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Fecha: 12-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Las hijas putas #2

El Cuentacuentos
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Tiempo estimado de lectura: [ 41 min. ]
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Continuación de: "Convirtiendo a sus hijas en putas". Erika se siente complacida ahora que ha probado las mieles del incesto, pero tambien comienza a notar un cambio en ella, se siente mas... traviesa con algunos hombres, mientras descubrimos que Rubí toda su vida a tenido fantasías con su padre... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Capítulo 3: Erika

Cuando desperté, me sentía un poco mareada, recordé al instante como había terminado así, sentía que estaba desnuda excepto por mi tanga y sentía también que estaba llena de líquidos varios, volteé a un lado mío y vi a mi papá, desnudo también.

No sentí remordimientos, recordé que al principio no quería hacer nada con el, estaba mal, era mi padre… pero recordé como me había cogido y el placer que había sentido, sonreí al recordar como me había vestido de puta, como me había excitado cuando hombres deconocidos me manosearon, me sentí… diferente, una mujer diferente, y todo había sido gracias a papá.

Mientras pensaba en eso escuché el sonido de un celular, era el de papá, quien se levantó así desnudo para ir a responder.

—Si amor, ahora bajo a abrir

 Fue todo lo que dijo, se giró para verme.

—Es tu hermana, dormimos varias horas y ya salió de la universidad.

Al ver mi cara de susto me calmó diciendo:

—Tranquila, cerré la puerta con llave, no puede abrir y por eso me llamó.

Me miró de arriba abajo.

—Tienes que volver a bañarte, si te ve así o te huele, sospechará.

Luego se acercó a mi y me comenzó a besar, yo correspondí el beso.

—Fue un gran día —dijo

—Sí, un día grandioso —dije yo sonriendo.

Comenzó rápidamente a vestirse para ir a abrir, mientras yo me iba a mi habitación y me metí a la ducha, esta vez tardé como 30 minutos recordando todo lo que había pasado ese día mientras me duchaba.

Cuando salí, y bajé a la sala Rubí estaba regañando a mi padre, parecía que llevaba así un buen rato.

—¿Qué pasa? —pregunté

Ella me miró y me dijo

—Papá ensució el sofá y se lo llevó a la azotea —dijo con cara molesta, a ella le encantaba sentarse en ese sofá por horas a leer o ver televisión.

—Fue mi culpa —dije —bajé a decirle a papá que me sentía mal, él estaba viendo el futbol con una cerveza y cuando me acerqué me desmayé, caí sobre él y por eso derramó la cerveza en el.

Mi hermana me miró con cara sorprendida

—¿te desmayaste? ¿estás bien?

—Sí, la tranquilicé, papá me llevó al doctor y con el tratamiento que me dieron ya estoy bien, solo algo cansada… fue un día muy agitado —respondí con una sonrisa.

—Bueno, papá, lo siento por culparte —dijo Rubí con rostro apenado.

Después de eso, cenamos y cada quien subió a su cuarto a acostarse, demás está decir que no pude dormir hasta ya muy entrada la madrugada, me pasé la noche pensando en lo mucho que mi papá me ha hecho gozar. Estuve a punto de masturbarme, pero decidí mejor hacerlo.

A la mañana siguiente me levanté y me vestí para ir a la escuela, la ropa que elegí fue la misma que siempre llevaba es decir un pantalón un tanto ajustado y una camisa blanca  debajo de una chaqueta negra,  bajé a desayunar sólo estaba Rubí,  la saludé y ella hizo lo mismo.

No solemos hablar mucho cuando desayunamos y ese día no fue la excepción, después del desayuno nos fuimos a tomar el metro.

Ese día Rubí vestía una falda negra que le quedaba apenas arriba de las rodillas, y una blusa roja que se quedaba bastante ajustada resaltando sus grandes pechos,  ella siempre había vestido mucho más provocativa que yo Aunque no es que se vistiera como puta  como había hecho yo el día anterior.

MI hermana siempre fue más extrovertida que yo, era mejor que yo en varias cosas de hecho, no en todo claro, nuestra familia no era la típica donde una hermana es mejor que la otra en todo como pasa en las películas, ella era mas extrovertida que yo, era más inteligente pues a diferencia de mi ella siempre aprobaba todas las materias fácilmente, además era un poco más sociable, tenía más amigas que yo, y aunque con el tiempo he conocido personas que me han dicho que esto no es del todo cierto, yo siempre la he considerado más hermosa, más sexy que yo, por poco, pero sí, siempre le he envidiado sus tetas tan grandes, aunque ella me ha dicho que quisiera tener un culo como el mio.

Al subir al metro y tomar asiento, revisé mi celular, en el tenia un archivo con el horario de todas mis clases, maldije al ver que ese día tenía dos clases con el profesor Garza, odiaba a ese maestro, era un pervertido que siempre se la pasaba mirando de forma lasciva a las alumnas incluyéndome, lo peor es que impartía matemáticas, una de las materias que más odiaba y en las que peor iba, así que nada de saltármelas, tenía que asistir sí o sí.

Al llegar a la escuela y despedirme de mi hermana me fui directa al aula, donde ya estaba el profesor.

—Buenos días Erika —dijo con su sonrisa mostrando sus dientes amarillos.

—Buenos días profesor —respondí en tono cortante y fui a mi asiento.

Saludé a un par de amigas que se sentaban cerca y que me preguntaron si estaba bien por haber faltado el día anterior, yo respondí que si, justo en ese momento sonó el timbre de inicio de clases y no pudimos seguir hablando.

Pero la mención al día anterior me hizo recordar lo que había pasado, y muy a mi pesar me puse un poco cachonda, para estas alturas, un dia había bastado para aceptar que no me disgustaba lo que había pasado, ni siquiera porque fue con mi padre, me había encantado y ya no podía negarlo, en mi interior quería repetirlo.

Lo malo de tener estos pensamientos es que me distraje de la clase lo que el profesor no pasó por alto, aunque no dijo nada durante la clase al final me dijo que tenía que hablar conmigo.

—Profesor, tengo otras clases ahora

—Lo sé, te espero en mi cubículo a la hora de salida.

—Está bien —dijo yo resignada

Las clases pasaron y lo cierto es que en ninguna me pude concentrar, pensando en lo que ustedes saben, a la hora de salida me dirigí al cubículo del profesor Garza.

El profesor era un hombre viejo, mayor que mi padre por un año pero lo cierto es que parecían muchos más, mientras mi padre se había mantenido en forma (es cierto que tenía barriga cervecera, pero era muy guapo y tenía músculos bien definidos, más propios de hombres de 35 que de 55), en cambio el profesor Garza era un hombre delgado, su cabeza cubierta completamente de cabello canoso, su rostro tenia arrugas y sus dientes eran completamente amarillos, de hecho en la escuela los alumnos lo nombraban “skinner” porque tenia cierto parecido al personaje de los Simpson.

Como dije, era un pervertido, nadie lo soportaba por eso y porque era bastante estricto a la hora de poner calificaciones, pero era el hermano del director y al parecer se llevaban muy bien así que tanto alumnos como otros miembros del personal de la escuela evitaba hacerlo enojar, por temor a despertar la ira del director.

Así pues, tenía que ser amable con el, cuando llegué a la puerta de su cubículo, que para ser sincera era mas una oficina que otra cosa, llamé a la puerta.

—Adelante —escuché que decía, así que entré.

Cuando me vio el hombre sonrió.

—Ah señorita Erika, pase, tome asiento —dijo indicando una silla que estaba enfrente de su escritorio.

Lo saludé e hice lo que me pidió, me senté en la silla.

El se sentó en la de su escritorio y quedo frente a mí, sin decir nada por unos segundos, miraba el escritorio, imaginé que estaba pensando que decir.

—Señorita Erika, ayer la extrañamos en clase ¿se encuentra bien?

—Si —respondí —solo era una gripe, ya me encuentro bien.

El asintió y sonrió mostrando esos dientes asquerosos.

—Me alegra, ahora, tenemos que hablar sobre su rendimiento en clases señorita Erika

—Está bien

—Verá, noté que hoy estaba algo distraída, seguramente será porque aún se siente un poco mal por su enfermedad del día de ayer.

Le sonreí ante tremenda excusa que el mismo me había creado.

—Pero, a lo largo del curso no lo ha estado haciendo muy bien en mi clase señorita, sus exámenes ha reprobado algunos y los que ha aprobado los ha hecho a duras penas.

—Lo siento señor, pero es que las matemáticas no son mi fuerte.

—Entiendo eso —respondió el —sé muy bien que las matemáticas son aburridas para la gente de su edad, lo eran para mí cuando estudiaba —dijo sonriendo —sin embargo, son importantes para avanzar de semestre, los exámenes finales no están tan lejos y si no los aprueba me temo que no podré aprobarla y tendrá que repetir todo el semestre.

Eso me asustó, sabía que estaba mal, de verdad no me gustaban las matemáticas, pero no creí que la situación fuera tan mala.

—Entiendo profesor —contesté un poco asustada por la situación académica —¿hay algo que pueda hacer? ¿Tal vez un trabajo extra?

Él se me quedó viendo unos segundos, luego dijo:

—No puedo hacer eso señorita Erika, sé muy bien que su hermana es una de las personas más inteligentes de la universidad, nada me garantiza que no será ella quien le ayude a hacer ese trabajo extra.

La verdad es que era esa mi intención, pedirle ayuda a mi hermana, aun así, traté de negarlo.

—Profesor, yo sería incapaz de hacer eso.

—Seguramente —dijo el mostrando sus dientes en una sonrisa de nuevo —Pero usted entenderá que no puedo confiar a ciegas.

—Entonces, ¿qué puedo hacer?

—Bueno, tiene dos opciones señorita —dijo el cruzando los brazos —la primera es que apruebe los siguientes tres exámenes con calificación perfecta, incluyendo el examen final.

Se me cayó el alma al suelo, era algo imposible para mí, lo máximo que había obtenido era un 75, no podría ni soñar con un 100.

Al ver mi cara, el hombre sonrió.

—La otra opción, son clases complementarias.

—¿Qué son exactamente? —pregunté entre curiosa y esperanzada.

—Consisten en que cada día, luego de las clases usted puede venir a tomar clases extras aquí en mi cubículo, así me aseguraré de que es usted quien hace los trabajos.

Ese viejo quería que estuviéramos solos, claro que necesitaba aprobar la materia, pero no me apetecía nada quedarme con ese viejo sola.

—¿Solo yo? —pregunté

Él se sorprendió de la pregunta.

—Claro que no señorita, hablaré con otros de sus compañeros que también las necesitan.

Eso me hizo tranquilizar, estar con otros alumnos claro que era mejor opción, así que acepté.

—Está bien, ¿Cuándo empezamos?

—Mañana mismo, las clases durarán un par de horas y serán hasta el final de semestre.

—Está bien —dije un poco esperanzada, mañana nos vemos.

Me fui de su oficina, directo a mi casa, recibí un mensaje de mi novio, pero no lo respondí.

Al llegar a casa papá aún no llegaba a casa, me descubrí demasiado cansada así que subí a mi cuarto a descansar, pero terminé durmiéndome y ese día no pude hacer nada con papá, cuando llegó no me despertó ni hizo nada.

Al día siguiente me levanté igual para ir a la escuela, me vestí, esta vez decidí ponerme una falda que me llegaba hasta las rodillas de color negra, ese día no tenía clases con el señor Garza tuve que verlo hasta el final del día,  cuando llegó la hora de su clase,  me presenté puntual llamé a la puerta y él me dijo que entrará.

Para mi sorpresa no había nadie, sólo el señor Garza vestido con su típico traje negro.

—¿Dónde están todos? —pregunté.

—Por desgracia —dijo el levantándose de su asiento —ninguno de tus compañeros aceptó recibir estas clases.

Me quedé helada, no quería estar sola con este hombre, aunque tampoco tenía otra opción, irme ahora sería una gran falta de respeto.

—Entonces ¿se cancelan?

—No — dijo seriamente

—¿No sería demasiada molestia darme clases solo a mí?

—No claro que no, estoy seguro de que será un placer.

El tono en que lo dijo no me gustó nada, debí haberme ido, pero como dije antes, algo había cambiado en mí, así que a pesar de no querer estar algo, sentía un poco de morbo, así que dedicándole una sonrisa coqueta le dije:

—Está bien profesor, podemos empezar si quiere.

En la oficina había una televisión y un sofá grande, así que me dijo que me sentará en el.

—Preparé algunos cursos para que los vea en la televisión, mientras yo revisó los trabajos de sus compañeros.

Me senté en el sofá, y puse la usb en la televisión, solo estaba la carpeta con los videos del curso así que comencé a reproducir el primero.

Al sentarme noté que la falda se me subía un poco, así que el profesor podría ver mis piernas si quisiera, lo miré, estaba absorto a los trabajos así que no parecía ponerme atención, tomando eso en cuenta decidí quedarme como estaba, además tampoco me molestaba que me viera, sería un favor hacia el viejo profesor sin duda alguna si es que quería mirar.

Comencé a ver el video, en el si bien no aparecía, la voz del profesor se escuchaba narrando las instrucciones para resolver los diversos problemas, lo cierto es que ahora que lo escuchaba, eran bastantes simples, el profesor sabia explicarlos muy bien, aunque luego de varios ejercicios llegamos a un tema que verdaderamente no entendía, me giré para hablarle y cuando lo hice noté que estaba viendo mis piernas, el se dio cuenta de que lo estaba observando y bajó la mirada rápidamente a los trabajos, yo solo sonreí.

—Profesor ¿podría ayudarme con este problema?

—Claro —dijo el volviendo a mirarme esta vez a los ojos y acercándose.

Se sentó en el sofá a mi lado, y comenzó a explicarme el tema, yo puse atención, pero con el paso de los segundos noté que comenzaba a acercarse a mi cada vez, hasta quedar nuestros rostros bastante cerca, sentí su aliento, era asqueroso, me dieron ganas de vomitar pero aguanté, aunque cuando lo sentí tan cerca me vino a la mente una idea.

¿y si no era necesario estudiar tanto para aprobar? ¿y si solo tenía que mostrarme un poco cariñosa con ese hombre?

No me gustaba, era feo y no me agradaba, pero la parte de mi que había despertado ayer me decía que tal vez sería divertido jugar un poco con el, nada serio, solo tonteos de adolescente.

Lo miré directamente y el hizo lo mismo, le sonreí de la manera más coqueta que pude y puse mi mano en su rodilla.

—Gracias profesor, ya lo entiendo —le dije sonriéndole sin quitar mi mano de su rodilla.

—Que bien —dijo el mirándome y sonriendo también.

Se levantó y fue a su asiento de nuevo.

Luego de unos minutos decidí platicar con él, puse pausa al video y le pregunté:

—Profe, perdone la pregunta, pero ¿usted está casado?

Eso pareció sorprenderle, pues tardó unos segundos en responder.

—Si —dijo —¿Por qué lo preguntas?

—Por nada —contesté poniendo cara de ingenua —simplemente tenia curiosidad ¿y tiene hijos?

—Si, una niña de 4 años

La verdad me sorprendió que un viejo verde como el tuviera esposa y además una hija, pero no dije nada.

—Sabe, yo tengo un novio, se llama Adrián, está en una clase diferente a la mía.

—Ah, lo conozco —respondió el

—Pero la verdad es que no me trata demasiado bien ¿sabe? Me deja sola y a veces pasa días sin llamarme, ¿usted cree que deba dejarlo?

—No creo que sea el indicado para darte consejos —respondió el.

—Pero le estoy preguntando porque quiero su consejo.

Al decir esto me levanté y fui directo a su escritorio, me senté en una de las sillas y me recliné hacia adelante, haciendo que el escote de mi camisa fuera visible para el.

—Bueno —dijo el mirando descaradamente el escote —me parece que si no eres feliz deberías buscarte a alguien más.

—¿Alguien como quién? —pregunté con cara coqueta.

—Bueno —dijo el hombre ya sin separar la vista de mi escote —eso depende de ti, de qué clase de hombres te gusten.

—Sabe, a mi desde hace unos años me han atraído los hombres mayores —le dije con una sonrisa entre de nerviosismo y de coquetería —leí en un libro que cuando eso pasa es porque las mujeres buscamos hombres que se parezcan a nuestro padre, el siempre ha sido mi ídolo y creo que por eso quiero a alguien que sea como el, valiente y fuerte.

El hombre seguía viendo mi escote, tragó saliva…

—Bueno, no conozco a tu padre, pero también he leído estudios sobre eso, me imagino que es solo una etapa por la que pasan las mujeres.

Yo no dije nada, solo me le quedé mirando, el hizo lo mismo aunque se notaba nervioso.

Me di cuenta entonces que era uno de esos viejos verdes que de lejos se la pasan admirando y piropeando a las mujeres, pero que cuando tenían una enfrente no hacían nada, me sentí un poco decepcionada, pero decidí llevarlo con calma, al fin de cuentas solo quería jugar con el, que se sintiera tan atraído por mi que no pudiera ponerme malas calificaciones.

—Gracias por hablar conmigo —le dije con una sonrisa y poniendo mi mano sobre la suya.

Después de eso me senté de nuevo y continúe haciendo los ejercicios de matemáticas.

Cuando pasaron las 2 horas de clase, el profesor me dijo que podía irme.

Yo me levanté y caminando coquetamente me acerque y le di un beso en la mejilla para despedirme.

—Hasta mañana profe —le dije

El se quedó hay parado, seguramente observando el movimiento de mi trasero mientras caminaba hacia la puerta.

Capítulo 4: Enrique

 

—Si papá, voy a ir a casa de unas amigas —me decía por el teléfono Rubí mientras yo aún estaba en el trabajo —llegaré tarde a casa.

—Está bien hija, cuídate mucho —le respondí.

Después de colgar me puse a imaginar la de cosas que podría hacer con Erika si su hermana no estaba en casa, así que le dije al jefe que ya me iba, tuve que chasquear los dedos para que me dejara ir pero al final lo conseguí, era la hora en que Erika salía de la escuela así que pensé encontrarla en casa, pero cuando llegué ella no estaba, me extrañó, pero pensé que se había retrasado así que decidí esperarla.

Para mi sorpresa no fue sino hasta 2 horas y media después que llegó a casa, había pensado en llamarla pero decidí no hacerlo, ya llegaría y así fue.

Cuando llegó yo estaba sentado en la mesa de la cocina, en cuanto me vio me sonrió de una forma bastante coqueta.

—¿Donde estabas?

—En la escuela

—¿A estas horas?

—Si papá, a estas horas —respondió con un deje de altanería.

Me molestó que hablará así, por lo que bajo la mesa chasquee los dedos y le dije:

—Ven siéntate aquí y dime la verdad.

El asiento que le indiqué eran mis piernas, ella sintió y vino rápidamente a sentarse, se veía muy sensual con esa falda que mostraba sus piernas.

Se sentó y mientras ella me iba contando todo lo que había pasado desde el día anterior hasta hoy yo había empezado a masajear sus piernas y luego de un rato llevé mi mano hasta su vagina y comencé a masajearla por encima de ropa interior.

—Ahh —gimió ella —y por eso voy a salir más tarde todo lo que queda del semestre —dijo con la respiración entrecortada

—Entiendo —dije

En ese momento la levante y sentándola a horcajadas sobre mis piernas comencé a besarla, ella correspondió el beso.

—Así que piensas seducir a tu viejo profesor para aprobar el semestre… —le dije cuando el beso terminó. —parece que si te has vuelto una putita

—No —respondió ella, aunque luego sonrió y rectifico —bueno, tal vez un poco, por tu culpa papá.

—Jajaja bueno, no me importa si quieres seducirlo o si quieres cogértelo, haz lo que te parezca mejor.

Eso pareció sorprenderla.

—¿Coger con él?, no papí, no quiero, soy tuya.

Eso me hizo sentir bastante bien la verdad, así que decidí comenzar a metérsela de una vez, así, yo sentado en la silla y ella a horcajadas arriba de mis piernas, la acomodé y la penetré de un solo golpe, estaba lo bastante lubricada, para no necesitar nada más.

—Ahhhhhh —gritó

Me quedé con la verga dentro de ella durante un rato, al poco tiempo comencé a moverme, me era difícil por tener todo su peso encima así que decidí tomarla de la cintura y empezar a hacerla subir y bajar sobre mi verga.

—Sí, eres mía puta, pero no me importa compartirte, un cuerpo como el tuyo debería ser usado por todos los hombres que se puedan.

Obviamente no se esperaba eso, porque dejó de moverse y de gritar cuando lo escuchó.

—¿Estás hablando en serio? —dijo algo molesta

—Claro, tu puedes coger con quien tu quieras, a mi no me molesta, yo pienso coger con otras mujeres también, incluso no me molesta si te gusta coger más con otros que conmigo, de cualquier modo, siempre vas a ser mi puta.

No parecía aceptarlo demasiado, pero era cierto, mi intención nunca fue limitar su vida sexual a solo yo, en la variedad está el gusto, y además yo sabía bien que tarde o temprano iba a empezar a sentir deseos por otro hombre, aunque no me esperaba que fuera su maestro y además un hombre viejo, aunque ella lo negará para mí era bastante obvio que el viejo le provocaba morbo, y del morbo muchas veces nace el deseo sexual, así que fue claro para mí que tarde o temprano iba a querer acostarse con él por mas repulsivo que le pareciera como acababa de contarme.

Se quedó un rato sin decir nada, como sopesando la idea, pero al cabo de un minuto comenzó a cabalgarme de nuevo ella sola, después entre subir y bajar me preguntó:

—¿A quién más quieres cogerte?

—Bueno, hay muchas mujeres en el mundo, ahora que no está tu madre y soy soltero, creo que puedo acostarme con quien quiera.

—¿A mi hermana?

Me quedé sin responder un rato, el trato era que me la cogería a ella en lugar de a su hermana, claro que planeaba hacer mía a Rubí también, pero quería darle tiempo a que Erika fuera tan mía que no se quejara, aún así tuve un presentimiento y le respondí que sí.

—Si, está en mis planes ¿te molesta?

—No, no me molesta —respondió ella para mi sorpresa con la voz entrecortada por el sube y baja.

—S…si…tu…quieres…cogértela…no me molesta…puedes…hacerlo… aaaaah

Casi era imposible entenderla entre tanto gemido, pero prosiguió con esfuerzo.

—Si… quieres compartirme…yo tambien…te compartiré….con otras…además…. Seguro que a mi hermana… le gusta… esta verga tanto como a mi.

Esa frase hizo que me excitara mucho más, así que dispuesto a acabar de una vez, me levanté cargándola aún con mi pene insertado en su vagina, y así de pie comencé a mover mi cadera mientras la levantaba y la bajaba, la penetraba de forma salvaje, ella solo gemia y gritaba de placer.

—Siiiiii siiiiii papá, me encanta esto

—Ya lo sé qué te encanta, quien me iba a decir a mi que tenía una tan puta.

—Yo no sabía que el sexo se sentía tan bieeeeeeeen,

Ese último grito vino acompañado con una gran dosis de sus chorros vaginales, se acababa de venir.

Yo tambien estaba a punto, pero no quería eyacular dentro de su vagina así que la dejé en el suelo, y comencé a masturbarme un poco hasta que logré venirme de nuevo sobre su cuerpo, como las últimas veces.

La miré, estaba se quedó tirada en el piso, mirándome con una sonrisa.

—Estuvo genial papí.

Yo la miré y le regresé la sonrisa llena de lujuria.

—Aún no terminamos, tu hermana no vendrá hasta más tarde, así que tenemos mucho rato para divertirnos…

Nos pasamos toda esa tarde cogiendo como conejos, no paramos hasta que Rubí me llamó para decirme que estaba en camino a casa.

Capítulo 5: Erika

 

Al día siguiente me levanté cansada, la sesión de sexo con papá había sido bastante dura, lo cierto es que no recordaba mucho después de lo que habíamos hecho en la sala.

Subimos a su habitación y ahí hicimos el amor como animales salvajes, recuerdo vagamente haber tenido al menos un par de orgasmos más, pero no está del todo claro…

En la mañana de ese día me di un baño y a la hora de vestirme, decidí ponerme una falda un poco mas corta que la que había llevado el dia anterior, esta vez un poco arriba de la rodilla, me puse además una blusa de tirantes completamente blanca, sin sujetador para que se marcaran mis tetas, pero arriba me puse una chaqueta cerrada completamente hasta arriba, no quería que nadie viera como iba vestido abajo… nadie salvo el profesor Garza.

Durante el camino, cando iba en el metro noté varias miradas, sobre todo a mi trasero y a mis piernas, y en la universidad también, lo que me hizo sentirme un poco orgullosa de mi cuerpo.

Cuando estaba a punto de llegar al aula noté a través de las ventanas del aula que el profe estaba solo en ella, miré el reloj de mi celular y noté que había llegado 10 minutos antes, no sé porqué pero me puse un poco cachonda ante la situación, estar sola con el profe Garza hace 3 días me habría parecido insoportable, incluso asqueroso, pero hoy me producia morbo… incluso un poco de excitación.

El profe estaba ensimismado leyendo un libro así que no había notado que lo observaba desde afuera del salón, sonriendo pícaramente decidí soltar un par de botones de mi chaqueta, quedando así la vista de mi escote.

Entré al aula

—Buenos días profesor —le dije con voz alegre.

El levantó la mirada y puso cara de embobado al mirarme, me recorrió con la mirada y eso me hizo sentir un escalofrió en el cuerpo.

Me acerqué y me senté en el asiento de la primera fila justo frente a su escritorio, dándole una visión de mis piernas al cruzarlas.

—Buenos días, señorita Erika, llega temprano.

—Si —dije sonriendo —el metro parecía lleva prisa.

El asintió y me preguntó:

—¿Estudió los ejercicios que vimos el dia de ayer?

Yo intenté poner mi mejor cara de niña apenada y mirándolo a los ojos le respondí.

—Lo siento profe, lo intenté, pero no pude comprenderlos.

El me miro extrañado.

—Pero si ayer no tuvo ningún problema.

—Es verdad, pero al intentarlo en mi casa simplemente no pude.

Le sonreí y lo miré de nuevo de forma coqueta.

—Seguramente es porque usted un un gran profesor y si no está explicándome no puedo concentrarme.

Al decir esto me incliné hacia adelante para asegurarme que desde su posición pudiera ver mis escote, y así fue, mientras me respondia no dejó de mirarme ni una vez.

—Jajajaja eso debe ser, si.

Noté que mis palabras subían su ego así que me sentí contenta.

—¿Tendremos hoy las clases extras?

—Si, la espero igual que ayer, después de las clases.

—Estoy ansiosa —dije pícaramente, luego, viendo mi reloj noté que no faltaba mucho para que comenzaran a llegar los demás alumnos.

—Bueno profe, ya va a comenzar la clase, me voy a mi lugar.

Al levantarme, me abroché los botones que tenía sueltos y le sonreí, dándole a entender con esto que solo él podía ver mi escote.

Durante toda la clase el profe no hacía más que mirarme y yo respondía sus miradas sonriéndole.

Las otras clases del dia las sentí muy aburridas, solo pensaba, por raro que parezca en estar a solas con el profesor y seguir exhibiéndome un poco con el.

Al fin llegó su clase, caminé nerviosa hacia su oficina y al estar en la puerta me solté unos botones, esta vez uno más, llamé a la puerta y el profesor me indicó que pasara, así lo hice, al entrar lo saludé.

—Buenas tardes profe.

—Buenas señorita Erika —se levantó de su asiento y se sentó en sofá, indicando que hiciera lo mismo —Hoy no tengo que revisar ningún trabajo así que le daré las clases directamente esta vez.

—Genial —sonreí y me senté, la falda se subió hasta medio muslo dandonle una buena visión al profesor que no perdió detalle de esto.

Estuvimos unos minutos así, el explicándome y yo poniendo caliente por estar sola, con un viejo verde que no tenia oportunidad conmigo, así que decidí seguir jugando con el.

—Hace mucha calor ¿verdad profe?

—Así es, hoy está muy caliente —el modo de decir esa frase me puso más cachonda pues parecía que se estaba refiriendo a mí y no al clima.

—¿Por qué no se quita la chaqueta? Así estará más fresca.

Así que el viejo quería ver aún más de mí.

—No profe  —le dije —no estoy vestida muy apropiadamente como para eso.

Eso le sorprendió, seguramente imaginándose alguna cosa pervertida.

—Está mañana tuve que salir rápido de mi casa y me puse la primera blusa que encontré, pero no es como para andarme exhibiendo con ella.

—No se preocupe —me miro poniendo una cara pervertida que lejos de alarmarme me excitó un poco —nadie la verá, solo yo y no voy a andar divulgando como se viste, además, puede hacerle daño si tiene mucho calor, es mejor estar fresca

Ante esto solo me quedó sonreir…

—Bueno, pero no se vaya a burlar de mi.

—No lo haré señorita.

Comencé entonces a quitarme la chaqueta y con cada botón pude ver como su rostro se iba tornando mas perverso y sus ojos se abrían más y más.

Cuando terminé noté como me estaba viendo… así que fingiendo timidez comencé a cubrirme con las manos.

—Lo siento, que va a pensar de mi, seguramente ahora cree que soy una… una cualquiera.

—No, solo pienso que eres muy hermosa —me dijo

—Jaja seguro lo dice en broma —dije poniendo mi mano sobre su pierna

—Lo digo en serio —y para mi sorpresa el puso su mano en la mia, haciendo contacto directo con mi piel, lo cual hizo que me estremeciera, pero continué mostrando una sonrisa, lo que dijo fue lo que esperaba.

—Sabes, hay otros modos de conseguir aprobar mi asignatura.

—¿Ah sí? — pregunté sonriéndole ¿Cómo cuáles?

—Pues verás —contestó el mientras comenzaba a sobar mi pierna —los profesores tenemos mucho estrés, lidiamos con chiquillos que no nos respetan ni ponen atención a lo que enseñamos, pero al final de cada examen nos reclaman por las malas calificaciones que ellos sacan porque se merecen.

—Vaya, nunca lo había pensado, la vida sí que es insulta con ustedes los profesores, ¿pero cómo puedo ayudar?

—Bueno —dijo ya manoseando mi pierna sin reparo —si tu fueras más cariñosa conmigo, yo tal vez podría ayudarte a tener mejores notas.

Yo estaba muy excitada, no entendía como ese viejo podía calentarme tanto, lo más probable es que fuera por mi puterio.

Como respuesta lo que hice fue lanzarme a besarlo, fue un beso apasionado donde el correspondió de inmediato, nuestras lenguas jugaban entre ellas, a pesar de que podía sentir su mal aliento no sentí ningún asco, por el contrario, comencé a excitarme más.

—¿Así de cariñosa está bien? —pregunté separándome un poco de el.

No me respondió, solo me levantó poniéndome a horcajadas sobre sus piernas, justo como había estado con papá el día de ayer.

En esta posición el podía jugar con mis muslos como quisiera y yo sentía su verga frotándose a través de su pantalón con mi vagina, parecía una verga bastante grande, me dieron ganas de comenzar a frotarla, y así lo hice, por encima de su pantalón.

Pude sentir un gran pedazo de carne bajo ese pantalón, mientras seguía besándolo y manoseándolo, el hacía lo mismo, nuestra saliva caia sobre nuestra ropa, era un beso apasionado, nos estábamos comiendo la boca de forma brutal.

Entonces el imitó mi gesto de tocar su parte mas noble y comenzó a tocar mi vagina por encima de mi ropa interior, sobra decir que estaba excitada demasiado.

—¿Le gusta esta forma de enseñar señorita?

—Me encanta, si sigue así no me volverá a dar pereza asistir a la escuela.

Justo cuando estábamos en eso, el teléfono del profesor sonó, en un principio creí que no lo iba a tomar, pero al cabo de unos segundos lo hizo.

—Es el director —dijo molesto

Sin decir nada más respondió la llamada mientras yo me quedaba sentada, o más bien, tirada en el sofá de la excitación.

Estuvo un buen rato hablando aunque ni le puse atención a lo que decía, cuando por fin terminó me dijo con cara apenada:

—Me tengo que ir

Yo puse una cara de decepción.

—Lo siento, hay una reunión de urgencia y no puedo faltar.

—Está bien —respondí molesta, mañana nos vemos.

—No hay clases mañana, recuerda que es día festivo

Eso me cayó como agua helada, quería seguir jugando con el profe, me resultaba muy morboso, estaba excitada y si mañana estaba mi hermana en clase ni siquiera podría hacerlo con papá para calmar mi calentura, fue entonces cuando el profe dio la respuesta.

—¿Por qué no vas a mi casa mañana?

—¿A su casa? —pregunté sorprendida

—Sí, estaré todo el día

—Pero —¿Y su esposa e hija?

—No te preocupes por ellas, mi hija es muy chica y mi esposa es una idiota, no notará nada.

Yo no estaba tan segura, no quería ir a hacer nada en la casa de un hombre, y menos con su mujer presente… aunque lo cierto es que me daba algo de morbo, en mi mente se libró una batalla entre lo morboso que sería ir y darme al menos unos besos con el profe, y entre lo malo que sería que nos descubrieran.

—¿Dónde vive? —pregunté al fin.

—Yo paso por ti, ¿te parece bien en la plaza del centro a las 3 de la tarde?

—Entonces es un acuerdo.

Al decir esto se agachó y comenzó besarme mientras me manoseaba las piernas.

—Me da gusto tener a una alumna cariñosa —dijo riéndose mientras se iba.

—Yo me quedé aún un rato mas en el sofá mientras me repetia a mi misma que no me iba a acostar con el hombre, que solo era unos juegos morbosos, aunque cada vez que lo pensaba, en mi mente sonaba menos convencida….

Capítulo 6: Rubí

Recuerdo que ese dia iba camino a casa, tomé el mismo camino que siempre tomaba, estaba pensando en que los últimos días Erika se había comportado algo extraña, no hablaba cuando íbamos camino al colegio sin embargo parecía estás más contenta que nunca, llevaba dos días vistiéndose de forma mas provocativa de lo normal.

Pensé que se debía a que por fin había encontrado la felicidad con Adrian, su novio, aun así, no me parecía correcto que llevara esas minifaldas.

Estaba pensando en eso cuando a lo lejos vi algo que detestaba, por el camino que suelo usar cuando regreso a casa en una esquina siempre está un grupo de pandilleros fumando y tomando cerveza, son hombres bastante desagradables, sobre todo su líder, un tipo sin ninguna educación que se la pasaba ofendiendo a todas las mujeres que pasaban por ahí, incluyéndome.

—Mamacita, que lindas piernas, ¿a qué hora abren? —me dijo mientras pasaba frente al grupo, como siempre me aleje caminando más rápido, casi corriendo.

—Así me gusta, que corran, así no se cansaran tan rápido cuando me estén montando. —escuché que me gritaba.

Yo odiaba que me acosaran así, no era una puta (aún).

Pero en retrospectiva, lo cierto es que no sé porque seguía usando ese camino, no era el único a casa, y no era el mas corto, mi hermana usaba otro camino mas corto para llegar a casa, me decía a mi misma que era por la tienda que había en esa calle, el camino que usaba mi hermana no tenia tienda, y yo a veces paraba a comprar algo para cenar.

Pero lo cierto es que en el fondo no me disgustaba tanto los piropos de esos tipos, además “el chelos” como había escuchado que lo llamaban, no era feo, de hecho era bastante apuesto, musculoso, me resultaba atractivo, aunque odiaba sus modos y nunca intentaría nada con el… al menos eso es lo que pensaba.

Si, definitivamente era un hombre guapo, pero no era quien mas me gustaba, yo tenía un secreto que no me atrevía a decirle a nadie… estaba enamorada de mi padre.

El era mi héroe, desde niña siempre había soñado con que el era un príncipe y yo una princesa, de hecho jugábamos a eso muchas veces, y cuando crecí me di cuenta que lo que sentía por el era algo mas… la primera vez que me masturbé fue pensando en el, me daban unos pocos celos cuando lo veía besando a mi madre pues quería ser yo, cuando tuve mi primer novio y me acosté con el creí que mi deseo por mi padre iba a disminuir, pero no, seguí obsesionada con el, y sé que está mal pero seguía masturbándome pensando en el, nunca creí que ese dia iba a cumplir mi sueño mas oscuro.

Siempre fui mas adelantada que mi hermana respecto al sexo, ella me contó que no fue hasta que comenzó a andar con Adrián que perdió la virginidad, yo en cambio la perdí varios años mas joven que ella, he tenido más novios que ella y aunque nunca he descuidado los estudios y muchos creen que soy la chica mas inteligente de la universidad (al menos si soy la que tiene mejores calificaciones) siempre he disfrutado del sexo, o de simplemente salir con algún novio o un amigo.

El caso es que después de dejar atrás al grupo de sujetos molestos me encaminé hacia mi casa, y al llegar mi sorpresa fue que parecía que no había nadie, Erika seguiría en sus clases extra de matemáticas (yo le había dicho muchas veces que tenia que estudiar mas para no verse en estas situaciones) pero papá debería haber estado en casa ya sin duda, me parecio extraño no escuchar ningún ruido, pero pensé que tal vez se había quedado con sus amigos a ver el futbol o jugar pokér en la cantina, muchas veces lo había hecho, aunque esos viejos la verdad no me agradaban, pero yo no era nadie para decirle que no hablara con ellos.

Subí las escaleras y entonces ocurrió.

Cuando iba directo a mi cuarto de repente se abrió la puerta del baño que daba justo al pasillo, y para mi sorpresa me encontré a mi padre saliendo completamente desnudo, estaba secándose la cabeza con una toalla por lo tanto no me vió, pero el cuerpo entero estaba desnudo, me quedé petrificada, no me esperaba encontrarme a mi padre así, pero mi mirada se dirigió directamente a su entrepierna, a pesar de no estar erecto pude notar que mi padre tenía un gran pene.

Justo cuando estaba maravillada contemplando esa gran cosa, mi padre bajó la toalla y fue cuando me vio, sobra decir que su sorpresa fue mayúscula, se quedó helado igual que yo.

—Hija… y…. yo… creí que no había nadie en casa —me dijo con la cara roja de vergüenza.

—N… no, papá, es mi culpa —dije yo sin quitar la mirada de su verga que curiosamente comenzaba a ponerse dura —debí gritar para saber si había alguien.

Nos quedamos viéndonos unos segundos, el no hizo ningún ademán de taparse su verga y yo no hice demasiado esfuerzo en alejar mi mirada de ella, hasta que el decidió entrar a su cuarto rápidamente.

Yo hice lo mismo, me fui a mi habitación, muy acalorada, nunca esperé realmente poder ver la verga de mi papá, y que verga tenia.

Me acosté sobre la cama y comencé a acariciar mi vagina, por mi mente pasó la idea de tener sexo con papá, volvieron a mí las fantasías que hace meses no tenia de esa manera, y en ese momento decidí arriesgarme, decidí que quería probar esa verga, me levanté de la cama y salí de mi habitación, bajé las escaleras y me senté a esperar que papá bajara a cenar, estaba dispuesta incluso a suplicarle si era necesario que me dejara probar esa verga, sé que suena humillante, pero ya no aguantaba las ganas, llevaba años fantaseando con Papá y ahora que lo había visto desnudo me decidí a cumplirlo, no sabía cómo, pero tenía que hacerlo.

Luego de varios minutos papá bajó también de su habitación, al verme se quedó serio y quieto durante unos minutos, aunque al final decidió ir a sentarse a la mesa conmigo.

Le había preparado la cena, normalmente no lo hacía pues desde niñas nos habían enseñado que cada quien era capaz de hacerse su comida, pero ese día tuve ganas de hacerle algo, al fin y al cabo dicen que la mejor forma de llegar al corazón de un hombre (y a otras cosas) es con la comida.

Se sentó y me agradeció por la comida, pero no dijo nada más…

Estuvimos callados unos minutos, se notaba la tensión en el ambiente, pero yo estaba decidida a probar esa verga, como ya dije, no era una puta, pero si me gustaba el sexo, y ese hombre que estaba frente a mí era el que llevaba años queriendo probar.

—Papá, ¿puedo hacerte una pregunta muy personal?

El me miró sorprendido, pero asintió.

—¿Has tenido sexo desde que mamá murió?

—Si —dijo el sin reparo, aunque esperaba que así fuera, me decepcioné.

—¿Recientemente?

—Si.

Me sorprendió, no le conocía a ninguna novia desde la muerte de mamá, así que supuse que o era una amante que apenas había conocido y no quería presentárnosla, o simplemente contrataba alguna prostituta.

—¿Es una puta? —dije sin rodeos

Para mi sorpresa, esa pregunta lo hizo comenzar a reírse a carcajadas.

—Jajajaja, si, podría decirse que si —dijo entre risas.

No entendí la risa pero me dio un poco de lastima que tuviera que recurrir a putas para satisfacerse, sobre todo teniéndome a mi que me moría por hacerlo.

—Sabes papá, no tienes que contratar putas —le dije un poco nerviosa.

—¿Ah no? —me respondió el con una sonrisa.

—No, Y…y…yo puedo ayudarte —mientras lo decía mi cuerpo temblaba del miedo, miedo de que pensara que estaba loca, miedo de que se enfadara conmigo, que nunca quisiera hablarme por querer acostarme con él, mi padre.

Pero no fue así, para mi sorpresa, el comenzó a reírse a carcajadas, se levantó de la silla, se acercó a la mía y tomándome del brazo me levantó y atrajo hacia el.

—¿Estás segura?

—S…si —respondí con un hilo de voz.

El volvió a sonreír.

—Entonces, tenemos que dejar claras algunas reglas —dijo mientras comenzaba a manosear mi culo, lo que hacia que me sintiera cachonda.

—NO busco amor, no quiero otra esposa, no quiero otra novia, ya tuve una, a tu madre le di todo el amor que tenia, ahora lo que quiero es solo… sexo, placer.

Seguía masajeando mis nalgas.

—Así que, a partir de hoy serás mi puta, ya no serás mi hija, vamos a tener sexo, a coger todo lo que yo quiera, desde hoy, siempre que quiera coger contigo, vas a estar disponible ¿entiendes?

Yo estaba sorprendida, nunca esperé que mi padre me hablara de esa manera, pero me gustaba, me gustaba mucho.

—Si —respondí sin dudar.

—Puedes coger con quien quiera, a mi no me molesta y no te reprocharé que te acuestes con nadie, así que tu tampoco tienes derecho de quejarte cuando yo me acueste con quien quiera, ¿está claro?

—Si.

El sonrió y comenzó a desnudarme, me quitó la blusa dejándome solo en sujetador, me miró sonriendo, yo también sonreí, quería besarlo, acerqué mis labios a los suyos, pero el tenía otros planes, se agachó con frenesí hacia mis pechos y comenzó a besarlos por encima del sujetador, poco a poco comenzó a quitármelo hasta dejarme completamente desnuda de cintura para arriba.

Mis pezones estaban ya más duros de lo que nunca habían estado, y el estaba chupándolos, no como un bebé, si no como una bestia, los chupaba como loco, incluso los mordia y eso me hacia sentir muy bien… demasiado bien.

Llevé mi mano a su entrepierna, me moría por probarla, por sentirla dentro de mi… mientras lo acariciaba el no dejaba de chupar mis pezones, y mi vagina comenzó a chorrear.

Estuvo un rato así hasta que decidió sentarse en la silla, haciéndome con su mano un gesto indicándome que me pusiera de rodillas frente a él, emocionada, así lo hice, le bajé los shorts y el bóxer y frente a mi apareció la verga que llevaba años deseando.

Al verla de nuevo, pude comprobar que no era la mas grande que había visto, pero tampoco la mas pequeña, era sin duda una verga de cual un hombre debería sentirse orgulloso, y el lo estaba sin duda.

Primero comencé a pajearla un poco, lentamente la principio y mas rápido después.

Después de unos segundos, lentamente fui dirigiendo la verga a mi boca, había hecho sexo oral antes así que de alguna forma sabía que hacer.

Comencé lamiendo el tronco de esa dura verga, una y otra vez hasta llegar a la punta, lo hice una y otra vez, hasta que me sentí lista y comencé a introducírmela en la boca.

Así comenzó un mete y saca de lo mejor que he sentido en mi vida, por fin estaba probando la verga que quería, me sentí como poseída, comencé a mamarla como si mi vida dependiera de ella, mi padre decía cosas que no lograba entender del todo (algo como ¿te gusta puta?), mamaba esa verga como loca, me encantaba el sabor de esa carne, solo quería hacerlo acabar para que me diera mi premio, en forma de leche blanca.

Estaba segura que el ya casi acababa cuando de repente me tomó por la cabeza y me separó de el, yo lo miré seguramente con un rostro de decepción buscando explicación…

—Es tu hermana —me dijo, al principio no comprendí, pero luego de unos segundos escuche los golpes a la puerta.

Mi hermana nunca se llevaba su llave así que era seguro que se trataba de ella, me asusté y miré a mi padre esta vez con miedo.

—¿Qué hacemos?

—Cálmate —me dijo —sube a mi habitación espérame ahí, le diré a tu hermana que se vaya.

Lo observé confundida, pero él me atrajo a mí y me dio un rápido beso en los labios.

—¿Creíste que perdería mi oportunidad de hacerte mía? Es mejor que te prepares porque esta noche no vas a dormir demasiado —me dijo mientras sonreía.

Eso hizo que mi cuerpo temblara y me excitara de nuevo, subí las escaleras y me metí en su habitación, aún tenia solo la falda como única prenda de vestir en ese momento, me asusté al pensar que tanto mi blusa como mi sujetador estaban en la sala, si Erika los veía seguro se daría cuenta de lo que estaba pasando.

Muy nerviosa esperé sentada en la cama de papá, no pasaron mas de dos minutos cuando escuché pasos en el pasillo que se detenían ante la puerta de la habitación donde estaba ya, al ver como se abría la puerta me asusté y me puse de pie.

—¿Dónde nos quedamos? —dijo mi padre desde la puerta y comenzando a abalanzarse sobre mi.

Esta vez si me besó, nuestros labios se unieron, contrario a lo que yo creía, no fue un beso salvaje, pasional, fue un beso mas de ternura, nuestros labios y después nuestras lenguas jugaron durante un par de minutos de forma cariñosa.

Al terminar me arrojó sobre la cama y sonriendo se inclinó sobre mi, besó unas tetas una vez mas, luego bajó comenzó a dar pequeños besos en mi vientre y mientras bajaban sus besos, con sus manos bajaba poco a poco mi falda y mi ropa interior, yo lo ayudé facilitándole el trabajo moviendo mis piernas.

Sonriéndole, abrí mis piernas y vi como el se acercaba poco a poco a mi vagina, me gusta tenerla siempre depilada.

Comenzó a lamer mi vagina provocándome una descarga eléctrica por todo mi cuerpo.

—Ahhhh —gemí mientras sentía su lengua lamiendo mi vagina.

Al cabo de un rato ya estaba masajeándome mis tetas mientras me dedicaba a disfrutar de la comida de vagina que mi padre me estaba dando, era genial yo comencé poco a poco a gemir mas y más mientras sentía como la lengua de mi padre recorría mi vagina.

No recuerdo cuando fue que dejó de hacerlo, solo recuerdo que fue después de que yo tuviera un gran orgasmo soltando todos mis líquidos en su cara.

Pero si recuerdo que él se puso de pie, me atrajo hasta la orilla de la cama y abriendo mis piernas, me penetró sin ningún aviso, lo que hizo que yo soltara un gemido más largo de lo que me gustaría admitir.

Al principio lo hizo lento, pero conforme los segundos pasaban comenzó a moverse más rápidamente.

—Que buena vagina tienes —dijo  —me recuerda a la de tu madre

—Es tuya —dije entre gemidos

—Lo sé, es mía y la voy a usar

Continuó embistiéndome y con cada embestida yo solo podía pensar en lo afortunada que me sentía de haber logrado cumplir mi fantasía de follar con mi padre.

—Papiiiiii follameeee —grité ya controlada mas por la excitación.

—¿Eres mi perra?

—Siiii soy tu perra papi.

—¿Vas a hacer todo lo que yo te diga?

—Si, todo, todooooo —mientras gritaba esto me volví a correr sobre su cama, pero el siguió embistiéndome unos segundos hasta que sacó su verga de mi vagina y apuntando a mis tetas comenzó a disparar su semen en mi cuerpo.

Después de esto se recostó a un lado mío, estuvimos unos minutos sin hablar hasta que fui yo la que rompió el silencio.

—Estuvo genial papi.

—Si, lo hiciste bien

—Sabes papi (por alguna razón ese día tomé por costumbre llamarle papi como hacia cuando niña) mañana es día libre en la escuela… tal vez podríamos… repetir.

El me miró a los ojos, esos ojos me hacían temblar de excitación.

—Si —dijo al fin —seguro que podemos hacer más cosas mañana, de hecho quiero que me acompañes a algún lugar, pero…

—¿Pero?

Sonriendo me dijo:

—Pero… te dije que hoy no te iba a dejar dormir.

Lleve mi vista hacia abajo y para mi sorpresa su verga estaba erecta de nuevo, con una sonrisa me lancé sobre ella…

Y papá cumplió su promesa, esa noche no dormí nada.

Nota: Como pueden ver, en esta segunda parte quise centrarme más en Erika y en los cambios que ella misma siente, se siente mas traviesa, mas puta por decirlo así para los siguientes relatos habrá mas personajes y ya no solo la familia, así que cambiará de categoria para los siguientes relatos, aunque aún no sé a cual.


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