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TODORELATOS » AMOR FILIAL » NO SE COMO OCURRIO NI COMO DEJE QUE OCURRIERA IV
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CAMS TODORELATOS
Fecha: 13-Sep-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

No se como ocurrio ni como deje que ocurriera iv

camaron
Accesos: 30.878
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Tiempo estimado de lectura: [ 34 min. ]
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Laura sigue la relación con su sobrino. El morbo y la culpa aparecen y desaparecen. A veces interactúan....una locura de la que no puede escapar y de la que poco a pocose va dando cuenta que tampoco lo desea...o sí? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

No sé cómo ocurrió, ni cómo dejé que ocurriera (IV)

En primer lugar quiero disculparme por estar tanto tiempo sin aparecer por aquí, pero a veces la vida y la mente no se ponen de acuerdo para hacer una de las cosas que más me gustan: escribir. También quiero agradecer a todos los que me habéis escrito dando vuestra opinión y sobre todo a los que me habéis hecho llegar las ganas de seguir con esta historia……Gracias.

PD: Creo adecuado leer los otros tres relatos para retomar esta historia donde la dejé.

…..Una vez pasado el primer momento, tras lo sucedido con su sobrino en la cocina y habiendo desaparecido de escena subiendo a la parte superior de la casa, Laura empezó a reaccionar y como una autómata se subió sus bragas mientras notaba como salía el semen de su sexo junto con sus jugos vaginales, agarró la bayeta de limpiar la cocina, la enjuagó debajo del grifo  con rabia y desesperación mientras la escurría hasta darse cuenta que se hacía daño de tanta fuerza que concentraba en esa acción.      Sintió como las lágrimas rebosaban sus párpados y caían por sus mejillas sin poderlas controlar…

Notaba su vientre temblar todavía del orgasmo que había disfrutado hacía apenas unos minutos. Era la misma sensación que tenía desde hacía unos días entre la satisfacción y el desasosiego. La primera era fruto de la sensación por primera vez en su vida de que había algo más que el ser una buena madre, una buena esposa y una buena profesional en su trabajo…

El desasosiego era la sensación que sentía de estar engañando a Gustavo y de estar poniendo en peligro el bienestar de su familia, especialmente de sus hijos. Las lágrimas pertenecían a este segundo estado. Las veía caer sobre la encimera mientras pasaba la bayeta por ella adecentado la cocina para empezar un nuevo día de vacaciones, unas vacaciones que cambiarían su vida para siempre y que parecía no poder hacer nada para remediarlo….o igual tampoco quería!!

-         Dios, me estoy volviendo loca! Pensaba en voz alta mientras sentía sus bragas empapadas mezcla de sus fluidos y del semen de su sobrino. Cuando notó la humedad volvió a sentir esa sensación de gusto que apretaba su vientre y bajaba hasta su sexo.

Dejó lo que estaba haciendo en la cocina y decidió subir a lavarse y a cambiarse de bragas. Una ducha le vendría bien para bajar esa sensibilidad que notaba cada vez más a menudo desde que llegó a la casa de sus suegros hacía apenas una semana y que iba trasformando a la Laura sensata y equilibrada en una mujer cada vez más inconsciente y descontrolada, sobre todo cuando aparecía Raúl. Era una situación que no podía controlar y que tampoco estaba haciendo lo suficiente para salir de ella, en eso sí que se daba cuenta.

Entró al cuarto de baño, cerró la puerta por dentro (esta vez no quería más sorpresas de nuevo). Comenzó a desnudarse y cuando se sacó las bragas las cogió y las llevó a su nariz oliéndolas. Sintió una punzada de deseo de nuevo y las arrojó al  cesto de la ropa:

-         Piensa con la cabeza Laura, en vez de pensar con el coño! Se oyó decir así misma, mientras se miraba en el espejo, viendo aparecer una mueca en sus labios que no supo descifrar si era una sonrisa de satisfacción o de pesar.

Después de ducharse se sintió más despejada y sobre todo más segura de sí misma. Pasó a su habitación y se asomó un momento a la ventana para ver qué hacía su hija. Estaban en el mismo sitio, su suegra seguía leyendo y su hija jugaba en una casita que había en el jardín. Se relajó y comenzó a vestirse.

Eligió un vestido blanco sin mangas y abierto por delante y que dejaba ver un escote que sin ser aparatoso dejaba ver el canal de sus senos ya que dejó el botón de arriba sin abotonar  y debido a lo corto que era el vestido, también dejaba al aire la mitad de sus mulos, cada vez más morenos.

Bajó a la parte de debajo de la casa y salió al jardín sentándose al lado de su suegra

-         Dentro de dos días será la fiesta Laura (le dijo su suegra, refiriéndose a la celebración de sus bodas de oro) rompiendo el silencio.

-         He quedado con la empresa del catering para mañana, ¿me podrás echar una mano con tanto follón? Siguió hablando.

-         Pues claro que sí, ya verás como todo sale muy bien. No te preocupes. Estas empresas se suelen encargar de todo. Nosotras sólo tenemos que decirles donde queremos que pongan las mesas y la decoración.

Dijo a su suegra sin acabar de salir del estado de estupefacción en que se encontraba. De repente se dio cuenta de que esa no era ella e intentó espabilar dándose ánimos a si misma ( vamos nena, espabila que se te nota mucho que te están follando bien!!) mientras una sonrisa se escapaba de su boca a la vez que  venía a su cabeza este pensamiento..

-         ¿ Y si nos arreglamos, cogemos a la niña y nos vamos a comprobar la preparación de la fiesta y de paso nos damos una vuelta por el puerto a ver si encontramos algo de pescado o marisco interesante (Me oí diciéndole a mi suegra en voz alta)?

Dicho y hecho. Saqué a mi hija de su casita y subí con ella a vestirla y al rato salimos las tres en dirección al puerto para ver primero el marisco y después iríamos a ver los preparativos de la fiesta para dentro de dos días.

Pasamos casi toda la mañana de un lado para otro sin parar, eso hizo que me olvidara por un rato de mi sobrino, de que mi marido siempre estaba o de pesca  o en el club de golf con su padre dejándome sola todo el tiempo (bueno, sola no, con la niña y todo lo que os he ido contando).

De repente sonó el teléfono de mi suegra, por cierto se llama Julia, contestando empezó a ponerse muy alegre y a preguntar que cuando llegaban y si les hacía de comer o comían en el camino.

Cuando colgó todavía no se había borrado la sonrisa de su cara.

-         Era Julio (su hijo mayor), dice que están de camino y que llegarán esta tarde sobre las seis o así…dijo mis suegra con la sonrisa en la cara.

-         Lo que me faltaba, pensé! (El fantasma de mi cuñado y su mujercita).

Mi cuñado es un personaje que no le hace falta nadie para tirarse flores, es decir, como no tiene abuela pues eso que se dice. Eso sí, me mira como si fuera a desnudarme, como un animal a su presa. Seguro que se sabe de memoria el color de mis sujetadores por cómo me mira el escote cada vez que coincidimos (gracias a Dios pocas veces). No se corta un pelo conmigo y me habrá dicho más de mil veces lo buena que estoy, ante la sonrisa estúpida de mi marido y las miradas asesinas que le habré lanzado sin que deje de repetirme la dichosa frase.

Es alto y bien parecido, se parece mucho a Gustavo, mi marido, pero sólo en el físico. Todo lo educado y prudente que es mi marido, lo tiene  su hermano de prepotente y salido.

Eso sí, se piensa que es muy gracioso y que todas las mujeres le debemos pleitesía por dirigirnos la palabra…Un imbécil vamos, con todas las letras!

Esto era ya lo que me faltaba (iba pensando en voz alta) cuando me di cuenta que mi suegra y mi hija cogida de su mano se paraban a hablar con la amiguita de Raúl.

-         No gastas mucho en ropa putita! Me sorprendí hablando en voz alta ( menos mal que me faltaban unos metros para llegar hasta donde estaban ellas) a punto de escucharme esbocé la mejor de mis sonrisas

-         Hola Bárbara!...el nombre le venía al pelo por cómo iba vestida esa mañana, minifalda de licra muy cortita y una camiseta con escote en uve que parecía a punto de reventar debido a la presión que ejercían sus tetas para salir del sujetador, seguro que alguna talla más pequeña de lo normal ( las mujeres somos muy bordes para hacer críticas de aquellas que no nos caen demasiado bien, por si no os habíais dado cuenta todavía)

-         Hola Laura! Que sorpresa! Estoy buscando un vestido blanco para una fiesta ibicenca que hay esta noche en la playa.

-         Creéis que vendría Raúl si lo invito con tiempo? Dijo seguidamente.

-         No creo, creo que no le van mucho esas fiestas. El es muy de ir por libre! Me oí contestar en voz alta sintiendo una punzada de celos en el vientre ante la sola posibilidad de que esta nena se llevara a Raúl toda la noche con ella.

-         De todas maneras tú invítalo. Oí decir a mi suegra mirándome sin entender por qué había dicho eso.

-         Eso haré! Esta tarde me paso por allí y se lo pregunto por si quiere venir. Dijo Bárbara despidiéndose de nosotras dos y dándole un beso a mi hija, siguió buscando su vestido blanco.

-         No termina de gustarme esta chica, la veo muy lanzada! Dije a mi suegra sin esperar a que ella dijera nada.

-         Tranquila Laura! Raúl ya es mayorcito y los jóvenes ya sabes tú que cada vez son más atrevidos, más lanzados. Nada que ver con nosotras, sobre todo como era en mis tiempos jajaj.

-         Ya, pero no quisiera que cometiera un desliz y luego tuviera que arrepentirse, aunque no me importa la verdad (dije sintiendo que la punzada de celos no terminaba de irse).

-         No te preocupes! Deberíamos volver y preparar la mesa, volvió a decir mi suegra que al parecer era la más sensata de las tres.

Aparcamos el coche y descargamos la compra mientras mi hija ya empezaba desnudarse y quedarse con el bikini puesto buscando los manguitos dispuesta para meterse en la piscina.

-         Quédate con ella que ya colocó yo la compra y hago la comida Julia! Dije a mi suegra.

-         No te importa hacerlo tú sola Laura? La verdad es que estoy reventada de tanto andar!

-         Claro que no! Vigila a la niña mientras.

Me dirigí a la cocina cargada con las bolsas de la compra y concentrada en lo que estaba haciendo coloqué todas las cosas en su sitio, puse los cubiertos en la mesa y me dispuse a hacer una ensalada ya que la hora de la comida se echaba encima y mi marido y mi hijo junto con mi suegro estaban a punto de aparecer reclamando la comida.

-         Qué bien viven los hombres! Pensé para mi.

Me coloqué un delantal para no mancharme el vestido y comencé a lavar la lechuga en el fregador.

Tan ensimismada estaba en lo que estaba haciendo que no oí como abrían el frigorífico hasta que sentí el frío llegar hasta mis piernas y como subía a través de mi vestido refrescándome los muslos y haciendo  a mi piel erizarse mientras notaba como ascendía hacia mi pecho y sintiendo como se endurecían mis pezones.

Me sobresalté y volví mi cabeza para ver qué era lo que ocurría y me encontré a Raúl detrás de mi, adormilado y con su bóxer tan sólo encima, donde se notaba el bulto de su miembro a media erección bebiendo de una botella de agua fría resbalando algunas gotas por su cara llegando hasta su pecho y cayendo hasta su vientre.

-         Bufff! Estaba para comérselo( pensé en ese momento)

Nos quedamos expectantes mirándonos mientras sentía como mi corazón se aceleraba y amenazaba con salirse de mi pecho mientras sin moverme apoyada en  el fregadero lavaba y lavaba una y otra vez la lechuga en un movimiento mecánico y sin sentido.

-         Te ayudo tía Laura? Dijo Raúl acercándose muy despacio por detrás de mi poniendo sus manos una a cada costado, dejándome a mi en medio, cogiendo la lechuga y lavándola también junto con mis manos.

Notaba su cuerpo pegado al mío, quieto sin reaccionar. Sentía su miembro cada vez más duro apoyado en mis nalgas apretándome contra la encimera mientras seguía sin reaccionar. Mi respiración comenzaba a agitarse y en un momento de lucidez intenté empujarle hacia atrás con mis caderas si lograrlo debido a la fuerza que hacía apretándome contra el fregadero.

-         Por favor! Le supliqué, ahora no! Están tu abuela y mi hija en el jardín y los demás están a punto de llegar.

Mientras intentaba zafarme de su abrazo, Raúl subió sus manos hasta mis pechos mientras comenzaba a lamer mi nuca y mi cuello que ya estaban empapados en sudor. Comenzó a lamerme y a darme pequeños bocados que hacían que mis pezones  estuvieran cada vez más duros.

El lo notó y por encima del vestido y del sujetador, los apretaba haciéndome daño que hacía que me excitara cada vez un poco más a pesar de la situación. Mi sobrino estaba como loco apretándome mis pechos y rozando su polla contra mi culo arrugándome el vestido que entre sus apretones y el sudor ya empezaba a parecer sospechoso una vez que me soltara.

-         Estás loco joder! Te he dicho que me dejes! Comenzaba a ponerme histérica mientras otra vez seguí mirando hacia el jardín esperando que a ninguna de las dos se le ocurriera entrar y nos vieran en esta situación.

-         Sí, estoy loco por ti! Por follarte! Por hacer que te corras! Me susurraba en la oreja cada vez más lanzado.

De repente soltó mis pechos y descendió hasta mis caderas. Soltó uno de los botones mientras seguía sintiendo su polla dura como una piedra apretar mi vestido y mis bragas con la sensación de que en cualquier momento podía traspasar ambas prendas. Metió una de sus manos por la hendidura abierta del vestido y apretó mi sexo por encima de mis bragas apretándolo con la palma de su mano.

Dios! Mi coño se volvió loco! Parecía que tenía vida propia, sentía el latido acelerado de mi corazón mientras dibujaba con su dedo la  hendidura de mis labios por encima de las bragas que ya comenzaban a empaparse con tanto trajín.

Metió su mano dentro de mis bragas y llegó hasta mi chocho que no opuso ninguna resistencia a que su dedo se introdujera en él dejando escapar un gemido de mis labios a pesar de la situación tan embarazosa.

-         Estás cachonda eh! Tienes el coño ardiendo! Te dije que no ibas a poder olvidarme, que ibas a estar deseando que te follara!

Mientras me decía estas cosas que no hacían si no acelerar la excitación de mi coño metía y sacaba su dedo acariciándome de vez en cuando mi clítoris que ya estaba hinchado y con tanto roce a punto de estallar.

Cuando ya estaba casi entregada y en un vistazo al jardín me di cuenta de que mi marido y mi hijo acababan de entrar en el recinto y se dirigían hacia mi suegra.

Me puse muy nerviosa. Comencé  patalear para soltarme mientras mi sobrino aceleraba su masaje en mi clítoris y una ola de placer, de miedo, de desesperación ante lo inevitable ascendía por mi vientre desde mi coño haciéndome gemir desesperadamente mientras me oía jadear cada vez con más fuerza, hasta que llegó ese orgasmo que tanto esperaba dándome la sensación de que estaba perdida, mareada. Exhausta caí sobre el fregadero mientras mi sobrino me soltaba y se alejaba de allí dejándome aturdida con el vestido todo arrugado y pegado a mi cuerpo debido al sudor que había empapado mi cuerpo. Mis bragas estaban bajadas hacia la mitad de mis muslos y el botón por dónde había accedido Raúl a mi sexo permanecía oculto con el delantal. Me recompuse como pude y seguí con mi tarea, muy nerviosa  y sofocada todavía. Los pezones seguían igual de duros que hacía un rato.

Al momento entró mi marido que abrazándome por la cintura me dio un beso en el cuello.

-         Hola cielo! Tienes el cuello enrojecido! Dijo mi marido con toda la candidez del mundo.

Saqué mi sangre fría de no sé dónde y le contesté:

-         Sí! He estado rascándome, me habrá picado algún bicho.

-         Es que estás muy buena! Y salió de la cocina dejándome sola con mi nerviosismo y mis pensamientos.

Joder Laura! Te estás emputeciendo por momentos (me dije para mis adentros).

Comimos todos juntos excepto Raúl que como siempre comía sólo, una vez que se levantaba. Recogimos la mesa entre todos y adecentamos la cocina.

Una vez acabamos de recoger, mi suegro y mi marido salieron para el club de golf a echar una partida y tomar café. Marcos, mi hijo, había quedado con sus amigos y yo estaba reventada entre la mañana de compras y lo sucedido con mi sobrino un rato antes. Llamé a mi hija y subimos a mi habitación. La acosté en mi cama y le dije que no se moviera de allí mientras iba a darme una ducha.

Hay que ver lo que relaja una buena ducha con agua fresquita en verano, pensaba para mis adentros. Salí de la ducha, me sequé y me cambié de bragas y me puse una camiseta larga que me llegaba a medio muslo y pasé de ponerme el sujetador.

Salí del baño y pasé a mi habitación donde me esperaba mi hija toda contenta porque estaba en mi cama. Comenzó una verborrea que apenas oía, enfrascada en mis pensamientos y en cómo había dado lugar a que ocurrieran estas cosas en apenas diez días que llevaba de vacaciones. Sentía una comezón en mi vientre, en mi sexo, que fue a menos mientras me adentraba en un sueño dulce y espeso. Pegajoso, con mi hija al lado durmiendo a la vez. Muy feliz a pesar de mi inquietud y de mi zozobra. O al menos eso quería creer para no agobiarme más de lo que ya estaba. Poco a poco entré en un sueño muy relajante.

-         Por Dios! Que no se entere mi marido! Fue lo último coherente que llegué a oírme decir.

Un par de horas más tarde abrí los ojos a duras penas, con esa modorra que se produce cuando duermes una siesta larga y placentera. Unos ruidos cómo de risas y susurros en voz baja llegó hasta mis oídos vagamente, como en sueños.

Fui despertándome poco a poco y me senté en la cama. Las risas procedían del pasillo. Salí descalza para no hacer ruido y me asomé al pasillo que estaba casi en penumbras.

Las risas procedían de la habitación de Raúl. De pronto se abrió su puerta y salió Bárbara de ella en dirección al baño. Rápidamente me escondí metiendo la cabeza en mi habitación.

La putita llevaba la faldita arrugada y casi enseñaba el culo. Un sentimiento de rabia mezclada con una sensación enorme, de que me estaban quitando algo que era mío,  comenzó a invadirme.

Sentía que no podía competir con la juventud de aquella niñata pero sí podía hacer uso de mi experiencia como mujer. Permanecí al acecho mientras aquella putita salía del baño y se dirigía de nuevo a la habitación de donde salía en ese momento Raúl agarrándola del culo y restregándola contra su entrepierna mientras le mordía en el cuello entre las risas ahogadas de Bárbara.

Salió al pasillo y se dirigió al baño también. Una idea descabellada pasó por mi cabeza en ese mismo momento. Miré hacia dentro  y vi a mi hija que seguía durmiendo sin apenas mover un músculo (era capaz de estar horas y horas durmiendo).

Sin hacer ruido me dirigí al baño sabiendo que allí estaba Raúl. Entré sin avisar y se giró a mirarme. Vi su erección luchando por salir del bóxer. Me bajé las bragas y me senté en la taza del inodoro disponiéndome a hacer mis necesidades sin dejar de mirarle.

Una vez terminé, me puse de pie y muy lentamente me sequé con papel higiénico mientras muy despacio y sin dejar de mirarle a los ojos me subía mis bragas.

-         Te has traído a la zorrita a casa? Le dije de repente viendo su polla a punto de estallar.

-         Y a ti que te importa tía Laura? Estás celosa? me dijo apoyado en el lavabo mientras su erección marcaba todo el esplendor de su rabo dentro del bóxer.

-         Celosa de una niñata? Le dije mientras notaba mis pezones volvían a endurecerse ante la presencia del macho que tanto me estaba haciendo gozar.

De repente me acerqué a él poco a poco y comencé a acariciarle la polla por encima del bóxer. Sentía los espasmos cada vez que la apretaba y dibujaba su silueta con mis dedos.

-         Qué pretendes tía Laura? Me dijo, vacilándole la voz.

-         Yo? Nada, tan solo ver si eres capaz de irte con tu zorrita o quedarte aquí conmigo (le decía mientras no dejaba de acariciarle la polla apretándola de vez en cuando y haciendo que su glande apareciera por la parte superior del bóxer mojando mis dedos de líquido preseminal.

-         Estás en mis manos cabrón! Pensé para mi mientras sacaba su polla muy despacio y descapullándola comencé a moverla arriba y abajo mirándole a los ojos

-         Qué pretendes? Me preguntó en un susurro.

-         Yo? Devolverte el favor de esta mañana, le dije sin dejar de pajearlo acelerando el movimiento de mi mano mientras empezaba a acelerar su respiración al igual que sentía cómo mi coño comenzaba a humedecerse una vez más.

En un momento de lucidez, Raúl se dio cuenta de mi maniobra. Me sujetó la mano para impedirme continuar pero en un descuido me arrodillé y ante su desconcierto bajé su bóxer, metí su polla en mi boca y sujeté su culo con ambas manos contra mi boca impidiéndole moverse mientras empecé a chupársela como si me fuera la vida en ello. Lo oía bufar y encogerse sin poder desenliarse de mi. Notaba arcadas cada vez que su polla rozaba mi garganta, las lágrimas cegaban mis ojos pero no estaba dispuesta a soltar mi presa. Era mío! Ninguna zorra tetona me lo iba a arrebatar. Al menos esa tarde.

Seguí chupándole la polla sin sacarla de mi boca absorbiendo su glande con mis labios mientras lo oía bufar como un toro tirando de mi pelo. Me hacía daño pero eso lo hacía todavía más excitante. Me sentía cada vez más poderosa y sentía que estaba a punto de recibir mi premio. Notaba los espasmos de su polla cada vez que subía y bajaba por su talle ensalivándola cada vez más hasta que de pronto sentí como se encogía y gemía un poco más seguido notando los espasmos que preceden a la eyaculación. Sentía los trallazos de semen en mi garganta, mi boca luchando por tragarse toda la corrida, mientras mi macho se entregaba al orgasmo, sentía como salía el semen por la comisura de mis labios cayendo sobre la camiseta, mojándola, mientras no dejaba de mamarle la polla con la satisfacción de haber logrado lo que quería. Vaciarlo. Dejarlo seco y sin ganas de seguir tonteando con la niñata.

Poco a poco lamía su rabo dejándolo limpio de toda su corrida y de mi saliva. Una vez perdida la dureza, le recogí la polla y se la metí dentro del bóxer. El se quedó parado un momento mientras yo me limpiaba la boca y las manchas de la camiseta con una toalla humedecida y salí del baño dirigiéndome a mi habitación, caminando muy despacio, dejándole que se deleitara con el movimiento de mi culo apenas cubierto con la camiseta y mis bragas.

Una vez dentro, me cambié de ropa y de bragas. De nuevo las tenía empapadas. Me quedé quieta mirándome al espejo. Estaba asustada de mis reacciones. No sabía hasta donde sería capaz de llegar visto las locuras que estaba cometiendo.

Me vestí con un vestido de tirantes finos color crema con algunos detalles marrones y un escote en uve que dejaba adivinar mi canalillo con un sujetador blanco y abajo me puse unas bragas rosas. Desperté a mi hija y después de mimarla un poco ya que su despertar no fue muy dulce que digamos, bajamos a la parte de debajo de la casa.

Justo al llegar al último escalón oímos un claxon que anunciaba la llegada de mi cuñado y su mujer. A la misma vez bajaba Bárbara, con cara de pocos amigos, ante mi satisfacción al comprobar que mi esfuerzo había valido la pena y que seguía siendo mucha mujer para tan poca niña.

Mi hija salió corriendo ante aquel escándalo y saludó la primera a sus tíos. Mi suegro apareció del fondo de la casa y se abrazó a su hijo y después saludó a mi cuñada. Mi cuñada después me saludó   y mi cuñado me dejó para el final.

-         Hola cuñada! Me dijo dándome dos besos y en un descuido de su mujer se pegó a mi y me dijo:

-         Sigues estando tan buena como siempre cuñadita! Te folla bien mi hermanito?

-         Vete a la mierda fantasma! Le dije sin dejar de sonreír.

Se rio y subió a dejar su maleta arriba. Nosotras seguimos hablando de lo divino y lo humano mientras aparecía Raúl a saludar a su madre.

-         Dame un beso guapo! Me has echado de menos? Seguro que ni te has acordado de tu madre!

-         Claro que sí mamá! Dijo Raúl sin dejar de mirarme con cara de pocos amigos (le había fastidiado el plan con la nena).

Una vez habían vuelto el resto de hombres de la casa, de haberse saludado y recordado viejos tiempos preparamos la cena y juntos cenamos comentando la fiesta que se celebraría la noche siguiente y cuantos invitados vendrían.

Esa noche nos acostamos  muy  pronto  ante la que nos esperaba al día siguiente. Mi marido pretendía tener sexo conmigo pero yo no estaba para eso esa noche. Seguía metida en mis pensamientos y en la atracción que me producía ese chico que podría ser mi hijo y que había puesto mi universo patas arriba en tan solo diez días.

Nos levantamos temprano al día siguiente. Todos estábamos nerviosos ante el acontecimiento. No todos los días se cumplían cincuenta años de casados. Desde primera hora no paraba de entrar y salir gente del jardín y de la casa preparando las mesas, las flores, los adornos, los mostradores. Mi suegra, mi cuñada y yo no dejábamos de dar órdenes para que cada cosa estuviera en su lugar.

Había veces que discrepábamos de cómo colocar alguna de las cosas, algunas de las mesas o dónde poner una u otra cosa, pero al final conseguíamos `ponernos de acuerdo.

Las tres mujeres de la casa incluidas cómo no mi hija Laura fuimos a la peluquería. Los hombres para variar fueron al club (para no estorbar dijeron).

Por fin la hora de la fiesta se acercaba. Todas estábamos pendientes de mi suegra y de su vestido (al fin y al cabo era la novia). Habíamos dispuesto un pequeño lugar muy bien adornado y hasta iba a acudir un cura ya conocido de mis suegros de tantos años de veranear en Almuñecar para oficiar la ceremonia. La verdad es que todos estábamos muy ilusionados.

Subí a mi habitación y después de ducharme y bañar a mi hija me dediqué en primer lugar a vestir a la niña y después ya más tranquila comencé a vestirme yo. Me había comprado un vestido verde manzana muy suave y ajustado a mi cuerpo que dejaba adivinar completamente mi silueta y sobre todo hacía muy sexy el escote en uve. Tuve que ponerme un sujetador también de un color verde muy pálido para que no destacara debajo del vestido muy suave y flojito que apenas sujetaba mis pechos dejando ver un canalillo que para ser verano y la ocasión que era apenas me importaba si enseñaba de más. Debajo unas bragas sin costura del mismo color que el sujetador a medio cachete que apenas se notaba bajo mi vestido.

Me maquillé un poco ya que hacía bastante calor y no quería acabar con el maquillaje todo deshecho y goteándome por la cara. En los labios me puse un poco de brillo que con mi color moreno destacaba sin aparentar mucho mis labios.

Mi marido se puso un pantalón blanco tipo chino muy fresco y una camisa rosa palo. Estaba muy guapo. Al menos para mi.

Bajamos los dos al salón y a la vez coincidimos con mis cuñados que bajaban delante de nosotros. Mi cuñado cuando me vio parecía que se le salían los ojos. Me hizo un guiño con un ojo y yo le saqué la lengua.

-         Madre mía como están las mujeres de la casa esta noche! Verdad hermano?

-         Ya lo creo, pero mi mujer está siempre igual de guapa! Dijo mi marido, siempre tan cortés y tan cariñoso conmigo.

Eso hizo que por un momento pensara en lo injusta que estaba siendo con él engañándole. Pero no dio tiempo a pensar en nada más. Sonó la música de la ceremonia y mi cuñada y yo nos dirigimos rápidamente a acompañar a mi suegra que se encontraba radiante. Le dimos los últimos retoques a su pelo, al vestido y una vez consideramos que estaba preparada avisamos a Julio, que como hijo mayor iba a ejercer de padrino. Una lágrima rebelde se escapó de mis ojos ante el acontecimiento (las mujeres somos muy sensibles en esto de las bodas, al menos yo) recordando como fue el día de mi boda.

Todo salió según lo planeado. La cena era de pie. Había muchas mesas y en cada una había desde entrantes a platos preparados. Un camarero cortaba jamón y otros dos se encargaban de las brasas por si alguno de los invitados quería carne.

Todo acompañado de mucha cerveza, vino y cava. Vamos, como todas las bodas!

Mi hija estaba muy contenta y muy guapa con su vestido. Yo no estoy acostumbrada a beber pero una noche era una noche. Tomé un par de cervezas y alguna copa de vino blanco fresquito. Ya notaba como se me estaba subiendo a la cabeza dándome un punto de alegría y de desinhibición a la que no estaba acostumbrada.

Sonó la música y baile con mi marido, mi hijo, mi hija, mi suegro hasta que una de las veces se acercó mi sobrino y no tuve más remedio que bailar con él también poniéndome en alerta. Esperaba que se comportara delante de todos y que solo fuera ligera la cosa en cuanto a palabras.

Una vez en la pista sentí que poco a poco me iba alejando de donde estaba mi marido y mis suegros. Una vez en la otra parte de lo que se había preparado para bailar y fuera del campo visual de mi marido comenzó el asedio.

-         Estás muy guapa esta noche tía Laura! Ese vestido te queda de maravilla, lo sabías?

-         Por eso me lo he puesto, que te crees? Le contesté halagada por cómo me miraba.

-         Me encantaría quitártelo y ver del color que llevas las bragas!

-         Habla más bajo anda! Le dije sin dejar de sonreír como si no pasara nada, mientras notaba su mano bajar un poco más de la cuenta tocando el borde de mis bragas.

-         Sube la mano y estate quieto o te dejo en medio de la pista! Te piensas que soy tu zorrita tetona?

-         Nooo! Tú estás mucho más buena y además la chupas de maravilla! Me dijo acercándose a mi cuello para que nadie lo escuchara.

 De repente cesó la canción y empezó una lenta apareciendo de repente el fantasma de mi cuñado pidiendo la vez para bailar conmigo.

La verdad es que me sentía halagada porque tantos hombres estuvieran pendientes de mi. A saber lo que pasaba por sus cabezas (bueno, la verdad es que lo imaginaba).

Mi cuñado me apretó contra él. Tuve que poner mis brazos apartándole.

-         Que corra el aire cuñado! Hace mucho calor para estar tan juntos, no crees? Le dije separándolo de mi aunque enseguida me apretó otra vez contra él.

A todo esto mi marido estaba en la otra punta de la pista hablando sin parar en un corro y dando síntomas de haber bebido algo más de la cuenta esta noche. No podía contar con él para nada.

Durante la canción mi cuñado no paraba de decirme lo buena que estaba y que si mi marido no podía follarme esa noche que le mandara un wasap. La verdad es que entre lo bruto que era, la bebida y que empezaba a notar lo cachondo que se estaba poniendo (notaba una nada despreciable herramienta chocar contra mi vientre y a mi cuñado cada vez más embalado diciendo que llevaba mucho tiempo queriendo follarme pero que su hermano lo frenaba y todas esas cosas que ya me había repetido infinidad de veces, aunque esta noche lo notaba más lanzado que otras veces) empezaba a notar la humedad en mi sexo una vez más.

De repente cesó la música. Me solté de mi cuñado y la cordura volvió por un momento a mi cabeza. Busqué a mi hija y la encontré jugando con su hermano. Le pedí por favor que subiera a acostarla y que no bajara hasta que se durmiera.

Al rato bajó y me pidió permiso para salir con sus amigos. Le dije que sí por supuesto y que no volviera muy tarde a pesar de que ya era la una de la mañana.

Me dispuse a ver si faltaba algo en la fiesta. Mi marido seguía en lo suyo, bebiendo y hablando sin parar. Mi sobrino tonteaba de nuevo con la niñata tetona que no paraba de calentarlo entre copa y copa.

Fue pasando la noche con la gente cada vez más animada (borracha, vamos). Nadie parecía reparar en mi hasta que me alejé un poco del tumulto y Raúl apareció con dos copas de bebida en la mano.

-         Y tu putita? Se ha marchado ya? Pregunté mirando para todos lados. Cada vez quedaba menos gente. Ya eran casi las cuatro de la mañana.

-         Te pone celosa Bárbara verdad? Además, no es mi putita. Es solo una chica que le gusto. Como a ti, no tía Laura?

-         Toma, te he traído un Gin-Tonic.

-         Acaso quieres emborracharme? Pregunté coqueteando claramente con él.

-         No necesito emborracharte para conseguir lo que quiero de ti!

-         AH sí? Y qué es lo que quieres esta noche? Le dije dando un trago bastante largo a la copa que tenía en la mano.

-         Uf! Está muy fuerte! Dije tras el trago.

-         Verte las bragas! Ya te lo he dicho antes!

-         Uy! Esta noche va a ser que no!

-         Tengo que atender a tu tío. Mira como está.

-         Hay tiempo para todo, ya lo verás!

-         Ya! Esta noche no.

Lo dejé allí solo y dándome la vuelta miré el reloj. Las cinco y media de la mañana. Las cinco y media de la mañana. Ya casi no quedaba nadie. Mi marido ya estaba muy perjudicado. Me acerqué a él y acariciándolo le pedí por favor de ir a acostarnos. Le dije que estaba muy cansada y la niña estaba sola arriba y no me fiaba.

A pesar de su estado, me hizo caso. Se abrazó a mi y apoyándose nos encaminamos hacia nuestra habitación. Subimos las escaleras los dos juntos y allí fue dónde noté como me estaba afectando a la bebida a mi también. La última copa había hecho estragos en mi cuerpo. Al llegar a la cama se dejó caer en ella y yo rodé con él también riéndonos los dos.

Lo desnudé como pude y le subí los pies a la cama. Me pidió un beso, me acerqué a él y lo besé con todo el cariño que sentía hacia el hombre que me había dado dos hijos y al que no quería perder por nada en el mundo.

Tambaleándome ligeramente me dirigí hacia el baño. Tenía que eliminar parte de lo que había bebido y quitarme el poco maquillaje que llevaba en la cara. Sentarme en la taza fue lo primero que hice. Después me acerqué al lavabo y me lavé los dientes mientras miraba como había quedado mi cara después de toda la noche de fiesta.

Intenté quitarme el maquillaje, pero mis movimientos algo torpes debido a la bebida hicieron que la acción fuera bastante más compleja de lo que esperaba.

De pronto sentí cómo se abría la puerta y cerraban con el pestillo. Miré por el espejo y allí estaba Raúl de pie ante mi, despeinado y sudoroso (que bueno está el cabrón, pensé para mi) mientras yo continuaba quitándome el maquillaje.

-         Qué haces aquí? Le dije sin volverme.

-         Quiero verte las bragas! Ya te lo dije antes.

-         Estás tonto o qué? Están tus padres ahí y mi marido al lado.

-         Tú es que sólo piensas con la polla o qué? Le dije mirándole a la cara.

-         Desde que te vi sabes que sí!

-         Pues esta noche no hay premio! Creía haber dicho la frase del año.

-         Ah no?

-         No! Contesté desafiándole.

 Se acercó a mi y me aprisionó contra el lavabo. Intentaba besarme pero no dejaba quieta mi cabeza huyendo de su boca. Intentaba besarme sin conseguirlo. Pegó un tirón de mi vestido y dejó mis pechos al aire, mientras, lo pensó mejor y comenzó a comerme las tetas mordiéndolas y chupándome los pezones, pasando de uno a otro rápidamente.

Sentía como se endurecían mientras en un ataque de rabia lo cogía por los pelos intentado separarlo de mi. Le había dicho que no y era que no. Tenía más fuerza que yo y poco a poco pudo más su fuerza que mi resistencia y comencé a aflojar mis tirones de pelo. Fue una señal para que metiera su lengua en mi boca y me entregara a él. A sus besos, a la dureza de su polla apretando contra mi vientre mientras nos besábamos con pasión como si fuera la última vez que lo hacíamos.

Una vez se vio dueño de la situación subió su mano por entre mis muslos hasta llegar a mi coño que estaba hecho agua como cada vez que me tocaba. Me derretía con sólo tocarme. Lo tenía que reconocer.

Me dio la vuelta y me apoyó contra el lavabo. Subió mi vestido hasta mi cintura y lo enrolló allí. Me bajó las bragas de un tirón.

-          Son verdes! Has visto como al final te las he visto, me dijo susurrándome en el cuello.

Las dejó caer hasta los tobillos y me hizo sacar un pie. Abrió mis piernas y oí el ruido de su cremallera al bajarla y sus pantalones caer al suelo, mientras notaba su polla pasar entre la raja de mis cachetes descendiendo hasta los labios del chocho mojando la punta en ellos sin llegar a penetrarme.

Joder! Estaba cachonda perdida. Notaba mis jugos caer por entre mis muslos y correr por  las piernas abajo. Nunca me había sentido así. Mi coño parecía un manantial.

Puso la punta de su polla en la entrada de mi chocho mientras me veía reflejada en el espejo del baño. Sudorosa, despeinada, esperando ser montada por mi macho.

-         Que quieres que haga?

-         Que me la metas! Le dije sin dudarlo.

-         Pídemelo bien!

-         Joder! Métemela ya!. Me veía pronunciando esas palabras y no me lo creía.

-         Así no! Pídemelo bien!

-         Quiero que me folles joder! Es eso lo que quieres oir?

-         Eso es lo que quiero oírte decir!

-         Qué eres?

-         Tu puta joder! No te has dado cuenta todavía?

De repente sentí cómo apuntaba a la entrada de mi coño y de un empujón la clavó dentro de mi sin pestañear.

Uf! Me veía reflejada en el espejo con los labios temblando mientras Raúl cogido a mis caderas comenzaba un metisaca cada vez más fuerte y profundo. Veía mis tetas rebotar con cada embestida, Mis pezones duros que casi me dolían. Mi boca abierta del gusto y mis gemidos cada vez más seguidos aunque intentaba contenerme, no siempre lo conseguía. Veía a Raúl sudar y su cara de placer. Me sentía importante teniendo dentro de mi coño la polla de un tío tan joven y que estaba tan encoñado conmigo.

Todo esto pensaba cuando de repente sentí la llegada del orgasmo, acompañado de un temblor de piernas que hacía casi imposible mantenerme de pie. Raúl seguía empujando su polla dentro de mi chocho como si le fuera la vida en ello. El alcohol hacía que durara más tiempo mientras mis ojos comenzaban a perder visón. Mis tetas a endurecerse todavía más y mi vientre sufría los espasmos propios de mi corrida. Cerré los ojos y me dejé llevar sentía el temblor de mis labios y los espasmos de todo mi cuerpo mientras mi sobrino comenzó a resoplar y a acelerar sus embestidas.

-         Me corro joder! Me corro! le oía decir entre los vapores del alcohol mezclado con la endeblez de mi cuerpo ante mi orgasmo, sintiendo cómo escupía su simiente dentro de mi coño llenándolo de semen joven y caliente hasta llenarme.

Permanecimos así unos segundos. El dentro de mi. Su polla dentro de mi coño, mientras nuestras respiraciones se calmaban. De repente la sacó y noté un vacío muy grande. Puse mi mano en mi chocho para evitar manchar el suelo del baño y me senté en el bidé mientras intentaba recuperarme del esfuerzo.

Como una autómata comencé a lavarme sentada en el bidé con las bragas enrolladas en uno de mis tobillos y las tetas por fuera de mi vestido.

Entre tinieblas vi salir a Raúl y dejarme allí sola, sentada en el bidé. Olvidé echar el pestillo. Ese fue mi error.

A los dos minutos entró mi cuñado Julio en bóxer. Se quedó alucinado mirándome como me lavaba. No dijo ni una palabra. Se sacó la polla y apuntó a la taza del wáter. Mientras lo hacía me fijé en ella.

Joder! Era igual de larga que la de Raúl pero todavía más gorda.

Una vez acabó de mear y sin guardársela me apuntó con ella.

-         Te gusta lo que ves cuñada? Seguro que mi hermano no la tiene tan grande como yo.

-         Quieres tocarla? Me dijo mientras tiraba de su prepucio hacia atrás enseñando una cabeza gorda y roja como un champiñon.

Yo seguía a lo mío. Lavándome y si hacer asomo de taparme los pechos.

Mi cuñado animado por mi silencio comenzó a meneársela sin dejar de mirarme. Aquella monstruosidad comenzó a crecer y a crecer mientras no dejaba de pajearse sin parar de mirarme. Veía como rebotaban sus huevos cada vez que subía y bajaba la mano. Unos huevos gordos y oscuros como su polla.

-         Tócamela anda, cuñada! Y me corro enseguida ya lo verás, no vayan a pillarnos!

Alucinada ante aquella visión la cogí con mi mano y seguí haciéndole la paja mientras me tocaba las tetas. De repente sentí como una vibración y el primer chorro de semen fue a para  a mi pelo, el segundo a mi cara y el resto cayó sobre mis tetas mientras mi cuñado resoplaba congestionado.

Le escurrí la polla y lavé mi mano en el agua del bidé que no había cesado de salir mientras todo esto ocurría.

Se fue por donde había venido y me dejó sola, con mis pensamientos y mi borrachera. Decidí que por esa noche ya estaba bien. Me lavé la cara como pude y salí del baño con las bragas en la mano y mis pechos al aire. Entré en mi habitación, tiré mis bragas a un rincón y me acurruqué junto a mi marido que roncaba como un descosido.

Mañana será otro día, pensé mientras me dormía…..

PD: A Sigrid, para que siga leyendo mis relatos y porque sin su apoyo no habría seguido escribiendo, o quién sabe, habría tardado mucho más tiempo. Un beso.


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