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TODORELATOS » HETERO: GENERAL » PONGO CACHONDO A UN COMPAÑERO DE TRABAJO
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Fecha: 21-Nov-23 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Pongo cachondo a un compañero de trabajo

kittysumise79
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Leer antes: Quedo con un desconocido de todorelatos Version para imprimir

Lo que hice ayer creo que ha sentado precedentes en mí.

Porque ahora no puedo dejar de pensar en repetir, en volver a sentir esa vorágine de lujuria devorándome por dentro.

Me doy una ducha de agua helada y solo sirve para encenderme todavía más.

Voy al cajón de la ropa interior, la acaricio sintiendo el encaje en las yemas de los dedos, y me detengo en un corsé que deja los pechos desnudos al completo.

Hoy tengo reunión en el trabajo, una de esas largas y aburridas. Fantaseo en cómo sería si me presentara con el corsé, una blusa de seda blanca escotada y la falda de tubo, con esas bragas que son un simple triángulo sobre mi coño, se abren y en marcan mi culo con dos tiras. Solo verlas me pongo mala, las cojo y me las pongo.

Cojo el corsé que sigue el camino  de la prenda interior, cubriendo una porción de mi piel.

Me gusta lo que veo.

Me pongo unas medias que mueren en mis muslos, y la ropa prevista junto a unos zapatos de tacón.

El roce de la seda me pone los pezones de punta y se sombrean bajo la tela. Me relamo, me excito, y pienso en si seré capaz de pasar toda la reunión así.

Cojo un bléiser oscuro por si acaso es demasiado.

Suelo ser de las primeras en llegar, hoy no es distinto, me acerco a mi puesto y me doy cuenta de que uno de mis compañeros, David, que suele ocupar una de las mesas del departamento de contabilidad me mira.

Es atractivo. De inmediato pienso en si será por la blusa, aunque es imposible, llevo la chaqueta puesta, no obstante me inclino un poco sobre la mesa, sé que el efecto holgado de la prenda le regalará algo de piel.

Hago como si no me diera cuenta, y miro la pantalla del PC, aunque la noto, caliente, perturbadora, íntima.

Nunca hemos hablado, o no lo habíamos hecho hasta que se acerca.

—Ayer te vi.

Su reflexión me pilla por sorpresa y hace que me levante con el ceño fruncido.

—Yo también a ti, aquí, en la oficina.

Él chasquea la lengua, es guapo, tiene cara de golfo y lo sabe.

—Yo te vi en otro lugar… Me encanta como gimes cuando te comen bien el coño en un probador.

Me quedo sin aliento.

Nos miramos y tiemblo. No sé qué decir. David conoce a mi marido de la última cena de empresa y yo sé que está casado, aunque nunca la ha traído.

Me quedo muda y él sigue hablando.

—Me gustan la perversión en las mujeres y tú pareces muy perversa. —Esos chicos se hicieron una paja anoche pensando en tus tetas y yo me las imaginé mientras me tiraba a mi mujer.

Tragué con fuerza. ¿Para qué iba a negar la evidencia cuando me estaba poniendo más que cachonda?

—¿En serio?

—Sí —Se apoyó en la mesa y se cruzó de brazos.

—Pues me alegro —me sonrió complacido.

—Lo sé, por eso he venido a decírtelo, las mujeres como tú necesitan aventura, morbo y alguien dispuesto a mirar como se merecen.

—¿Y ese alguien eres tú?

—Puede…

El jefe salió y nos llamó a todos porque iba a empezar la reunión. Estaba agitada por la conversación mantenida con David, sin percatarme de que él iba justo detrás de mí, contemplándome el culo.

En cuanto entré en la sala, noté que la chaqueta se desprendía de mis hombros.

—Aquí dentro hace mucho calor —masculló la voz masculina cerca de mi oreja. Su polla rozó mi culo y noté su erección. Mis tripas se enroscaron de inmediato y mi coño se mojó.

No pude hacer nada, la prenda ya no estaba así que caminé decidida hacia el otro lado de la mesa ocupando la silla que quedaba frente al a de David.

Vi sus ojos oscuros detenerse en la silueta de mis pezones y sonreír.

«Te los comería hasta que te corrieras, perversa», vocalizó sin pronunciar ningún tipo de sonido.

Yo imaginé su boca, su lengua y mi coño se contrajo.

Ajusté la silla y me humedecí los labios resecos, al hacerlo la blusa se pegó a mis tetas y él las siguió mirando con total descaro.

—Jefe, ¿puedo subir un poco el aire acondicionado? La señorita Ferrero tiene mucho calor y yo también.

—Por supuesto, Diantre, adelante.

«Cabrón», verbalicé y él torció levemente en cuello.

Nos dejaron vasos para servirnos agua, un bloc para anotar y un bolígrafo.

Como predije la reunión estaba siendo un tostón, salvo por las miradas indiscretas de David a mis pechos, que no podían hacerle más señales de lo mucho que me ponía.

—¿Me pasas la jarra? —me preguntó en voz baja guando yo me serví un vaso, para ello tenía que ponerme en pie. Todo el mundo parecía atender, salvo nosotros, que estábamos en nuestra particular reunión.

¿Quería jugar? Muy bien.

Llevé las manos a la camisa y con disimulo desabroché un botón más, me puse en pie y cuando me incliné para servirle yo misma el agua. Sé que vio todo lo que tenía que ver.

Sus pupilas se clavaron en el bamboleo obsceno y yo tuve que morderme el interior del carrillo para no gemir por la descarga de su mirada.

Se bebió el vaso del tirón.

Fue una de las horas más largas y más excitantes que había pasado en la oficina. Bebí tanta agua que en cuanto terminamos fui directa al baño.

Entré y alguien me empujó al último de los cubículos, que era el de minusválidos, nadie lo usaba.

Me agarraron de las tetas metiendo las manos por dentro de la blusa y me pellizcaron los pezones.

Jadeé.

—Me has puesto jodidamente enfermo, perversa.

—David —gemí.

—¿Quién si no?

Su polla ya estaba clavada en mi culo y se frotaba mientras amasaba mis pechos.

—Estás muy buena.

—Y tú —suspiré llevando mi mano a su entrepierna para acariciar la erección sobre el pantalón de traje.

—Abre la ventana.

Ese baño daba a otro bloque de oficinas, si abría la ventana lo más probable sería que nos vieran. Lo cual me llenó de excitación. Alargué la mano, accioné la maneta y el aire frío le dio la bienvenida a mis tetas, las cuales se salían de la prenda.

—Me pones muy cerdo.

—Y tú a mí.

—Veamos cuánto, perversa.

Desabrochó todos los botones, me quitó la blusa, me bajó la falda y cuando vio mi culo expuesto soltó un exabrupto.

—¡Joder!

Yo tenía las manos en la ventana, estaba inmóvil porque un tío, al otro lado, me estaba viendo de lleno. Mi coño se encharcó.

—No-nos miran.

—Pues vamos a dar espectáculo.

David fue distribuyendo besos y lametazos por mi espalda hasta llegara a mi culo. Pasó la lengua por el centro hasta toparse con mi orificio trasero y se puso a trazar círculos.

Mi marido nunca me había hecho eso, aunque yo sí había fantaseado con ello. Noté el flujo arremolinándose en mis labios vaginales.

—¿Te gusta? —`preguntó.

—Mucho.

—Sabes a diosa de la lujuria.

—Quizá lo sea.

—No lo pongo en duda.

Su mano buscó mis pliegues y se puso a masturbarme. Era incapaz de controlar los jadeos que emitían mis cuerdas vocales.

—Espera… —Sacó el móvil y lo puso en posición para grabarnos desde abajo—. Luego te lo mando.

—Sí, por favor —suspiré, mientras él regresaba a mi culo para comerlo y me hundía un par de dedos—. Ahhh

—Estás chorreando… —masculló y volvió a meter la lengua en el interior de mi culo. Las rodillas me temblaban. David sabía cómo excitarme y el mirón de enfrente se había pegado más al cristal y lo lamía, como si pudiera chuparme.

—Ahhh, volví a jadear —cuando me metió el tercer dedo.

—Hostia puta Cris, me muero por follarte.

—Hazlo.

No sé qué me empujó a decirlo, pero lo hice. David se puso en pie, escuché la evilla del cinturón desatarse, me cogió las manos y me las inmovilizó detrás de la espalda, sacándome las tetas por la ventana.

La situación era incluso más morbosa que la de ayer.

—Separa bien las piernas, perversa, te estoy grabando.

Y lo hacía, claro que lo hacía y yo chorreaba.

—David, fóllame, por favor. —Volví a repetir mirando a cámara. Sabía que esa actitud sumisa le ponía. Se tocó la polla.

—Será un placer.

Volvió a dejar el móvil me separó las piernas y me la metió de una estocada profunda, agarrando con una mano el cinturón, como si me montara, y la otra hundiéndola en mi cadera para calentarme la nalga a base de azotes.

Mi boca se abría, jadeaba con fuerza, y el mirón empezó a tocarse por encima de la ropa.

Los embates eran hoscos rudos, la piel me hormigueaba y el coño me hacía aguas.

—Me encanta que seas tan zorra. —Llevó la mano a mi coño y se puspo a masturbarme con muchísimo ritmo y fricción.

—No, puedo, no puedo, no puedo —repetía inconexa.

—Claro que puedes.

Se puso a combinar fricción y azotes en el clítoris mientras tiraba de mí para que las tetas se proyectaran hacia arriba.

Era tan excitante, que mi coño empezó a contraerse y a correrse sobre las yemas, el pis que me estaba haciendo seguía ahí y David no paraba…

Grité, me corrí intentando contener la vejiga, pero los dedos de David seguían implacables.

—Para o voy a mearme.

—¿En serio?

—Sí. Para, para, para… ­pero contra más lo repetía él más insistía hasta que noté el líquido abandonarme seguido de otro orgasmo tan brutal como el anterior.

—Ahhhhhhhh.

—Joder, te estás meando y corriendo a la vez. —No dejó de tocarme hasta que cayó la última gota.

Después se puso a estimularme el culo, me escupió en él varias veces y su dedo entró despacio, mientras la follada se ralentizaba.

—David…

—Shhh, desde que te he visto esas bragas que no he podido dejar de pensar en esto.

No dejó de estimularme y escupirme, hasta que un dedos que convirtió en dos, hasta que los sacó y la cabeza del glande ocupó su lugar y empujó. No fue un bestia, lo hizo despacio para que me acostumbrara a su grosor.

—Menudo culo te gastas, perversa.

Lo fui engullendo hasta que hizo tope y una vez dentro, se puso a entrar y salir mientras que yo nos veía enfocados en el teléfono y me encendía de nuevo.

Me liberó del cinturón y lo puso alrededor de mi cuello.

—Ahora tócate el coño, voy a dejarte un poquito sin aire, lo justo para que todo sea más intenso.

El cuero contra mi piel me calentó. También el hombre del edificio de enfrente que ya se había sacado la polla sin reparos y era cómplice de la situación.

Mi mano voló a mi coño y me puse a masturbarme mientras David me daba por el culo y jugaba con mi aire.

La cabeza me daba vueltas, la intensidad crecía a medida que él constreñía la piel en mi garganta.

Las acometidas suaves comenzaron a ser un poco más violentas, mis alaridos ásperos y mi mano empezaba a torturarme fricción, fricción, golpe, golpe, la cadencia se volvió salvaje. David también.

Una de sus manos fue hasta mi pecho y me retorció el pezón mientras llegaba hasta el fondo de mí.

—Ahhh

—Eso es Cris, siéntelo todo a la vez.

Lo estaba haciendo, apenas me quedaba aire, pero yo seguía tocándome, mi coño tenía gula de sexo y mi compañero me lo proporcionaba.

—Voy a llenarte el culo de leche. ¿Quieres?

­—Sí, por favor, sí, hazlo.

Me estremecí al imaginar la sustancia caliente rellenándome, me toqué con mayor intensidad, él me folló con más virulencia hasta que se puso  a descargar tirando del cinto y yo volví a gritar al exterior sintiéndome desfallecer, en el orgasmo más bestia de mi vida.

Cuando desperté estaba sola en el baño.

Desmadejada en el rincón más alejado de mi pis.

Me puse en pie y me miré en el espejo.

David me había dejado un par de chupetones, uno al lado de cada pezón, que me hicieron sonreír, también estaba su cinturón alrededor de mi cuello. Cuando lo saqué vi la marca rojiza. Tendría que disimularlo con un pañuelo.

Aun así me sentía jodidamente bien, cada vez más libre, más perversa.

Me vestí y salí como si nada, cuando pasé por su mesa le dejé con disimulo el cinturón en ella. David no estaba y yo me fui a mi silla.

Cuando abrí el mail, me encontré con uno de su parte con un archivo adjunto. No lo abrí, porque ya sabía lo que contenía, en el cuerpo del asunto podía leerse: Perversa.

*****

Miau, espero que os guste y como siempre, sed libres de mandarme por mail vuestras impresiones y vuestros disfrutes. Os leo

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