era una muchacha joven, muy rubia, de ojos azules y era de una constitución delgada pero turgente, parecía de un país báltico, su nombre era Eveline.

Desde un principio, fue muy cordial con nosotros, y por algún motivo, su actitud tan modosita y cordial, me excito un poco, de hecho, hubo un momento, en el cual, al enseñarnos la clave del WiFi que tenía en un papel, se abalanzó hacia adelante para poder escribir su número de teléfono por si teníamos algún problema, y su holgada camiseta dejo ver sus pechos por la parte del escote y allí se dirigió mi mirada, algo que María, notó rápidamente, y me lo hizo notar con una pequeña patada.

Eveline, en seguida, una vez estuvo todo resuelto, se fue a su cuarto, que tenía pestillo, se cambió y se fue a la playa.

María, que estaba algo cansada, se fue a duchar a la ducha compartida y me dejo sólo en la habitación. Me dedique a acariciar mi pene despacio, mientras pensaba en los pechos pequeños tan bonitos que tenía Eveline, mi intención no había sido la de masturbarme, si no la de esperar un rato a María, pero al rato ahí me encontraba con una erección prominente. Paré y me puse a colocar mi ropa en el armario y guarde la clave del WiFi, la ubicación de los restaurantes señalados y el número de teléfono de Eveline.

Aquella tarde noche fue bastante tranquila, María y yo disfrutamos de un día estupendo de playa en verano y cenamos en un sitio que tenían unas ostras increíbles. Al volver a la casa, nos encontramos de nuevo con Eveline en el pasillo, que en un español muy dulce, nos dio las buenas noches y se dirigió a su cuarto, al girarse en el pasillo, no pude evitar fijarme en como sus nalgas quedaban perfectamente marcadas en el short azul de seda que llevaba, como si no llevará nada debajo, aquello, claramente, ya puso celosa a María, puesto que hasta que no cerró la puerta de su cuarto, no aparte la mirada, incluso creo que ella se dio cuenta.

En cuanto cerramos la puerta nosotros, ahí tenía la mirada de María fijada completamente en mis ojos como exigiendo una respuesta. Por mi parte, hice un gesto de quitarle importancia y me acerque para besarla, al principio, me devolvió el beso, pero pareció arrepentirse y me hizo la cobra.

- No, no te lo mereces. Ni un beso, ni nada. – Acto seguido se subió su vestido playero y me mostro que debajo sólo tenía un tanga de encaje.

- María, si no ha sido nada, sólo le he mirado el culo, nadie lo tiene como tú, ya lo sabes, por favor… - Suspire y supliqué.

Se tumbó en una de las camas, y terminó de quitarse el vestido para mostrarme que tampoco llevaba sujetador.

- Pues haberme mirado el mío entonces, ahora estás castigado, sólo mirar, nada de tocarme.

Ahí estaba yo, rodeado de dos mujeres que me atraían sexualmente, una de ellas mi pareja, con una erección de caballo y no podía acostarme con ninguna de las dos. Mandaba narices.

Me acosté en la cama que presuponía mía, y sin querer me volví a tocar por encima del pantalón ligeramente.

Menudo calor hacía aquella noche, no pude cerrar los ojos hasta casi las tres de la mañana, cuando ya entre en una especie de duermevela, que no duró.  De pronto, note el frío cuerpo de María, completamente desnudo, metiéndose en la cama conmigo y comenzó a besarme.

- Que sepas, que no hago esto por ti, esto tremendamente cachonda, y necesito follar, tú sigues castigado.

Metió su mano en mi pantalón, y empezó a acariciar mi polla para ponerla a tono, no tardo mucho. Acto seguido, me quite la ropa y ella me empujo para dejar claro desde el principio quien mandaba esa noche, me recosté sobre la cama y ella, se puso encima, mirando en dirección hacia la puerta y empezó a cabalgarme.

La intensidad con la que lo hacía, y el hecho de que nuestros ojos no se cruzarán, la oscuridad, la visión que tenía de su culo rebotando sobre mis ingles y el claro pelo que tenía por aquel entonces María, me hizo pensar en Eveline. Quise correrme, pero María, rápidamente se dio cuenta y freno para pellizcarme en los huevos. Aquello, me hizo dar un sonido lastimero y ella se río.

- No, no hasta que yo te deje. – Aseveró.

Ella, en la misma posición, se reclinó hacia atrás, y empezó a masturbarse el clítoris mientras que seguía moviendo su cintura en círculos concéntricos que la verdad, hacían mis delicias. No tardo en correrse. No estoy muy seguro del grosor de las paredes, pero estoy seguro, de que si Eveline estaba despierta, nos había escuchado, y si no, la despertamos.

María no tardo en salir de su trance y se separó, en ese momento, cerró sus piernas con fuerza, y me señalo el suelo.

- Ponte de rodillas. Mirando hacía la cama.

María nunca había sido tan dominadora, ni yo tan sumiso, pero sí que había notado ese gusto por el poder que te da a veces el sexo en su mirada alguna vez. Raudo y veloz, acate sus órdenes.

Ella abrió sus piernas, dejándome ver su sexo. Y me hizo una invitación con la mano a que me acercará a él.

María lo mantenía limpio y aseado, habitualmente la había visto en la ducha utilizar diferentes productos para perfumarlo, y aquello, me volvía loco. Con delicadeza, procedí a comerle el coño y acariciar su clítoris con mi lengua, haciendo diferentes patrones, de arriba hacia abajo, en círculos, descubriendo poco a poco el capullo de mi pequeño amigo y variando la intensidad.

Estuve un rato y cuando ella me cogió del pelo y empezó a tener pequeñas convulsiones decidí que era hora de ir pensando un poco en mí. Así que seguí un poco más y volví arriba.

O al menos lo intente, en cuanto me separe un poco, un tortazo me callo directamente en la cara, no me lo espere, y me hizo daño, le mire a los ojos y pude notar que estaba ebria de lujuria y poder, me miró desafiante.

Volví a arrodillarme y le masturbe con mi lengua hasta que de nuevo, se corrió y tuvo un orgasmo más comedido, pero sensual y profundo.

- Ven. – Me ordeno cuando se serenó un poco. – Quiero que ahora me folles despacito, haciendo la cuchara.

La penetración fue lenta, pero placentera para ambos y tremendamente cargada de significado, ella era la que marcaba el ritmo y mandaba, y aquello, me excitaba muchísimo. Fue entonces cuando llegó la sorpresa.

- ¿Quieres follartela? – Preguntó María.

- ¿Qué? ¿A quién? ¿A Eveline?... – Le respondí yo sin tener claro que pasaba por su mente.

Ella aceleró la marcha con su trasero de la penetración.

- Sí, claro bobo. ¿Te pone? ¿Quieres follartela?

Esa pregunta me la puso más dura si cabe, y acepte su nuevo ritmo, subiéndolo yo algo más mientras le apretaba fuertemente uno de sus pechos con una mano.

- Joder María, sí, me pone, tiene un culo precioso.

- Antes le miraste las tetas, ¿llevaba sujetador? ¿cómo las tiene? – Me interrogó sin parar de follarme con su culo.

- Uff, no, no llevaba, las tenía muy lechosas, y tenía los pezones pequeños y rosaditos. Casi tan deliciosos cómo los tuyos.

María sonrió, se separó de mí y me volvió a montar, esta vez, mirándome a los ojos. Se recostó hacía adelante y comenzó a mover su cadera de adelante hacía atrás, dejándome ver sus preciosos pechos bambalearse, tuve que erguirme un poco, y le comencé a chupar uno de sus pezones.

- No lo vas a hacer. – Dijo María con la voz entrecortada. – Ahora bien, ¿Puedo yo?

 En ese momento, la mente se me torno en blanco, me imagine a María dominando a Eveline, haciéndole que le comiera el coño mientras le daba órdenes y se corría furiosamente. Y me fui.

Mi eyaculación llegó por sorpresa y le deje todo dentro de su vagina.

- Entenderé eso por un sí. – Se respondió a si misma María.

Se levantó. Y tal y cómo estaba, completamente desnuda y bañada por la luna francesa, se dirigió al baño para limpiarse. Todavía, cuando cruzaba el umbral de la puerta, pude ver cómo le corría el semen por el muslo.

Esa noche, dormí de locos.

En los siguientes días nos lo pasamos bien, hicimos alguna salida para ver un par de monumentos históricos, salimos a un par de clubs por la noche y sobre todo, tuvimos muchas horas de playa y sexo por las noches.

No hablamos del tema de Eveline en ningún momento, aunque sí que note diferente a María, en la noche, se comportaba muy dictatorial y al mismo tiempo complaciente, como si no tuviera término medio. Incluso, una noche, me ordeno que tuviéramos sexo anal y que me corriera dentro de su culo, para ponerme cachondo, me dijo que quería sentirse sucia y mala.

Además, durante el día, en la playa, comenzó a hacer topless, cuando habitualmente no era una práctica habitual suya, a mí, en principio, no me importo, ya que estábamos en el extranjero y nadie nos conocía. Aunque sí que me llego a mosquear cuando unos chicos se pusieron al lado de nosotros con la toalla y empezaron a hablar entre ellos en francés con un tono que no me gusto del todo, María, sabiendo que la estaban mirando las tetas, se quitó las gafas de sol y recostó su cuerpo en la área en su dirección, cerró los ojos como haciéndose la dormida, pero al poco, los volvió a abrir, cazando a todos ellos mirándole los pechos y hablando sobre ellos, y se la sostuvo, para, en vez de taparse o hacerse la ofendida, apartarse un poco de arena de uno de sus pechos, volver a mirarlos y cerrar los ojos.

Cuando yo, ya no daba crédito, de pronto, uno de los chavales, el más alto y musculoso del grupo, de etnia negra, se dirigió hacía María, y haciendo como que no estaba comenzó a chapurrear un mal inglés.

- Perdón, no pude evitar fijarme en que hace mucho sol y no tienes crema solar, te puedes quemar. ¿Te puedo ayudar? – Dijo el chaval señalando el bote de crema que llevaba en la mano.

Lo flipe, el tío se estaba echando un órdago de campeonato, y María pareció dudar un instante, pero le miró el torso, y accedió con un gesto de cabeza. Al mirarme, pude notar esa mirada de placer, lujuria y poder que había visto antes de manera acentuada.

Philipe, que así se llamaba, no paro de hablar mientras le echaba crema a María, intentaba conocer un poco de porque estábamos allí y todo eso. María, le dijo que éramos unos amigos, que íbamos de viaje a Inglaterra y que antes habíamos hecho una parada en Cascáis por sus increíbles y enormes playas. Philipe, no se cortó un pelo, y aprovecho para tocar todo lo que pudo a María, no llegó a tocarle el pecho hasta el pezón, pero sí que toco con ganas el lateral de ambos. Incluso, continúo por las piernas sin que María se lo pidiera, y acabo masajeándole las nalgas durante un buen rato. El bueno de Philipe, no se lo creía, ni yo tampoco a decir verdad.

 Cuando María consideró que ya estaba bien, se sentó y Philipe paró, sin saber si masajear el torso delantero también.

- Sigue, por favor. – Pidió María.

En ese momento, me di cuenta de que yo sobraba allí, y sin comentar nada, me fui en dirección al mar. Intentando calmarme. Al parecer, toda aquella situación, me había puesto cachondisimo.

Estuve unos 10 minutos en el agua, di un par de largos y mire a un par de mujeres, pero no podía quitarme de la cabeza a María con Philipe en aquel preciso instante. Y de pronto, me vino a la mente Eveline.

Al volver del agua, vi que María, estaba completamente embadurnada, hasta los muslos interiores, y que tenía los pezones más duros que le había visto en mucho tiempo. Por otra parte, el chaval, Philipe, tenía una erección que mostraba un pene enorme, incluso debajo del pantalón.

- Lo siento Philipe, ha sido un placer conocerte, pero mi amigo y yo tenemos que irnos, hemos quedado con una amiga local. – Dijo María para cortar la situación.

Philipe, la miró decepcionado.

- ¿Vas a estar mucho tiempo en la ciudad? ¿Me dejas tu número de teléfono? – Pregunto muy directo el chico.

María sonrío.

- Sí, vamos a estar una semana, aunque no lo tengo aquí, y no me acuerdo. – Era mentira, María tenía el teléfono móvil en la bolsa de playa que se había traído.

- Vaya… - Refunfuño Philipe. – Espera aquí. – Salió corriendo al chiringuito más cercano, y volvió con un trozo de papel escrito. – Mira, aquí tienes, el mío, si necesitas que te echen crema otro día de playa. Llámame.

María miró el pene de Philipe, que se notaba bastante abultado debajo del pantalón, luego al torso. Y acepto. Tomó el trozo de papel. Se puso la parte de arriba del bikini y se lo metió dentro de la tela.

- Gracias.

Y nos fuimos sin mediar palabra directos al piso de Eveline.

Allí directamente, el que se puso posesivo y dominante fui yo, aquella situación me había frustrado y me había puesto cachondo a partes iguales. Y quería dejarle claro que quien mandaba era yo, le hiciese daño o no, me daba igual.

En ese rato fue todo muy rápido, primero le azoté a María, para acto seguido, follarmela por el culo, cómo no usamos lubricante, al principio puso cara de dolor, pero me dio igual, y continúe hasta que su cara cambio a placer y empezó a mover su trasero para que penetrará aún más adentro, llegó un momento en el que no paraba de gemir y de masturbarse a lo loco, enérgicamente y con prisas.

No tardo en caer rendida y tener un intenso orgasmo con convulsiones. Nunca la había visto así, incluso me asuste, pero no paré, se lo merecía, y mientras que todavía convulsionaba, eyacule sobre su espalda. Me levante, me puse un albornoz y me fui al baño dejando la puerta abierta de par en par.

En el baño, me limpié el miembro y me eche un poco de agua en la frente. Estaba sudando muchísimo.

De pronto, note como la puerta de la casa se abría y oi perfectamente la voz de Eveline hablando por teléfono. Me entraron ganas de ir al cuarto corriendo y cerrar la puerta, pero me contuve, si María quería follarse a Eveline, quería que primero la viese así, totalmente sometida. Se lo merecía.

La voz se cortó en el pasillo, a la altura de nuestro cuarto, y acercándome a la puerta del baño, escuche el sonido de colgar una llamada, noté como Eveline no se movía, se había quedado quieta ahí, mirando a María, completamente desnuda, mientras se recomponía. Estuvo un poco ahí quieta, sin moverse, pero pronto recupero la compostura y fue en dirección a su cuarto.

En ese momento, salí yo del baño y mientras cerraba su puerta, nuestras miradas se cruzaron, estaba completamente roja.

Fui al cuarto y le comente a María lo que había sucedido, ella, se puso un poco nerviosa, y se puso colorada también, acto seguido fue a darse una ducha.

Con sigilo, me acerque a la puerta de Eveline, y efectivamente, paso lo que sospechaba; pude escuchar unos ligeros gemidos apagados con la almohada y el sonido de algo vibrando, posiblemente, su vibrador.


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