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Fecha: 13-Feb-12 « Anterior | Siguiente » en Gays

Private School: Especial Fede Vázquez (04/18)

jonascrespo
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Tiempo estimado de lectura: [ 17 min. ]
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(Incluye breve resumen) Fede tiene un asunto pendiente con el gordo ‘Juanón’ que se va a resolver del mejor modo posible. Y veremos cuánto ha cambiado su relación alumno-tutor con el profesor Moreno en apenas unos días. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

NOTA del AUTOR: debido a la extensión de esta serie de relatos, he optado por incluir algunas etiquetas de referencia a hechos pasados que sean relevantes para la trama. Estarán anotados como en el siguiente ejemplo ficticio: “Había conocido al chaval en un baño a principios de curso [capítulo 1.2] y ya entonces no pudo quitar los ojos de su tremendo culito”. Espero de este modo facilitar el seguimiento de la historia.

RESUMEN: le cuentan a Federico que a su nuevo tutor, el profesor Moreno, le gustan las pollas jóvenes como la de Ignacio Lapresta, muñequito rubio por el que Federico se siente atraído al instante. Para llegar a él debe ganarse antes a Moreno, y es así como descubre que bajo la fachada de ese nazi cabrón se esconde un marica fetichista al que le va el sexo muy guarro… Al mismo tiempo Federico empieza a ejercer de ‘guardián’ para Ignacio y le protege de capullos como Juan Gómez, el gordo delegado de 7º grado con el que deja un asunto pendiente.

4.1       El potranco y el semental

Federico Vázquez le penetró con suavidad mientras Juanón Gómez mordisqueaba la almohada. El orondo muchachote estaba despatarrado sobre la cama boca abajo mientras el musculoso alumno de último grado le montaba por detrás; no le resultaba nada fácil cabalgar aquel potranco de nalgas enormes, meter la polla entre ellas y que la follada fuera fluida. Cada poco rato tenía que volver a ensartarle su rabo y comenzar de nuevo. Los dos completamente desnudos conformaban una estampa curiosa pero llena de morbo.

A petición de Federico, el profesor Cristóbal Moreno les había firmado una nota de excusado para poder faltar a la última clase de la tarde. Su pupilo le había dicho claramente los motivos: “Tengo una cuenta pendiente con él” [capítulo 2.2].

-Jajaja, ¿de verdad te vas a follar a ese cerdito? –se rio el hombre al escucharlo.

-Siempre saldo mis deudas, Cristo. Lo sabes perfectamente.

-Odio que me llames así…

-Pues entonces ¡cállate y chupa!

Durante aquella tercera semana de noviembre la relación del chaval y su tutor había dado un giro de 180º; aunque de cara al exterior seguían comportándose como siempre, en la intimidad Federico había asumido el rol de chulo y macarra mientras que el profesor Moreno se transformaba en un esclavo sumiso y servicial. Por eso Vázquez podía permitirse vaciladas del tipo “¡cállate y chupa!” que un mes atrás ni en sus fantasías más calientes se hubiera planteado. Estaban en el cuartucho del gimnasio. Le tenía cogido del pelo y le embestía la boca con cierta furia… un sueño hecho realidad.

Después de llenarle la cara de semen, Federico vio cómo el profesor se arrastraba por el suelo hasta acabar tumbado con la cabeza cerca del pequeño desagüe. Estaba desnudo, su pecho lleno de pelo negro, igual que los alrededores de su polla enorme y tiesa como una roca, los muslos también cubiertos de vello rizado; era como un oso fibrado y cachondo. Vázquez caminó hasta él y quedó plantado con un pie a cada lado de su cuerpo.

Moreno tenía la cara cubierta de lefa; se masturbaba frenéticamente con una enorme sonrisa. Cerró los ojos y Federico empezó a mearse sobre sus mejillas y su boca; el pis que no se tragaba acabó colándose por el desagüe… El chaval se arrodilló mientras Moreno jadeaba, se acercó a él lo justo como para que su polla flácida accediera a la lengua ansiosa del profesor que seguía bebiendo de él. Luego echó el culo para atrás hasta que notó la polla de Cristo golpeando sus nalgas.

-Córrete ahí si quieres, porque eso es lo más cerca que vas a estar de mi culo, cabrón…

Nada más decir aquello, notó los espasmos de su tutor y pudo sentir claramente las potentes lechadas que impactaban contra su trasero y su espalda… Moreno se corrió con la cara empapada y la boca abierta, Federico aprovechó para escupirle dentro y el profe aulló de gozo como si pidiera más…

Luego todo quedó en calma. Los espasmos de Cristo cesaron, el chaval se retiró para acabar sentando su culo desnudo y cubierto de esperma adulto sobre la piedra y apoyando la espalda en la pared. Los dos sintieron cómo las pulsaciones recobraban la normalidad, se miraban con aire risueño; a pesar del frío, una vez más lo habían pasado bien juntos.

-Disfrutas mucho humillándome, ¿verdad? –el hombre estiró la mano para acariciarle una rodilla.

-No tanto como tú dejándote humillar... –sonrió Federico.

Después de unos segundos mirándose en silencio, el profesor se puso en pie costosamente y abrió el grifo de la ducha tras colocarse debajo. Vázquez le observaba desde el suelo con curiosidad; tenía un cuerpo bastante atractivo a pesar del exceso de vello, tocarle resultaba placentero porque estaba duro y se notaba firme y viril bajo sus manos. Cuando no estaba excitado (últimamente era difícil no estarlo en presencia de Cristo) le costaba hacerse a la idea de que aquel cuerpo de semental se dejaba hacer todo tipo de perrerías por él. Hasta ese momento nunca había rechazado ninguna de sus guarras propuestas, aunque cabe matizar que Federico tampoco solía pedir permiso en mitad de los arrebatos de lujuria, como cuando había sentido el impulso de escupirle y lo había hecho sin más. Podría haberse llevado una hostia pero Moreno se lo había agradecido cubriendo su piel con el semen espeso que aún notaba rezumando por su espalda.

-¿No te vas a duchar? –le preguntó Moreno.

Vázquez estiró una mano y el profesor le ayudó a ponerse en pie; se hizo a un lado y volteó el cuerpo del chaval para que el agua le cayese por la espalda. Cristóbal pasó su mano por toda la zona llena de corrida para apartar los restos y que se colaran también por el desagüe. Después de ducharse se envolvieron en sendas toallas. Moreno accedió a su maletín y de allí sacó un cuaderno de notas de excusado. Garabateó en cuatro de ellas y las arrancó:

-¡Toma! Una es para Trigonometría, y dos para la última clase de esta tarde, espero que el cerdito y tú lo disfrutéis.

-¿Y la cuarta? –preguntó Federico mientras las cogía.

-La cuarta es para mañana a segunda hora. Tengo clase con el grupo de 4ºB y quiero que estés aquí. Además, un día de estos voy a hablar con don Florentino... –el profesor se quitó la toalla para ponerse el pantaloncito verde que siempre vestía-. Le diré al Director que voy a iniciar unas sesiones de preparación física avanzada y que necesitaré tu ayuda. Seguro que te querrá tantear al respecto, te preguntará si eso va a interferir en tus buenos resultados académicos de este año. Tranquilízale, sólo le preocupa que tu padre no se lleve una decepción y deje de ser generoso en sus donativos.

-¿”Sesiones de preparación física avanzada”? Suena interesante, pero raro –Federico frunció el ceño mientras se ponía el calzoncillo.

-No preguntes y vístete, que está a punto de sonar el timbre.

Poco antes de salir del cuartucho los dos ya vestidos, el alumno le hizo una última pregunta:

-Oye, Cristo, dime una cosa… ¿don Florentino tiene los mismos gustos que tú?

-¿El Director? ¡Qué va!, él es bastante más refinado –respondió enigmático el profesor-. Y odio que me llames así.

-Lo sé.

El chaval sonrió y caminó hacia la puerta justo cuando el timbre sonó para anunciar el cambio de clase.

4.2       Provocador de excepciones

Seis horas después Federico se encontraba en el dormitorio 2-12, el que había ocupado desde hacía más de dos años. Sudaba; de rodillas sobre la cama se empezó a quitar el condón con cuidado de no derramar su pastoso contenido. Le hubiera gustado soltar una corrida más abundante, pero haberse descargado aquella mañana con Cristo le había dejado el depósito a medio gas… Tumbado junto a él seguía Juanón extasiado y exhausto; había dejado de morder la almohada pero seguía boca abajo. Levantó la cabeza para mirar al tío que le había desvirgado. Federico estaba haciendo un par de nudos en la goma.

-¿Qué vas a hacer con eso? –le preguntó Juan.

Vázquez no respondió, simplemente se incorporó y buscó algo en el bolsillo de sus pantalones. Sacó un pequeño frasco de cristal con un tapón de rosca y en él depositó el preservativo antes de volver a cerrarlo. Tenía alrededor una etiqueta blanca con las iniciales J.G. escritas a lápiz.

-No me digas que lo vas a guardar…

-Es para mi colección.

-¿Tienes una colección de condones usados?

-Sí. Aunque sólo guardo aquellos que he utilizado para desvirgar a alguien. Pero todavía no tengo demasiados –Federico sonrió-. Mi madre trabaja en una perfumería y es ella la que me da estos frascos de muestra.

-Joder, ¿y sabe para que los utilizas?

-Supongo que no.

-Qué tío más raro, macho… –Juan se movió hasta quedar sentado en el borde del colchón; al hacerlo dejó salir un gemidito-. Hostia puta, cómo me escuece el culo.

Federico se agachó y recogió un pequeño bote del suelo; lo tiró junto a Juanón.

-Póntela un par de días en el ojete, verás cómo esa pomada te alivia enseguida.

-Esto es lo que me has untado para…

-Sí, es para las hemorroides –le cortó Federico mientras se ponía el calzoncillo-, primero ayuda a lubricar y luego también sirve para quitar el escozor.

-¿Qué pasa, que tu padre es boticario?

-Tiene cuatro farmacias repartidas por toda la ciudad. De ahí saco la pomada y los condones. ¿Sabías que los vendo en el internado? Por cinco pesetas la goma. Es un buen negocio.

-¿Los vendes aquí? –se extrañó Juan poniéndose en pie-. ¿Y para qué quieren los chicos condones si aquí no hay…?

Dejó la frase en el aire al entender que la respuesta era muy evidente y palpitaba en su escocido ojete como una señal luminosa; se agachó a recoger su slip XXL de algodón blanco. Federico estaba sonriendo cuando se lo hubo puesto.

-¿Hay muchos? –le preguntó a Vázquez-. Quiero decir… sé que no me vas a decir quiénes lo son, pero ¿hay muchos maricas en esta escuela?

-No lo puedo saber –se empezó a subir los pantalones-. ¿Tú lo eres?

-No –respondió Juanón demasiado rápido; demasiado convencido.

-Y aun así te he follado, por eso no lo puedo saber.

-Pero lo mío ha sido una excepción… no sé… porque tú me provocaste el otro día y… bueno, la verdad es que me apetecía probarlo… a falta de tías…

-Soy un provocador de excepciones –sonrió Federico-, eso suena bien.

Con el torso desnudo caminó hasta su armario y buscó en el último cajón; del fondo sacó una cajita de zapatos. La abrió sobre la cama y el otro pudo ver que dentro había cinco frascos pequeños como aquél en el que Fede había guardado el condón lleno de lefa. Todos tenían idéntico contenido y una minúscula etiqueta blanca donde se podían intuir otras iniciales escritas a lápiz. Juan no llegó a leerlas bien.

-Así que soy la sexta excepción que desvirgas.

-Eso es –colocó el frasco junto a los otros y volvió a guardar la caja en el armario.

-¿Sabes?, a lo mejor sí que lo soy un poco…

-¿Marica? –se giró hacia él-, ¿y por qué crees eso?

-No sé, tío, porque me ha gustado lo que me has hecho, y creo que no me importaría repetir. Cuando ya no me duela el culo, claro…

-Ya veo –Federico recogió la camiseta del chaval y se la pasó-. Pero no te emociones demasiado, Juanón, porque me voy a largar de aquí muy pronto.

-¿Te vas de la St.Mikael’s?, ¿no vas a acabar último grado?

-Claro que sí, capullo, digo que me voy de aquí, de esta habitación, que si todo sale como espero pronto dejaremos de ser vecinos. Me mudo al pasillo 4.

-Vaya... –el muchachote pareció algo decepcionado-. Aunque supongo que tiene sentido, ya que el celador de ese pasillo es el tutor que te han puesto este año.

-Pero no te preocupes, gordito, que siempre que quieras te puedo volver a follar. Eso sí, la próxima vez te tendré que cobrar el condón.

Federico sonrió y Juanón también lo hizo, con ojos emocionados. El mayor le dio la nota de excusado firmada aquella mañana por el profesor Moreno, y salieron los dos del dormitorio como si no hubiera pasado nada inusual allí dentro.

4.3       Los chicos de 4ºB

A la mañana siguiente Federico aguardó en su asiento habitual del laboratorio de Ciencias hasta que vio entrar al profesor Castro; se levantó y fue hacia él:

-Disculpe, don Rogelio, pero tengo una nota de excusado del profesor Moreno para esta clase –se la mostró-. Al parecer necesita mi ayuda, aunque no sé para qué. Me ha dicho que hablaría con usted y con el Director sobre un proyecto, pero tampoco me ha aclarado de qué se trata. Ya sabe que es mejor no preguntarle de más.

-Claro, Vázquez, no se preocupe... –dejó la nota sobre la mesa-. Y dígame, ¿qué tal le están yendo las cosas con su nuevo tutor?, ¿empiezan a entenderse?

-Bueno, no me quejo, don Rogelio. Me tiene todo el día haciendo cosas, me manda muchas tareas extra pero creo que estamos bien.

-Yo también lo creo, que está haciendo un buen trabajo contigo –el mostacho del profesor Castro se arqueó por efecto de una leve sonrisa-. En mi materia estás cumpliendo mejor que nunca, tus resultados han mejorado al 100%, así que también yo estoy contento, Vázquez… Pero sabes que las prácticas del laboratorio son importantes, forman parte de vuestra calificación final.

-Lo sé, profesor, sé que me he perdido las dos últimas, y le prometo que me voy a poner al día.

-Te puedo ayudar, si lo necesitas –se ofreció el hombre con tono afable-. Podemos reservar una de tus sesiones de refuerzo para Ciencias. La semana que viene, si quieres, buscamos una tarde y los dos mano a mano aquí, en el laboratorio, haremos que te pongas al día. ¿Qué te parece?

“Me parece que ya sé lo que tú buscas, maricón”, pensó Federico, “me parece que Cristo y tú sois buenos amigos, y que me voy a sacar un Excelente en Ciencias este curso”.

-Me parece genial, don Rogelio, muy amable por su parte…

-Está bien, Federico, ve a ese encargo con el profesor Moreno, y ya hablaremos de lo otro –volvió a sonreír mientras Vázquez se daba la vuelta, recogía sus cosas del pupitre y salía del laboratorio con discreción.

No tardó en llegar al gimnasio, donde Cristo tenía a un montón de chavales correteando de aquí para allá. Uno de ellos era Ignacio Lapresta con el flequillo botando al mismo ritmo de su carrera; no se había percatado aún de su presencia, pero no tardaron en verle otros chicos, y antes de llegar él junto al profesor Moreno el bisbiseo había circulado de boca en boca y todos sabían ya que había un alumno “de los mayores” en el gimnasio. Aquella novedad les dejó algo alterados, sobretodo mientras nadie les explicara por qué estaba allí; pero todo aquello que rompía su rutina en la escuela St.Mikael’s siempre era bienvenido.

-¿Llego tarde? –le preguntó Federico a su tutor en un susurro, mientras su mirada se cruzaba un instante con la de Ignacio; ambos habían sonreído pero el crío debía seguir corriendo.

-Llegas a tiempo, no te preocupes –Moreno cabeceó en dirección al fondo del gimnasio, allá donde estaba el cuartucho que utilizaba como cambiador (y últimamente también como lugar de encuentro con su alumno predilecto)-. Espérame dentro, y ahora te sigo.

Mientras Federico caminaba en esa dirección, los 24 alumnos de 4ºB siguieron corriendo y mirándole cuando pasaban por su lado.

-¡Muy bien, chicos!, ahora voy a ausentarme un momento para hablar con el compañero de último grado al que todos han visto pasar, pero no quiero oír ni una mosca ¿entendido? Sigan corriendo hasta que yo les diga lo contrario, y al que se pase de listo le voy a tener media hora haciendo flexiones, ¿me han oído bien?

-¡! Sí, profesor Moreno ¡! –gritaron todos casi al unísono.

-Señor Verdejo, usted como delegado queda responsable de que se hagan las cosas como es debido, quiero verles bien sudados por el esfuerzo cuando vuelva.

-Yo vigilaré que así sea… don Cristóbal… –peloteó el jovencito Arturo Verdejo mientras pasaba corriendo por delante del profesor.

Viendo que todo estaba en orden, el hombre apenas tardó un minuto en decidirse y caminar hacia el fondo del gimnasio. Entró en su frío y descuidado vestuario personal y se encontró con la mirada interrogativa del joven Vázquez.

-No me jodas que me has hecho venir aquí a esta hora sólo para que nos enrollemos mientras tus chicos corren ahí fuera…

-¿No te parece una idea morbosa? –sonrió Moreno, pero al no acercarse a él inmediatamente y empezar a sobarle como solía hacer cuando se encontraban a solas, dio una buena pista a Federico para suponer que en realidad no se trataba de eso.

-Y has elegido 4ºB porque Nacho está en ese grupo, ¿verdad?, y quieres que el niño sepa que tú y yo somos buenos amigos.

-No seas retorcido, Fede, te has ganado a Lapresta limpiamente y ahora es tuyo en exclusiva, para tu uso y disfrute durante el tiempo que te queda aquí. Yo le seguiré deseando en la distancia, como he hecho desde el día en que ese bendito efebo puso un pie en este colegio… y con paciencia, porque cuando te vayas recogeré sus restos y me saciaré de él.

-Eso suena muy humano –ironizó Federico.

-Ya… Bueno, tengo que decirte que ya es oficial y que me lo agradecerás en cuanto tengamos ocasión: puedes empaquetar tus cosas hoy mismo, porque desde mañana dormirás en la 4-23 con nuestro adorado muchachito.

-¿De verdad?, ¿lo has conseguido? –el chaval apretó los puños en señal de euforia-. ¡De puta madre, Cristo!, no dudes que te lo agradeceré como mereces…

-Seguro que sí, aunque podrías empezar por dejar de llamarme de esa forma, sabes que lo odio. En fin, ahora vayamos al motivo de hacerte venir hoy aquí. ¿Te estás perdiendo alguna clase importante?

-Prácticas de Ciencias en el laboratorio, las terceras que me salto, pero Castro me ha dicho que alguna tarde utilizaremos mi tiempo de refuerzo para ponernos al día.

-No creo que tengas ningún problema con Rogelio, sabe que te lo estás tomando en serio este año y además le he hablado muy bien de ti.

Moreno sonrió aviesamente. Aquello casi le confirmó a Federico las sospechas que tenía sobre lo que esperaba encontrar el profesor Castro durante esa “clase de refuerzo”. Pero no dijo nada al respecto y Cristóbal enseguida centró la conversación en lo que necesitaba de él aquella mañana. Le habló a grandes rasgos sobre ello mientras Vázquez le escuchaba con el ceño ligeramente fruncido:

-¿Un modelo? –le interrumpió al poco.

-Sí, un modelo para ellos. En los dos años que llevas aquí sólo has sido el cabrón que les tiene a todos acojonados, pero este curso quiero que te conviertas en un modelo que quieran imitar, una especie de súper héroe como los de los tebeos que tanto les gustan. Ya estás empezando a hacerlo con tu comportamiento modélico de puertas afuera, porque quitando el pequeño desliz que has tenido últimamente con el gordito de Gómez, tu actitud ha sido casi intachable desde septiembre.

-¿Y cómo piensas convertirme en eso?

-Tú confía en mí. Salgamos ahí fuera y déjate llevar. Lo único que tendrás que hacer es obedecerme cuando te pida algo y fijarte bien en todos ellos. Quiero que les observes detenidamente, que te quedes con sus gestos, con el entusiasmo de sus miradas… tienes que analizarles para escoger a los cinco que mejor convengan a nuestros intereses.

-¿A cinco de ellos?, ¿para qué, cuáles son “nuestros intereses”?

-Eso lo sabrás después, sólo busca y elige aquellos que te parezcan con mayor potencial para acabar un día no muy lejano siendo tan buenos como tú en lo que haces.

-Y qué es exactamente “lo que hago”, si puede saberse, eso en lo que soy tan bueno…

-Volverme completamente loco, Fede, eso es lo que haces.

Vázquez trató de descifrar aquella última frase para unirla al discurso anterior de Moreno, a la supuesta búsqueda de cinco candidatos para algo... Al final acabó saliendo del cuartucho sin tener muy claro si Cristo le estaba proponiendo lo que él creía que le estaba proponiendo. ¿Acaso pretendía meter alumnos de 4ºB en sus jueguecitos sexuales?

¡¡ Mañana más !!

 

GRACIAS: no es fácil sentarse a escribir, a corregir lo escrito y a tratar de mejorar, por eso se agradece tanto la compañía de los más de 4.000 seguidores fieles que está cosechando esta serie; especialmente aquellos que le dedican un minuto más para comentar cada jugada (3dimension, jmpb, estudiante, etc.), porque eso anima. Muchas gracias.



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