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Fecha: 05-Feb-12 « Anterior | Siguiente » en Gays

Private School: Especial Fede Vázquez (01/18)

jonascrespo
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Ser “la bestia negra” de la escuela puede estar bien hasta que deciden tener mano dura contigo. Entonces es mejor que trates de ser bueno y buscarte el mejor aliado posible. (No sigue los acontecimientos de la serie original) Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

NOTA DEL AUTOR: esta es una historia independiente de “Private School: Maricas en el Dormitorio” que se puede leer de forma completamente autónoma a pesar de contar con algunos de sus personajes.

Para situar a los que sí hayan leído esa serie, estos relatos cuentan acontecimientos previos a lo narrado en ella e incluirá hacia el final escenas que allí se omitieron a modo de elipsis (espero que eso “alegre” a los que no se conformaban con imaginárselas).

Se trata de una historia tan caliente (TODOS los capítulos contienen algo de sexo o erotismo) como extensa (lo que en la “medida” de Todorelatos vendrían a ser unos 300 minutos), pero para una lectura mucho más ligera la he dividido en un buen número de partes repletas de morbo que se irán publicando muy seguidas.

 

PRIVATE SCHOOL: ESPECIAL FEDE VÁZQUEZ (01/18)

La escuela masculina St.Mikael’s se construyó pocos años antes de la muerte del dictador. A pesar de su nombre con vestigios religiosos, era uno de los pocos internados laicos que habían aguantado la presión de la Dictadura durante la época previa a la Transición.

Los ’70 estaban siendo una década complicada por motivos políticos pero, gracias al esfuerzo de muchos hombres adinerados, aquella institución privada albergaba a casi 600 alumnos de buena posición social entre sus altos muros cuando llegó la ansiada Democracia.

1.1       Mano dura

Durante el segundo año que estuvo en la escuela masculina St.Mikael’s, Federico Vázquez se ganó a pulso el sobrenombre “la bestia negra” que le pusieron los maestros. Era un muchacho lleno de rabia, en parte por la separación de sus padres el verano anterior. Pegaba a los alumnos con frecuencia sin importarle la edad que tuvieran, sacaba unas notas pésimas y hacía lo posible por saltarse las normas del internado a poco que pudiera. De algún modo sabía Federico que no le iban a expulsar del centro porque su padre era un hombre adinerado que daba generosos donativos. Fue aquél un curso duro e intenso en el que no pocas veces estuvieron tentados los maestros de infligirle un castigo corporal que en otros alumnos acababa surtiendo efecto a corto plazo. Pero hasta entonces Federico era “intocable” en palabras del Director, nadie podía poner sus manos sobre él bajo pena de expediente disciplinario y despido inmediato. Como digo, hasta entonces.

-Te lo avisé, ¿verdad? –le dijo el señor Vázquez, doliéndose de la mano con la que había golpeado a su hijo-. Creo que te advertí que si el Director volvía a informarme de tu mal comportamiento te las verías conmigo… lo hice ¿verdad? –le dio otra bofetada-. ¡Responde, Federico!

-Lo hiciste, padre… –musitó el muchacho, empequeñecido ante los golpes, humillado frente al disfrute de los presentes en aquella sala.

-Le ruego que me disculpe, don Florentino –suavizó el padre la dureza de su voz-. Sólo intento hacer lo correcto, pero no es fácil educar a un hijo tan rebelde.

-Lo entiendo perfectamente, señor Vázquez –le tranquilizó el Director-. Está muy lejos de mis funciones juzgar el modo en que un padre educa a su hijo.

-Imagino que no es la política de la escuela, pero no me queda más remedio que pedírselo… Mi hijo necesita mano dura, don Florentino, supongo que entiende lo que quiero decir. Es la única manera de doblegar su rebeldía.

Federico seguía acariciándose las dos mejillas doloridas con la cabeza gacha; hablaban de él como si no estuviera delante y eso le hacía sentir todavía más furioso. Además del Director estaban presentes varios profesores. Todos habían asentido levemente cuando su padre había dicho “mano dura”, lo habían hecho con aprensión como si en el fondo creyeran que no era ésa la mejor manera de tratar con los muchachos como él. ¡Panda de cabrones hipócritas!, se gritó Federico a sí mismo, sabiendo que en aquel colegio no católico las hostias volaban con tanta frecuencia como si cada día fuera domingo de Misa.

-Bueno, señor Vázquez, como bien dice, entre nuestros valores pedagógicos no se incluyen los castigos corporales, pero siempre hemos considerado que nadie mejor que un padre sabe lo que su hijo necesita. El año que viene Federico estará en último grado y todos aquí sabemos la importancia que tiene ese curso para el futuro de los alumnos. Tomaremos las medidas que usted considere convenientes, dado que es uno de nuestros benefactores más generosos y aquí nunca hemos dejado de agradecer la bondad desinteresada…

-Es usted muy amable, señor Director. Por eso tienen mi consentimiento para hacer que el próximo curso sea aprovechado por mi hijo como debería. Les doy carta blanca para hacer lo necesario por enderezarle, y si como ya les he dicho eso ha de incluir mano dura... –se encogió de hombros el padre-... pues que así sea.

Federico pudo ver que los ojos de los presentes brillaban con algo parecido a la euforia. Incluso se percató de que muchos de ellos dirigían sutilmente la mirada hacia el profesor Cristóbal Moreno, un nazi déspota y sádico con el que más de una vez se las había tenido que ver durante sus clases de Gimnasia y Piscina. Hasta entonces Federico se había considerado “intocable”, pero algo le decía que los buenos tiempos llegaban a su fin.

Todo aquel verano lo pasó el chaval tratando de recuperar la confianza de su padre y haciéndole ver que no iba a ser necesario un “tratamiento especial” durante el siguiente curso, que no volvería a recibir quejas de nadie, que iba a sacar buenas notas y que estaba dispuesto a mejorar su comportamiento. El señor Vázquez le creyó pero no se echó atrás en la decisión tomada ante el Director del internado.

-Hijo, yo no puedo controlar lo que haces cuando estás allí dentro –le dijo-, pero ellos sí, y por eso tengo que confiar en que harán lo que más le convenga a tu educación, que para eso me cuesta un buen dinero todos los meses.

La primera medida que tomó la escuela St.Mikael’s con respecto a Federico Vázquez nada más empezar el nuevo curso fue la de ponerle un tutor particular ante el que tendría que responder de todas sus acciones: el profesor Cristóbal Moreno, llamado Cristo por los alumnos cuando él no estaba presente.

1.2       Sesenta grados

Acababa de empezar el curso y Federico estaba pletórico porque aún no conocía la noticia que le iba a amargar aquel primer día (y tal vez el resto del año). Sólo le quedaba una clase más antes de la hora de comer, pero volvía a tener ganas; había estado casi una hora empalmado durante la clase de Piscina y desde entonces tres visitas al lavabo. Para mear... Le dijo a su buen amigo y compañero Gabriel Artero que fuera “tirando para Mates, que ahora voy”. Se metió en el primer baño que encontró a su paso, uno que no estaba vacío. Se plantó frente al meadero de la izquierda mientras que el niño ocupaba el de la derecha, quedando libre el de en medio. Parecía un crío de 3º ó 4º grado y mantenía una curiosa postura con la espalda exageradamente arqueada y el culo que parecía a punto de salirse de su cuerpo; era como si le diera miedo la posibilidad de que su colita se acercase a la loza del sumidero. Se lo quedó mirando con curiosidad, igual que hizo el enano con él; mostraba una actitud tan risueña que no parecía estar forzando aquella incómoda postura.

-Vaya forma de mear, chaval... –le dijo, tratando de no sonar tan borde como cuando quería asustar a algún mocoso de su estilo-. No creo que ese váter sea lo más sucio de esta escuela, ¿es necesario que saques tanto el culo?, jaja...

-No lo estoy sacando, es que mi culo es así –dijo el crío con voz aflautada; sujetaba su pequeño pene con dos dedos y estaba echando las últimas gotas.

Federico se lo tomó como una pequeña vacilada del chaval, pero como estaba de buen humor la dejó pasar. Se sacó la chorra del calzoncillo, echó el culo hacia atrás todo lo que su musculada espalda le permitió, y trató de mear mientras no dejaba de mirar al otro.

-¿Qué pasa?, el mío también es así –sonrió.

El niño hizo lo mismo; luego escondió su pene dentro de la ropa y pulsó el botón de la cisterna. Federico vio que el culazo del chiquillo seguía igual de salido y redondo que mientras meaba; no entendió lo que ocurría, ¿acaso estaba siguiéndole la broma? Comenzó a disparar un buen chorro de pis mientras los ojos verdes del muchachito le observaban la entrepierna.

-¿A ti también te gusta que te miren mientras meas? –le preguntó el niño con candidez.

-Hombre, pues no... no especialmente. ¿Es que a ti sí?

-A mí sí –acompañó la respuesta asintiendo con la cabeza-. Pero mis amigos dicen que mirar el pito de otro niño es de maricas.

-Pues entonces puedes mirar tranquilo, porque yo no soy un niño –volvió a sonreír y echó el culo hacia adelante otra vez; le pareció que era demasiado incómodo mear en esa postura y puesto que el crío no había variado la suya tal vez fuera cierto que tenía el culo así de salido, aunque ¿cómo era posible tener semejante trasero, que más bien parecía un par de sandías metidas a presión en unos pantaloncitos demasiado estrechos?

-Ya sé que no eres un niño –lo dijo el pequeño como si le quisieran tomar por tonto-. ¿A qué curso vas?

-Estoy en último grado, ¿y tú?

-Yo en 3º -volvió a bajar la vista-. Tienes una picha muy grande.

-Es que esto no es “una picha”. La tuya sí, pero lo mío es una polla.

-Ya... los niños tenemos picha y los mayores tenéis polla –se dio cuenta de que le estaba mirando el trasero-. ¿Te gusta mi culo?

-No, es sólo que no entiendo por qué lo tienes tan salido.

-Porque tengo un problema en el coxis, que es el hueso de aquí... –dio un paso adelante y estiró una manita hacia el final de la espalda de Federico; le pulsó una zona concreta en el nacimiento de la hendidura que separaba sus nalgas-. Tú lo tienes normal, pero el mío está desviado más de 60º, es lo que le decían los médicos a mis papás.

-Vaya...

-Bueno, me tengo que ir porque llego tarde a clase de Lengua –el niño se alejó hacia la puerta pero se giró antes de abrirla-. Oye, que si algún día quieres que nos volvamos a ver meando me lo dices, ¿vale? ¡Adiós!

-Pero... –dijo aquello en vano, pues la puerta se cerró dejando a Federico algo más que sorprendido por aquel encuentro tan extraño.

Si ya empezaban las cosas así... ¡menudo curso le esperaba!

1.3       Cómo ganarse al nuevo tutor

Recién salidos de la clase de Trigonometría, Federico y Gabriel estaban en los lavabos de la última planta, rara vez transitados porque sólo había dos aulas útiles en todo el pasillo; eran los baños que tenían los ventanales más grandes de todo el colegio y por eso se metían en ellos las pocas veces en que tenían ocasión de fumarse un porro de marihuana. No hacía ni media hora que habían sacado de clase a Federico para darle “la noticia”.

-Te puedes dar por bien jodido, macho –le dijo Gabriel-. Cristo no te va a dejar pasar ni una, lo sabes ¿verdad?

-El cabrón de Cristo me puede comer la polla si quiere… él sí que se puede dar por bien jodido… no sabe lo que le espera si se piensa que me va a tener como en un puto campo de concentración... –Federico hablaba despacio por efecto de la maría.

En este caso la había conseguido Gabriel de su hermano mayor antes de comenzar el curso; pasó la exhaustiva revisión de equipajes que les hacían porque la trajo en una bolsita de plástico metida por dentro de los calzoncillos.

-Tío, tu hermano mola mucho… –sonrió Federico desde su cuelgue controlado-. Y te voy a decir una cosa, Gabi… el próximo verano que ya nos habremos librado de esta jodida cárcel… voy a ir a tu casa y le voy a dar las gracias en persona… por estos momentos tan de puta madre que tenemos gracias a su hierba de la hostia…

-¡Guaaay! –asintió Gabriel lentamente con la cabeza.

-¿El tío está bueno?

-¿Mi hermano? Jaja… Joder, no sé… es como yo pero con tres años más…

-Tú estás bueno… Y con tres años más… hostia puta, estarás el triple de bueno… jajaja... –Federico se arrancó en una absurda carcajada.

Después de unos segundos en silencio, saltó del alféizar de la ventana y se plantó en mitad del baño.

-¿Sabes una cosa, Gabi? Eres el único cabrón… de este colegio al que respeto…

-Lo sé.

-No, en serio… Eres el más veterano… llevas aquí metido casi desde que eras un bebé y has conseguido que todo el mundo te respete por eso… te admiro, colega…

-A ti también te respetan, Fede, no me jodas que si te respetan… no conozco a un solo pringado que no agache la cabeza cuando te ve venir…

-Eso no es respeto, coño, eso es miedo… He dado tantas hostias... –negó lentamente con la cabeza-. No, no, no, lo tuyo sí que es la polla, colega… porque eres cantidad de tranquilo y aun así todos te tienen respeto… y eso mola ¿sabes?

-Voy a mi bola y me llevo bien con todo el mundo… y sobretodo no me meto con quien no debo, eso es todo.

-Eso está guay… porque tú conoces a la gente… y tú podrías decirme qué puedo hacer para que Cristo no me joda durante todo el curso…

-Para empezar, no deberías fumar porros, jaja... –también Gabriel se bajó del alféizar.

-Mira quién fue a hablar, mamón… si la mierda la has traído tú…

-Que ya lo sé, coño, que era broma... –caminó hasta uno de los meaderos y se bajó la cremallera-. A Moreno le gustan las pollas.

-¡¿Qué?! –Federico se colocó a su lado para imitarle; mear, hacerse una paja y beber agua normalmente bastaba para que se les bajase un poco el globo antes de acabar el recreo-. ¿Cómo le van a gustar las pollas a ese nazi cabrón?

-Lo que yo te diga, chaval… que algunos del pasillo 4 lo saben, que por las noches se entretiene en las habitaciones durante sus rondas de celador para echarles un buen vistazo… y a algunos hasta los soba un poco pensando que están dormidos, que me lo han contado…

-No me jodas, hombre… esos maricas lo habrán soñado –Federico miró hacia abajo para concentrarse en mear, porque no resultaba fácil forzarse a hacerlo tan fumado.

-Que no, joder, que yo me lo creo –Gabriel comenzó a soltar un buen chorro de pis y suspiró a modo de relajación-. Y además dicen que hay un crío al que tiene como a un jodido marqués… con un dormitorio entero para él solo. Que le consiente todos los caprichos al niño y que no hay quien le tosa porque Moreno se lo come vivo.

-Venga ya, será porque es hijo de algún ricachón... Joder, no puedo mear, ¡mierda!

-Pues pajéate directamente… –le aconsejó Gabriel-. Mira, tú también eres hijo de un ricachón y bien que compartimos pedos con tres capullos más en la 2-12, ¿o no? Tú hazme caso, Fede… ¿no has dicho que conozco a la gente? Pues entonces créeme... –se sacudió un poco la minga para echar las últimas gotas y ya no la soltó-. Si te digo que a Cristo le ponen las pollas es porque le ponen… que a lo mejor deberías hacerte amigo de ese niñito consentido… y de paso ganarte la simpatía de tu nuevo tutor…

-No sé, macho... no lo veo claro –Federico había desistido de intentar echar una meada y ya empezaba a tener el rabo algo crecido-. Si fuera como uno que me he cruzado esta mañana, a lo mejor me lo pensaba y todo...

-No hombre, que éste es de los pequeños.

-Y el que yo te digo también... –los dos seguían atareados con sus sexos mientras hablaban-. Un crío con un culo salido como si fuera una brasileña zumbona, jaja... que dice que tiene una desviación en la espalda el tío... pero no veas cómo le sobresale el culo... que no es normal...

-Ah, buah, que ya sé quién me dices... un canijo de 3º, el aparca-bicis le llama Santoro, pero ése no es, el que yo te digo es de 4º grado...

Federico asomó la cabeza por encima del meadero de Gabriel:

-¿Ya la tienes dura?

-Mazo dura...

Vázquez dio un paso atrás esperando a que el otro también lo hiciera. Soltó su polla y deslizó la mano para coger la de Gabriel que correspondió de igual manera. Se miraron a los ojos con una sonrisa tonta provocada por el porro. Durante unos segundos sólo se escuchó el chapoteo de sus pajas solidarias.

-Da igual, macho... Pero vamos, que ojalá sea verdad… eso de que Moreno es maricón… –dijo Federico.

-¿Por qué?

-Porque me recuerda a un amigo de mi padre… un tío bigotudo que era de los grises, con muy mala hostia…

-Qué pasa… que es maricón…

-Mucho... Se deja hacer de todo… –Federico ahogó un gemidito de gusto y cerró los ojos para tratar de visualizar un recuerdo-. Este verano… el cabrón quiso que me lo follase… con la ropa de su mujer puesta… que le llamase Carmen… y hasta se pintó los labios el muy hijo de puta…

-Joder… qué morbazo…

-Todo el rato me llamaba Pedrito… es como se llama su hijo… y me decía: Ven Pedrito… dale a tu mami lo que le gusta…

-Puto enfermo…

-Ya ves… uf, joder… creo que me voy a correr pronto…

-Yo también… –Gabriel cerró los ojos elevando la cabeza hacia el techo-. Así que te gustaría… follarte a Moreno… ¿eh?...

-Molaría… –Federico sonrió-. ¿Brindamos… oohhh… por ello…?

-¡Guay, tío…! Síii…

En apenas un par de segundos los dos chavales soltaron la polla del otro y se pusieron encarados con los glandes tocándose; siguieron masturbándose sin dejar de mirarse a los ojos. El contacto de aquella carne tan íntima y tan humedecida de precum les volvió locos en un instante.

-Brindo porque Moreno sea marica… y te lo puedas follar…

-Brindo… por lo mismo…

Y brindaron los dos amigos desbordando el semen de sus copas unidas y derramándolo sobre el suelo; y sonrieron mirándose a los ojos, abrazándose con las pollas pegadas.

En ese instante se sintieron en la gloria, y también algo menos… fumados.

¡¡ Mañana más !!



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