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Fecha: 06-Sep-17 « Anterior | Siguiente » en Parodias

Harry Potter y la Ruta de Eros XXVI

Stonentaller
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 66 min. ]
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Un nuevo año comienza en La Madriguera. Harry, Ron y Hermione vuelven a recuperar su amistad tras su apasionante noche pero cada día están más envueltos en la espiral de deseo que domina el mundo mágico. Seguirán buscando juntos las respuestas, algo cada vez más difícil por culpa de sus cuerpos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

¡Bienvenid@ a esta vigésimo sexta parte de Harry Potter y la Ruta de Eros!

Ya ha pasado un mes desde la publicación de la vigésimo quinta entrega y durante estas semanas me han llegado mensajes y comentarios apoyándome mucho, lo cual sabes que agradezco enormemente. Estoy encantado con la recepción que tuvieron esos últimos capítulos y ha hecho que el esfuerzo merezca la pena, así que gracias por ello.

Durante este tiempo he estado escribiendo en el tiempo que las vacaciones me han permitido hasta conseguir contar lo que quería en esta continuación. Sé que hay muchas personas que tenían ganas de leer mucho de lo que hoy publico y espero que tanto a ellas como al resto os haga disfrutar mucho este nuevo relato.

Como siempre me encargo de recordar, todo esto no sería posible sin el apoyo de quienes me escribís al correo electrónico, quienes valoráis cada relato para saber si os ha gustado y, por supuesto, sin los comentarios que este mes me habéis escrito Alex, Daniel, Aleida, lalo, scar, agustin, rejucilo, Babylonian y carol. Muchas gracias a todos vosotros, que me ayudáis enormemente a seguir con tantas ganas.

Por lo demás, creo que lo mejor es que seas tú quien descubra lo que sigue ocurriendo en este extraño mundo mágico. Espero que lo goces lo máximo posible y que sigas deseando saber más cuando acabes. ¡Adelante!

 

                        45. Oasis

El dolor de cabeza le hacía difícil concentrarse en lo que veía. Aún notaba el sabor de la cerveza de mantequilla en la boca y la gran cantidad de alcohol que había ingerido esa noche circulando por su organismo. Se frotó los ojos entrecerrados y volvió a asegurarse de que la chica que dormía desnuda a su lado era su mejor amiga.

 

Hermione descansaba plácidamente boca arriba, con una expresión de felicidad en la cara. Ron, también desnudo, estaba al otro lado de la cama con la boca entreabierta y encerrado en sus sueños. Harry aún no podía creerse lo que habían hecho unas horas antes, pero no había otra explicación para que los tres amigos estuvieran sin ropa sobre el mismo colchón.

 

Consiguió abrir un poco más los ojos mientras se acostumbraba a la sensación de resaca y trató de buscar en Hermione la razón por la que se había despertado. Sin embargo, su mirada se centró al momento en los sugerentes pezones que coronaban los dos enormes senos de su amiga, esparcidos sobre su pecho e iluminados por la luz de un amanecer que todavía se mostraba tímido. Harry sintió que se endurecía de nuevo observando su cuerpo, y pronto empezaron a pasar por su mente las imágenes de aquella noche.

 

  • Esta no es la fiesta que les había pedido a Fred y George -escuchó decir a una voz familiar a su derecha-. Les espera un buen castigo.

  • ¿S-señora Weasley? -preguntó Harry, girándose y tratando de taparse el miembro con ambas manos.

 

La madre de Ron estaba de pie al lado de la cama, con su espectacular vestido negro y mostrándole el tanga de Hermione, que agarraba con dos dedos. La pequeña pieza de ropa interior de su amiga todavía parecía húmeda, pero Molly la dejó caer al suelo junto al amplio sujetador de la joven, impidiendo que Harry se fijase en ella.

 

  • No te puedo dejar solo, jovencito. Mira lo que acabas haciendo con esta casa.

  • Señora Weasley, yo no...

 

Harry se detuvo cuando la madura mujer le puso un dedo sobre los labios y se acercó más a él. Tenía las mejillas algo coloradas, y su voz sonaba algo irregular, como si le costase mantener el tono.

 

  • Menuda noche habéis pasado, ¿verdad? -dijo, sonriente-. Y pensar que yo tenía preparada una fiesta especial para Arthur... -siguió, frunciendo el ceño-. Este hombre es de lo que no hay. Tiene que elegir siempre el peor momento para emborracharse.

 

Molly negó con la cabeza, enfadada, pero enseguida se recompuso al ver cómo Harry tapaba una parte de su desnudez con ambas manos. Se arrodilló ante la cama y se las apartó sin mucha resistencia del mago. Acto seguido acarició el tesoro que acababa de descubrir.

 

  • Suerte que no todos en esta casa se desactivan por un poco de bebida, ¿verdad? -le dijo entonces a Harry, que aún no se sentía tan atrevido como en otras ocasiones.

  • Señora Weasley, ¿qué cree que está haciendo? Hermione y Ron...

  • ¿Por qué no me llamas Molly cuando estás dentro de mí, cariño?

  • ¿Cómo? Pero si no estoy...

  • Oh, eso tiene fácil solución -respondió la señora Weasley sonriendo, antes de ver la expresión de estupefacción en la cara del joven mago-. Vamos. No me mires así, Harry. Tú mismo me lo dijiste anoche. Siempre seré más puta de lo que puedas llegar a imaginar.

 

Sin esperar un segundo, la alcoholizada señora Weasley se metió la polla de Harry en la boca y comenzó su segunda mamada a aquel atractivo joven con las ganas de una primeriza. La lengua de aquella mujer lamió hasta el último punto de su todavía blando aparato seguida de sus gruesos labios. Harry no recordaba lo buena que era la madre de su mejor amigo haciendo aquello, y emitió un pequeño gruñido al sentirla trabajando con su boca. El mago se giró automáticamente para asegurarse de que Hermione y Ron seguían dormidos a su lado, para volver después a centrarse en cómo la melena pelirroja de la señora Weasley botaba sobre su entrepierna siguiendo los movimientos rítmicos de su cabeza.

 

La experimentada madre de los Weasley emitía sonidos muy estimulantes mientras comía la polla del mejor amigo de su hijo. Parecía estar disfrutando de verdad de aquella felación, y cuanto más crecía entre sus labios el enorme rabo de Harry más salivaba la bruja a su alrededor. Harry se debatía entre el morbo y el placer que le hacía sentir la madura pelirroja y el miedo a que Ron abriera los ojos y les pillara. El corazón le latía a mil por hora, pero Molly no parecía sentir el mismo miedo y le pajeaba a la vez que chupaba con desesperación, acariciándose con su mano libre su propio par de gordísimos pechos.

 

Tras unos minutos de placer oral, Molly se sacó a Harry de la boca y se levantó limpiándose los labios con los dedos.

 

  • He sido una buena anfitriona, ¿verdad? -le preguntó la pelirroja, con la luz del amanecer iluminando parte de su cuerpo-. Es hora de que pagues por mis servicios.

 

La señora Weasley sonrió a Harry y le agarró la mano derecha para meterla bajo la falda de su vestido. El mago arqueó las cejas al notar sus más húmedos y suaves labios en las yemas de los dedos. Molly le dejó allí y utilizó sus dos manos para agarrarse el pecho, moviendo sus dos impresionantes mamas ante los ojos de un Harry ya muy caliente.

 

  • ¿Qué tenía pensado hacer esta noche, señora Weasley? -preguntó Harry acariciando el sexo de la mujer.

  • Te lo he dicho, jovencito. Esta iba a ser una gran noche de fin de año, y me pareció que en las celebraciones no iba a necesitar mi ropa interior. ¿No te parece que he acertado?

 

En ese momento Harry no podía quitarle la razón y siguió tocando el coño de su anfitriona bajo la falda. Las piernas de Molly temblaban mientras la mujer trataba de no despertar a Ron y a Hermione con sus gemidos. Harry introdujo entonces sus dedos en el estimulado sexo de la señora Weasley, que a cambio volvió a agarrar su polla y a sacudirla al ritmo al que Harry la penetraba con su mano. La imagen era tremenda para ambos, disfrutando en silencio en aquella cama tan ocupada.

 

La señora Weasley aprovechó la situación para acercarse algo más y poner una pierna sobre el colchón con cuidado. Apoyada al lado de la cabeza de Harry, Molly ni se preocupó en pedir permiso y, mientras colocaba una mano en la pared para agarrarse, se agachó hasta colocar su húmedo coño sobre la boca del mago. Obediente y muy cachondo, Harry saboreó a la pelirroja y lamió su clítoris con rapidez, provocando gemidos cada vez más obvios a la mujer que se aferraba con su otra juguetona mano al falo del mago. La lengua del chico y el morbo eran demasiado para ella, y pronto tuvo que separarse del encargado de su cunnilingus para evitar correrse y despertar a sus compañeros de cama.

 

Hubo unos momentos de silencio absoluto, únicamente roto por la respiración entrecortada de Harry y Molly. Parecían estar decidiendo hasta donde iban a llegar con aquello.

 

  • Nunca me habría imaginado que se te daría tan bien comer un coño, Harry -le dijo en un susurro-. Ha sido... ha sido... impresionante.

  • Siempre me subestima, señora Weasley -respondió él en el mismo tono, observando el voluptuoso cuerpo de la mujer-. Aunque mientras me la siga chupando así, se lo perdono todo.

 

Molly se pasó la lengua por los labios y vio el manjar que había degustado hacía unos minutos. Sin pensarlo más, comenzó a subirse sobre la cama ante la asustada mirada de Harry, que la intentó detener sujetándola, y apoyó ambas rodillas al lado de las piernas del mago. Su pierna derecha rozaba a la desnuda Hermione, pero un vistazo le valió para comprobar que ni ella ni Ron se habían dado cuenta. Entonces volvió a mandar callar a Harry con el dedo y se apoyó sobre él, dándole por primera vez un beso en los labios que él le devolvió encantado.

 

Sin dejar de besarle, la señora Weasley se recolocó la falda para poder apoyar su estimulado coño sobre la masiva erección de Harry. Los roces comenzaron al momento, y aquel falo acarició de arriba abajo su sexo mientras ella besaba y miraba a los ojos a Harry, que parecía aterrorizado por la idea de que los pillasen pero cuya polla no dejaba de dar golpes a la pelirroja.

 

  • Esta noche estoy dispuesta a todo, Harry -le dijo al oído mientras él le acariciaba las tetazas sobre el vestido-. No sabes las ganas que tengo de probar de una vez esa leche que tanto te gusta meterme dentro.

 

Harry apretó el culo de Molly contra él al escuchar eso, tremendamente cachondo, pero en ese momento un gruñido a su izquierda hizo que se le parase el corazón. Molly se pegó a él, asustada, mientras Ron comenzaba a moverse al otro lado de la cama. Fueron unos segundos de tensión en los que nadie respiró, hasta que al fin comprobaron, con cuidado, que el pelirrrojo había cambiado de posición pero seguía totalmente dormido.

 

Con el corazón todavía en un puño, la señora Weasley vio a los ojos a Harry, atemorizada. Unos segundos más tarde se levantó y se apartó de la cama con cuidado, agarrándose el pecho. Harry comprobó que todo iba bien, aliviado, y dejó que la madre de su mejor amigo se fuese hacia la salida, con cierta resignación. Sin embargo, cuando creía que la señora Weasley se había ido a dormir por culpa del susto, la puerta volvió a abrirse.

 

  • Vamos Harry -le apremió desde la entrada de la habitación-. ¿A qué esperas?

 

Harry contempló a sus dos amigos y de nuevo a la colorada señora Weasley, que le hacía gestos para que se acercase con el dedo índice. Decidido, se levantó sin hacer ruido y se acercó desnudo hacia su anfitriona.

 

  • Ha bebido demasiado -dijo Harry mientras subían por las escaleras, fijándose en que todas las puertas estuvieran cerradas.

  • Puede que sí -respondió Molly, risueña-. ¿Crees que esa es la razón de que tenga tantas ganas de que me folles? -le retó, meneando el culo.

  • No -respondió Harry-. Creo que es la razón de que me vaya a dejar hacerlo.

  • Eres un chico extraño, Harry. Sé que hay algo en ti que nos está convirtiendo en esto. No te molestes en negarlo -continuó, impidiendo que Harry hablase-. Ya estoy cansada de resistirme. Y que el alcohol me haya ayudado a tomar esa decisión no cambia nada.

  • Sí que lo cambia, señora Weasley -respondió Harry, que parecía preocupado de verdad, como si su parte racional estuviese ahora ganando la batalla al deseo-. No quiero que haga algo de lo que se arrepienta.

 

La madura pelirroja se detuvo ante su habitación y se rio en silencio. Luego abrió la puerta como indicando que habían llegado, y que no era al ático a donde se dirigían, como Harry creía. En la cama de matrimonio estaba Arthur, profundamente dormido al lado de la ventana, respirando plácidamente.

 

  • Harry, he hecho muchas cosas en la vida de las que me arrepiento -le dijo, mientras apartaba las asas de su vestido-. Muchas más de las que imaginas -siguió, deshaciéndose de la ropa hasta quedar únicamente cubierta por un gran sujetador rojo-. Pero si de algo sé que no me voy a arrepentir jamás es de permitir que el mago más famoso del mundo meta dentro de mí su descomunal pollón.

 

Las palabras de la señora Weasley ayudaron a recuperar la erección perdida a Harry, y la madura madre de familia acabó de asegurar su rigidez desabrochando su sostén. Cuando cayó la sacrificada pieza de ropa al suelo, las dos gigantescas tetas de la pelirroja se revelaron ante Harry, que entró en la habitación embobado con ellas y no dejó de deleitarse con lo gordas que eran ni con sus grandes pezones hasta que la señora Weasley cerró la puerta y le llevó hasta la cama, obligándole a tumbarse al lado de su marido.

 

Esta vez con mucho menos cuidado, Molly se subió a la cama y apoyó a los lados de la cabeza de Harry sus rodillas. El mago volvió a comerse el coño de la bruja para provocarle esta vez auténticos gemidos de placer, aunque no podía parar de pensar en si el señor Weasley seguiría dormido. Viendo la extrañeza del chico que le lamía con tantas ganas la entrepierna, la señora Weasley le tranquilizó:

 

  • No te preocupes, Harry. Ni un terremoto despertaría a Arthur cuando se emborracha -dijo con la mirada fija en su marido, que dormía como un lirón mientras su mujer se daba placer con su joven invitado-. Así aprenderá a comportarse cuando prepare algo especial para él.

 

La bruja volvió a gemir sin preocupaciones mientras Harry le devolvía el favor con su rápida lengua, observando de reojo a Arthur. La señora Weasley aprovechaba para pajearle en una posición acrobática para dejarle listo, mientras se corría sintiendo los labios y los dedos del mago acompañando a aquella impertinente lengua.

 

Apenas fueron unos minutos de placentero cunnilingus los que bastaron a Molly para volver a temblar de placer y separarse de Harry. Molly le guiñó un ojo en agradecimiento y arrastró sus piernas hasta una postura más sugerente para ella. Con sus melones colgando ante los ojos de Harry y los muslos apretando las caderas del mago, Molly volvió a hacer contacto con los dos sexos. Luego miró a la cara a su marido y, sin dejar de ver cómo dormía a su lado, agarró el gordísimo falo de Harry y lo hizo entrar en su coño despacio, sintiendo todo su roce en su interior hasta quedar completamente llena con aquel joven. Un gemido de placer y de reproche a su marido fue su último gesto antes de empezar a cabalgar sobre el mejor amigo de su hijo.

 

La señora Weasley no le dejó ni un segundo de respiro desde que empezó a botar sobre él. Sus mejillas estaban muy coloradas y sonreía con la boca entreabierta para jadear. Harry no sabía si era el alcohol o el esfuerzo lo que congestionaba la cara de Molly, y aquel tampoco era el momento para averiguarlo, pues su mente estaba totalmente absorta por el hipnotizante movimiento de los melones de la pelirroja. La señora Weasley los hacía saltar sobre el joven junto a su culo, encantada ante la lasciva mirada de Harry. Los muelles de la cama chirriaban con cada bote y estimulaban sus oídos, como dándole un aire más sucio a lo que hacían. Si es que eso era posible.

 

Harry se cansó pronto de dejar el poder en manos de la madre de Ron. Echó un vistazo al señor Weasley, que seguía respirando profundamente a su lado ajeno a los movimientos de la cama, los golpes del cabecero y los jadeos de su mujer. Más seguro de que no se despertaría, hizo que Molly se agachara apoyando las tetas sobre su pecho y la besó mientras le agarraba las caderas para tomar el control. Unos segundos más tarde, Harry taladraba a la señora Weasley con duras incursiones en su empapada entrepierna mientras chupaba una de sus gordas mamas. Los gemidos no se hicieron esperar, y unos segundos más tarde la madura pelirroja se corría sin poder contenerse con fuertes gritos en su oído.

 

El silencio que siguió a continuación fue uno de los más tensos de su vida. Por mucho que Arthur estuviese borracho, los gemidos de Molly habrían despertado a cualquiera. Harry seguía palpitando dentro de la extasiada mujer, y se movió muy lentamente hasta comprobar que el señor Weasley se había movido solamente en sueños. Ahora dormía de cara al amante de su mujer, a unos centímetros de aquella tórrida escena.

 

  • Oh Harry, por Merlín, no me puedes hacer esto -susurró Molly respirando aliviada-. Casi me da algo.

  • ¿Se cree que a mí no? -rio nerviosamente Harry-. Me pone demasiado, señora Weasley. ¿Ahora qué?

  • Quizá deberías irte a dormir -respondió Molly, que parecía haber recuperado la sobriedad tras su orgasmo-. Jamás había hecho algo como esto -siguió, notando en ese momento que su joven benefactor seguía durísimo y palpitante en su coño-. Por otro lado, eres mi invitado... Sería muy descortés dejarte así, ¿verdad, Harry?

 

Las caderas de Molly se movieron sobre él lentamente, estimulándole, hasta que la mujer se la sacó de dentro y se agachó para mamar el mástil que tanto placer le había dado mientras miraba a los ojos a Harry y a su marido, alternativamente, con la boca llena con la polla del joven. La húmeda felación duró un par de minutos y dejó a Harry bien lubricado para una nueva internada en aquella madura mujer.

 

La señora Weasley se tumbó de lado sobre la cama, de cara a su marido, cuya cabeza estaba a muy pocos centímetros de la suya. Los justos para que las embestidas de Harry, a la espalda de la lasciva pelirroja, no hicieran que se chocasen. Harry aceptó la invitación consumido por el deseo y se folló a la señora Weasley con muchas ganas, ahora solamente preocupado en darse placer a sí mismo. Por suerte para la madura pelirroja, el egoísmo de Harry se traducía en penetraciones muy profundas con aquel impresionante rabo, en azotes en sus nalgas y los golpes de las piernas del chico contra su terso culo.

 

Los gemidos de Molly fueron en aumento y Harry estaba cada vez más cerca de explotar. Agarró las dos jugosas tetas de la señora Weasley y las apretó mientras se daba los impulsos dentro de ella. Disfrutando de sus enormes pechos, Harry volvió a descargar dentro de la madre de su mejor amigo con un placer absoluto, mientras ella se corría cara a cara con su marido.

 

Nada más sentir cómo terminaban los disparos de Harry, Molly le acarició el culo y luego le hizo gestos para que se marchara. El mago, obediente, se levantó y echó un último vistazo a la sudada señora Weasley. Se dirigió hacia la puerta, ahora realmente cansado, para volver a la habitación de Ron sin despertar sospechas, y mientras cerraba la puerta tras él, escuchó la voz de Molly a lo lejos:

 

  • Buenos días, cariño -unos segundos de silencio-. Si... Me estaba tocando, Arthur. ¿Te gusta lo que ves...?

 

 

 

La luz de la mañana ya había entrado en su habitación con todo su esplendor, y Ginny seguía siendo incapaz de dormir. Había intentado que el tiempo pasara más rápido leyendo un viejo libro que Hermione guardaba en su baúl, pero el dolor de cabeza que la resaca de aquella noche le provocaba le impidió concentrarse.

 

  • Está tardando demasiado -murmuró la pelirroja para sus adentros, preocupada.

 

La habitación se le hacía pequeña después de recorrerla en círculos decenas de veces, dándole vueltas a los acontecimientos de las últimas semanas. Por suerte para ella, Hermione no estaba en la habitación cuando llegaron de la fiesta de fin de año, lo que le permitía dar rienda suelta a su angustia.

 

Estaba a punto de rendirse al sueño, paseando sobre la moqueta, cuando escuchó a su espalda unos golpes. Una enorme lechuza, tan negra que apenas se distinguían sus alas, estaba picoteando el cristal de la ventana. Ginny se acercó rápidamente y le abrió paso al animal, que le exigió una galleta antes de cederle la pata para recoger un grueso rollo de pergamino.

 

  • Caput Draconis -dijo en voz baja, apuntando con la varita al mensaje, cuyo membrete se despegó al instante, permitiendo que lo abriese.

 

La carta empezaba de forma abrupta, sin saludo alguno, y no iba firmada por nadie. Sin embargo, Ginny podría reconocer su caligrafía entre miles:

 

 

"Olvida todo lo que hemos hablado esta noche. Ha ocurrido algo que no esperaba. Se está descontrolando.

 

Vamos a tener que hacerlo todo antes de lo previsto, así que tienes que venir YA. Aquí podremos volver a repasar los detalles, pero sácate Hogwarts de la cabeza.

 

Lo que ahora te muestro tardará unos días en salir a la luz, pero cuando lo publiquen será nuestra última oportunidad."

 

 

Debajo del texto había una foto estática, con tres cuerpos tirados en el suelo, inmóviles y con una expresión de horror en sus caras, que eran lo único reconocible de sus cuerpos. Esa expresión se replicó en la cara de Ginny, que soltó la carta asustada. Tras respirar profundamente unos segundos, decidió poner en blanco su mente y apuntó al suelo, recompuesta.

 

  • Incendio -susurró para hacer salir de la punta de su varita unas llamas que consumieron la carta en segundos.

 

Acto seguido, y luchando por borrar de su mente la imagen que le habían enviado, se puso el jersey que su madre le había regalado esas Navidades, tratando de llevar con ella un poco del calor de su hogar, y bajó rápidamente la escaleras sin encontrarse con nadie.

 

  • Buenos días, señorita -le dijo un auror alto, de tez negra, que acababa de sustituir a Kingsley en la protección matinal de La Madriguera-. ¿No debería estar descansando?

 

Ginny intentó sonreírle sin mucha suerte pero no le respondió, y siguió andando hacia el bosque antes de darse cuenta de algo, tras lo que se detuvo y se dio la vuelta. Como suponía, el auror tenía la mirada fija en su culo, apretado en unos estrechos vaqueros. Se acercó a él con toda su fuerza de voluntad y fingió una voz seductora.

 

  • Perdone, señor...

  • Kamdem.

  • Señor Kamdem -le dijo, con una sonrisa-. ¿Le importaría no contarle nada de esto a mis padres? -preguntó, pegando su pierna a la del auror y acariciándole el pecho, antes de mentirle-. He quedado con un amigo para hablar un poco -acabó, sonrojándose como si indicara que iba a hacer mucho más.

 

El auror tragó saliva y susurró un "claro" casi inaudible, observando a la joven pelirroja.

 

  • Muchas gracias -contestó Ginny dándole un húmedo beso en la comisura de los labios y apretándose contra su entrepierna-. Nos vemos más tarde.

 

La pelirroja se dio la vuelta y se marchó asegurándose de mostrar bien cómo meneaba su atractivo trasero mientras se iba. Cuando llegó al bosque se aseguró de estar sola viendo a los lados y sacó de su bolso un pequeño pintalabios. Lo abrió y empezó a aplicárselo. Cuando terminó de hacerlo, el bosque volvió a quedar desierto.

 

 

 

Hermione conocía muy bien a su novio y de lo que era capaz cuando se quedaban a solas. Por eso sonrió antes de abrir los ojos y le acarició el pelo mientras arqueaba la espalda. Acto seguido, levantó los párpados con dificultad y comprobó que, efectivamente, era la lengua de Ron la que la había despertado, lamiendo su sexo con el deseo habitual.

 

  • Buenos días, cariño... -susurró, agradecida, antes de lanzar un pequeño suspiro de placer.

 

Ron no respondió. Parecía concentrado en saborear el coño de su novia hasta hacer que se derritiese. Hermione no se iba a quejar, precisamente, y volvió a cerrar los ojos a la vez que agarraba el pelo del mago con fuerza para que no dejase de hacerla gozar con aquel cunnilingus matinal.

 

  • Me encanta que me despiertes así, amor... -acabó de decir, entre suspiros cada vez mayores.

 

El placer que le proporcionaba su novio nubló su mente unos minutos, y sólo cuando escuchó la fuerte respiración de Harry a su lado pudo recordar la noche de fin de año que habían pasado los tres amigos juntos. Hermione mojó los labios de Ron por culpa de las imágenes de su espectacular trío, y durante un buen rato disfrutó de la comida de coño del pelirrojo hasta correrse con gemidos contenidos.

 

  • Creo que te mereces que te devuelva el favor -dijo con voz seductora cuando recuperó la compostura, pasándose la lengua por los labios.

 

Abrió los ojos mientras se incorporaba para intercambiar posiciones con Ron, y disimuló como pudo un grito al ver que el pelo de su benefactor era ahora totalmente negro y que el joven que seguía devorando su húmedo sexo era sin duda Harry.

 

"¿Pero qué...?", pensó Hermione girando la cabeza para comprobar que Ron dormía plácidamente a su izquierda. A su otro lado, un segundo después, pudo ver a Harry tan dormido como su novio. Cuando volvió a girar los ojos para contemplar su propia entrepierna, allí ya no había nadie, pero pudo sentir una lengua dándole placer durante casi un minuto más. Cuando se detuvo, Hermione se incorporó, confundida, y se agarró la cabeza con ambas manos para intentar entender lo que había pasado. Incapaz de concentrarse, volvió a fijar la mirada donde debía haber estado uno de sus dos amigos.

 

Hermione había humedecido las sábanas con su placer, y había tocado la cabeza de su novio. "Sin duda", se dijo. Confirmó que todo lo que había sentido era real acariciándose sus erectos pezones, gruesos y coronando los inmensos pechos que, con la piel de gallina, rodeaban sus rosadas areolas.

 

  • ¿Chicos? -preguntó, tratando de comprobar si los dos estaban realmente dormidos.

 

No recibió respuesta, así que se levantó con cuidado y se acercó a la ventana para abrir las cortinas que alguien había cerrado. La atención del sol mañanero impactó contra su cuerpo como si desease devorarla, y le obligó a entrecerrar los ojos. Al momento se apartó de la ventana y dejó que la luz invadiese la habitación sus amigos, que no parecieron molestarse.

 

Hermione comprobó lo que ya había intuido. Los dos chicos estaban tumbados boca arriba en la cama, tan desnudos como ella pero todavía atrapados en sus sueños. La bruja lo aprovechó para volver a detenerse a disfrutar con la visión de sus cuerpos atléticos y cada vez más varoniles. Entre las piernas, para deleite y cierta sorpresa de Hermione, tanto Ron como Harry mostraban sendas erecciones matinales que sin duda habrían servido como "punto de apoyo para mover el mundo", como le habían enseñado en su escuela muggle. "O quizá serían las palancas", rio para sus adentros la joven bruja.

 

Hermione se acercó a la cama con la vista fija en sus amigos hasta sentarse en el espacio que había entre los dos. No sabría decir qué había sido lo que le había ocurrido aquella mañana. Quizá la extraña comida de coño la había dejado necesitada, o puede que tener a su merced a aquellos dos chicos exageradamente dotados le hubiese afectado. No podía negar que los gruesos glandes de sus amigos, descubiertos por la rigidez de sus aparatos, eran muy apetecibles. Y tampoco iba a mentirse a si misma tratando de convencerse que la larga sombra que proyectaban sobre sus abdominales no era tremendamente estimulante. En cualquier caso, la cuestión es que en aquel momento las enormes pollas de Harry y de Ron hipnotizaron a Hermione como si las tuviese ante ella por primera vez, y no pudo resistirse a agarrar ambas con sus manos y acariciarlas de arriba abajo gozando del calor que desprendían.

 

Ninguno de los dos reaccionó mientras Hermione los masturbaba lentamente y con la mirada centrada en esos gruesos rabos que era incapaz de rodear con sus manos. Estaba dispuesta a repetir lo sucedido la noche anterior y su imaginación fue jugando con su deseo para aumentar el ritmo de las pajas. Sin embargo, algo en su mente le hizo dudar. "Anoche sucedió algo muy especial, pero los tres habíamos bebido mucho y estábamos necesitados", se dijo a sí misma Hermione. "No sé cómo se tomarán esto... O más bien, no sé cómo se lo tomará Ron".

 

Hermione dudó unos segundos hasta decidirse, y entonces soltó a Harry, cuya erección quedó imponente bajo su vientre. La bruja se acercó más a su novio y sin pensárselo dos veces se metió su polla entre los labios con las ganas habituales. Durante unos minutos se la comió saboreando cada punto de aquel aparato, lamiendo sus testículos y provocando con su lengua y sus labios que Ron empezase a lubricar su propio glande.

 

  • Buenos días, cariño -dijo por segunda vez aquella mañana cuando sintió que el pelirrojo se despertaba al fin.

 

Se metió su enorme falo un par de veces más en la boca para salivar sobre él y se incorporó para colocarse encima. Observando cómo Ron empezaba a abrir los ojos, Hermione empezó a frotar su húmedo sexo contra el mástil de su chico, y le puso un dedo en los labios.

 

  • Silencio, cariño. Harry sigue dormido y yo necesito que te metas dentro de mí un ratito. ¿Te parece? -sonrió, agarrando el pene de Ron para dirigirlo a su interior.

  • Her-Hermione... no... -trató de decir el pelirrojo antes de que su chica lo callase con un beso.

 

La tetona bruja notaba una mezcla de alcohol imposible de diferenciar en la lengua de su novio, pero estaba centrada en el grueso glande que se empezaba a abrir paso entre sus labios menores. La punta del iceberg había entrado ya en su interior cuando Ron la empujó y se apartó corriendo de la cama, tapándose la boca con ambas manos y saliendo a toda prisa de la habitación.

 

"Supongo que esta vez sí necesitaba ir al baño. No sabes beber, Ronald", se dijo Hermione, tumbándose resignada en la cama. Desde su posición podía ver a Harry, que se había movido un poco por el ruido pero seguía manteniendo aquella imponente erección entre las piernas. Hermione barajó la posibilidad de darse el gusto de nuevo con su mejor amigo, pero imaginaba que Ron no podía tardar mucho en volver. Negó con la cabeza y se levantó para irse, pero en el suelo había algo que la detuvo.

 

Justo a los pies de la cama estaba el libro rojo abierto por la mitad, y sobre una de las páginas un pequeño tanga negro que hacía juego con el enorme sujetador del mismo color que tapaba la otra. Hermione trató de recordar cuándo había perdido su ropa interior la noche anterior mientras se la volvía a poner, pero el alcohol y el placer habían nublado los recuerdos menos eróticos. Una vez introducidos sus pechos en aquel sacrificado sostén se agachó para recoger el libro rojo, en el que se estaban escribiendo nuevas líneas. Cuando volvió a incorporarse se topó cara a cara con Harry, que parecía muy despierto.

 

  • ¿Qué llevas ahí, Herm? -preguntó, con voz ronca.

  • Esto... -dudó la chica-. Creo que anoche cumplimos -respondió, mostrándole el libro.

  • Eso es una buena noticia, ¿no? -dijo Harry, sentándose con la espalda pegada al cabecero de la cama-. Vamos a ver qué dice -acabó, ofreciéndole un sitio a su lado.

 

Hermione se subió a la cama y ocupó el lugar al lado de Harry, que seguía tan desnudo y tan duro como unos minutos atrás. Los dos parecían ser conscientes de la situación pero no tenían intenciones de taparse más. Hermione se colocó el libro rojo bajo el pecho para que Harry pudiera ver hacia sus montañas sin pudor y, de paso, poder lanzar ella misma miradas discretas a la erecta masculinidad de su amigo.

 

  • Parece otra prueba -reflexionó Harry, sacándola de sus inadecuados pensamientos-. ¿Por qué tan pronto?

  • Esta es la quinta, ¿verdad? -preguntó Hermione antes de leerla.

 

Esta vez no había ningún mensaje de felicitación por la anterior. El libro directamente comenzaba a hablar como si nada hubiera ocurrido.

 

"Dos noches y dos días brindan,

son claros los designios y ambos olvidan.

 

Un poder deseado y temido se ha abierto ante vosotros, Hermione.

Una primera cata te ha llevado ya a la reflexión.

 

Sumas contrariedades en el camino de Eros,

Harry.

Has sido tú quien más de él ha gozado,

frágil.

 

¿Es penitencia o es fragor?

¿Gozo o temor?

 

Unidos habréis de descubrirlo a través de vuestras marionetas.

La llave está a un paso,

lenta y segura, vuestra determinación alerta,

entrelazando vuestros destinos, ¿o trabándolos acaso?"

 

Hermione acabó de leer con una idea en mente de lo que podía ser, pero esperó a que Harry se sincerase. Su amigo se había pegado más a ella y ahora la erección de su amigo le rozaba el muslo.

 

  • Hermione, hay algo que no... que no te he contado -empezó a decir Harry, que no pudo evitar echarle un vistazo a las tetazas de su amiga.

  • Lo imagino -respondió la joven, tragando saliva-. ¿Alguna vez lo has usado para... estar conmigo?

 

La cara de Harry se lo dijo todo, y aunque la habilidad de meterse en la mente de otras personas era ciertamente inquietante para ella, la idea de que Harry la desease tanto en la soledad de su cama no hacía más que ponerla cachonda. Volvió a observar la erección que su amigo frotaba contra su pierna con deseo pero en ese momento Ron entró por la puerta. Parecía algo molesto pero no dijo nada, y dejó que Hermione y Harry se separasen y actuasen como si nada hubiera ocurrido.

 

Hermione observó a sus dos amigos de toda la vida mientras se vestían en silencio y sonrió para sí misma. Nada había cambiado mucho pero había cambiado todo, y ella no tenía ninguna prisa en dejar de disfrutar de aquella situación.

 

 

       46. Compromiso

El año no podía haber empezado mejor para Harry, que había disfrutado de la mejor fiesta de su vida con la única compañía de sus dos mejores amigos. Todos en la casa parecían más contentos y algo alejados de las preocupaciones de unos días atrás. Todos salvo Ginny, que seguía desapareciendo de forma habitual y apenas hablaba con él. Pero a Harry aquello no le importaba en ese momento. Recuperada finalmente la amistad con Ron, los dos disfrutaron los días de vacaciones junto a Hermione y al resto de los Weasley.

 

No había hablado con Ron y Hermione de lo ocurrido en fin de año, pero los tres parecían guardar ese secreto encantados. Incluso, sin decirse nada, había acordado junto a su mejor amiga dejar unos días de lado la nueva prueba que el libro les imponía, mientras se acostumbraban a las consecuencias de la anterior y pasaban en compañía de los Weasley aquellas extrañas pero tanto tiempo deseadas vacaciones de Navidad.

 

Por suerte para Harry, a pesar de que tanto Fleur como Hermione se mantuvieron durante los últimos días de las vacaciones muy fieles a sus novios y Ginny apenas se dejaba ver, lo ocurrido con la señora Weasley la primera mañana del nuevo año no se quedó en un episodio aislado. La mañana del segundo día, Molly volvió a despertarle en su cama:

 

  • Vamos, Harry -le apremió, susurrando para no despertar a su hijo-. Necesito tu ayuda en la cocina.

 

El joven siguió a la madre de su amigo casi sonámbulo, y sólo cuando bajaba por las escaleras se dio cuenta de que todavía no había amanecido.

 

  • ¿No es un poco temprano para preparar el desayuno, señora Weasley? -preguntó a la espalda de la pelirroja.

 

Molly no respondió y se limitó a seguir bajando por las escaleras. Por supuesto, la principal intención de aquella madura mujer no era cocinar. A pesar de que esa mañana no tenía la excusa del alcohol, se limitó a poner a cocer unas gachas, y unos minutos más tarde la señora Weasley tenía la larga falda subida hasta las caderas y la espalda apoyada sobre la mesa del comedor. Entre las piernas de Molly, por supuesto, se movía de atrás hacia adelante su más querido invitado, observándola con deseo tras sus gafas redondas, con la entrepierna mucho más despierta que su cerebro. La señora Weasley parecía haberse dejado llevar al fin por sus deseos más inapropiados, y Harry se aprovechó para amenizar sus últimos días antes de volver a Hogwarts. Aquel "desayuno" fue sólo el principio.

 

Cada mañana del resto de las vacaciones, Harry bajaba a la cocina a ayudar a aquella madura mujer, y cada mañana acababa lamiendo su coño mientras freía, follándosela a su espalda a la vez que colocaba en la mesa las tortitas o controlando que no se quemara el pastel de calabaza mientras la madre de Ron devoraba sin pudor su enorme polla, acuclillada ante él. A Molly aquello le sirvió también para saborear por primera vez la especialidad de su ayudante, a la que se hizo adicta enseguida, aprovechando desde entonces la más mínima oportunidad para felar al chico en búsqueda de una nueva dosis.

 

Harry empezó a ofrecerse voluntario para todas las tareas domésticas, que solían terminar con un pago en forma de inapropiado sexo oral o algo mejor. Por suerte para la pareja de amantes, entre el trabajo y el deseo del resto de habitantes de la casa, nadie parecía darle importancia. Por tanto Harry siguió chupando las mamas de aquella mujer madura y tetona entre los arbustos del jardín junto a los que colgaban la ropa, dejando que montase sobre él tumbado sobre el margen del río cuando iban a buscar agua o provocándole orgasmos silenciados haciéndola botar sobre su mástil en alguno de los baños de La Madriguera cuando acaban de limpiarlos.

 

 

  • Cada vez me siento más guarra -le había dicho una mañana, muy abierta de piernas mientras la penetraba sobre su cama de matrimonio.

 

Harry se sacó uno de sus gruesos pezones de la boca antes de responder, sin dejar de metérsela con fuerza.

 

  • Es normal, señora Weasley. Su marido todavía no se ha ido y ya está a punto de correrse.

 

En efecto, todavía podían escuchar, a través de la ventana, al señor Weasley hablando con los aurores que habían protegido la casa aquella noche. Molly acababa de despedirse de su marido en el recibidor con un húmedo beso y había tardado apenas unos segundos en volver a subir a la cama que llevaban más de dos décadas compartiendo, esta vez llevando con ella a un joven superdotado que estaba haciendo maravillas con su colosal aparato.

 

  • Cabrón... N-no me hagas... sentir... culpable... -respondió Molly entre embestidas y gemidos, con un hilo de voz que indicaba que no lo estaba pasando precisamente mal.

 

Harry sonrió y volvió a agarrar las tetas de la señora Weasley. Siguió tirándosela y chupando sus jugosos pezones hasta que la pelirroja no pudo más y, escuchando cómo su marido se despedía en el jardín de los aurores, se corrió con fuertes gemidos que Harry intentó tapar con su mano mientras descargaba su semen dentro de aquella infiel mujer, por segunda vez aquella mañana.

 

A partir de ese día, al habitual descontrol sexual añadieron la habitación del matrimonio Weasley, que se convirtió en su lugar de encuentro habitual, poniendo a prueba los muelles de aquel antiguo y ruidoso colchón cada vez que Arthur se iba a trabajar. La prohibición de Molly respecto a su culo se rompió poco después, y al cabo de unos días era ella misma quien pedía consumida por sus deseos que Harry la penetrase por su más estrecho agujero. Además, ver que eran capaces de mantener en secreto sus íntimos encuentros sólo ayudaba más a sus lascivas mentes, y poco a poco Molly fue añadiendo más riesgo a la relación, follándose al joven en lugares cada vez más expuestos. El culmen lo encontraron en la visita al Callejón Diagon del último fin de semana, junto a toda la familia.

 

Las calles parecían repletas aunque estaban bastante menos transitadas de lo habitual. Casi todas las personas eran adultas y hacían su compra de forma rápida, sin detenerse demasiado. Ron se había quedado en casa junto a Hermione, así que Harry charlaba animadamente con los gemelos. Sin embargo, no pudo evitar fijarse en el miedo que se refejaba en las caras de las personas que ocupaban el callejón. Tanto tiempo encerrado en su placer le había hecho olvidar la incertidumbre que reinaba en el mundo mágico. Y sin embargo, para su sorpresa, no parecía afectarle. Sólo pensaba en Molly.

 

  • Chicos, id buscando un caldero nuevo para Ronald -dijo a sus hijos la señora Weasley-. Tú no, Harry -le susurró a él mientras los gemelos y Percy se marchaban-. Bill, Fleur, a vosotros os harán más caso en Gringotts, ¿haríais el favor?

 

Asintieron marchándose y dejando al matrimonio Weasley, a Charlie y a Ginny junto a él. Juntos, se dirigieron rápidamente a Madam Malkin.

 

  • Charlie, ayuda a tu hermana. Quiere un vestido y ya no sé lo que os gusta a los jóvenes de hoy.

  • ¡No necesito que nadie me ayude! -replicó su hija.

  • ¡Cállate Ginny! Si quieres ese vestido harás lo que yo te diga. Y si no, vuélvete a casa.

 

La joven pelirroja se marchó junto a su hermano y estaba todo casi listo. Dieron una vuelta por la tienda de túnicas y Molly se perdió en la sección de ropa interior. Harry siguió charlando con el señor Weasley hasta alejarse de allí y, cuando le pareció adecuado, se excusó.

 

  • Perdone, señor Weasley, se me ha olvidado comprar una cosa para Hermione.

 

Se dio la vuelta y buscó a la madre de su mejor amigo entre los pasillos casi desiertos de la tienda hasta que una mano le agarró por el hombro.

 

  • Harry, ¿crees que me sienta bien este sujetador? -preguntó la señora Weasley a su espalda.

 

Harry se giró y contempló las enormes tetas de Molly apretadas en un pequeño sostén que casi las expulsaba, hinchando su parte superior. La madura mujer se había levantado la blusa para mostrárselas en medio de aquella tienda.

 

  • Creo que necesita algo mucho más grande -respondió Harry sin perder de vista su delantera.

  • ¿Sabes, jovencito? Por una vez creo que tienes toda la razón.

 

En un instante Molly se desabrochó el sujetador, dejando caer sus gigantescos pechos, y fue en busca de algo bien grande arrodillándose con la boca abierta y dejando que el propio Harry sacase su pollón todavía blando del pantalón y se lo metiese entre los labios. El mago fue creciendo sobre su lengua gracias a la expuesta felación, mientras vigilaba para que nadie los viera, y Molly sólo se levantó cuando ya no podía metérsela entera en la boca. Con cuidado de no ser vistos ocuparon uno de los probadores y la lengua de Molly volvió a recorrer el grueso falo del mago mientras Ginny se quejaba a un par de metros del vestido que Charlie había elegido.

 

Harry no tardó en desabrochar los pantalones de la señora Weasley e hizo que se sentase sobre él, a su vez apoyado en una pequeña silla. Molly botaba y botaba tapándose la boca para que no se escuchasen sus gemidos mientras Harry gozaba aferrado a sus inmensos pechos y golpeando su culo con cada embestida. Fue entonces cuando la cortina del probador se abrió de par en par.

 

  • Tranquilo cariño -explicó rápidamente Molly con un hilo de voz y sin dejar de cabalgar-. Le prometí que dejaría que nos viera si mantenía a Arthur ocupado.

 

Madam Malkin, dueña de la tienda, cerró la cortina tras ella y metió la mano bajo su falda gozando de la extraña pareja que se daba cariño en uno de sus probadores. Harry estaba seguro de que no necesitaban ayuda con Arthur, así que sabía perfectamente que Molly lo había hecho a propósito para tener público. La señora Weasley se había pasado demasiado con el riesgo, Malkin podría contar todo aquello a cualquiera, y aún así, sintió que su polla engordaba aún más dentro de la salida pelirroja, que jadeaba sin quitar ojo de encima a la tendera.

 

Harry cumplió con creces, y unos minutos más tarde Molly sudaba llena de placer y de semen mientras Madam Malkin recuperaba la compostura y se limpiaba los húmedos dedos.

 

  • No puede volver a hacer esto -le echó Harry en cara a la madre de su amigo.

 

A pesar de todo, nada cambió en su enfermiza relación sexual, y seguían echando leña al fuego a dos días de la vuelta a Hogwarts. Tras unos besos y unos magreos llenos de intención por sus lascivos cuerpos, Molly y Harry acabaron en el cuarto de la ropa semidesnudos y muy cachondos. Hipnotizado por los durísimos pezones de su madura amante, Harry se estaba dando el gusto con los pechos de la pelirroja. La señora Weasley machacaba el rabo de Harry con dificultad, moviendo sus inmensas tetas alrededor de aquel mástil de carne caliente que más tarde se volvería a meter en el cuerpo.

 

Harry le devolvía la sonrisa a Molly gozando de su innata habilidad para las pajas cubanas cuando oyó un aleteo a su espalda. No le dio importancia hasta que algo empezó a picarle en la cabeza, a la vez que la señora Weasley dejaba caer saliva sobre su polla para ayudar a lubricarla.

 

  • ¡Largo de aquí! -gritó Molly agitando una mano en el aire hasta que el insistente animal dejó caer El Profeta detrás de Harry y se marchó emitiendo sonidos de queja-. ¿Qué le pasaba a esa lechuza? Escribiré al periódico para quejarme.

 

Sin mayor ceremonia, la señora Weasley volvió a agarrar sus melones y pajeó al joven con esos jugosos manjares hasta que, rendido ante el cuerpo de aquella mujer, Harry se corrió alcanzando con su primer disparo los labios de su benefactora y dejando salir el resto de su leche sobre su inacabable canalillo. Cuando acabó de correrse, Molly le chupó el glande y le dejó ir finalmente.

 

  • ¿Dónde te apetece follarme esta mañana, Harry? -preguntó la señora Weasley como por costumbre, limpiando el semen que cubría la parte superior de sus tetas mientras Harry se agachaba a por el periódico-. Elige tú ahora, porque a la tarde necesito ir al pueblo, así que podemos hacerlo en alguno de sus callejones o... -se detuvo al ver que Harry estaba inmóvil-. ¿Te pasa algo, cariño?

 

Harry se giró y mostró a la señora Weasley la escalofriante imagen que llevaba El Profeta en portada. Molly se quedó tan pálida como él.

 

 

A Ginny le temblaban las piernas mientras bajaba al piso inferior de La Madriguera. Escuchaba perfectamente el jaleo en la planta baja y cuando entró en la amplia cocina vio que todos los habitantes de la casa estaban allí, hablando unos sobre las voces de los otros.

 

  • No podemos descartar nada... -decía Bill con voz persuasiva.

  • ¡No ha sido él! -replicó Harry, que parecía muy afectado.

  • Potter, por favor tranquilízate y piénsalo detenidamente. Dumbledore era el más interesado en hacerle callar -le explicaba el auror con el que Ginny había hablado el primer día del año.

  • Usted no le conoce... -empezó a decir Harry, cada vez más alterado.

  • ¡Ya basta! -gritó entonces Charlie, con un tono intimidante-. Mira, Potter, apenas nos conocemos pero he oído mucho sobre ti. Como todos. Y no reconozco a ese mago valiente del que la gente habla. ¡Ahora mismo te estás comportando como un niñato!

  • Charlie, cariño... -intentó detenerle Molly.

  • ¡No, mamá! Ya está bien de aguantar sus caprichos. Ahora mismo no está ayudando a nadie con su actitud y...

  • A Albus ya le han impedido el acceso a Hogwarts -interrumpió Percy, que llevaba una carta lacrada en la mano-. Tres divisiones de aurores se dedican exclusivamente a su búsqueda.

  • Ese pobre chico... -escuchó decir Ginny a su madre.

 

No pudo evitar fijarse en Harry, que parecía a punto de explotar pero se contenía. En ese momento su exnovio fijó su mirada en Hermione y tras unos segundos los dos se fueron intentando que nadie los viera. Ginny aprovechó la confusión y se acercó a Kamdem, el auror cuya piel negra resaltaba sobre su túnica de color verde claro.

 

  • ¿Qué sucederá ahora, señor? -le preguntó acariciándole un brazo-. Tengo miedo.

  • S-señorita Weasley -dudó el auror, al que parecía intimidar que una joven se le acercase de aquella manera-. No se preocupe. Esta noche tanto el señor Shacklebot como yo estaremos defendiéndoles a todos.

  • Muchas gracias -le dijo Ginny hablándole cerca del oído-. Cuando me meta en cama podré estar tranquila pensando en usted.

  • A-así es -se limitó a responder el auror.

 

Ginny esbozó una sonrisa y se dio la vuelta para disimular sus temblores. Cuando salía ya de la cocina vio la portada de El Profeta, abierto sobre la mesa. La noticia había llegado a todo el mundo. Era la última oportunidad para Ginny.

 

"Terror en Wiltshire" era todo lo que explicaba el titular, dejando espacio a una foto a toda página de Narcissa, Lucius y Draco Malfoy, tirados en el suelo de su mansión con la mirada perdida y buena parte de la sala destrozada.

 

 

  • ¡Detente Harry! ¿Qué piensas hacer?

  • Lo sabes muy bien, Hermione. Y no puedo seguir solo, así que si no vas a acompañarme es mejor que me dejes tirado ahora.

  • ¿Pero qué dices? Nadie está en tu contra. Sólo quiero que lo pensemos un instante.

  • ¿Qué hay que pensar, Hermione? -preguntó Harry dándose la vuelta y con una mirada amenazadora-. ¡¿Tienes alguna idea mejor, o tu mente privilegiada sólo sirve para joder a los que tratan de hacer algo útil?!

 

Harry recibió el tortazo de Hermione con dignidad, y recobró algo de sí mismo mientras su amiga hablaba.

 

  • Me estoy jugando en esto tanto como tú, ¡o más! Charlie tiene razón, te estás comportando de forma muy extraña por no querer afrontar las cosas.

  • ¿Qué quieres que haga, Herm? ¡Están diciendo que Dumbedore es un asesino!

  • ¿Y no se te ha pasado por la cabeza que gritando no vas a conseguir que dejen de hacerlo?

 

Harry reflexionó unos instantes ante la seria mirada de Hermione, y finalmente se dio por vencido.

 

  • Lo siento. Esto es demasiado para mí. Desde luego tú eres capaz de mantener la cabeza fría, al menos.

  • Tú también tienes razón. No tengo ninguna idea mejor por ahora. Supongo... Supongo que debemos cumplir la quinta prueba y luego... Veremos.

 

El mago asintió y Hermione le agarró la mano con sus delicados dedos para hacer que le siguiera. Subieron las escaleras hasta llegar a la habitación de los chicos. Hermione se sentó en la cama de Harry mientras el chico acercaba una silla.

 

  • ¿Y ahora qué? -preguntó Harry, que iba entrando de nuevo en el juego.

  • Bueno... Tenemos que elegir alguna pareja, ¿no? -respondió Hermione ruborizándose ligeramente.

  • Tonks -dijo Harry al instante, sin pensar-. Es decir... Podríamos introducirnos en Lupin y Tonks. Son pareja, se quieren...

 

Hermione le miró con ojos suspicaces y se guardó una risita. Harry se puso algo colorado tras haber demostrado una de sus fantasías de forma tan clara. Sin embargo Hermione no puso ninguna objeción.

 

  • Tonks pues -sonrió su amiga-. Nos vemos en el otro lado.

 

Acto seguido, Hermione cerró los ojos y se concentró. Harry la imitó y, con extrema facilidad, en cuestión de segundos se encontró en el cuerpo de su antiguo profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras. Lupin estaba dando vueltas sobre una gruesa alfombra en una sala mal iluminada. Las persianas estaban totalmente cerradas, impidiendo que entrase la luz exterior, y unas velas eran todo lo que permitía ver las grandes estanterías a su alrededor. A Harry no le costó nada empezar a controlar a Remus, y pronto dirigió los pasos del mago hacia un largo pasillo, buscando a Tonks tras recoger una de las velas.

 

Unos golpes apagados desde el final del pasillo hicieron que Harry se detuviera y luego continuase con cautela hacia la puerta cerrada que daba fin a aquel corredor oscuro. Conforme se iba acercando se dio cuenta de que no tenía nada que temer, aunque había algo extraño en todo aquello. Los sonidos que traspasaban la puerta eran los golpes rítmicos del cabecero de la cama contra la pared y de los sufridos muelles del colchón. Parecía que alguien estaba saltando encima, aunque era un comportamiento raro para una mujer como Tonks. Sin embargo, cuando pegó la oreja a la puerta, Harry escuchó unos gemidos rítmicos y agudos que hacían intuir que aquello no se trataba de un juego tan inocente.

 

Intentó abrir la puerta inmediatamente pero el pomo ni se movió, así que decidió tratar un método más drástico. Tras sacar la varita y susurrar "Alohomora", todo siguió igual, lo que hacía aumentar más la curiosidad de Harry. Volvió a pegar la oreja a la puerta y ahora detectó inconfundiblemente la voz de su profesora entre gritos de placer, pidiendo cosas de lo más sucias a su amante. Harry sentía cómo se endurecía el miembro de Lupin escuchando los gemidos de su mujer y los golpes de lo que debía ser su culo cada vez que la embestían, haciendo sufrir a los muelles. Estaba a punto de sacarla para tocarse cuando un remolino atrapó su mente y lo devolvió a la habitación.

 

Hermione estaba frente a él con una expresión tranquila, mirándole a los ojos, pero no le decía nada. Harry se quedó observando a su amiga unos instantes, extrañado, y bajó la mirada para comprobar que tenía los pezones como piedras tras el camisón.

 

  • ¿Quieres tocármelas? -dijo entonces su amiga con voz neutra.

  • ¿Her-Hermione? -preguntó él, frunciendo el ceño-. ¿Estás bien?

  • Hola Harry -sonrió su amiga-. Siempre te han gustado mis tetas grandes.

 

Era una afirmación que tenía tanto de cierto como de extraño, pero antes de que pudiera seguir indagando sobre aquello, la mirada de Hermione cambió completamente y empezó a respirar con dificultad.

 

  • Vaya Harry... -empezó a decir su amiga, pasándose los dedos por los labios como si los estuviera limpiando, aunque no tenía nada sobre ellos-. Ha sido entrar y actuar, ¿eh? Hacerlo en la oscuridad tiene su morbo -rio su amiga, colorada.

  • ¿Qué ha pasado, Hermione?

  • ¿Cómo que qué ha pasado? -respondió la bruja, poniendo cara de extrañeza-. Parece que la dupla Lupin-Potter estaba muy necesitada -siguió, sin poder controlar una pequeña risa-. O puede que nosotras seamos muy buenas, pero no has aguantado nada. Eso sí, la próxima vez avísame de que te vas a correr mientras te la estoy chupando, que casi me ahogo -acabó, riendo y pasándose la lengua por los labios.

  • Hermione... -dijo entonces Harry, que no sabía ni por donde empezar.

 

A Hermione se le puso la cara como un tomate cuando Harry explicó lo que había pasado en la mente de Lupin y al salir de ella.

 

  • ¿A quién le he hecho todo eso entonces? No veía nada. ¿Cómo iba a imaginar que Tonks...?

  • No es culpa tuya.

  • Y luego mi "otra yo" ofreciéndote de esa forma que me toques las... -siguió, sin hacer caso a su amigo-. ¡Qué vergüenza!

  • Vamos, Hermione, tú no has hecho nada. Además, ahora no importa, tenemos que acabar con esto rápido.

  • Tienes razón -respondió Hermione, que se calmó de manera casi instantánea-. Tenemos que asegurarnos esta vez. ¡Fermaportus! -gritó apuntando a la puerta, sobre la que se creó una barrera mágica-. Por si nuestros cuerpos intentan algo raro. Y ahora, creo que tenemos una opción fácil -acabó, mirando a Harry a los ojos.

 

Los dos pensaban en lo mismo, aunque no fue tan sencillo como creían. Entraron en las mentes de los señores Weasley pero tuvieron que aguantar en ellos mientras seguían hablando en la cocina sobre lo ocurrido con Draco y sus padres. Poco a poco toda la familia se fue dispersando y tan pronto se quedaron solos, Hermione y Harry llevaron a Molly y Arthur a la habitación del matrimonio. Allí controlaron su deseo para que follasen como animales a pesar de lo grave de la situación. Tras un rato de placer dentro de la señora Weasley, que ya era bien conocida para Harry, el mago escuchó cómo se corría la madre de su mejor amigo y unos segundos más tarde hizo que Arthur se corriera dentro de ella, notando todo el placer de la descarga y un ardor que le recorrió todo el cuerpo en un instante, haciéndole sentir muy poderoso.

 

Antes de darse cuenta de lo que ocurría, Harry volvía a estar en su cuerpo, comprobando que el hechizo de Hermione no había sido demasiado útil. A su alrededor tenía una gran chimenea, iluminada por la luz que entraba por las ventanas. Estaba sentado sobre el sofá más alejado del salón de La Madriguera y desde allí veía el recibidor y parte del jardín. Tras haberse corrido ocupando la mente de Arthur, ahora notaba parte de su semen descendiendo por su erecto falo. La otra persona que debía notarlo era Hermione, empalada por el pollón de Harry, sobre el que se había sentado levantándose el camisón y que era el principal causante de sus jadeos conforme botaba sobre él. Observó para su deleite cómo Hermione hacía desaparecer su aparato dentro de ella una y otra vez, y cómo movía su precioso culo sobre él, de arriba abajo como si fuera un juego extremadamente placentero, hasta que un temblor recorrió todo el cuerpo de su amiga.

 

  • ¿Qué haces Harry? -preguntó la joven bruja girando la cabeza para comprobar quién estaba dentro de ella.

 

No tuvo tiempo para contestar, porque un segundo más tarde se escuchó el crujir de las escaleras y unos pasos que se acercaban. Asustada, Hermione agarró la varita de Harry y gritó "¡Cave Inimicum!". Durante un instante se les aceleró el corazón, y más cuando vieron que era Ron el que entraba en el salón. Por suerte para ellos, Hermione era una magnífica bruja y gracias al hechizo que Tonks les había enseñado, había conseguido ocultarles a los ojos de todo el que no entrase en el campo de actuación de ese embrujo.

 

Cuando Ron se sentó en otro de los sofás, Hermione se relajó y apoyó su espalda en el pecho de Harry, suspirando de alivio. La joven tenía todo el aparato de su amigo dentro, pero los dos parecían estar de acuerdo en que era un problema secundario en aquel momento.

 

  • ¿Qué ha pasado? -le preguntó Harry a su amiga, observando sobre su hombro cómo el sudor había pegado el camisón de Hermione a sus enormes mamas.

  • Creo que cuando controlamos a otros... -empezó Hermione, respirando con dificultad-. Nuestros cuerpos actúan por sí mismos.

 

No parecía haber otra opción posible para entender la extraña situación en la que se encontraban. Harry seguía muy duro y su amiga no se movía, todavía descansando. Fue entonces cuando, hipnotizado por ellas, empezó a acariciar las enormes tetas de Hermione sobre el camisón, apretándolas y moviéndolas ante la pasividad de su amiga. La bruja seguía sentada sobre él y no decía nada, pero estaba muy mojada y sus pezones sobreestimulados. Sin embargo, cuando escuchó hablar a Ron, se dio cuenta de dónde estaban y se levantó excusándose en que era muy peligroso.

 

  • ¿Dónde está Hermione? -se decía a sí mismo el pelirrojo-. Ese maldito Malfoy... No se merecía acabar así. Esto es una locura. Y aún con todo lo que pasa no puedo parar de pensar en el sexo. ¿Pero qué me pasa? -acabó, observando lo que tenía entre las piernas.

 

Hermione se quedó entonces parada, de pie ante Harry, mientras observaba a su chico. Ron se levantó para comprobar que no había nadie y al volver a sentarse sacó de sus ligeros pantalones de pijama su polla en semierección y empezó a masturbarse ante la mirada de sus amigos, ocultos y alucinados. Harry observó a Hermione, preciosa con su suave camisón y su pelo desmarañado, su voluptuoso cuerpo y su mirada lasciva. La bruja sabía tan bien como él que estaban atrapados allí, así que no se sorprendió cuando la morena se sentó junto a él, se subió el camisón y agarró con la mano derecha su erección. El joven mago tomó la invitación, y mientras Hermione le sacudía la polla viendo cómo Ron se pajeaba, Harry metió la mano bajo las braguitas de su amiga y empezó a frotar su clítoris con maestría.

 

 

 

Hermione volvió a gemir pronto gracias a los juguetones dedos de su amigo, que la observaba con deseo mientras la masturbaba. Agarrar aquel gordísimo falo mientras le hacían un dedo era casi una bendición, y más cuando tenía a su novio a escasos metros con una erección considerable, tratándose a sí mismo. No entendía qué hacía Ron masturbándose en un lugar tan público, pero le gustaba mucho verlo. Estaba tan cachonda que cuando Harry se agachó y le quitó las bragas no sabía si ella se lo había pedido o era su amigo el que no había podido resistirse a comerle el coño.

 

La hiperactiva lengua de Harry revoloteaba por sus labios menores mientras sus dedos, mucho menos delicados, la penetraban incansablemente. Hermione se limitaba a temblar, a gemir y a agarrar la cabeza de Harry y sus propias tetas a la vez para buscar mayor placer, con la vista fija en el salido de Ron, que desplazaba la mano a toda velocidad sobre su rabo con los ojos cerrados para darse mayor placer.

 

Cuando menos lo esperaba y más cerca estaba del clímax, a través de la puerta apareció una preciosa y alta joven con el pelo rubio platino. En sus ojos azules no apareció ninguna sorpresa al ver que el chico más joven de los Weasley se estaba masturbando a la vista de cualquiera. Hermione contempló a Fleur con una mezcla de deseo y curiosidad, y tan pronto recordó a la impresionante semiveela lamiendo su entrepierna semanas atrás, el calor de aquel momento volvió a su mente e hizo que se corriera arqueando la espalda y gimiendo como una loca ante un desconcertado Harry que sin embargo no dejó de comerle el coño en ningún momento.

 

En el otro sofá, Fleur se había acercado a Ron, que seguía sin enterarse de nada, con los ojos cerrados. La francesa se apoyó delicadamente al lado del pelirrojo y acto seguido rodeó con su mano la parte superior de la erección de Ron y su grueso e hinchado glande.

 

  • ¿Te puedo echag una mano, Ggonald? -le dijo al pelirrojo con una sonrisa, cuando él abrió los ojos asustado-. Cgeo que te han dejado muy solo con un enogme pgoblema -acabó, retirando la mano del chico de su propio falo para encargarse ella de todo.

 

 

Ron tenía los ojos como platos, y miró a uno y otro lado para asegurarse de que no había nadie más y de que aquello era real. Luego vio directamente a los ojos de la francesa, y sus iris azules parecieron penetrar hasta lo más profundo de sus deseos.

 

Durante casi un minuto, Ron disfrutó de los expertos dedos de Fleur. Veía cómo subía y bajaba la mano a un ritmo lento pero tremendamente estimulante. Hacia arriba y hacia abajo, hacia arriba y hacia abajo, la delicada mano de Fleur le masturbaba sin dejar un punto libre, desde sus hinchados testículos hasta el lubricado glande que coronaba su descomunal polla. La preciosa francesa le miraba a la cara comprobando el placer que era capaz de hacerle sentir con un simple movimiento de muñeca, y parecía divertirse viendo lo que le costaba a Ron no correrse.

 

  • ¿P-por qué... haces... esto...? -preguntó el pelirrojo cuando recuperó la compostura.

  • Oh, qué pgegunta más extgaña -respondió Fleur sin dejar de pajearle-. Tienes la polla dugga como una piedga y no puedo dejag al hegmanito de mi novio con un pgoblema tan gogdo, ¿vegdad?

 

 

Harry vio lo cachondo que aquellas palabras ponían a su mejor amigo, y él mismo sintió que le engordaba más el aparato viendo y escuchando a la lasciva francesa. La única a la que no le parecieron bien esas frases fue a Hermione:

 

  • ¿Cómo pueden ser tan guarra? -preguntó al escuchar sus lo que decía la preciosa francesa-. Y Ron es un auténtico capullo, dejando que le toque de esa manera. ¡No me lo puedo creer!

 

Las palabras de Hermione se contradecían con sus acciones, pero Harry no iba a decirlo en ese momento, con el riesgo de que su amiga dejara de hacer botar sus gigantescos pechos sobre él mientras le cabalgaba, tumbados en el sofá. Se limitó a asentir cada vez que Hermione se quejaba sobre Fleur y se aferró al culo de su amiga para taladrarla cada vez a mayor ritmo mientras los dos veían hacia la maravillosa paja que Fleur le estaba ofreciendo a Ron.

 

  • ¿Qué piensa hacer? -dijo poco después Hermione, sin dejar de botar y gemir sobre Harry.

 

El mago se concentró algo más y sacó la cabeza de entre las tetazas de su amiga a tiempo para ver cómo Fleur se levantaba, daba la espalda a Ron y se deshacía lentamente de sus apretadas mallas, mostrando sus largas piernas perfectamente depiladas y su alucinante culo al pelirrojo.

 

 

  • La madre que me parió... -susurró Ron cuando Fleur se volvió a acercar con su pequeño tanga azul como única pieza de ropa sobre las piernas.

  • ¿Me pegmites? -dijo la francesa apartando los brazos de Ron para sentarse sobre él.

 

A Fleur no parecía importarle ni lo más mínimo que estuvieran en un lugar tan expuesto. La casa estaba llena de gente y si cualquiera se atrevía a entrar allí se iban a buscar un buen lío. Aún así, Ron no era capaz de moverse, y menos cuando la semiveela colocó sus firmes nalgas sobre su grandísimo aparato. Sin esperar ni un segundo más del necesario, Fleur se aseguró de que la polla de Ron estaba bien encajada entre ellas, apoyó las manos sobre las rodillas del mago y empezó a mover ese culo que sólo un milagro podría haber esculpido en un cuerpo tan impresionante como el suyo.

 

Los suspiros de Ron no se hicieron esperar conforme la francesa frotaba su erección de aquella manera tan increíblemente excitante. El chico tuvo que dejar de ver hacia el trasero de Fleur porque la imagen era demasiado tentadora como para aguantar sin explotar de placer. El simple movimiento de la francesa era suficiente para hacer que la gran mayoría de los hombres se rindiese en cuestión de segundos y él no era más que cualquier otro, por muy larga que fuese la barra que le prestaba a Fleur para desplazar su culo amelocotonado.

 

 

Harry veía hipnotizado cómo a su amigo le masturbaban con esa asombrosa y estimulante técnica. No sabía cómo se lo estaría tomando Hermione, a la que había puesto a cuatro patas sobre el suelo para follársela desde atrás mientras ambos contemplaban el espectáculo. La bruja, eso sí, llevaba minutos sin decir nada y de su boca sólo salían gemidos cada vez mayores, por lo que imaginó que no lo estaba pasando demasiado mal.

 

Las tetazas de Hermione pesaban más de lo que recordaba, lo cual le estimulaba todavía más para montarla levantando aquel par de maravillosos regalos. Los choques contra sus firmes nalgas eran música para sus oídos y ni siquiera sentía el más mínimo remordimiento a pesar de que Ron estaba a unos metros de él. Quizá ayudaba que su amigo estuviese luchando por no correrse sobre una de las mujeres más sensuales que había visto en toda su vida. Sin embargo, había algo más. Tanto Harry como Hermione habían luchado contra sus instintos mucho más de lo que podría parecer. Sus cuerpos le pedían que hiciesen juntos mucho más de lo que la amistad y la fidelidad a Ron les permitieron. Aún así, encontrarse de repente follando como conejos en el salón y un par de minutos más tarde hacerlo a escondidas con el riesgo de ser descubiertos era demasiado para negarse. Sus lujuriosas mentes hicieron el resto y ahora Harry montaba a su mejor amiga con una brutal necesidad de demostrarle lo mucho que la deseaba.

 

Agarrando sus caderas y con todo lo anterior en mente, Harry siguió impulsándose dentro de Hermione y tocando fondo dentro de su empapado sexo una y otra y otra vez.

 

 

El culo de Fleur era demasiado para Ron. El baile de la francesa sobre él debía ser la más placentera tortura jamás imaginada, porque al inaguantable roce de su trasero se unía el deseo imposible de no dejar de sentir jamás a aquella preciosa joven sobre él. El calor hizo que se obsesionase en cuestión de minutos, y antes de darse cuenta de lo que hacía supo que sería adicto a esa mujer durante el resto de su vida, y necesitaba más. Con una mezcla de deseo y necesidad, adelantó lentamente su mano derecha hasta agarrar con fuerza una de las jugosas nalgas que Fleur apretaba contra su polla.

 

  • ¡No te he dicho que puedas tocag! -le respondió Fleur enseguida, dándole un golpe en la mano para que la apartase-. Sigues siendo el hegmano pequeño de mi novio, no te pases -siguió la francesa, a la que sin embargo no le parecía mal frotarse sobre la enorme erección de Ron-. Lo que me ggecuegda...

 

Fleur se apretó con más fuerza contra él y arrastró su precioso culo con mayor rapidez sobre Ron. Luego, con una sonrisa, siguió hablando:

 

  • No lo digas todavía, Gon, pogque egges el pgimego al que se lo cuento -dijo, conteniendo una risa de felicidad y sin dejar de masturbar al pelirrojo-. Vamos a ser familia, Gon. ¡Bill me ha pedido matgimonio!

 

Ron no pudo aguantar más tras escuchar aquello y dejó salir su semen a borbotones, cambiando el color del hilo del tanga de Fleur a uno blanquecino y llenando con su corrida buena parte del culo de la asombrosa francesa. El resto fue descendiendo por su falo o alcanzó la parte baja de sus abdominales.

 

 

Hermione no pudo aguantar tampoco lo sucedido y dio rienda suelta a su orgasmo, durante el cual Harry aprovechó para descargar sus propias reservas de leche caliente dentro de ella. Hermione cerró los ojos entre gemidos para sentir mejor cómo el descomunal pollón de su amigo le llenaba de aquel líquido su lujurioso interior. Cuando terminó, la bruja volvió a abrir los ojos y, mientras recuperaba el aliento, vio a Fleur deshaciéndose del tanga.

 

 

  • Miga cómo me has dejado las bgaguitas, Gonald -decía la francesa, semidesnuda-. Segá mejog que me las dejes como nuevas o tu hegmano se va a enfadag contigo.

 

Ron no entendía nada y se limitó a ver cómo Fleur le tiraba el tanga sobre su polla en semierección y, tras limpiarse las nalgas con un hechizo, volvía a ponerse las mallas. Tras taparse el rosado sexo, Fleur se dirigió hacia el jardín, esta vez sin ropa interior, pero antes de salir giró la cabeza y le guiñó un ojo. Todavía no se había cerrado la puerta que daba al jardín y Ron volvía a tenerla dura como una piedra.

 

 

Harry se vistió en silencio mientras veía cómo Ron recogía el estropicio y escapaba rápidamente del salón. Tras quedarse a solas con Hermione, una voz profunda resonó en la cabeza del mago, que creía haberla escuchado ya en otro momento.

 

  • ¡Tus avances son loables, Harry Potter! Han sido cinco los designios y cinco voluntades has entregado -la voz se detuvo unos segundos-. El arca espera, y es ahora cuando te acepta. Acude y muestra la vía a los débiles.

 

Harry observó a Hermione, que todavía estaba colorada y a medio vestir. Se había quedado quieta, como él, y por su expresión supuso que ella también lo había oído. Se vieron a los ojos unos instantes y los dos parecían pensar lo mismo. Antes de seguir cubriéndose, una ligera sonrisa se dibujó en los labios de ambos.

 


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