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Fecha: 14-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me hicieron creer que era afeminado. (7)

tauro47
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Cuando yo creía que todo era color de rosa aprendí que todas las personas no son iguales y a cada una hay que tratarlas como se merecen. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                                                  Con las palabras de mis primas quedé en shock, de momento noté que me subía un calor a las mejillas que me sofocaba, hasta mis primas se dieron cuenta y todavía echaron más leña al fuego.

  • Jajaja, primo Carlos, eres muy buena persona, Asun y su madre se han aprovechado de tu inocencia y han conseguido lo que querían y tú sin enterarte, jajaja.

 

                                                  Habría preferido que me tragara la tierra, todo el orgullo que sentía cuando salí de casa de Merche se transformó en ira, no por el hecho de lo que había pasado sino por el engaño tan bien organizado de la madre y la hija.

                                                  Mi abuela me preguntó qué me pasaba, ni le contesté y miré al suelo, desaparecí en mi cuarto poniéndome a coser como loco, a la hora de la siesta me rogó que pasara por su habitación y lo hizo con una mirada que no pude ignorar, ya en la cama se pegó a mí con tono dulce y me preguntó.

  • A ver Carlos, eres mi nieto y quizás la persona que más quiero en este mundo, me haces sufrir al verte con esa cara, si no quieres no me digas nada pero por favor si te puedo ayudar de cualquier forma aquí me tienes.

                                                  Se me quedó mirando, yo miraba al cielo y aunque Antonia estaba rozándome con su cuerpo no me cogió la verga como era habitual, ni yo alargué la mano a sus tetas, la buena mujer, al ver que no decía nada ni cambiaba de expresión, se volvió dándome la espalda en silencio.

  • Espera abuela, no te vuelvas, perdón si no te cuento nada pero es… que estoy decepcionado, malhumorado y muy enfadado.

                                                  Antonia se volvió sonriente, había conseguido que me abriera a ella.

  • Cuéntame Carlos, no creo que sea tan grave lo que te pasa.

                                                  La conté a mi abuela de pe a pa todo lo que me había sucedido en casa de Merche, no quise omitirle el más mínimo detalle y ella escuchaba atentamente, a veces sonreía al conocer los detalles más escabroso, no le omití nada para que se diera una idea exacta de todo, cuando terminé suspiró y se pegó a mí, ya estaba tranquila, se esperaba algo mucho más grave y ya buscó y encontró mi polla que aunque blanda la estuvo manejando entre los dedos.

  • Mi querido Carlos, me habías preocupado, comprendo tu estado de ánimo pero te tengo que explicar unas cosas, lo primero es que en la vida te vas a encontrar muchas clases de personas, la mayor parte serán buenas pero dentro de esas buenas también hay clases y cada una es como es y debes estar preparado para todo, me alegra y te agradezco mucho que me hayas contado y con todo detalle tu aventura en casa de Merche pero analizando las cosas y es lo que quiero que comprendas es que en realidad no han hecho nada malo o por lo menos dañino para ti aunque coincido contigo que podían haber sido más “elegantes” y haberlo hecho de otra forma, si resumes un poco lo que ha pasado es que la madre y la hija comparten todo, hasta sus gustos sexuales, aunque debo admitir que no es muy normal cada casa es un mundo, tanto la hija como su madre sabían lo que tienes entre las piernas y que ahora tengo en mi mano, por un lado las comprendo porque por esto vale la pena todo pero si querían probar esta delicia debían haberlo hecho diciéndotelo antes, imagino que conociéndote no te habrías opuesto pero a las mujeres a veces la calentura nos hace pensar sin lógica, igual que a vosotros os pasa, y primero una, luego la otra y al final las dos casi gozaron contigo, yo no te recomiendo que te lo tomes muy a mal.
  • Pero abuela, me sentí ridículo, hasta mis primas se han burlado de mí, me han dicho que soy un inocente y con un tono… estoy pensando como vengarme.
  • Jajaja, tus primas… están creciendo demasiado y no nos damos cuenta, ya son unas mujercitas pero no les hagas mucho caso, en cuanto a tu resquemor no te lo aconsejo, deberías tomar nota pero no intentar tomar represalias contra ellas ni contra nadie, sólo conseguirás crearte enemigos y la cosa no es tan importante.
  • Entonces… ¿crees que no debo darme por ofendido?
  • Yo te digo lo que yo haría, por supuesto no les demostraría que te has enterado de su treta pero les dejaría claro que tú también les puedes engañar de alguna manera.

                                                  Me había quitado un peso de encima, estaba convencido de que mi abuela tenía razón no sabía qué hacer pero ya lo pensaría, ahora lo más importante es que la polla ya estaba tan dura que casi me dolía y los pezones de Antonia se marcaban en mi brazo, los estrujé y mi abuela me cogió del brazo y dulcemente fue tirando hasta ponerme sobre ella, no me dijo nada pero sin apartar la mirada de mis ojos encaró la verga entre sus piernas y rodeándome la cintura con ellas las cerró clavándose la polla hasta la raíz.

                                                  Por la noche seguí cosiendo y cuando ya no se oía a nadie salí de la habitación, por el pasillo fui mirando y comprobé que todos dormían excepto mis primas, una raya de luz se veía por debajo de la puerta y abrí con cuidado, Cris estaba leyendo un libro de clase y Alicia también leía, las dos estaban sobre sus camas pero Alicia con las piernas encogidas y abiertas mostraba su coño peludo, sus dedos jugueteaban entre los rizos y al verme bajó las piernas, del libro le cayó una fotografía manoseada, era una mujer apoyada en una mesa con un hombre detrás a punto de meterle una polla gigante arqueada hacia arriba, se notaba que era una foto antigua por los peinados y mueble porque por lo demás estaban desnudos los dos.

  • Hola primitas ¿qué hacéis?
  • Estamos estudiando.
  • ¿De verdad, entonces esta fotografía que ha caído al suelo del libro de Alicia es anatomía?
  • A ver… ¡Alicia de dónde has sacado esto!
  • Eeeh, me la han dejado para que la vea, mañana la tengo que devolver.
  • Veo que os gusta el tema, a mí también pero decidme… ¿cómo os habéis enterado de lo de Asun?
  • Porque cuando estuvo aquí y te vio le pene le encantó y dijo que le gustaría probarlo, se lo diría a su madre porque también le gustaría, no tenían intención de molestarte sólo querían probarlo pero cuando estabas en su casa se calentó y pensó en la forma de conseguirlo y le dijo a su madre que le siguiera el rollo y que fingiera con el teléfono, el resto nos gustaría saberlo por ti porque ella sólo nos ha contado eso.
  • Ya y por eso os habéis burlado de mí.
  • Primoooo, no te enfades con nosotras, es que hacías una cara al saber la verdad…
  • No tenéis idea lo enfadado y ridículo que me sentí.
  • Venga no te mosquees, siéntate con nosotras y cuéntanos todo.
  • Es que es muy fuerte y vosotras muy jóvenes.
  • ¿Jóvenes, sólo dos añitos menos que tú viejito?, jajaja. Anda ponte aquí en el medio de las dos.
  • Vale pero luego no me culpéis y no le digáis nada a Asun ni a nadie ¿vale?
  • Vale primo, como siempre mudas.
  • Ya, resulta que…

 

                                                  Les fui contando en versión light lo que había pasado en casa de Asun, les dije que mientras estaba probando a su madre ella se había desnudado y se había hecho una paja delante de mí, Cris me miraba un poco ruborizada pero Alicia parecía que la estaba viendo y su mano también se perdía entre sus piernas, a Cris se le notaba que respiraba agitadamente y se apoyó en mi hombro con la cabeza, presionaba con su incipiente teta en el brazo y estaba atenta a mi relato, su hermana estaba frente a nosotros y ya no se privaba de esconderse y con las piernas abiertas se pasaba y repasaba el coño con los dedos, la mano de Cris se apoyó en mi rodilla, los dedos se alargaban hacia el interior de los muslos y poco a poco iban subiendo, mi polla me molestaba y pude dejarla salir del calzoncillo bajando por la pierna, Cris al notarla se aferró a ella y ya no la soltó, movía la cabeza y la sentía respirar en mi oreja, me besó en el cuello suavemente y yo le pasé la mejilla por la suya, los labios estuvieron tan cercanos que sentíamos el aliento de cada uno.

                                                  Alicia tenía calor, mucho calor y por eso se fue subiendo la camiseta de pijama, ya se veía la parte baja de los pechos y los acariciaba por debajo con la mano que tenía libre, noté cómo se pellizcaba los pezones y el efecto que le hacía, el dedo que tocaba el sexo estaba brillante y también los pelillos rizados, echaba la cabeza hacia atrás gimiendo y el calor que sentía cada vez iba a más, se quitó de un tirón la camiseta y se quedó con los pantalones cortos que estaban en los tobillos, le molestaron y los tiró lejos abriendo las piernas de par en par.

                                                  Mi polla no podía estar más dura pero más por Cris que por Alicia, a mi prima pequeña ya no le podía ver más de lo que le veía pero Cris estaba luchando contra ella misma y eso me daba un morbo extra, le besé en la sien y ella me rozaba la cara contra la mía, mis labios corrían por sus mejillas y los parpados, por la nariz respiraba abriendo los ventanales queriendo calmar su desazón, me rozó los labios con los suyos y la mordí suavemente.

                                                  Me cogió la mano y la llevó a la teta que tenía libre, la sostuvo con la suya y me hizo notar el tamaño del pezón, cuando lo cogí con dos dedos ya me soltó, debió parecerle poca la sensibilidad porque subió la camiseta del pijama para que pudiera tocar la piel y ya no la bajó, se descubrió el hombro para que abarcara con toda la mano el bulto que prometía ser una teta y al separarse de mí un poco la otra parte de la prenda se subió también y le molestaba por lo que decidió imitar a su hermana quitándosela por la cabeza.

                                                  Alicia nos miraba con atención, le gustaba los progresos de Cris y le incitaba a meterse más dedos en el coño, Cris le envidiaba tener el coño lleno de dedos pero prefería notar la dureza de mi polla aunque fuera por debajo del pantalón, me acercó la boca a la oreja, me dio un escalofrío pensando que me iba a morder el lóbulo pero me susurró.

  • Carlos, me gustaría acariciarte, ¿puedes quitarte los pantalones?

                                                  No le contesté pero levanté el culo para que fuera ella la que lo hiciera, ávida aflojó el cinturón y bajó la bragueta metiendo la mano, no lo esperaba pero se encontró con una dificultad pues yo tenía la polla obligada hacia abajo y se topó sólo con el bigotillo de pelos, no se amilanó, se puso de rodillas en el suelo, tiró de los pantalones hacia abajo y me quitó los zapatos, la polla saltó vertical y la cogió con las dos manos, se posicionó de forma que evitaba que la viera su hermana, la quería sólo para ella y bajó el prepucio, lo miraba como si estuviera hipnotizada y su boca se aproximó hasta tocarla, le fue dando besitos cortos por toda ella hasta la raíz, luego con la lengua la barrió por completo y después de varios intentos la metió entre los labios aspirando.

                                                  Vi cómo desaparecía en su boca, nunca pensé que tendría tanta capacidad pero llegó a tocarme con la nariz y tenía los ojos húmedos cuando la fue sacando mojada, se puso de pie y me quitó la camisa me empujó por los hombros hasta tumbarme, no dijo palabra, en la habitación sólo se oían los suaves gemidos de Alicia, me miraba clavándome los ojos y se quitó las braguitas rosa, le vi el vello púbico rubio y poco poblado y los labios finos, el clítoris que se asomaba prominente y al subir sobre mí se dejó caer a lo largo llegando a mis labios y besándome, fue un beso inexperto pero tan dulce que me supo a néctar, la polla la notaba entre sus piernas pero bajó lo suficiente para llegar a tocarle los labios, no dejó de mirarme y se fue dejando caer, ya notaba el calor de los labios menores apenas visibles y por un momento mi glande se metió un poco en su vagina virgen.

                                                  Alicia se había movido y se había arrodillado entre mis piernas, estaba de espectadora en primerísima fila de lo que estaba pasando, su hermana se había metido un poco mi polla y no sabía que iba a hacer.  Cris fue bajando peligrosamente y llegó a tensar la membrana que limitaba su inocencia, yo me asusté, no quería que hiciera algo que luego podría lamentar y la sujeté por la cintura levantándola un poco para evitar que accidentalmente se pasara.

                                                  Alicia empeoraba las cosas, me había cogido la polla por debajo del culo de su hermana y la mantenía vertical, no podía escaparme y para más peligro me amasaba los huevos.  Cris estaba de rodillas y vertical y a mi aviso de peligro me miró seria y decidida y de momento se dejó caer, noté el glande forzando el himen de Cris, por un momento se resistió pero tras un chasquido dejó libre el paso y Cris resbaló hasta tener la polla adentro, los pelos rubios de su coño se enredaron con los míos.  Alicia tuvo que soltar la polla porque ya no le pertenecía ahora era enteramente de su hermana, Alicia se puso de pie abrazándola por detrás, le estaba dando apoyo moral, le gustaba lo que había hecho, se había hecho mujer con su primo y eso le ponía muy contenta.

                                                  Cris estuvo unos minutos que no se movía fue su hermana la que le ayudó a elevarse y volver a bajar, parece que reaccionó y ya lo hizo sola, con los ojos cerrados disfrutaba del momento, imagino que por su cabeza pasarían miles de cosas, por la mía lo único que pasaba era que tenía que evitar por todos los medios correrme dentro de Cris.

                                                  Al fin se fue levantando y miró entre sus piernas, si tenía alguna duda el color de mi polla se la despejó, estaba tintada de rojo, no era mucho pero lo suficiente, su hermana desde detrás aplaudió en silencio, Cris se tendió a mi lado y me volvió a besar, esta vez era un beso totalmente diferente, era sensual, metió la lengua buscando la mía y me asombré del cambio, ahora era una mujer en todos los sentidos, en unos minutos se había transformado como una mariposa.

                                                  Alicia se ocupo de limpiarme la polla con un pañuelo, la dejó perfecta aunque para más seguridad la lamió entera y para remate la puso entre sus tetas, la abrazó y la estuvo moviendo hasta ponerla tan dura como la había sacado de su hermana.

  • Me gusta veros tan felices pero ahora me toca a mí, Cris ya ha cumplido su deseo.
  • Alicia, yo no me esperaba esto pero ya que ha pasado… pero tú eres más pequeña, deberías esperar un poco.
  • No creas, sólo tengo un año menos, mejor dicho once meses y ya me ves que cuerpo tengo…

 

                                                  Los argumentos de Alicia eran poderosos y ya puestos… un día u otro tenía que ser y para que fuera con otro…

  • Vale Alicia acuéstate al lado de Cris y lo intentamos pero que conste que es porque insistes…
  • No, de eso nada quiero que me lo hagas como los de la fotografía, por detrás.
  • Pero mujer, por detrás te entrará más todavía, te haré daño.
  • No importa, quiero por detrás.

                                                 

                                                  Alicia se puso en posición poniendo las manos sobre la cama y levantando el culo con las piernas abiertas, me puse detrás como ella quería, tenía un culo mas relleno que Cris, en verdad tenía el cuerpo de mujer y cuando las tetas quedaron colgando su hermana se las sujetó para que no le bailaran, yo me apoyé mojándome con saliva el capullo y noté la humedad de la vagina de Alicia, estaba ardiendo y blanca de flujo, sólo le metí la punta esperando llegar al himen, seguí metiendo pendiente de un momento a otro hacer tope pero cuando me di cuenta ya tenía las tres cuartas partes de la polla dentro de Alicia, no lo pensé dos veces y de un empujón la clavé a fondo, ni se inmutó, sólo gimió de placer moviendo el culo para que le metiera más.

  • Alicia ¿qué ha pasado?  No he notado que te desvirgara.
  • Eeeh pues… no sé, a lo mejor es que lo tenía dilatado o que se habrá roto al meterme los dedos.

                                                  No me lo creí pero su hermana parece que lo dio por bueno, estaba convencido de que la teoría de Alicia no era lo que decía, era más probable que ya hubiera follado o al menos intentado hacerlo pero me callé.

                                                  A ella no hizo falta decirle que se moviera y para que lo hiciera ella lo hice yo, me clavé en ella, tenía una vagina tan estrecha que parecía que me ponía un condón cada vez que entraba en ella, Cris se puso de rodillas a nuestro lado, con una mano le cogía una teta y con la otra mis huevos, en la habitación seguía el silencio, un murmullo de jadeos y el plas plas de los choques de mis muslos con el culo de Alicia.

  • Carlos me corro, me voy a correr.
  • Yo estoy a punto también.
  • Aguanta un poco, no te corras adentro por favor.
  • Nooo pero date prisa.

                                                  Alicia se corrió, casi se le doblan las piernas y se quedó apoyada en la cama, mi polla se salió en el último segundo pero Cris estaba atenta y se la metió en la boca, seguí follándole la boca hasta que me corrí, mirándome desde abajo le vi una mirada de vicio que me calentó aún más y no paré aunque me había vaciado, ella tragó todo pero no abrió la boca hasta que me volví a correr, estaba cansada de estar de rodillas y se tumbó al lado de Alicia, ahora me tocaba arrodillarme a mí y lo hice entre sus piernas caídas, le lamí el coño a Cris, la chica levantó las piernas al cielo y no las bajó hasta que el orgasmo la obligó, aún así las dejé sobre mis hombros y seguí lamiendo hasta provocarle un segundo orgasmo.

                                                  Al salir al pasillo las piernas me temblaban a mí también, salí de puntillas desnudo y me vino justo para entrar a mi habitación y dejarme caer en la cama boca abajo.

                                                  Por la mañana no me despertó el reloj, no le había pulsado la alarma y ya entraba la luz por la ventana, me despertó el tacto de una mano, estaba entre dos sueños y miré a mi alrededor, no me había movido en toda la noche y seguía echado sobre la cama boca abajo en X la mano que notaba la conocía pero no podía identificarla, hasta que no habló.

  • Mira mi niño, ahora le ha salido rabo.
  • Hola mamá, perdona no te había oído entrar.
  • Ya veo, parece que te acostaste rápido anoche.
  • Sí, tenía calor y me duché, me acosté y me dormí ¿querías algo?
  • No, sólo quería ver si necesitabas algo de mí.

                                                  Mi madre al entrar me había cogido la verga que asomaba junto a los huevos entre las dos piernas sobre la sábana, se había sentado a mi lado y me acariciaba con dulzura.

  • Gracias mamá pero no necesito nada.
  • Ya lo veo (gimoteando) está visto que los hijos se olvidan pronto de sus madres.
  • No mamá no te pongas así, me gusta que vengas a ayudarme pero no necesito nada.
  • Sí, ya lo noto (siguiendo lloriqueando) si no te hubiera enseñado a hacerte pajas ahora estarías contento de verme pero como ya te alivias tú sólo…
  • No digas eso mamá, me encanta que me alivies tú y cuando lo hago pienso en ti y en tus tetas, lo sabes…
  • ¿Y por qué ahora no se te pone dura?
  • No sé, a lo mejor porque no te veo las tetas, jajaja.
  • Haberlo dicho, míralas.

                                                  Mi madre con toda su buena voluntad subió la blusa y el sujetador y dejó caer las dos tetas delante de mí, el efecto fue inmediato, quizá porque estaba acariciándome la polla pero el caso es que los pezones los tenía duros y salidos, levanté la cabeza para chuparlos y como no llegaba se inclinó ella, me llenó la boca con la areola y todo y se estuvo quieta hasta que me faltaba la respiración, ya me estaba meneando el rabo con rapidez cuando se oyeron las voces de mis primas en el pasillo acercándose y hablando de mí, mi madre soltó la polla me dio un beso en el capullo y se bajó la ropa, yo me eché la sábana por encima mientras mi madre salía disparada.

                                                  Por la mañana tuve una visita inesperada pero agradable, estaba cosiendo como siempre cuando llamaron con los nudillos a mi puerta, al momento asomó la señora Francisca, hacía tiempo que no venía y creí que se había olvidado de mí, la invité a sentarse y le enseñé el calendario con los trabajos que tenía encargados, se sorprendió por la aceptación que tenía y me dijo.

  • Me alegro mucho de verte y saber que te va bien el trabajo, precisamente anteayer hable con la academia de Corte y me dijeron que estarían encantados en acogerte pero en estos momento estaban completos así que al próximo curso ya les he reservado plaza para ti, de momento debes practicar en hacer algún vestido por aquí ¿has hecho muchos?
  • Más que muchos variados, he hecho vestidos para jóvenes, para embarazadas, para mujeres serias y para simpáticas, de todo un poco aunque aún no los tengo terminados.
  • Así me gusta pero… ¿sigues mi consejo?
  • Al pie de la letra y sin excepciones.
  • Perfecto, sigue así y me lo agradecerás siempre pero ¿no tomarás “medida” aquí verdad?
  • No, procuro visitar a las clientas en su casa aunque a veces no es fácil.
  • Ya me imagino, cuando quieras me llamas y me tomas medidas a mí, ya hace demasiado tiempo que no me haces ningún “trabajo”, te encargaré algún vestido aunque no me hace falta.
  • Gracias señora Francisca, cuando me desocupe un poco con esto la llamaré y pasaremos una tarde “agradable”
  • De eso estoy segura ¡ah!  Se me olvidaba te quería comentar que el otro día estaba con otras señoras en la parroquia y les comenté tus habilidades con la aguja fina, claro jajaja y hubieron algunas que se interesaron, sobre todo una me dijo que vendría a hablar contigo, tenía un trabajo que pedirte.
  • Pues se lo agradezco, ya hablaré con ella y le aseguro que quedará satisfecha, jajaja.
  • Perfecto, bueno no te entretengo más Carlos, te dejo con tu trabajo.

 

                                                  La señora se levantó y se acercó para darme dos besos de despedida y aprovechó para cogerme la polla, ya sabía de sobra por donde buscar y a la primera la agarró.

  • Madre mía Carlos que cosa tienes, ya estoy ansiosa de probarla.
  • No se preocupe que se dará un banquete.

                                                  Por la tarde entró mi abuela, en la tienda había una señora preguntando por mí que tenía un aspecto raro y en voz baja me dijo.

  • No sé, no la conozco pero parece muy beata, muy de iglesia…
  • ¡Ah sí! Debe ser la señora que me ha comentado doña Francisca, enseguida salgo o mejor dile que pase por favor.

                                                  Mi abuela no había podido describir mejor a la mujer, era menuda de estatura y cuerpo con el pelo corto a lo chico y por supuesto sin nada de pintura en la cara, miraba vergonzosa al suelo y parecía tímida en extremo, físicamente era una tabla no aparentaba ni curvas ni nada parecido y la invité a sentarse, la señora miró con cierto recelo mi cama y la tapé rápidamente con las telas que tenía esparcidas por todos lados, después de insistir mucho se sentó con las rodillas juntas, apenas se le veían los pies debajo de la falda plisada gris marengo y el jersey que llevaba del mismo color que le tapaba hasta el cuello, los zapatos planos y negros y con medias oscuras, me acordé de la señora Francisca ¿Qué no estaría poniéndome a prueba?  Para mis adentro me propuse no fallarle… hasta que pudiera, claro.  La mujer empezó a hablar tan despacio que tuve que acercar un poco mi silla.

  • Me llamo Angustias y soy hermana del señor párroco, él está enfermo y no ha podido venir, no sale de casa solamente hace las misas y vuelve a la cama.
  • Entiendo y lo lamento pero la señora Francisca me dijo que quería encargarme un vestido.
  • No exactamente, comentó que usted cosía muy bien y yo pensé que podría ayudarme.
  • Usted dirá.
  • Resulta que el señor obispo va a hacer unas visitas a las parroquias y posiblemente si tiene tiempo se pasará a ver a mi hermano el señor párroco.
  • Ya ¿Y?
  • Pues que mi hermano el señor párroco hace muchos años que tiene la misma sotana y lo he convencido para que se haga una nueva.
  • Pues… lamento decirle que yo sólo hago ropa de señora, nunca he hecho de caballero debía encargárselo a un sastre.
  • No, si no es nada complicado se parece más a una bata de mujer que a un traje de caballero, mire le he traído la vieja, puede descoserla y con los mismas piezas hacerle la nueva.
  • No sé si resultará, no me atrevo.
  • Seguro que si lo intenta… le he traído la tela y los treinta y tres botones que lleva ¿sabe, por los años de Cristo?
  • No sé qué decirle señora Angustias… pero no me decido.
  • Por favor, hágalo por mí, yo soy monja ¿sabe? Pero he pedido una dispensa para cuidar de mi hermano el señor párroco.
  • Ya sé que su hermano es el señor párroco, no hace falta que me lo diga tantas veces pero el problema es el mismo porque si me sale mal… todo el mundo lo verá.
  • No, si no se dan cuenta, ahora viste con un suéter y pantalón negro y en la sacristía se pone la casulla y sale a la iglesia a decir misa, luego se desviste y vuelve a casa a la cama.

 

                                                  La mujer me atajaba por todos lados y ya no sabía que excusa darle y por consideración de la señora Francisca acepté con la condición de que no se quejara si no le sentaba bien, la monja aceptó todas mis advertencias y se fue.

                                                  Encima me había dicho que le urgía porque el señor obispo ya estaba haciendo la vuelta por los pueblos, tuve que dejar todo y dedicarme a la sotana, teniendo la vieja me facilitó todo mucho, la descosí y corté las piezas nuevas, lo que más me costó fueron los botones pero con la máquina que me compró Antonia hice los ojales en casi nada de tiempo y la verdad colgada en la percha quedaba bastante bien, el día que fui a la iglesia a llevarla encontré a la monja en un reclinatorio rezando y con cuidado me acerqué a ella y aún así se asustó al verme.

  • Uy lo siento, es que he visto una sombra y me he asustado.
  • No tiene importancia, le traigo la sotana de su hermano el señor párroco.
  • ¡Ah, qué alegría!  Acompáñeme a la sacristía que hay más luz.

                                                  Por la penumbra y la soledad de la iglesia la acompañé a la sacristía, el olor a cera e incienso llenaba el espacio de la pequeña estancia y le extendí la prenda sobre una mesa, ella pasó la mano por la ristra de botones sonriendo, estaba feliz.

  • ¿Le puedo pedir otro favor?
  • A ver… pero nada para su hermano el señor párroco.
  • No, era para mí es que cuando salí del convento me quité el hábito para mayor comodidad y me puse estas ropas pero me he dado cuenta que no tengo otras y me gustaría que me hiciera algo más cómodo y fresco porque paso mucho calor…
  • Eso ya es otra cosa, lo que ocurre es que no he traído la cinta métrica y…
  • No se preocupe porque he visto una en la casa, acompáñeme.

 

                                                  Aquella mujer no conocía la palabra no y sin querer me estaba dejando llevar, la seguí a la casa abadía y me señaló la habitación dónde estaba el cura, fuimos a la suya y en una caja con hilos vieja encontró un metro medio roto pero valía.  La mujer dejó la puerta abierta en previsión, le dije que debía quitarse el jersey que llevaba y se quedó con una camisa de manga larga muy discreta, empecé a tomarle la medida de espalda y mangas y la mujer se notaba violenta pero yo sabía que cuando quisiera tomar la de cadera o pecho iba a tener problema, le sugerí que separara los brazos del cuerpo y pasé los míos entre ellos, yo creo que no la llegué a tocar pero en un momento oí un ruido ¡PLAS!  Lo oí en un oído sólo porque el otro se me había quedado sordo y enseguida un escozor me inundó la cara y la oreja.  La monja cerró la puerta de la habitación y al volverse me dio otra bofetada en la otra mejilla, yo estaba aturdido, no sabía qué había hecho mal o si lo había hecho pero ella me sacó de dudas.

  • ¿Qué te has creído mariquita de mierda, qué me podías tocar?
  • Lo siento pero no creo haberle tocado y si lo he hecho ha sido sin darme cuenta, le pido perdón.
  • De eso nada, ¿cómo me voy a fiar de un nenazas como tú?
  • Perdone otra vez si la he ofendido.
  • ¡PLAS!, toma, así aprenderás a tratar a una mujer como yo.
  • De verdad, no he querido ofenderla, habrá sido que le ha parecido a usted.
  • ¡PLAS! ¿a mí, aún lo dudas, imbécil?
  • Mire señora… Angustias…
  • No me llamo Angustias, me llamo Juana, lo de sor Angustias es en el convento y ahora no estoy en el convento.
  • Vale pues, señora Juana…
  • Y no soy señora, soy señorita ¡PLAS!
  • Escuche me estoy conteniendo, ya me ha dado varias bofetadas y me ha llamado mariquita varias veces…
  • Porque lo eres… vaya pinta, y me querías tocar las tetas, a mí nadie me ha tocado las tetas nunca ¿te enteras?
  • ¿Yo tocarle las tetas a usted?  Ni pagándome, además ni tiene de eso.
  • ¿Qué no?  Mira… si eres hombre.

                                                  Se abrió la camisa, arrancando algún botón y me dejó al descubierto algo que parecía un sujetador porque en vez de sujetar las oprimía.

  • Vaya cosa ¿a eso le llama usted tetas?  Eso no son tetas ni nada.
  • ¡Por qué las llevo oprimidas, ahora verás!

                                                  Se soltó aquello que llevaba y dejó sueltas las tetas marcadas por los pliegues de la áspera prenda, tuve que reconocer para mí que no estaban mal del todo, era una pena que no las luciera.

  • ¡Bah! Que desilusión creí que iba a enseñarme algo que valiera la pena.
  • ¿Mejor? jajaja, ¡tendrás que enseñar tú algo mejor!
  • Seguro pero si se lo enseño le va a pesar.
  • Jajaja, ya encima de mariquita fanfarrón.
  • Por favor no siga faltando porque no respondo de mí.
  • A ver que tienes para enseñarme.
  • Ya se lo he advertido, si se lo enseño lo lamentará.
  • Uuuuh, ¡qué miedo mariquita!

                                                  Ya fue demasiado para mí, me abrí el pantalón y me saqué la polla.

  • ¡Dioosss, qué barbaridad!… pero… ¿para qué te sirve eso mariquita?
  • Ahora lo va a ver “doña Juana”.

                                                  Saqué el cinturón de las trabillas y lo hice en doble, empujé a la mujer sobre la cama y le levanté la falda, las medias y los calzones que llevaba de tela los bajé de dos estirones y al ver las nalga blancas descargué el cinturón sobre ellas, la mujer chillaba enviándome al infierno directamente pero seguía en sus trece.

  • ¿Eso es lo que sabes hacer mariquita?
  • No me llame otra vez mariquita que no respondo.
  • Jajaja, que miedo, ¡mira como tiemblo!

                                                  Las nalgas ya estaban rojas y el culo abierto sobre la cama, no sé porqué mi ira se centró en sus insultos y le pegué la polla entre las piernas.

  • Deje de llamarme mariquita o se va a arrepentir.
  • No mariquita no, marica eso es lo que eres tú.
  • No se lo voy a repetir.

 

                                                  Le apreté la polla, ya no era entre las piernas ahora le apuntaba al coño peludo, el vello le llegaba al culo y un poco pasadas las ingles pero era sedoso y brillante, la tenía sujeta contra la cama y no podía moverse, con el culo levantado le separé las piernas con mi pie apretándole amenazadoramente.

  • Es verdad, no eres mariquita ni marica, eres ¡maricón!

                                                  Lo siguiente que dijo fue un sacrilegio seguramente pero la polla entró de todas formas.

  • Serás cabrón, ¿no sabes que soy virgen y que he hecho mis votos? ¡Ooooh!
  • Me parece que lo de virgen lo puede olvidar, acabo de meterle este trozo de carne dura y ahora lo voy acabar de hundir en su coño peludo.

 

                                                  Lo prometí y lo hice, le metí hasta los huevos casi, ella gemía y aporreaba la cama jurando y perjurando.

  • Por Dios me estás matando, ten piedad.
  • No hay piedad, ahora la voy a sacar y la voy a meter otra vez.
  • No, ¡no la saques!, déjala ahí donde está, si quieres sácala sólo un poco.

                                                  Por una vez le hice caso, la saqué hasta la mitad y la metí de golpe otra vez, ya no juraba, sólo gemía y suspiraba, la solté porque ya no hacía por levantarse, ahora arqueaba la cintura para elevar un poco el coño.  Le subí la falda a la cabeza dejándole el culo al aire cogiéndome a las caderas la cosía a pollazos como una máquina.

  • Un momento espera, no la saques pero me voy a quitar la camisa porque me ahogo de calor.
  • Pero sin trucos ¿eh?  Aún tengo el cinturón a mano.
  • No te preocupes, me quitaré también la falda.

                                                  Se portó bien y se quitó lo que le quedaba y volvió a ponerse como estaba pero más cómoda, esperó a que se la metiera otra vez y lo hice con suavidad.

  • ¡Aaaah!  Que gusssto, así, sí así me gusta aunque lo de antes tampoco ha estado mal, métela más, por favor muchacho, ¿qué muchacho?, ¡hombretón!  Hazme tuya, no pares y lléname de carne.
  • ¿Y los votos?
  • No te preocupes, mi hermano el señor párroco me absolverá.

                                                  Estuve follándola sin descanso, a la vez pensaba donde iba a descargar mi leche, no pudo resistir mucho porque se estremeció corriéndose escandalosamente,  ya le había cogido un poco de afecto porque había retirado sus insultos, debía estar muy frustrada y ya había cambiado de opinión, pensé en mi abuela, no debía ser muy duro aunque lo demostrara para hacerme respetar.  La mujer gemía y jadeaba gozando como nunca, me acordé de los condones pero era lo último que se me habría ocurrido coger y por un momento me acordé de sus “mariquitas, maricas y maricones” saqué la polla y solté un salivazo en el culo, cuando se enteró ya era tarde y el grito se escuchó en el coro de la iglesia pero me pidió…

  • ¡Oooh que delicia pero cómo duele! sí ha valido la pena, sigue hombre sigue, no pares y vente en mi culo.
  • Lo siento señora Juana, no era mi intención forzarla, en mi vida he violado a nadie y menos a una monja.
  • No te preocupes muchacho, no me has violado, me lo tenía merecido, me he pasado contigo, tengo muy mal carácter desde que hice los votos, antes no era así.

                                                  Ya tenía luz verde y le hice caso, ahora me agarré a sus tetas aplastadas y le pellizqué los pezones, seguramente nadie se los había tocado más que ella y lo noté, se hicieron tan duros que me separaban los dedos, el coño le supuraba flujo espumoso mojándome los huevos cuando me vacié en su culo, estuve un momento quieto y cuando la saqué no le salió nada.

  • ¡Qué gusto me has dado y qué caliente está tu semen, me arde el culo!
  • Date la vuelta Juana que aún no he terminado contigo.
  • ¿No? Mmm, mejor, aún me quedan ganas.

                                                  Subí a la cama sobre su pecho y me senté en el estómago, apoyé la polla entre sus tetas y le cogí las manos para enseñarle cómo debía sujetarlas para hacerme un bocadillo con ellas, lo comprendió a la primera y no dejó que se saliera, le dije que abriera la boca y al subir le metía la punta entre los labios, aprendió a sacar la lengua y esperarme y cuando me volví a correr lo hice en su boca abierta, los chorros resbalaban por la lengua en forma de cuchara y se colaban en la boca, al final me adelante y se la tragó casi entera, me chupó como si fuera un caramelo y al sacarla relucía brillante.

                                                  Me abrazó, olía bien un poco a incienso pero bien, había sudado un poco y las tetas las tenía húmedas de leche y saliva, quiso saber cómo se besaba y me pidió que lo hiciera como en el cine, metí la lengua hasta la campanilla y no me rechazó.

                                                  Las campanas del campanario dieron las horas, había estado dos horas y pico y al salir me di cuenta que no le había tomado las medidas del pecho ni de cadera, tendría que volver otro día.

                                                  Mi abuela hacía cara de compasión, cuando me vio iba a abrazarme para darme consuelo, imaginaba lo que había debido de padecer pero en la siesta se lo conté, si cabe con más detalle que lo de Merche e hija, no esperó a que terminara, esta vez subió ella sobre mi y se dejó caer sobre mi verga, me cabalgó como una joven amazona, y se corrió en plena carrera, antes de que hubiera descabalgado la llené de leche caliente y me besó en la boca.

                                                  Julia estaba en la cocina fregando la vajilla de la cena cuando me acerqué a ella.

  • ¿Qué hay sobrino, cuando repetimos una noche de sexo?
  • Cuando quieras tía pero ahora quiero un adelanto.
  • ¿Estás loco?  Aún deben estar levantadas.
  • No, ya he mirado, sólo están tus hijas estudiando.
  • Sí, que chicas más buenas han salido ¿verdad?
  • Claro, hijas de madre, ¡saca el culo!

                                                  Julia sacó el culo hacia atrás y levanté la falda, me llevé la sorpresa de que no llevaba bragas y le dije al oído.

  • Ya sé a quién le parece tu hija Alicia.
  • Jajaja, es que se va tan bien…

                                                  Mi tía sabía de sobra lo que tenía que hacer y se apoyó en el canto de la pila, se agachó y separo las piernas, se la metí en el coño, directamente.

  • ¡Oooh, creí que sería primero por detrás!
  • ¡Qué más da!, pero te gusta ¿no?
  • Sabes que me encanta por el coño o por el culo, tu polla será siempre bien recibida amor.

                                                  Tuvo que abrir el grifo para que no se oyeran los gemidos que se le escapaban al correrse y yo apuré hasta el final para cambiarme al culo para correrme, la leche le resbalaba por los muslos cuando la dejé apoyada en la pila con la falda en los riñones, al pasar por la habitación de mi abuela la oí carraspear.

Continuará.

 

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