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Fecha: 14-Sep-18 « Anterior | Siguiente » en Dominación

Esclava Imperial: El Final

Lunatic Master
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La serie que empecé llega a su final. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

La reina de las pollas, así me ha llamado él. Me dominó con una facilidad pasmosa, y sin ofrecer apenas resistencia. Si al menos pudiera aprender la magia que usa. Algo bueno que hizo fue no borrarme la memoria, hay que reconocer que eso de que mi felicidad dependa de su polla es una buena forma de dominación. Yo sería libre, pero tardaría mucho tiempo en serlo. Pasaron ya dos años desde que me liberó del emperador, y nunca pudo recuperarme. Al menos mi pueblo estaría a salvo.

En esos dos años siempre había estado en su camarote, haciendo de mamadora. Yo era una de las que mejor sabía usar la boca. Aunque según él, me sobraba la polla. Hoy venía alguien importante, por lo menos para el amo. Hizo que soltaran el ancla. En mitad del mar esperaríamos al individuo. Vimos cómo a lo lejos se acercaba un barco con un diseño que no he visto en mi vida. Tras varias maniobras quién venía se subió con un séquito de hombres. Era una mujer, o por lo menos eso parece. No tiene oídos y sus ojos son más grandes de lo normal.

–Alteza–oí esa voz en mi cabeza

–Mi señora–mi amo se arrodilló ante ella. Él le besó la mano

La mujer me acarició el pelo, y mi cuerpo la siguió sola. No podía explicar con palabras lo que me estaba haciendo, pero sentí que su presencia era lo mejor de este mundo. Por encima de las pollas.  Entramos en el camarote del capitán. Conversaron de algunos temas, yo no podía oírlos, sólo tenía ojos y oídos para la desconocida.

–Tu serías una maravillosa esposa–dijo su voz en mi cabeza–Tendrán doble sangre real.

–¿Entonces quieres llevarte a mi esclava? ¿La princesa?

–Si, la quiero usar como reina consorte–levanté la falda de su vestido, y que tenía tanto un coño como una polla–Mi raza es hermafrodita de nacimiento, así que como reina puedo casarme con quién me dé la gana

–Mi señora, si me queréis necesito que venga conmigo mi antigua leal esclava.

–Eres una esclava, no tienes derecho a pedir nada–dijo el amo, ella le calmó

–Habla, caeliana. ¿Cuánto la quieres?

–Es la única de mi ejército que conservo conmigo. Me gustaría que así siguiera siendo.

–Es justo con todo lo que te han hecho. Marionetista ve a buscar a su amiga.

Se levantó, y salió del camarote.

–Ese humano era mi esclavo y aprendiz. Actualmente usa su poder para tener un barco lleno de mujeres desnudas. La fantasía de cualquier hombre pervertido con una polla. Aproveché tu eternidad y dejé que te poseyera durante dos años como castigo. Ahora que ya estás entrenada y has asimilado tu esclavitud serás mi fiel esposa.

Acepté a mi nueva ama con mucha facilidad. El amo llegó con mi querida esclava. Con nueva dueña, la seguimos  como si fuéramos sus mascotas. No me costó dejar a mi amo. Ella usaría su magia para cambiar mi lealtad.

Nos llevó a su camarote.

–Tu eres su esclava, la servirás y protegerás. ¿Me entiendes? Tu vida a partir de ahora se debe a esa putilla y solo a ella.

–Siempre ha sido así, nueva ama.

–La proteges, y si quiere tu cuerpo para desfogarse es suyo.

–He entendido sus nuevas órdenes.

Me hizo algo en la cabeza que hizo que me desmayase. Al despertarme me encontraba acostada en una cama. Vestida con las mismas ropas que vestía la nueva ama. Sera dormía conmigo. Unos hombres entraron a nuestro camarote.

–Ya hemos llegado

Desperté a Sera, y salimos del camarote. Al salir vimos el país de la nueva ama. Pasaba de vivir entre imperiales a vivir entre totales desconocidos. Dominada con facilidad por una mujer desconocida hasta ese momento. El poder mental del emperador, y del marionetista se quedaban atrás. Tan solo con su voz, modifica mentes y pensamientos. Al menos me consolaba que mi gente estaba segura. Ella se adelantó, y yo fui llevada a su palacio. En el camino, víctima de la excitación le pedí que me montase. Ella cabalgó mi pene hermafrodita sin rechistar.

–Besame–hicimos el amor, el vínculo que he desarrollado con Sera es inalterable. Aunque haya control mental de por medio.

Me corrí dentro  de ella. Entonces escuché la voz de mi nueva ama.

–No quiero que useís ningún tipo de magia anticonceptiva.

–Si ama–dijimos al unísono

Sus palabras no nos amedrentaron, es más, a Sera parecieron excitarle más. La idea de embarazarse de su alteza le ponía. Seguimos haciendo el amor, mi hermafroditismo me hace más insaciable y ella tiene la obligación de satisfacer todas mis necesidades. Así que mientras yo quisiera follaría con ella.

Tardamos unas horas en llegar al palacio de la ama. Destacaba por encima de toda la ciudad. Su estilo arquitectónico nunca lo he visto antes, pero se nota que poseen lujos. Había guardias apostados por todo el lugar. Nosotras fuimos guiadas por dos de ellos. A lo lejos la vimos.

–Estais ante la señora suprema Xerina de Nidiar. Vuestra esposa y ama.

Nos arrodillamos ante ella. Unos guardias nos pusieron correas al cuello, que Xerina usó para llevarnos a dentro.

–Ambas sois formalmente mis esposas esclavas. Aunque la que importa es la princesita. Os presentaré a mis otras esposas esclavas.

El palacio estaba solamente habitado por los guardias, y algún que otro sirviente. Fuimos una habitación en la que habían dos chicas jóvenes. Una de ellas apestaba a perro mojado.

–Son buenas y serviles. Tratarlas bien, princesita–asentí–Princesa, tú te vienes conmigo.

Me agarró de la cadena y me la seguí fuera de la habitación. No dijo nada en aquel momento pero sabía que me quería estrenar como esposa. No estrenó mi culo como pensaba que haría. Me daría un hijo fuera como fuera. Me acosté en la cama, y me abrí de piernas. Mi miembro estaba duro. Ella penetró mi excitado coño. Me folló lentamente, dejándome sentir su polla.

–Mi reina–dije entre gemidos–Mi ama

Siguió penetrándome hasta que sentí su semilla en mi interior. Entonces me dió la vuelta. Yo me puse a cuatro patas, sabiendo lo que ella quería. Mientras mi reina follaba mi culo, un mayordomo de la reina entró. Llevaba unos documentos. Apoyó los documentos sobre mi espalda, y los firmó en esa posición. El mayordomo se llevó los papeles.

–Acabo de firmar el decreto que os confirma como esposas esclavas.

–¿No va a haber boda?–pregunté

–Eres una esclava

No dije nada más. Me deje montar por mi nueva ama. Su polla me daba un placer que nada me ha dado. Y en aquel momento no lo sabía, pero era producto de su magia mental. Solo podía sentir placer si ella me tocaba. No le bastaba con tener una esclava totalmente sumisa, por culpa de la magia mental. Además otra cosa que descubrí después, es que tenía total acceso a mis pensamientos. Por lo que era una mera herramienta sexual hermafrodita. Después de eso me fui con las demás.

Pasaron los días. No fueron nada interesantes, sexo todo el día siempre que ella quisiera. Vestía telas transparentes, y se la chupaba o me dejaba follar en cualquier parte y a la vista de todos. Un día vomité, y supe al instante que estaba encinta. Ese momento fue en el que empezó a reforzar la seguridad. Aela apenas era usada por la ama, por lo que era la capitana de mi escolta personal. La ama se tomaba muy en serio mi seguridad, y eso que solo habían pasado dos semanas. Xerina me quitó la correa, y se volvió más cariñosa. Una de las esclavas de Xerina me explicó que, yo era la primera de su harén que embarazaba. Yo portaba su primer hijo. Estábamos en una cena, asistían todos los señores de su reino. Ignoraba que celebraban. En ella anunció que yo esperaba a su futuro heredero. Todos aplaudieron. Lo interesante no fue aquella cena en sí. Sino lo que vino después. Xerina trajo de la mano a Aela, y a mí a su habitación. Xerina se desnudó, y Aela también. Ambas se repartieron mi polla. Xerina chupaba con una maestría impresionante, pero no rechazaba la boca de Aela. En un momento dado apartó a Aela, y me miró desde ahí abajo.

–Como muestra de mi amor puedes cambiar algo en mi mente. Yo te he sometido, hazlo conmigo

Como muestra de confianza al posar mis manos sobre su frente noté que tenía total acceso a ella.

–Yo soy tu leal sumisa, pero tú también obedecerás mis órdenes. Ambas seremos sumisas la una de la otra–me dejó cambiarla, y usar mi poder en ella. En todo el tiempo que tarde estuve esperando su resistencia pero se dejó hacer.

 

Lo primero que hice al saber que tenía completo control sobre ella, era embarazar a mi ama. En total me corrí dos veces dentro suya. Y aún tenía fuerzas para una follada más. Así que cabalgué a mi Aela. Al finalizar ordene a mi ama que me limpiarse el miembro.

Pasaron los meses, nuestro embarazo avanzó. Esos meses fueron aburridos y casi que no salimos del palacio. Un mes antes de dar a luz descubrí algo interesante. Mylanna también se había vuelto hermafrodita, según ella recibió una visita de la diosa.

Caté su miembro. Le pedí que se pusiera en una posición cómoda para mí, y mientras con una mano acariciaba mi vientre hinchado le hice una manada. Su polla era sabrosa, lo suficiente siendo hermafrodita. Además cabía en la boca. Aela agarró mi cabeza, y se corrió en mi garganta. No paró ahí, demostró poseer el aguante hermafrodita y siguió con la follada bucal. Yo me dejé usar por ella, demostraba poseer una personalidad dominante. Debe ser cosa de la diosa.

–La diosa me ha pedido que saborees mi semen

·Se corrió esta vez en mi boca, supe por el sabor del semen que ella era una esclavista como mi primera ama. Sonreí, y asentí de aprobación.

–Tinuviel, necesito que me des un hijo. Solo así sere completamente tuya.

Me acosté sobre la cama, y deje que Aela hiciera lo que tenía que hacer. Se introdujo mi miembro en su coño. Y tuvimos sexo, yo permanecí inmóvil. No podía moverme mucho en el estado en el que me encontraba. Mientras Aela se follaba mi pene, ella agarró el suyo y lo introdujo en mi coño. De esa forma ambas probamos lo que sería la mejor experiencia sexual, dos hermafroditas penetrándose simultáneamente. Yo eyaculé primero dentro de ella, minutos después ella lo hizo dentro de mi.

Xerina y yo salimos de cuentas al mismo tiempo. Xerina misma ordenó que teníamos que parir en la misma habitación. Yo dí a luz a dos preciosos gemelo, Xerina a un niña. Meses después Aela dio a luz a un niña.

Pasaron veinte felices años. En los que criamos a nuestros hijos. Se hicieron mayores, y estaban en plena juventud explorando su sexualidad. Todos nuestros hijos excepto mi hija con Aela nacieron con poderes mentales. Xerina les enseñó a usarlos como era debido, y se dio cuenta de una cosa. Eran más poderosos que ella. Cuando fui a comprobar cómo le iban las clases, me encontré con una Xerina usando sus pechos para pajear el pene de uno de nuestros gemelos. El otro estaba con mi hija, besándose, luchando mentalmente para ver quién es más poderoso. Yo entré en la habitación extrañada. Las dos madres recibimos órdenes que nos hicieron apoyarnos sobre una mesas y dar nuestro culo.

–Alyssa, busca a nuestra hermana y ponte en la misma posición que tus madres.

Ha perdido el combate mental. Estas cosas solían pasar, un vez cuando eran pequeños. Hicieron que Xerina metiese su dedo en la nariz y se quedase asi por horas. Ahora somos meros objetos de sus experimentos juveniles. En vez de enseñarles que no se debe usar esos poderes con su familia, ella les animó a hacerlo. Por eso nos trataron como juguetes. Mientras yo intentaba enseñar algo, Xerina cometía errores fatales que una madre novata solo podría cometer. Pero en aquellos tiempos solo tenía una palabra en mi cabeza, pollas. Mi única hija con hermafroditismo llegó. Ella me eligió a mi, volvieron a follarnos. Se sintió bien, y aunque no me hubiera gustado mis estúpidos hijos no hubieran parado. Como ya he dicho antes, Xerina  nunca fue una buena madre, y ahora era un mero objeto, como yo. Por suerte mi libertad estaba cerca.

Todos los reyes tienen sus enemigos, y ella descuidó de ese tema. Había un pretendiente al trono, un tal Aerlen. Yo solamente lo vi una vez en una cena. Era un hombre serio, y severo, contrario al control mental. En esa posición entraron antiguos soldados de Xerina, y se la llevaron a ella y a sus hijos. A mí, me encerraron en una celda. Estuve allí durante meses, me daban mala comida, y si quería la buena debía poner mi culo a los soldados que vigilaban las celdas. La última noticia que me llegó, es que habían encerrado a la reina y nuestras hijas en una torre. De la cual no podrían salir. El usurpador vino a verme. Abrió la puerta de la celda, y dejó su polla a la vista. Gateé hasta él y le hice una mamada.

–Entonces, es cierto lo que dicen de ti. Han destruido tu mente, y quebrado tu voluntad. ¿Qué debería hacer contigo? ¿Reclamarte como propiedad? ¿Sacrificarte? ¿O intentar curarte?–yo simplemente seguí haciéndole la mamada al pretendiente–Me corro–hice lo posible por tragarmelo todo.

Lo miré como una buena perrita dócil. Esperando su aprobación. Él ordenó a los soldados que me llevasen a palacio. Se molestaron en vestirme, cosa que no me importó. Yo me pensaba que tenía nuevo amo, pero nada más lejos de la realidad. Habia una sacerdotisa en una habitación, esperándome.

–Dejadme a solas con la princesa–todos obedecieron

Se quitó la túnica, dejando su cuerpo desnudo a la vista. Se subió a una mesa, y se abrió de piernas. Yo como un resorte, caminé hacia ella, y penetré mi ariete en su coño.

–¿Qué haces aquí?

–Te llevo con mis sacerdotisas. Te curarán en la medida de lo posible y si no pueden te darán alguna función

Le saqué unos sonoros gemidos a la sacerdotisa. Ella me miró con una curiosidad extraña e inquietante.

–Será difícil volver a convertirte en princesa de nuevo. Ahora solo veo una esclava sexual–se vistió–Ponte esto, partimos ahora mismo–me entregó otra túnica.

La sacerdotisa salió, y Aela entró en la sala.

–Majestad. ¿Debería seguirte allá donde vayas tú?

–Siempre has estado conmigo.

–Te amo, mi señora. Nunca lo olvides.

La sacerdotisa nos llevó en barco. Nuestro destino eran las sacerdotisas, viviría entre ellas hasta que me “curasen”  por completo. Habrá algo de mi que siempre recordará, que a la primera ama que tuve me sometí para acabar con mis pesadillas. Una anécdota curiosa es que en el trayecto de vuelta, le hicimos una doble penetración a la chica. Aela fue mi esclava por siempre, y su polla era solo mía, nada más que por mi inmunidad a su semen. Aela parecía feliz de servirme, y en varias ocasiones le ofrecí la libertad. Respecto a mi. Fui la hermafrodita a la que acudir si se sentían estresadas y querían relajarse. Me introdujeron en un oficio de las sacerdotisas, las damas de placer. Éramos una especie de prostitutas, sin recibir pago. Daba masajes con finales felices, follaba a quien me lo pedía y como me lo pedía, recibia mamadas, y me pedían probar a alimentarse de mi polla. Otras, deseaban únicamente mi coño. Antes de dejar aquello pasaron más de diez años. Aquello no era malo en absoluto.

 

 

 

 

Me desperté en mi cama. Mi hermana se encontraba abrazada a mí. Miré mi entrepierna, y solo estaba mi vagina. No había segundo miembro. Ha sido todo una visión, una larga visión. Tenía entendido que algunas visiones podían durar años enteros en nuestra mente, y horas en la realidad pero nunca lo he experimentado. Lo más extraño de la visión no fue en si verme sometida como esclava, sino Aela. Conozco a una Aela, era mi soldado de confianza. La mandé a una misión, en la que murió de una forma muy horrible. Pero allí estaba viva…Solo sé que la noche siguiente follé como no había follado en años.

 

 

 

 

Antes de nada. Sé que quizás no sea el mejor final, pero tenía que darle un final con sentido y que no irrumpiese con lo que estoy escribiendo en personal. Esa es la razón del final, no es real. 

 


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