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Fecha: 16-Abr-18 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Las rutas del Panadero

GSilos
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Un panadero se ve obligado durante sus rutas a satisfacer las necesidades de pan y las "especiales" de sus clientas y clientes en bien de su negocio y bienestar. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

La Ruta  del sexo del Panadero

Mi suegro Armando, se retira este año del negocio del pan, y quiere que yo me encargue del proseguir con la pañería y alguna que otra ruta, con dos intenciones una de que yo tenga con que mantener a su bobalicona hija, y otra no dejar desatendido el negocio, y se vaya a meter otro  en la zona, por tanto  me insistía una y otra vez en que dejara el tema del taller y de tener las manos sucias, y me labrara un futuro dada mis especiales características, las profesionales y las particulares, pues más de una vez le entreví espinado como le zumbaba la castaña a su  hija  Trinidad, con mis 22 centímetros de pollón, aunque ello pasaba bastante del sexo, más allá de hacer lo necesario para lograr gemelos que era lo que ansiaba, por  tanto polvos cada período fértil, y poco más.

A D. Armando le  gustaba su hija la Trini, más bien porque le recordaba a su difunta y ardiente mujer, con cuyas aventuras me deleitó alguna tarde, en la cual me puso el rabo gordo, y que no sé como terminó en su boca, bueno si lo sé un dia me llevó de putas para que supiera lo que era una madura follando, y como en la zona solo había una buena ramera, terminamos los dos encamados con ella, y como a mi no me bajaba el hinchazón, entraron en competición Fermina y él en ver con que rapidez mi pinchón se desinflaba, y como a Armando le iba igual el pescado que la carne pues allí lo vi arrodillado haciéndome un buen pajote para ganarle la apuesta a la Fermina, de si lograba que me corriera en unos minutos tendría barra libre al chocho de la Fermina durante tres meses, con el permio de adicional de que deberíamos ir juntos.

Así fue como nos hicimos colegas de bureo sexual, y nos ecalomábamos a la Fermina a dúo, y en esos trastes pues terminé dándole a probar mi morcilla al bueno de Armando para que supiera en propias carnes lo que era una polla en su culo, pues se gastaba una polla normal de longitud, pero brava en grosor y muy cabezona.

De este modo me enteré que el negocio del pan, no solo era rentable, sino que tenía reservada para sí mismo, una ruta por la comarca para hacer cada x días,  en la cual  follaba como un perro en celo, por lo cual era necesario tener un buen recambio ante la eventualidad de abandonar el negocio, pues ya los años no daban para tanto tralle puteril, y era bueno que yo tomara las riendas, pues lo de Fermina , no era futuro para tanto polla, y lo de que su hija se aficionara más a satisfacerme iba para largo.

Al final acepté. Trabajando tanto en el obrador, donde me tiraba cada vez que podía a Jacoba Ambrosia una jamona seora de un recio pastor de la zona, con la cual termina enharinado y dejando nuestras huellas en el par que luego repartíamos por la comarca, mira que era bruja la la Jacoba, y como sabía ponerme en celo sentada en los sacos de harina dejando un esplendoroso felpudo  que me gustaba masuñar y llegar a sus grandes labios, y aquel inmenso clítoris que yo dejaba bien empinado para el recio de su marido se amorrara a él, y tarjera esos olores de cabra y sexo que tanto me gustaban.

A veces Jacoba se hacia una buena paja mientras amasaba el pan, y luego con el producto de aquellos caldos  y sus olores me embardunaba los morros, para que me fuera poniendo garañón hasta que esa decidía donde, dudando y en qué forma exprimirme el elixir de la lujuria, primaria como ella sola, pero de refocilar sabía tenia todo un doctorado, tanto era sí que era de las pocas hembras que se le habían resistido al Armando, al que había enrabado hasta el dolor más de una vez, pero de ahí a catarla había un abismo.

Tras conocer los secretos y los entresijos del obrador, Armando me fue poniendo al tanto de las rutas que él tenía en reserva apara sí, por aquello de dar salida a su energía sexual, y me dejaba para mi la mas peleona , la perversus la llamaba, la cual según el día lo garañón que er, mi juventud, y lo poco que me tenía exprimido mi esposa, a buen seguro que haría un buen seguro que dejaría la empresa y su buen nombre en buen lugar.

Durante unos días nos fuimos haciendo la ruta, dejando que él se despidieses de sus especiales clientes, a la vez que me presentaba y me avalaba en mi buen quehacer, presentando mi tarjeta de visita, como era mi buena polla, que alguna clienta/te ya quería probar al instante.

Armando sostuvo a su grey, en la idea que yo afrontase en solitario mis andanzas, y así fue como ve vi lanzado al tema del obrador de pan, y al folleteo montuno.

La ruta perversus, desfilaba por intricados parajes de la Comarca, y ene general no se hacía todos los días sino en varias tandas, pues eran clientes que demandaban grandes hogazas, otros7As sencillas barras, y como no, tratamientos muy especiales.

Empecé la ruta haciendo parada en el caserío de Lamuñus donde salió Doña Fernanda una noble de la zona la cual le iban según me contó Armando el sexo fuerte, o sea que salía toda recatada pero marcando formas y haciendo alguna caída de ojos e insinuación al inclinarse para escoger la barra de pan adecuada, y luego ella pagaba con un billete abundante y se refugiaba en su casa , tras lo cual yo debía correr para darle el vuelto, ya en la casa, con todas la puertas abiertas debía buscarla hasta encontrarla en una situación sugestiva, mirándose una pernil, o el wc dispuesta a hacer sus necesidades.

Mi misión sería simular una violación de su intimidad, y lo que le ponía en orbita orgasmal era sentir como sus ropas se rompían, bragas o sujetadores, eso la ponía a punto perejil, y así fue como encontré a la madura tras correr detrás de ella, recostada sobre el espaldar del sofá, mostrando un culo perfecto y unas preciosas nalgas, me tiré sobre ella, aparté las bragas y le fui encalomando a Tiburcio, mi pollón, yo creo al sentir tamaño instrumento y no habiendo visto antes, se olvidó de las rasgaduras y se abandonó primero a dejar hueco al manubrio, que sobó y tanteo, como jugando a que no entrase, para al final tenerlo todo dentro, tras un largo y enmudecido alarido y abandonarse tras un instante para hacer a Tiburcio, y empezar con el mete y saca mientras que mi pollón se acoplaba a un estrechito coño, le fui rasgando el sujetador, ya sus bragas había terminado en su boca para una mayor seducción, y allí me corrí y la deje medio desmayada en el respaldo del sofá rezumando la lefa sobrante que un perro que entro del jardín se aficionaba a saborear, seguro que lo próximo sería el coñito de la señora.

La verdad que en aquella postura su rodadito ojete se abría y cerraba como las medusas, lo cual era una invitación a la desfloración, pero tenía tarea por delante y aún tenía que hacerle llegar el pan a la familia de Floristeo, de los cuales Armando no me quiso contra nada para dejar a la sorpresa del momento la tarea que tendrían para mi preparada tal familia, de la cual venía el mote de la ruta Perversus.

Repartí el pan del resto de la ruta, sin muchas más sorpresas, que algún rápido morreo con la adolescente de los Fernandez, un restriego de chocho a cuatro dedos y chupado con la Casilda la Gorda, que estaba desfondada y que me prometía una buena velada si iba una noche a visitarla, cuando no estuviera su marido.

Les dejé un par de roces de Tiburcio, como quien no quiere la cosa a las dos habitantes de Saladaña, las cuales se entendían, pero por aquello de que ver sí dejaban meter baza a un garañón como yo en sus juegos, les dejé anotado lo que se perdían,  o con lo que podían contar.

Luego una visita rapidita a Doña Virginia, a la cual le entusiasmaban los enemas y a la que debía ayudar pues a la vez que le iba introducía el enema y retenía el líquido le gustaba chupar nabo, aunque odiaba el esperma, por tanto, te dejaba manosearla y ponerte como un burro, pero ahí se acababa toda la historia.

Me fui de ahí directo a la casa de los perversus en el caserío de Santiamén, los cuales tras escoger la más sabrosa hogaza entré en la casa mientras la Lola detrás de su cornudo marido, me palpaba el bulto, y yo le metía mano al culo sobando su buena nalgada.

Me hicieron sentar a  la mesa, justo enfrente de la Lola, y al lado del Lolo, al empezar a saborear la sopa , mi sorpresa era que el Lolo me iba bajando la cremallera del pantalón como sí con el no fuera la cosa, sacaba Tiburcio a tomar el aire, y olía sus dedos mientras iba a por el segundo plato, en ello estaba cuando sentí los pies de Lola buscar a Tiburcio , y tras untarse los pies con el tocino de la comida, dedicarse a restregarme la polla, ante la inexpresividad del Lolo, eso sí, vi como el Lolo se había sacado su larga longaniza  al aire.

En esas estábamos cuando sentí que me tiraban de Tiburcio para relamerse con él y darle un buen par de meneos, mira para abajo y allí estaba la señorita de los Perversus, relamiéndose y poniendo las herramientas de su padre y la mía alternativamente en orden de revista. Lolo hacía como si nada sucediera, y seguía comiendo, aunque de vez en cuando bajaba su mano y notaba como seguían las evoluciones de la perra de su hija, aunque parecía prendado de Tiburcio pues, lo soltaba mal, a la hora de que su hija siguiera con sus abluciones piruleras.

A Lola le iba la marcha, empezó a decir ya la hora del postre que calor hacía, y al punto dejó las tetazas encima la mesa, mientras desparramaba algo de miel por ellas.

Me invitaron a tomar café al sofá cama del salón, donde pronto nos quedamos in ropa, salvo la niñata, Lola me morreaba y Lolo se iba apoderando de mis nalgas con intensos sobeos y dejando que su longaniza se acercase lentamente a mi puerta trasera, que estaba a punto caramelo, pues la niñata se había encargado de dejarnos a los bastante embadurnados de saliva, miel y tocino, ponto Lola, que estaba en  las mieles más dulzonas del preorgasmo se puso de rodillas en el sofá y dejó ver una nalgada perlada de pelos negros, en las que se perdía su gran ojete, que por cierto se tragó a Tiburcio con un pececito, eso sí, fue sentirlo todo dentro y coger grosor, cuando  me invitó a meterle hasta los mismos huevos, aunque eso era imposible pues me tiraba de ellos `pr debajo, hasta no dejar que Tiburcio tuviera espacio para el mete y saca.

La verdad es que la jodienda con Lola, fue sublime, pues cuando creí perderme en su buen chocho, este pronto se hizo con el control del espacio y terminó siendo un apretado choco cuasi juvenil, a punto estaba de correrme cuando sentí la fina longaniza penetrarme, era una cosa que no sentí hasta que llegó muy adentro y hasta era agradable como me masajeaba la próstata y el largo canalillo anal.

Estaba con los ojos cerrados del chocho de la Lola y de la longaniza del Lolo, cuando me embuten la cabeza en una especie de pasamontañas de cuero que la guarra de la hija que era una transexual me metiera la pirula en la boca mientras por encima de mi espalda se morreaba con su padre.

Vaya familia, el intercambio de papeles, de chochos y culos fue interminable y me fui para casa como una exhalación pues estaba derrotado y Tiburcio hecho un churro, me iba para casa cuando pasé por la oficina y de refilón vi como mi suegro se entusiasmaba con la nalgada de mi señora, mientras alguien debajo de la mesa le hacía una mamada. Manda madre donde me había metido.

A los dos días seguí con el reparto del Obrador, ahora otra pequeña pero no menos intensa ruta, donde en Villoria, el Leandro me cogió directamente el culo, y sobaba a Tiburcio, del cual ya tenía noticias, Me dijo yo lo sé todo, y sino quieres que vaya con cuentos, mejor me empalas aquí mismo, y así fue como  se echó encima de la furgoneta  y  bajarse los pantalones, y tras ordenarme que le escupiera el culete,  me invitó a tomar posesión de aquella plaza con la mayor rudeza, lo cual Tiburcio entró a matar, para delicia del crápula que decía: ¡Mas…, no¡. Pero tiraba para atrás para que no quedase el más mínimo centímetro fuera.

Un fuerte mete y saca , mientras se hacía pajilla y cuando me iba a correr me dijo que no lo hiciera pues le guastaba meter que  por amplio prepucio de su pirulillo le metiera a Tiburcio, y polla con polla me corriera dentro de la suya con masajeo incluido. Una curiosa novedad que nunca se me hubiera ocurrido, y que me sirvió para un disfrute de la pasa final.

La siguiente en el reparto era Doña Ambrosia, una culona metida en años y en kilos, con un buen clítoris a modo de importante pirulillo, cual el cual gustaba de montar a sus perras y perros, y a la cochinas y cochinos que por allí pululaban, tenía un hijo deficiente bastante mayor, que se gastaba un buen badajo el cual colgaba por la bragueta todo el día, y al cual ponía firmes en un minuto disfrutando de cuanto se ponía a su merced: gallinas, cabras, su propia madre si venía al caso.

Cuando llegué Filomeno tenía berreando una serie de cabras por probar su buen látigo, la que tenía entre las piernas berreaba yo creo de placer y las otras berreaban pidiendo su turno, su madre la Ambrosia sentada se reía a mansalva mientras entre sus faldones se veía la cola de perro que debía estar dándose el festín lamiendo el chochazo y el ojete de la aldeana, dada la alegría con que se movía.

Me saludo me cogió el pan, y me invitó a sentarme en el banco con la espalda apoyada en la pared de la casa, le pedo un remando al perro y se pudo de rodillas para hacerse con  Tiburcio, al cual lo puso tente firme,  con una mano me cogía el cipote y apretaba mis huevos mientras me hacia una buena mamada, con la otra mano hurgaba sus entrañas, para lo gorda que estaba se retorcía la mar de bien, se untaba todo, mi polla su lefas y salivazos, a los cuales prestos corrieron un par de mastines intentando hacerse con el alguno de los agujeros de Ambrosia, que una vez estaba en trance, fue levantar el faldamento y dejar su blanca nalgada para que toda la granja se pudiera en movimiento, porque el que les arrebató el chocho de Ambrosia a los mastines, fue un impresionante macho cabrío que se hizo con la plaza y no debió pillarle el choco, sino el agujero de más arriba, pues la Ambrosia se vio emburriada a tragarse todo mi cipote, sintiendo como el bravo macho cabrío le entraba hasta las entrañas y a mi  me soltaba un bufido de macho cabrío pestilente como él solo, se salió en pronto, pero dejó a la señora bien servida a juzgar por los vidriosos ojitos que mostraba.

Tras este encuentro seguí la ruta sin muchas más complicaciones por caseríos y aldeas donde me dejé querer y subliminalmente vendía mi ayuda.

Por la tarde la última entrega que era a  Teresa la peliculera, esta en general tras la entrega en mano en la casa se montaba alguna escena de seco que había visto en la TV, por tanto las dos entregas que me tocaron, una fue hacérselo como si fuera el Cartero llama dos veces, y tuve que cumplir el papel de buen panadero y follarla por la dos puertas, tras una pertinente llamada y refriegue con mejunjes y harinas  con los cuatro costados, tanto fue así que mi mujer cuando llegaba a casa hasta me miraba raro.

Otra de las entregas fue colocarla encima de una ruidosa lavadora, que puesta al máximo el programa de centrifugado había que follarla a toda caña. En esta ocasión como sabía que venía ya caliente pues ya le había dicho que tenía que dejar pan a  la señora Ambrosia, sabía que esta me iba a poner el horno caliente, por lo cual no se le ocurrió otra cosa que hacerlo encima del pequeño congelador, y con las puertas abiertas y un frio de carajo en mis partes pudendas, el cual subía por el nabo arriba tenia que follarla, pues opinaba que esa sensación de frio y calor, más a los embadurnes con los cuales frotó a Tiburcio, este a la mañana siguiente cuando fui a montar castamente a  mi señora, tenía la polla que parecía un melón deformado, por lo cual mi casta señora me preguntó donde había estado metiendo la polla para presentar ese cuadro.

Se negó a los servicios sexuales quincenales, por lo cual tuve que resarcirme de una temporada de abstinencia en todos los sentidos.

Acudió en mi ayuda Jacoba, indicándome que sabía que Armando empezaba a querer enrabar a su hija, y me prometía que la podía poner muy perra, pues ya antes lo había hecho con su madre hasta ponerla al servicio del cabrero, su marido, que la perreaba todo lo que quería hasta ponerla a cuatro patas y desnuda por el campo a merced de sus animales y de su misma polla, o siendo una buena lamedora mientras ellos follaban.

Y así fue como poco a poco, La Trini se fue enrabando de vez en cuando con su padre que la puso tibia, y  cuando quedó preñada y las tetas se le inflaron la Jacoba se hizo con las ricas mieles de sus tetas y chocho, y de tal manera me la encelaba que luego reclamaba a la mínima la atención de Tiburcio, sobre todo cuando la enculaba y sonaba la entrad del cabezón de la polla, como si descorchase una botella de champán, la muy condenada después de no querer polla, quería estar todo el día subida al potro.

Le conté que eso no era posible pues me debía a la clientela, a la cual incluso la podía integrar. Me montó pues un pollo de aquí te espero, pero cuando le enseñe los videos que le sacó la Jacoba con ella y el dale que te pego de su padre, se le bajaron los humos, y se acopló a uso, costumbres y horarios para el bien de la buena fornicación y la buena hacienda.

Gervasio de Silos


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