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Fecha: 05-Sep-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduros

Sexo, Drogas y Rock & Roll. Vol. 3

Julia Rdz
Accesos: 7.577
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Tiempo estimado de lectura: [ 31 min. ]
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-Sí señorita, diferencia de edad. –Me dijo demasiado agitado. –A su edad me llegué aventar hasta 10 palos en un día. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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-¿Dónde estabas? –Me preguntó mi novia Karla.

-Andaba resolviendo un asunto. –Le dije.

-¿Debo preocuparme?

-Claro que no. –Le dije sin ponerle mucha atención. –Mejor ayúdame hoy. Sé que tú y yo somos pareja pero… -Me detuve.

-Lo que sea, dímelo. Haría cualquier cosa por ti. –Me dijo. Me abrazó.

-En una media hora viene mi nov… viene Rafa. –Me vio. Dudé. Hablé. –Quiero que…

-¿Vamos a hablar sobre el embarazo y Olga? Estoy lista para gritarle y pegarle. –Me dijo cerrando sus puños.

-No. –Le dije y la agarré de la cabeza y nos besamos. –Quiero que entiendas una cosa. –Le di un pico sin dejar de verla. –Rafa fue mi primer novio, fue el primer hombre al cual me entregué. En el amor y en el sexo, para una persona como yo, me enseñó todo lo que sé. Lo amo, aún lo amo y un amor como éste no se olvida tan fácil, quizá ni en una vida. –Le di otro pico. –También sé que él me ama, no lo dudo, nunca lo he dudado.

-Continúa. –Me dijo. Sus ojos empezaron a ponerse brillosos.

-Pero quiero empezar a olvidarlo. Después de lo que pasó, por Rafa, por mi familia y por mí, es mejor terminar. Quiero empezar a sacarlo de mi vida. Ayúdame. –La sonrisa de Karla volvió a su rostro.

-Quiero que siempre estés conmigo, quiero que entiendas mis sentimientos, que me des mi espacio, que entiendas mi gusto por el sexo, que no me celes. Que sepas que empieza a nacer un amor por ti y que no lo dudes.

-¿Quieres que te deje ahorita sola con Rafa? –Me pregunta con un poco de duda. Asentí bajando la vista. –Lo que quieras puedes pedirme, yo quiero ser ese tipo de persona para ti, la que te apoya en todo momento y en tus sentimientos. Lo que necesites pídemelo y sobre todo dímelo. No me lo escondas.

-Lo amo, Karla. –Me solté a llorar. –Lo amo mucho, demasiado. Él es mío, es mi hombre. Sus ojos, su cuerpo, sus manos, sus caricias, sus besos, todo es mío. No quiero que me deje. No quiero dejarlo ir, quiero recuperar su amor, quiero embarazarme de él para estar siempre juntos. –Lloré.

-Te entiendo. –Me dijo con tono triste. –Quizá lo nuestro fue muy apresurado. Debí esperar más tiempo.

-No Karla…

-Déjame hablar. –Me dijo. –Yo siempre he estado enamorada de ti. Me gustas y ahorita vi la oportunidad y la aproveché. Abrí mi corazón ilusionada y ahorita me lo rompes. Pero debí entender que esto era más despacio…

-Karla, amor. Dame tiempo. –Le dije. –En unos meses esto se habrá acabado y tú y yo estaremos juntas.

-Sí, eso espero. Si antes no sales embarazada.

-Ahorita habla la “Julia” dolida, pronto se me pasará y pensaré mejor las cosas. Solo dame tiempo.

Se levantó y caminó fuera de la casa. La seguí. Volteó y me vio:

-El sexo es rico. –Dijo.

-Muy rico. –Dije. –Seguiremos teniendo para mantener la flama encendida.

-Claro. A la noche regresaré por más. –Me dijo y se fue de la casa.

Me quedé ahí sola, triste, esperando a Rafa.

Le hablé para tener sexo con él, mi idea era quedar embarazada. No lo iba a dejar ir, él era mío.

Cuando llegó a la ciudad, me habló y lo guie hasta mi nueva casa. Llegó.

Lo vi, tan hermoso que era, precioso, lo amaba, me gustaba mucho. Verlo caminar hacia mí.

Corrí a abrazarlo. Recargué mi cabeza en su pecho y ahí la dejé. Escuché su corazón como hacía mucho que no lo hacía.

-Te amo, mi amor. –Le dije. Levanté mi cabeza y lo vi a los ojos. Traía una cara de tristeza, de cansancio.

-Te amo, July. –Me dijo muy sin ganas.

-Este viaje me hizo entender muchas cosas. –Le dije yendo directo al grano.

-¿Qué cosas? –Preguntó.

-Que en este mundo no hay mejor hombre que tú. Que no te quiero perder, que eres especial, único, perfecto, que deseo estar contigo toda mi vida. Tú me entiendes, me conoces, sabes todo de mí y eso amo de ti, y lo amaré siempre. –Vi que soltó una lágrima. No hablé para nada de eso. –Te extraño, y extraño que estés conmigo. Vamos a pasar y hazme el amor como solo tú sabes hacérmelo. –Le dije y lo jalé del brazo hacia dentro de la casa.

Entramos al cuarto y lo solté. Lo vi y rápido me quité la ropa hasta quedar totalmente desnuda frente a él. No perdí tiempo y corrí a quitarle su pantalón. Cuando quedó desnudo, lo acosté en la cama. Empecé a mamarle la verga.

Su verga estaba flácida. Me metí su cabeza en la boca y empecé a succionar mientras la golpeaba con mi lengua. Luego la desaparecí toda y empecé arriba y abajo. Bajé a lamer sus bolas y con mi mano empecé a masturbarlo.

La experiencia que tenía hasta ese momento, me dijo que le estaba haciendo el mejor trabajo que le había hecho a cualquier verga que haya probado.

Pasaron 5 minutos, luego 10 minutos y la verga no se paraba para nada.

Y mi cuerpo, que para ese momento estaba ardiendo, se empezó a enfriar. Sabía lo que traía pero lo ignoré. Me subí encima de él y empecé a sobar mi panocha en su verga flácida. Mis pechos grandes se aplanaba contra su pecho trabajado de ejercicio y mi boca besaba la de él, besos que no era correspondidos.

A los 5 minutos me di cuenta que esto era un caso perdido. Bajé mi cabeza y dejé de moverme.

De un empujón Rafa me quitó. Vi que se sentó en la orilla de la cama, llevó sus manos a la cara y empezó a llorar. Me puse a su lado.

-¿Qué pasa? Mi amor. –Le pregunté.

-Nada. –Me dijo.

-Dime. Puedes confiar en mí, cuéntame. –“Dime lo de Olga, dímelo y te perdono. Pero dímelo.”, pensé.

-Broncas en mi trabajo, amor. –Me dijo medio dudando.

-Dime, desahógate. –Y me contó una historia sobre su trabajo la cual, era obvio que no creí porque ya sabía lo que traía. –Todo se arreglará. –Le dije.

-Hoy, te fallé como hombre. Perdón. –Me dijo.

-Tú eres el único hombre que merece ser llamado así. Nadie puede con tantos problemas. –Le dije.

-Solo quiero acostarme y dormir. –Me dijo. Nos acomodamos de cucharita, y dormimos.

Una mordida en mi nalga me despertó, seguido de besos en mi espalda que iban subiendo hasta que llegaron a mis hombros y cuello.

-Mmmm rico. –Dije. Estaba aún media dormida y no abrí mis ojos, solo disfruté de las caricias.

Sentí unas manos en mis nalgas, que trataban de abrirlas, las levanté un poco para que fuera más fácil hacerlo. Sentí la cabeza en medio de mis nalgas que trataba de entrar a mi panocha. Luego una mano se puso en mis tetas. Las agarró y las utilizó para jalarme.

Al no estar mojada, la verga batallaba en entrar.

-Empuja más fuerte, amor. –Le dije.

La verga empujó más fuerte hasta que se abrió paso entre las paredes de mi panocha. Se quedó un rato sin moverse. Luego lo hizo despacio, acariciando mis tetas al ritmo de sus movimientos.

Empecé a gemir, sus penetradas eran profundas, intensas. Besó nuevamente mi espalda.

A los 2 minutos tuve un orgasmo y mi cuerpo se aflojó. Me llegó un sueño enorme.

-Rafa, mi amor. Me llenas la panocha de leche, quiero tener un hijo tuyo. Mi hermana no me va a ganar. –Le dije.

Las embestidas siguieron hasta quedar dormida.

Abrí mis ojos a la mañana siguiente. Estaba sola en la cama. Me estiré y sonreí. Habíamos hecho el primer intento Rafa y yo por tener un hijo. Deseé tanto que pronto pegara.

Estaba cometiendo tantas locuras que me pusieron muy feliz. No me importaba quien resultara al final herido, si mis papás u Olga, tan solo quería quedar embarazada de Rafa y tener sexo con aquellos niños y ser feliz.

Mi vida estaba pintando para no preocuparme nunca por dinero y aunque Olga se quedara sola, yo me haría cargo de ese niño, para que nunca le faltara nada.

Pensé en todo y a partir de ahorita nada iba a quitarme mi felicidad ni mis planes.

Me levanté, vi que al lado, en la mesita había una bolsita de cocaína. No le hice mucho caso y me fui a mi casa a cambiarme para la escuela. Ya era tarde pero “La preparatoria es mía”, pensé.

A las 10am, luego de bañarme y ponerme el uniforme de la escuela, caminé a la salida de la casa. En eso me llegó un mensaje a mi celular. Era de un número que no conocía.

Pedí un taxi y le dije que me llevara a la preparatoria. Abrí el mensaje.

“No me conoces y no sabes quién soy, pero yo sí sé quién eres. Encontré unas fotos tuyas donde estas desnuda y teniendo sexo con un chavo en lo que parece un bar. Si no quieres que las filtre y se las muestre a toda la preparatoria, ponle precio a mi silencio. Te espero en tal hotel a las 11am. Si faltas, se las mostraré a todo el mundo.”

-¿QUE CHINGADOS ES ESTO? –Dije sin importarme el chofer del taxi.

Mi corazón se aceleró, sentí como me empezó a faltar el aire, me llegaron ganas de vomitar. “Tranquila, quizá sea uno de los chavos y esta fue su manera de pedirme que vaya a coger con uno de ellos”, pensé.

Tomé mi celular y quise marcarles pero no tenía sus números. Tomé la decisión de ir al hotel, al final ellos tenía la decisión y yo había accedido. Bajo mis condiciones y están no las eran.

-Lléveme a tal hotel. –Le dije al taxista. Asintió.

-Señorita, ¿No cree que es muy temprano para irse de pinta con el novio? –Me preguntó el taxista. –Y lo peor, a un hotel.

-A usted no le importa. –Le dije molesta.

-Tengo una hija como usted, señorita, de su edad. Se ve que usted es de buena familia, no les haga esto a sus papás.

-Le dije que no se metiera en lo que no le importa. –Levanté un poco mi voz. –Si yo quiero me hago la pinta y me voy con quien quiera a donde sea y usted no debe meterse. –Me molesté. –Lo más probable es que su pinche hija sea una puta que su novio se la coge todos los días en su casa.

Me vio por el espejo retrovisor.

-Pinche puta. –Dijo. –Prostituta de mierda, me das lástima, estoy seguro que ahorita vas hacer un servicio y con el dinero que te pagan, por eso vistes tan bien.

-NO LE VOY A PERMITIR QUE HABLE ASÍ DE MÍ. –Le dije y le pegué varias veces en su brazo. Luego me solté a llorar.

Se hizo el silencio. Llegamos al hotel y me bajé. Me acerqué a la ventana a pagarle, estiré mi mano para darle el billete y me jaló hacia él para luego tirarme un puñetazo que me hizo caer de nalgas en el suelo. El dolor que sentí era inmenso. Vi irse al taxi, saqué mi cuaderno y anoté sus placas.

Me levanté y caminé a hotel casi llorando del dolor. Pedí un cuarto. Entré y le mandé el mensaje a la persona con el número del cuarto.

Tiré mis cosas en la cama y fui al baño a arreglarme el golpe. Me tranquilicé un poco. Tenía roja la nariz.

Esperé a que llegara la persona, que lo más probable era uno de los chavos nerds. Me quité mis zapatos y calcetas, mi short y ropa interior y me quedé con la falda y la playera de la preparatoria. Me vi en el espejo.

Me quité la playera y luego el brassier y luego me la puse de nuevo. Mis tetas grandes se veían increíbles bajo la playera de la escuela. Quería acabar pronto con este sexo.

A los 30 minutos tocaron la puerta. Corrí a abrirla.

-Oye, les dije sobre las condi… -Guardé silencio en cuanto vi a la persona.

Me vio serio.

Di unos pasos para atrás con los ojos muy abiertos, sorprendida. La persona entró y cerró la puerta.

No conocía a esa persona que había llegado a mi cuarto. Nunca la había visto en mi vida. Pero al parecer él si sabía quién era.

-Hola. –Dijo con aquella voz fría. Temblé del miedo que me provocó.

-¿U… u… usted quién es? –Dije tragando saliva.

Me entregó un sobre, lo abrí y me vi, desnuda, en varias posiciones, con el chavo nerd y su verga dentro de mí.

-¿Cuánto vale mi silencio? –Me preguntó.

-¿Cómo? –Pregunté.

-Quiero que me pagues si no quieres que filtre las fotos.

-¿Cuánto quiere? –Dije con miedo. –Tengo todo el dinero del mundo. Es más. –Caminé hasta mi bolsa. –Tenga, son 5mil pesos pero no diga nada.5

Los agarró sin decirme nada. Levantó su vista y me vio de pies a cabeza.

-Muy bien, así me gusta. –Me dijo.

Estaba aterrada, no sabía quién era persona y por eso me podía chantajear muy fácil. Levantó una de sus manos a uno de mis pechos. Levanté mi mano para quitarla.

Me agarró del cuello y me tiró al suelo. Solté un grito del susto. Con dos pasos largos se puso frente a mí, ni tiempo tuve de recuperarme de la caída. Me agarró de unos de los brazos y me levantó muy fácil. Mi cuerpo era pequeño y mi peso también. Me aventó a la cama y caí de espaldas. La falda se me levantó y dejó mis nalgas al descubierto.

-¡POR FAVOR NO ME HAGA DAÑO! –Le dije. – ¡AUXILIO! –Grité.

Volteé a verlo y el tipo se estaba quitando su cinto y se bajó su pantalón. Aproveché para levantarme y correr hacia la puerta. Me interceptó a la mitad y me jaló con mucha fuerza. Me puso frente a él. Me vio con una sonrisa. Vi como levantó su mano, la extendió y me dio una cachetada. Caí al suelo.

Su mano era muy pesada, me dolió hasta el alma.

Empecé a llorar, estaba sola e indefensa y el tipo me iba a violar. Mi cuerpo ya no me respondía mucho. Me agarró de mi cabello y me levantó. Me tiró en la cama. Caí boca arriba.

Levanté como pude la cabeza y vi que caminaba directo a mí.

“No, por favor”, pensé.

Con una mano me volteó y me puse de espalda, luego me agarró de mis caderas y me jaló hasta la orilla de la cama. Mis pies cayeron al suelo. Traté de moverme, pero su fuerza y mi debilidad lo hicieron imposible.

Levantó mis nalgas y sentí la punta de su verga en la entrada de mi panocha. De un golpe me la metió toda. Sentí mucho dolor, y no dolor físico sino dolor de vergüenza.

Empezó a moverse, y mis nalgas las movía a su ritmo. Yo seguía llorando, y el tipo no se detenía. Mi cuerpo estaba flojo, el tipo para mantener mis nalgas arriba, apretaba mis caderas, era un dolor muy insoportable, me dolía. “Detente”, le decía en mi mente. De mi boca solo salían gritos de dolor. Y de mis ojos lágrimas.

A los dos minutos, se salió y me dejó caer en la cama, descansé. No podía dejar de llorar. Tenía mucho miedo. “Qué bueno que ya terminó. Que se vaya”, pensé.

Cerré mis ojos. De pronto sentí sus manos en mis caderas y me levantó, luego me dejó caer y sentí unas almohadas bajo mi vientre. Me asusté muchísimo. Abrió mis piernas y de nuevo me la metió. Su verga ya estaba mojada, ya no batalló en entrar.

De nuevo empezó a moverse. Puso sus manos en mi espada para que no me moviera.

A los 5 minutos sentí como se puso duro y terminó. Su leche salía por mis piernas.

Sentí como el tipo se salió de mí. No levanté mi cara para nada. Escuché el sonido de su cinto y su pantalón. Luego caminó.

-Me comunicaré contigo luego. –Me dijo, abrió la puerta y se fue.

Me quedé acostada un rato, llorando. Traté de dormir pero no pude. Me tranquilicé un poco, me levanté y me puse la ropa. Fui al baño a ver mi cara, traía la mano marcada de la cachetada que el tipo me había dado. Medio la maquillé y salí del cuarto, adolorida por todos lados.

Salí del hotel llena de vergüenza.

Pedí un taxi que me llevó al banco, luego a la farmacia a comprar algo para evitar embarazos y luego pedí que me llevara a mi nueva casa.

Entré a mi casa y dejé mis cosas en el primer lugar que pisé.

Caminé hasta la recámara y me dejé caer. Estaba agotada pero no cansada. Me dolía el cuerpo. Me levanté y vi la bolsita de cocaína en la mesita. Dudé en agarrarla. Drogarse era malo pero era lo único que me hacía olvidar.

Caminé hasta la ventana y vi al señor que cuidaba la casa.

-OIGA, ¿PUEDE VENIR? –Le grité. Me vio y asintió. Me senté en la cama. No sé para qué le hablaba, solo sabía que necesitaba a alguien que me escuchara.

Llegó al cuarto.

-Dígame, señorita. –Me dijo. Me vio llorando. -¿Qué le pasa?

-Hay oiga, me pasan muchas cosas y no aguanto. –Le dije.

-Dígame Octavio, sin problema. –Me dijo. –Cuénteme. Siempre es bueno desahogarse.

-Lo que pasa es que mi novio embarazó a mí hermana y no sé qué hacer. –Le dije. –Amo a mi novio y no lo quiero perder, pero con esto, lo más probable es que lo pierda y se vaya con ella. –Silencio. –No quiero perderlo. Lo amo.

-¿Le puedo contar una historia? –Lo vi y asentí. –Edith se casó a muy temprana edad con el que ahora es su esposo. Usted ya sabe porque lo hizo…

-Sí, por interés. Ella me dice que porque lo ama pero yo creo que por el poder que él le ofreció. –Le dije.

-Ella se casó por interés, por el dinero, por el poder. Una mujer que es adicta al alcohol, sexo y drogas, este mundo le cae como anillo al dedo. Y a ella siempre le interesó esto.

-Entiendo. Yo soy como ella, pero eso no arregla mis problemas ahorita. –Le dije.

-A los dos meses, en donde andaba metida, ella se enamoró de uno de sus trabajadores, ella teniendo 18 y él 30. –Dijo. Silencio.

-Siga. –Le dije.

-Ella y su esposo estaban a punto de subir a ser jefes, como era obvio, ella no podía estar con alguien más porque perdería todo, así que lo que hizo fue presentárselo a su mamá. –Dijo. –La mamá recién divorciada de 35 años.

-¡Wow! Con la mamá y la hija… -Dije asombrada.

-Edith pensó que al poner a su hombre con su mamá no pasaría mucho. –Dijo. –Lo que no sabía era que la mamá aprovechó al joven para embarazarse.

-Entonces, ¿El amor de su vida embarazó a su mamá? –Dije sorprendida.

-Así es. –Me dijo. –Edith se fue de viaje y a los meses regresó, le contó a su mamá y la perdonó. Vivió una vida llena de mucho amor con ese hombre, con la única desventaja de que no podían estar juntos por las circunstancias.

-Entiendo. –Dije.

-Tú y el amor de tú vida, ¿No pueden estar juntos? –Me preguntó.

-Mi hermana es la embarazada…

-Sí, eso lo entendí. ¿Pero qué dice tu hermana?

-Ella le quiere decir a mis papás que es de otra persona el bebé para dejar a mi novio libre. –Le dije.

-Eso está perfecto. ¿Por qué ponerse triste? –Me dijo. En eso entendí. Lo demás era problema de mis papás. Para ellos, yo y Rafa seguíamos muy bien y listos para empezar una vida juntos.

-Que mi hermana encuentre otro hombre y cuide del niño, yo se lo mantendré sin problema.

-Así se habla, señorita. –Me dijo.

Agarré la bolsa de cocaína y esnifé un poco. Me dejé caer en la cama con los brazos abiertos, riéndome.

-Y ¿Sigue cogiendo con Edith? –Le pregunté.

-Se dio cuenta. –Me dijo. Me recargué en mis hombros y lo vi. –Claro, durante mucho tiempo nos vimos y tuvimos nuestra aventura.

-Pero, ¿La siguen teniendo?

-Ya no rindo como antes, pero sí, todavía nos vemos un poco. Aunque ahorita anda más emocionada contigo. –Me dijo.

De repente me llegó el golpe de la cocaína y pasó por mí mente todo mí día. Me levanté y sentí un enojo terrible.

-Este hijo de su pinche madre. –Dije al aire.

-¿Qué pasa? Señorita. –Me preguntó.

-Un taxista que me golpeó. –Dije. -¿Qué hacía Edith para arreglar esos problemas?

-Edith era de agallas y tomaba decisiones en el momento que le pasaban las cosas.

-Y ¿Ella que haría en estos casos? –Pregunté. Una ira tremenda me invadía todo el cuerpo.

-Ella hubiera investigado el domicilio de la persona y lo hubiera desaparecido. –Me dijo.

 

-Tengo las placas del taxi, ¿Con eso puede ayudarme? –Le pregunté.

-Con eso basta, démelas y haré unas llamadas. –Dijo. Fuimos hasta donde estaba mi cuaderno, le d la hoja y salió a su cuartito. Subí a la recamara.

Agarré otro poco de cocaína. Caminé de lado a lado en la recamara. Me desesperé. A los 5 minutos llegó Octavio.

-Oiga, Don Octavio, entonces, ¿Usted era el matón y el amante de Edith? –Pregunté.

-Sí. –Dijo.

Me quité la falda y la ropa interior. Me quité la playera sin quitarme el brassier. Me acosté en la cama boca arriba y las piernas abiertas. Me pasé una mano por la lengua y luego por mi panocha, luego otra vez y lo repetí 5 veces más.

-Vengase don Octavio, vamos a coger mientras esperamos. –Octavio me vio, dudó. Luego se quitó su pantalón y su ropa interior y su verga ya había tomado tamaño. Lo vi sonriendo.

-Páseme un condón, señorita. –Me dijo.

-No traigo. –Respondí.

-En ese cajón tiene. –Me dijo. Lo abrí y había muchos. –Edith la tiene muy bien preparada.

Le di el condón y se lo puso. Su verga era de tamaño un poco más grande de lo normal. Volteé mi cabeza hacia arriba.

-Vas a lamentar haberme conocido. –Dije muy enojada.

Sentí unas manos en mis pechos, luego una boca mordiendo uno de mis pezones por encima del brassier. La verga tocó la entrada de mi panocha. Poco a poco la metió hasta que entró toda.

Se empezó a mover mientras acariciaba una de mis tetas y mordía mi cuello despacio. Se movía muy rico.

-No aguantaré más. –Dijo a los 3 minutos.

-Siga un poco más para venirnos juntos. –Le dije y cuando se detuvo, mi panocha y su verga explotaron al mismo tiempo. –No lo hace nada mal. –Le dije un poco agitada. –Aunque yo apenas voy empezando.

-Sí señorita, diferencia de edad. –Me dijo demasiado agitado. –A su edad me llegué aventar hasta 10 palos en un día.

Agarré otro poco de cocaína y esnifé.

-¿Gusta? –Le pregunté.

-No, gracias. Hace mucho que lo dejé.

-¿A qué hora llegan mis hombres? –Pregunté mientras me ponía la ropa interior y la falda. Arriba me dejé solo el brassier.

-Dijeron que 10 minutos. –Se levantó y fue al baño. Regresó con su ropa puesta.

Pasaron cerca de 10 minutos cuando llamaron al teléfono de don Octavio.

-Sí, llévenlo al cuarto. –Dijo. Colgó. –Vamos al cuarto de abajo. Ya llegaron con el taxista. –Me dijo.

Mi corazón empezó a latir muy fuerte. Mi enojo se incrementó más. Bajamos las escaleras y al llegar a la cocina, entramos a la cochera. Estaba abierta lo que era una trampilla en el suelo.

Bajamos y caminamos por un corredor, al final había una puerta en la cual entramos.

El lugar era más o menos del tamaño de la recamara. En una de las paredes había lo que era un horno. En medio estaba una persona arrodillada con una capucha en su cabeza. A los lados estaban dos tipos armados con pasamontañas en su cara.

Los vi y vi a la persona arrodillada y me dio un miedo terrible, quería salir corriendo de ahí. Pero mis pies no respondían y como hipnotizada caminé hasta el hombre arrodillado. Puse mis manos temblorosas en su capucha y se la quité. Vi aquella persona que unas horas antes me había golpeado la cara.

-¿Es él? Señorita. –Me preguntó don Octavio.

-S… s… Sí. –Tartamudeé.

Aquella persona me vio. Traía sangre en su rostro. Sus ojos llorosos me hablaban para decirme que lo ayudara.

Unos de los hombres que estaban a su lado le dio con el arma en la cabeza.  Cayó y gritó de dolor. Me invadió una rabia inmensa que hizo que le diera una patada en el estómago. Yo misma sentí que fue muy débil la patada pero ignoré eso y le di otra. Los hombres armados lo levantaron y lo agarré a golpes con los puños cerrados. Me dolieron.

-Calma. –Me agarró don Octavio y me movió de frente de él. –Toma. –Me dio un arma que agarré sin dudarlo.

Vi el arma y vi al taxista.

-Por favor, no me hagas daño. Tengo familia. –Dijo el taxista como pudo. Le dio otro golpe uno de los hombres.

La mano me tembló.

-Recuerde lo que le hizo, señorita. Demuéstrele que usted tiene el poder. –Lo levantaron y me vio con sus ojos llenos de sangre y llorosos.

No aguantaba la presión. Deje caer el arma y salí del cuarto. Subí corriendo a la cochera y luego a mi cuarto. A los dos minutos llegó don Octavio.

-No puedo hacerlo. –Le dije con mis ojos llorosos. –Pero no le perdonaré lo que hizo. Háganlo ustedes. –Le dije. Don Octavio asintió y salió.

No sé si fue por la adrenalina o por falta de droga pero me sentí completamente decaída, en depresión, con un nudo en la garganta, presión en mi pecho. Agarré la cocaína y la tiré al suelo. Luego me desplomé en el mismo.

Se escuchó un sonido muy seco a lo lejos y me solté a llorar. Había cometido un delito. Y no solo eso, había dejado a una familia sin su sustento y les había provocado una tristeza enorme que quizá nunca fueran a superar.

Me levanté y mi mundo empezó a dar vueltas. Caminé agarrada de las paredes hasta que tomé aire y dejó de girar un poco el mundo.

Me puse la playera de la preparatoria y salí. Agarré un taxi y fui a la casa de mi tía. Entré y me encontré con Miguel, el novio de mi hermana, desnudo en medio de la sala.

-Hola. –Me dijo mientras se tapaba la verga con sus manos. Me detuve un rato luego seguí caminando y entré al cuarto que era mío. En la cama estaba Olga desnuda.

-Ho… ho… hola… -Me dijo sorprendida.

No le hice caso y agarré mi ropa y salí de la casa rumbo a la central de autobuses. Hablé por teléfono.

-Edith, hola, hazme un favor.

-Hola, ¿Cómo estás? ¿Qué pasó? –Preguntó.

-Háblale a mi mamá y dile que de la preparatoria nos dieron 15 días de vacaciones a las que fuimos al viaje. Las necesito de verdad. –Le dije.

-Dime que pasó. –Me dijo algo preocupada.

-Pregúntale a don Octavio y por favor cuando te diga, no me hables, solo quiero olvidar un poco. –Le dije.

-Lo haré. Tú no te preocupes. –Me dijo.

-Gracias. –Dicho esto, colgué.

Esperé 10 minutos en la central y tomé autobús rumbo a mi pueblo. Cuando subí me llamó mi mamá.

-July, me habló la esposa del director. Me dijo que les dieron vacaciones.

-Si mamá, voy para allá. –Le dije.

-Perfecto, sirve que me ayudas a limpiar un poco la casa. El hermano y la hermana de tú papá vienen mañana y se van a quedar 15 días. –Me dijo.

Que llegara familia me parecía perfecto, lo que quería era olvidar todo lo que hice y sentirme como en casa, como niña buena, y esto era lo que necesitaba.

-Claro mamá, con mucho gusto. –Le dije.

Colgamos.

Iba a mi casa, donde me sentía una niña buena y de familia, y sobre todo, protegida.

Continuará.


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