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Fecha: 14-Sep-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Al fin mi novia está con otro hombre.

andres88
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Tras insistir un poco en querer verla teniendo sexo con otro hombre, ella lo cumple...aunque a medias. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Antes de empezar debo decir que Marta sigue con sus puterías, y si quieren que retome alguna de las historias que me ha contado me comentan y la cuento, o le digo a ella que la escriba.

Ahora sí, debo decirles que han pasado un par de años y ya soy una persona profesional, con un trabajo de oficina. Conseguí una novia que fue amiga mía durante algunos años y nos contábamos nuestras historias y nos teníamos bastante confianza, por lo que sabíamos mutuamente nuestros rollos sexuales y otras historias que se cuentan entre amigos. Con esas historias me enteré de que ella era relativamente liberada en el tema sexual, le gustaba mamarlo, el anal, que se le vengan encima y otras cosas que para algunas mujeres es inaceptable.

Tras un par de años de relación, y un día tras tener sexo empezamos a hablar y le dije:

-          ¿Qué fantasía tienes?

-          Hacerlo en público puede ser. ¿Tú cuál tienes?

-          No sé, creo que ninguna.

-          No te creo, alguna debes tener – me dijo-

-          Pues puede ser una, pero no sé si te moleste

-          Dime

-          Quisiera verte con otro man teniendo sexo.

-          ¿En serio?

-          Sí, ¿no te gusta? -pregunté-

-          Pues es como raro.

La conversación prácticamente quedó ahí y no tocamos más el tema por un tiempo, sin embargo, cada que yo veía porno imaginaba que era ella a quien se estaban comiendo y eso acrecentaba mis ganas de hacerlo realidad, pero ella siempre se negaba. Pasaron meses en que casi ni tocábamos el tema hasta que volvimos a hablar mientras bebíamos algo en un bar, entonces ella dijo:

-          ¿De verdad quieres eso?

-          Sí -le respondí-

-          ¿Qué tanto?

-          Lo suficiente para habértelo dicho.

-          Ammmm…-dijo mirando hacia otro lado-

-          ¿Lo estás pensando?

-          Eeeeee…digamos que sí lo he venido pensando y no me parece tan descabellado, aunque me da un poquito de miedo.

-          ¿Miedo de qué? – pregunté-

-          De que nuestra relación se dañe.

-          Tranquila, no va a pasar nada.

-          Pero es que yo no soportaría verte con otra, no sé tú cómo reacciones si me ves con otro.

-          Tranquila, la sola idea me excita. Si llega a pasar va a ser mucho mejor.

-          Mmmm…

-          ¿Y, quieres que lo intentemos? -pregunté aprovechando que había bajado la guardia no sé si por el alcohol o porque realmente lo quería-

-          Pues sí, pero no sé cómo-dijo entre resignada e intrigada-

-          Déjame pienso -le dije sabiendo que yo tampoco había pensado cómo hacerlo, pero de pronto se me ocurrió algo-. Pues mira si alguien de acá te gusta o te parece atractivo y empiezas a coquetearle.

-          Me da como cosa la verdad.

-          Tranquila, hazlo.

Ella aceptó y empezó a mirar en las mesas cercanas, y se quedó mirando a un par de hombres que había, pero parecía no prosperar nada. Seguimos nosotros hablando y ella de vez en cuando se miraba con un hombre a unas dos mesas de distancia, quien sin disimulo la observaba y yo al darme cuenta la animé a que diera otro paso. Le dije que le hiciera una mirada o una seña y caminara hacia la barra, lo cual hizo y como yo había pensado, él la siguió. Pasó apenas un par de minutos cuando ella volvió

-          ¿Qué pasó? –le dije-

-          Hablamos un momento, me dijo que por qué lo miraba y le dije que me parecía lindo, y entonces él me dijo que yo también era una mujer muy bonita. Entonces me dijo que si fumaba y le dije que no, y me dijo que si lo podía acompañar afuera a fumar un cigarro.

-          ¿Y tú qué le dijiste?

-          Que no sabía.

-          ¡Nooooooo, cómo vas a hacer eso! -dije casi desesperado-. Debiste decirle que sí, es la oportunidad.

-          Pero…no estoy segura.

-          Dale, ¿no te gusta?

-          Pues sí, pero…-intentó hablar pero la interrumpí-

-          Dale amor no pasa nada, disfruta el momento. Tú le gustas y él te gusta. Igual afuera no creo que nada pueda pasar.

-          Está bien-dijo-

Nuevamente se quedó mirándolo y le hizo alguna seña mientras yo me hacía el desprevenido mirando hacia la barra. Al instante, ella me dijo que ya volvía yendo hacia afuera del bar tras él. Debieron pasar unos quince minutos antes que volviera cada uno a su mesa.

-          ¿Y? - dije-

-          Salimos y hablamos un rato y empezó a decirme que yo era muy bonita y yo le decía que él también estaba muy bien, y empezó a acariciarme la cara y el pelo y yo le puse la mano sobre el pecho. Seguimos hablando y nos fuimos acercando cada vez más y nos reíamos, él me abrazaba y me acariciaba hasta que en un momento me besó.

-          ¿Tú qué hiciste?

-          En un primer momento pensé en separarme, pero él me tenía agarrada fuerte por la cintura y me dejé llevar, entonces nos besamos, hablamos y nos volvíamos a besar.

-          ¿Te gustó?

-          Sí – respondió-

-          Mira cómo me puso eso -le dije mostrando mi pantalón en el que se notaba mi erección-. Háblale otra vez y hazle la propuesta.

-          Vale.

Volvieron a salir y al rato ella volvió un poco aburrida

-          ¿Qué dijo? -pregunté-

-          No, salió con muchas evasivas y al final dijo que no. Que le diera mi whatsapp pero no se lo dio me dio mal genio.

Yo estaba tan o más decepcionado que ella, mientras ellos estaban afuera ya en mi mente había imaginado a aquel hombre tirándose a mi novia mientras yo me masturbaba. Lamentablemente nada pasó y a los pocos minutos salimos de allí casi sin cruzar palabra.

Sin embargo, la idea ya había quedado instalada en ella y eso me tranquilizaba. Tras un par de días volvimos a hablar del tema y ella se notaba cada vez más segura de hacerlo. En un par de salidas lo volvimos a intentar sin el éxito esperado, pues a pesar de que se besaban y alguno recibió una mamada en el baño de uno de los bares, nunca pudimos cerrar el plan.

Tras esos intentos infructuosos, al fin llegó el día de nuestra suerte, y digo nuestra porque ya ella tenía tantas ganas como yo de que otro hombre se la tirara, no sé si por amor propio o porque había vuelto a sacar su lado más sexual, estaba muy convencida de hacerlo. Antes de continuar voy a hablar un poco de ella: Es una mujer de más o menos treinta años, de 1.60m aproximadamente, delgada, cara bonita, pechos abundantes y cola bien puesta, aunque no es lo que más sobresale en ella. Generalmente se viste muy recatada y lo que más usa para llamar la atención son escotes sabiendo que sus tetas llaman la atención. Ese día fuimos a una discoteca donde ponían todo tipo de música, y ella llevaba unos jeans ajustados, zapatos de tacón, blusa con escote no muy pronunciado y una chaqueta negra. Nada llamativo.

Entramos al lugar y un mesero nos ubicó en una mesa donde pedimos una botella de aguardiente. Como generalmente ocurría, ella buscaba con su mirada y yo me hacía el loco para ver si ella podía llamar la atención, aunque ese día no hubo mucha fortuna. Tras un buen rato, ella se levantó a bailar reggaetón sola ya que a mí no me gusta mucho bailar porque no soy muy bueno. En ese momento, vi cómo algunos hombres la observaban atentamente y cuando ella volvió a la mesa traté de decirle quiénes eran, pero apenas pudimos ver a uno que no le gustó para nada. Siguió la noche y ella fue hacia el baño, y cuando volvió me dijo:

-          Estaba haciendo la fila para entrar al baño y nada, un tipo me empezó a mirar, y me pareció lindo y lo me quedé mirándolo también. La cuestión es que cuando salí del baño y venía hacia acá, se paró frente a mí y empezó a hablarme.

-          ¿Y qué te dijo? -le pregunté-

-          Me dijo que ya me había visto hace un rato bailando, y que era muy bonita, que por qué estaba sola. Y yo le dije que estaba contigo pero no te gustaba bailar, entonces me dijo que muy mal dejar bailar sola a una mujer como yo.

-          ¿Y tú qué le dijiste?

-          Pues que si le parecía muy mal entonces bailara conmigo, entonces se rio y me dijo que si quería él podía bailar conmigo y le dije que sí, que cuando quisiera bailábamos.

Casi no termina de contarme la historia cuando apareció un tipo en nuestra mesa y la invitó a bailar, tras lo cual ella accedió sin siquiera dudarlo ante mi atenta mirada. Yo los veía bailar y empezaron a hablar y luego a reír hasta que terminaron y finalmente volvieron a la mesa:

-          ¿Me puedo sentar? – me preguntó él-

-          Sí, claro.

-          Mucho gusto, mi nombre es C***,

-          Un gusto, Andrés.

-          Déjeme decirle que Johana es muy bonita.

-          Muchas gracias – dijo ella-.

-          ¿Y al tener una novia tan bonita no le dan celos?

-          ¿Celos de qué? – le respondí-

-          Pues de que los hombres se fijen en ella y quieran conocerla mejor. -me respondió-

-          No, por el contrario, a mí eso me halaga -respondí mientras ella lo miraba de forma cómplice,

-          Eso me decía hace un rato Joha, m decía que usted es muy relajado.

-          Sí, él no pone problemas por eso. -dijo ella mientras le ponía una mano sobre la pierna-

-          ¿Entonces usted no tiene problema en que yo la quiera “conocer” mejor?

-          Para nada.

Dicho esto, volvieron a levantarse para bailar y esta vez fue mucho más cercano su baile y sus manos eran mucho más inquietas que la primera vez. Era un reggaetón y no sé si él le acercaba el paquete a ella o ella era la que se pegaba a él con movimientos lentos hasta el punto de llegar a besarse, tras lo cual C me volteó a mirar un poco inseguro, pero yo sonreí y él se tranquilizó y volvió a su baile y sus besos con Johana. Volvieron a la mesa y tras tomar un par de tragos y charlar un momento, ella se levantó de la mesa y él aprovechó para decirme

-          ¿Ella de verdad es su novia?

-          Sí, claro.

-          Es que no puedo creer que yo la bese y todo frente a usted y yo como si nada.

-          ¿Por qué? -pregunté con total naturalidad-

-          Digamos que no me parece normal, Johana si me decía que a usted no le importa que yo esté con ella, pero me parece extraño.

-          Pero es verdad.

-          Bueno, está bien. ¿Pero hasta qué punto está usted dispuesto a dejarme llegar con ella? -preguntó afanoso-

-          Eso no me lo debe preguntar a mí, se lo debe preguntar a ella. Yo llego hasta donde ella llegue.

-          Voy a ser sincero, espero que no se moleste por esto, pero Johana está muy buena y quisiera acostarme con ella.

-          A mi me encantaría que usted se acueste con ella, pero …-en ese momento ella volvió y le dije- Vea, llegó.

-          ¿Me necesitaban? -preguntó ella-

-          Sí, es que C me pregunta que hasta donde puede llegar contigo y le dije que hasta donde tú quieras, entonces no sé si quieras responder -dije ante la avergonzada mirada de él-

-          Pues depende hasta dónde quiera él que lleguemos.

-          Creo que tú ya sabes hasta dónde quiero llegar -le respondió él poniendo su mano tras la cintura de ella-

-          Sí, los dos queremos lo mismo…bueno, realmente los tres creo que queremos lo mismo -dijo mirándome y sonriéndonos mutuamente-, pero solo tenemos una condición.

-          ¿Cuál? -dijo emocionado-

-          Que él debe ir con nosotros.

-          ¿Quieren un trío?

-          No exactamente. Él quiere verme mientras me lo haces -dijo ella-.

-          Ufff, no sé…-se quedó pensando un par de segundos- Si quieren vamos a mi apartamento.

Dicho esto, nos levantamos de la mesa y salimos para tomar un taxi, en el cual ella se sentó en el medio de él y yo, y hablábamos naturalmente sobre cómo había estado la noche. Llegamos al edificio y entramos al apartamento de C, a quien aprovecho para describir. Él era un hombre de unos 35 años, tez trigueña, cuerpo promedio, aproximadamente 1.75 m de estatura y lo que en Colombia se diría pintoso (guapo).

Al llegar a su apartamento colocó música y nos ofreció un trago. Empezamos a hablar, y ella se hizo junto a él y lo empezó a acariciar en el pecho y la cara mientras él apenas le cogía la pierna. Se levantaron a bailar frente a mí, pero era más una restregada que otra cosa y él aprovechó para besarla mientras yo ya lo tenía duro y él empezó a bajarle la mano y se la puso en las nalgas sin parar de besarla. Al fin dejaron de bailar y sin separarse él se sentó en una de las sillas y ella se sentó sobre él besándolo con muchas ganas casi como si yo no estuviera. Sin tardar él le empezó a chupar las tetas sobre el escote y elle tiraba su cabeza para atrás mientras mi pene estaba ahora sí totalmente parado. Ella se quitó la blusa, le quitó la camisa y se puso a besarle el pecho y el cuello mientras él le agarraba las nalgas y trataba de besarle también el cuello. Él le susurró algo a ella y ella se me acercó y me dijo:

-          Vamos al cuarto de él, pero tú espera acá.

-          Pero…-no alcancé a decir nada, cuando ella volvió donde él, le tomó la mano y lo siguió hacia una puerta que se cerró tras ellos.

Yo estaba demasiado excitado, y me mataba la curiosidad y en parte los celos por lo que estaría pasando allí adentro, así que apagué la música y traté de oír lo que ocurría en aquel cuarto. Escuché algunos gemidos de él, luego los de ella, algunos susurros y risas, luego volvían a gemir y se oía como se besaban, hasta que vi la puerta abrirse y e Johana salir con la tanga corrida hacia un lado dejando su vagina expuesta, fue hacia su bolso, tomó unos condones y volvió al cuarto cerrando la puerta casi sin mirarme. No sabía qué sentir, y estaba pensando en eso hasta que empecé a oírlos en el cuarto y unos gemidos más fuertes por parte de ella. Luego escuchaba como chocaban sus cuerpos y no tuve más remedio que masturbarme hasta llegar abundantemente. Fui al baño, me limpié y volví a la sala a tomarme otro trago. Escuchaba que seguían en la faena y sus gemidos eran aún más evidentes hasta al fin silenciarse. Él fue quien salió esta vez del cuarto cubierto con una toalla y fue a servir dos tragos

-          Johana es fantástica -me dijo-.

-          Yo sé.

Apenas respondí sonrió, tomó los dos tragos, entró al cuarto y cerró la habitación nuevamente. Escuché que hablaban, pero tras escasos minutos volví a oír su respiración agitada, los gemidos y el choque de sus cuerpos: estaban en el segundo round. Mi verga se volvió a poner dura y me volví a masturbar hasta eyacular. Volví a limpiarme, y tras un buen rato al fin terminaron en una espiral de gemidos que no dejó lugar a dudas sobre lo que estaba ocurriendo entre ellos. Tras un par de minutos de poco movimiento ella salió desnuda, con su ropa en la mano y empezó a vestirse frente a mí con el pelo todo alborotado por lo que aproveché para decirle:

-          ¿Qué tal?

-          Muy rico amor.

-          ¿Repetirías?

-          Tal vez.

Hablaba sin dejar de vestirse, me besó levemente, fue a servirse un poco de agua y a hacerse una moña, volvió y salimos del apartamento. Ya afuera le dije excitado que me contara lo que había pasado entre ellos y me empezó a contar:

 

Mientras se besaban en el sofá, él le dijo que fueran al cuarto de él. pero los dos solos porque no se sentía muy cómodo conmigo ahí, y dada la calentura de ella accedió sin mucha insistencia. Al entrar al cuarto, ella se hizo sobre él y él le quitó el sostén y le empezó a apretar y chupar las tetas mientras le desapuntaba el pantalón. Ella hizo lo propio y le desabrochó el pantalón, se puso de lado junto a él y metió la mano para empezar a masturbarlo. Él seguía concentrado en sus tetas y le metió la mano entre el pantalón para agarrarle las nalgas. Ella se puso de pie y le quitó el pantalón y el bóxer, se quitó su pantalón y sus zapatos y se quedó solo con la tanga. Cuando volvió a la cama él se hizo sobre ella y empezó a sobarle la verga contra la pierna mientras le chupaba las tetas y el cuello y le corría la tanga para masturbarla. Cuando ya estuvieron bastante excitados, ella le pidió que la penetrara, y él le dijo que no tenía condones por lo que Johana salió a buscar los que tenía en su bolso. Al volver al cuarto, le entregó los condones para que se pusiera uno, y cuando lo hizo se subió sobre él e introdujo su pene para empezar a cabalgarlo de rodillas. Le entró fácilmente gracias a que tenía la vagina toda mojada y se lo clavó entero mientras él se movía para aumentar la velocidad de las penetraciones hasta hacerla llegar a su orgasmo. Al descansar un poco su orgasmo, apoyó sus manos sobre el pecho de él y sin dejar de estar clavada se sentó sobre él dejando apoyándose ahora en la planta de sus pies y logrando así una penetración más profunda. El mete y saca cobraba cada vez más velocidad y él no paraba de agarrarle las tetas, hasta que en un momento él empujó con un poco más de fuerza y expulsó su semen directo en el condón, con lo que ella tuvo un orgasmo mucho más pequeño y soltó su cuerpo para caer sobre él y quedarse unos momentos descansando sobre su regazo mientras él la abrazaba. Se besaron un poco y él le dijo que estaba cansado e iba a llevar algo de tomar, y ella le pidió algo para ella también. Él buscó su toalla y se la puso para no salir desnudo a la sala, donde yo estaba, y al momento volvió con los dos tragos. Empezaron a beber y él le hablaba sobre lo bien que se movía, a lo que ella también le respondía con cumplidos sobre sus habilidades sexuales.

 

Volvieron a besarse y ella le quitó la toalla lo que hizo que empezara a sentir cómo poco a poco volvía a despertar el pene de su amante y se acercaba a su pelvis. Sin él esperarlo, y tras manosearle el pene semierecto apenas una o dos veces, empezó a besarle el cuello, el pecho, el abdomen para finalmente quedar de rodillas lamiendo su pene para luego empezar a succionarlo hasta finalmente tenerlo totalmente duro dentro de su boca y aumentando el ritmo del movimiento de su cabeza. Él apenas gemía suavemente, mientras ella no paraba de chupárselo, y solo parar para pasar su lengua por todo el tronco e incluso lamerle los huevos mientras le miraba la cara de placer. En cierto momento, ella sintió como él la jaló del cabello y la atrajo hacia él deteniendo la felación y le plantó un apasionado beso mientras se ponía el condón. Ella se acostó boca arriba y se abrió de piernas esperando ser taladrada, lo que no tardó mucho en ocurrir. Él lentamente introdujo cada centímetro de su pene logrando leves gemidos por parte de ella hasta finalmente tenerlo todo dentro suyo. Él empezó a bombearla lento y después más rápido hasta el punto de que ella sentía dolor con cada embestida. Cuando ella se estaba acostumbrando a aquel frenético ritmo, él tomo las piernas de mi novia y las puso contra su torso para luego abalanzarse sobre ella, de tal manera que sus cuerpos solo eran separados por las piernas de ella. Ella sentía cómo toda la virilidad de C abría su vagina y el dolor anterior se había convertido en placer, que se tradujo en un orgasmo que no hizo más que lubricar un poco más el condón de su amante. Ella ya estaba un poco salida de sí por los orgasmos y el alcohol, y lo empujo dejándolo acostado junto a ella, para inmediatamente empezar a hacerle una enérgica mamada que él guiaba agarrando su pelo y moviendo su pelvis. Él sabiendo el trance sexual por el que ella pasaba, la jaló del pelo hasta ponerla de pie frente a la pared, se ubicó tras elle y sin la más mínima consideración la penetró y empezó una salvaje penetración mientras le besaba el cuello y la boca, y le agarraba las tetas. Tras un momento, ya habían bajado el ritmo de la penetración y ella aprovechó para soltarse y dirigirse a la cama para ponerse en 4 en una clara invitación a continuar. Él la penetró un par de veces, pero al ella notar que su pene perdía dureza tal vez por la energía gastada, se giró y lo volvió a chupar y masturbar hasta tenerlo en el punto que elle quería, se volvió a poner en cuatro y ella misma se ensartó aquel falo dirigiéndolo con su mano a su vagina, para luego mover su culo hacia la pelvis de su compañero hasta sentirse bien llena. Él permanecía quieto mientras ella se movía hacia adelanta y atrás haciendo pequeños círculos aumentando la excitación de aquel afortunado hombre. Él recuperó su ímpetu y la agarró por las caderas para ayudarla con la penetración acompañándola con un leve movimiento de su cadera. Poco a poco fue aumentando su velocidad y ella se oía más agitada, y se excitó más cuando él la agarró por el pelo y se lo jaló haciéndola separar su cabeza de la cama. Ella se agarraba las tetas y no tardó en tener un nuevo orgasmo, cosa que a él no le importó mucho pues seguía bombeándola con el mismo furor. Ella ya estaba muy cansada tras sus orgasmos y él no paraba de darle buscando el suyo, pero no podía llegar, así que se quitó el condón, se acostó en la cama y le pidió que se lo chupara. Ella muy obediente se acercó a él, lo besó y empezó a masturbarlo sintiendo el calor de ese pene que tanto placer le acababa de dar. Poco tardó en estar nuevamente metiendo todo aquel aparato dentro de su boca generando que él acelerara su respiración, hasta un momento en que él la acercó a su cara para besarla mientras ella no paraba de masturbarlo, y al ella sentir las palpitaciones de la verga que tenía entre su mano y sabiendo lo que iba a ocurrir empezó a gemir de excitación al tiempo que él lo hacía. Aumentó el ritmo de aquella paja y él eyaculó sobre su abdomen entre gemidos de ambos para terminar en un beso profundo que cerró aquella sesión de sexo casual. Ella lamió un poco su mano para probar el néctar de su amante, le dio un último beso, recogió su ropa y salió de la habitación dejando totalmente exhausto a aquel, hasta hace pocas horas, desconocido.

 

A partir de esa noche ella se empezó a sentir un poco más libre, y ha tenido muchas más experiencias que espero poder contarles.

Espero que este relato haya sido de su agrado y comenten si les gustó, si tienen críticas o sugerencias para los relatos que vienen.


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