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Fecha: 14-Nov-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Estudiando Kinesiología 3

vima
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Tiempo estimado de lectura: [ 29 min. ]
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Como los masajes profundos, pueden afectar profundamente a nuestra estudiante Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Después de la maravillosa noche que pasé con mi tía, me desperté en estado de gracia, la miré dormida, era hermosa, daba ganas de comerla.

Me levanté, me di una ducha, y me fui a preparar el desayuno para cuando despertara, estaba en esa labor cuando hizo acto de presencia.

-Buen día, como estas, dormiste bien.

- Pues sí, dormí bien gracias a ti y al repaso que me pegaste, que yo sola hubiese dormido mal.

- Bueno, para algo están las tías, que tú bien que me repasaste a mí, ¿Qué tienes que hacer?

- Nada importante, ¿Por qué me preguntas?

- No te dije, pero me encontré con Elisa, la del yudo; puso una academia por aquí cerca y me invitó a hacer una exhibición ante los alumnos para entusiasmarlos, y acepté, ¿quieres venir?

- Pero ¿vas hacer una exhibición, o vas a competir como antes?

- Pero no mujer, cómo voy a competir si ella siguió en actividad y yo abandone todo, pero tampoco te creas que estoy tan dura, ya practicamos algunas tomas y nos salieron bastante bien.

- Ah, pero entonces ya empezaste el entrenamiento, mira por donde se te volvió a dar por el yudo.

- Si vieras lo buena que está, también te daría a ti.

- No tía, que nunca te robaría alguien que te gustara.

- Gracias cariño, que con ese cuerpo y esa carita de niña dulce, puedes llegar a ser una depredadora.

Tomamos un desayuno abundante, ya que Claudia no quería ir muy pesada, y no quería almorzar, aunque faltaban unas horas quería hacer bien la digestión.

A eso del mediodía nos fuimos al gimnasio, habían quedado en encontrarse antes para practicar las llaves, y hacer que parecieran reales.

Cuando llegamos, nos abrió la puerta Elisa, se besaron de beso y después me miró a mí.

- ¿No me digas que esta es la niñita que te cuidaba? Pedazo de sobrina te echaste, ¡no! si casi esta tan buena como la tía. – no sé si se le escapó, o era una carota que le estaba tirando los trastos a Claudia sin ningún recato.

Pasó como una broma, pero con los ojos se la comía, y nunca vi a mi tía tan colorada, y eso que no era nada quedada.

Se pusieron los kimonos, y empezaron a practicar en el tatami, hacían una buena pareja, me acordaba cuando Claudia hacía como que yo la tiraba, y parece que no perdió la habilidad porque hacía lo mismo, pero acompañada por Elisa quedaba mucho mejor. También era ella la que la llaveaba metiéndole unos ipón que ni en sueños en una pelea en serio.

La exhibición fue un éxito, Elisa fue honesta comentó a los alumnos que era nada más que eso, y que en la realidad entre cinturones negros era todo más equilibrado, la cosa que la tarde fue entretenida, hasta me propuse en cuanto tuviera un rato libre volver a practicar.

Cuando terminaron fueron a bañarse, y después cómo estábamos cerca de casa Claudia la invitó a comer un bocado, me extraño porque no era de quedarse los sábados sin salir, pero quizá estaba cansada entre lo de anoche y la exhibición.

Pedimos comida a los chinos, y una botella de vino que nunca faltaba y la conversación derivo como casi siempre, en tiempos pasados.

La charla era entretenida, pero me daba cuenta que estaba sobrando, tenían otra edad y otras cosas de que hablar en la que yo no encajaba.

Terminamos de comer y me excusé conque estaba cansada, salude a Elisa que creo que me lo agradeció y me retiré a dormir; no sé hasta qué hora se quedaron, pero deseaba que todo saliera como quería mi tía.

El domingo me levanté tarde Claudia ya estaba levantada, Elisa la invitó a almorzar a un restaurant y me preguntó si yo también iba; no hacía falta mucho para saber que mi invitación era de compromiso, le dije que tenía que estudiar y que otra vez sería, que me disculpara.

La semana pasó como todas, la universidad, el estudio, la faena en el consultorio, en fin, nada nuevo. Inés no me llamó mi tía salía más seguido, se hacía lugar para ir al gimnasio a sus prácticas de yudo, aunque no me extrañaría que ya estuvieran practicando otros deportes.

Sabía por boca de ella, que se había enamorado y creía que también era correspondida, yo no estaba tan segura, y ahora me dedicaba a aconsejarla, y que se tomara su tiempo para darse cuenta, si lo que sentían era amor o puro deslumbramiento.

El viernes después de dejar el consultorio, salió disparada a arreglarse que estaba invitada a una fiesta con Elisa; se vistió como para matar, estaba preciosa y lo sabía.

-Tía, estas divina, ¿a quién piensas matar hoy?

- A la que se cruce, pero hoy no me vuelvo con la boca seca.

- Pues pobre de la que pilles, aunque me parece que ya tienes agarrada a la incauta, si es que se le puede llamar así.

- ¡No! que no lo es, pero deseame suerte. – y se piró.

Me quedé estudiando ya que quería adelantar materias, a eso de las doce llamó mi Tía para avisarme que no iba a venir a dormir, se escuchaba la música y el chillido de otras mujeres, le desee suerte y luego de un rato me fui a dormir.

Me levanté casi a las diez y me puse a prepararme el desayuno, cuando aparecieron las dos con una cara de fiesta que las vendía.

-Sobrinita, a que eres capaz de prepararnos el desayuno.

- Tendré que hacerlo, pensé que se iban a desayunar donde durmieron.

- ¿Y de dónde sacaste que dormimos? – me contesto Elisa – si justo venimos a eso, pero comer un poco antes no nos va venir mal.

Me puse a hacerlo, mientras las escuchaba hablar de lo mucho que habían hecho esa noche, y al parecer no solo entre ellas, sino que hubo varias más en el ajo. Un enamoramiento raro y compartido, les daba igual.

Se fueron a dormir en la habitación grande, no tenían que disimular, no las llamé para comer, porque me imagine que no estaban para eso; hay que reconocer que se dedicaron a dormir, o eran muy silenciosas.

Esa noche iba a salir con dos amigas de otras facultades pero que nos habíamos conocido en una fiesta y habíamos congeniado, eran hermanas y se cuidaban entre ellas, sabía que Marcela la mayor trabajaba en una tienda, y Mónica tomaba trabajos ocasionales.

Ya estaba arreglada para salir cuando la veo a Elisa con un pijama de mi tía, con los ojos medio legañosos.

-Que ¿te vas?

- Si, alguna vez me toca, ¿te vas a quedar a dormir?

- Creo que Claudia tiene esa idea ¿te parece mal?

- No, no me parece mal mientras no la lastimes, si lo haces te vas a echar una mala enemiga.

- Uhm… ya sé que la quieres mucho, pero yo también la quiero mucho y la lastimada puedo ser yo.

- Si la quieres cuidala, aunque lo que hacen es de un amor muy particular.

Me encontré con las chicas, y decidimos ir al cine, una noche normalita, al salir fuimos a comer unas pizzas y a casa.

Llegué y aunque no era muy tarde ya estaban acostadas, cuando pasé a mi habitación escuche ruidos inconfundibles de que se estaban dando el lote; y bueno que aprovecharan, le creí a Elisa de que realmente la quería mucho, es que no se me pasaba por la cabeza que alguien no la quisiera.

Me fui a dormir tratando de cerrar los oídos y los pensamientos, que se me hacía más difícil controlar la imaginación que el audio.

El domingo me levanté como a las doce, no tenía ganas de cocinar, pero algo iba a encontrar; y lo que encontré me sorprendió, estaban las dos en la cocina haciendo no sé qué, pero con el olor ya daba ganas de comerlo. Se ve que se complementaban bien, porque la comida estaba bien rica y luego pasamos una tarde entretenida.

Cuando estaba anocheciendo Elisa se preparó para marcharse Claudia fue a buscarle la chaqueta, y cuando quedamos solas, me dijo

-Espero que me ayudes, de verdad la quiero mucho.

- Si es así cuenta conmigo. – se despidió de mí y fue con mi tía hasta la puerta, donde quedaron pegadas en un beso que daba envidia.

- Te pegó fuerte parece – le dije cuando volvió

 -  De verdad que sí, nunca pensé enamorarme de esta manera, pensé que eso era para los demás.

- Creo que a todos nos llega, ven vamos a cenar de lo que quedó, que mañana tenemos bastante que hacer.

Quedamos hablando poco más, y nos fuimos a dormir.

El miércoles de la otra semana me llamó Inés, si podía ir el viernes a hacerle unos masajes, era el día que más nos convenía, así que le dije que sí, y en eso quedamos.

Ya tenía bien pensado el asunto de los masajes profundos, pero igual estaba un poco nerviosa por ver cómo le podía caer a ella.

Agarré mi maletín, mi guardapolvo, cómo buena profesional, pero esta vez me puse falda, no quería que me pasara como la vez anterior, si me mojaba que fueran las bragas que llevaba otras para cambiarme.

Esta vez me abrió la puerta ella, parece que estaba sola, llevaba un salto de cama espectacular, parecía una reina, no me podía creer que semejante mujer pagara para sacarse el gusto.

Fuimos derecho al dormitorio, al llegar a la cama me aproxime por detrás a sacarle galantemente la bata; giró la cabeza para darme las gracias con una sonrisa, y se acostó boca abajo dejando a mi vista esa escultura que tenía como cuerpo.

Acariciar ese cuerpo, podía ser un placer o un sufrimiento, a ver cómo lo soportaba, ella y yo.

Terminé con los preparativos, y con las manos llenas de crema, empecé a amasar esas carnes tan apetitosas; fui bajando por el cuello, toda la espalda hasta llegar a sus glúteos, le metí el canto de la mano abarcando el ano y el perineo, esta vez sin disimulo, llegaba con los dedos a la vagina metiéndolos por entre sus labios como al descuido, mientras con el pulgar hacía una leve presión sobre su ano, pero sin llegar a forzarlo.

 Era más lo que prometía que lo que estaba haciendo, pero ya se había curado la vez anterior, y sabía que, aunque tardara iba a llegar y con más ganas.

Seguí por sus piernas haciéndole masticar su deseo, llegué a los pies, que ya sabía que le gustaba, y le empecé a pasar los pulgares por las plantas, llevándola a un estado de voluptuosidad y abandono donde la entrega era total, le pedí que se pusiera boca arriba, y lo hizo abriendo las piernas mostrándome el final del viaje, masajeé sus tobillos y tomé el camino ascendente pasando por la parte interna de los muslos, por la ruta que me llevaba a una almeja rezumante y ansiosa esperando mis manos; llegué a las ingles acariciando esos labios, que más que caricias pedían besos, los abrí con delicadeza hasta descubrir el clítoris que pugnaba por abrirse paso al encuentro de mis dedos.

Estaba pidiendo caricias, y caricias le di, Inés con los ojos cerrados gemía pidiendo más, fui bajando la mano introduciendo un dedo con suavidad, algo que se me hizo fácil por lo lubricado que ya estaba, y porque se notaba que ahí habían entrado cosas mayores.

Le miraba la cara buscando si pudiera sentir dolor, pero solo veía satisfacción por lo que le fui metiendo otro dedo que logró sacarle un suspiro de gusto.

De ahí en más, empecé con un saca y pon, mientras con la otra mano, frotaba su botoncito, que en ese momento ya era un señor botón; los suspiros se habían convertido en gemidos, y los embates contra mis dedos eran tan continuos que me animé a meterle un dedo más, empezó a gritar pero no de dolor, más bien como pidiendo más de lo mismo, giraba los dedos dentro de ella y los doblaba buscando el punto que más placer le diera, se agarró las tetas y las apretaba cómo si de ahí fuera a salir algo.

Miraba su rostro, y era la imagen del placer, era para un cuadro; como cosa curiosa, más que producirme calentura me daba admiración; sentí su coño apretar mis dedos, mientras sus saltos ya eran para el circo, y con un casi rugido anegó mis manos con un orgasmo de fantasía.

Saqué y sequé mis manos, y la limpié, había quedado como ida, respirando agitada, me unté las manos nuevamente y seguí hacia los dos montes que estaban colorados de los pellizcos que se había propinado.

Llegué a sus senos y pasé las palmas por sus pezones, buscando que se despertaran, estaba en un estado bucólico, una sonrisita de gusto, y un dejarse estar, avisándome que todo lo tenía que hacer yo.

Seguí masajeando su cuello, volví a sus tetas, y un ronroneo me avisó que estaba volviendo a la vida, sus ojitos semicerrados me estaba pidiendo que siguiera que eso es lo que le hacía feliz.

Le pedí que se diera la vuelta nuevamente, lo hizo y ese culo espectacular quedó a mi saber y entender.

Volví a empezar por el cuello, para darle tiempo a recuperarse, fui despacio, cuando llegué a sus nalgas, ya los suspiros estaban a la orden, cuando pasé los dedos por su ano, se le escapó un gemido más fuerte, fue cómo el tiro de salida, dejé que dos dedos se colaran en la vagina mientras que el pulgar hacía fuerza sin disimulo en quebrar la resistencia de su esfínter, no quería forzarlo a lo bruto pero girando el dedo se iba distendiendo y ya no oponía la resistencia anterior, por fin el dedo entró y automáticamente, se apoyó sobre las rodillas levantando el culo cómo pidiendo más.

Movía los dedos dentro de ella, pero me pareció mejor usar las dos manos,

saqué el pulgar y me dio gusto ver que salió limpito, así es que se había preparado para eso, le introduje el dedo corazón de mi otra mano profundamente, se empezó a hamacar, que ahora era ella la que follaba mi dedo, me pareció que daba para más, y le fui a meter otro por el agujerito más pequeño, apenas metí la puntita soltó un gemido de dolor.

-Huy, perdona no quise hacerte doler, vamos que te lo saco.

- No…no lo saques, pero hazlo despacito hasta que me acostumbre.

No sabía cuánto iba a tardar en acostumbrarse, pero yo, a lo mío, y lo mío era darle hasta que se corriera como mejor deseara.

Flameaba el culo agarrada a la almohada, gimiendo como una gata en celo,

 Me pareció que, si antes le habían entrado dos por adelante, porque no le iban a entrar ahora, giré la mano para que me quedara el pulgar libre para pasarlo por el clítoris y le metí el tercero, soltó un rugido, y el meneo se hizo más violento; parecía un pavo, bien relleno por todos los agujeros, el sudor le corría por la espalda mientras sus jugos corrían por mi mano como si de una fuente se tratara, de pronto le salió un grito de angustia como si le estuviera rasgando las entrañas.

-Inés, ¿quieres que pare?

- ¡No! sigue que ya me viene, no se te ocurra parar ahora.

Y le vino, una descarga que bien podría ser la madre de todos los orgasmos, dejó perdida la sabana, y bueno, mi mano recibió una cantidad que parecía imposible que fueran de ella sola

Los movimientos epilépticos que se gastó, me hicieron dar miedo, esa mujer o estaba enferma, o sabía disfrutar un polvo como nadie.

Saqué las manos y fui a pasarle la toalla.

-Inés, te quedó el culo abierto.

- Hay, dejalo que ya se cerrara. – se dio vuelta y se apoyó contra la cabecera quedando media sentada, recuperando aire; me senté al costado y le pregunté

- ¿Estas bien? ¿Necesitas un vaso de agua o algo? – había terminado de secarla y me quedó la mano apoyada en su raja, mirándola con curiosidad.

- No, estoy bien, puf…, aprendiste bien tu trabajo.

- Bueno trato de hacerlo lo mejor que puedo, aparte no es mi trabajo, que no me voy a dedicar a esto, en cuanto me reciba, voy a ir a lo mío.

- No vas a ganar lo que puedes ganar así.

- Puede ser, pero aquello es para toda la vida, y me gusta. – le contesté mientras la seguía mirando.

- En eso tienes razón, ¿pero que me miras tanto?

- Huy perdona, pero es que no te entiendo, pero dejalo ahí.

- ¿Qué es lo que no entiendes, a ver?

- No, dejalo te va a parecer mal, y después de todo son cosas tuyas.

- No, no, ahora no me dejes con la duda, y no tengas miedo que si no me lo dices, eso sí que me va a parecer mal.

- Bueno va, sé que no me conviene preguntarte esto, pero lo que no entiendo, es que una mujer hermosa como tú, un cuerpo de escándalo, unas tetas que deben ser el sueño de un huerfanito, un culo para admirarlo como si fuera un cuadro, simpática, me vengas a pagar a mí, para hacerte lo que cientos de mujeres y hombres te lo harían gratis. – mientras le hablaba, sin darme cuenta había dejado la mano en su cueva tan cremosa tan suavecita, que con los dedos le enrulaba el clítoris que asomaba tan chulo.

- Mira no me parece mal que me preguntes, pero vamos por partes; lo del culo admirable, como me lo dejaste no creo que sea para tanto.

- Bueno, tú me dijiste que no parara.

- No, si no te estoy echando la culpa, si te dijera que no me gustó te estaría mintiendo; sobre que cuantas hay que me lo harían gratis, no te engañes Silvia, en la vida nada es gratis, y lo que parece que lo es, generalmente es lo que sale más caro.

- Hay, que pesimista que estás hoy.

- No es pesimismo, es la realidad, entiéndelo; mira yo te pago, tú te vas y no me preguntas donde voy, con quien, ni que hago, las que te hacen las cosas gratis por el puro amor, te piden que salgas con ellas, que si vas al teatro, que si las llevas a comer, que se quieren comprar una lencería para que la vea más bonita, y todo ¿a costa de quién?, y no hablemos si vienen por tu dinero, te pueden sacar un mordisco, que no me lo sacas tú aunque te llame todos los días, si es por bonita, te miro a ti[VM1]  y me alegras los ojos, y tetas, cariño si las tuyas deben ser un poema. – estaba notando que se había puesto inquieta

- Inés perdoname, me había agarrado la curiosidad, sé que no te tendría que haber preguntado, pero no te inquietes por eso.

- No, si no estoy inquiete por eso, ni siquiera estoy inquieta, es otra cosa. -me dijo mirando mis dedos que estaban jugando con su montecito descapuchado, coloradito como pidiendo pista.

- Huy, perdoname lo hice sin querer. - Quise sacar la mano, pero me la paro.

- Pues sigue como hasta ahora, pero queriendo, y preguntame lo que quieras.

- Y no sé, yo te pregunté eso porque no lo entendía, pero tienes unas ideas, que me parecen que en algo te equivocas.

- A sí, a ver dime en que me equivoco.

- Tú sabes que un montón quisiera comer esas tetas sin pedirte nada a cambio,

y verte tener un orgasmo es un espectáculo como para pagar entrada.

- ¿Tú la pagarías?

- Oye yo estoy trabajando, así que no me cuentes.

- No te cuento, pero eso de las tetas, las tuyas son más lindas que las mías.

- ¿Y tú que sabes si nunca me las viste?

- Pues vamos, muéstramelas y vemos cual son mejores,

- Y porque te las voy a mostrar.

- Para comparar, o quieres que te page para verlas.

- No me digas así, que parece que me estuvieras comprando, mira. – fui a desabrocharme, pero me paro.

- No quites la mano de ahí, que te las saco yo. – mi mano seguía acariciando su vagina, y le iba apretando y soltando el clítoris, como si estuviera reventando los globitos del plástico de embalar, en ese ratito se me había vuelto adictivo; mientras me desabrocho el guardapolvo y la blusa, quedaba nada más que el sujetador, pasó la mano por las puntas y los pezones se empitonaron haciendo que la tela se estirara al máximo, - ves cómo se te ponen, son divinas, espera que te saco estos trapos que te afean.

- Oye que no son tan trapos que bien caro me salieron.

- Cualquier cosa que tape esta belleza es un trapo por muy caro que sea – me quitó el sujetador y se quedó mirándome – Jesús y tienes la cara de decir que las mías son mejores, tú no sabes lo que son tetas.

Para eso, yo me puse nerviosa y mis dedos seguían haciendo estragos por allí abajo, y Inés estaba enfebrecida, pero no como antes, ahora estaba en una forma calmada, como dejándose venir por la fuerza de la gravedad, me acariciaba las tetas mientras se pasaba la lengua por labios.

-Silvia son tan suaves que si no las pruebo me da algo.

- Pero esto no era el trato, parezco una prostituta.

- No digas eso, solamente me despertaste un deseo muy grande, pero tienes razón, ese no es el trato, perdoname. – se me quedó mirando con pena.

- Ven, toma, tampoco es que no nos podamos saltar un poquito las reglas.

Me pegué el pecho contra su boca, y enseguida se hizo dueña de mi pezón, sabía lo que hacía, no es que me lo agarro desesperada, sino que fue rodeándolo con una dulzura que subía mi calentura a temperaturas de ebullición; me debe haber agarrado un tembleque en la mano, porque la velocidad en su vagina fue creciendo a medida que sus labios daban cuenta de mis pobres senos.

Y se volvió a correr, pero ahora fue un orgasmo calmo, largo, pero no escandaloso, le pasaba sus jugos por toda la vulva en una tierna caricia, y con la otra mano acariciaba la cara mientras chupaba mi teta.

Se tiró para atrás con los ojos cerrados, me puse el sujetador mientras trataba de imaginar que iba hacer, me miró cómo si se despertara.

-Gracias eres un amor, pero nunca vuelvas a decir que pareces una prostituta porque no lo eres, y esto no te hace serlo, ayudame a levantarme que me dejaste muerta, ven vamos a tomar una cerveza que tengo que hablar contigo.

Pasé al baño, me refresque en el bidet y me cambie las bragas que las que llevaba quedaron perdidas, las metí en una bolsita para no mojar las otras cosas y fui a la sala donde me estaba esperando.

-Silvia, hice algo que me parece que te va a venir bien, pero lo tomas o lo dejas, es a tu gusto.

 - ¿Viste la mujer a la que le abriste la puerta la otra vez? Susana se llama, bueno le comenté que dabas masajes y enseguida se interesó, le dije que lo que menos cobrabas eran mil euros, y que no querías cosas raras, está muy entusiasmada y quiere que la atiendas.

- ¿Tú la conoces, te parece que no me va a dar problemas?

- Lo que conozco de ella es que es buena persona, y por el dinero no te preocupes que no te va hacer cuestión, si quieres le doy tu número, y quedan.

- Bueno si dices que es buena persona dile que si, que me llame i convenimos.

- Te voy a dar una cosa que te va a venir bien, toma un móvil.

- Pero tengo, para que quiero otro.

- Este está con otro número, y si vas a tener este tipo de clientas te conviene no mezclarlo con tu vida personal, esto va aparte, y una cosa no tiene que ver con la otra, aparte tengo un grupo de amigas que cómo yo, no quieren rollos molestos y si alguna quiere te la paso.

Me di cuenta que tenía razón, así que agarré el móvil y me fui apuradita para casa, estaba herida, la calentura no se me había pasado, ojalá que mi tia no se haya ido a casa de Elisa.

Llegué y el coche estaba, y si ella estaba sabía que no me iba a dejar así, entré ilusionada, pero apenas entré, el mundo se me vino encima, Elisa estaba en casa y seguro que se iba a quedar a dormir, y seguro que tendría que escuchar sus ruiditos como terapia para mi estado anímico.

Habían hecho la cena, y estaban esperando por mí, no se la cara que puse, seguro que buena no era, mi tía me miraba cómo pidiendo perdón, pero no podía hacer nada; traté de ser comprensiva, pero quedarme a conversar ya era mucho. Terminé de comer y aduje que estaba muy cansada y las dejé solas; preparé mis cosas me di un baño y entré en mi dormitorio, quería apurarme a masturbarme, primero para sacarme la brutal calentura que me agarraba al acordarme de lo que había pasado, y luego para poder dormirme, antes de tener que escuchar la función de erotismo explicito que seguramente iba a inundar el éter.

Me acosté desnuda, quería usar las manos como las había usado con Inés, me puse una toalla abajo para no manchar y así sin taparme cerré los ojos y empecé a pasar mis manos por mi pubis, prometiéndome llegar de a poco a las partes más deseadas.

Con la luz apagada le daba cabida a mi imaginación, y ya no eran mis manos,

 Eran las de Claudia las que con delicadeza llegaba a mi vagina, en eso me pareció que se abría la puerta, busqué la sabana para taparme y una sombra dio vuelta la cama y se acostó al lado mío, en el beso reconocí los inconfundibles labios de mi tía.

-Claudia, estás loca que va a decir Elisa si se entera.

- Cariño, se cómo llegaste, y no te podíamos dejar así.

- ¿No me podían? – pregunte perpleja

- No, no te podíamos dejar así, - sentí la voz de Elisa atrás mío, mientras sus desnudas tetas se clavaban en mi espalda.

- ¿Qué…que van hacer conmigo?

- Por empezar volverte la temperatura a la normalidad, que estas que quemas, Claudia dejame que llevo a la pequeña a la cama grande, que aquí entre las tres nos vamos a accidentar.

Yo tan pequeña no me veía, pero me levanto con facilidad y me llevó alzada hasta el otro dormitorio, me acostó y se quedó mirando, y le habló a mi tía.

-Tú sí que tienes suerte de tener una sobrina tan tiernita en casa.

- Pues si quieres ver que tan tiernita es, pruébala.

- Tú ocupate de arriba, que de abajo me ocupo yo.

Mi tía me estampó un beso de tornillo, nada más al empezar, siguió por mi cuello hasta llegar a mis tetas, que después de la chupada de Inés todavía estaban calientes.

¿Elisa? Bueno, Elisa me abrió las piernas cómo si fuera una muñeca y metió la cara entre ellas, forzó con la lengua mis labios llegando a tocar todos los resortes que me daban placer.

Parecía que tenía dos lenguas, estaba en todas partes, y en todas partes me hacía vibrar, parecía poseída, se metía dentro mío, salía, pasaba por toda mi raja llegaba a mi clítoris lo retorcía, cuando veía que me hacía un poco de daño, me soplaba y con la lengua hacía un juego de magia en el que mi botoncito se soltaba del capuchón, para meterse entre sus labios y sentirse abrigado hasta que volvía a irse para abajo, a recoger los jugos que salían a raudales. Entre lo de arribá y lo de abajo, consiguieron llevarme dos veces al paraíso.

Se puso una de cada lado a repartirse mis tetas, en un momento las juntaron, y sus bocas coincidieron, se besaban arriba mío como si yo no estuviera, me fui corriendo para abajo hasta llegar a donde tenían las tetas ellas, recién las dos se repartían las mías, ahora tenía cuatro para mi sola, empecé a chupar lo que pillaba mientras le iba metiendo los dedos en las almejas haciéndolas gruñir, puse todo mi empeño buscando que se enteraran, y ya fueron tres a cada una, me fui saliendo del medio y se fueron uniendo como una lapa hasta poder frotar sus protuberancias, igual no saque los dedos, así que ahora arrodillada en la cama me las estaba follando sin que se enteraran.

Ni en las mejores peleas cuándo eran jovencitas se prendían como ahora.

Se habían puesto como locas, se besaban, se chupaban, parecía que se quería meter una dentro de la otra: el orgasmo que tuvieron fue volcánico, mis manos chorreaban pero no las quitaba, me había quedado embobada mirándolas, y a lo único que atinaba es a seguir revolviendo el guiso; por ahí se calmaron, se miraron, y luego me miraron a mí.

-Yo pensé que eras tú – le dijo mi tía.

- Y yo pensé que eras tú, - le contestó Elisa – despabilada salió la chiquilla.

- Y voluntariosa, mira como sigue, - en ese momento me di cuenta y saqué las manos liberando tan bonitos coños, - creo que merece una recompensa, ahora me toca a mí, que tú ya se la comiste a gusto.

 Diciendo eso, me agarró y me montó arriba de ella poniéndose el coño en la boca, en un 69 dejándome el culo desprotegido, lo que aprovechó Elisa para abrirme los cachetes y darme lengua en la puertita de atrás.

Hace un ratito me parecía que no daba para más, y ahora me estaba derritiendo esperando que no pararan. Por ahí Elisa trato de meterme el dedo en el culo.

-No, por favor por ahí no.

- Déjaselo, que tenga algo para estrenar con quien más le guste.

De ahí en más, todo fue un torbellino de lenguas que se metían por todos lados; mientras una me lamía el clítoris, la otra se introducía dentro mío recogiendo mis jugos para salir pasando por mi perineo y parar en mi ofrecido culo, que si bien no quería que me lo violaran, esas lamidas me hacían desvariar.

A veces se juntaban las lenguas en la cavidad vaginal, y empezaba una pelea en que la ganadora era yo, tanto no podía resistir, al fin me corrí dejando a mis lamedoras disputarse los despojos.

Estaba desecha, creo que iba a tener que ir al gimnasio a ponerme en forma, me notaba medio floja, aunque no sé si el de Elisa era el más conveniente.

Se acostaron una de cada lado como antes.

-Bonita la niña, tan educadita, y como se la aguanta, se ve que la tía la tiene bien enseñada.

- Y no lo pongas en duda, es bien enseñada y bien aprendida.

- Me gustaría tener una tía así.

- Si necesitas una, te la puedo conseguir

- Y si mejor me enseñas tú.

Yo estaba como boba escuchando las tonteras de esas dos, sin poder moverme, cuando Elisa, pasó sobre mí, y se subió arriba de Claudia; por los besos que se daban me di cuenta que ahí no contaba, tampoco estaba para cuentos, así que me fui despacito a mi cuarto, dejando que la bulla la hicieran ellas, ahora no era eso lo que me iba a tener despierta, me acosté, así como estaba y enseguida me dormí.

Me desperté tarde, satisfecha acordándome del día pasado, tanto con Inés, como en casa. Me duché y me vestí para entrecasa, quería preparar un buen desayuno ya que me parecía que después del jaleo de a noche iban a estar hambrientas.

Estaba en eso, cuando apareció Elisa con una cara que daba pena.

-Eh, ¿Qué te pasa? Parece que tuviste mala noche

- Mala noche no tuve, pero ahora de día viene la realidad y me lleva por delante, y puedo tener mal día.

- Mujer, que realidad puede ser tan mala.

- El saber que Claudia nunca va a ser para mí.

- Bueno ¿no sé porque lo dices, porque ayer no note que te pusiera mala cara?

- Silvia, no sé cómo pasó, pero yo me enamoré de tu tía, lo de ayer fue lo de ayer, pero no quiero solamente eso, quería llegar a algo serio con ella.

- Pero si está loca por ti, nunca la vi tan entusiasmada, cuando está a tu lado la veo feliz, no seas tonta, si quieres algo serio lo puedes tener, y no te lo digo por ti, lo digo por ella.

- Gracias por querer animarme, pero tu tía te quiere a ti, y siempre va a estar para ayudarte cuando lo necesites, siempre fue así, desde que eras pequeña, tiene una fijación contigo, te quiere y te va a querer siempre, yo estoy sobrando.

- A ver, eso de que me venga ayudar cuando lo necesite es cierto, y también lo es que yo también yo voy a estar cuando me necesite, que me quiere también es cierto, como yo la quiero a ella, lo que tienes que entender es que a mí me quiere, a ti te ama, nosotras nos vamos a querer siempre, pero si cualquiera de las dos tuviera algo serio no seguiríamos haciendo esto, porque es más importante la felicidad, que sacarse un calentón; pero te doy la razón, aquí sobra alguien, y la que sobra soy yo.

- Silvia ¿lo dices de verdad? No me ilusiones si no es cierto.

- Te lo digo en serio, te ama, tira para adelante que vas por buen camino.

- Gracias, eres un amor. – y va que en el momento que me planta un beso entra mi tía a la cocina.

- Eh ¿qué es esto? Ya están tan calientes que no esperan.

- Claudia no pienses mal, le estoy agradeciendo a tu sobrina unos buenos consejos.

- Si los consejos los agradeces así, no me digas como agradeces los favores.

- Hazme uno y te muestro.

- ¿Qué favor quieres?

- Que seas mi novia.

- ¿Y para pedirme eso necesitabas consejos?

- Pues sí, sobretodo de ella.

- Silvi que consejos le diste.

- Que te pidiera que fueras su novia, que estas que te meas por ella.

- ¿Y esta es la sobrina que me quiere tanto? Mira cómo me haces quedar.

- Como una adorable mujer que me va a enseñar a ser tía de una adorable depravadita. - Le contesto Elisa –

- Chicas – dije yo – si las cosas van a ir en serio, mejor despídanse de esas orgías, donde ni saben cómo ni con quien están follando, si es que quieren tener futuro. – se miraron con picardía, y Claudia fue la que dijo.

- Sabes que tiene razón, yo contigo estoy a gusto y no necesito a nadie más.

- Yo tampoco necesito a nadie si vas a estar a mi lado, y tiene razón, tenemos que despedirnos de esa locura, ¿vamos al dormitorio?

- Vamos; a despedir la vieja vida, que después de hoy vamos a ser una pareja fiel y decente.

- Vente Silvia, ayudanos con la despedida, que si no vamos a tener que despedirnos solas, y eso no vale - me pidió Elisa.

- Que ¿Qué? – exclamé yo.

- Anda Silvi, no le hagas un feo a tu nueva tía, ¿tienes que hacer algo hoy?

- Nada que no pueda esperar.

- Pues entonces que espere

- Me fui sumisa, conociéndolas, mal no la iba a pasar; tan pronto entramos al dormitorio, empezó a volar la ropa, yo que era la más vestida, fui la primera en quedar despelotada, las chicas parece que sabían lo que hacían, metían mano, lengua, chupaban, lamían, a mí me pusieron el cerebro en pausa, y lo único que me andaba era la sensibilidad en el cuerpo, y en algunas partes lo sentía profundamente.

Después de esa gimnasia sexual, paramos un poco para descansar, Elisa se levantó para hacer algo con que recuperar fuerzas, al fin pidió pizza, pero estuvo haciendo un postre, la despedida iba a ser con todo y suponía que iba a terminar con un brindis.

Escuchamos el timbre, seguro era el de las pizzas, nos gritó para que fuéramos que estaba calentita, no sé si la pizza o ella, me levanté y busqué algo para ponerme, pero Claudia me dijo que mejor lo comiéramos como en el paraíso, desnudas.

Comimos con apetito, ya que desde la mañana no habíamos comido nada, así que poco duro la pizza, Elisa fue a buscar el postre, una fuente de crema con unas fresas que yo había comprado el día anterior.

-Mucha crema para tan pocas fresas. - dije

- Hubieses comprado más.

- Y yo que sabía que iba haber despedida.

- Bueno, igual, ya encontraremos algo para acompañarla.

 Las comimos todas enseguida.

- ¿Y ahora que te gustaría comer?

- Sobrinita con crema ¿Qué te parece Claudia?

- Uhm…creo que va saber bien rico.

Cuando me quise escapar, Elisa me agarró de atrás y doblándome la cara me dio un beso con la boca cargada de crema, esparciéndomela con la lengua por la mejilla siguiendo por el cuello; mi tía me untaba por delante, las tetas, pasando por todo el cuerpo llenándome la vagina, para eso ya sentía otras manos por mi espalda hasta llegar a mi culo, tenía crema por todos lados, pero encremada yo, encremadas ellas, me revolví abrazándome a cada una, llenándolas de crema también.

Fue a Elisa a la que se le ocurrió.

-Los postres se comen en la mesa, gritó.

No tardaron nada en subirme y dejarme despatarrada sobre el mantel, pelee un poco, pero no valía la pena, que cuanto más gusto les diera mayor gusto me darían.

Y me dieron; pasaban la lengua por todo mi cuerpo, y justo donde más habían puesto era donde más tardaban para sacarla, me giraron, me hicieron poner como perra, y una lengua se encargaba de descremarme el culo, mientras otra se me metía en el coño sacándome la crema, más lo que yo aportaba.

Siempre que leía relatos eróticos, me daba risa la cantidad de orgasmos que se atribuían, ese día yo no podía atribuirme nada, me tuvieron en una nube donde los orgasmos, aparte de no contarlos porque no daba para eso, no sé si se sucedían o era el mismo más largo, más los que fueron a parar a mi boca, que me daban tanto placer como los míos, si dijera cuantos son, mentiría.

No es que me hayan puesto el cerebro en pausa, creo que me lo anularon, porque lo único que sentía, eran los instintos de buscar el placer a como sea.

Me llevaron a la cama, sin darme la oportunidad de protestar, igual no lo iba hacer, y allí siguieron asfixiándome de gusto, yo ponía de mi parte todo lo que podía, que por sus gritos, creo que era bastante.

Al fin quede como ida, entregada, el clítoris irritado, las tetas coloradas, los labios hinchados, creo que hasta la lengua me quedó rasposa de tanto lamer, no vale la pena describir todo lo que pasó porque sería más de lo mismo.

Quedé adormecida, escuchando gemidos en mi oído; abrí los ojos y miré, Claudia estaba encima de Elisa, se separaban se quedaban mirándose a los ojos, y se abalanzaban a besarse como si recién se encontraran, me quedé viendo absorta, como después de todo el día, seguían teniendo esa llama que las acercaban con tanta pasión; me alegré por ellas y fui saliendo sin que lo notaran, me levanté de la cama, y sin siquiera buscar mi ropa, me fui a mi cuarto, allí estaba demás.

Estaba agotada pero contenta, que esas dos tuvieran tanto fuego para apagar, y que se bastaran por si solas, me llenaba de alegría; no me quedaban ganas ni para bañarme, sabía que después de esto, mis calenturas tendría que enfriarlas de otra manera, pero no me importaba, que fueran felices era lo mejor que quería para ellas y para mí, y pensando eso, así como estaba, me tiré en la cama y me quedé dormida.   

 

Ahora sí, aquí este es el último, si sigo tengo que cambiar de rumbo.


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