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Fecha: 22-Ene-12 « Anterior | Siguiente » en Gays

Private School: Maricas en el Dormitorio (y III)

jonascrespo
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(Incluye breve resumen) Fin de fiesta completito: culitos pringosos, misterios resueltos, niños asustados, un “Fóllame esta noche” provocado por los celos, lavabos que apestan, vecinos amables... Y claro, no podía faltar la pequeña orgía final. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

RESUMEN DE LO ANTERIOR: el ‘bendito’ profesor Moreno está metido en todos los fregados; hizo ‘desaparecer’ a Sergio unas horas la noche anterior y ahora se ha metido en las duchas para espiar a Iván y Roberto mientras se lo montan... Mientras tanto Federico, el chulito máximo del colegio tiene de novio-protegido a un crío rubillo de morritos carnosos.

 

MARICAS EN EL DORMITORIO, y parte III

10.Misterio resuelto

Sergio Tarancón se inclinó hacia adelante y apoyó las manos en el colchón dejando su culo a la vista. Tenía los pantalones y los calzoncillos por las rodillas y también se había levantado la camiseta hasta media espalda.

-¿Te dolió mucho? –le preguntó Daniel Pinzón observando con Ezequiel Mosquera aquel rosetón enrojecido que se le veía entre las nalgas.

-Al principio un montón –les aseguró Sergio separándose los cachetes con una mano-. Como si me estuvieran acuchillando.

-¿Y por qué lo tenés todo pringoso?

-Porque Cristo me dio luego una crema del botiquín y me dijo que me la fuera poniendo todo el día para que bajase la inflamación.

-¡Qué pendejo tan cabrón resultó el profesorsito! –Ezequiel estiró una mano y acarició la zona con delicadeza-. ¿Y quién fue entonses el güe’on que te partió el hoyito en dos?

-Un tal Fede, no sé si le conocéis… un chaval de último grado –Sergio apartó la mano del negro y se incorporó para recolocarse la ropa-. Creo que le he visto alguna vez rondando por aquí, puede que también duerma en este pasillo, es un chico bastante guapo, muy cachas y con pinta de matón. Ya estaba en los baños cuando llegamos Cristo y yo; llevaba un calzoncillo enano y se partió de risa en cuanto nos vio entrar. El profe nos hizo mear en la misma taza mientras miraba y luego me dijo que íbamos a bajar un rato al gimnasio para entreternos sin despertar a los demás, “para que nos vuelva a entrar el sueño”, decía.

-Entonces ese cerdo de Cristo ¿sólo miró? –inquirió Daniel.

-No nos tocó ni cuando meábamos en el baño ni después –Sergio se miró en el espejo y se dio el visto bueno-. En el gimnasio se quedó como a dos metros de nosotros mirando y haciéndose una paja. ¡No veais qué pestazo!, podía oler su polla desde donde estaba…

Los tres amigos caminaron hasta la puerta del dormitorio y salieron al pasillo donde ya no quedaba nadie; ya debían estar todos en el comedor que es hacia donde se dirigieron.

-Y el chaval ése ¿cómo te lo hizo? –Daniel bajó la voz pero no tenía intención de cambiar de tema; los otros tampoco.

-Moreno le iba dando indicaciones de lo que quería que hiciese y el otro cumplía las órdenes sin decir ni pío.

-¿Y tú?

-Yo estaba tan alucinado que creía que era un sueño.

-Un sueño que te rompió la cola, pendejito, jaja…

-Muy gracioso, negro... –al final del pasillo torcieron a la derecha-. Pero no me la metió enseguida ¡qué va! El Fede éste se pasó mucho rato poniéndome la crema de Cristo en el ojete. Yo estaba tumbado sobre el potro con las piernas abiertas y él me la iba untando como si fuera una tostada. Lo hacía con mucha calma, sin prisa ninguna. Estoy seguro de que ya ha desvirgado antes a otros chavales.

-¡Guau! –Daniel parecía fascinado y Ezequiel trataba de ocultarlo pero también le impresionaba aquella historia.

-El primer dedo me entró fácil, pero los otros… ¡joder!, hurgaba con ellos que parecía estar buscando un tesoro en mi culo –salieron al patio donde aún se podía encontrar a algún muchacho rezagado que correteaba hacia las puertas del comedor-. A lo mejor se pasó hasta media hora el tío metiéndome los dedos…

El bullicio de los más de seiscientos jovencitos allí congregados hizo imposible seguir manteniendo la conversación que debió ser postergada para otro momento.

-¿Dónde coño se han metido Iván y Roberto? –preguntó Sergio a viva voz mientras se adentraban en el inmenso comedor; les buscó con la mirada haciendo un amplio recorrido visual que no obtuvo sus frutos.

Daniel y el negro se cruzaron una mirada de complicidad mientras Ezequiel le pasaba una mano por el hombro al compañero que había estado ausente esa mañana en la clase de Piscina.

-Puede que se tomen su tiempesito para llegar, los dos pendejos… Seguro que el profe les mandó haser alguna tareíta de mierda –y con una sonrisa llenándole los labios tiró de Sergio y fueron los tres a buscar la única mesa que todavía estaba sin ocupar, la que olía a váter porque estaba justo al lado de unos retretes medio abandonados.

Mientras se sentaban vieron salir de allí a un niño asustado como si hubiera visto un fantasma. Lo esquivó Daniel como pudo y le soltó una colleja antes de verle salir corriendo:

-¡Putos críos de los cojones! –se rio junto a sus amigos.

Estar en sexto grado les hacía creerse muy mayores.

11.Algo parecido a una reconciliación

Federico Vázquez entró dando un empujón a la puerta y se quedó mirando a los dos niños con cara de psicópata peligroso. Enseguida se dirigió al morenito de las orejas de soplillo:

-Lárgate de aquí cagando hostias si no quieres que te suelte un guantazo.

El crío miró con ojos desorbitados repletos de temor a Ignacio Lapresta.

-Será mejor que te vayas, Saúl. Luego te veo –le dijo éste con calma.

Como si la recomendación de su amigo no fuera suficiente, Federico avanzó hacia él y levantó la mano con expresión amenazante:

-¿Es que estás sordo, enano de mierda?

Esta vez sí, el muchachito salió corriendo del cuarto de baño con el miedo prendido a sus ojos dejando a Vázquez y Lapresta solos allí dentro.

-Eres un cabrón, Fede… ¿por qué te metes siempre con los más pequeños?

Como toda respuesta el otro le dio una bofetada; no muy fuerte, lo justo para dejar claro quién de los dos mandaba. Ignacio se llevó una mano a la mejilla dolorida mientras se le humedecían los ojitos azules.

-Te he dicho esta mañana que quería verte a la hora del recreo –masticó las palabras el mayor con rabia contenida; no le gustaba nada tener que hacer aquello-. Te he estado buscando como un imbécil por todo el puto colegio… ¿dónde coño te has metido?, ¿te estabas escondiendo de mí?

-Sólo estaba jugando con mis amigos –musitó Ignacio-. Amigos que no me pegan.

-No te hagas la víctima, Nachito... –Federico negó con la cabeza sin aceptar la acusación indirecta-. Cuando estés cabreado conmigo me lo dices y lo arreglamos, pero no me tengas detrás de ti como un perrito gilipollas porque sabes muy bien que no lo soporto –cabeceó en dirección a los retretes del fondo-. ¡Tira para adentro!

Lapresta obedeció y Vázquez le fue detrás hasta que cruzaron la puerta del último aseo y atravesó el cerrojo con los dos dentro. El rubito se sentó sobre la tapa del váter y estiró las manos para levantar un poco la camiseta de Federico y comenzar a desabrocharle el cinturón.

-Me has cabreado un montón, ¿sabes?

-Lo siento... –el crío levantó la cabeza mientras le bajaba la cremallera.

Federico le acarició la melenita dorada y le tomó de la nuca antes de agacharse y darle un buen morreo. Ignacio ya le estaba retirando el elástico del calzoncillo dispuesto a cogerle el pene flácido que fue resbalando por sus deditos exploradores; no tardaría en ponerle la polla gorda.

-Ese chaval no me importa una mierda, Nacho –le susurró junto a la nariz-, sólo me lo follé anoche para tener a Moreno contento… Creí que lo sabías, que tengo que hacer esas cosas para que tú y yo podamos seguir siendo novios y durmiendo juntos…

Le besó de nuevo pero esta vez no llegó a meterle la lengua porque Ignacio se retiró un poco y le miró a los ojos:

-Demuéstrame que me quieres, Fede… Fóllame esta noche y no volveré a ponerme celoso nunca más –luego de hacerle aquella petición Ignacio se inclinó hacia adelante.

Federico se incorporó y con ojos iluminados miró aquel pelo rubio moviéndose frente a su ombligo; sintió los morritos cerrándose y presionando su rabo morcillón. Elevó la cabeza y se dejó mamar mientras pensaba en ello. La verdad es que deseaba hacerlo desde la primera noche que durmieron juntos pero le parecía tan crío aún para entrarle por detrás… Notó su polla completamente endurecida; si seguía pensando en ello se correría en dos minutos y podrían irse a comer. Así que le imaginó tumbado sobre la cama, moviendo el culito ansioso y ofreciéndose para ser estrenado…

Levantó la cabeza Ignacio porque también él había escuchado la puerta, el sonido de cien voces que se apagó al volver a cerrarse. Alguien acababa de entrar en el servicio que pocos usaban porque quedaba al fondo del comedor y casi nunca tenía papel ni jabón.

“…ya se queda el negro vigilando que no nos quiten la mesa”, oyeron decir.

Luego silencio, pisadas, respiraciones, cremalleras… había al menos dos personas fuera.

“¿Has cagado esta mañana, o no te has atrevido a hacerlo?”, preguntó uno.

“Qué va… me aguantaré hasta que ya no me escueza.”

Potentes chorros de pis chocando contra los meaderos.

“Oye, nos tienes que decir quién es ese tío, ¿eh? Me muero de ganas por saber quién te ha desvirgado…”

“Ya os he dicho que cuando nos lo crucemos os diré quién es.”

Federico e Ignacio sonrieron a la vez pero por motivos diferentes. El mayor acababa de identificar una de las dos voces que escuchaban, y el pequeño tenía la boquita cubierta de semen que había salido disparado de la polla del otro sin que apenas la tocase.

12.Una mesa compartida

Daniel se subió la cremallera y apretó el botón de la cisterna, que no funcionaba.

-Estos lavabos son una mierda –dijo.

-Por eso siempre están vacíos... –Sergio todavía meó un poco más-. Pero son un buen sitio para mariconear un rato, ¿no te parece?

-Será por eso que huelen a corrida, jajaja... –Daniel le vio guardarse el rabo dentro del calzoncillo-. ¿Sabes qué?, el negro y yo creemos que Iván y Rober se lo estaban montando en las duchas y que Moreno les ha pillado.

-¿Qué dices, macho? –Sergio probó con su cisterna y de ésta cayó un diminuto riachuelo de agua turbia-. ¿Por qué creéis eso?

-Bueno, sólo quedaban ellos en las duchas cuando ha entrado Cristo al vestuario. Ha aparecido Rober un poco morcillón y ha dicho que iba a llevarle una toalla a Iván. Después el profe nos ha echado a todos como hace siempre y se ha quedado dentro solo con ellos. Y como todavía no han venido al comedor, lo más seguro es que los haya entretenido con algo…

-¡Qué hijo de puta el Cristo!, coño, que está desatado, ¿no? –ambos se mojaron las manos bajo el mismo grifo agonizante-. A este paso se le van a acabar las notas de excusado al muy cabrón, tendrá que pedirle otro cuadernillo al Director, jaja…

Salieron los dos amigos riendo del servicio y se encontraron con que la mesa que ocupaba Ezequiel estaba casi llena pero ni rastro de Iván o Roberto.

-¿Por qué se tardaron tanto, pendejos? –les dijo el negro poniéndose en pie-. No mamen, que me muero del hambre, joder, y pronto empesarán a poner las sobras, nomásQuedáte tú a vigilar el sitio y así no cansás tu culito desflorado –bromeó con Sergio antes de que se alejaran Daniel y él en busca de la comida.

Sergio se quedó solo escuchando cientos de voces que no decían nada concreto. Ni siquiera los muchachos de su lado, cuatro pardillos de segundo o tercer grado que bromeaban en susurros y emitían risitas chillonas y crispantes. Se preguntó si haber sido follado por primera vez le iba a cambiar el carácter y hacerle menos tolerante con las tonterías de aquellos criajos de cursos inferiores que antes incluso le despertaban simpatía. A lo mejor sólo era el hambre, que estaba en ayunas y que le escocía el ojete del culo.

No pasaron ni dos minutos cuando un chiquillo de pelo rubio se plantó frente a Sergio al otro lado de la mesa, le miró con una expresión extraña y se sentó sin decir nada. Estaba a punto de hablar él y pedirle que se buscara otro sitio, decirle que aquél estaba ocupado, cuando escuchó una voz autoritaria a su espalda:

-¡Buscad otra mesa, enanos!, que ésta la tenemos reservada. Venga, ¡moved el culo, joder!

Los cuatro niños miraron a aquel alumno mayor tan musculoso y cogieron sus bandejas con la cabeza gacha para buscar otro lugar donde comer. Sergio no pudo disimular su sorpresa al ver a aquel Fede culpable de sus dolores anales sentándose a su lado y enfrente del rubillo de ojos azules.

-Ya sabía yo que tu cara me sonaba mucho... –fue lo primero que le dijo aquel chulo con pintas de matón de gimnasio-. Estás en “la habitación de los maricas” con el mulato, ¿verdad?

Sergio asintió con la cabeza sin salir todavía de su asombro. Notó un cosquilleo entre las nalgas que no tenía nada que ver con el dolor; era como si su esfínter pudiera recordar aquella voz y estuviera saludando a la polla que lo penetró… Los chicos lo iban a flipar en cuanto volviesen con la comida y le vieran allí sentado.

-Nosotros dormimos bastante cerca, en la 4-23.

-¿No nos vas a presentar? –dijo el niño rubio entonces.

-Joder, nene… Oye, ¿tú cómo te llamas? –le preguntó Fede a Sergio.

-Sergio –respondió éste.

-Pues él es Nacho, mi novio –le miró-. ¿Contento? Venga, ya estáis presentados… ¿ahora puedes ir a buscar nuestra comida?

El chiquillo frunció el ceño pero se levantó y les dejó solos.

-¿De verdad es tu novio? –le preguntó Sergio cuando el otro ya no les podía escuchar.

-Si, lo es… Tengo un noviete muy guapetón, ¿no crees?

-¡Pero si es sólo un crío!

-Tú también lo eres, ¿no? Hasta yo debería ser un crío. Pero este colegio te hace crecer deprisa, ya ves tú… aunque claro, qué te voy a contar que no sepas ya. Se dice por ahí que en “la habitación de los maricas” no se juega precisamente a cosas de niños. ¿Son solamente cotilleos de pasillo?

-Bueno, no sé... –dudó Sergio-. Supongo que no todo es cierto, ya sabes… La gente se imagina muchas cosas, normalmente más de lo que hay en realidad.

-Está bien, ahora que somos amigos y sabiendo que somos también vecinos de pasillo es posible que tengamos ocasión de conocernos mejor, ¿verdad que sí?

Sergio se lo quedó mirando. Hubo de reconocer que a la luz del comedor y sin la presión del potro en las costillas se le veía… ufff… si hasta parecía imposible poder decir que aquel chaval tan musculoso había sido el primero… Sí, no lo había pensado antes pero ahora se daba cuenta de que los demás se iban a morir de la envidia en cuanto le conocieran.

-¿Cómo tienes el culito? –le preguntó Federico con una enorme sonrisa.

-Bien. ¿Y tú la polla?

-Limpita y descargada… ¿Sabes qué?, tenías razón, esos lavabos de ahí son una mierda pero buen sitio para mariconear un rato.

Sergio se quedó pálido en un momento.

-Estábamos en el retrete del fondo y os hemos escuchado mientras meabais.

-¿Os hemos?, quieres decir tú y…

-Sí. Nacho me estaba haciendo una mamada cuando habéis entrado.

-¡Joder! Espero no haber dicho nada inconveniente.

-Nada grave, no te preocupes… Le has dicho a tu amigo que le presentarías al tío que te ha desvirgado y aquí estoy.

-No se lo van a creer.

-Puedes enseñarles cómo te dejé el culo, si es que no lo han visto ya.

-Esos dos sí –dijo Sergio cabeceando hacia los dos chavales que se acercaban con tres bandejas y que estaban demasiado lejos aún para saber lo que les esperaba en la mesa-. Oye Fede… ¿y a Nacho también…? ya sabes…

-¿Si me lo he follado? Todavía no, pero está ansioso porque lo haga. Me ha montado una escenita por haberte desvirgado anoche… Dice que no le quiero lo suficiente, ¿te lo puedes creer? Como si lo que hicimos tú y yo en el gimnasio hubiera sido amor.

-Por eso parecía cabreado conmigo, ¿no?

-Es un crío, no se lo tengas en cuenta –ironizó Federico con una sonrisa-. Por cierto, esta noche estaría bien que te acercaras a nuestra habitación para prestarnos el bote de crema que te dio Cristo ayer. Le voy a destrozar el culito igual que a ti pero al menos le aliviará un poco el dolor. La pomada funciona, ¿verdad?

Sergio no respondió a eso porque sus dos amigos acababan de llegar con las bandejas llenas de una comida de apariencia asquerosa. De buena gana hubiera divagado con Federico sobre las bondades de la pomada, pero le pareció más recomendable explicarles a Daniel y al negro el motivo de la inesperada presencia de aquel fornido alumno de último grado sentado en la mesa pierna a pierna con él.

13.El final del día

Para los cinco amigos aquel viernes había sido un día de lo más extraño. Cuando por fin se reunieron en el dormitorio a las ocho de la tarde, después de las clases de refuerzo y antes de la cena, todos lo sabían todo: que la noche anterior Sergio había sido desvirgado por Federico Vázquez sobre el potro del gimnasio con Cristo como espectador haciéndose una paja eterna… que Fede dormía en el mismo pasillo que ellos, tenía a un crío como novio y se la hacía chupar en los lavabos casi abandonados del comedor… que Rober e Iván se habían estado pajeando en las duchas después de la clase de Piscina, que luego el profesor Moreno les había pillado y les había obligado a enrollarse mientras él se masturbaba mirándoles… 

Se lo contaron todo con tal lujo de detalles que se excitaron ferozmente y les fue difícil soportar la cena mientras contenían las ganas de estar a solas en el dormitorio. Poco antes de las diez y media los casi seiscientos alumnos se distribuyeron por los cuatro pasillos del internado para retirarse cada cual a sus habitaciones. El toque de queda no empezaba hasta las once pero los cinco amigos de la 4-08 fueron los primeros del pasillo 4 en cerrar la puerta de su dormitorio. Ya habían planificado la velada y estaban locos por empezar la fiesta.

-¡Dale, pendejitos!, ¿quién me lo quiere haser primero? –el negro Mosquera ya se había quitado la camiseta y se estaba bajando los pantalones.

-Yo mismo –dijo Daniel mientras se le acercaba.

-Mirá el nene, que ya le tenía ganas a mi verguita... ¿eh, pinche güe’on? –le cogió de la nuca y plantó sus morros en los de Daniel sólo un par de segundos-. Hoy no te me vayas a dormir, putito… ¡dale y vení acá!

Se dejó caer Ezequiel sobre su cama y estiró las piernas para que el otro le pudiera quitar los pantalones sin sacarle las deportivas. Iván y Roberto se sentaron cada uno en un extremo de la cama mientras Sergio permanecía en pie.

-Yo voy a ser el último, negro –le dijo éste-. Si luego me la vas a meter por el culo llena de babas quiero que al menos sean mis babas las que queden al final.

-Me parese bien, Sergito… –el mulato empezaba a notar las lamidas ansiosas que Daniel le estaba dando a sus calzoncillos-. Dale bien de cremita a tu cola, bebé, que aunque yo no tenga una poronga de gym como la del Fede…

-Gastas buena verga, negro, no seas modesto –le cortó Roberto mientras apoyaba un codo en el colchón y le tiraba del elástico del calzoncillo blanco para que Daniel pudiera contemplar con detenimiento el primer cipote que se iba a comer en su vida.

-Muy buena verga, macho… –dejó caer con apetito el que había suspirado por ella desde la noche anterior.

Con las rodillas plantadas en el suelo Daniel comenzó por chuparle los huevos llenos de pelitos rizados y oscuros mientras era Roberto el que terminaba de endurecer aquel pollón color cacao. Al otro lado de la cama Iván no quitaba ojo mientras casi se arrancaba la camiseta antes de ponerse a transpirar por el calor concentrado en aquel dormitorio.

Sergio mientras tanto se quedó un poco al margen para bajarse los pantalones y los calzoncillos con el bote de crema en la mano. Se colocó en cuclillas sin perderse el espectáculo y untó los dedos con un buen pegote de aquel mejunje. El orificio de su trasero le agradeció la calma que le dispensó la pomada a pesar de que ya no le dolía ni la mitad que por la mañana.

“Puede que Fede tuviera razón porque esta mierda funciona”, pensó con una sonrisa que Iván debió creer que iba dirigida a él. Y es que el más jovencito de los cinco se había levantado de la cama y se le estaba acercando.

-¿Te puedo ayudar? –le preguntó con una mirada luminosa.

-Te vas a pringar los dedos.

-Me da igual, tío, estoy súper cachondo, jaja…

Sergio aceptó la ayuda a pesar de que ya se había lubricado bastante; le vio tan ilusionado por ser de utilidad que no supo negarse. Bien mirado sí que se parecía Iván a Nacho Lapresta; eso al menos le había dicho Fede nada más verle entrar en el comedor con Rober cuando ya casi todos los alumnos habían acabado el repulsivo menú del día. El mismo pelito rubio, unos ojos casi igual de transparentes, esa sonrisa de niño bueno que siempre le ayudaba a eludir las reprimendas de los maestros… Sergio se incorporó para acabar colocándose sobre su cama a cuatro patas y con la ropa atrapada en los tobillos.

 -Espera, que te quito esto y así podrás separar mejor las piernas –le dijo Iván mientras tiraba de sus pantalones y sus calzoncillos; después cogió el tubo de crema-. ¿Cómo tengo que hacerlo?

-No tiene misterio… Échate un poco en los dedos y pásalo sin apretar por la zona enrojecida.

-Vale.

Sergio puso de nuevo las manos sobre el colchón pero se quedó con la cabeza volteada para poder mirar a los ojos de Iván mientras sentía su dedito acariciándole la raja con suavidad. Dio un pequeño respingo de gusto.

-¿Duele?

-No, qué va… al contrario…

Iván sonrió de oreja a oreja sintiéndose halagado.

-Oye, Sergio, dime una cosa… ¿cómo es la polla de Fede?

-Sólo un poco más grande… que la de Ezequiel… pero tampoco mucho... –el moreno estaba empezando a disfrutar con aquel dulce masajito anal.

-¿Sabes qué, Sergio? Yo también quiero que el negro me folle.

-¿En serio? –el rubito asintió con mirada pícara-. Le encantará saberlo…

-¿Hace mucho daño cuando te la meten?

-Al principio sí… pero luego te vas acostumbrando... Dice Fede… que cuando te han… follado unas cuantas veces… ya te olvidas del dolor… –Sergio lo estaba gozando de verdad e Iván pareció darse cuenta.

-¿Quieres que te meta un dedo?

-Síii… con cuidado…

Iván se subió de rodillas a la cama y apuntó con el bote de pomada en la yema de su dedo corazón; Sergio había estirado una mano para acariciarle el pezoncito rosado que tenía más cerca, luego bajó por su abdomen liso y juegueteó con el botón salidito de su ombligo hasta acabar con la mano en su cinturón… El rubio le miró, dejó el bote sobre la cama y avanzó un poco más hacia el centro hasta que sus pantalones rozaron el hombro de Sergio que ya le estaba bajando la cremallera.

-Te la voy a chupar… ¿vale?

-¡Guay!

Iván miró hacia abajo y vio la cara de Sergio hundirse en su calzoncillo, estiró la mano y le colocó su dedo corazón en paralelo a la hendidura entre las nalgas; luego pulsó el botón de crema contra el ojete de su amigo y aprovechó la inercia para colarse un par de centímetros adentro.

-Agh, qué bueno… así, Iván… despacito…

Con la mano libre aprovechó el rubio para bajarse el calzoncillo y sacar su pequeña picha ya completamente tiesa. Sergio la miró mientras gozaba de lo lindo, estaba lo bastante lubricado como para que el dedito de Iván no le provocase más que un placer delicioso. Su tercera mamada en 24 horas, pensó: primero al negro antes de ser interrumpidos, luego a Fede antes de que le hicieran montar en el potro, y ahora a Iván mientras le metía un dedo por el culo… Abrió la boca y se la tragó entera haciéndole rechinar de gusto.

-Buah, tío… macho, qué fuerte…

-Prueba a meterme otro... –le pidió Sergio completamente desbocado.

En ese momento supo que lo quería; estaba tan excitado que lo sintió en la parte baja del estómago: deseaba ser follado por los cuatro. Y lo consiguió.

Tres minutos después de la primera ronda del celador (donde por suerte Cristo no se entretuvo más de la cuenta en aquel dormitorio), Sergio se abrió de piernas para ofrecerles el culo a sus cuatro amigos, que fueron pasando uno por uno en muy cortos intervalos de tiempo para prolongar el placer del juego… Para cuando escucharon los golpes secos en la pared que les advertían de la última ronda de Moreno, Sergio ya tenía el torso cubierto por la corrida de los cuatro y se estaba masturbando para ellos que le observaban desde las otras camas con fraternal agradecimiento.

-Date prisa, tío, que Cristo debe estar al caer –le urgió Daniel desde la cama de al lado.

-No me importa… Podéis apagar… la luz…

El dormitorio quedó a oscuras un par de minutos en que los cinco pudieron escuchar claramente el chapoteo de aquella paja frenética. Cuando la puerta se abrió lo primero que iluminó la tenue luz del pasillo fue al alumno que se masturbaba con descaro en la cama del centro. Se cerró la puerta y se encendió la linterna que lo enfocó sin miramientos: la polla enrojecida pegada a la mano que le daba caña, el estómago y el pecho cubiertos de esperma casi diluido, el rostro sudoroso que emitía cadenciosos jadeos…

-Vaya con el jovencito pervertido... Parece que está usted perdiendo el respeto por las normas de esta institución –murmuró Moreno acercándose-. ¿Acaso le gusta dormir mojado, Tarancón?

-Esta noche sí… don Cristóbal… Lo que me hizo Fede anoche… me ha vuelto completamente loco... –no había dejado de masturbarse y ya parecía próximo el momento del orgasmo-. Por eso… les he pedido a mis amigos… que me follasen… los cuatro, señor… uno detrás de otro…

-Sucio. Muy sucio, muchacho –refunfuñó el celador negando con la cabeza y metiéndose la mano dentro de su pantaloncito verde-. Esta noche tendrás que dormir pero que muy sucio…

Justo cuando Sergio se empezó a correr y abrió la boca para jadear, sintió la potente y furiosa meada de Cristo chorreando toda su cara.

Final de MARICAS EN EL DORMITORIO

Próximamente: Nuevas aventuras llenas de morbo

MARICAS EN LA GRANJA-ESCUELA   [febrero-2012]

 



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