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Fecha: 12-Oct-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Besos prohibidos Capítulos 7 y 8

BR21
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Dos hermanos con una relación secreta amor-odio que si llegase a salir a la luz significaría el fin de su carrera musical; amigos que esconden sus intenciones y una chica que lo cambia todo. *Obra registrada en Safe Creative. Todos los derechos reservados. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

CAP. 7 

- Alex. 

- Dime princesa, ¿quieres tomar algo más? 

- ¡No, no, no!, no me encuentro bien. 

- Vamos, salgamos fuera, tal vez así te despejas un poco.- La saqué rápidamente del pub, huyendo del ruido y de la gente que se nos quedaba mirando.- ¿Te encuentras ya mejor? 

- No es nada, sólo estoy un poco mareada. 

- No tienes buena cara, es mejor que nos sentemos en alguna parte y descanses. 

- De verdad que estoy bien, ya has cumplido con el trato, ya puedes irte. 

- No voy a dejarte así, al menos no hasta que te recuperes. 

- ¡Y yo ya te he dicho que te...!- La agarré al tiempo que se desmayaba. 

Qué podía hacer yo ahora, no sabía a dónde llevarla pues el hotel quedaba muy lejos y encima se había puesto a llover. La cogí en brazos y comencé a caminar buscando algún sitio resguardado, tras diez minutos caminando bajo la lluvia vislumbré el neón de un motel, sin pensarlo me dirigí a él para pedir una habitación en la que poder descansar.

 

Después de discutir en vano con el recepcionista del motel para conseguir una habitación doble, me tuve que dar por vencido y aceptar una habitación matrimonial, ya pensaría más tarde en qué hacer. Llegamos empapados a la habitación y ella seguía inconsciente en mis brazos, la dejé sobre la cama con delicadeza para no despertarla pero todavía sin saber qué hacer con ella, no podía dejarla con la ropa húmeda porque enfermaría pero tampoco quitársela porque sería como si me aprovechase de ella, tenía que tomar una decisión pero ¿cuál? A mi juicio no tenía más remedio que quitarle la ropa, prefería que me tomara por un pervertido a que enfermara, a fin de cuentas no estaría así si yo no la hubiese invitado a salir. Le quité la ropa con cuidado intentando no fijarme en ella pero su piel parecía tan suave que no pude evitar acariciar su cara, su cuello, su vientre… ¡qué me pasaba en la cabeza! Éste no podía ser yo, nunca me había aprovechado de las situaciones y hoy no iba a ser distinto, necesitaba despejarme de los efectos del alcohol cuanto antes, la metí dentro de la cama, recogí su ropa y me fui directo a darme una ducha. 

Al salir del baño me acordé de que no tenía nada seco que ponerme así que recé para que ella no se despertara mientras yo me paseaba, en bóxers, por la habitación en busca de algo con lo que taparme. Por fin encontré una manta en uno de los armarios, no era lo suficientemente gruesa como para quitarme el frío pero sí para taparme y no parecer tanto un psicópata sexual, ya sólo quedaba la incógnita de dónde dormir. Me senté en el suelo, recostándome en la pared y poco a poco me quedé dormido mientras miraba su negro cabello esparcido por la almohada.  

 Me despertaron los primeros rayos del sol e instintivamente miré hacia la cama buscando a aquella chica que tanto me había trastornado en las últimas horas, ya no estaba, no, no podía ser, se había ido sin que la diese una explicación, me levanté velozmente dándome cuenta del espantoso dolor de cabeza que tenía y llegué hasta la cama llevándome todo por delante, encima de la almohada había una nota: 

“Siento haberme ido sin una explicación pero debía llegar a casa cuanto antes, gracias por cuidarme pero no tenías por qué. Te espero hoy a las 19:00 dónde nos conocimos, no me hagas esperar. 

PD. ¿Ocurrió algo entre nosotros anoche? No me acuerdo de nada.” 

Respiré con alivio al saber que no había sacado conclusiones precipitadas, ¿recordaría el beso o de eso tampoco se acordaría? Tendría que averiguarlo por la tarde cuando nos volviésemos a ver, no podía quedarme con la intriga, sin embargo lo más probable es que si se acordaba no le diese la misma importancia que yo. Bueno, al menos ahora ya estaría en su casa, un momento, ¡mierda el hotel! ¡Sergio! ¡Mi móvil! seguro que tenía miles de llamadas suyas, corrí hasta la cazadora y saqué el móvil, tenía diecisiete llamadas perdidas y tres mensajes: 

3:46 Sergio 

“¿Dónde estás? Ya es tarde, ven al hotel.” 

4:22 Sergio 

“¿Te ha pasado algo? Contéstame, me estoy preocupando. Si es una broma no tiene gracia.”

 

4:38 Sergio 

“Alex, más vale que te haya pasado algo grave o de lo contrario seré yo quien se encargue de eso ¿te queda claro? Ven ya al puto hotel, ya me he cansado de tu jueguecito.” 

¡Joder, joder, joder! qué podía hacer ahora, si le decía que había estado de fiesta y con una chica sería mucho peor, no me lo quería ni imaginar, tendría que inventar algo por el camino. Me vestí lo más rápido que pude, guarde la nota de la chica en la cazadora y salí del hotel después de haber pagado apresuradamente.

 

CAP. 8 

Al llegar al hotel me asomé al comedor para comprobar si el grupo seguía desayunando pero estaba totalmente vacío, posiblemente por la hora que era, con suerte se habrían ido todos de compras olvidándose una vez más de mí. Subí a mi habitación todavía con la angustia atenazando mi pecho, abrí la puerta y  sin apenas haber dado un paso recibí un tortazo en la cara, seguido de un tirón en la cazadora que me hizo caer al suelo. Aquella sombra atacante cerró la puerta y encendió la luz, como ya me era de suponer era Sergio.  

- ¡Quién te crees que eres para llegar a estas horas! Cuando salimos todos de fiesta tú nunca quieres, así que me puedes explicar ¿qué has estado haciendo en estas últimas dieciséis horas y sin contestar al móvil?- Sergio estaba totalmente enfurecido, menos mal que por el camino ya había pensado en una coartada. 

- Lo siento, no quería preocuparte, todo se me fue complicando. Me fui a dar una vuelta sin fijarme mucho en las calles y para cuando quise volver estaba totalmente perdido, intentando encontrar el camino se me hizo de noche así que opté por dormir en algún hotel cercano pero antes de encontrar alguno, unos tipos me atracaron y se quedaron con todo lo que llevaba, incluido el móvil. 

- No te creo nada de lo que has dicho. ¿Dónde has dormido entonces o cómo has llegado hasta aquí?- Tendría que actuar mejor para convencerle, esto iba a ser más difícil de lo que creía. 

- Dormí en un parque y he llegado hasta aquí preguntando a la gente. ¿Por qué no confías en mí?- Hice un puchero metiéndome de lleno en el papel. 

- ¡Porque esto parece sacado de película! Dame tu ropa, veamos si es cierto que te han robado, el dinero es fácil de gastar pero el móvil no creo que lo hayas regalado. 

- ¿Ahora? Ahora no puedo, déjame descansar un poco por favor. 

- ¡Quítate la ropa ya!- En cuestión de segundos llegó hasta mí y prácticamente me arrancó cada prenda, dejando al descubierto pequeñas cortaduras en el cuello que yo mismo me había hecho como parte de la farsa. Tras descubrir que los bolsillos estaban vacíos me miro alarmado.- ¿Qué son esas marcas? ¿Qué te ha pasado? 

- Ya te lo he dicho ¡me atracaron! 

Él se tiró al suelo, para arrodillarse a mi lado, ya creyéndose la historia que tanto me había costado crear minutos antes. Asustado, me examinó cada uno de los cortes moviéndome una y otra vez la cabeza de izquierda a derecha. 

- Siento haberte gritado pero sobretodo no haberte creído, perdóname. Yo sólo quería...pensaba...estaba preocupado por ti. Ven, te limpiaré las heridas y luego iremos a denunciarlo. 

- No hay nada que denunciar, no les vi la cara porque me atacaron por detrás. Sólo necesito dormir para recuperarme. 

- Está bien, deja que te cure primero y luego ya te vas a descansar. 

Todavía sin ropa, le seguí hasta el baño donde me fue desinfectando y quitando con cuidado la sangre seca. Una vez hubo terminado me encaminé hacia la cama sin verdaderas ganas de descansar, sólo pensaba en que llegara la tarde para volver a ver a aquella princesa de ojos castaños aunque pudiese ser la última vez. 

- Alex, lo he estado pensando y sé que últimamente te he impuesto unos castigos un tanto severos pero quiero que sepas que todo es por tu bien pero por eso mismo también creo que te mereces una compensación por no haberte creído, eres mi hermano pequeño, debería confiar más en ti y no dejarme llevar tanto por la ira. 

Me sentó con cuidado en el borde de la cama y comenzó a besarme con suavidad, mi corazón se aceleró al sentir su proximidad, realmente le quería de verdad, no podría imaginarme una vida sin él pese a su sadismo, sus celos y su necesidad de controlarlo todo. Lentamente fue dejando un sendero de besos por todo mi cuerpo, el contacto de sus manos me abrasaba de tal forma que aquella dulce tortura hizo que mi miembro reaccionara elevándose, acción que aprovechó Sergio para terminar de bajar e introducirlo en su boca. Alternaba los movimientos entre lento y rápido volviéndome loco de placer, sin poder evitarlo le agarré del pelo para que profundizase en la bajada lo que únicamente provocó fue que él sonriera, con una última presión consiguió que todos mis músculos se tensaran mientras terminaba dentro de su boca. 

- Descansa hermanito, dulces sueños.- Dijo mientras seguía riéndose, tras darme un beso se fue. Ahora era el momento de empezar a preparar la cita de esta tarde. 


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