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TODORELATOS » HETERO: INFIDELIDAD » MI AMIGA DE LA OFICINA (EXTRACTO 1)
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Fecha: 05-Jul-23 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Mi amiga de la oficina (extracto 1)

Abel Santos
Accesos: 6.263
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Tiempo estimado de lectura: [ 8 min. ]
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Jose y María están en medio del lío y él se empeña en follarla, cosa a la que ella se niega porque no tienen condón. A Jose se le ocurre una idea para conseguir uno, pero María se niega rotundamente. Version para imprimir

—¿Qué tal? —le pregunté al observar que abría los ojos tras unos minutos de somnolencia.

—Ufff… —dijo ella incorporándose—. Ha sido la leche…

Se bajó de la mesa y me apreté contra ella. Enseguida notó mi bulto y me miró sorprendida.

—¿Tú no te has corrido?

—Pues… no… —dije sin entender su pregunta. Al fin y al cabo no había hecho nada para conseguirlo. Comprendí que mi sospecha era correcta: ella esperaba que me corriera dentro de los bóxer y dar la sesión por terminada.

María pareció dudar. Bajó su mano a mi entrepierna y me la apretó por encima del pantalón.

—Jo, tío… —dijo abriendo mucho los ojos—. La tienes super dura…

—Vaya si la tengo… Me la has puesto tú, que estás como un tren…

—Ya, eso se lo dices a todas…

Pareció pensarlo un instante y me hizo una propuesta excitante.

—¿Quieres que te la chupe?

Me encantó su ofrecimiento, pero me pareció poco premio, así que no me conformé.

—No, de chupar nada… quiero follarte…

—Jooo… —dijo en un tono de niña pequeña—. Es que no quiero follar… Eso solo lo hago con mi novio…

—Hostia, María… —me quejé—. No puedes hacerme esto. Si no me dejas follarte me voy a pillar un calentón de los grandes…

Pero ella contratacaba belicosa.

—¿Y qué más te da? —decía poniendo morritos—. Si una mamada es igual de buena… A mi novio le encanta que se la chupe… Yo sé hacerlo muy bien, ya verás… Anda, no seas malo…

—Que no, que no… —protestaba yo—. Que necesito follarte. No me quieras dar gato por liebre, por favor…

La magreaba cuanto podía intentando calentarla de nuevo, ya fueran las tetas, el culo, el coño… Pero ella seguía en sus trece.

—¿Por qué no lo dejamos por hoy y me follas otro día…?

—No —rezongaba yo—. Otro día te follo otra vez… Pero hoy te la tengo que meter sí o sí…

—Jo, tío…

Pasamos más de cinco minutos en un tira y afloja. Al final pareció rendirse.

—Está bien, vale… vale… —aceptó a regañadientes—. Fóllame, so pesado… mira que eres… A ver, saca un condón… —dijo y empezó a desabrocharse la cremallera lateral de la falda.

*

Me quedé congelado. ¿Un condón? ¿Y de dónde iba a sacar yo un condón? Ni por un momento se me había pasado por la imaginación que ese día acabaría follando. Y hacía más de dos meses que no lo cataba, así que de condón nada de nada.

—¿Cómo que condón?

—Pues eso… —su mano se detuvo y la cremallera permaneció abrochada—. ¿Sabes lo qué es? Una de esas gomitas que os ponéis los tíos para no preñarnos… ¿Quieres que te enseñe una foto o ya lo pillas…?

—No me vaciles, María, ya sé lo que es un condón… —protesté—. Lo que quiero decir es que podemos hacerlo a pelo. Ya si eso, cuando me vaya a correr me salgo… y ya está. Además… hace tiempo te oí decir que estabas tomando la píldora.

—¿La píldora? —replicó—. De píldora nada. Llevo un mes de descanso… Sin condón no me la metes, que lo sepas… ¡Solo me faltaría que me hicieras un bombo…!

Me sentí morir.

—Hostia, pues no tengo ninguno…

—No jodas… —protestó—. Pero si todos los tíos lleváis uno encima siempre… en la cartera… ¿No me fastidies que tú no…?

—Pues no… Llevo varias semanas de parón con mi chica… En estos momentos no tengo ninguna relación… hasta ahora… ¿Para qué iba a llevar un condón en la cartera? Eso solo lo hacen esos machitos que a vosotras tanto os disgustan de boquilla, ¿no…?

—No-me-jodas… —repitió y se echó hacia atrás—. Pues que sepas que te quedas sin follar. Porque a mí sin condón no me la metes…

—¡Me cago en la puta…!

—Bueno, ¿entonces quieres la mamada o qué?

—Espera… —dije—. A lo mejor hay una solución—. ¿Por qué no lo pensamos?

Nos quedamos en silencio y ella habló la primera tras un minuto.

—¿Por qué no vas a una farmacia? Seguro que encuentras una por aquí cerca. Es una buena solución, ¿no?

La consideré un segundo, pero enseguida la descarté. Si salía por la puerta María se enfriaría y a mi vuelta me la iba a tener que cascar en el baño. Era una idea nefasta.

Y de pronto se me ocurrió la solución «casi» ideal. Aunque en realidad era una idea de lo más peregrina. Este tipo de cosas se descubren con la edad, cuando las recuerdas con perspectiva. Pero en aquel momento, con el calentón que llevaba encima, ni por un segundo se me pasó por la mente que era la mayor gilipollez de la historia.

—Espera, ya sé… —dije reflexivo—. Seguramente que Ramón tiene alguno. Ese tío tiene pinta de machirulo, seguro que lleva más de uno en la cartera por si le sale rollo. Podemos pedírselo a él.

María me miró sin creer lo que le decía.

—Joder, Jose, ¿no lo dirás en serio…? —rezongó—. Que se va a enterar de que es para follarme… Menudo corte, no me fastidies…

—¿Y qué nos importa? —presioné—. Es un puñetero subcontratado que solo viene por la oficina los fines de semana. Que más nos da…

—No te dará a ti, no te fastidia… Pero a mí me corta de la hostia… ¿Te has vuelto loco?

Volvimos a la discusión. Esta vez de si «Ramón, sí… o Ramón no».

Al final gané la partida de nuevo. Estaba claro que yo era más peleón que mi compañera de proyecto.

—Vale… vale… —se sentó derrotada—. Pero al menos cuéntale alguna trola… Que te la quieres cascar en el baño para llevarla a un banco de semen o algo…

Reí por lo bajo y luego volví a sorprenderla.

—Ni de coña… eso si quieres se lo dices tú…

—¿¡Yo…!? —casi gritó—. ¿¡Y por qué yo!?

Suspiré largamente, como si le hablara a un niño que no entiende nada.

—Pues está claro… —dije sentándome a su lado y cogiéndola de las manos—. Yo no puedo bajar a pedirle el condón. Si se lo pido yo, va a empezar con jueguecitos de machirulo y a decir que «si se sube conmigo… que si te follamos entre los dos… que seguro que te lo pasas de puta madre uno por arriba y otro por abajo… que si tal, que si cual…». Vamos, que al final me va a cabrear y voy a tener que pegarme con él… Ni de puta coña… Yo no puedo bajar… tienes que ser tú la que se lo pidas…

—Me cago en tu padre, Jose… —se quejaba—. ¿Pero con qué cara bajo yo a pedirle un condón a ese tío? ¡Que yo no bajo, no me jodas…!

—Que sí, preciosa…

—¡Que no…!

—Que sí…

—Ya… ¿y qué quieres que le diga? —gimoteaba—. ¿Tienes un condón para prestarme, que estoy super caliente y mi compi Jose me va a echar un polvo para enfriarme?

La miré sonriente, acababa de tener una idea.

—No, lo que vas a hacer es lo siguiente. Te bajas a fumar otro cigarro con él. Luego te enrollas con… que si tal, que si cual… que si tu novio te está esperando en casa, y que… «¡Andá, se me ha olvidado comprar los condones y mi novio me va a matar! ¡Que con todo el trabajo que tengo no me da tiempo a comprar en la farmacia y si llego a casa sin ellos me va a echar la bronca del año…! ¿No tendrás tu alguno por ahí en la cartera y me salvas de la regañina?». Y tal…

Me miró con terror en los ojos.

—Ni de coña… Eso no cuela…

—Que sí… bobina… que si cuela… —le decía con cariños en la mejilla—. Tú solo déjate querer como hiciste hace un rato… A ese tío lo tienes loquito, se creerá cualquier cosa que le digas.

—Joder… es una puta locura… No me creo que me pidas eso…

—Te lo estoy pidiendo… y sé que lo vas a hacer, ¿a que sí…? —aproveché para darle un piquito amoroso.

—No me lo puedo creer… repitió con la mirada perdida.

Su tono era sumiso y supe que había vuelto a rendirse.

Le sobé un poco el culo y la morreé un minuto. Luego se levantó con una cara como si fuera al matadero. Cuando iba a salir por la puerta se volvió hacia atrás y la interrogué con la mirada.

—¿Pasa algo?

—Es que no quiero ir sin bragas… —me dijo y señaló al suelo, donde sus bonitas bragas de encaje habían caído durante la refriega de un rato antes.

—Vale… y, por cierto, toma… —repliqué—. Que te dejabas el tabaco…

Mientras cruzaba la planta en dirección al hall de ascensores, me asomé a la puerta de la sala y noté cómo le temblaban las piernas.

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