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Fecha: 14-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Greta y concha

QUIQUE
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... Sí, estoy mojada. -¿Cómo de mojada? -Siento cómo me salen los jugos de coño y me mojan el ojete. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Bebía cómo un hombre, fumaba cómo un hombre, trabajaba como un hombre, juraba cómo un hombre y se pajeaba cómo un mocito. Había quien la llamaban La Hija de la Loca, y quien la llamaba Garbo. Nadie la llamaba por su nombre, Greta.

Greta era una muchacha de 1 metro 56 de estatura, de cabello largo y negro, pecosa, fibrosa, con buenas tetas anchas caderas y tremendo culo.Tenía 18 años cuando se murió su padre debido a la coz que le diera una mula. Su madre, Amalia, una mujer de 38 años, se trastornó y andaba como sonámbula por la aldea, hablando sola y haciendo aspavientos con las manos.

Greta tenía que hacer todos los trabajos de la casa.

Estaba Greta en el establo con una horquilla quitando el estiércol de la cuadra de las vacas (allí olía a mierda que tiraba para atrás) cuando llegó a ayudarle su prima Concha, una moza pelirroja de 20 años, de la estatura de Greta, con tetas medianas, culo pequeño y con unos labios carnosos que verlos era desear comerle la boca. La llamaban La Mula, porque tenía la mano muy levantada y sus ostias eran como coces.

-Ya estoy aquí, Garbo.

-Coge una horquilla y quita el estiércol de la cuadra de los cerdos, Mula

Concha, se metió con la horquilla en la cuadra de los cerdos, que estaba separada de la de las vacas por una pared de madera.

Quitando el estiércol, Greta, le preguntó a Concha:

-¿Ya le chupaste la picha al primo?

-¿A cuál?

-Al Chepa.

-Ni a él ni a ninguno de los primos.

-¿Entonces por qué preguntaste a cuál?

-Por joder...

-Por joder lo jodí yo.

-¡No jodas!

-Que si, que lo jodí, Mula

-¿Tiene la gaita tan pequeña cómo dicen?

-Grande no es. No calza a una burra.

-Si te calzó a ti...

Greta, la pilló por el aire.

-¡Mula!

Greta, oyó la risa de su prima.

-Cuenta cómo pasó, Garbo.

-Pues iba yo atajando camino por la huerta de maíz del Tuerto, espantando cuervos, urracas y otros bichos voladores y me encontré al Chepa. Estaba cagando...

-Y se armó... Tienes un problema con olor a mierda...

-¿Qué? ¿Es algo malo que me guste el olor a mierda? Me crié entre ella.

-Y yo, pero no me pongo cachonda con su olor... Mejor lo dejamos. ¿Que ocurrió al verlo?

-Que se llevó un susto que se le cortó la cagada. Se levantó él y se le levantó la picha. Yo, viendo aquella cosita, le pregunté: ¿Me dejas que te limpie el culo, primo?

A Concha le costaba creer lo que acababa de oír.

-¡¿Qué?! ¡¿Le pediste que te dejara limpiarle el culo?! ¿Así, sin más, como quien le pregunta si quiere ponerse moreno al sol?

-Sí, así, de golpe porrazo. No le iba a decir que se la quería chupar. Era un truco.

-¿Para qué?

-Para chupársela.

-Me perdí.

-La que me perdí fui yo. Cuando me dijo que se lo limpiara. Cogí una hoja de maíz. Le olí el ojete, se lo limpié y le agarré la cosita. Se dio la vuelta y se la chupé. En nada me llenó la boca de leche. ¡Si vieras cómo me salia por los lados de la boca...

-¡Qué asquerosa!

-No creas. Asqueroso, él. Después de tragar su leche, me levanté, se agachó, me levantó el vestido, me bajó las bragas y... ¿Sabes que me comió?

-El coño

-¡El culo, me comió el culo y después me dio por el!

-¿Te dolió?

-No, ya tenía el agujero hecho.

-¡Qué tontería! ¿Tú te escuchas cuándo hablas?

-No, la que me tiene que escuchar eres tú.

-Hablar contigo es cómo hablar con una pared.

-No, es hablar con una. Nos separa una pared.

Concha no le dio más vueltas al tema.

-¿Te corriste dándote por el agujero negro?

-Seis veces. Había espigas donde escoger. Era cómo si estuviera follando con dos mozos, uno de picha pequeña y delgada y el otro de picha gorda.

-¿Te follaste el coño con una espiga?

-Con seis. Cada vez que me corría la cogía más gorda.

-¡Qué bestia!

-Sí, un poco bestia fue, pero me gustaba que lo fuera.

-Tú... -resbaló y se cayó sobre la mierda- ¡Qué mieeeeerda!

Greta, al no saber que le pasara, le dijo:

-Sí, en el culo hay mierda, pero, entre nosotras, yo creo que el primo es maricón...Y aunque no lo fuera. ¿Qué iba a hacer yo con su pichita en el coño? Dime.

A Concha la comían los demonios.

-¡Y a mí que carallo me importa lo que pudieras hacer con la lombriz en tu coño! Me acabo de caer sobre la mierda y huelo cómo una cerda.

Greta fue a la cuadra y vio a su prima sacudiendo las manos pringadas de mierda y de meo. Le dio una mano para que se levantase. Al estar su prima de pie le dio un beso (no sabía dar besos con lengua) que la dejó atónita. Después de la sorpresa, le dijo Concha:

-¡¿Qué coño acabas de hacer, huele culos?!

-No sé, me puso cachonda verte llena de mierda.

Concha, la separó de ella con las dos manos, y le dijo:

-¡Estás jodida de la cabeza!

-No lo pude evitar. Aún se me abre y se me cierra el coño. Deja que te de otro beso.

Greta, se le acercaba, Concha le puso un mano manchada de mierda en el pecho.

-¿Me viste cara de macho, Greta?

-Me gustas mucho, Mula.

-Olvídame. No soy maricona.

Greta, la volvió a besar. Concha, le metió una ostia que le puso la cara del revés.

-¡Zasca!

-¡¿Te llegó, marrana?!

A Greta le quedó la cara roja y manchada de mierda. La tocó con la mano, la olió, le miró a su prima a los labios y fue a por ella:

Le cayó otra ostia aun más fuerte.

-¡¡Zasca!!

A Greta se le aumentó la calentura.

-¡Cómo duele! Pégame más, Mula.

Concha, reculó.

-¡Se te fue la olla!

Concha, la Mula, se acobardó y se fue de allí corriendo. Greta se quedó sola y caliente, en ambos sentidos... Tenía que quitar el estiércol de las dos cuadras. Le importó un pimiento. Se tocó el coño, y luego, sonriendo, dijo:

-¡Qué paja me voy a hacer esta noche! ¡¡Tiembla, espiga, tiembla!!

Media hora después volvió Concha, cambiada de ropa, y le dijo:

-Vuelvo a ayudarte con la condición de que no intentes comerme los morros.

-Tranquila, ya me pasó la calentura, además tu necesito ayuda, sino no acabo hoy.

-Dime una cosa, prima. ¿Te gustan las mozas?

-Creo que sí, morrearte me mojó, pero bueno, también me pone perra el olor a mierda.

-¡Vaya! Gracias por la parte que me toca, cabrona.

-No te estaba llamando mierda. Es que ahora mismo ya no sé que me gusta más. Antes de morrearte, me gustaban solo los mozos y ahora tengo dudas.

-Dejemos el cuento que hay mucho que hacer.

Quitaron el estiércol de las cuadras, lo llevaron a la huerta, que estaba detrás de la casa, y después cubrieron el piso de las cuadras con helechos y acículas de pino. Eran ya casi la una de la tarde cuando terminaron. Había que quitarse el olor para comer y había que hacerlo al modo tradicional, con una regadera.

Greta, le preguntó a su prima:

-¿Te vas a lavar a tu casa o te lo lavas aquí? Si te lavas aquí puedes quedarte a comer, tengo pollo asado en el horno. Lo hice anoche.

-Me lavo en mi casa. No me arriesgo a que me metas mano.

-A mí el olor a jabón no me moja el coño

-Ya, pero verme en pelotas lavando el coño... Lo mismo te tiras en plancha.

-¿Estas buena desnuda?

Concha, se hizo la importante.

-Eso nunca lo sabrás. Me voy.

-Espera que te pago el jornal, Mula.

-Ya me pagarás.

-Vale, si ves a mi madre mándala para casa.

-Si la veo, lo haré.

Salía Concha de la casa, cuando le dijo Greta:

-Concha.

Concha, giró la cabeza.

-¿Qué?

-¿Estas mejor que el lacón con grelos?

A Concha se le escapó una sonrisa al decirle:

-Vete a la mierda, Garbo.

-Gracias, prima.

Greta, calentó un poco de agua en una cacerola, echó parte de ella en la regadera, añadió agua fría y se quitó el vestido y el sujetador. Tenia unas tetas grandes y duras con grandes areolas rosadas y bellos pezones. Luego se quitó las bragas. De sus sobacos salían pelos, y en el coño tenía una tremenda mata de vello negro que casi le llegaba al ombligo. Cogía la regadera, cuando oyó a sus espaldas la voz de su prima:

-¿Tienes vino para el pollo?

Se giró, y le dijo:

-Un garrafón de tinto.

-¡Pedazo de bosque tienes ahí!

-¿Te gusta?

No le respondió a la pregunta.

-¿Quieres que te eche yo el agua?

-Quiero.

Greta, se metió dentro de una tina, Concha, le echó agua sobre la cabeza. Greta se frotó con jabón del río el cuello, los sobacos, las tetas y el coño, y frotándose, le preguntó a su prima:

-¿Alguna vez te hiciste una paja al lavarte, prima?

-¡¿No irás a hacer una paja?!

Greta, se frotó el coño y acarició las tetas.

-¿Te gustaría ver cómo me corro?

-Me voy antes de que me comprometas.

Greta, dejó de tocarse.

-Vale, vale. Échame más agua para quitar la mierda y el jabón.

Se la echó y después, Greta, salio de la tina y se secó con un toalla.

Le tocaba bañarse a Concha. Greta, no era muy lista, pero tonta no era. Sabía que si su prima se desnudaba era porque se iba a dejar, y Concha, se desnudó.

Concha también tenía pelos en los sobacos y una buena mata alrededor de su coño, pero al ser pelirroja destacaba menos. Sus tetas tenían las areolas marrones y los pequeños pezones miraban hacia arriba.

Greta, al ver a su prima desnuda, se acercó a ella y la volvió a besar. Concha, levantó la mano, y cuando la bajó fue para coger el cuello de Greta. Le metió la lengua en la boca. Greta, abrió ojos como platos. Al dejar de besarla, le preguntó:

-¡¿Qué hiciste, Mula?!

-¿No te gustó?

Greta, no le respondió, le rodeó el cuello con los brazos. Ahora fue ella la que le metió la lengua en la boca a su prima mientras sus tetas se apretujaban.

Después, Concha, le acarició y le comió las tetas, bien comidas... Luego se puso en cuclillas y le comió el coño. Greta, estaba temblando. Se quedara sin palabras, Poco más tarde le volvió el habla, y fue para decir:

-¡¡Me corro, prima!!

Del coño de Greta comenzaron a salir jugos con la textura de los mocos. Los tragó mientras oía los gemidos de su prima y veía cómo le temblaban las piernas.

Cuando acabó de correrse, Greta, la cogió de la mano y la llevó a su habitación. La empujó encima de la cama. Abrió el cajón de la mesita de noche y sacó de él una espiga con granos amarillos que tenía puesto un condón.

Concha, era ahora la que se quedara muda.

Greta, se echó a su lado y le dijo:

-Yo no sé comer coños pero sé como follar a una mujer. Te voy a...

Concha, era lesbiana, pero lo tenía bien callado. La besó, y le dijo:

-Cómeme el coño. Solo tienes que hacer lo mismo que te hice yo.

-Era verdad, eres maricona.

-Lo soy, sí.

-¿Muy maricona?

-Me gustan las mozas tanto cómo a ti el olor a mierda

-¡Qué maricooooooona! ¿Comiste ya algún coño?

-Comí y me lo comieron.

Greta, se levantó de la cama, y le dijo:

-No te muevas de ahí, Mula, no te muevas que ahora vengo.

Al ratito volvía Greta con un ovillo de cordel de atar los chorizos y con una tijera. Concha, le preguntó:

-¿Para que es el cordel?

-Para atarte.

La envolvió en el cordel desde los tobillos al cuello.

-Parezco un trozo de carne que van meter al horno.

Greta, se puso en plan mandona.

-Eres un trozo de carne.

-¡¡¿Qué?!

Le dio una bofetada.

-¡Cállate, coño!

-¡Ay cuándo te pille por banda!

Greta, se las estaba devolviendo.

-¡Que miedo!

-¡Puuuuta!

Cogió la tijera, le cortó un mechón de pelos de coño y se lo esparció por la barriga.

-¿Qué decías?

-¡Estás loca cómo tu madre!

Le puso los dos filos de la tijera en el pezón derecho, y sonriendo, le dijo:

-¡Repite lo que acabas de decir si tienes coño!

Concha, se asustó.

-Lo decía en broma, mujer.

-Echa la lengua fuera, cacho de carne.

Concha echó la lengua fuera. Le puso los filos de la tijera sobre ella, y le dijo:

-La próxima vez que me llames loca te la corto. ¿Entendido, come coños?

Concha estaba temblado.

-Entendido, prima.

-¿Ya estas mojada? -levantó la mano- ¡Y no me mientas!

-Sí, estoy mojada.

-¿Cómo de mojada?

-Siento como me salen los jugos del coño y me mojan el ojete.

-Ya me vuelve a picar el coño.

Sacó la tijera de la lengua y se la chupó. Le mamó las tetas, se las mordió y le chupó y mordió los pezones. Bajó al coño... Al estar las piernas totalmente cerradas su lengua solo llegó al capuchón del clítoris. Concha, al lamérselo, comenzó a gemir.

-¿Te gusta, putita?

-Sí.

Le dio la vuelta, le abrió las nalgas y vio que las tenía empapadas de jugos. Puso la nariz en su ojete. Olió profundamente, y exclamo:

-¡Qué olor! Huele mejor que un asado de cordero.

Comenzó a lamerle el culo cómo si fuese un helado. Después le lo lamió y se lo folló con la lengua. Cada vez que la lengua entraba en el ojete. Concha, gemía, y cada vez que gemía la azotaba en las nalgas con las palmas de las manos. Al estar cachonda, cogió la espiga y jugó con ella en la entrada del ojete, que se abría y se cerraba. Concha estaba cada vez más excitada y al mismo tiempo, asustada.

-¡Me vas a reventar el culo con eso!

-¡Silencio o voy a buscar una espiga más gorda, Mula!

Concha, se calló. Greta chupó el condón para engrasarlo y le escupió en el ojete. La espiga fue entrando lentamente en su ano. Era como una polla gorda y le hacía daño. Los gemidos pasaran a ser quejidos. Greta, no paró, sabía lo que había sentido ella al meterla por primera vez y al final le gustara, y así fue... Le folló el culo hasta que volvieron los gemidos...

Al rato sacó la espiga del culo. Le cortó los cordeles de los pies y le dio la vuelta. Concha tenía el coño empapado. La besó y dejó sus labios cerca de los de su prima. Mirándola a los ojos le puso la espiga en la entrada del coño. Concha, le dijo:

-No, prima, por ahí, no.

-Yo hago lo que me sale del coño, maricona.

La espiga fue entrando en el coño muy apretada, pero no se quejó. Una vez dentro empezó el mete saca... Pasados unos minutos. Concha, gimiendo de nuevo, buscaba los labios de su prima, pero Greta se los negaba una y otra vez. Al rato, Greta, ya no aguantaba más.

-¡Ay que me corro, prima!

Concha buscó los labios de Greta, esta vez los encontró. Se fundieron en un beso tan largo, como larga fue la corrida de Concha que salía  presión por ambos lados de la espiga.

Acabó de correrse y la desató, Concha, le dijo:

-¿Quién te aprendió el juego?

-Nadie, me salió. Estoy muy mojada. Quiero correme otra vez.

No iba a ser posible. Acababa de entrar en la casa la madre de Greta, como siempre hablando sola y haciendo aspavientos con las manos... Loca estaba, pero a la hora de comer volvía.

Qique.


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